Recuerdo que hace más o menos año y medio, coincidiendo con la exposición que el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona dedicó al novelista británico J.G. Ballard, me reproché a mí mismo la escasa atención que había prestado a este excelente escritor, uno de los más originales y creativos de entre los que se han dedicado al género de la ciencia ficción. Hasta aquel momento sólo había leído de Ballard la novela Crash, que no me gustó demasiado, la colección de relatos titulada Fiebre de guerra, que en cambio me pareció fascinante, y algunos artículos y ensayos desperdigados por diversas antologías y volúmenes misceláneos.
Me hice de nuevo un reproche parecido hace pocos meses, con ocasión de la muerte del novelista –aunque ya sé que esta declaración carece de efectos exculpatorios, por entonces vi de nuevo, y debía de ser la tercera o cuarta vez, la extraordinaria adaptación cinematográfica que Steven Spielberg realizó de su novela autobiográfica El imperio del sol-, pero debo admitir que mi arrepentimiento no se perfeccionó con un propósito de enmienda efectivo, y que durante bastantes meses seguí sin dedicar a Ballard la atención que merece.

Tan popular como las novelas de zombis, pero seguramente unos cuantos peldaños por encima en su consideración cultural por parte del establishment literario (la comparación me permite enlazar con el final de
Ayer terminé una larga crítica de La carretera, la novela de
Ayer acabé una larga reseña de Aventuras del profesor Challenger, un libro de la editorial Valdemar que contiene cinco relatos (la novela El mundo perdido, la novela corta La zona ponzoñosa, los relatos Cuando la Tierra lanzó alaridos y La máquina desintegradora y otra novela corta, El abismo de Maracot), los cuatro primeros protagonizados por el profesor George Edward Challenger, uno de los más famosos personajes nacidos de la fértil imaginación de Sir Arthur Conan Doyle. No voy a tratar aquí de los aspectos puramente literarios del libro, porque son el objeto de la reseña, que tengo comprometida con otra publicación, sino de su posible utilización como propuesta didáctica para las aulas de Secundaria.
En al menos dos entradas de este blog (las del
No creo exagerar lo más mínimo al afirmar que esta obra del escritor inglés Kazuo Ishiguro es una de las novelas más hermosas e inquietantes que he leído en los últimos tiempos. Un libro bellísimo a la vez que perturbador, porque bajo la delicada y sutil superficie de su relato, bajo la amable apariencia de un estilo reposado, incluso lánguido, discurre una historia desasosegante y atroz, ante la cual ningún lector puede mostrarse indiferente.
Da cierta vergüenza reconocerlo, habida cuenta de la posición que ocupa el autor en la literatura norteamericana contemporánea, pero hasta leer la última novela de Philip Roth publicada en España, La conjura contra América, no había tenido apenas contacto con la obra de este interesantísimo escritor, salvo por algunos cuentos recogidos en antologías, alguna entrevista y una adaptación cinematográfica reciente, la de La mancha humana, dirigida por Robert Benton en 2003.



