Hace ya bastante tiempo que no publico ninguna entrada sobre libros en este blog. En efecto, aunque no he dejado de escribir artículos más o menos relacionados con dicha categoría, la última reseña en sentido estricto fue la de Vida y destino, de Vasili Grossman, del pasado 13 de diciembre. Semejante abandono de uno de mis temas favoritos me hace sentirme doblemente culpable: no sólo por defraudar a mis incondicionales, sino también porque bajo las excusas de la pereza, la dificultad del género y el exceso de ocupaciones acaso se oculten los signos de una traición a mi propia naturaleza, o los primeros indicios de una pérdida de facultades con la que a todos (blogueros incluidos) nos amenaza el inevitable paso del tiempo.
En fin, no quiero ponerme melodramático ni exagerar la nota. Más vale coger el toro por los cuernos (y véase que la metáfora condice con las resonancias taurinas del título de este artículo) y compensar a mis lectores y a mí mismo por las oportunidades y el tiempo perdidos. Como no he dejado de leer durante todo estos meses, y de tomar las correspondientes notas, puedo juntarlas todas en una especie de reseña-compendio; seguramente será menos enjundiosa y detallada que mis piezas habituales, pero por otro lado tal vez tenga un interés añadido por la variedad de las obras comentadas y de los géneros a que pertenecen.


En las últimas semanas he visto dos películas basadas en novelas que me gustaron mucho cuando las leí: Soy leyenda, de Francis Lawrence, nueva versión de la novela homónima del autor norteamericano
Ayer terminé una larga crítica de La carretera, la novela de
Hace tiempo que tenía ganas de leer algo de la escritora norteamericana
En al menos dos entradas de este blog (las del
Hace casi un mes comenté en esta bitácora
Si usted, amable lector, pasa por una grave enfermedad, o acaba de salir de un penoso divorcio, si sufre la separación de sus seres queridos, y ha perdido el entusiasmo por la vida (”Estaba buscando un sitio tranquilo para morir”, es la primera frase del libro), si le penan sus errores y cree que no merecen disculpa, lea, por favor, Brooklyn Follies, del escritor y cinesta norteamericano
Leyendo La gran marcha, la última novela de E.L. Doctorow publicada en España, resulta difícil sustraerse a la tentación de creer que la Guerra de Secesión americana y, en concreto, la espectacular
Este es el segundo volumen de la trilogía de Philip Roth sobre la historia norteamericana de la segunda mitad del siglo XX, y también el segundo que leo, tras Pastoral americana, terminado apenas hace mes y medio. El aire de familia entre ambas novelas es evidente, pues las dos tienen el mismo narrador y parten de situaciones narrativas semejantes, además de compartir abundantes motivos y unos cuantos escenarios comunes, y a pesar de ello he tenido que invertir en la lectura de Me casé con un comunista un esfuerzo que no necesité para la anterior.



