José Luis Garci

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Qué mezquina es la tele

Acabo de enterarme por el periódico (alguna información más en Una de piratas) de que, tras diez años en antena, desaparece de la parrilla televisiva Qué grande es el cine, el cine-fórum dirigido durante todo este tiempo por José Luis Garci. Aunque alguna de estas causas aduce Oti Rodríguez Marchante en su bitácora, la verdad es que yo no sé cuál habrá sido la que ha precipitado el final, al parecer pactado entre RTVE y Garci. No tengo ningún dato para asegurar si tiene algo que ver con la personalidad de su director, con la lista de invitados a los coloquios, con la actual línea “editorial” de la televisión pública o con algún raro fenómeno de conjunción astral. Lo que sí puedo decirles a los responsables del ente público es que vayan tachando de sus libros de contabilidad a otro usuario del servicio: que sepan que, a partir de ahora, voy a ver la tele (y digo bien, la tele, no una cadena en concreto) todavía menos de lo que ya lo hacía, es decir, casi nada.

A Garci y a su programa se le podrán sacar los colores, traer a colación todos los defectos habidos y por haber (que los tenía, quién puede negarlo), hacerle objeto de todas las sátiras y cuchufletas por parte de cómicos con escaso ingenio y excesiva mala baba, pero lo cierto es que su programa era una de las más interesantes aportaciones de la producción audiovisual española a eso que pomposamente se llama “hacer cultura”. No me importa reconocer que lo he seguido irregularmente, sobre todo desde que tengo que levantarme a las seis y media para ir a trabajar (uno de mis jefes hablaba siempre de Qué tarde es el cine), que en más de una ocasión me he tirado de los pelos por los cortes publicitarios, y que con cierta frecuencia he tenido la sensación de que el coloquio tras la película parecía más una tertulia de amiguetes que un cine fórum destinado a su proyección pública.

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Pataky y un director de Madrid

Cartel de la películaDe las dos obras teatrales de Miguel Mihura que José Luis Garci y Horacio Valcárcel han refundido y adaptado para elaborar el guión de Ninette -Ninette y un señor de Murcia y Ninette, modas de París- sólo conozco la primera, que acabé de releer ayer (la película la vi el sábado). No tengo todos los elementos de juicio, pues, para valorar en su justa medida los entresijos de la adaptación, aunque me aventuro a afirmar, basándome en mi conocimiento de la primera comedia, que Ninette es bastante fiel al tono e intención de las dos comedias y, por supuesto, a sus textos.

La fidelidad de Garci al espíritu y a la letra de las comedias de Mihura (que no parece casual, pues la película celebra explícitamente, tras los títulos de crédito, el centenario del nacimiento del autor madrileño) tal vez explique un hecho curioso relacionado con la recepción de Ninette, y es el de que numerosos juicios de críticos y espectadores parecen ignorar los antecedentes literarios de la película o, si los conocen, se han dedicado a aplicar al cineasta la propiedad transitiva de la teoría de conjuntos, volcando sobre él los reproches ideológicos o estéticos que en su caso tal vez habría que imputar a Mihura.

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Garci, Tavernier, la guerra y el cine-fórum

El cine de José Luis Garci tiene apasionados partidarios y no menos furibundos detractores. Algunos de estos últimos no le perdonan su independencia, ni el que suela nadar contra corriente tanto en los temas de sus películas como en algunos de sus rasgos estéticos e ideológicos. En lo que a mí concierne, tengo que reconocer que las películas de Garci me dejan un tanto frío. No las he visto todas, así que he de admitir que mis opiniones son un tanto inconsistentes, pero, tal vez con la excepción de El crack, encuentro en ellas una sentimentalidad que no acaba de gustarme.

Todo lo cual no quita para que tenga una alta consideración de José Luis Garci como divulgador cinematográfico y hombre de cultura, sobre todo desde que puso en antena Qué grande es el cine, uno de los pocos programas que merecen la pena en la actual parrilla de la televisión. Se le han señalado muchos defectos de organización y formato -no es el menor su horario, que le ha hecho acreedor a ingeniosas variantes del título, como Qué tarde es el cine-, lo han sometido a innumerables parodias y cuchufletas, pero ahí está, tan sólido e interesante como el primer día, un espacio de cine-fórum que lleva un montón de años en antena, que nos ha ofrecido títulos memorables y que, a diferencia de tantos otros productos televisivos, sabe respetar la inteligencia del espectador.

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