licencias Creative Commons

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A través del número de este mes de la revista PC Actual, me he enterado de la existencia de SafeCreative, un servicio online de registro de la propiedad intelectual, totalmente gratuito, que permite a los autores registrar sus creaciones y, en su caso, obtener pruebas de su autoría. Debe tenerse en cuenta que SafeCreative no es una entidad gestora de derechos, ni tampoco una organización que promueva un tipo u otro de licencias, pues permite registrar obras con copyright, licencias GPL, Creative Commons, etc.

La iniciativa me ha parecido interesante (quién sabe si algún día tendré que enfangarme en un pleito para demostrar que soy el autor de vaya usted a saber qué), pero antes de acogerme a ella he investigado un poco por la Red, no fuera a ser un cuento chino o un camelo. Tras comprobar su seriedad y la responsabilidad de sus promotores (por cierto, recomiendo a todos los interesados en este asunto que lean el riguroso análisis publicado por 86400), me he dado de alta y he inscrito La Bitácora del Tigre en el registro de SafeCreative, en el cual figura ya con el número #0803010021184.

Aclaro a los lectores del blog que su registro en SafeCreative no supone ninguna modificación a la licencia Creative Commons BY-NC-SA 2.5 que regula la utilización de sus contenidos. De hecho, en la barra lateral del blog sigue apareciendo el logo correspondiente, aunque a partir de ahora complementado con el del nuevo servicio, como puede observarse a la derecha de estas líneas.

A ver si consigo mantener la calma y no ofender a nadie (ni siquiera al responsable de este abuso), porque otra vez un sitio web ha copiado íntegramente un artículo mío (original y copia tienen 20 párrafos, 93 líneas, 1076 palabras, 5546 caracteres sin espacios y 6602 con ellos), sin citar su procedencia, y además haciendo constar como autor del texto a otra persona. El blog se llama Telaraña, y publica una copia literal de mi artículo Un plugin para automatizar las tareas de actualización de WordPress, que apareció originalmente en La Bitácora del Tigre, el 12 de agosto de 2997.

Antes de expresar aquí mi protesta, lo cual no me agrada en absoluto, he intentado ponerme en contacto con el autor de Telaraña, a través del correspondiente comentario en su entrada, para pedirle que retirara el texto o reconociera adecuadamente su autoría, pero los comentarios sólo están permitidos a usuarios registrados. Así que no tengo otro remedio que utilizar mi propio blog para volver a decir lo de siempre: que esta práctica es un abuso intolerable, y que en modo alguno está protegida por los términos de la licencia Creative Commons, a la cual se acogen los contenidos de mi blog.

Coincidiendo con mi airada protesta contra el abuso sufrido por una entrada de La Bitácora del Tigre, Luis Barriocanal ha publicado un artículo muy interesante, Derechos de autor y propiedad intelectual en Internet, en el que detalla cómo se configura el derecho de autoría en la legislación española, aconseja acogerse a las licencias de Creative Commons “para fomentar el trabajo colaborativo y la difusión del conocimiento”, especialmente en el ámbito educativo, y da cuenta de los sinsabores que le ha ocasionado ver algunos de sus trabajos en manos muy poco respetuosas de la labor del prójimo.

El artículo de Luis, y otros que se han publicado en los últimos días sobre temas conexos (Lourdes Domenech, De plagios, timos y otras prácticas poco decorosas, Jorge Gómez Súarez, Sé creativo, Angus Iglesias, Los timadores, Emilio Quintana, Libertad, CC y puertas al campo, Fernando Santamaría, Creative Commons: sé creativo, es fácil cuando te saltas a los intermediarios y Aníbal de la Torre, Uso de contenidos de Internet, copyright, creative commons…), así como los comentarios a mi propia entrada, en absoluto unánimes, me han hecho pensar sobre qué se entiende por reconocimiento de autoría y distribución y copia de las obras, conceptos que forman parte esencial de las licencias reguladas por la iniciativa Creative Commons, y cómo se debe proceder a la hora de ponerlos en práctica.

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Los visitantes habituales de La Bitácora del Tigre habrán advertido que sus contenidos pueden utilizarse de acuerdo con los términos de una de las licencias de Creative Commons. En concreto, de la denominada Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 2.5 España, la cual establece que cualquier entrada del blog puede copiarse, distribuirse y comunicarse públicamente, y que a partir de ella pueden elaborarse obras derivadas, siempre que se respeten las siguientes condiciones, que copio al pie de la letra:

  • Reconocimiento. Debe reconocer los créditos de la obra de la manera especificada por el autor o el licenciador (pero no de una manera que sugiera que tiene su apoyo o apoyan el uso que hace de su obra).
  • No comercial. No puede utilizar esta obra para fines comerciales.
  • Compartir bajo la misma licencia. Si altera o transforma esta obra, o genera una obra derivada, sólo puede distribuir la obra generada bajo una licencia idéntica a ésta.

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Tigres con FlickrCC

Aunque ya me había encontrado por ahí alguna referencia, ha sido la entrada que publicó ayer Aníbal de la Torre la que me ha animado a utilizar los servicios de FlickrCC, una aplicación que, a partir de las fotografías con licencias Creative Commons publicadas en Flickr, permite realizar una sencilla edición, que incluye la atribución de autoría.

Así que me he ido rápidamente a FlickrCC, he buscado una fotografía del emblema tigresco de la bitácora, le he añadido la atribución y, tras guardar el resultado y subirlo al blog, helo aquí.

Tigre echando la siesta

No hace falta subrayar la utilidad de estas aplicaciones web que hacen uso del API de Flickr: se acabaron el peregrinaje por la web en busca de fotos libres de derechos y la edición manual.

Hasta hace bien poco, La Bitácora del Tigre incorporaba el plugin WP-CC para la administración de la licencia de Creative Commons bajo cuyas condiciones se publica. Ayer encontré otro complemento que simplifica la administración, permite un mayor control sobre la forma en que aparece la mención de la licencia en las diversas secciones de la bitácora y mejora la gestión de las metaetiquetas que genera la licencia de Creative Commons.

El plugin se llama Creative Commons Configurator, y necesita de WordPress 2.0 para funcionar correctamente. Las funciones que hacen que aparezca el texto y el logotipo de la licencia están insertadas tanto en la barra lateral de la página principal como al final de cada una de las entradas de la bitácora.

He aquí el código de la barra lateral (sidebar.php):

Esta bitácora se publica bajo las condiciones de una
<?php bccl_license_text_hyperlink(); ?><br />
<?php bccl_license_image_hyperlink(); ?>

Y aquí está el código de las entradas individuales (single.php):

Esta entrada se publica bajo las condiciones de una
<?php bccl_license_text_hyperlink(); ?><br />
<?php bccl_license_image_hyperlink(); ?>

Leo hoy en el suplemento CiberPaís que la Asociación de Compositores y Autores de Música (ACAM) se ha hecho eco de un artículo de Emma Pike, Directora General de la British Music Rights, contra las licencias de Creative Commons. La señora Pike cita entre sus argumentos la opinión de un abogado norteamericano, un tal Lawrence Lessig, quien en un artículo publicado en la revista Forbes moteja a los defensores de este tipo de licencias con la elegante etiqueta de “una cuadrilla de oportunistas” (a bunch of gleaners).

Habida cuenta que tanto La Bitácora del Tigre como otras webs de las que soy responsable están presididas por este tipo de licencias, tendré a partir de ahora que considerarme un oportunista confeso y tal vez convicto, con la circunstancia agravante de haber perpetrado mi delito “en cuadrilla”.

En fin, como yo no soy abogado (lagarto, lagarto), ignoro las minuciosas implicaciones legales de publicar mis modestas creaciones bajo las etiquetas de Creative Commons, y estoy dispuesto a admitir que, como casi todo en la vida, no es oro todo lo que reluce en el mundillo del software libre, el copyleft y demás fenómenos conexos. Lo que tengo muy claro, en cambio, es que con sus reiterados posicionamientos en contra de su actual estatus, la ACAM, la BMR, la SGAE y tantas otras entidades y asociaciones de este tipo no hacen más que poner palos en las ruedas de los intereses ciudadanos, asfixiando la difusión de la información y la cultura a través de Internet.

Por mucho que me esfuerzo, no veo nada de malo en que un servidor (me refiero con esta palabra a mí mismo, por si la palabra induce a error) divulgue sus materiales libremente por la Red, con unas mínimas limitaciones que parecen de sentido común, y que no tienen otro objetivo que el del reconocimiento (aunque sea moral) de la obra propia. Lo que yo hago con lo mío no obliga a nadie más, salvo que se piense (y creo sinceramente que es lo que algunos temen), que el éxito de estas nuevas formas de distribución sea de tal calibre que obligue a quienes están bien amurallados tras sus regalías a refundar sus chiringuitos. Ciertamente, hay más de un pope cultural que bien haría en meditar largo y tendido sobre el asunto.

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