historia del blog

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No sabía muy bien cómo celebrar las 500 entradas del blog, que se cumplen con ésta que los habituales de La Bitácora del Tigre están leyendo ahora mismo. Había pensado en diversas opciones, todas ellas afectadas por un molesto tufillo triunfalista: una exhibición de fotos en forma de presentaciones, algún podcast antológico con mis canciones y bandas sonoras predilectas, un agradecimiento público dirigido a todos los lectores y visitantes del blog…

Al final, voy a conformarme con una celebración más modesta y paradójica, pues al fin y al cabo ya lancé las campanas al vuelo hace unas cuantas semanas, con motivo de la celebración del tercer aniversario de este sitio web. Lo mejor para solemnizar el medio millar de artículos es reconocer con humildad que no todo es jauja en el blog, como muy oportunamente ha puesto de relieve Antonio Omatos en su comentario a Los problemas de las URLs de WordPress y el español.

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El 10 de abril de 2005 nació en la Red La Bitácora del Tigre, que por entonces era un proyecto casi experimental, afectado por todos los defectos habituales en este tipo de aventuras: escasez de medios y conocimientos, provisionalidad, imprevisión, bisoñez. Aunque la criatura salió a la luz enteca y hasta un poco llorona, desde su primer gañido llevaba el entusiasmo a flor de piel, y unos enormes deseos de aprender y difundir lo aprendido. La persistencia, las probatinas, el diálogo con otros blogueros y blogueras (y a veces el espionaje descarado de lo que unos y otras hacían) fueron rindiendo poco a poco sus frutos. Hoy, justo tres años después de su nacimiento, La Bitácora del Tigre es un proyecto consolidado, al que dedico muchísimas horas y una atención exhaustiva (Pilar diría, con toda la razón del mundo, que hasta un poco enfermiza).

No quiero aburrir a la concurrencia con un árido despliegue estadístico, pero algunas cifras, generadas gracias a los plugins TD Word Count, WP-Stats y WP-PostViews, pueden resultar iluminadoras (por cierto, recomiendo los tres a los usuarios de WordPress, pues sin llegar a los exhaustivos recuentos de Google Analytics, a veces difíciles de interpretar, proporcionan información muy útil):

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Los cuatrocientos golpes

Aunque el título de la entrada lo sugiera, no voy a escribir una reseña de la celebérrima película de François Truffaut, sino otra cosa muy distinta. Aprovechándome del tirón del film (que me disculpen mis lectores por recurrir a un truco bloguero tan viejo y tan evidente), quiero aludir a un hecho más humilde y cercano: que en sus treinta meses de vida La Bitácora del Tigre acumula ya en su base de datos nada menos que cuatrocientas entradas, además de doce páginas estáticas. Sale, pues, a algo más de diez entradas al mes, lo que no está del todo mal.

En su día me prometí a mí mismo disparar fuegos artificiales virtuales el día que el blog acumulara un millón de palabras. Ignoro por dónde andará la cifra ahora, porque el plugin que controlaba esta cifra se perdió en alguno de los muchos cambios y transformaciones que ha sufrido la bitácora. No puedo disparar la autoprometida colección de salvas de artillería (y me da pena no hacerlo, porque me encanta el olor de la pólvora), de modo que tendré que conformarme con una celebración más modesta.

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300

No, no me refiero a la película de Zack Snyder, basada en el excelente cómic de Frank Miller, que está a punto de llegar a las pantallas de nuestras salas de cine (según mis noticias, se estrena el 27 de marzo), sino a las trescientas entradas que, sin contar las páginas estáticas, lleva publicadas a día de hoy La Bitácora del Tigre.

Curiosamente, el propio blog discrepa en la contabilidad: una consulta a la base de datos wp-posts señala que los registros en los que el campo post-type es igual al valor ‘post’ suman 302. Sin embargo, el plugin WP-Stats afirma que son 300, cifra que he confirmado mediante un laborioso conteo de la lista que ofrece la página de Archivo. En fin, tendré que investigar cuál es el motivo de tan llamativa discrepancia, que no se explica por las entradas pendientes de publicación (sólo tengo una, dando la lata desde hace meses).

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Tal como prometí en la entrada del pasado viernes, voy a transferir inmediatamente este blog al dominio http://www.labitacoradeltigre.com. En una comprobación previa, realizada de forma rápida e indolora, he visto que la operación funciona, así que la detallo a continuación, por si las instrucciones le vienen bien a algún bloguero de los que utilizan WordPress y son, al igual que yo, culos de mal asiento:

  1. Se deben transferir por FTP todos los ficheros del blog a un directorio local. De este modo, se conservan todos los ficheros que se hayan modificado a lo largo de la historia de la bitácora; la operación también sirve de copia de seguridad, por si acaso.
  2. Hay que hacer una copia de seguridad completa de la base de datos. Para ello, Gestionar > Copia de respaldo.
  3. Por FTP se deben subir al espacio web destinado al nuevo dominio todos los ficheros que se copiaron en el paso 1. Yo he excluido de esta operación algunos directorios y archivos generados por las cachés que crean ciertos plugins, porque alargan muchísimo la transferencia.
  4. Desde el backend de WordPress, hay que configurar el blog para que apunte al nuevo dominio. Esto se hace desde Opciones > General. En los campos correspondientes a Dirección de WordPress (URI) y Dirección del weblog (URI), hay que cambiar la dirección antigua, http://blogdeltigre.coconia.net, por la nueva http://www.labitacoradeltigre.com. A continuación, hay que activar los cambios, pulsando sobre el botón Actualizar opciones. Y con ello, voilà , fin del proceso.

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Cuando Pilar vuelve del cole por la tarde, y me encuentra en mi rincón, tecleando furioso como un poseso, jugando al Age of Empires o tirado en el suelo, con el destornillador entre los dientes como un pirata informático, envuelto en cables y con pelotillas de polvo entre los rizos, suele saludarme con un achuchón y con su grito de guerra favorito: “¡qué tal está el Tigre en su guarida!”

Es, sin lugar a dudas, uno de los mejores ratos del día, el momento propicio para descansar del frenesí bloguero, de las inacabables estrategias conquistadoras (yo siempre juego con los españoles, que tienen galeones de gran alcance y puntería mortífera) y de esos minuciosos ajustes de hardware que tanto me gustan, aunque en realidad constituyan una versión moderna y descafeinada del mito de Sísifo.

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La Bitácora del Tigre cumple hoy un año, 365 días de presencia ininterrumpida (creo) en la web. Para celebrar el aniversario como se merece, un susto de par de mañana: la web no estaba disponible, y un ominoso mensaje sustituía a los ojos ambarinos y feroces del emblema de la bitácora.

He estado a punto de sufrir un desvanecimiento, porque justo treinta segundos antes de la pertinente comprobación había estado comentando con los compañeros del trabajo acerca de los problemas de seguridad inherentes a webs dinámicas basadas en gestores de contenidos (CMS) muy conocidos. “Ya me han hackeado la bitácora”, ha sido mi primer pensamiento. “A la porra el Tigre”, ha sido el segundo. “Qué van a pensar los blogueros que con tanta afición me siguen”, ha sido el tercero.

Más vale que el incidente se ha quedado reducido a un simple sofocón, imputable a los nervios del momento y a un inoportuno despiste. En efecto, se me había olvidado por completo que el alojamiento de la bitácora en 100Webspace.com era gratuito, sí, pero sólo por un año. Y, claro, al cumplirse el plazo, saltaron los cerrojos y el blog a freír espárragos.

En fin, si todos los problemas de la vida fueran como éste… Se apoquina la cuota correspondiente, y problema resuelto, hasta el año que viene. Mientras el cuerpo aguante y tenga algo que contar, La Bitácora del Tigre seguirá en la blogosfera, durante un año más, dando guerra.

“Como un rugido de tigre / es mi voz”, cantaba Jaime Urrutia, el líder de Gabinete Caligari. Tan potente como la del felino rayado quisiera que fuera la mía, la voz del Tigre, que con la presente entrada supera la barrera simbólica de los cien rugidos. Para celebrar el suceso, y rendir un modesto homenaje a Jaime Urrutia, Ferni Presas y Edi Calvo (por cierto, creo que el cantante de los Caligari estudió Filología Semítica, así que, de algún modo, somos colegas), aquí va el podcast de “Rugido de tigre” (Camino Soria, 1987), con esos inconfundibles teclados rugientes, que tanto me gustan.

Y, bien, ¿qué puedo decir tras ese número redondo, y después de casi un año de presencia en la Red, que se cumplirá el próximo día 10 de abril? Ante todo, y antes de entrar en pormenores, que lo de ser bloguero, o bloguista, o bitacorero, o bitacorista (como cada uno prefiera) es simple y llanamente adictivo. Yo siempre digo que desconfío de toda persona que no tenga un vicio visible; confieso que uno de los míos, además de las pipas de girasol, es la dedicación a la bitácora.

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¿Quién es el Tigre?

Cartel taurinoAunque muchos no lo sepan, un servidor. El apodo es obra de mi cuñado, Óscar Agudo, experto en inmortalizar a personajes públicos y privados con motes geniales que acaban por hacer olvidar la verdadera identidad del aludido.

No sé muy bien por qué razón me lo puso…, aunque puedo imaginarlo. Lo cierto es que el mote era en origen un poco más largo: “El Tigre de Covaleda”, que suena a nombre artístico de torero o de campeón de lucha libre. Ya se ve que los siete largos (y fructíferos) cursos como profesor en el I.E.S. “Picos de Urbión”, de la localidad soriana de Covaleda, no pasaron en balde.

Aunque un poco escondido, por casa tengo un cartel que inmortaliza el apodo: me lo hizo un artesano anónimo, de manos febriles y conversación fascinante, en el Rastro de Madrid. La verdad es que queda chulo mi nombre artístico al lado de José Tomás y del Juli. Y además, qué cuernos, algo tengo de torero: dos arañazos por asta de vaquilla (uno en la tripa, el otro en la pierna derecha), y unas cuantas contusiones de cuando era capaz de vencer el miedo y correr en los encierros de San Fermín, hace más de veinte años.

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