WiFi

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El pasado jueves estuve en un centro educativo de la periferia de Pamplona cuyos responsables de Nuevas Tecnologías habían consultado al servicio de soporte técnico del PNTE a propósito de los problemas de conexión que estaban experimentando con varios portátiles nuevos en los que venía preinstalado Windows Vista. Como ya habíamos tenido algún caso semejante, que no pudimos resolver satisfactoriamente, mi compañero Luismi Jaso y yo decidimos poner toda la carne en el asador y plantarnos en el centro para hacer comprobaciones exhaustivas.

He aquí la situación: cuatro portátiles de diferentes marcas y modelos, con varios sabores de Windows Vista (Home Basic, Home Premium y Business), intentan conectarse a dos servicios inalámbricos (SSIDs), ambos protegidos con sendos sistemas de cifrado y autenticación (se comprenderá que no dé más detalles). Estos servicios están definidos en puntos de acceso 3Com conectados por cable a varios switches controladores de la misma marca. A su vez, los equipos entran en red gracias a la asignación de IPs por parte del servicio DHCP que ejecuta un servidor con Linux CentOS. Por último, la navegación por Internet de los equipos situados en las citadas SSIDs se lleva a caso a través de un proxy de filtrado (un Squid en otra máquina Linux CentOS), configurado en los navegadores de los clientes.

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Oxímoron TIC

Hace pocos días, Carlos Cabanillas nos obsequiaba en su blog con una de esas perlas cultivadas a las que, con entusiasmo digno de mejor causa, propenden los responsables de las administraciones educativas. “Borregos adoctrinantes” era el sintagma que el amigo Cabanillas, con su oído bien entrenado para la caza y captura de incongruencias, solecismos y demás abusos lingüísticos, ponía en solfa.

Pues bien, parece que la costumbre se extiende: en el artículo que Ciberp@aís dedicó el pasado jueves a las innovaciones educativas del IES Torre del Palau de Terrassa, se deslizaba un clamoroso oxímoron en la enumeración de los recursos informáticos que el Departamento de Educación de la Generalitat de Catalunya ha puesto a disposición del citado centro:

El centro cuenta en la actualidad con más de 200 ordenadores fijos, 50 portátiles, proyectores en casi todas las aulas, cuatro pizarras digitales interactivas, cableado inalámbrico en todo el edificio y un laboratorio de edición de vídeo y foto digitales.

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La red del Tigre 2

La red inalámbrica doméstica sobre la que escribí ayer la instalé de la misma manera que casi todo lo que he hecho en los procelosos mares de la informática: apenas sin conocimientos previos, y por motivos que poco o nada tienen que ver con el análisis sesudo y racional que se supone hay que poner en práctica para tomar las grandes decisiones.

Se me permitirá que haga un excurso para relatar otro ejemplo de conducta temeraria, esta vez relacionada con mi entrada en el mundo de los ordenadores. Corría el año 1989, y yo estaba dedicado a la tarea (que luego se demostró inútil y hasta perjudicial para la salud) de preparar mi tesis doctoral, que versaba sobre el cuento fantástico español en la literatura de posguerra. Comencé a encontrarme con ordenadores en las bibliotecas que consultaba, siempre de fósforo verde y con interfaces odiosos, así que me dije: “parece que por aquí va el rumbo de la Historia”, y me compré un Epson con disquetera de 5 1/4, disco duro y una impresora que metía un ruido horrísono. No tenía ni la menor idea de informática, y la verdad es que los primeros pasos fueron desalentadores. Me cargué dos o tres veces el sistema operativo (yo estaba convencido de que el comando format c: servía para propósitos mucho más nobles) y hasta que conseguí una versión pirata de WordPerfect para MS-DOS no hice gran cosa con aquel trasto.

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La red del Tigre 1

Había comenzado a redactar esta entrada con el propósito de tratar el tema de las redes inalámbricas, sobre el que acabo de recibir un curso apasionante, pródigo en descubrimientos, sorpresas y casuística. Me he puesto a escribir sobre redes y, tras unos cuantos párrafos, me he dado cuenta de que estaba siendo absorbido por una fijación obsesiva con mi propio entorno de trabajo.

Podía ceder a la tentación narcisista o cambiar de enfoque y borrar lo ya escrito. Al final, he decidido seguir el sabio consejo de Oscar Wilde quien afirmaba, sagaz como siempre, que “La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella”, y he dividido la entrada original en dos partes. En la de hoy, va la descripción del tinglado informático que tengo montado en casa, que consiste básicamente en una red de cuatro ordenadores y sus correspondientes periféricos, a saber:

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