De las novelas policíacas de John Connolly publicadas en español he leído todas menos la segunda, El poder de las tinieblas, que por algún extraño motivo pasó a formar parte del montón de libros pendientes de leer que se apilan sobre mi mesa de trabajo. Y digo “extraño motivo” porque tanto Perfil asesino como El camino blanco y, sobre todo, Todo lo que muere me gustaron mucho. Por eso, en cuanto supe de la publicación de El ángel negro, la quinta y por el momento última novela traducida al español de la serie protagonizada por el detective Charlie Parker, alias “Bird” (falta por traducirse The Unquiet, que se publicó en la primavera de este año), me apresuré a comprarla.
La acabé anteayer, y lamento decir que me ha parecido decepcionante. Es, sin lugar a discusión, una novela con todos los ingredientes característicos de la narrativa de John Connolly -un protagonista atormentado y de moral ambigua, villanos que practican una violencia feroz y despiadada, escenarios oscuros, de una sordidez sin fisuras, una trama compleja que arranca de la búsqueda de una mujer desaparecida y asesinada, deliberados lazos de conexión con el resto de las novelas de la serie-, pero le falta el rasgo más interesante de las anteriores: la peculiar intensidad del relato, aquí disminuida por un planteamiento narrativo y por ciertos aspectos de la configuración de historia y personajes que, a mi modo de ver, resultan poco convincentes.


En la reseña de su
Leer una serie novelística en orden inverso de publicación es una experiencia curiosa, tal vez no del todo aconsejable para los fanáticos del orden y la disciplina, pero sin ninguna duda muy singular. Yo acabo de ponerla en práctica con la lectura de Perfil asesino, la segunda novela de John Connolly que pasa por mis manos, y la tercera en orden cronológico de entre las protagonizadas por el detective Charlie Parker (alias “Bird”, por supuesto), tras Todo lo que muere (1999) y El poder de las tinieblas (2000).
Los libros se compran por afición, por recomendación de los amigos, por afinidad con el autor, el género o la época en que fueron escritos y también por su papel o sus portadas. Cualquiera que haya tenido en sus manos un libro de los que publicaba la editorial Alianza, allá por los años setenta y ochenta, con portadas del inimitable Daniel Gil, sabrá a qué me refiero.



