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¿Es Firefox tan bueno como creemos?

Tanto en el ámbito profesional como en el personal, yo me tengo por un furibundo propagandista del navegador Firefox, de cuyas virtudes he tratado por extenso en La Bitácora del Tigre. Sin embargo, también soy un usuario que trabaja con navegadores al menos durante diez horas cada día (sí, ya sé lo que muchos lectores estarán pensando, pero cada uno lleva su cruz a cuestas), a menudo con doce o quince ventanas abiertas de forma simultánea, pues tengo la manía de trabajar con ventanas y no con pestañas.

Lo que llevo observando desde hace meses es que, en tales circunstancias, Firefox 2 devora una enorme cantidad de RAM. Además, cuanto más larga es la duración de la sesión de trabajo, Firefox se torna más ineficaz, sobre todo si se compara con otros navegadores. La Red está llena de testimonios sobre este asunto (véanse, por ejemplo, los de Sincables.net y Lifehacker), pero para escribir esta entrada he preferido hacer pruebas por mí mismo.

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El Tigre, de Safari

Cómo iba a resistirme a título tan goloso como éste, con su flagrante dilogía y sus resonancias exóticas y peliculeras. No obstante, me apresuro a aclarar, para que no me acusen de insensibilidad hacia los rayados felinos, que no me he ido de cacería a ningún parque jurásico. Mi modesto coto de caza se reduce al ordenador, el blog y la conexión a Internet, que me han servido para hacer un sencillo experimento.

Y era un experimento que llevaba tiempo intentando realizar: comprobar cómo se ve La Bitácora del Tigre y cómo se navega por entre sus vericuetos con un navegador Safari. El problema era, hasta hoy, que yo no tengo a mi alcance uno de esos maravillosos chismes blancos tan apreciados por sus usuarios. Es cierto que siempre podría pasarme por El Corte Inglés y navegar un rato con un elegante MacBook o un potentísimo MacPro (que no suelen estar conectados a Internet, ésa es otra); también podría, abusando de la cara dura y de la paciencia de ilustres maqueros como Luis Barriocanal o Jesús María González-Serna, intentar camelármelos para una tanda de probatinas, pero es evidente que cualquiera de ambas soluciones es muy poco eficaz (y la segunda, además, francamente reprobable).

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En los últimos días la blogosfera educativa española ha venido haciéndose eco de las muchas bondades de Flock, el navegador basado en el motor de Firefox y orientado a la web social. Hace poco hablaba del asunto Celestino Arteta en Educación Tecnológica, y ayer remachó el clavo Néstor en Prrofesor Pôtachov de Moldavia, quien añadía a su muy positiva valoración de este navegador una ingeniosa invectiva contra algún otro programa rival.

Yo utilizo Flock desde hace tiempo, sobre todo para comprobar aspectos de diseño, navegabilidad y velocidad de carga de La Bitácora del Tigre, con resultados más que satisfactorios. Aunque no lo uso continuamente, tengo que reconocer que me gusta mucho Flock por su sencillez de manejo y por su capacidad de integrar los servicios de la web 2.0 con los que suelo trabajar (mi propio blog, construido con WordPress, WordPress.com, Flickr, YouTube, etc.). Con todo, sigo prefiriendo Firefox, porque cuenta con un gigantesco catálogo de extensiones que me permiten hacer casi cualquier cosa con la web y sus páginas; algunas de estas extensiones, aunque no todas, también funcionan con Flock.

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En el artículo que publiqué el pasado 28 de agosto intenté mostrar cómo puede convertirse un navegador (los ejemplos eran de Firefox, pero es posible aplicar también la técnica, aunque de forma más limitada, a Internet Explorer) en una herramienta de consultas lingüísticas. Hablé de este asunto en el curso que impartí en Santander, con demostración práctica incluida, y creo que la idea gustó bastante a los cursillistas.

Aunque de forma muy genérica y con escasas precisiones, también traté en las caballerizas del Palacio de la Magdalena (a pesar del nombre, hace tiempo que las nobles bestias han sido sustituidas por proyectores, micrófonos y tomas de red) de los posibles escenarios en que podría ponerse en práctica esta técnica: el aula ordinaria, el aula de recursos, el aula de Informática, etc. De todos ellos, el más inmediato y familiar para la mayoría de los docentes es el primero, y por eso voy a tratarlo aquí con algún detenimiento.

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La entrada que hoy ha publicado Carlos Cabanillas en su blog me ha animado a escribir un articulillo sobre un tema que ya traté, aunque de forma muy marginal, en el wiki Escribir en los blogs; posteriormente, me he vuelto a topar con este asunto mientras preparaba un trabajo para un curso sobre integración curricular de las TIC en el área de Lengua que impartiré en breve.

Me refiero a la posibilidad de añadir al motor de búsquedas de Firefox una serie de herramientas lingüísticas basadas en las tecnologías Sherlock y OpenSearch, herramientas que se pueden invocar interactivamente desde el propio navegador, sin necesidad de archivar sus URLs. Mediante la técnica que voy a explicar a continuación, es posible convertir a Firefox en una especie de centro de control para innumerables actividades didácticas: uso de diccionarios, búsquedas literarias, tareas de análisis gramatical, búsqueda de fuentes y referencias, etc. El procedimiento para lograrlo es bastante sencillo, y consta de los pasos que figuran a continuación.

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En uno de esos vagabundeos que con cierta frecuencia llevo a cabo a través de la Red, me he encontrado con Performancing, una extensión para Firefox que permite editar y publicar una entrada en un blog sin necesidad de utilizar el interfaz de edición del gestor de contenidos (en mi caso, WordPress, aunque también puede funcionar con TypePad, LiveJournal, TextPattern, Drupal, Blogger y otros CMS).

El proceso es muy simple: se descarga la extensión, se instala, se reinicia el navegador y se hace clic en el icono con forma de cuaderno y lápiz que aparece en la parte inferior derecha de la ventana de Firefox (el mismo efecto se consigue pulsando la tecla F8). Al hacerlo, la ventana del navegador se divide y en su parte inferior aparece un interfaz de edición muy sencillo, pero muy efectivo.

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Firefox 2 virguero

Me acabo de enterar por Zibereskola que ya está disponible la versión 2 de Firefox. La he descargado, la he instalado, he actualizado algunas extensiones viejas que no eran compatibles con la nueva versión y he incorporado el complemento del diccionario de español 1.0.

Por si acaso, he instalado Firefox 2 en un directorio diferente al de la versión anterior. Tras haber comprobado que el nuevo navegador respeta todos los ajustes y preferencias de la versión 1.5, he decidido desinstalar esta. Ningún problema.

El resultado, una virguería de navegador, que no sólo funciona como un rayo (parece más ligero que la versión 1.5), sino que me resuelve la vida como bloguero impenitente: con la incorporación del diccionario, que funciona de forma muy semejante a los que utilizan los procesadores de textos habituales, mis largas entradas en WordPress prácticamente se corrigen solas, y ya no es necesario ningún plugin adicional para advertirme de las erratas y las faltas de ortografía.

El nuevo Firefox modifica ciertos parámetros anteriores; por ejemplo, ahora el comportamiento predeterminado con respecto a los enlaces que abren nuevas páginas (target="_blank"), a los que yo soy muy aficionado, es el de abrir nuevas pestañas, aspecto que he adaptado a mis propios hábitos (sí, ya sé que soy más raro que un perro verde, pero estoy acostumbrado a trabajar así), desde el menú Herramientas > Opciones > Pestañas.

En fin, una gozada. Animo a todos los usuarios a que prueben, instalen y naveguen, viento en popa a toda vela, con esta edición supercalifragilísticaespialidosa (el diccionario corrige este adjetivo) del navegador del zorrito (y también este diminutivo). A lo largo de esta semana, voy a someterlo a pruebas de esfuerzo peores que los trabajos de Hércules. Ya os contaré.

Para navegar con más garantías

Cuando uno se ve obligado por motivos de trabajo a recorrer los terrenos más intrincados y peligrosos de la web, echa en falta alguna clase de aviso para navegantes, algún Pepito Grillo que le sugiera a la oreja algo así como “eh, Eduardo, que esto tiene mala pinta”, antes hacer clic sobre un enlace sospechoso y condenar el ordenador a un largo vagabundaje por el valle de las sombras. Sí, es cierto que se puede tener a mano un antivirus, un par de limpiadores de spyware y navegadores como Firefox, Mozilla o Seamonkey, mucho más seguros que el Explorer (o trabajar con Linux), pero nunca viene mal tomar precauciones adicionales.

A tal propósito sirve una estupenda utilidad de la que me hablaron hace un par de días. Se trata de SiteAdvisor, un complemento para navegadores (de momento sólo para Internet Explorer y Firefox), que advierte al navegante sobre los riesgos potenciales (spyware, adware, virus, fraudes online, phishing, etc.) de las webs que visita. Y no sólo eso, porque los motores en que está basado SiteAdvisor van recorriendo la inmensa telaraña de la Red y al hacerlo analizan el nivel de seguridad de lo que encuentran. De esta manera, una vez instalado en el navegador, SiteAdvisor es capaz de proporcionar información muy útil sobre el nivel de riesgo de los sitios a los que apuntan los resultados de buscadores como Google, Yahoo o MSN.

De momento, SiteAdvisor es gratis. El fabricante anuncia que más adelante publicará productos de pago con funciones adicionales. Ojalá que ello no signifique una comercialización absoluta de esta utilidad, que por las pruebas que yo he hecho es estable, ligera, poco invasiva y muy eficaz. No hace falta subrayar cuán adecuado puede ser el complemento para las actividades educativas, sobre todo aquellas que implican una navegación más o menos libre por parte de los alumnos. Está claro que, aun con el SiteAdvisor en marcha, nuestros chicos o chicas podrán hacer caso omiso de la X roja que aparece a la derecha del enlace que apunta a una web peligrosa. Ahora bien, si hacen clic sobre él y se les cae la máquina a pedazos, por lo menos no podrán aducir en su descargo la socorrida excusa de siempre: “no, es que yo no sabía…”.

Tesauro en OpenOffice 2 y Firefox 1.5

Logotipo de OpenOffice2El pasado día 3 de noviembre, en mi breve reseña de la suite OpenOffice 2, di cuenta de la falta de un diccionario de sinónimos en su versión española. El pasado viernes, mientras preparaba un tutorial de la instalación de la suite, con destino a la web del PNTE, comprobé que el tesauro ya está disponible, que es tan fácil de instalar como sus hermanos de la serie (mediante la ya conocida macro DicOOo.sxw, de Laurent Godard, que ahora se invoca desde el menú Archivo –> Asistentes –> Instalar diccionarios nuevos), y que funciona perfectamente. Por cierto, los problemas de instalación que señalaba en la citada reseña eran culpa mía, no de la aplicación. Cuando uno no lee las instrucciones que figuran bien claras en el cuadro de diálogo del instalador, pasa lo que pasa.

Ya no hay excusa, pues, para utilizar el Writer de OpenOffice como procesador de textos de cabecera. Es cierto que el tesauro todavía no es tan potente como el de Microsoft Office, y que se podría haber mejorado su accesibilidad (para encontrar un sinónimo hay que ir al menú Herramientas –> Idiomas –> Sinónimos, o pulsar Ctrl + F7, pero esta última opción hay que aprenderla de memoria), por ejemplo mediante una pulsación del botón derecho, pero esto es peccata minuta. Lo que desde luego tiene mucho valor es la existencia de una aplicación que, por un coste prácticamente igual a cero, nos resuelve la existencia a los que nos pasamos varias horas al día tecleando sin parar en el procesador de textos.

Logotipo de FirefoxEl viernes también pude comprobar que la versión 1.5 del navegador Firefox ya está circulando por la web, por supuesto en castellano. Ligero, potente, fácilmente configurable y con opciones que, hoy por hoy, no están disponibles en Microsoft Explorer, poco se puede decir del simpático navegador del zorro que no sepa casi todo el mundo. Ahora sólo queda probarlo a fondo durante los próximos días, y recomendárselo a los amigos y conocidos.

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