Pamplona

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Vista general del Monumento al Peregrino

El refranero es sabio, y todavía lo es más el refranero meteorológico, hijo de los siglos, de generaciones que sabían mirar al cielo y las nubes porque de ellos dependía su supervivencia, y del genio popular de la lengua. No hace falta consultar el maravilloso Refranero multilingüe, del Centro Virtual Cervantes (de cuya existencia me enteré gracias al blog de Leer.es; gracias, Felipe), para saber que podemos acudir al consuelo de esa antiquísima paremia cuando llegan los malos tiempos, sea en forma de bajones del ánimo, de desastres naturales como el terremoto que ayer afligió a Chile, o de la famosa ciclogénesis explosiva, que por estas tierras ha sido menos pavorosa de lo que se temía, pero que en otras latitudes ha causado numerosas víctimas.

Hoy, tras el paso de la borrasca Xynthia, ha amanecido un día espléndido en Pamplona, con una luz cegadora y un cielo nítido y transparente, como hace días que no veíamos. Hemos aprovechado la oportunidad para hacer una excursión hasta la Sierra y Puerto del Perdón, que limita la cuenca de Pamplona por el sur y forma un mirador natural que permite disfrutar de unas hermosas vistas sobre la capital navarra. Es un paraje que me gusta mucho desde pequeño, cuando mi padre nos llevaba a pasar la tarde y a merendar, sobre una mesa portátil de estabilidad más bien precaria. He vuelto por allí muchas veces, en distintas circunstancias: durante la mili, con pintura negra por la cara y el chopo al hombro; con los amigos, para hacer el ganso o ver los fuegos artificiales que se disparan durante las noches sanfermineras desde la ciudadela de Pamplona; con Pilar, para pasear, hacer fotos, recoger níscalos o disfrutar de la nieve recién caída.

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Ha durado poco el manto blanco sobre las calles, porque pasan los coches, los autobuses y los peatones y van marcando negras huellas sobre la nívea superficie, pero aquí dejo el recuerdo fotográfico de una hora en la que ha estado nevando dulce, mansa, abundantemente, sobre Pamplona.

Aunque el invierno está siendo bastante crudo este año, pues hemos tenido buenas dosis de casi todos los meteoros propios de la temporada -lluvia, viento, frío, nieblas-, hasta ahora la nieve apenas si había hecho acto de presencia en Pamplona. Hasta ayer, sábado, cuando por fin se cumplieron las previsiones que nos habían estado acechando durante las últimas semanas, y no dejó de nevar, aunque de forma más bien irregular, durante todo el día. No es que haya sido un temporal de ésos que hacen época, pero sí lo suficiente como para justificar la presente colección de fotos.

Los habitantes de Pamplona no nos caracterizamos por un sentido del humor particularmente fino e ingenioso. Si nos comparamos con la gente de otras regiones españolas, y en especial las que se asoman al Mediterráneo, los pamplonicas somos un tanto envarados y fríos, y por lo general bastante sosos. Cuando nos soltamos el pelo, nos cuesta tomar la medida exacta, y de aquí la presencia habitual en nuestras fiestas de una figura tan emblemática como la del “pata”, a la que solemos identificar con el forastero ignorante de nuestras tradiciones, por mucho que los patas autóctonos sean legión.

Desprovistos de auténtico talento humorístico, hasta los juegos de palabras que nos inventamos resultan un tanto obvios y evidentes, y valga como ejemplo el de una novísima institución que se ha creado en las fiestas de Pamplona, la de los parapatxis (sí, está bien escrito, no es paparazzi), un grupo de fotógrafos con petos amarillos que fatigan los mil y un eventos sanfermineros, para volcar las instantáneas de sus cámaras digitales en el portal FiestasdeSanFermin.com. Curiosamente todos llevan cámaras digitales y objetivos Canon, como los míos, así que yo también me considero, sin título y sin permiso, un parapatxi honorario.

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Vacas enamoradas

Aviso importante

Debido a los problemas de rendimiento experimentados por el blog durante los días 30 y 31 de julio de 2008, las plugins que generaban las galerías de fotos incluidas en esta entrada se han eliminado. La Bitácora del Tigre ofrece a sus lectores sus más sinceras disculpas por haberse visto obligada a tomar esta decisión. Más información sobre el caso en Un día sin el blog, algunas quejas y algunas decisiones drásticas.

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Después de mucho pensarlo y de un buen número de pruebas, por fin he conseguido instalar y hacer que funcione a mi gusto el plugin NextGEN Gallery, probablemente la mejor y más potente de las extensiones para galerías de imágenes que pueden añadirse a WordPress.

He aquí la primera de mis galerías de fotos con NextGEN, que espero no sea la última: una colección de amorosas y bucólicas vacas, sorprendidas en su particular intercambio de caricias la mañana del domingo 17 de febrero de 2008, en las huertas de la Magdalena de Pamplona, durante uno de nuestros paseos dominicales por las riberas del Arga.

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Las 7,45 de la mañana, y nieva suavemente sobre Pamplona, como testimonia esta foto, tomada con mi PDA. La Plaza del Castillo, casi desierta, íntima en su soledad de farolas y neones, adquiere los tonos nacarados que presagian una nueva jornada invernal. Que caiga dulcemente la nieve, que dure el temporal, porque los campos están sedientos de agua.

La Plaza del Castillo, bajo la nieve

El pasado doce de octubre, aprovechando el buen tiempo y el día de fiesta, nos fuimos a dar un paseo por el Parque Fluvial del Arga, cuyo recorrido entre Pamplona y Huarte no conocíamos. La mañana era espléndida y el aire limpio y quieto; como salimos relativamente pronto, pudimos hacer la mayor parte del paseo en gustosa soledad.

Nos asombró la limpieza y comodidad del recorrido, perfectamente señalizado, lleno de rincones hermosos donde descansar, echar un traguito de agua y ver pasar el agua (y la vida), bajo la fronda rumorosa de los árboles, espléndidamente vestidos de sus colores otoñales. Sotos ribereños, parques, puentes, antiguos molinos y batanes, huertas y casas de labranza (todavía quedan algunas, milagro entre milagros, en pleno casco urbano de Pamplona y en las localidades próximas de Burlada, Villava y Huarte-Pamplona) forman un conjunto tan deleitoso que dan ganas de sentarse en un banco y ponerse a recitar aquellos versos de Nemoroso, en la primera égloga de Garcilaso de la Vega:

Corrientes aguas puras, cristalinas,
árboles que os estáis mirando en ellas,
verde prado de fresca sombra lleno,
aves que aquí sembráis vuestras querellas,
hiedra que por los árboles caminas,
torciendo el paso por su verde seno

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No sé si alguna vez he dicho en este blog que mi cumpleaños es el 7 de julio, día de San Fermín y día grande de las fiestas de Pamplona. Para celebrarlas a mi manera, he salido a la calle armado con la cámara y sus objetivos, y a base de paciencia y algún codazo que otro (moverse por entre las multitudes que asaltan la ciudad durante el fin de semana es siempre difícil, y más con la impedimenta a cuestas), me he hecho un hueco en algunos de sus escenarios más significativos.

El resultado es una colección de fotos en Flickr, y la correspondiente presentación (elaborada siguiendo las instrucciones de HOW TO Quickie: Embedded Flickr Slideshows), que reúne algunas de las instantáneas que he tomado entre el 7 y el 8 de julio. Si el tiempo ayuda y el cielo no se cae sobre nuestras cabezas en las próximas horas (porque esta tarde amenazaba lluvia y los pronósticos no auguran una mejoría clara), intentaré completar la colección.

Los interesados en la colección original de Flickr pueden acceder al álbum San Fermín 2007 o a su versión en forma de presentación. Y, por supuesto, animo a todos los lectores de La Bitácora del Tigre a hacer una visita virtual de las fiestas universales de Pamplona, en Sanfermin.com y FiestasdeSanFermin.com.

Dicen los que saben que en las huertas cultivadas desde hace generaciones en estos fértiles meandros del río Arga, que se desliza sin prisas a los pies del Parque de la Media Luna, en Pamplona, se crían las mejores lechugas del mundo. Seguramente los hortelanos de la Magdalena exageran, sobre todo desde que sus productos se cultivan en invernaderos (no son los únicos; también exageran los corredores del encierro y los pescadores de caña). Pero en cambio no es ninguna exageración afirmar que la vista desde este mirador, sobre todo en los días de primavera, cuando el cielo está claro y despejado tras la lluvia, es espléndida.

Tomé la foto ayer, con la PDA, mientras paseaba del brazo de Pilar. De regreso del paseo, ya cerca de casa, capté la conexión inalámbrica de un colegio público cuya red contribuí a gestionar (por eso me sé la contraseña), me conecté a ella, redacté esta entrada en diez minutos, cómodamente sentado en un banco del patio escolar, y la envié por email a La Bitácora del Tigre. Sin embargo, hasta esta tarde no me he acordado de ejecutar el script que recupera el mensaje del buzón de correo donde dormía el sueño de los justos. Maravillas de la técnica (siempre que uno no se duerma en los laureles, claro), al servicio de la pasión bloguera.

Huertas de la Magdalena