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	Comentarios en: Bienvenido a la responsabilidad	</title>
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	<description>Blog de Eduardo Larequi García: cine, libros, blogs y WordPress, temas educativos, lengua y literatura</description>
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		Por: La Bitácora del Tigre &#183; Vida cotidiana desde el balcón del verano		</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Bitácora del Tigre &#183; Vida cotidiana desde el balcón del verano]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Aug 2006 15:15:04 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[[...] Siendo, como es, una película de mujeres, en la que los hombres desempeñan un papel secundario, el filme de Andreas Dresen no cae en esa tendencia un tanto bobalicona y maniquea de tantas películas recientes (algo de eso traté en mi reseña de Bienvenido a casa), que consiste en atribuir al sexo femenino todas las perfecciones y pintar a los hombres como imbéciles o inútiles. Es verdad que las protagonistas de Verano en Berlín están esencialmente solas frente a hombres que las maltratan, que abusan de ellas o que las ignoran, y es verdad también que algunos personajes masculinos (como Ronald o Roland, el camionero mentiroso y polígamo que vive a costa de Nike, un personaje magníficamente trazado, con una caradura impresionante, una parquedad de palabras interesada y unos modismos irritantes) constituyen un acabado ejemplo del macho parasitario y mendaz de los tópicos. Sin embargo, ni la atribulada Katrin ni la más enérgica Nike tienen nada que ver con la imagen de la superwoman liberada y eficaz; las dos son mujeres muy normales, con algunas virtudes y bastantes defectos, cuya dependencia afectiva de sus parejas masculinas está expresada con una franqueza absolutamente desconcertante en estos tiempos de lenguaje políticamente correcto. Así, cuando Katrin se extraña de que Nike siga al lado de un tipo tan poco recomendable como Ronald, su amiga le contesta: &#8220;es que me atrae por su virilidad&#8221;. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>[&#8230;] Siendo, como es, una película de mujeres, en la que los hombres desempeñan un papel secundario, el filme de Andreas Dresen no cae en esa tendencia un tanto bobalicona y maniquea de tantas películas recientes (algo de eso traté en mi reseña de Bienvenido a casa), que consiste en atribuir al sexo femenino todas las perfecciones y pintar a los hombres como imbéciles o inútiles. Es verdad que las protagonistas de Verano en Berlín están esencialmente solas frente a hombres que las maltratan, que abusan de ellas o que las ignoran, y es verdad también que algunos personajes masculinos (como Ronald o Roland, el camionero mentiroso y polígamo que vive a costa de Nike, un personaje magníficamente trazado, con una caradura impresionante, una parquedad de palabras interesada y unos modismos irritantes) constituyen un acabado ejemplo del macho parasitario y mendaz de los tópicos. Sin embargo, ni la atribulada Katrin ni la más enérgica Nike tienen nada que ver con la imagen de la superwoman liberada y eficaz; las dos son mujeres muy normales, con algunas virtudes y bastantes defectos, cuya dependencia afectiva de sus parejas masculinas está expresada con una franqueza absolutamente desconcertante en estos tiempos de lenguaje políticamente correcto. Así, cuando Katrin se extraña de que Nike siga al lado de un tipo tan poco recomendable como Ronald, su amiga le contesta: &#8220;es que me atrae por su virilidad&#8221;. [&#8230;]</p>
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