normas de etiqueta en los blogs

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A ver si consigo mantener la calma y no ofender a nadie (ni siquiera al responsable de este abuso), porque otra vez un sitio web ha copiado íntegramente un artículo mío (original y copia tienen 20 párrafos, 93 líneas, 1076 palabras, 5546 caracteres sin espacios y 6602 con ellos), sin citar su procedencia, y además haciendo constar como autor del texto a otra persona. El blog se llama Telaraña, y publica una copia literal de mi artículo Un plugin para automatizar las tareas de actualización de WordPress, que apareció originalmente en La Bitácora del Tigre, el 12 de agosto de 2997.

Antes de expresar aquí mi protesta, lo cual no me agrada en absoluto, he intentado ponerme en contacto con el autor de Telaraña, a través del correspondiente comentario en su entrada, para pedirle que retirara el texto o reconociera adecuadamente su autoría, pero los comentarios sólo están permitidos a usuarios registrados. Así que no tengo otro remedio que utilizar mi propio blog para volver a decir lo de siempre: que esta práctica es un abuso intolerable, y que en modo alguno está protegida por los términos de la licencia Creative Commons, a la cual se acogen los contenidos de mi blog.

La irritación no es buena consejera

El 21 de marzo publiqué una entrada, Un blog que abusa del trabajo ajeno, donde me quejaba, en tono bastante desabrido, de lo que consideré una utilización abusiva de uno de los artículos de La Bitácora del Tigre. Esa entrada recibió comentarios favorables y también críticas, a los que contesté en ambos casos. Hasta la fecha no había tenido noticia de ninguna reacción por parte de quien había copiado mi entrada, pero finalmente ha llegado, tal como puede verse en el comentario de JPe, autor del blog Retrópolis.

La intervención de JPe me ha hecho recapacitar sobre algunos aspectos de mi comportamiento público como autor de blogs (que, por cierto, no se distinguen demasiado de los que caracterizan al Eduardo Larequi de carne y hueso). En concreto, sobre mi tendencia a dejarme llevar por el mal genio y la irritación, y no consultar con la almohada las reacciones viscerales que esos defectos de mi carácter provocan. No es que me retracte de los argumentos que en su momento utilicé, porque sigo considerándolos bien fundados, pero algunas expresiones, algunos sarcasmos, algunos juicios de intenciones, estaban de más.

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Coincidiendo con mi airada protesta contra el abuso sufrido por una entrada de La Bitácora del Tigre, Luis Barriocanal ha publicado un artículo muy interesante, Derechos de autor y propiedad intelectual en Internet, en el que detalla cómo se configura el derecho de autoría en la legislación española, aconseja acogerse a las licencias de Creative Commons “para fomentar el trabajo colaborativo y la difusión del conocimiento”, especialmente en el ámbito educativo, y da cuenta de los sinsabores que le ha ocasionado ver algunos de sus trabajos en manos muy poco respetuosas de la labor del prójimo.

El artículo de Luis, y otros que se han publicado en los últimos días sobre temas conexos (Lourdes Domenech, De plagios, timos y otras prácticas poco decorosas, Jorge Gómez Súarez, Sé creativo, Angus Iglesias, Los timadores, Emilio Quintana, Libertad, CC y puertas al campo, Fernando Santamaría, Creative Commons: sé creativo, es fácil cuando te saltas a los intermediarios y Aníbal de la Torre, Uso de contenidos de Internet, copyright, creative commons…), así como los comentarios a mi propia entrada, en absoluto unánimes, me han hecho pensar sobre qué se entiende por reconocimiento de autoría y distribución y copia de las obras, conceptos que forman parte esencial de las licencias reguladas por la iniciativa Creative Commons, y cómo se debe proceder a la hora de ponerlos en práctica.

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Los visitantes habituales de La Bitácora del Tigre habrán advertido que sus contenidos pueden utilizarse de acuerdo con los términos de una de las licencias de Creative Commons. En concreto, de la denominada Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 2.5 España, la cual establece que cualquier entrada del blog puede copiarse, distribuirse y comunicarse públicamente, y que a partir de ella pueden elaborarse obras derivadas, siempre que se respeten las siguientes condiciones, que copio al pie de la letra:

  • Reconocimiento. Debe reconocer los créditos de la obra de la manera especificada por el autor o el licenciador (pero no de una manera que sugiera que tiene su apoyo o apoyan el uso que hace de su obra).
  • No comercial. No puede utilizar esta obra para fines comerciales.
  • Compartir bajo la misma licencia. Si altera o transforma esta obra, o genera una obra derivada, sólo puede distribuir la obra generada bajo una licencia idéntica a ésta.

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Aunque La Bitácora del Tigre no encaja exactamente en la condición de blog educativo (en ciertos aspectos no llega, y en otros se escapa de sus límites), yo casi siempre escribo desde la perspectiva de un docente con experiencia en la integración curricular y en la gestión de las Nuevas Tecnologías, y con el objetivo de que a los compañeros y compañeras de profesión puedan serles de alguna utilidad las ideas que se me van ocurriendo.

Entre ellas, la de elaborar un prontuario de etiqueta bloguera, con el fin último de incorporarlo al wiki Escribir en los blogs, en el que llevo trabajando algún tiempo. Sé que existen multitud de normas y decálogos de actuación en la Red, que conforman la llamada Netiqueta o Netiquette ) y otros orientados al buen hacer bloguero (no hay tantos específicamente relacionados con los blogs educativos), que podría haber resumido y adaptado a mis propios fines; de hecho, algunos se citan al final de este artículo. En cambio, he preferido partir de mi propia experiencia, y dejar la puerta abierta al debate, las propuestas y sugerencias de los compañeros, a través del mecanismo habitual de los comentarios.

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Repasaba esta tarde mi tablero de WordPress cuando he reparado en un enlace entrante que me ha parecido curioso. “Ocultismo Práctico de H.P.B. « Corazón de Diamante”, decía el aviso. Lo primero que se me ha ocurrido pensar es: “ay, Dios, qué gente más rara enlaza mi blog”. Y el segundo pensamiento ha sido: “lo malo es que el raro debo de ser yo”. Rápidamente me he ido al blog en cuestión, y he encontrado esta entrada que, con toda evidencia, copia esta otra mía.

Me parece asombroso (e indignante) que ocurran cosas como ésta en la blogosfera. En todo caso, el ejemplo viene al pelo para ilustrar lo que no se debe hacer amparándose en el derecho de cita: no sólo fusilar un texto en condiciones que dificultad la identificación de su verdadera autoría, sino sacarlo de contexto y darle un sentido (si es que se puede decir tal cosa) completamente distinto al que tenía en su forma original. Me he quejado por escrito en el correspondiente comentario, aunque después de enviado me han entrado las dudas: a ver si va a ser una trampa para incautos, una estrategia para recopilar direcciones de correo o qué se yo.

Estoy preparando una larga entrada para la bitácora, que va destinada a publicarse en el wiki Escribir en los blogs, sobre las normas de etiqueta en la blogosfera; entre ellas, las relativas al derecho de cita. Parece obvio que este caso podría formar parte de una antología de lo que no se debe hacer en un blog o en cualquier otro medio de comunicación.

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