Safari

Está navegando por las entradas marcadas con la etiqueta Safari.

El Tigre, otra vez de Safari, con un iPod Touch

Como he sido muy bueno y muy formal a lo largo de este año que está a punto de acabar, le he pedido a mi particular Papá Noel-Olentzero-Niño Jesús (no hago distingos entre ellos, por eso del multiculturalismo tan de moda en estos tiempos), que me hiciera un bonito presente de Nochebuena. El regalo ha colmado todas mis expectativas: nada más y nada menos que un flamante iPod Touch de 16 GB.

La primera impresión es deslumbrante: un aparato pequeño, elegantísimo, ligero pero al mismo tiempo sólido y resistente, que se configura en un periquete (incluida la conexión WiFi, asunto problemático en otros dispositivos) y se maneja de forma radicalmente intuitiva, con una facilidad extraordinaria. Tanto es así, que mi sobrina Leyre, que no llega a los seis años, descubrió por sí misma cómo redimensionar las ventanas del navegador Safari utilizando los dos dedos, y le faltó tiempo para contarme, alborozada, su descubrimiento.

Continuar leyendo »

El Tigre, de Safari

Cómo iba a resistirme a título tan goloso como éste, con su flagrante dilogía y sus resonancias exóticas y peliculeras. No obstante, me apresuro a aclarar, para que no me acusen de insensibilidad hacia los rayados felinos, que no me he ido de cacería a ningún parque jurásico. Mi modesto coto de caza se reduce al ordenador, el blog y la conexión a Internet, que me han servido para hacer un sencillo experimento.

Y era un experimento que llevaba tiempo intentando realizar: comprobar cómo se ve La Bitácora del Tigre y cómo se navega por entre sus vericuetos con un navegador Safari. El problema era, hasta hoy, que yo no tengo a mi alcance uno de esos maravillosos chismes blancos tan apreciados por sus usuarios. Es cierto que siempre podría pasarme por El Corte Inglés y navegar un rato con un elegante MacBook o un potentísimo MacPro (que no suelen estar conectados a Internet, ésa es otra); también podría, abusando de la cara dura y de la paciencia de ilustres maqueros como Luis Barriocanal o Jesús María González-Serna, intentar camelármelos para una tanda de probatinas, pero es evidente que cualquiera de ambas soluciones es muy poco eficaz (y la segunda, además, francamente reprobable).

Continuar leyendo »

Cerrar
Elaborado con ShareThis