polemología

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Batallas decisivas

Portada del libroDesde los tiempos en que mi hermano José Ángel y yo nos dedicábamos a montar maquetas (y de eso hace casi un cuarto de siglo, hay que ver cómo pasa el tiempo), me aficioné a leer libros de historia militar. Los manuales sobre construcción de modelos a escala siempre hacían hincapié en la importancia de una buena documentación a la hora de ambientar las maquetas en sus correspondientes dioramas, y nosotros, que siempre fuimos chicos disciplinados, nos esforzamos en hacer caso de la recomendación.

La costumbre de leer sobre grandes acontecimientos bélicos sobrevivió al abandono de la afición por las maquetas, de la que sólo me queda la inevitable nostalgia y una fascinación casi infantil por ver escaparates, exposiciones y catálogos. Aunque he cultivado el interés por la polemología de forma más bien irregular, y desde luego poco sistemática, mi presencia en la web me ha dado más de una oportunidad de expresarlo por escrito: en Lengua en Secundaria publiqué el comentario de uno de los libros de historia militar más famosos de los últimos años, el espléndido Stalingrado de Antony Beevor, y en este blog reseñé también otro trabajo magnífico, el Por qué ganaron los aliados, de Richard Overy.

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Portada del libroEn algún lugar de esta bitácora ya he declarado mi fascinación por el tema de la Segunda Guerra Mundial y, en particular, por el Desembarco de Normandía, cuyo sexagésimo primer aniversario se celebró el pasado 6 de junio. Hace ahora poco más de dos años, Pilar y yo recorrimos los principales escenarios de aquel histórico suceso.

En una de esas playas, la de Omaha, la misma por la que paseamos el 25 de julio de 2003, está tomada la fotografía que ilustra la portada del libro de Richard Overy, Por qué ganaron los aliados. Los presidentes Jimmy Carter y Valèry Giscard D’Estaing aparecen de espaldas, observando los arenales, quizás sobrecogidos por la belleza del lugar y por el recuerdo de la terrible batalla que allí se libró un 6 de julio de 1944, cuando las tropas americanas consiguieron vencer, a costa de casi tres mil bajas, la encarnizada resistencia alemana. Qué extraño contraste el de las limpias arenas de la playa que se extiende a lo largo de más de tres kilómetros, entre Vierville-Sur-Mer, Saint-Laurent-Sur-Mer y Colleville-Sur-Mer, con la imagen imborrable de aquel día, la de unos arenales empapados en sangre y cubiertos de cadáveres y restos humeantes, que merecieron para aquel lugar el nombrenombre de “bloody Omaha”, la sangrienta Omaha.

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