Extrañamente hipnótico en su arranque (con ecos de cetáceos y rumores de olas que parecen recién salidos de un océano ancestral), este famosísimo tema de Eric Serra, colaborador habitual de los filmes de Luc Besson, siempre me ha atraído de una manera muy singular, y eso que no soy muy devoto de los sonidos electrónicos en las bandas sonoras.
A pesar de sus excesos simbólicos, que la convirtieron en una especie de emblema de la causa ecologista (cuando no de diversos desvaríos new age), El gran azul sigue siendo una película fascinante. Y la obertura que abre el filme, mientras se suceden los planos aéreos de las costas griegas y sus mares refulgentes, queda en la memoria como un ejemplo del mágico poder de la música para transportar el espíritu a otro universo. Cuando la escucho no puedo evitar las ensoñaciones: volver al Mediterráneo, sumergirme en sus aguas azules, jugar con las morenas y los delfines, dejarme ir…
Eric Serra, “The Big Blue Overture”, 1988, 4,44 minutos. The Soundtracks, Virgin France, 1996, pista 1.


Inauguro la sección con una de las mejores canciones del que seguramente es el caradura más simpático y seductor de la historia del cine: Dean Martin. Humorista, cantante, y magnífico actor, al que a veces se mira con cierta condescendencia (y eso que intervino en títulos tan señeros como Bésame tonto, de Billy Wilder, Río Bravo, de Howard Hawks, o Como un torrente, de Vincente Minnelli), Dean Martin es el perfecto ejemplo del amigote divertido y ocurrente, de buen corazón y lengua afilada, al que siempre querríamos tener como compañero de juerga.



