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Los habituales de La Bitácora del Tigre tal vez se hayan fijado en que he añadido a la “entrada pegajosa” del pasado viernes unos motivos navideños, a tono con el contenido y propósito del artículo. Pues bien, se trata del efecto del plugin Art Direction, que acabo de descubrir a través del blog de Matt Mullenweg. Esta extensión permite modificar cualquier entrada del blog añadiendo los correspondientes estilos CSS o incorporando algún efecto JavaScript, por lo cual resulta muy útil como recurso para ocasiones especiales, o simplemente para alterar la plantilla del blog.

El plugin añade al interfaz de edición de WordPress dos botones, que ofrecen la posibilidad de insertar estilos CSS o código JavaScript. Además, ambos elementos se pueden añadir de forma global o sólo a una entrada individual. En el primer caso, cualquier modificación será visible en todas las páginas del blog que incluyan dicha entrada (páginas de archivo, de índice, de categorías, de búsquedas); en el segundo, en cambio, las alteraciones realizadas sobre un artículo sólo podrán verse en la página individual que le corresponda.

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Ante todo, pido perdón a mis lectores, porque esta entrada la publiqué, sin darme cuenta, antes de tiempo. Planeta Educativo (y probablemente también otros agregadores) la leyeron durante su breve período de existencia indebida, y el resultado es una de esas entradas “fantasma” que tanto afean la blogosfera.

El artículo trataba (y trata) de la actualización de La Bitácora del Tigre a WordPress 2.7, la última y tal vez la mejor de todas las versiones que hasta la fecha han publicado Matt Mullenwegg y el equipo de desarrollo de esta aplicación. No creo exagerar lo más mínimo al decir esto, pues, además de instalarse sin ningún problema (siempre que se sigan con todo cuidado los pasos que marca el tutorial de actualización), WordPress 2.7 mejora de manera muy significativa la experiencia de uso del blog.

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A través de la Weblog Tools Collection me he enterado de la existencia de dos extensiones para WordPress que tienen un interés indiscutible para los administradores de blogs, especialmente si sus publicaciones son grandes y tienen una larga trayectoria a cuestas: los plugins WordPress Exploit Scanner y WP Tuner. El primero permite descubrir posibles cadenas maléficas incrustadas en el código de las plantillas o en la base de datos (cada vez son más los blogs hackeados mediante dichas técnicas), mientras que el segundo sirve para analizar exhaustivamente la aplicación en busca de fallos de rendimiento que pueden enlentecer, a veces hasta extremos intolerables, la bitácora.

Ninguna de ambas extensiones es fácil de manejar para los recién llegados al mundo de WordPress, pero en manos suficientemente entrenadas (y conviene que sepan inglés, además) pueden sacar a los administradores de más de un pantano, o aliviar los inevitables dolores de cabeza que causa el duro bregar de la afición bloguera.

En mi caso, el Exploit Scanner no ha encontrado nada de lo que deba preocuparme (unos cuantos falsos positivos que, según su autor, Donncha O Caoimh, son frecuentes), pero en cambio el WP Tuner me ha confirmado que La Bitácora del Tigre agradecería una cura de adelgazamiento en ciertas zonas, como por ejemplo la barra lateral. Tengo que profundizar algo más en el ánalisis y actuar con la prudencia que este tipo de situaciones aconseja (¿y por qué no actualizar también el tema, ya puestos?), pero habrá que ponerse a la tarea antes o después. Todo, menos dejar el blog lento, pesado y gordinflón ad calendas graecas.

Hoy me enterado de la adquisición del servicio de encuestas online PollDaddy por parte de Automattic, la empresa que se encuentra detrás del desarrollo de WordPress y WordPress.com (a este paso, Matt Mullenweg y sus chicos llevan camino de hacerle sombra al mismísimo Google). Normalmente, no suelo leer este tipo de noticias empresariales, que me aburren soberanamente, pero he tenido la intuición de que de ella podía sacar algún provecho.

Y, en efecto, así ha sido, porque PollDaddy es un interesantísimo servicio, en el que uno puede darse de alta de forma gratuita (hay también cuentas Pro y Pro2, con muchas más funciones, pero son bastante caras), y crear votaciones y encuestas en un abrir y cerrar de ojos. Aseguro a todos los interesados que la hipérbole no es tal, porque las encuestas de PollDaddy son tan fáciles de crear y administrar que dan ganas de construir un par de docenas sólo por el placer de verlas en funcionamiento.

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Acabo de descubrir una extensión utilísima para los blogs de aula realizados con WordPress. Se trata del Event Calendar 3, un plugin que a diferencia de otros de su clase se integra en el conjunto de las categorías de la aplicación, a través de lo que su autor denomina “event posts”, que podría traducirse por “entradas de eventos”, o “entradas de acontecimientos”, o “entradas de sucesos” (no me gusta ninguna de las traducciones, así que a lo largo de esta entrada las utilizaré todas, además del nombre original).

Las entradas de eventos son entradas normales, con la particularidad de que desde el interfaz de edición de WordPress se les puede añadir un listado de acontecimientos, mediante cómodos menús en AJAX (véase la figura 1). Estos menús permiten seleccionar la fecha y hora del comienzo y final de un acontecimiento, que puede configurarse también para que dure todo un día.

Figura 1: interfaz de edición de los eventos

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Esta tarde he pasado un rato muy entretenido tratando de incorporar a la barra lateral de mi blog el menú desplegable de etiquetas al que hace poco se refería Mario Núñez en su blog. No he conseguido ponerlo en práctica a mi entera satisfacción, porque la anchura del menú desencuadraba la barra lateral derecha de La Bitácora del Tigre. En todo caso, puedo certificar que el hack funciona, por si algún bloguero tiene interés en seguir las fructíferas enseñanzas de Mario y los algo más infructuosos experimentos míos.

Después de devolver la barra lateral a su ancho habitual, me he puesto a hacer algunos cambios: modificación de algunos elementos de publicidad, actualización de varios plugins, ajustes en algunos elementos de código que tenía pendientes, etc. De repente, al comprobar los resultados de la actualización del plugin Flickr Slideshow Wrapper, me he dado cuenta de que las entradas que utilizaban esta extensión habían perdido su conexión con mi cuenta de Flickr. Rápidamente he ido hasta allí, para comprobar que en la entrada a mi cuenta aparecía un mensaje, tan ominoso como paradójico (algo así como “No se alarme, su cuenta ha caducado”), acompañado por la no menos alarmante desaparición de casi todos mis álbumes de fotos.

A punto he estado de sufrir un síncope, pero como ya tengo el culo muy pelao con este tipo de sucesos, me he dicho: “calma, Eduardo, tómate tu tiempo y lee el manual de instrucciones, que para eso está”. Dicho y hecho: he acudido a la lista de preguntas más frecuentes, he comprobado que si una cuenta Pro caduca Flickr no borra las fotos en ella alojadas (es decir, la cuenta vuelve a su estado “gratuito”, por decirlo de algún modo), y que basta con renovar la suscripción para devolver a la vida todas las fotografías que tan laboriosamente he ido subiendo a Flickr durante los últimos años.

Vale, ahora respiro tranquilo, pero el sofocón no me lo quita nadie. Y como sé que entre los colegas blogueros hay unos cuantos devotos de Flickr, aquí cuento mi experiencia, por si le sirve a alguien para practicar a buen recaudo ese maravilloso deporte hispánico que se llama “escarmentar en cabeza ajena”. Podéis reíros de mis neuras, compañeros, siempre que lo hagáis con la debida discreción.

Una de los aspectos más atractivos de las aplicaciones y servicios en línea es su capacidad para integrarse entre sí, en unidades compositivas más amplias formadas por elementos originalmente dispares y hasta heteróclitos, cuya unión da origen a un ítem de información que, a su vez, puede servir como elemento integrante de un nuevo proceso de agregación y recombinación. Un texto de Google Docs se puede combinar con un vídeo alojado en YouTube, con un tema musical hallado en Odeo y unas cuantas imágenes procedentes de Flickr o Picasa para componer la entrada de un blog, cuyo canal o fuente RSS es susceptible de combinarse a su vez en otra plataforma para dar como resultado nuevas unidades textuales, y así hasta el infinito.

Es el proceso que en un reciente artículo el Prrofesor Potâchov de Moldavia (deudor en la idea de intervenciones anteriores de Juan Freire y Brian Lamb, aunque la genialidad de la imagen es toda suya) ha consagrado en la blogosfera educativa con la metáfora (¿o es una alegoría?) del “chef digital”, un docente convertido en recombinador de ingredientes y autor de sabrosas remezclas derivadas de sus particulares necesidades educativas.

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En los últimos días he tenido noticias por varias vías diferentes de una característica de WordPress que puede tener bastante interés para los docentes que utilizan esta aplicación como plataforma de publicación de sus blogs de aula. Me refiero a lo que se llama en inglés sticky posts, o ‘entradas pegajosas’, es decir, entradas que pueden configurarse para encabezar la lista de los artículos que forman parte de un blog.

A diferencia de las páginas fijas o estáticas, la “entrada pegajosa” forma parte de la disposición cronológica natural del blog. Su diferencia con respecto al resto de las entradas no es de naturaleza, sino de función, pues se coloca en la posición inicial durante el tiempo que al administrador de la bitácora le apetezca: breve, si se trata de dar un aviso ocasional, o más largo y hasta de duración indefinida, si se pretende que el blog exhiba en posición destacada un contenido que se considera esencial.

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Desde el 31 de julio no he escrito nada en la bitácora porque he estado preparando un nuevo sitio web: el fotoblog al que aludí en Un día sin el blog, algunas quejas y algunas decisiones drásticas. Aunque en primera instancia tenía la intención de alojarlo en un subdominio de labitacoradeltigre.com, al final he decidido rascarme el bolsillo y contratar una nueva cuenta de alojamiento en BlueHost, una compañía norteamericana de la que me habló muy elogiosamente Judas, asiduo comentarista de este blog, y que además cuenta con la garantía adicional de ser una de las que WordPress recomienda a la hora de alojar los sitios creados con dicha aplicación.

Y la verdad es que las condiciones de trabajo con el alojamiento proporcionado por BlueHost son estupendas, pues tengo a mi disposición una enorme cantidad de recursos (entre ellos scripts de instalación de varios CMS muy conocidos, a través de Fantastico De Luxe ), un interfaz de administración de mi cuenta completísimo (con CPanel 11) y unos servicios de soporte que, por lo que he podido comprobar hasta la fecha (incluida una llamada por teléfono el pasado sábado para verificar mi identidad, en perfecto castellano) excelentes; todo ello, además, por un precio más que razonable. Con el alojamiento de BlueHost va incluido el registro de un dominio propio, así que he aprovechado la ocasión para dar de alta el dominio elarequi.com, que espero ir llenando de contenido en los meses y años venideros. Hasta es posible que en esta cuenta acaben residiendo mis otros sitios web, pero antes de tomar una decisión como ésta conviene dar tiempo al tiempo.

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