El jurado del Premio Nadal ha otorgado los galardones de su convocatoria de 2005 a dos novelas de planteamiento y contenido muy diferentes, pero marcadas por un signo común de derrota, pesimismo y hasta desesperanza: la ganadora, Un encargo difícil, de Pedro Zarraluki, narra un drama personal que transcurre en la inmediata posguerra del conflicto civil del 36; la finalista, Cazadores de luz, de Nicolás Casariego, es un relato de anticipación, una distopía de inquietante verosimilitud.
Construida a partir de una prolepsis que adelanta el desenlace (una anticipación deliberadamente engañosa, como el lector tendrá oportunidad de descubrir), y mediante secuencias narrativas en las que se entremezclan distintos puntos de vista, el argumento de Un encargo difícil se desarrolla en la isla de Cabrera, justo tras el final de la Guerra Civil española. En el concentrado universo de la menor de las islas Gimnesias se reúnen diversos personajes, que de una u otra manera son o se sienten perdedores de la contienda: Leonor Dot y su hija Camila, desterradas en Cabrera por su condición de esposa e hija, respectivamente, de un combatiente republicano que ha sido fusilado por los vencedores; Benito Buroy, un asesino obligado por la policía franquista a eliminar al agente doble alemán Markus Vogel; el capitán Constantino Menéndez, comandante militar de la guarnición, atormentado por lo que considera un destino muy poco acorde con sus méritos; Felisa García y su marido, Paco, quienes regentan la cantina y se lamentan por la suerte que les ha tocado (“la vida es una mierda” es el lema del cantinero); por último, El Lluent, un curtido pescador de carácter enigmático y hosco.


El escritor y periodista Ignacio Vidal-Folch acaba de publicar en la colección “Áncora y Delfín”, de la editorial Destino, Turistas del ideal, una divertidísma novela satírica en la que pone a caldo a los popes emblemáticos de la izquierda cultural, tan aficionados a las aventuras tercermundistas y tan apegados a la ventajosa comodidad que les proporciona su posición de privilegio en el primer mundo. Seguro que la novela levanta ronchas, porque por ella se pasean, apenas disimulados bajo caracterizaciones más que evidentes, las encarnaciones literarias de gente tan conocida como Manuel Vázquez Montalbán, José Saramago, Joaquín Sabina, Antonio Gades, Oliver Stone y compañía.



