gestión y mantenimiento del blog

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En los últimos días he estado preparando el blog para una próxima actualización a WordPress 2.8, la cual tendrá lugar cuando haya verificado que las funciones esenciales de la bitácora no se van a ver afectadas por alguna incompatibilidad grave de los plugins que tengo instalados con la última versión de la aplicación. A estos efectos me ha resultado de gran utilidad el enciclopédico listado preparado por WordPress Plugin Compatibility Checker, que he convertido, poco más o menos, en mi lectura de cabecera en estos calurosísimos días.

Pues bien, tanto la mencionada lista como el propio backend de WordPress me habían avisado de que una de las extensiones más útiles de entre las que prestan servicio en mi bitácora, el plugin Extended Live Archive, responsable del Índice general del blog, disponía ya de una nueva versión, titulada Better Extended Live Archive. A pesar de la advertencia del autor de esta última (cito literalmente, “If your blog has too many posts and tags, like more than 500 posts and tags, I suggest you not to use this plugin for now”), consideré que la actualización merecía la pena, y la instalé.

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En muchas entradas dedicadas a WordPress (véanse, por ejemplo, Evita errores 404 y penalizaciones de buscadores, del imprescindible AyudaWordPress o 6 plugins para el mantenimiento de tu WordPress, del no menos imprescindible aNieto2k) se analiza el plugin Broken Link Checker, que permite reconocer cuántos enlaces rotos y disfuncionales alberga un blog. La utilidad de esta extensión es indiscutible, pues en estricta aplicación del segundo principio de la Termodinámica (o de la Ley de Murphy que, grosso modo y a los efectos que aquí me interesan, viene a ser lo mismo), un blog que lleve mucho tiempo en la red acabará integrando un buen número de enlaces rotos, vacilantes o en estado de semiputrefacción.

Una vez instalado, el plugin funciona en segundo plano: cada vez que un usuario accede al interfaz de administración del blog, se detectan todos los enlaces que no responden, así como las imágenes ausentes. Su grado de acierto es relativo, pues la detección de enlaces rotos puede fallar por diversas razones (por ejemplo, si el servidor del sitio enlazado está caído el plugin considerará el enlace erróneo, aunque la URL exista). Por otro lado, el proceso de detección de enlaces en un blog de gran tamaño puede ser lentísimo, tal como el propio autor señala:

Once installed, the plugin will begin parsing your posts, bookmarks (AKA blogroll), etc. and looking for links. Depending on the size of your site this can take a few minutes or even several hours. When parsing is complete the plugin will start checking each link to see if it works. Again, how long this takes depends on how big your site is and how many links there are.

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Cuando estas líneas se publiquen, estará a punto de cumplirse el cuarto aniversario de La Bitácora del Tigre, que llegó al mundo blogosférico un 10 de abril de 2005, con la entrada titulada Historia de un título curioso. Desde aquella fecha, a través de este blog se han vertido ríos de tinta digital: 569 entradas y 2353 comentarios forman el núcleo duro de la bitácora, convertida, por qué negarlo, en la niña de mis ojos, objeto predilecto de mis pasiones y causa de frecuentes y deleitosos tormentos.

Si hemos de hacer caso de Google, la búsqueda de “La Bitácora del Tigre” en la Red ofrece al menos 13.100 ocurrencias, lo que constituye una cifra nada despreciable. Curiosamente, si se busca “Eduardo Larequi”, el número de resultados es apenas la mitad, lo que sugiere que las criaturas blogosféricas, una vez llegadas a un cierto nivel de desarrollo, llevan una vida propia, no diría que desconectadas de su creador, pero sí independientes de su voluntad y propósitos.

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Ayer, en el curso de una visita rutinaria a La Bitácora del Tigre, realizada desde un ordenador que no suelo utilizar, advertí un problema relacionado con el diseño del pie de página. Sin razón aparente (o al menos yo no la encontré en mis investigaciones preliminares), el widget de comentarios recientes que ocupa el área principal del pie de página aparecía por debajo de los widgets de la barra lateral, y un feísimo espacio en blanco sustituía a su contenido original.

Aun sin saber con exactitud cuál era la causa de semejante trastorno, estaba claro que los widgets del pie de página competían por ocupar el ancho de sus respectivas cajas (500 píxeles para el área principal y 200 para la barra lateral, según la cuidadosa disposición del tema Tarski). Como consecuencia, toda la estructura del pie de página quedaba desencuadrada.

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El pasado 20 de mayo escribí una entrada sobre el proceso de (re)instalación de un blog basado en un fichero WXR, que es el resultante de poner en práctica la función de exportación de WordPress. De aquél proceso salió renacida La Bitácora del Tigre, pero con un defectillo que hasta hoy no había subsanado, a causa -lo reconozco humildemente- de la pereza que suele atacarme cuando se trata de afrontar pesadas tareas rutinarias.

El problema, que ya había descrito en Más sobre la exportación e importación de blogs en WordPress, consiste en que el campo comment_count de la tabla wp_posts no se actualiza en relación con el número de los comentarios de cada entrada. Dicho en otros términos: que si la entrada XXX tiene cinco comentarios, WordPress no se entera de dicho valor al completar la importación, y tanto en la información de la entrada como en el epígrafe de “entrada relacionadas” hace figurar un “Sin comentarios” o (“0 comentarios”, según las traducciones), no sólo falso y feo, sino notoriamente injusto.

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A lo largo de los últimos días, tras la instalación de la versión 2.4 del tema Tarski, me he entretenido en ir limpiando el blog de algunas de las adherencias e incrustaciones que había ido acumulando en sus más de tres años de vida (hace muchos años vi en el puerto de Laredo una imagen que se me quedó grabada: la limpieza, mediante un potente chorro de agua, de la quilla de un pesquero; aprovechando las resonancias marineras de su título, quiero creer que La Bitácora del Tigre es como un barco al que de vez en cuando hay que llevar al dique seco). En concreto, lo que he estado haciendo con paciencia franciscana es eliminar de la hoja de estilos personalizada de Tarski todos los códigos innecesarios o redundantes, y adecuar los estilos de representación de las imágenes que forman parte de las entradas del blog a los que vienen definidos en la plantilla.

Una tarea aburridísima, a fe mía, que he ido completando en ratos perdidos desde el phpMyAdmin de mi proveedor de alojamiento, porque no me apetecía editar, una a una, todas las entradas comprometidas con basurilla en forma de estilos espurios. Creo que existe por ahí algún plugin para realizar este tipo de tareas (que implican operaciones de búsqueda y sustitución de cadenas de caracteres en la base de datos), pero me daba bastante miedo poner en riesgo el contenido del blog, de modo que he preferido optar por una solución más lenta, pero a mi modo de ver también más segura.

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A través de la Weblog Tools Collection me he enterado de la existencia de dos extensiones para WordPress que tienen un interés indiscutible para los administradores de blogs, especialmente si sus publicaciones son grandes y tienen una larga trayectoria a cuestas: los plugins WordPress Exploit Scanner y WP Tuner. El primero permite descubrir posibles cadenas maléficas incrustadas en el código de las plantillas o en la base de datos (cada vez son más los blogs hackeados mediante dichas técnicas), mientras que el segundo sirve para analizar exhaustivamente la aplicación en busca de fallos de rendimiento que pueden enlentecer, a veces hasta extremos intolerables, la bitácora.

Ninguna de ambas extensiones es fácil de manejar para los recién llegados al mundo de WordPress, pero en manos suficientemente entrenadas (y conviene que sepan inglés, además) pueden sacar a los administradores de más de un pantano, o aliviar los inevitables dolores de cabeza que causa el duro bregar de la afición bloguera.

En mi caso, el Exploit Scanner no ha encontrado nada de lo que deba preocuparme (unos cuantos falsos positivos que, según su autor, Donncha O Caoimh, son frecuentes), pero en cambio el WP Tuner me ha confirmado que La Bitácora del Tigre agradecería una cura de adelgazamiento en ciertas zonas, como por ejemplo la barra lateral. Tengo que profundizar algo más en el ánalisis y actuar con la prudencia que este tipo de situaciones aconseja (¿y por qué no actualizar también el tema, ya puestos?), pero habrá que ponerse a la tarea antes o después. Todo, menos dejar el blog lento, pesado y gordinflón ad calendas graecas.

Esta tarde he pasado un rato muy entretenido tratando de incorporar a la barra lateral de mi blog el menú desplegable de etiquetas al que hace poco se refería Mario Núñez en su blog. No he conseguido ponerlo en práctica a mi entera satisfacción, porque la anchura del menú desencuadraba la barra lateral derecha de La Bitácora del Tigre. En todo caso, puedo certificar que el hack funciona, por si algún bloguero tiene interés en seguir las fructíferas enseñanzas de Mario y los algo más infructuosos experimentos míos.

Después de devolver la barra lateral a su ancho habitual, me he puesto a hacer algunos cambios: modificación de algunos elementos de publicidad, actualización de varios plugins, ajustes en algunos elementos de código que tenía pendientes, etc. De repente, al comprobar los resultados de la actualización del plugin Flickr Slideshow Wrapper, me he dado cuenta de que las entradas que utilizaban esta extensión habían perdido su conexión con mi cuenta de Flickr. Rápidamente he ido hasta allí, para comprobar que en la entrada a mi cuenta aparecía un mensaje, tan ominoso como paradójico (algo así como “No se alarme, su cuenta ha caducado”), acompañado por la no menos alarmante desaparición de casi todos mis álbumes de fotos.

A punto he estado de sufrir un síncope, pero como ya tengo el culo muy pelao con este tipo de sucesos, me he dicho: “calma, Eduardo, tómate tu tiempo y lee el manual de instrucciones, que para eso está”. Dicho y hecho: he acudido a la lista de preguntas más frecuentes, he comprobado que si una cuenta Pro caduca Flickr no borra las fotos en ella alojadas (es decir, la cuenta vuelve a su estado “gratuito”, por decirlo de algún modo), y que basta con renovar la suscripción para devolver a la vida todas las fotografías que tan laboriosamente he ido subiendo a Flickr durante los últimos años.

Vale, ahora respiro tranquilo, pero el sofocón no me lo quita nadie. Y como sé que entre los colegas blogueros hay unos cuantos devotos de Flickr, aquí cuento mi experiencia, por si le sirve a alguien para practicar a buen recaudo ese maravilloso deporte hispánico que se llama “escarmentar en cabeza ajena”. Podéis reíros de mis neuras, compañeros, siempre que lo hagáis con la debida discreción.

En los últimos días he tenido noticias por varias vías diferentes de una característica de WordPress que puede tener bastante interés para los docentes que utilizan esta aplicación como plataforma de publicación de sus blogs de aula. Me refiero a lo que se llama en inglés sticky posts, o ‘entradas pegajosas’, es decir, entradas que pueden configurarse para encabezar la lista de los artículos que forman parte de un blog.

A diferencia de las páginas fijas o estáticas, la “entrada pegajosa” forma parte de la disposición cronológica natural del blog. Su diferencia con respecto al resto de las entradas no es de naturaleza, sino de función, pues se coloca en la posición inicial durante el tiempo que al administrador de la bitácora le apetezca: breve, si se trata de dar un aviso ocasional, o más largo y hasta de duración indefinida, si se pretende que el blog exhiba en posición destacada un contenido que se considera esencial.

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Al final de la entrada del 21 de agosto señalaba mi intención de completar el artículo sobre “El misterio de la página en blanco de WordPress” con una reflexión sobre los criterios que a mi modo de ver han de guiar la selección de un tema o plantilla para el blog (advierto que estoy pensando en un blog para WordPress, pero es probable que una buena parte de lo que voy a escribir a continuación sirva para otras aplicaciones y plataformas). Prometí el artículo para el viernes, pero conforme lo escribía me iba dando cuenta de que sobre esta decisión influyen muchas más variables de las que había considerado en primera instancia, y de aquí el retraso.

Cuando WordPress era una aplicación exclusivamente orientada a la publicación de blogs, y la mayoría de los temas libres, o al menos libres de pago, la decisión del usuario era relativamente sencilla: se escogía una plantilla que fuera funcional y tuviera un buen aspecto, se descargaba, se instalaba, y a bloguear. Sin embargo, es obvio que el éxito de WordPress como plataforma de publicación de todo tipo de contenido (revistas digitales, portales, videoblogs, fotoblogs, tiendas online, webs corporativas, agregadores de noticias, páginas de contactos y agendas, etc.), con la correspondiente proliferación de plantillas para usos muy específicos, muchas de ellas obra de profesionales del diseño que cobran un buen dinero por su trabajo, ha complicado el panorama.

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