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Para hacer compañía a los felinos rayados de la Bitácora, he aquí el resto de los miembros de la familia felina, que se reparten sus respectivos nichos ecológicos por los armarios y estanterías de la casa. Desde sus elevadas atalayas, protegidos del acoso de mis sobrinos por las disuasorias cubiertas de las Obras completas de Borges y por las coloridas portadas de las novelas de crímenes de Agatha Christie, otean el horizonte.

  • Pantera de las nieves de pelucheHe aquí al más raro y menos conocido de los grandes felinos, el irbis, también llamado leopardo o pantera de las nieves. Habitante en estado salvaje de las montañas de Asia Central, éste llegó a casa, como casi todos sus parientes, tras el consabido safari nocturno por el recinto de la Feria, durante las Fiestas de San Fermín. Y aunque las noches de los sanfermines no son el mejor momento para realizar proezas de coordinación mano-ojo (todo el mundo puede suponer por qué), conseguimos rescatar a este hermoso ejemplar de su reclusión tras los cristales. Os aseguro que la hazaña tuvo su mérito, porque el brazo de la grúa casi no podía con su rollizo cuerpo.
  • León de pelucheAquí tenéis al Rey de la Selva, que paradójicamente es el más infeliz, o al menos el menos afortunado, de toda la familia. Un león achacoso y depauperado, lleno de petachos, con la melena sarnosa y una expresión en sus ojos como de haber sido abandonado por una larga sucesión de crueles domadores de circo. A diferencia de otros parientes más esquivos y antipáticos, nuestro pobre león agradece el afecto de los niños, a quienes solicita desde su guarida, con la muda elocuencia de sus ojos tristes, una suave caricia.

Más sobre tigres

No quiero pecar de inmodesto, pero al igual que a Jorge Luis Borges, a mí también me chiflan los tigres. Y dado que el felino rayado es el emblema de esta bitácora, no me resisto a incluir aquí dos fotos de algunos de los bibelots que adornan nuestras estanterías:

  • Simba, el tigre de pelucheAquí tenemos la cabeza de un tigre de peluche (alias “Simba”, ya sé que no es nada original), de esos que se consiguen en las barracas de feria derribando botes o arrojando pelotas de goma contra una diana. En su día el animalito estuvo a punto de costar un cisma en la familia, pues mis sobrinos querían que su padre (que tiene peor puntería que yo), les consiguiera otro igual. Cabe imaginar su decepción cuando las bolas fueron a estrellarse fuera del blanco.
  • Un tigre sin nombreEste otro tigre tan gracioso (tras la espalda hay un león, casi tan cuco como su primo, al que hace compañía), de pasta o de cerámica pintada, adorna la base de un artilugio de alambre que nos sirve para sostener fotos, post-its, papeles con anotaciones y ese tipo de cosas que suelen danzar por sobre las mesas y los muebles. De momento, no le hemos puesto nombre, pero todo llegará (se admiten sugerencias).

Prometo ir aumentando el zoo con nuevos ejemplares.

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