No sabía muy bien cómo celebrar las 500 entradas del blog, que se cumplen con ésta que los habituales de La Bitácora del Tigre están leyendo ahora mismo. Había pensado en diversas opciones, todas ellas afectadas por un molesto tufillo triunfalista: una exhibición de fotos en forma de presentaciones, algún podcast antológico con mis canciones y bandas sonoras predilectas, un agradecimiento público dirigido a todos los lectores y visitantes del blog…
Al final, voy a conformarme con una celebración más modesta y paradójica, pues al fin y al cabo ya lancé las campanas al vuelo hace unas cuantas semanas, con motivo de la celebración del tercer aniversario de este sitio web. Lo mejor para solemnizar el medio millar de artículos es reconocer con humildad que no todo es jauja en el blog, como muy oportunamente ha puesto de relieve Antonio Omatos en su comentario a Los problemas de las URLs de WordPress y el español.


Aunque muchos no lo sepan, un servidor. El apodo es obra de mi cuñado, Óscar Agudo, experto en inmortalizar a personajes públicos y privados con motes geniales que acaban por hacer olvidar la verdadera identidad del aludido.



