Compositor de bandas sonoras para el cine francés, británico y norteamericano, jazzman prestigioso (hasta un tipo tan difícil como Miles Davis lo colmó de elogios en su primer encuentro), autor de canciones para grandes figuras de la música ligera, clásica y de jazz (Yves Montand, Charles Aznavour, Barbra Streisand, Kiri Te Kanawa, Jessye Norman, Sarah Vaughan), e intérprete de sus propias canciones, pianista y director de orquestas clásicas y de jazz, el francés Michel Legrand hace su entrada en la sección de podcasts de La Bitácora del Tigre por la puerta grande, tal y como se merece desde hace mucho tiempo.
Este tema (que no es el que más me gusta de la colección, pero que he incluido por razones que luego explicaré) pertenece a Anthologie, un álbum triple editado en una de esas largas y lujosas cajas de colección que las discográficas vienen publicando en los últimos años, tal vez para hacerse una imposible competencia contra los DVD musicales que ellas mismas editan. El estuche lo compré en julio de 2003, en Brest, durante un viaje de casi tres semanas que hicimos Pilar y yo por la fachada atlántica de Francia, desde Bayona, en el País Vasco francés, hasta Bayeux, en Normandía.


Del prolífico compositor británico John Barry se podría decir, y no es pequeño elogio, que con sus bandas sonoras ha hecho buenas, incluso memorables, a bastantes películas que si no fuera por su música difícilmente hubieran pasado a la historia del cine. Seguramente no es ése el caso del filme en el que aparece este tema, “Fun City”, de Cowboy de medianoche, de John Schlesinger (1969), una película triste y amarga, que nos impresionó mucho a Pilar y a mí cuando la vimos, hace ya una porrada de años.
No sé si ha sido consecuencia de las encendidas polémicas en las que he participado en los últimas fechas, pero lo cierto es que me he sentado ante el interfaz de edición de La Bitácora del Tigre con el ánimo guerrero. Me he acordado de que en los últimos días había estado oyendo los cuatro discos de The Longest Day. The Ultimate World War Movie Theme Collection, y me he dicho: “qué mejor oportunidad para ilustrar tan incruenta batalla que algún tema de este magnífico disco cuádruple, dedicado a las películas de guerra”.
La colección de cuatro discos a la que pertenece este tema tan aguerrido, “The Ballad of the War Wagon” es una de las joyas de mi colección de bandas sonoras. Se trata de The Alamo. Dimitri Tiomkin, The Essential Film Music Collection, un paquete de cuatro discos que recoge una granada selección de la música para películas de Dimitri Tiomkin, probablemente el compositor que más contribuyó a crear el sonido propio y peculiar del western. Son tres discos realmente espectaculares, que contienen la música de las películas del oeste, históricas y de aventuras, de los dramas y los thrillers, y un maravilloso bonus disc que añade las versiones para voz y coro de los temas de las películas del oeste. La grabación es de 2004, a cargo de La Orquesta Filarmónica de la Ciudad de Praga y el Crouch End Festival Chorus, dirigidos por Nic Raine, Paul Bateman y Mario Klemens.
Es más que probable que los lectores habituales de La Bitácora del Tigre hayan advertido ya mi fascinación por la civilización romana y sus obras. A quienes todavía no se hayan dado cuenta de ella, les recomiendo la reseña de la novela de León Arsenal
Muy conocido por su fructífera colaboración con directores como David Lean (Lawrence de Arabia, El doctor Zhivago, La hija de Ryan, Pasaje a la India) o Peter Weir (El año que vivimos peligrosamente, Único testigo, La costa de los mosquitos, El club de los poetas muertos), y por las inolvidables melodías de películas épicas como El día más largo o ¿Arde París?, Maurice Jarre es un compositor prolífico y muy competente, capaz de registros tan variados como los de las bandas sonoras que acabo de citar.
El minimalismo nunca ha sido santo de mi devoción, ni tampoco la música de Michael Nyman, que generalmente me parece fría, abstracta, con una propensión hacia los timbres ácidos que, por mucho que me esfuerzo, no logro apreciar. De vez en cuando, suelo escuchar un doble CD que compré hace algunos años, The very best of Michael Nyman, que recoge la música para películas que Nyman compuso entre 1980 y 2001, para ver si con el hábito me dejan de chirriar los oídos, pero raras veces consigo completar la audición.
La alegría vital, la elegancia y el lirismo tan característicos de la música de Georges Delerue resplandecen como nunca en el tema principal de A Little Romance, película dirigida por George Roy Hill en 1979 (entre nosotros se tituló Un pequeño romance), que no recuerdo haber visto. Lo de haberme perdido la bellísima banda sonora del compositor francés tiene delito, y más todavía lo tiene no haber asistido al debut en la gran pantalla de la actriz norteamericana Diane Lane, en aquellas fechas una jovencita de apenas quince años y que desde entonces no ha hecho sino ganar en belleza y talento.
De ese maravilloso disco que es Music for Film (Riccardo Muti dirige a la Filarmonica Della Scala en una grabación de 1997 realizada en el Teatro Abanella de Milán), de sonido vibrante y cristalino, he extraído este breve tema, “Milano e Nadia”, perteneciente a la banda sonora de Rocco y sus hermanos. Tengo un recuerdo bastante difuso de la película de Luchino Visconti, que vi hace muchísimo tiempo, así que prefiero no decir nada sobre la relación entre la música y las imágenes.
Bastante más largo de lo que aconsejaría la prudencia (como siga a este ritmo me voy a quedar sin espacio de alojamiento en dos patadas), no me resisto a colgar un precioso ejemplo de la música de Elmer Bernstein, uno de los mejores autores de bandas sonoras del cine norteamericano, autor de partituras tan inolvidables como las de Los siete magníficos, La gran evasión, Los hijos de Katie Elder, El puente de Remagen o Amanecer zulú.



