Grecia

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Santorini

Santorini, la más meridional de las Cícladas, es una isla tan desaforadamente turística que cuando el viajero la recorre, a menudo tiene la sensación de hallarse en una postal, en una de esas ristras de tarjetas de recuerdo que los comercios exhiben como ubicuo reclamo. Sin embargo, la belleza de este pequeño archipiélago –resultado de la más gigantesca explosión volcánica que vieron los siglos- es tan grande, tan intensa, tan sorprendente, que resiste ventajosamente a los tópicos, las imágenes congeladas en las postales y los motivos habituales en las guías turísticas.

Con la seguridad de que he de fracasar en el empeño, he tratado de reflejarla en la serie de fotografías que acompañan a esta entrada, fruto de los tres días que pasamos en la lista, durante las pasadas vacaciones de Semana Santa. Es la segunda serie de instantáneas del viaje, tras la de Espronceda en Epidauro, y desde luego que será la última, porque estoy tan enganchadísimo a Twitter, que no puedo dejar de microbloguear. A ver si consigo serenarme y escribir un artículo largo, sesudo, y enjundioso. Quizás una reseña de La tercera virgen, una espléndida novela policíaca de la escritora francesa Fred Vargas, que me ha dejado con la boca abierta.

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Es difícil sentirse turista en Grecia, porque a cada paso surge algo –una piedra, un recuerdo, una palabra- que es parte de la historia personal de quien visita el país. Da lo mismo que no se entienda el idioma ni el alfabeto (yo nunca estudié griego en el colegio ni en la Universidad, y es toda una lástima), que el tono vital de las gentes y las ciudades tenga un marcado sabor oriental, o que algunas costumbres e instituciones resulten sorprendentes.

Todo eso da lo mismo porque Grecia, su lengua, su historia, las imágenes de sus ciudades y paisajes, y hasta la cocina o la música, nos resulta conocido, familiar, como si lo hubiéramos experimentado en otra vida, o tal vez en uno de esos sueños tan vívidos y reales que al despertar quisiéramos prolongar en el territorio fascinante y ambiguo de la duermevela.

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