Hace poco que ha llegado hasta mis manos un equipo ultraportátil con un procesador Intel Atom N270 a 1.60GHz, disco duro de 160 Gb., 1 Gb. de RAM y un flamante Ubuntu 8.10 Intrepid Ibex, sistema operativo que hasta la fecha no había tenido ocasión de probar. Aunque distribuido bajo la marca Xtrem, en realidad se trata de un clon del MSI Wind, uno de los modelos de ultraportátil que ha tenido más éxito y que ha sido mejor valorado en las comparativas.
A pesar de algunos problemillas de hardware (no he conseguido los drivers para la conexión WiFi y la webcam integradas, aunque estoy seguro de que la comunidad de Ubuntu acudirá rápidamente al rescate), la verdad es que el equipo es sencillísimo de manejar. Una vez conectado a las inalámbricas de casa y de la oficina con un pincho USB, he comenzado a realizar las tareas para las que se supone que estos equipos están diseñados: navegar por Internet con Firefox, leer el correo electrónico con Thunderbird, escribir textos con el Writer de OpenOffice, editar alguna imagen con GIMP y, por supuesto, publicar en el blog gracias a esa estupenda extensión que es ScribeFire, vieja conocida de esta bitácora.

Una de las secretas aficiones que he venido cultivando a lo largo de los años es la de aprovechar las vacaciones veraniegas para conocer las salas de cine de otras ciudades. Claro está que con la proliferación de centros comerciales y cadenas de multicines (todas más o menos cortadas por el mismo patrón), ya apenas se encuentran las sorpresas con que mi hermano y yo solíamos toparnos en nuestras vacaciones familiares de verano: salas con butacas decrépitas o inexistentes (sustituidas por bancos, sillas de tijera e incluso asientos que los propios usuarios llevaban consigo), cines al aire libre asaltados por los mosquitos, las tormentas de la estación o, a veces, la barahúnda de alguna fiesta cercana, espacios de fortuna que se montaban apenas con un patio, una pared encalada, un proyector y un par de altavoces de saldo.



