gestión y mantenimiento del blog

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Aunque a salto de mata, porque hay otros asuntos que ahora mismo ocupan mi atención, sigo puliendo las aristas del proyecto de blog de aula para la exportación. Ahora mismo, una vez definida la estructura de contenidos y después de probar varias extensiones que añaden funciones especialmente apropiadas para un blog escolar (la última incorporación ha sido la del plugin Role Manager, que amplía hasta el infinito las posibilidades de administración de los roles y capacidades asignados a los usuarios), estoy haciendo pruebas con las funciones de importación y exportación de WordPress.

Hace ya algunos meses que describí la mecánica de uso y las posibilidades de esta función, el resultado de cuya puesta en práctica es un fichero con el formato WordPress eXtended RSS o WXR (en realidad un XML), que contiene todas las entradas, comentarios, campos personalizados, categorías y etiquetas. Desde aquel artículo he seguido investigando sobre el proceso de exportación e importación, y he hecho algunos descubrimientos muy interesantes, que paso a describir.

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El 10 de abril de 2005 nació en la Red La Bitácora del Tigre, que por entonces era un proyecto casi experimental, afectado por todos los defectos habituales en este tipo de aventuras: escasez de medios y conocimientos, provisionalidad, imprevisión, bisoñez. Aunque la criatura salió a la luz enteca y hasta un poco llorona, desde su primer gañido llevaba el entusiasmo a flor de piel, y unos enormes deseos de aprender y difundir lo aprendido. La persistencia, las probatinas, el diálogo con otros blogueros y blogueras (y a veces el espionaje descarado de lo que unos y otras hacían) fueron rindiendo poco a poco sus frutos. Hoy, justo tres años después de su nacimiento, La Bitácora del Tigre es un proyecto consolidado, al que dedico muchísimas horas y una atención exhaustiva (Pilar diría, con toda la razón del mundo, que hasta un poco enfermiza).

No quiero aburrir a la concurrencia con un árido despliegue estadístico, pero algunas cifras, generadas gracias a los plugins TD Word Count, WP-Stats y WP-PostViews, pueden resultar iluminadoras (por cierto, recomiendo los tres a los usuarios de WordPress, pues sin llegar a los exhaustivos recuentos de Google Analytics, a veces difíciles de interpretar, proporcionan información muy útil):

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A través del número de este mes de la revista PC Actual, me he enterado de la existencia de SafeCreative, un servicio online de registro de la propiedad intelectual, totalmente gratuito, que permite a los autores registrar sus creaciones y, en su caso, obtener pruebas de su autoría. Debe tenerse en cuenta que SafeCreative no es una entidad gestora de derechos, ni tampoco una organización que promueva un tipo u otro de licencias, pues permite registrar obras con copyright, licencias GPL, Creative Commons, etc.

La iniciativa me ha parecido interesante (quién sabe si algún día tendré que enfangarme en un pleito para demostrar que soy el autor de vaya usted a saber qué), pero antes de acogerme a ella he investigado un poco por la Red, no fuera a ser un cuento chino o un camelo. Tras comprobar su seriedad y la responsabilidad de sus promotores (por cierto, recomiendo a todos los interesados en este asunto que lean el riguroso análisis publicado por 86400), me he dado de alta y he inscrito La Bitácora del Tigre en el registro de SafeCreative, en el cual figura ya con el número #0803010021184.

Aclaro a los lectores del blog que su registro en SafeCreative no supone ninguna modificación a la licencia Creative Commons BY-NC-SA 2.5 que regula la utilización de sus contenidos. De hecho, en la barra lateral del blog sigue apareciendo el logo correspondiente, aunque a partir de ahora complementado con el del nuevo servicio, como puede observarse a la derecha de estas líneas.

Este lunes leí un interesantísimo artículo en Weblog Tools Collection titulado Reformatting WordPress, sobre la posibilidad de generar un blog totalmente nuevo (pero con el contenido de uno anterior, es decir, las entradas con sus categorías, las páginas estáticas, los comentarios y las etiquetas), utilizando para ello las funciones de exportar e importar contenido que incorpora de serie WordPress. La utilidad de este procedimiento es indiscutible para una amplia variedad de circunstancias que pueden darse en el acontecer bloguero:

  • La migración de un blog desde un proveedor de alojamiento a otro, así como el traslado de un blog desde un directorio o un subdominio a otro, o de una intranet a otra.
  • El traslado de un blog elaborado con WPMU a la versión de instalación singular de WordPress y viceversa. Yo he probado la primera de ambas técnicas, y puedo asegurar que funciona perfectamente. Ahora bien, hay que tener en cuenta que cada uno de los blogs alojados en WPMU debe exportarse individualmente; el procedimiento que se describe en este artículo no sirve para migrar toda una plataforma de blogs montada sobre WordPress multiusuario.
  • La refacción de un blog, por ejemplo cuando éste comienza a acusar fallos de rendimiento o exceso de complementos.
  • La reconstrucción de un blog dañado o hackeado (siempre que se cuente, claro está, con un archivo de copia de seguridad a partir del cual se pueda realizar la construcción).
  • La partición de un blog muy grande en varios blogs diferentes.
  • La recombinación de varios blogs en uno solo (véase, por ejemplo, el testimonio que ofrece Isidro Vidal en el primer comentario a esta entrada).
  • La elaboración de una estructura de categorías y páginas fijas que pueda servir como plantilla para crear sucesivos blogs, o blogs con una determinada disposición: portal de un centro, web para un proyecto didáctico, una revista escolar, etc.

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Desde que instalé el plugin Simple Tags, he estado trabajando denodadamente en gestionar, ordenar y proporcionar la necesaria coherencia al conjunto de etiquetas del blog. La empresa no es fácil, porque, como señalé en el artículo del pasado lunes, tenía algo más de 1.000 etiquetas para sus más de cuatrocientas cincuenta entradas. En estos últimos días, he estado enfrascado en diversas operaciones de limpieza, pero todavía estoy lejos de poder afirmar que he concluido mi labor.

No tengo ninguna duda de que la gestión de las etiquetas del blog es una tarea cuya trascendencia va mucho más allá de la instalación y configuración del plugin Simple Tags (o de cualquiera de sus equivalentes), y del manejo de sus diversas funciones, independientemente de cuán avanzadas sean. En efecto, un conjunto de marcadores semánticos organizado y sistemático, coherente consigo mismo y con el conjunto de las categorías temáticas del blog proporciona información relevante a los visitantes, garantiza una buena posición en los buscadores y otorga a la bitácora una solidez y compacidad sumamente deseables.

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Uno de los hitos en la historia de este blog fue la instalación del plugin Ultimate Tag Warrior 3, allá por junio de 2006, poco después de decidirme por el tema Tarski. Con el UTW 3 en funcionamiento, comencé a etiquetar todas las entradas del blog, con lo cual ganaba en capacidad semántica y se hacía más apetecible para los buscadores. Muchas veces me prometí a mí mismo completar el etiquetado de las entradas anteriores a la mencionada fecha, pero siempre encontraba buenas excusas para no hacerlo.

El soporte nativo de etiquetas para la versión 2.3 de WordPress me hizo desprenderme, con harto dolor de mi corazón, del UTW 3. Y fue una pena, desde luego, porque desde esa fecha hasta ahora no había tenido a mi alcance otro sistema de gestión de etiquetas que no fuera el tosco interfaz que proporciona el editor de WordPress, y, para ciertas tareas especiales, el phpMyAdmin de mi proveedor de alojamiento. Había probado varios plugins, pero con todos ellos me estrellaba contra un muro infranqueable: la limitación de 16 MB. de memoria que me proporciona mi proveedor.

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Durante el fin de semana me he estado peleando con el blog y el tema Tarski para mejorar la forma en que se representan las imágenes que ilustran la bitácora. Mi objetivo era conseguir un ligero efecto de enmarcado, tanto para las imágenes individuales como para las galerías de miniaturas que he creado en las últimas semanas.

Tras probar diversas soluciones y artefactos basados en el uso de hojas de estilo en cascada (CSS), finalmente he optado por la propuesta de Sadish Balasubramanian, uno de los más activos desarrolladores de temas para WordPress, cuyo tema Fast Track ya utilicé en su día. El efecto de enmarcado creado por este diseñador puede verse en temas como iLoveMusic, Intense o SpotLight, todos ellos accesibles desde el sitio Sadish’ WordPress Themes. Para poder utilizarlo con el tema de La Bitácora del Tigre, que por defecto marca las imágenes que contienen hiperenlaces con un borde de color, he tenido que modificar ligeramente la forma en que el tema Tarski trata las imágenes enlazadas.

El resultado final puede verse en cualquiera de las entradas que contienen imágenes: por ejemplo, La escuela de John Ford, con una imagen alineada a la derecha, Lecturas juveniles fantásticas y de ciencia ficción, donde la imagen aparece en el centro de la pantalla y Por los cañones del Sil y la Ribeira Sacra e ImageManager para el tigre, estas dos últimas ilustradas por sendas galerías de fotos.

Todavía estoy de mudanza, pero lo cierto es que, aunque no del todo bien afinados, ya hace días que los rugidos de La Bitácora del Tigre resuenan desde su nueva guarida, más cómoda, amplia y mejor dotada que la anterior. La migración a un nuevo proveedor de alojamiento ha funcionado de forma bastante satisfactoria, aunque la adaptación de todo el contenido del blog y de sus innumerables plugins a las nuevas condiciones me está costando mucho más trabajo del que yo suponía.

Como creo que la experiencia de este sufrido bloguero puede resultar útil para otros colegas de afición (los testimonios detallados nunca sobran, y por otro lado es más fácil y seguro escarmentar en cabeza ajena), voy a precisar, siguiendo las sugerencias de los siempre atentos Mario FX y Corsaria, lo que he hecho, dónde he acertado, dónde me he equivocado y qué trucos pueden venir bien a quienes tengan que pasar por este trago de trasladar un blog de WordPress a un nuevo hogar.

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Por fin me he decidido a cambiar el alojamiento del blog. Tras mirar por un sitio y por otro, hacer un montón de preguntas, recibir un montón algo más pequeño de respuestas y debatirme durante varios días en un sinvivir de alternativas enfrentadas (parecía una versión web 2.0 del proverbial león enjaulado o del no menos famoso asno de Buridán), he optado por rascarme los bolsillos y seleccionar un plan de alojamiento que me permita olvidarme de las ominosas advertencias de mi actual proveedor.

A consecuencia del cambio de alojamiento y la transferencia del dominio al nuevo proveedor, La Bitácora del Tigre permanecerá durante los próximos días en ese limbo difícil de definir al que se refiere el título de esta entrada. Lo del estado zombie, que es una metáfora tomada del mundo de los servidores Linux, tal vez no sea un término del todo bien empleado, pero permite sugerir muy expresivamente esa situación cibernética, intermedia entre la vida y la muerte, en cuyos sombríos parajes va a ingresar el blog, espero que por breve tiempo.

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A lo largo de las pasadas semanas, la blogosfera educativa se ha hecho eco de la desaparición de algunas bitácoras que habían alcanzado indudable notoriedad. Son los casos (y que me perdonen los autores si me dejo fuera de la lista algún otro blog), de El Suplemento ocasional, de Leonor Quintana, y Profesor en la Secundaria, de Joselu, ampliamente comentados en la comunidad bloguera, y especialmente en las bitácoras de los colegas docentes de Lengua Castellana y Literatura.

No sé cuáles serán las causas últimas que han llevado a Leonor y Joselu a dar carpetazo a sus proyectos, aunque no es difícil imaginarlas: “cierre por desánimo”, señala Leonor en su última entrada, del 18 de marzo, y Joselu apunta en la suya de 27 de febrero: “me falta esa íntima vocación de publicar, de comunicarme respecto a temas educativos”. Independientemente de razones personales, que pertenecen a la intimidad de cada uno, es fácil caer en el desánimo cuando el autor o autora de un blog hace examen de conciencia y analiza los ímprobos esfuerzos que cuesta publicar con asiduidad, mantener la bitácora a salvo de contingencias, llenarla de contenido y servicios que puedan resultar atractivos y útiles, y hasta mantener el tipo ante casos de abuso o incomprensión.

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