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	Comentarios en: Esplendor y tragedia del héroe americano	</title>
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	<description>Blog de Eduardo Larequi García: cine, libros, blogs y WordPress, temas educativos, lengua y literatura</description>
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		Por: Eduardo López		</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo López]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Mar 2006 21:38:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Me alegra compartir muchas de tus opiniones sobre Pastoral… Aunque casi más, el hecho de encontrar otro reciente lector apasionado de Philip Roth.
Animado por tu anterior reseña, buscaré y leeré La conjura… La primera obra que leí, animado por el artículo de Muñoz Molina, fue La mancha humana. La contundencia de su primera página me decantó. Una frase es un gancho, un hilo del que deshilvanar una novela que para nada transcurrirá por donde uno se imagina. Pero en sus obras hay mucho más que un argumento, unas anécdotas y unos personajes.
La dimensión que otorga a estos elementos narrativos, la impredecibilidad de sus historias, incluso de la más nimia de las escenas le confieren a mi gusto una categoría muy singular. O sea que engancha, que leyéndolo sabes que tienes entre manos una joya, de las grandes. Y si no, ahí está Pastoral americana: la escena de la fiesta de reencuentro de los alumnos de bachillerato, 65 años más tarde, la mayoría de ellos operados de próstata, y sobrepuestos a esa amenaza, o bien aquella otra inesperada escena trágico-cómica en la habitación del hotel con la que se dice amiga de su hija “secuestrada”, y no de menor interés son las páginas donde el Sueco imagina cómo debió ser la violación de su hija, por citar varios ejemplos que he marcado en los márgenes del libro.
Tanto en esta como en la primera que leí, sus finales me han dejado algo frío. Son abruptos, inesperados también, inimaginables, y por ello desconcertantes. No sabe uno a qué cogerse. El lector del siglo XIX que lleva uno dentro le exige un final redondo, que ate cabos, a pesar de que a lo largo de tantas páginas uno ha constatado que se encuentra frente a un narrador contemporáneo. Y de ese choque surge el estado de indefinición que me provocan los finales de las dos obras que he leído. Coincido con tus conclusiones, pero uno querría como Seymour Levov saber qué inclinó a su hija a tomar semejante decisión. Al acabar de leer Pastoral americana uno se siente y piensa como el Sueco y su desazón es también compartida.
Dejo para la próxima mi impresión de La mancha humana. Quizá la tengas también en la cola. Y si no, ya tardas: pedazo de novelón. Este Roth llega hasta las criadillas de cualquier personaje que se le planta delante. Eso sí que es levantar la manta. Me han dicho que hay una película, pero de momento prefiero guardar el recuerdo de sus páginas sólo. Otro día hablamos. [Aunque no puedo dejar de pensar que seguramente te daría pie para una de esas desbordantes reseñas con notas del tipo de la de Master &#038; Commander]
Reconozco que me tentó atacar Me casé con un comunista. Pero me dije: “tranqui, tío, no te vayas a empachar…”, aunque las novelas Zuckerman encadenado me tientan a pesar de su tamaño, y no niego que he visto en la página del ISBN que se editaron en asturiano los cuentos de Goodbye, Columbus, y que no me haría nada ponerme con esfuerzo, si es que se puede localizar ese libro, cosa que no parece sencilla. Leí uno de ellos, “La conversión de los judíos en la Antología del cuento norteamericano preparada por Richard Ford [Galaxia Gutemberg - Círculo de Lectores, 2002], y una cosa me llevó a la otra…]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me alegra compartir muchas de tus opiniones sobre Pastoral… Aunque casi más, el hecho de encontrar otro reciente lector apasionado de Philip Roth.<br />
Animado por tu anterior reseña, buscaré y leeré La conjura… La primera obra que leí, animado por el artículo de Muñoz Molina, fue La mancha humana. La contundencia de su primera página me decantó. Una frase es un gancho, un hilo del que deshilvanar una novela que para nada transcurrirá por donde uno se imagina. Pero en sus obras hay mucho más que un argumento, unas anécdotas y unos personajes.<br />
La dimensión que otorga a estos elementos narrativos, la impredecibilidad de sus historias, incluso de la más nimia de las escenas le confieren a mi gusto una categoría muy singular. O sea que engancha, que leyéndolo sabes que tienes entre manos una joya, de las grandes. Y si no, ahí está Pastoral americana: la escena de la fiesta de reencuentro de los alumnos de bachillerato, 65 años más tarde, la mayoría de ellos operados de próstata, y sobrepuestos a esa amenaza, o bien aquella otra inesperada escena trágico-cómica en la habitación del hotel con la que se dice amiga de su hija “secuestrada”, y no de menor interés son las páginas donde el Sueco imagina cómo debió ser la violación de su hija, por citar varios ejemplos que he marcado en los márgenes del libro.<br />
Tanto en esta como en la primera que leí, sus finales me han dejado algo frío. Son abruptos, inesperados también, inimaginables, y por ello desconcertantes. No sabe uno a qué cogerse. El lector del siglo XIX que lleva uno dentro le exige un final redondo, que ate cabos, a pesar de que a lo largo de tantas páginas uno ha constatado que se encuentra frente a un narrador contemporáneo. Y de ese choque surge el estado de indefinición que me provocan los finales de las dos obras que he leído. Coincido con tus conclusiones, pero uno querría como Seymour Levov saber qué inclinó a su hija a tomar semejante decisión. Al acabar de leer Pastoral americana uno se siente y piensa como el Sueco y su desazón es también compartida.<br />
Dejo para la próxima mi impresión de La mancha humana. Quizá la tengas también en la cola. Y si no, ya tardas: pedazo de novelón. Este Roth llega hasta las criadillas de cualquier personaje que se le planta delante. Eso sí que es levantar la manta. Me han dicho que hay una película, pero de momento prefiero guardar el recuerdo de sus páginas sólo. Otro día hablamos. [Aunque no puedo dejar de pensar que seguramente te daría pie para una de esas desbordantes reseñas con notas del tipo de la de Master &amp; Commander]<br />
Reconozco que me tentó atacar Me casé con un comunista. Pero me dije: “tranqui, tío, no te vayas a empachar…”, aunque las novelas Zuckerman encadenado me tientan a pesar de su tamaño, y no niego que he visto en la página del ISBN que se editaron en asturiano los cuentos de Goodbye, Columbus, y que no me haría nada ponerme con esfuerzo, si es que se puede localizar ese libro, cosa que no parece sencilla. Leí uno de ellos, “La conversión de los judíos en la Antología del cuento norteamericano preparada por Richard Ford [Galaxia Gutemberg &#8211; Círculo de Lectores, 2002], y una cosa me llevó a la otra…</p>
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