La vida de los otros

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Cinco de siete

Acerté los Oscar de la mejor película (Infitrados), la mejor película extranjera (La vida de los otros), el mejor actor (Forest Whitaker), la mejor actriz (este no tenía mucho mérito, porque Helen Mirren era triunfadora segura) y el mejor actor de reparto (Alan Arkin). Fallé, en cambio, con el Oscar al mejor director (Scorsese, en vez de Eastwood) y con la mejor actriz secundaria (Jennifer Hudson y no mi admiradísima Cate Blanchett).

No he perdido, pues la esperanza de hacerme millonario jugando a las quinielas. Y, visto lo visto (una manera de hablar, porque no me gusta participar de la mitomanía hollywoodense ni del ritual de la alfombra roja; suelo esperar a ver los vestidos y las joyas en las páginas del Hola, que siempre cuenta con muy buenas fotos y permite disfrutarlas con sosiedgo), me ratifico en mi impresión de que el cine contemporáneo goza, a pesar de los agoreros, de muy buena salud. Con la excepción del Oscar a la mejor actriz secundaria, que me parece muy traído por los pelos, los grandes premios se han otorgado a grandes películas.

Lástima que La vida de los otros no se rodara en inglés. Habría ganado cinco Oscars, si no alguno más. Quien no la haya visto todavía, que corra al cine más cercano. Y si es docente de ética, de filosofía, religión o educación para la ciudadanía (o de cualquier área donde se deseen plantear problemas éticos con buenos materiales educativos), que vaya reservándola para cuando salga en DVD. No tiene desperdicio como ejemplo de cine moral sin adoctrinamiento ni moralina. Una película colosal.

Cartel de la películaPor una vez, y sin que sirva de precedente, voy a arriesgarme a formular mi quiniela de los Oscar de Hollywood, cuya edición de 2007 se falla esta madrugada. Comencemos por la categoría de mejor película, para la que yo elegiría Infiltrados, de Martin Scorsese, o incluso Pequeña Miss Sunshine, que tal vez no sea un ejemplo de cine inmortal, pero sí de una película extraordinariamente atractiva y simpática. Aunque no me gustó demasiado Cartas desde Iwo Jima, el premio al mejor director (en realidad, el premio al director más valiente) se lo daría a Clint Eastwood, que ha realizado una película arriesgadísima, de esas que sólo un cineasta absolutamente seguro de sí mismo se atreve a filmar.

Como mejor actor protagonista debería elegir a Forest Whitaker, por El último rey de Escocia. No he visto su película (teníamos pensado acudir esta noche, pero nos ha entrado la pereza), pero creo que Whitaker se merece ese voto de confianza. Además, ni Leonardo di Caprio ni Will Smith, que compiten con él, me impresionaron demasiado en los filmes por los que han sido seleccionados (En busca de la felicidad y Diamantes de sangre, respectivamente). Para el Oscar a la mejor actriz protagonista no tengo la menor duda: yo se lo daría a Helen Mirren, por su papel de la Reina Isabel II de Inglaterra en The Queen, donde realiza una interpretación memorable.

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