tigres

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Portada del libroEn ese texto descomunal que es, por muchos y diversos motivos (longitud, variedad de escenarios y personajes, ambición narrativa, optimismo y fe en la condición humana a pesar de los desastres causados por la guerra y los totalitarismos), la novela Vida y destino de Vasili Grossman, hay un pasaje minúsculo, que me ha causado una vivísima impresión (se encuentra en el capítulo 17 de la segunda parte, página 523):

Los alemanes hablaban una lengua gutural cuya pronunciación no se parecía en nada a la de los profesores de los cursos de lenguas extranjeras. Katia se dio cuenta de que el gatito había abandonado su lecho. Tenía las patas traseras inmóviles, pero arrastrándose con las delanteras se apresuraba a llegar hasta donde estaba Katia.

Luego se detuvo, abrió y cerró la mandíbula varias veces. Katia intentó levantarle un párpado. “Está muerto”, pensó con repugnancia. De pronto, comprendió que el gato había pensado en ella al sentir próxima su muerte, que se había arrastrado hacia ella con el cuerpo medio paralizado… Puso el cuerpo en un agujero y lo cubrió con trozos de ladrillo.

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Tigres con FlickrCC

Aunque ya me había encontrado por ahí alguna referencia, ha sido la entrada que publicó ayer Aníbal de la Torre la que me ha animado a utilizar los servicios de FlickrCC, una aplicación que, a partir de las fotografías con licencias Creative Commons publicadas en Flickr, permite realizar una sencilla edición, que incluye la atribución de autoría.

Así que me he ido rápidamente a FlickrCC, he buscado una fotografía del emblema tigresco de la bitácora, le he añadido la atribución y, tras guardar el resultado y subirlo al blog, helo aquí.

Tigre echando la siesta

No hace falta subrayar la utilidad de estas aplicaciones web que hacen uso del API de Flickr: se acabaron el peregrinaje por la web en busca de fotos libres de derechos y la edición manual.

Después de un par de intentos frustrados por actualizar el tema Tarski de la bitácora a la versión 1.2 (sospecho de alguna incompatibilidad de plugins, pero el caso es que no he conseguido hacer carrera con él), acabo de enterarme por Planeta Educativo de la recomendación que hace Mario Núñez en DigiZen para lavar la cara al interfaz de administración de WordPress: se trata de instalar el plugin WP Tiger Administration, que reconstruye el backend de nuestro gestor de blogs favorito y le da un aire mucho más moderno y funcional.

Me ha faltado tiempo para atender la recomendación de Mario. De hecho, hace más de un año que instalé este plugin por primera vez, aunque no conseguí que funcionara bien. Ahora, en su versión 3.0, el complemento va como un tiro, aunque sólo es compatible con Firefox y Safari. Su creador, Steve Smith, advierte que, dado que Internet Explorer no cumple las especificaciones de CSS2, cuando se utiliza este navegador el plugin queda sin efecto, y el usuario vuelve al interfaz de administración original, lo cual es una solución muy elegante a los problemas de compatibilidad.

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Figuritas

Las maquetas y miniaturas han sido una de mis pasiones de adolescencia y juventud. Mi hermano José Ángel y yo ahorrábamos la paga de los domingos para comprar maquetas, pinceles y pinturas, y nos pasamos días enteros de nuestros veranos sin salir de casa, entregados a la absorbente tarea de montar reproducciones a escala de tanques, aviones y barcos (estas últimas, las más difíciles) y de pintar figuritas de soldados de la Segunda Guerra Mundial y de las Guerras Napoleónicas. Todavía hoy me detengo en los escaparates de las jugueterías y las tiendas de regalos para mirar con arrobo las casas de muñecas, los grandes galeones en sus cajas atiborradas de piezas diminutas, y los dioramas fantásticos de los Warhammer.

Durante mucho tiempo tuve la estúpida convicción de que la nuestra había sido una afición un tanto vergonzante, hasta que descubrí, en las fotos de entrevistas con escritores como Javier Marías o Fernando Savater, que eso de colocar en las estanterías miniaturas diversas no es, en modo alguno, una extravagancia juvenil, sino una muestra de exquisitez y hasta de buen tono intelectual. Cuánto me reconfortó contemplar, mientras desfilaban por la pantalla los títulos de crédito de la versión cinematográfica de El alquimista impaciente, de Patricia Ferreira, al sargento Rubén Bevilacqua dedicado a la atenta y amorosa pintura de su colección de figuras militares (él era más selectivo que yo, pues sólo montaba y decoraba las reproducciones de soldados de ejércitos derrotados).

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Tigres de felpa

La sección felina de La Bitácora del Tigre concede hoy la palabra al reino de lo kitsch, representado por la imagen que figura tras el segundo párrafo de esta entrada. Es una foto tomada esta misma mañana, a eso de las 12,30, en un mercadillo levantado junto al Mercado Central de Abastos, en Cádiz.

En el reino heteróclito y confuso del zoco gaditano, las bellezas indudables de la Tacita de Plata –hoy, bajo un sol inclemente, apenas aliviado por el levante– se veían acompañadas de otras más dudosas: ejemplares atrasados de diversas publicaciones sicalípticas, candelabros oxidados, maletines llenos a rebosar de ropa que tal vez nunca estuvo de moda, herramientas melladas, desajustadas y roñosas, muebles por cuatro perras que los expertos en almonedas restaurarán algún día y pondrán por las nubes en las páginas del Vogue o el Cosmopolitan.

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Una tigresa para la bitácora

Hacía ya bastante tiempo que esta categoría andaba huérfana de novedades, porque, claro está, no todos los días se cruza uno con un tigre que se deje enjaular en ella.

El pasado domingo, durante una visita al Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, por fin cayó en mis redes un precioso ejemplar hembra del felino rayado (que es hembra no lo afirmo yo, sino los carteles explicativos del museo), capturado por la cámara fotográfica en el momento cumbre de su existencia: cuando se dispone a dar el golpe de gracia a una de sus presas, todavía más aterrada que ella.

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“Como un rugido de tigre / es mi voz”, cantaba Jaime Urrutia, el líder de Gabinete Caligari. Tan potente como la del felino rayado quisiera que fuera la mía, la voz del Tigre, que con la presente entrada supera la barrera simbólica de los cien rugidos. Para celebrar el suceso, y rendir un modesto homenaje a Jaime Urrutia, Ferni Presas y Edi Calvo (por cierto, creo que el cantante de los Caligari estudió Filología Semítica, así que, de algún modo, somos colegas), aquí va el podcast de “Rugido de tigre” (Camino Soria, 1987), con esos inconfundibles teclados rugientes, que tanto me gustan.

Y, bien, ¿qué puedo decir tras ese número redondo, y después de casi un año de presencia en la Red, que se cumplirá el próximo día 10 de abril? Ante todo, y antes de entrar en pormenores, que lo de ser bloguero, o bloguista, o bitacorero, o bitacorista (como cada uno prefiera) es simple y llanamente adictivo. Yo siempre digo que desconfío de toda persona que no tenga un vicio visible; confieso que uno de los míos, además de las pipas de girasol, es la dedicación a la bitácora.

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Para hacer compañía a los felinos rayados de la Bitácora, he aquí el resto de los miembros de la familia felina, que se reparten sus respectivos nichos ecológicos por los armarios y estanterías de la casa. Desde sus elevadas atalayas, protegidos del acoso de mis sobrinos por las disuasorias cubiertas de las Obras completas de Borges y por las coloridas portadas de las novelas de crímenes de Agatha Christie, otean el horizonte.

  • Pantera de las nieves de pelucheHe aquí al más raro y menos conocido de los grandes felinos, el irbis, también llamado leopardo o pantera de las nieves. Habitante en estado salvaje de las montañas de Asia Central, éste llegó a casa, como casi todos sus parientes, tras el consabido safari nocturno por el recinto de la Feria, durante las Fiestas de San Fermín. Y aunque las noches de los sanfermines no son el mejor momento para realizar proezas de coordinación mano-ojo (todo el mundo puede suponer por qué), conseguimos rescatar a este hermoso ejemplar de su reclusión tras los cristales. Os aseguro que la hazaña tuvo su mérito, porque el brazo de la grúa casi no podía con su rollizo cuerpo.
  • León de pelucheAquí tenéis al Rey de la Selva, que paradójicamente es el más infeliz, o al menos el menos afortunado, de toda la familia. Un león achacoso y depauperado, lleno de petachos, con la melena sarnosa y una expresión en sus ojos como de haber sido abandonado por una larga sucesión de crueles domadores de circo. A diferencia de otros parientes más esquivos y antipáticos, nuestro pobre león agradece el afecto de los niños, a quienes solicita desde su guarida, con la muda elocuencia de sus ojos tristes, una suave caricia.

Más sobre tigres

No quiero pecar de inmodesto, pero al igual que a Jorge Luis Borges, a mí también me chiflan los tigres. Y dado que el felino rayado es el emblema de esta bitácora, no me resisto a incluir aquí dos fotos de algunos de los bibelots que adornan nuestras estanterías:

  • Simba, el tigre de pelucheAquí tenemos la cabeza de un tigre de peluche (alias “Simba”, ya sé que no es nada original), de esos que se consiguen en las barracas de feria derribando botes o arrojando pelotas de goma contra una diana. En su día el animalito estuvo a punto de costar un cisma en la familia, pues mis sobrinos querían que su padre (que tiene peor puntería que yo), les consiguiera otro igual. Cabe imaginar su decepción cuando las bolas fueron a estrellarse fuera del blanco.
  • Un tigre sin nombreEste otro tigre tan gracioso (tras la espalda hay un león, casi tan cuco como su primo, al que hace compañía), de pasta o de cerámica pintada, adorna la base de un artilugio de alambre que nos sirve para sostener fotos, post-its, papeles con anotaciones y ese tipo de cosas que suelen danzar por sobre las mesas y los muebles. De momento, no le hemos puesto nombre, pero todo llegará (se admiten sugerencias).

Prometo ir aumentando el zoo con nuevos ejemplares.

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