microblogging

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Las cifras que acabo de escribir en el título de esta entrada corresponden, respectivamente, a la longitud máxima de los gorjeos de Twitter y a la del último artículo publicado en La Bitácora del Tigre, que fue la reseña de Malditos bastardos, de Quentin Tarantino. El porqué del título es algo más complicado de explicar, y tiene que ver con mi comportamiento bloguero en este mes de septiembre de 2009, uno de los más improductivos en la historia de la bitácora, con sólo cuatro entradas si se cuenta la presente.

Sobre las variadas razones del bajón en la productividad bloguera de los últimos tiempos ya he escrito en más de una ocasión. Algunas son de carácter estructural, y entre ellas hay que anotar la cantidad de tiempo y el esfuerzo que me lleva documentarme para las entradas más largas, o la competencia que me hago a mí mismo en el trabajo, donde continuamente estoy editando contenidos en media docena de gestores diferentes (y aseguro que esa especie de versión moderna del mito de Sísifo, obligado a escribir y reescribir artículos eternamente, puede llegar a cansar mucho). Otras son más ocasionales: la redacción de un artículo con pretensiones académicas, en el que uno se atasca y empantana, algunas adiciones recientes, como el de ver al final de la tarde dos o tres capítulos de esa serie incomparable que es Mad Men, etc.

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En las últimas semanas se ha oído hablar mucho del tema P2, sucesor de Prologue, una plantilla diseñada para convertir a WordPress en una aplicación de microblogging. Curiosamente (pero ya se sabe que las coincidencias no existen, y que son signos de un orden cósmico que no alcanzamos a entender), esta difusión de noticias sobre P2 ha coincidido con mi entrada en el apasionante mundo del blogueo en miniatura, a través de Twitter.

Pues bien, tras leer la encomiástica reseña de Matt Mullenweg sobre P2 y el modo en que lo utiliza la gente de Automattic, como una herramienta de comunicación y seguimiento de proyectos y trabajo en grupo, me ha faltado tiempo para instalar una nueva instancia de WordPress y el tema P2, al que he añadido la recentísima traducción de nxtmdia, repasada y modificada para mis propios propósitos. El resultado es Microblogueando en WordPress, una nanobitácora que voy a utilizar como campo de pruebas y demostraciones para mis compañeros de trabajo y probablemente también para mantener el contacto con la cuadrilla de amigos con los que suelo relacionarme a través del correo electrónico.

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Dos entradas recientes –la una, de Toni Solano, y la otra del Prrofesor Potâchov- han conseguido lo que yo hubiera considerado imposible hace apenas unas semanas: que me decidiera a inscribirme en Twitter, cuyo concepto de microblogging representa poco menos que una antinomia absoluta con respecto a mis propios hábitos de escritura, caracterizados por la verborrea y cierta tendencia a dar vueltas y más vueltas sobre mis temas predilectos.

Pero bueno, más vale tarde que nunca, y hete aquí que el pasado martes me di de alta en este servicio, del que me han sorprendido unas cuantas cosas: en primer lugar, la inmediatez con la que se traba contacto con otros tuiteros, pues al poco de escribir mis primeros gorjeos ya había sido acogido por veteranos del invento (curiosamente, Toni y Néstor entre ellos). La segunda es que la práctica de Twitter exige el dominio de un lenguaje específico, cuya gramática, convenciones y tradiciones todavía no he logrado desentrañar del todo. Y, en tercer lugar, que lo que yo consideraba un servicio de utilidad más bien escasa, por no decir nula, está preñado de posibilidades: entre otras que iré descubriendo, la del contacto inmediato, al estilo chat, pero también la difusión de ideas, de experiencias, y la práctica de técnicas de soporte online que pueden ser muy interesantes para mi trabajo cotidiano.

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