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	<title>Categoría &quot;Libros&quot; - La Bitácora del Tigre</title>
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	<description>Blog de Eduardo Larequi García: cine, libros, blogs y WordPress, temas educativos, lengua y literatura</description>
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		<title>Capital, de John Lanchester</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 09 Jun 2013 19:57:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Capital]]></category>
		<category><![CDATA[John Lanchester]]></category>
		<category><![CDATA[novela inglesa]]></category>
		<category><![CDATA[novela inglesa contemporánea]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de la novela <em>Capital</em>, del periodista y novelista británico John Lanchester.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2013/06/09/capital-de-john-lanchester/">Capital, de John Lanchester</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Se ha dicho muchas veces que la actitud del lector de novelas es, básicamente, la de un <em>voyeur</em>. En efecto, todos los lectores de novelas desempeñamos el papel del mirón que se arrellana cómodamente en la butaca favorita de su salón y observa a través de su ventana las vidas que la ficción narrativa despliega ante sus ojos. No pretendo sugerir, Dios me libre, que los aficionados a las ficciones narrativas seamos mirones más contumaces o impertinentes que cualesquiera otros. De hecho, pienso más bien al contrario, pues en una época tan dada al voyeurismo como la nuestra, en la que el escrutinio de las vidas ajenas y la exaltación de las trivialidades alimentan tantos y tan variados <em>reality shows </em>televisivos, revistas del corazón y más modernamente, muchas de las manifestaciones de las redes sociales, los lectores de novelas somos miembros de un club minoritario de mirones, sí, pero al fin y al cabo respetuosos, civilizados y pacientes.</p>
<p>Cabe argumentar que la lectura de textos narrativos es una experiencia muy diferente a las demás que acabo de citar, lo cual es tan obvio que apenas merece comentario, pero creo que entre todos ellos existe una continuidad que responde a una pulsión universal de los seres humanos: la necesidad de escudriñar, tamizadas por el filtro de la ficción, las vidas de nuestros semejantes. La importancia de ese tamiz ficcionalizador es esencial, ya que, en sus formas más elaboradas y complejas, la ficción no se limita a representar la multiforme y caótica variedad de lo real (un propósito en rigor imposible, como es bien sabido), sino que aspira a ordenarla, interpretarla y darle algún sentido. Por eso, cuando el objeto de la atención del espectador de vidas ajenas no es el episodio de un culebrón televisivo o el enésimo chascarrillo de Twitter o YouTube, sino una novela protagonizada por una multitud de personajes cuyas vidas es preciso seguir a lo largo de casi un año, y algo menos de seiscientas páginas, cabe concluir que la figura de ese <em>voyeur</em> pasivo y prototípico que se deleita con las penas y alegrías de sus vecinos se ha transformado en algo muy distinto, en algo así como el intérprete de sus destinos, en los que tal vez encuentre el eco de su propia trayectoria vital.</p>
<p><span id="more-2665"></span></p>
<p>La novela a la que acabo de aludir es <em>Capital</em>, del escritor británico <a title="John Lanchester - Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/John_Lanchester">John Lanchester</a>, y el patio de vecindad sobre el que se proyecta la mirada del autor es Pepys Road, una calle situada en el sur acomodado de Londres, formada por casas adosadas con jardín, construidas a finales del siglo XIX. La ubicación rigurosamente contemporánea (la novela cubre un lapso temporal de algo menos de un año, entre diciembre de 2007 y noviembre de 2008) y las precisiones arquitectónicas y urbanísticas con las que comienza, en un extraordinario prólogo que resulta clave para entender el sentido del relato, pueden hacer pensar en que esta calle sea un lugar real de la metrópolis británica. Sin embargo, aunque en Londres existe al menos una calle homónima, conviene tener en cuenta que, según <a title="A Microcosm of London: John Lanchester Talks About ‘Capital’" href="http://artsbeat.blogs.nytimes.com/2012/06/13/a-microcosm-of-london-john-lanchester-talks-about-capital/">esta entrevista</a>, la Pepys Road de la novela no pretende ser un reflejo objetivo de su referente real, sino más bien un trasunto ficticio de ciertas zonas del distrito londinense de <a title="Clapham - Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Clapham">Clapham</a> donde vive el novelista<sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2013/06/09/capital-de-john-lanchester/#footnote_1_2665" id="identifier_1_2665" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Los lectores de este blog que se defiendan bien con el ingl&eacute;s hallar&aacute;n muy interesante este art&iacute;culo, cuya autora, Sally Smith, compara la calle de ficci&oacute;n de Capital con la Pepys Road real, donde ella vive.">1</a></sup>.</p>
<p>En las casas de Pepys Road, cuyo valor se ha multiplicado por un factor elevadísimo durante el boom inmobiliario de principios del siglo XXI, residen los miembros de cuatro núcleos familiares, en torno a los cuales se desarrolla una narración organizada en <a title="El escritor al que temen los banqueros de la City" href="http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2012/03/22/el-escritor-al-que-temen-los-banqueros-de-la-city--94758/">17 tramas distintas</a> (que conste que yo no las he contado, y por eso acabo de citar la reseña que parece haberlo hecho): en el número 42 habita la anciana Petunia Howe, la única de entre todos los personajes de la novela que ha nacido en Pepys Road, enferma de un cáncer que comienza a deteriorar sus condiciones de vida; el 51 es propiedad del ejecutivo de banca Roger Yount, casado con Arabella y padre de dos hijos; en el 68, al final de la calle, encima de la tienda a la que Ahmed Kamal dedica la mayor parte de sus energías, vive una familia de inmigrantes paquistaníes formada por Ahmed, su esposa Rohinka, los dos hijos de la pareja, y los dos hermanos menores de Ahmed, Shahid y Usman; por último, en la vivienda de alquiler del número 27, propiedad de Michael Lipton-Miller, un procurador retirado que trabaja como “factótum” para un club de la <a title="Premier League" href="http://www.premierleague.com/">Premiership</a>, se alojan el más reciente fichaje de la entidad, el joven senegalés de 17 años Freddy Kamo, y su padre, Patrick.</p>
<p>La nómina de personajes se completa con otros que, aunque no vivan en la misma calle que los anteriores, se relacionan directamente con ellos. Algunos de entre los más importantes son Zbigniew Tomascewski, un albañil polaco que realiza reformas en la vivienda del banquero y posteriormente en la de la señora Howe; las criadas de la familia Yount (una de ellas, la hermosa húngara Matya, acaba convirtiéndose en la novia del albañil y en el objeto preferido de las fantasías sexuales de Roger); la hija de Petunia, Mary, y el hijo de esta, Smitty, autor de provocativas <a title="Instalación artística - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Instalaci%C3%B3n_art%C3%ADstica">instalaciones</a>, quien protege celosamente su anonimato como principal virtud artística<sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2013/06/09/capital-de-john-lanchester/#footnote_2_2665" id="identifier_2_2665" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Muchas rese&ntilde;as de la novela han se&ntilde;alado el parecido de este personaje con Bansky, un famoso representante del arte urbano brit&aacute;nico.">2</a></sup>; Quentina Mkfesi, una refugiada política de Zimbabue que trabaja ilegalmente como vigilante de las codiciadas plazas de aparcamiento de Pepys Road; el inspector Mill, de la policía metropolitana, encargado de investigar los anónimos recibidos por los vecinos de la calle, todos ellos presididos por un inquietante encabezado: “Queremos Lo Que Usted Tiene”; Mark, el ambicioso segundo de Roger Yount en el banco de inversiones; y, finalmente, Parker French, exsecretario de Smitty, uno de los personajes más ocasionales de la novela, pero que adquiere gran importancia en la resolución de algunas de sus múltiples tramas.</p>
<p>Como ya hemos señalado, los hechos relatados en la novela transcurren durante algo menos de un año, y su tramo final coincide con los primeros síntomas de la gran crisis económica de los últimos años, cuyo detonante fue <a title="Lehman Brothers - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Lehman_Brothers">la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers</a>, acontecimiento que se cita en la página 494. La configuración de este marco temporal tiene gran importancia, y no solo como un recurso narrativo que permite asegurar una evolución verosímil de los personajes y sus respectivas historias<sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2013/06/09/capital-de-john-lanchester/#footnote_3_2665" id="identifier_3_2665" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="El desarrollo temporal de la novela est&aacute; organizado en cuatro bloques: la primera parte (cap&iacute;tulos 1-30, pp. 17-185) comienza en diciembre de 2007 y termina el d&iacute;a 27 del mismo mes; la segunda parte (cap&iacute;tulos 31-63, pp. 187-382) comienza en abril de 2008 y termina en mayo; la tercera parte (cap&iacute;tulos 64-91, pp. 383-524) comienza en agosto de 2008 y termina en septiembre; la cuarta parte, la m&aacute;s breve (cap&iacute;tulos 92-107, pp. 525-597) comienza en noviembre de 2008 y termina en diciembre del mismo a&ntilde;o.">3</a></sup>, ya que uno de los temas esenciales de la novela tiene que ver precisamente con el desaforado incremento del capital inmobiliario acumulado por las casas de Pepys Road, síntoma de una riqueza ostentosa y ubicua que todo el mundo percibe y cuyo origen nadie –ni siquiera Roger Yount es capaz de comprender los algoritmos matemáticos que son la base de las operaciones financieras del banco en el que trabaja– puede explicar de forma convincente.</p>
<p>La obsesión por el capital, por la forma de ganarlo, conservarlo e incrementarlo, es uno de los núcleos temáticos de la novela, y de ella participan muchos personajes, incluso los más alejados de la élite financiera de la <a title="City de Londres - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/City_de_Londres">City</a>, representada por la familia Yount. Ahora bien, de acuerdo con la polisemia inherente al término (y es una suerte que sea prácticamente la misma tanto en <a title="Capital - Merriam-Webster Dictionary" href="http://www.merriam-webster.com/dictionary/capital">inglés</a> como en <a title="Capital - Diccionario de la Real Academia Española" href="http://lema.rae.es/drae/?val=capital">español</a>, lo cual permite que la espléndida traducción, a cargo de <a title="Antonio-Prometeo Moya - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Antonio-Prometeo_Moya">Antonio-Prometeo Moya</a>, conserve todo su sentido original), el significado del título no solo está relacionado con el valor de las viviendas de Pepys Road, ya que esta calle también es un microcosmos representativo de la capital del Reino Unido<sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2013/06/09/capital-de-john-lanchester/#footnote_4_2665" id="identifier_4_2665" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Las ilustraciones de las portadas, tanto en la edici&oacute;n original de Faber and Faber como en la traducci&oacute;n espa&ntilde;ola de Anagrama son, a este respecto, muy significativas: la apretada esfera de edificios sobre la que vuelan bandadas de p&aacute;jaros negros es, claramente, una representaci&oacute;n del mundo.">4</a></sup>. A su vez, los conflictos que John Lanchester trae a primera línea de su retrato de la vida londinense –la superpoblación, el alza imparable de los precios, el muy imperfecto <a title="Crisol de razas - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Crisol_de_razas">melting pot</a> de nacionalidades, idiomas y razas, los enfrentamientos sociales y políticos que esa mezcla genera, la tensión subyacente entre el Occidente cristiano y el Islam, la amenaza del terrorismo, por un lado, y de las restricciones de las libertades públicas, por otro, el deterioro de los servicios públicos derivado de su masificación–, constituye una representación muy efectiva de las grandes urbes del mundo moderno, o al menos del mundo desarrollado.</p>
<p>La variedad de personajes, la configuración deliberadamente arquetípica de muchos de ellos (algunos notoriamente paródicos, como ocurre por ejemplo con Arabella Yount, en el que Lanchester ha vertido toda su capacidad satírica), su relación directa con los grandes problemas sociales y políticos de nuestro tiempo y las referencias de todo tipo a la actualidad contemporánea –en <em>Capital</em> se acumulan las observaciones sobre hitos de la historia de Gran Bretaña y de otros países, acontecimientos deportivos, modas, gastronomía, estrellas de la cultura <em>pop</em>, tics lingüísticos, hábitos de ocio, pautas de comportamiento individuales y de grupo, tradiciones de diversos oficios, rituales de cortejo y conductas sexuales–, son aspectos que ponen de relieve un hecho muy significativo, que determinan cualquier lectura o interpretación de la novela: que John Lanchester ha querido ejercer un papel de cronista social, muy semejante al que en su momento desempeñaron los grandes novelistas decimonónicos, pero desde luego sin las monsergas o la moralina que demasiado a menudo destilan esos escritores.</p>
<p>En reportajes, reseñas y entrevistas, el propio autor y diversos comentaristas han citado el antecedente de <a title="Charles Dickens - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Dickens">Dickens</a>, por supuesto, pero también los de <a title="Honoré de Balzac - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Balzac">Balzac</a>, <a title="Émile Zola - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%89mile_Zola">Zola</a> o <a title="León Tolstói - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tolstoi">Tolstoi</a> (no he visto la referencia a nuestro <a title="Benito Pérez Galdós - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gald%C3%B3s">Galdós</a>, pero tampoco está de más traerlo a colación aquí) y mucho más modernamente, el de una novela como <em><a title="La hoguera de las vanidades (novela) - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/La_hoguera_de_las_vanidades_%28novela%29">La hoguera de las vanidades</a></em>, de <a title="Tom Wolfe - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tom_Wolfe">Tom Wolfe</a>, con la que <em>Capital</em> tiene bastantes puntos de contacto, sobre todo en el personaje de Roger Yount. Hay que subrayar que tales comparaciones son justas y pertinentes, pues aunque <em>Capital</em> no sea una novela tan bien trabada como las mejores de Dickens (más adelante me referiré a algunos fallos de su estructura y planteamiento narrativo), y se halle un peldaño por debajo en cuanto a la profundidad y emotividad que alcanzan las mejores páginas del maestro británico, también es preciso reconocer que en la novela de Lanchester late la misma pasión dickensiana por la naturaleza humana, por su variedad y sus complejidades, y una mirada muy penetrante y aguda, capaz de detenerse en el detalle más minúsculo o anecdótico, pero también de ofrecer vistas panorámicas de una solidez y verosimilitud a toda prueba.</p>
<p>Esa pasión por la naturaleza humana, tan fácilmente reconocible pero tan difícil de imitar, y la capacidad del autor para sobrevolar la historia y a sus personajes desde una perspectiva abrumadoramente omnisciente que no es arrogante, ni sarcástica, ni cínica, proporcionan un atractivo muy singular a <em>Capital</em>. Si además esas virtudes se trasladan a los lectores a través de un estilo vivaz, ágil, ligero, nada solemne o engolado –estoy convencido de que tanto la prosa del autor como la agudeza de su mirada le deben mucho a su adiestramiento periodístico–, el resultado es un libro que se lee con sumo deleite, como si uno de los grandes novelones de siglos pasados hubiera llegado a nuestras manos tras ser desempolvado, oreado, tendido al sol y recorrido por ráfagas de una brisa fresca y vivificadora.</p>
<p>También la técnica narrativa contribuye en gran medida a esa experiencia, puesto que utiliza procedimientos muy reconocibles en la literatura y el cine de consumo popular. En efecto, la parcelación de la trama en breves capítulos numerados (el de menor extensión abarca dos páginas, y el más largo no pasa de diez) cada uno dedicado a un personaje o a uno de los núcleos familiares, la rica combinatoria de las tramas que se van sucediendo y entretejiendo, y ciertos recursos narrativos, como la tendencia a terminar los capítulos con un momento culminante (un <a title="Cliffhanger - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cliffhanger">cliffhanger</a>, como por ejemplo el que cierra el número 55, en la página 332) o con un final enigmático, reticente, alusivo o irónico, son todos ellos procedimientos propios de la literatura de éxito, las series de televisión y el cine contemporáneo, especialmente de esas formas cinematográficas que suelen agruparse bajo el marbete de “películas corales”.</p>
<p>Acabo de utilizar el gerundio del verbo “entretejer”, pero lo cierto es que, a diferencia de otras novelas protagonizadas por una multitud de personajes (que no es lo mismo que una novela de personaje colectivo, por mucho que ambas denominaciones suelan utilizarse como sinónimos), los núcleos familiares que intervienen en <em>Capital</em> están bastante aislados los unos de los otros. Sí, son vecinos de la misma calle, pero raramente se encuentran o traban contacto de otra forma que no sea meramente casual; por ejemplo, si mi memoria y mis notas no me engañan, los Yount y los Kamal solo se relacionan entre sí una sola vez, un día de lluvia en que Roger ayuda a la señora Fatima Kamal, la madre de Ahmed, a abrir su paraguas (página 494). Sin duda, esta falta de contacto es deliberada, y habla a las claras de la intención de John Lanchester al retratar la sociedad del Londres contemporáneo como una continuidad de compartimentos, con gran frecuencia estancos; es la gran ciudad en la que gentes muy diversas viven juntas, pero en la que apenas existe la auténtica convivencia.</p>
<p>Esta circunstancia tal vez guarde relación con la sensación de desplazamiento o inadecuación que afecta a muchos personajes de la novela: los Kamal (o, más precisamente, algunos miembros de la familia Kamal) critican la ligereza de las costumbres británicas; Patrick Kamo (uno de los personajes más interesantes y más dignos de todo el libro) echa de menos su tierra y aborrece el clima de Inglaterra y su comida, por no hablar de la mercantilización absoluta de la figura deportiva de su hijo; el albañil Zbigniew cree que su vida en Londres es solo un interludio antes de que pueda reunir el dinero suficiente para volver a Polonia y vivir allí la única vida que merece ser considerada como auténtica. Pudiera pensarse que estas sensaciones son esperables, habida cuenta de los orígenes extranjeros de todos los personajes citados como ejemplos. Sin embargo, conviene tener en cuenta que la sensación de desplazamiento no es exclusiva de los inmigrantes. De hecho, un personaje tan prototípicamente británico como Roger Yount es también un desclasado con una permanente sensación de incomodidad –que no es solo la consecuencia inevitable de ganar menos dinero del que exige su elevadísimo tren de vida–, un <em>outsider </em>con respecto a sus compañeros de trabajo y a su propia familia. Y algo parecido puede decirse de la adorable Petunia Howe (otro de los personajes inolvidables del libro, hasta el punto de que su muerte contribuye a una notoria pérdida de la intensidad emocional de la novela), una mujer anclada en las experiencias y los recuerdos de otra época, habitante de una vivienda que, a diferencia de otras de Pepys Road, mantiene anacronismos tan llamativos como el suelo de linóleo y una cocina sin apenas electrodomésticos.</p>
<figure id="attachment_3089" aria-describedby="caption-attachment-3089" style="width: 800px" class="wp-caption aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-3089 size-full" title="Portada de la novela Capital, de John Lanchester" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2013/06/capital-john-lanchester.jpg" alt="Portada de la novela Capital, de John Lanchester" width="800" height="1256" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2013/06/capital-john-lanchester.jpg 800w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2013/06/capital-john-lanchester-318x500.jpg 318w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2013/06/capital-john-lanchester-768x1206.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2013/06/capital-john-lanchester-510x800.jpg 510w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><figcaption id="caption-attachment-3089" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>Capital</em>, de John Lanchester</figcaption></figure>
<p>Desubicados o integrados, inmigrantes o nativos, opulentos o necesitados, lo que unifica a las criaturas que viven y se afanan entre las páginas de <em>Capital</em> es la evidente simpatía que siente el autor por casi todas ellas. Con la posible excepción de Arabella Yount (que no obstante tiene sus buenos momentos, como cuando decide abandonar temporalmente a Roger y dejarle al cuidado de la casa y de sus hijos) y algún otro de menor importancia, Lanchester no observa a sus personajes con esa mirada desdeñosa que a veces se hace pasar como síntoma de buena literatura y de superioridad moral de los escritores, ni tampoco les sumerge en dramas abrumadores contra los que es imposible toda clase de lucha o resistencia. Por el contrario, los trata con ecuanimidad y permite que afronten las dificultades de sus vidas con recursos que nacen de sí mismos, de la colaboración de sus familias (un caso ejemplar es lo que ocurre con Shahid, el hermano de Kamal, cuya liberación se debe en gran medida a la fortaleza y energía ocultas bajo la apariencia desabrida de la señora Fatima Kamal, que es uno de los mejores personajes de la novela, incluso antes de que aparezca en escena), y en alguna que otra ocasión de la pura buena suerte. De este modo, cada uno de los protagonistas de <em>Capital</em> se encuentra, al final de su respectiva historia, con un desenlace que cabría considerar como feliz <em>ma non troppo</em>, pues ofrece signos de una esperanza entreverada de ironía. No quisiera dar pistas sobre el final de la novela, pero las palabras con las que termina el último capítulo, protagonizada por Roger Yount y su familia, son un ejemplo muy notable de esa actitud autoral.</p>
<p>Una actitud en la que la emotividad y el humor desempeñan papeles de primera importancia. En cuanto a la primera, si bien el autor suele observar la realidad desde una sutil distancia irónica, no son raros los momentos de efusión sentimental y afectiva, sobre todo cuando se ocupa del núcleo familiar que forman la anciana Petunia Howe y su hija Mary, o cuando muestra las atenciones que Matya dedica a los hijos de Roger y Arabella, y por último, aunque de una manera algo más distanciada, al abordar las sucesivas relaciones amorosas que protagoniza el albañil Zbigniew Tomascewski. El mejor ejemplo del John Lanchester sentimental es, sin lugar a dudas, el capítulo 57, que narra los últimos días de la enfermedad de Petunia, atendida en su lecho de muerte por su hija, todo un prodigio de observación certera de la realidad, de sensibilidad y delicadeza. Tras el fallecimiento de Petunia, mientras Mary fuma un cigarrillo y contempla el jardín descuidado de su madre, a la luz del crepúsculo, tiene lugar una de las mejores escenas de todo el libro:</p>
<blockquote><p>Si Mary hubiera mirado fuera de sí misma, y dado que aún había suficiente luz, habría visto el jardín, que había crecido sin parar, sin cuidar, sin atender, durante toda la primavera. Las malvas reales y las espuelas de caballero estaban en flor, los lupinos empezaban a florecer. Las clemátides del muro trasero habían invadido el jardín de los vecinos de ambos lados, habían saltado la tapia y avistado los terrenos que daban a Mackell Road. La descuidada alfombra de césped era un espeso caos verde. El jardín estaba encajonado y cuando todas las plantas estuvieran en flor, su perfume llenaría el aire; el olor de aquel día, siempre más intenso durante el ocaso, era también de un verde penetrante. Incluso a pesar del humo del tabaco pudo percibir Mary el aroma de la hierbabuena, que se había extendido por el arriate de la izquierda como la hierba intrusa que era. Era el momento del día, el momento del año que amaba Petunia. La madreselva que crecía alrededor de la puerta se había extendido y un par de ramas se habían colado por la ventana de la cocina. Era como si el jardín que Petunia amaba quisiera llegar hasta ella, hasta la casa donde había vivido y muerto, en el momento mismo en que emprendía su último viaje.</p></blockquote>
<p>El humor también está muy presente a lo largo del libro, y es un elemento esencial en la configuración de esa variadísima comedia humana que Lanchester representa en las páginas de la novela<sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2013/06/09/capital-de-john-lanchester/#footnote_5_2665" id="identifier_5_2665" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Utilizo la expresi&oacute;n &ldquo;comedia humana&rdquo; en un sentido alusivo, en referencia al magno proyecto narrativo que en su momento dise&ntilde;&oacute; Honor&eacute; de Balzac, y a la vez como resumen de esa peculiar configuraci&oacute;n del material narrativo, no necesariamente c&oacute;mico, en el que los dramas, problemas y conflictos de la existencia humana est&aacute;n aliviados por la presencia de la iron&iacute;a y el humor.">5</a></sup>. En gran medida, el humor es una consecuencia de la omnisciencia narrativa, y se convierte en un arma muy poderosa a la hora de revelar la distancia entre lo que los personajes creen ser y lo que verdaderamente son, entre lo que piensan y lo que dicen, entre lo que han planeado hacer y lo que hacen en última instancia. El humor también está íntimamente asociado con ese desplazamiento o inadecuación que sienten los personajes, especialmente los de origen extranjero, cuando contemplan la realidad de la vida contemporánea inglesa y observan comportamientos o situaciones que no entienden o no les gustan: la obsesión por el consumo de alcohol durante los fines de semana, la omnipresente incitación sexual en todo tipo de soportes y formatos, la infame meteorología, la comida tan rutinaria y poco satisfactoria, la riqueza que se desparrama en torno como una obscena mancha de aceite. A veces el desconcierto de los personajes simplemente se produce ante la aparición de elementos insólitos, incompatibles con la visión estereotipada de la vida en Inglaterra, como tiene ocasión de comprobar el futbolista Freddy Kamo, al final del capítulo 48:</p>
<blockquote><p>Se detuvieron en un semáforo cerca del parque de Wandsworth. Freddy experimentó algo que interpretó como una visión: un loro, no, dos loros, no, toda una bandada de loros en uno de aquellos árboles ingleses, verdes y densos, loros de un verde fosforescente que destacaban en medio de la fronda. Cambiaron las luces del semáforo y el Aston de Mickey rugió y se puso lentamente en movimiento. Freddy parpadeó.</p>
<p>—Mickey, creo que acabo de ver loros.<br />
—Los loros de Wandsworth. Hay unos veinte mil. Un cretino soltó unas cuantas parejas en celo y fíjate. Con ayuda del calentamiento global. Pero esos cabrones tienen que ser resistentes para aguantar los inviernos.<br />
Freddy, que de todos modos estaba de buen humor, se sintió presa de júbilo. ¡Loros!</p></blockquote>
<p>Si Lanchester no rehúye la efusión sentimental, tampoco le hace ascos a unas sabrosas y bien medidas dosis de comedia costumbrista, un ingrediente prácticamente inevitable en una novela con tantos y tan variados personajes, y que además se nutre de la riquísima tradición que en este género han protagonizado la novela, la televisión y el cine británicos. En sus mejores momentos –por ejemplo en casi todas las secuencias en que interviene la matriarca de la familia Kamal (capítulos 65, 69, 76, 91), con su legendario mal genio y su infinita capacidad para poner el dedo en la llaga, por un lado, y su inteligencia y determinación, por otro– el humor de Lanchester adquiere la intensidad y el toque hilarante de las mejores <a title="Comedias de situación - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Comedia_de_situaci%C3%B3n">comedias de situación</a>.</p>
<p>Como he dicho ya, la combinación de todos estos elementos hace que la lectura de <em>Capital</em> sea muy agradable y en sus mejores momentos, realmente deliciosa. No obstante, yo diría que, tras una primera parte brillante, la novela se estanca y pierde algo de fuelle: por un lado, los personajes no dan tanto como prometían en el arranque, y eso hace que la representatividad de sus historias personales corra el riesgo de diluirse en lo anecdótico y aun en lo folletinesco; por otro, la falta de una red densa de relaciones mutuas entre los personajes principales provoca que la novela, especialmente en su zona central, se debilite por una cierta falta de unidad y hondura. A estos posibles fallos hay que añadir otro déficit estructural, que deriva del llamativo elemento de intriga entretejido con las historias de todos los núcleos familiares –me refiero, claro está, a la campaña de acoso a los vecinos de Pepys Road, que comienza con el envío de postales anónimas con el lema “Queremos Lo Que Usted Tiene”, y va aumentando en intensidad hasta el punto de obligar a la intervención de la policía–, cuyo irregular desarrollo y escasa integración con el resto de las tramas hacen que, en ciertas ocasiones, el lector tenga la sensación de hallarse ante un ingrediente postizo e innecesario.</p>
<p>En todo caso, habría que ser muy mezquino, o tener un defecto de visión muy grave, para obsesionarse con estos defectos y olvidar lo esencial: que <em>Capital</em>, de John Lanchester, es una novela estupenda, capaz de hacer disfrutar a todo tipo de lectores, desde los que exigen a la literatura un compromiso crítico con la realidad –en este caso, una representación incisiva y punzante de las verdaderas causas de la crisis económica que nos aflige–, a quienes se conforman con esa posición de <em>voyeur</em> sofisticado y elegante a la que me refería al principio de esta reseña. A todos ellos les esperan muchas horas de lectura estimulante, divertida, chispeante y gozosa. ¿Qué más se puede pedir?</p>
<p class="notasbib">John Lanchester, <em>Capital</em>, Barcelona, Editorial Anagrama (Col. “Panorama de Narrativas”, 833), 2013, 599 páginas.</p>
<ol class="footnotes"><li id="footnote_1_2665" class="footnote">Los lectores de este blog que se defiendan bien con el inglés hallarán muy interesante <a title="My Pepys Road is a poor – but nicer – relation to the fictional one" href="http://www.telegraph.co.uk/culture/books/9128781/My-Pepys-Road-is-a-poor-but-nicer-relation-to-the-fictional-one.html">este artículo</a>, cuya autora, Sally Smith, compara la calle de ficción de <em>Capital</em> con la Pepys Road real, donde ella vive.</li><li id="footnote_2_2665" class="footnote">Muchas reseñas de la novela han señalado el parecido de este personaje con <a title="Banksy - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Banksy">Bansky</a>, un famoso representante del <a title="Arte urbano - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Street_art">arte urbano</a> británico.</li><li id="footnote_3_2665" class="footnote">El desarrollo temporal de la novela está organizado en cuatro bloques: la primera parte (capítulos 1-30, pp. 17-185) comienza en diciembre de 2007 y termina el día 27 del mismo mes; la segunda parte (capítulos 31-63, pp. 187-382) comienza en abril de 2008 y termina en mayo; la tercera parte (capítulos 64-91, pp. 383-524) comienza en agosto de 2008 y termina en septiembre; la cuarta parte, la más breve (capítulos 92-107, pp. 525-597) comienza en noviembre de 2008 y termina en diciembre del mismo año.</li><li id="footnote_4_2665" class="footnote">Las ilustraciones de las portadas, tanto en la edición original de <a title="Capital, John Lanchester" href="http://www.faber.co.uk/catalog/capital/9780571234608">Faber and Faber</a> como en la traducción española de <a title="Capital - Ed. Anagrama" href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/PN_833">Anagrama</a> son, a este respecto, muy significativas: la apretada esfera de edificios sobre la que vuelan bandadas de pájaros negros es, claramente, una representación del mundo.</li><li id="footnote_5_2665" class="footnote">Utilizo la expresión “comedia humana” en un sentido alusivo, en referencia al <a title="La comedia humana - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/La_comedia_humana">magno proyecto narrativo</a> que en su momento diseñó Honoré de Balzac, y a la vez como resumen de esa peculiar configuración del material narrativo, no necesariamente cómico, en el que los dramas, problemas y conflictos de la existencia humana están aliviados por la presencia de la ironía y el humor.</li></ol><p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2013/06/09/capital-de-john-lanchester/">Capital, de John Lanchester</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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		<title>John Connolly de nuevo, esta vez sin Charlie Parker</title>
		<link>https://www.labitacoradeltigre.com/2013/04/24/john-connolly-de-nuevo-esta-vez-sin-charlie-parker/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Apr 2013 19:49:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[John Connolly]]></category>
		<category><![CDATA[Malvados]]></category>
		<category><![CDATA[novela inglesa]]></category>
		<category><![CDATA[novela policíaca]]></category>
		<category><![CDATA[thriller]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de la novela <em>Malvados</em>, del novelista irlandés John Connolly.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2013/04/24/john-connolly-de-nuevo-esta-vez-sin-charlie-parker/">John Connolly de nuevo, esta vez sin Charlie Parker</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Hasta la fecha, he leído diez novelas del escritor irlandés John Connolly, que anoto aquí en el mismo orden en que procedí a su lectura: <a title="Odio y violencia en el Congaree" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2006/06/19/odio-y-violencia-en-el-congaree/"><em>El camino blanco</em></a>, <a title="Bichos asesinos" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2006/07/03/bichos-asesinos/"><em>Perfil asesino</em></a>, <a title="La mejor de las tres" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2006/07/12/la-mejor-de-las-tres/"><em>Todo lo que muere</em></a>, <a title="Un Connolly discutible" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2007/07/23/un-connolly-discutible/"><em>El ángel negro</em></a>, <em>Los atormentados</em>, <a title="La séptima novela criminal de John Connolly" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2009/05/25/la-septima-novela-criminal-de-john-connolly/"><em>Los hombres de la guadaña</em></a>, <em>Los amantes</em>, <em>Voces que susurran</em>, <em>Cuervos</em> y <em>Malvados</em><sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2013/04/24/john-connolly-de-nuevo-esta-vez-sin-charlie-parker/#footnote_1_2649" id="identifier_1_2649" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="He aqu&iacute; los t&iacute;tulos originales y las fechas de publicaci&oacute;n de las novelas que forman la serie de Charlie Parker, seguidos de las correspondientes traducciones, todas ellas en la colecci&oacute;n &ldquo;Andanzas&rdquo;, de Tusquets Editores:
&bull; Every Dead Thing (1999)&nbsp;&mdash;&nbsp;Todo lo que muere (2004, CA 531).
&bull;&nbsp;Dark Hollow &mdash; El poder de las tinieblas (2004, CA 553).
&bull;&nbsp;The Killing Kind (2001) &mdash; Perfil asesino (2005, CA 569).
&bull;&nbsp;The White Road (2002) &mdash; El camino blanco (2006, CA 603).
&bull;&nbsp;The Reflecting Eye (2004) &mdash; M&aacute;s all&aacute; del espejo (2011, CA 769)..
&bull;&nbsp;The Black Angel (2005) &mdash; El &aacute;ngel negro (2007, CA 634).
&bull;&nbsp;The Unquiet (2007) &mdash; Los atormentados (2008, CA 666).
&bull;&nbsp;The Reapers (2008) &mdash; Los hombres de la guada&ntilde;a (2009, CA 689).
&bull;&nbsp;The Lovers (2009) &mdash; Los amantes (2010, CA 713).
&bull;&nbsp;The Whisperers (2010) &mdash; Voces que susurran (2011, CA 756).
&bull;&nbsp;The Burning Soul (2011) &mdash; Cuervos (2012, CA 787).
&bull;&nbsp;The Wrath of Angels (2012).
Por su parte, Malvados, publicada por primera vez en 2003, con el t&iacute;tulo de Bad Men, ha visto la luz en espa&ntilde;ol en 2013, en el n&uacute;mero 803 de la colecci&oacute;n &laquo;Andanzas&raquo;.">1</a></sup>. Con excepción de la última, todas ellas pertenecen a la serie protagonizada por el detective privado <a title="Siete razones para amar a Charlie Parker" href="http://blogs.elpais.com/elemental/2013/04/siete-razones-para-adorar-a-charlie-parker.html">Charlie «Bird» Parker</a>, antiguo agente del Departamento de Policía de Nueva York y hombre dotado, muy a su pesar, de un singular talento para hacer frente a las manifestaciones más atroces y descarnadas de la violencia criminal. La serie novelística se completa con <em>El poder de las tinieblas</em>, que compré en su momento y se extravió por los rincones de mi biblioteca (la encontré hace una semana, y espero terminarla en breve), la novela corta <em>Más allá del espejo</em>, que es el único libro al que no he conseguido poner la vista encima, y <em>The Wrath of Angels</em>, todavía no traducida al español.</p>
<p>Como puede comprobarse en las <a title="Entradas de La Bitácora del Tigre correspondientes a la etiqueta ' John Connolly'" href="https://www.labitacoradeltigre.com/etiqueta/john-connolly/">cinco reseñas</a> que he publicado en este blog sobre otras tantas novelas, la serie entera de Parker me gusta mucho. Sin embargo, me da la sensación de que en algunos de sus últimos títulos, por ejemplo en <em>Los amantes</em>, que tal vez sea el más flojo del conjunto, Connolly y su protagonista han perdido algo de intensidad y potencia; afortunadamente, con <em>Voces que susurran</em> y <em>Cuervos</em> el novelista parece haber recuperado su tensión característica, aunque tal vez no al mismo nivel que en las tres o cuatro primeras novelas de la serie. Por eso, cuando me encontré con <em>Malvados</em> hace dos semanas, sobre el estante de novedades de la librería en la que suelo adquirir la prensa del sábado y domingo, la compré sin la menor duda, con la ilusión de leer una historia que no fuera inevitablemente charlieparkeriana.</p>
<p><span id="more-2649"></span></p>
<p>Vano propósito, cabría decir, porque si bien <em>Malvados</em> no está protagonizada por Parker (el detective aparece en un par de ocasiones sin pronunciar palabra, visto de lejos por un personaje secundario), casi todos los elementos esenciales de esta novela son perfectamente identificables con los rasgos característicos de las demás novelas de Connolly: la ubicación de la trama en el área costera del estado de Maine, escenario habitual de los trabajos que se le encargan al detective privado, una presencia muy notoria de actos violentos (cuyos momentos culminantes suele atenuar el autor con elipsis y reticencias deliberadas), la importancia que adquieren los personajes malvados, algunos de una perversidad tan inhumana que linda con lo demoníaco, y la intervención de las fuerzas de lo sobrenatural.</p>
<p>Este último es quizás el rasgo más llamativo de <em>Malvados</em>. En efecto, los seres sobrenaturales convocados por el violento pasado histórico de la isla en la que transcurre la mayor parte de la trama (<a title="Peaks Island - Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Peaks_Island,_Maine">Peaks Island</a>, situada en la bahía de <a title="Casco Bay - Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Casco_Bay">Casco Bay</a>, es la isla real inspiradora de la ficticia Dutch Island de la novela) desempeñan un papel mucho más destacado que en las novelas pertenecientes a la serie de Charlie Parker. A ello se une la intervención constante de una naturaleza hostil, que parece animada por un propósito perverso, como si quisiera colaborar con los propósitos de esas entidades sobrenaturales. La oscuridad, los temporales de viento y nieve, los bosques sobrecogedores, las ruinas amenazadoras de los asentamientos de la época colonial, las malezas y los troncos caídos que obstaculizan y enmarañan los caminos, los pantanos y las polillas nocturnas (los insectos asociados con la idea de la muerte y la putrefacción son un motivo frecuente en Connolly) forman con las criaturas sobrenaturales un conjunto que, en asociación con el limitado espacio isleño y la concentración temporal de la trama (los hechos de la línea narrativa principal abarcan cuatro días), suscita en el ánimo del lector una sensación desasosegante y por momentos claustrofóbica.</p>
<p>Con todo, aunque la idea de que la violencia ejercida en el pasado tiene la capacidad de actuar sobre el presente para restañar vengativamente las heridas entonces abiertas (otra de las constantes en la obra narrativa de John Connolly), sea tan fascinante como fructífera desde el punto de vista literario, también puede llegar a ser un tanto arbitraria. ¿Por qué, por ejemplo, los espíritus vengativos despiertan en la isla cuando lo hacen, como si presintieran la llegada de los “malvados” del título (a no ser que sean ellos quienes tienen la capacidad de convocarlos a distancia), y no lo hicieron durante la Primera o la Segunda Guerra Mundial, cuando en Peaks Island se construyeron fortificaciones tan gigantescas como las de <a title="Battery Steele - Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Battery_Steele">Battery Steele</a>, encargada de la protección de las instalaciones militares norteamericanas en la bahía de Casco Bay?</p>
<p>Ya sé que es una pregunta un tanto impertinente, ya que cuestiona la soberanía del autor para construir su universo narrativo con los materiales que más le convengan (por cierto, los acontecimientos de la historia militar de la isla no son irrelevantes, pues se mencionan en la propia novela). Sin embargo, este tipo de cuestiones debe tenerse muy en cuenta cuando el lector se ve obligado a moverse por entre los resbaladizos límites de coherencia y verosimilitud que el propio John Connolly ha impuesto a sus novelas, y especialmente a esta. Si tenemos que aceptar la intervención de lo sobrenatural en las historias del escritor irlandés, habremos de justificarla con argumentos narrativos sólidos, y no con trucos de prestidigitación novelística. En este sentido, es necesario reconocer que Connolly establece sólidas conexiones estructurales entre los acontecimientos violentos que afectaron a los primeros colonos de la isla y los que se desencadenan como consecuencia de la venganza emprendida por el archivillano de la historia –el pérfido, inteligente y brutal Edward Moloch–, contra Marianne Elliott, su esposa, que le abandonó a causa de su carácter violento, no sin antes arrebatarle el botín que su marido había adquirido durante toda una vida de fechorías. El hecho de que Marianne se haya refugiado en Dutch Island (que también recibe el nombre de Santuario, y hago notar aquí el simbolismo deliberado tanto del nombre de la isla como el de <a title="Moloch - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Moloch">Moloch</a>) para intentar sustraerse a la venganza de su marido, la convierte en el punto focal de dos líneas narrativas convergentes: la que protagonizan Moloch y su banda de criminales, y aquella de la que forman parte los habitantes de la isla, encabezados por el gigantesco policía Joe Dupree, que desempeña el papel de antagonista principal del villano.</p>
<figure id="attachment_3276" aria-describedby="caption-attachment-3276" style="width: 1334px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" class="wp-image-3276 size-full" title="Portada de la novela Malvados, de John Connolly" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2013/04/john_connolly_malvados.jpg" alt="Portada de la novela Malvados, de John Connolly" width="1334" height="2000" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2013/04/john_connolly_malvados.jpg 1334w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2013/04/john_connolly_malvados-334x500.jpg 334w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2013/04/john_connolly_malvados-768x1151.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2013/04/john_connolly_malvados-534x800.jpg 534w" sizes="(max-width: 1334px) 100vw, 1334px" /><figcaption id="caption-attachment-3276" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>Malvados</em>, de John Connolly</figcaption></figure>
<p>Esas conexiones se producen en varios ámbitos del relato: los paralelismos que existen entre personajes del presente y del pasado; la presencia reiterada de los escenarios clave de la historia; los elementos premonitorios que intervienen en la trama, como por ejemplo los sueños sobre el pasado de la isla que acosan a Moloch y las confusas intuiciones de su antagonista con respecto al despertar de las fuerzas malvadas latentes en Dutch Island; por último, la particular configuración de algunas de las acciones violentas protagonizadas por Moloch y sus secuaces, que parecen reproducir, más de trescientos años después, las que ocurrieron durante la primera colonización. Aunque todos esos elementos constituyen nexos indiscutibles entre los dos focos temporales del relato, yo sigo pensando, tal vez influido por el uso de la tercera persona omnisciente que domina toda la historia (si no recuerdo mal mis lecturas anteriores, en las novelas de la serie “Charlie Parker” predomina el relato en primera persona, aunque no son raros los interludios omniscientes), que Connolly tiende a hacer trucos de magia narrativos cuando más le conviene. Un ejemplo de lo que digo puede observarse en el modo en que se entrelazan varias secuencias protagonizadas por los habitantes de la isla, por un lado, y los malvados que se dirigen a ella, por otro, técnica que pretende crear un efecto no solo de simultaneidad temporal, sino también de paralelismo narrativo. Aunque muy efectiva a la hora de crear y mantener un clima creciente de tensión y suspense, la forma en que Connolly utiliza aquí la omnisciencia resulta demasiado obvia, y su reiteración llega a hacerse por momentos fatigosa.</p>
<p>La sensación que acabo de describir quizás también derive de otro aspecto característico de los thrillers connollyanos, que ya puse de relieve en alguna de mis anteriores reseñas. Me refiero al hecho de que su modelo estructural se aleja significativamente del más habitual en las novelas policiales, basado en metódicos y detallados procesos de investigación, y en cambio se aproxima a una esquema narrativo muy distinto, caracterizado por una especie de destino fatal que arrastra a los personajes protagonistas hacia un encuentro definitivo, que casi siempre coincide con una abrumadora explosión de violencia. Este rasgo, que ya era muy evidente en otras novelas de Connolly, se acentúa en <em>Malvados</em>, una novela en la que la investigación policial parece siempre desarrollarse de forma muy torpe y a destiempo, como a remolque de la carrera emprendida por Moloch para saciar su sed de venganza sobre Marianne, una carrera en cuya determinación implacable y desmesurada, jalonada por un sangriento rastro de cadáveres, se adivinan también los indicios de la fatalidad y la desesperación de quien intuye oscuramente que se dirige a su autodestrucción. El propio título de la novela, con su predilección por los villanos de la historia, anticipa de alguna manera esa característica que acabo de describir, hasta el punto de que los personajes más inolvidables de la historia no son los agentes Dupree y su compañera, la novata Sharon Macy, sino sus oponentes: sobre todo el atroz Edward Moloch, pero también el silencioso, sádico, mortífero y aparentemente angelical Willard.</p>
<p>Como siempre, Connolly se mueve a sus anchas a la hora de trazar las peripecias criminales de sus malvados protagonistas, de presentar sus tácticas de intimidación, chantaje y tortura, y de mostrar (con cierto recato en los momentos culminantes, ya lo hemos dicho) sus variados métodos para infligir el dolor y la muerte. También hay que destacar la habilidad con la que el escritor se mueve por entre una amplísima nómina de personajes, –aunque yo diría que en ciertos momentos se le va la mano a la hora de hacer intervenir a individuos que tienen una aparición puramente episódica–, tanto en el espacio limitado de Dutch Island, como, sobre todo, fuera de ella. De muchos de estos personajes no queda otro recuerdo en el lector que el de su muerte o tormento a manos de la banda de Moloch, hasta el punto de que la reiteración de una suerte tan terrible en personajes que no tienen ninguna responsabilidad en el encarcelamiento de Moloch hace preguntarse al lector por el “mensaje” que Connolly quiere transmitir con tan horribles y desproporcionados destinos.</p>
<p>Quizás esta reflexión parezca inoportuna en un mundo como el actual, en el que la reiteración de la violencia gratuita en películas, videojuegos y libros parece haber inmunizado al público contra tales escrúpulos. Sin embargo, con el correr de los años yo me he vuelto descaradamente <a title="Poética (Aristóteles) - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Po%C3%A9tica_(Arist%C3%B3teles)">aristotélico</a>, y me resulta cada vez más insoportable que los personajes inocentes que pululan por libros y películas sufran sin merecerlo, solo por el hecho casual de que “pasaban por allí”. A juzgar por mi lectura de las anteriores novelas del escritor irlandés, y de sus propias declaraciones en diversas entrevistas (véase, por ejemplo, la que <em>El País</em> tituló <a title="Connolly: &quot;Utilizar la violencia para que el bien triunfe está moralmente justificado&quot;" href="http://cultura.elpais.com/cultura/2012/10/15/actualidad/1350281049_678969.html">Connolly: “Utilizar la violencia para que el bien triunfe está moralmente justificado”</a>) estoy seguro que que el escritor es perfectamente consciente de reproches como el mío, y de hecho creo que una posible justificación de su proceder tiene que ver con la singular configuración de su universo narrativo y con la presencia de lo sobrenatural en sus novelas. En efecto, el mensaje connollyano sería muy simple: que en el mundo existe el Mal objetivo, un mal demoníaco, inhumano, sin conciencia, sin sentido de la culpa y sin posible remisión, que solo determinadas personas con una especial sensibilidad hacia lo sobrenatural –el atormentado y vulnerable Dupree, el no menos atormentado y vulnerable Parker– son capaces de percibir y contra el cual mantienen la inquebrantable determinación de luchar. Su combate contra esas fuerzas del Mal adquiere una dimensión mítica, heroica, y una desmesura (no solo por las entidades maléficas con las que lidian, sino también por sus propios actos de violencia) que constituye el emblema de las novelas connollyanas y es uno de los ingredientes del indiscutible atractivo que ejercen sobre sus lectores. Quien pone por escrito estas líneas, a pesar de los peros y objeciones que ha presentado en esta y otras reseñas anteriores, no puede (ni quiere, claro está) sustraerse a su magnética fascinación.</p>
<ol class="footnotes"><li id="footnote_1_2649" class="footnote">He aquí los títulos originales y las fechas de publicación de las novelas que forman la serie de Charlie Parker, seguidos de las correspondientes traducciones, todas ellas en la colección “Andanzas”, de <a title="Tusquets Editores" href="http://www.tusquetseditores.com/">Tusquets Editores</a>:<br />
• <em>Every Dead Thing</em> (1999) — <i><em>Todo lo que muere</em> (</i>2004, CA 531).<br />
• <em>Dark Hollow</em> — <em>El poder de las tinieblas</em> (2004, CA 553).<br />
• <em>The Killing Kind</em> (2001) — <em>Perfil asesino</em> (2005, CA 569).<br />
• <em>The White Road</em> (2002) — <em>El camino blanco</em> (2006, CA 603).<br />
• <em>The Reflecting Eye</em> (2004) — <em>Más allá del espejo</em> (2011, CA 769)..<br />
• <em>The Black Angel</em> (2005) — <i><em>El ángel negro</em> </i>(2007, CA 634).<br />
• <em>The Unquiet</em> (2007) — <i><em>Los atormentados</em> (</i>2008, CA 666).<br />
• <em>The Reapers</em> (2008) — <em>Los hombres de la guadaña</em> (2009, CA 689).<br />
• <em>The Lovers</em> (2009) — <em>Los amantes</em> (2010, CA 713).<br />
• <em>The Whisperers</em> (2010) — <em>Voces que susurran</em> (2011, CA 756).<br />
• <em>The Burning Soul</em> (2011) — <em>Cuervos</em> (2012, CA 787).<br />
• <em>The Wrath of Angels</em> (2012).<br />
Por su parte, <em>Malvados</em>, publicada por primera vez en 2003, con el título de <em>Bad Men</em>, ha visto la luz en español en 2013, en el número 803 de la colección «Andanzas».</li></ol><p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2013/04/24/john-connolly-de-nuevo-esta-vez-sin-charlie-parker/">John Connolly de nuevo, esta vez sin Charlie Parker</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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		<title>Luces y sombras de la experiencia de la lectura digital</title>
		<link>https://www.labitacoradeltigre.com/2012/09/27/luces-y-sombras-de-la-experiencia-de-la-lectura-digital/</link>
					<comments>https://www.labitacoradeltigre.com/2012/09/27/luces-y-sombras-de-la-experiencia-de-la-lectura-digital/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Sep 2012 19:15:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[e-books]]></category>
		<category><![CDATA[lectura digital]]></category>
		<category><![CDATA[libros digitales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reflexiones sobre la experiencia con los libros digitales. A propósito de la lectura de <em>Pío Baroja</em>, de José-Carlos Mainer.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2012/09/27/luces-y-sombras-de-la-experiencia-de-la-lectura-digital/">Luces y sombras de la experiencia de la lectura digital</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hace un par de semanas terminé la excelente biografía que <a title="José-Carlos Mainer - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Carlos_Mainer">José-Carlos Mainer</a> ha publicado sobre <a title="Pío Baroja - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/P%C3%ADo_Baroja">Pío Baroja</a>, en la colección <a title="Colección Españoles eminentes" href="http://www.editorialtaurus.com/es/noticia/coleccion-espanoles-eminentes/">“Españoles eminentes”</a>, de la Editorial Taurus. Después de algunas incursiones parciales o limitadas en el territorio de los libros digitales (una edición pirata y bastante mal presentada de <a title="Una princesa de Marte" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Una_princesa_de_Marte"><em>Una princesa de Marte</em></a>, otra apenas mejor de <a title="Siestas lisérgicas con J.G. Ballard" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2009/12/03/siestas-lisergicas-con-j-g-ballard/"><em>El mundo sumergido</em></a>, algunos libros de cuentos, manuales informáticos, revistas, periódicos y PDFs de variado dentaje, pelaje y cornaje), el de Mainer es el primer <a title="e-book - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/E-book">e-book</a> <em>comme il faut</em> que leo de cabo a rabo en soporte digital, la mayoría de las veces en la pantalla del <a title="Amazon Kindle Touch" href="http://www.amazon.es/gp/product/B005890FUI/ref=famstripe_kk3g">Kindle Touch</a> de <a title="Tienda Kindle" href="http://www.amazon.es/kindle-store-ebooks/b/ref=topnav_storetab_kinc?ie=UTF8&amp;node=818936031">Amazon</a> que me regalaron en mi último cumpleaños, pero también en otros dispositivos de lectura digital: en concreto, una tableta <a title="Apple iPad" href="http://www.apple.com/es/ipad/">iPad</a> y un teléfono móvil <a title="Samsung Galaxy S II" href="http://www.samsung.com/global/microsite/galaxys2/html/">Samsung Galaxy S II</a>, con alguna visita ocasional a las 462 páginas del libro desde la <a title="Aplicaciones de lectura Kindle gratuitas" href="http://www.amazon.es/gp/feature.html/ref=sv_kinc_1?ie=UTF8&amp;docId=1000576363">aplicación Kindle para PC</a>.</p>
<p>Las últimas razones de esta alternancia tienen mucho que ver con circunstancias de mi vida personal cuyos detalles no vienen al caso, pero también con mi deseo de comprobar la efectividad de la tecnología Whispersync de Amazon, que permite <a title="Gestionar mi Kindle - Configurar la sincronización" href="http://www.amazon.es/gp/help/customer/display.html/ref=help_search_1-1?ie=UTF8&amp;nodeId=200772960&amp;qid=1348595124&amp;sr=1-1#ksync">sincronizar el punto de lectura de un libro digital</a> en todos los dispositivos en que se lleve a cabo. Mi experiencia al respecto ha sido muy satisfactoria, pues las <a title="Aplicaciones de lectura Kindle" href="http://www.amazon.es/gp/feature.html/ref=sv_kinc_1?ie=UTF8&amp;docId=1000576363">aplicaciones Kindle</a> para los cuatro aparatos en que he leído la biografía de Baroja (el lector de Amazon, la tableta, el móvil y el PC) han sido capaces de dirigirme al último punto de la lectura con un índice elevadísimo de acierto. Los dos o tres fallos de sincronización que he experimentado se han producido en el teléfono móvil y supongo que se han debido a la ocasional incapacidad del dispositivo para conectarse a Internet y, por tanto, con los servicios de Amazon.</p>
<p><span id="more-2225"></span></p>
<p>Ahora bien, la experiencia de la lectura digital ha tenido algunos aspectos no tan positivos. Para empezar, con los dispositivos digitales se pierde buena parte de la experiencia sensorial que los lectores habituales asociamos a la liturgia de la lectura convencional, pues aquellos no tienen el peso ni la inconfundible densidad de los libros, carecen del aroma y la deliciosa textura del papel, y su aspecto estético no puede competir ni siquiera con las más modestas y rutinarias muestras de la técnica de la encuadernación. El tiempo y la evolución de la tecnología darán y quitarán razones, pero me gustaría pensar que, como objeto material, e independientemente de su contenido, el libro en papel es el resultado de una tradición de siglos, y su perfección es muy difícil de igualar por ninguno de los dispositivos digitales que ahora mismo están a nuestro alcance y ni siquiera por los que cabe avizorar en un futuro próximo.</p>
<p>Por otro lado, y al menos para quienes peinamos canas y nos hemos pasado toda la vida entre libros (es probable que lectores más jóvenes no tengan tal percepción), los dispositivos digitales distorsionan en cierta medida la naturaleza de obras que, en la inmensa mayoría de los casos, han sido creadas por sus autores con la perspectiva de su publicación en papel. En efecto, la unidad mínima de un libro –la página– desaparece en la continuidad del libro digital, absorbida por el flujo del texto electrónico, cuyos límites son mucho más imprecisos. Esa pérdida de la condición tangible y sensorial de la página y el consiguiente debilitamiento de la conciencia de la materialidad y finitud del libro es uno de los obstáculos que más me ha costado superar en mi lectura de la biografía de Pío Baroja. Digamos que con cierta frecuencia me he encontrado incómodo, como si estuviera flotando en un universo de gran amplitud, pero al mismo tiempo con la vertiginosa sensación de quien carece de límites a los que ceñir su recorrido.</p>
<p>En compensación de estas objeciones, soy plenamente consciente de que los libros digitales y sus lectores electrónicos tienen virtudes indiscutibles: apenas ocupan espacio –para quienes tenemos la casa inundada de libros esa ventaja es casi una necesidad–, garantizan búsquedas muy eficientes, permiten utilizar el siempre asombroso mecanismo de los hipervínculos, facilitan la realización de anotaciones –una tarea que con los métodos tradicionales, es decir, el papel y el lápiz, o las más modernas grabadoras de voz, casi siempre resultaba engorrosa–, se pueden someter a los más variados procedimientos informáticos de recuperación y análisis de la información y, a través de las plataformas y redes que los distribuyen, favorecen la difusión de la información y la construcción del conocimiento compartido. Con el libro de Mainer, apenas si he comenzado a explorar la parte emergida del iceberg de las posibilidades educativas y de ocio de los e-books –por ejemplo, ha sido toda una satisfacción poder leer en el iPad los párrafos que la biografía de Baroja dedica a la colaboración entre el compositor <a title="Pablo Sorozábal" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pablo_Soroz%C3%A1bal">Pablo Sorozábal</a> y el novelista en el libreto de <em><a title="Adiós a la bohemia - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Adi%C3%B3s_a_la_bohemia">Adiós a la bohemia</a></em>, mientras escuchaba la música de la zarzuela en <a title="Adiós a la bohemia - Spotify" href="http://open.spotify.com/album/7arqBTIwHWyhQTEp1q3tSd">Spotify</a>–, pero lo que he descubierto me ha gustado mucho.</p>
<p>Los libros digitales deberían tener también otras ventajas, derivadas de sus muy reducidos costes de producción y distribución y de la infinita ubicuidad que les otorga su naturaleza, asociada a los productos y servicios de la Red. He escrito “deberían tener”, con plena conciencia del valor hipotético de la perífrasis, porque lo cierto es que, al menos en el mercado español, esas ventajas no son tan indiscutibles como en otros. En efecto, uno de los efectos de la lectura del ensayo de Mainer ha sido el súbito despertar del “hambre de Baroja”, seguida por otra oleada de “hambre de e-books”. He querido satisfacer esas dos urgencias con la adquisición de varios libros digitales del novelista vasco y de otros escritores, tanto para mi Kindle Touch como para el <a title="Sony PRS-T1 Reader" href="http://www.sony.es/product/rd-reader-ebook/prs-t1">Sony Reader</a> de Pilar; sin embargo, mis deseos se han visto frustrados, en unos casos porque los títulos apetecidos no existían en español, y en otros porque su precio era desmedido. No pretendo que los datos que ofrezco a continuación tengan validez universal, pero creo que al menos sirven como indicio del atraso del mercado editorial en español en este ámbito:</p>
<ul>
<li>Las editoriales españolas (y por tanto las tiendas de libros online) apenas se han ocupado de la obra de Pío Baroja en formato digital. En <a title="Ebooks de Pío Baroja en Amazon.es" href="http://www.amazon.es/s?_encoding=UTF8&amp;search-alias=digital-text&amp;field-author=P%C3%ADo%20Baroja">Amazon.es</a> encontramos cinco e-books para el Kindle, que incluyen dos traducciones al inglés. En <a title="Ebooks de y sobre Pío Baroja en Casa del Libro" href="http://www.casadellibro.com/busqueda-libros?busqueda=pio%20baroja&amp;idtipoproducto=1&amp;formato=9&amp;nivel=5">Casa del Libro</a>, solo están disponibles el ensayo de Mainer y otro de mi paisano <a title="Miguel Sánchez-Ostiz - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_S%C3%A1nchez-Ostiz">Miguel Sánchez-Ostiz</a>. En <a title="Ebooks de y sobre Pío Baroja en Google Play" href="https://play.google.com/store/search?q=p%C3%ADo+baroja&amp;c=books&amp;start=0&amp;num=24">Google Play</a> he encontrado ocho e-books (incluyendo traducciones al inglés y al francés), cuatro en <a title="Libros de y sobre Pío Baroja en Fnac.es" href="http://ebooks.fnac.es/list/do.search?search-keyword=pio+baroja&amp;search-type=&amp;search-submit=Ok">Fnac.es</a>, dos en <a title="Ebooks de y sobre Pío Baroja en Grammata" href="http://grammata.es/buscar?orderby=position&amp;orderway=desc&amp;search_query=baroja&amp;submit_search=Buscar">Grammata</a> y otros dos en <a title="Ebooks de y sobre Baroja en El Corte Inglés" href="http://ebooks.elcorteingles.es/lista.aspx?usa=100&amp;Ord=0&amp;pag=1&amp;AutorTitulo=baroja">El Corte Inglés</a>; por último, la representación de Baroja en <a title="Libros de y sobre Pío Baroja en Booquo" href="http://www.booquo.com/es/buscador/search-products.aspx?search=p%C3%ADo+baroja&amp;cat=Todos+los+productos">Booquo</a>, <a title="Ebooks de y sobre Pío Baroja en Leer-e" href="http://tienda.leer-e.es/es/buscador?texto=baroja">Leer-e</a>, <a title="Libros de y sobre Pío Baroja en Mi eLibro" href="http://www.mielibro.com/es_resultados.html?cadena=baroja&amp;formatos=3&amp;enviardos=Enviar">Mi eLibro</a> y <a title="Búsqueda de libros en Luarna" href="http://www.luarna.com/ebooks-busquedas/">Luarna</a> se reduce a un único título en cada una de las tiendas.</li>
<li>Hasta donde yo he podido comprobar, no existe la versión digital española de <em>22/11/63</em>, la última novela de <a title="Stephen King - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Stephen_King">Stephen King</a> (en cambio, no es nada difícil hallar ediciones digitales pirateadas). Quería hacerme con este libro no solo por haber recibido críticas muy elogiosas, sino por el hecho de que existe una <a title="11/22/63, de Stephen King, en Amazon.es" href="http://www.amazon.es/11-22-63-ebook/dp/B005K0HDGE">versión ampliada de la obra, en soporte digital</a>, que complementa el texto con material audiovisual muy interesante.</li>
<li>Tampoco he encontrado versiones digitales de dos gruesos volúmenes que el otro día vi reseñados en <a title="Lo pasado, pasado no estaba" href="http://cultura.elpais.com/cultura/2012/09/19/actualidad/1348051392_099448.html">Babelia</a>. Me refiero a <em>La Segunda Guerra Mundial</em>, de <a title="Antony Beevor - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Antony_Beevor">Antony Beevor</a> y <em>Se desataron todos los infiernos. Historia de la Segunda Guerra Mundial</em>, de <a title="Max Hastings - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Max_Hastings">Max Hastings</a>. Como ya he señalado en más de una ocasión en este blog, este gran enfrentamiento bélico es <a title="Entradas de La Bitácora del Tigre correspondientes a la etiqueta 'Segunda Guerra Mundial'" href="https://www.labitacoradeltigre.com/etiqueta/segunda-guerra-mundial/">uno de mis temas favoritos</a>, y por tanto me gustaría adquirir los libros que han publicado los dos historiadores británicos. Sin embargo, me asusta el espacio que esos dos volúmenes consumirán en nuestras cada vez más repletas estanterías.</li>
<li>Para el cuarto ejemplo quiero traer a colación a otro escritor ya mentado en <em>La Bitácora del Tigre</em>, el novelista inglés Robert Harris, de quien hasta la fecha he leído cuatro novelas (<em><a title="Barcelona, entre Harris y Harris" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2008/12/10/barcelona-entre-harris-y-harris/">Patria</a></em>, <em>Enigma</em>, <em>Pompeya</em> y <em>El poder en la sombra</em>). Como no hay quinto malo y sus críticas son excelentes, me he apresurado a consultar el precio de la versión digital de <em>El índice del miedo</em>. Los <a title="El índice del miedo, de Robert Harris - Versión Kindle - Amazon.es" href="http://www.amazon.es/%C3%ADndice-miedo-Intriga-grijalbo-ebook/dp/B008R8A71O/">14,24 euros</a> que cuesta el e-book (frente a los <a title="El índice del miedo, de Robert Harris - Casa del Libro" href="http://www.casadellibro.com/libro-el-indice-del-miedo/9788425348495/2000273">21,90 en papel</a>) me parecen un tanto abusivos si se tiene en cuenta que en inglés cuesta menos de la mitad, <a title="The Fear Index, de Robert Harris - Versión Kindle - Amazon.es" href="http://www.amazon.es/The-Fear-Index-ebook/dp/B005EWDAFQ">6,27 euros</a>.</li>
</ul>
<figure id="attachment_3608" aria-describedby="caption-attachment-3608" style="width: 1200px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" class="wp-image-3608 size-full" title="Portada de Pío Baroja, de José-Carlos Mainer" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2012/09/pio-baroja.jpg" alt="Portada de Pío Baroja, de José-Carlos Mainer" width="1200" height="1898" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2012/09/pio-baroja.jpg 1200w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2012/09/pio-baroja-316x500.jpg 316w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2012/09/pio-baroja-768x1215.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2012/09/pio-baroja-506x800.jpg 506w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption id="caption-attachment-3608" class="wp-caption-text">Portada de <em>Pío Baroja</em>, de José-Carlos Mainer</figcaption></figure>
<p>Con estos antecedentes, y otros tantos que podría invocar con un pequeño esfuerzo de memoria, no es extraño que los e-books se hayan convertido en terreno abonado para la práctica de la vieja y nada honorable tradición de la piratería. He hablado con amigos y conocidos que tienen Kindles, Sonys, Papyres y otros lectores de libros digitales, y todos se asombran de que un servidor se esfuerce en gastarse los cuartos en libros electrónicos, en vez de acudir a los repositorios especializados o a las redes <a title="Peer-to-peer - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/P2P">P2P</a>. Aunque me declaro firme partidario del principio de que los creadores reciban una legítima retribución por sus obras, no soy un iluso, así que he hecho caso de los buenos y no tan buenos amigos, y me he descargado unos cuantos e-books que me interesaban, no tanto con el propósito de leerlos (el tiempo, ay, es limitado) sino con la idea de hacer experimentos de conversión de formato, para comprobar si los libros digitales “gratuitos” son una tentación tan inevitable como aquellos afirman.</p>
<p>De nuevo no pretendo hacer pasar mi testimonio por dogma de fe, pero lo que he podido comprobar en mis pruebas y experimentos, bien armado con el <a title="Calibre ebook management" href="http://calibre-ebook.com/">Calibre</a> y alguna utilidad para la conversión de formatos de libros digitales, es que los tesoros piratas deben gran parte de su fama a su carácter ilusorio y legendario. Entre leer un <a title="EPUB - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/EPUB">EPUB</a> o un <a title="AZW - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Azw">AZW</a> (con sistemas de <a title="Gestión digital de derechos - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gesti%C3%B3n_digital_de_derechos">gestión digital de derechos</a> o sin ellos, de momento eso me da igual), originalmente maquetado para ser leído en un dispositivo digital, y leer libros procedentes de fuentes <em>non sanctas</em>, convertidos y reconvertidos nadie sabe cuántas veces, media un abismo. Independientemente del dispositivo (he realizado mis pruebas en un Kindle Touch, un iPad, un Sony Reader PR-T1 y un <a title="Gramatta Papyre" href="http://grammata.es/3/papyres">Grammata Papyre</a>), muchos libros piratas se leen con dificultades, no garantizan un buen resultado de las operaciones propias de los lectores digitales (por ejemplo, el cambio del tamaño de letra), y en general se muestran rebeldes e inconstantes. Evidentemente, no eliminan completamente la tentación del “gratis total”, pero a mi modo de ver la reducen en gran medida.</p>
<p>Terminaré este artículo con una coda melancólica. El otro día, al leer en el periódico las noticias de la polémica que se ha suscitado en Estados Unidos y otros países a causa de la condición no heredable de los contenidos digitales (véanse artículos como <a title="Su biblioteca digital morirá con usted" href="http://cultura.elpais.com/cultura/2012/09/10/actualidad/1347304690_488599.html">Su biblioteca digital morirá con usted</a> y <a title="El fin de la cultura de los objetos" href="http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/09/15/actualidad/1347729715_451265.html">El fin de la cultura de los objetos</a>), sobre los que no se pueden ejercer los actos a que da derecho toda propiedad –legar, vender, ceder, prestar, pignorar, enajenar–, me dio un vuelco el corazón. Eso de sentirme mero usuario condicionado y temporal de bienes que, a pesar de haber adquirido, no me pertenecen y sobre los que no puedo ejercer prácticamente ningún derecho, me descorazonó profundamente. Yo tenía el secreto y seguramente ilusorio anhelo de legar nuestra biblioteca a nuestros sobrinos, o a alguna noble institución que dispusiera de más espacio del que mis herederos habrán de tener a su alcance, y veo que la única alternativa para que unos u otra accedan a mis contenidos digitales es pasarles una larga y farragosa lista de nombres de usuario y contraseñas. La idea es morbosa, ya lo sé, pero también me da la sensación de que el futuro del negocio editorial se sustenta sobre premisas poco decorosas. Parafraseando al Andrés Hurtado de <a title="El árbol de la ciencia - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_%C3%A1rbol_de_la_ciencia"><em>El árbol de la ciencia</em></a>, ese modelo de negocio se me antoja una “cosa fea, turbia, dolorosa e indomable”.</p>
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		<title>El Tigre paleolítico</title>
		<link>https://www.labitacoradeltigre.com/2012/07/31/el-tigre-paleolitico/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 31 Jul 2012 11:53:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[arte paleolítico]]></category>
		<category><![CDATA[Gregory Curtis]]></category>
		<category><![CDATA[Los pintores de las cavernas]]></category>
		<category><![CDATA[prehistoria]]></category>
		<category><![CDATA[vacaciones]]></category>
		<category><![CDATA[viajes y excursiones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Breve crónica de las vacaciones en Asturias y reseña del libro <em>Los pintores de las cavernas</em>, de Gregory Curtis.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2012/07/31/el-tigre-paleolitico/">El Tigre paleolítico</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Desde que era muy niño, he sentido una gran fascinación hacia el <a title="Wikipedia - Arte Paleolítico" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Arte_paleol%C3%ADtico">arte paleolítico</a>. Siempre que tengo ocasión me gusta visitar las cuevas y abrigos prehistóricos, y sobre todo aquellos que albergan testimonios de las más tempranas manifestaciones del genio artístico de la humanidad. Sobre alguna de estas visitas, como por ejemplo la que hicimos Pilar y yo a la <a title="Lascaux" href="http://www.lascaux.culture.fr/">reproducción de la cueva de Lascaux</a> en julio del año 2005, <a title="Lecturas ocasionales de vacaciones" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/07/31/lecturas-ocasionales-de-vacaciones/">ya he dado cuenta en este blog</a>.</p>
<p>Este año también hemos emprendido alguna excursión paleolítica por tierras asturianas y cántabras, aprovechando unos días de vacaciones en la localidad de <a title="Ribadesella - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ribadesella">Ribadesella</a>, que nos ha obsequiado generosamente con sidra, <a title="Leticias de Ribadesella" href="http://www.letizias.es/">leticias</a>, pescado fresquísimo, bellos paisajes y otras delicias cantábricas, como la lluvia en todas sus variantes, desde el melancólico <a title="Orbayu - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Orbayu">orbayu</a> al chaparrón veraniego en toda regla. Somos chicarrones del norte y por tanto las inclemencias meteorológicas no nos han arredrado, pero es que además Asturias abunda en atractivos que el visitante no debe ignorar aunque caigan chuzos de punta.</p>
<p><span id="more-2186"></span></p>
<p>Por citar solo algunos, <a title="Puente romano de Cangas de Onís - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Puente_Romano_de_Cangas_de_On%C3%ADs">el puente “romano” sobre el Sella, en Cangas de Onís</a>, con una arcada central de una elegancia tan sublime que no hay foto que le haga justicia; la delicadeza de <a title="Santa María del Naranco - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Santa_Mar%C3%ADa_del_Naranco">Santa María del Naranco</a>, cuya contemplación resulta doble o triplemente gozosa si el turista tiene la suerte de contar con un guía como el que nos tocó, ilustrado y socarrón; la <a title="Playa de Santa Marina" href="http://www.ribadesella.com/playa-de-santa-marina/">playa de Santa Marina</a> en Ribadesella, propiciatoria de largos paseos bajo la serena vigilancia de las mansiones que construyeron los indianos al borde del mar; los restaurantes especializados en pescado y marisco de <a title="Tazones - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tazones">Tazones</a> (¡ah, cómo estaban los <a title="Mullus surmuletus - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mullus_surmuletus">salmonetes</a>!); las animadísimas calles de una localidad tan pintoresca como <a title="Cudillero - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cudillero">Cudillero</a>; el espléndido entorno del <a title="Cabo de Peñas - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cabo_de_Pe%C3%B1as">cabo de Peñas</a>, sobrevolado por <a title="Larus michahellis - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Larus_michahellis">gaviotas patiamarillas</a> que parecían disfrutar de sus acrobáticas exhibiciones ante los turistas; las vistas apabullantes de los <a title="Picos de Europa - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Picos_de_Europa">Picos de Europa</a> desde el <a title="Lago Ercina - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ercina">lago Ercina</a>, que fue uno de los pocos, poquísimos, momentos de nuestro viaje en que brilló el sol…</p>
<p>Incluso nos dio tiempo a acercarnos por el <a title="Colegio San Félix de Candás" href="http://web.educastur.princast.es/cp/sanfelix/">colegio San Félix de Candás</a>, donde trabaja el <a title="Prrofesor Potâchov de Moldavia" href="http://arrukero.com/potachov/blog/">Prrofesor Potâchov de Moldavia</a>, porque yo tenía curiosidad de echar un vistazo a los parajes frecuentados por uno de los principales agitadores del panorama TIC en España. Lamentablemente, ni siquiera llegamos a la puerta, ya que nos topamos con un grupo de agentes de la Guardia Civil que al parecer estaban enseñando a un pastor alemán las primeras nociones sobre la detección de drogas escondidas en automóviles; aclaro, para los posibles malpensados que lean estas líneas, que el vehículo objeto de las pesquisas del equipo antidroga no era el nuestro.</p>
<p>Otra visita frustrada fue la que habíamos previsto a la <a title="Cueva de Tito Bustillo - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cueva_de_Tito_Bustillo">cueva de Tito Bustillo</a>. Apabullados por las obligaciones turísticas y los múltiples atractivos asturianos, se nos fueron pasando los días, y cuando acudimos al <a title="Centro de Arte Rupestre Tito Bustillo" href="http://www.centrodearterupestredetitobustillo.com/">Centro de Arte Rupestre</a> para hacer la reserva y adquirir las entradas, ya era demasiado tarde, pues nos proponían una fecha que se salía de nuestros planes y presupuestos. Por tanto, y para compensar nuestra decepción, decidimos hacer una parada en el <a title="Museo de Altamira" href="http://museodealtamira.mcu.es/">Museo de Altamira</a>, durante nuestro viaje de regreso a Pamplona, y así disfrutar de las bellezas paleolíticas que se nos habían escapado en Ribadesella.</p>
<p>Antes de tratar sobre la visita al Museo de Altamira, voy a contar una breve batallita, pues la <a title="Cueva de Altamira - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cueva_de_Altamira">cueva de Altamira</a> y la cercana localidad de <a title="Santillana del Mar - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Santillana_del_Mar">Santillana del Mar</a> constituyen algo así como un hito grotesco en la intrahistoria familiar. Yo visité la primera (me refiero a la cueva real, no a la reproducción moderna o <a title="Museo de Altamira - Neocueva" href="http://museodealtamira.mcu.es/El_Museo/neocueva.html">neocueva</a> que se muestra desde hace año a los visitantes) en el año 1969 o 1970, en compañía de mis padres y mis hermanos. Guardo un recuerdo muy vago de aquella visita, pero mi madre siempre me pasa por los morros una de mis más conspicuas travesuras infantiles, la que protagonicé al mezclar explosivamente chicle con pipas de girasol, resultado de cuya masticación fue una pasta pegajosa que –por motivos que nadie se explica– acabé extendiendo por el niki que a mis tiernos ocho o nueve años vestía. La prenda quedó tan dañada que acabó en la basura, y yo con algún pescozón, indiscutiblemente más que merecido.</p>
<p>Volviendo al presente, conviene destacar el hecho de que la neocueva de Altamira está tan bien realizada, y proporciona una sensación tan poderosa de realidad, que estuve a punto de sufrir un leve ataque del <a title="Síndrome de Stendhal - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%ADndrome_de_Stendhal">síndrome de Stendhal</a> (supongo que la posición forzada del cuello, consecuencia de estar mirando al techo durante largo rato, también influyó en los ligeros vahídos que experimenté). Y qué decir del resto del espléndido museo, cuyas instalaciones, expositores, vitrinas y paneles son tan atractivos y están tan bien explicados que el visitante corre el riesgo de dejarse la mañana entera entre sus salas. Nosotros invertimos un par de horas, que se pasaron como en un suspiro. De la tienda del museo nos trajimos unos cuantos recuerdos: un par de libros, una libreta de notas, posavasos, marcadores de páginas, naipes, etc.</p>
<p>De los dos libros que compré, el primero, titulado <em>Museo de Altamira</em>, de apenas 32 páginas, no es más que una brevísima guía que destaca por sus cuidadas ilustraciones, pero el segundo tiene bastante más enjundia. Me refiero a de <em>Los pintores de las cavernas. El misterio de los primeros artistas</em>, del periodista norteamericano Gregory Curtis, un recorrido por la historia de los descubrimientos más importantes del <a title="Arte paleolítico - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Arte_paleol%C3%ADtico">arte paleolítico</a> y al mismo tiempo una recopilación de las principales interpretaciones sobre su función y sentido. Lo compré sin tener ninguna referencia previa, simplemente atraído por el resumen de su cubierta, pero lo he leído casi de un tirón, pues el libro destaca por la calidad de su escritura, la amenidad del tono narrativo y la cotidianidad y cercanía que imprime el autor a todos los datos, especulaciones y reflexiones, incluso a los más técnicos o especializados.</p>
<figure id="attachment_3943" aria-describedby="caption-attachment-3943" style="width: 1000px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-3943 size-full" title="Portada de Los pintores de las cavernas, de Gregory Curtis" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2012/07/los-pintores-de-las-cavernas.jpg" alt="Portada de Los pintores de las cavernas, de Gregory Curtis" width="1000" height="1582" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2012/07/los-pintores-de-las-cavernas.jpg 1000w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2012/07/los-pintores-de-las-cavernas-316x500.jpg 316w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2012/07/los-pintores-de-las-cavernas-768x1215.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2012/07/los-pintores-de-las-cavernas-506x800.jpg 506w" sizes="auto, (max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><figcaption id="caption-attachment-3943" class="wp-caption-text">Portada de <em>Los pintores de las cavernas</em>, de Gregory Curtis</figcaption></figure>
<p>Por el libro desfilan personajes fascinantes, como <a title="Marcelino Sanz de Sautuola - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Marcelino_Sanz_de_Sautuola">Marcelino Sanz de Sautuola</a>, descubridor de las pinturas de Altamira, con su triste carga de precursor incomprendido a la espalda, la hercúlea figura del abate <a title="Henri Breuil - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Henri_Breuil">Henri Breuil</a> (el “papa” de la Prehistoria), o las de <a title="Annette Laming-Emperaire - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Annette_Laming-Emperaire">Annette Laming-Emperaire</a> y <a title="André Leroi-Gourhan - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9_Leroi-Gourhan">André Leroi-Gourhan</a>, brillantes renovadores de las interpretaciones sobre el arte paleolítico. La descripción de la personalidad y el trabajo de estos y otros investigadores, con sus luces y sus sombras, se caracteriza por la brillantez y capacidad evocadora que exhibe el autor del libro a la hora de narrar los hallazgos que jalonan la historia de la investigación del arte paleolítico, como ocurre, por ejemplo, en el capítulo IV, dedicado a la <a title="Cueva de Lascaux - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cueva_de_Lascaux">cueva de Lascaux</a>, o el IX, en el que narra el descubrimiento de la <a title="Cueva de Chauvet - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cueva_de_Chauvet">cueva de Chauvet</a>. También destaca en toda la obra la plasticidad de las descripciones de Curtis, capaz de hacer brotar del papel imágenes sumamente sugestivas no solo de los animales pintados por los artistas prehistóricos, sino también de la vida cotidiana de las sociedades a las que pertenecían.</p>
<p>Tras haber expuesto y discutido por extenso las diversas interpretaciones sobre la función y sentido del arte paleolítico –la magia propiciatoria que defendió Breuil, la idea sobre la lucha contra la dominación de la naturaleza, enunciada por <a title="Max Raphael - Dictionary of Art Historians" href="http://www.dictionaryofarthistorians.org/raphaelm.htm">Max Raphael</a>, la oposición entre los principios masculino y femenino, defendida por Leroi-Gurhan y Laming-Emperaire, el chamanismo propuesto por <a title="Jean Clottes - Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Jean_Clottes">Jean Clottes</a> y <a title="David Lewis-Williams - Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/David_Lewis-Williams">David Lewis-Williams</a>– Curtis dedica el capítulo final del libro a exponer su propia interpretación, que culmina en un par de páginas finales espléndidas. La cita es larga, pero estoy seguro de que merece la pena:</p>
<blockquote><p>Las cualidades que definen el clasicismo –dignidad, fuerza, elegancia, soltura, confianza y claridad– son también los principales rasgos de las pinturas parietales. Por encima de todo, la esencia del arte clásico es que aspira a imitar la realidad creando imágenes de las formas ideales de la naturaleza. En la era paleolítica, las formas ideales no eran el Discóbolo o el David. Eran caballos, bisontes, mamuts y el resto de especies que obsesionaban a aquellos primeros artistas, todos creados como ideales. […] Las pinturas rupestres se apoderan de las ideas, la elegancia, la confianza y la dignidad clásicas, y a ello se debe que nos resulten familiares y que parezcan una parte directa de nuestro patrimonio. Conectamos de forma tan íntima con el arte rupestre porque los maestros griegos y renacentistas nos enseñaron, sin siquiera ser conscientes de ello, a apreciarlo.</p>
<p>Para los artistas griegos, perfeccionar las formas de la naturaleza expresaba los ideales filosóficos más elevados. Lo mismo ocurre con los pintores de las cavernas. su arte repetitivo y plácido, pero cargado de belleza, basado en el perfeccionamiento de los animales hallados en la realidad, no fue solo la primera gran corriente artístico, sino la primera gran corriente filosófica: el primer intento que conocemos de someter a un orden coherente el caos del mundo (pp. 286-287).</p></blockquote>
<p>Si he de juzgar por mi propia experiencia, Curtis tiene toda la razón del mundo. Uno ve las pinturas de Altamira –o las de Lascaux, da lo mismo– y siente una inmediata proximidad con los seres humanos que las pintaron, hace tantos miles de años. Esa súbita e inesperada cercanía provoca un efecto tan rotundo, tan hondo y tan intenso, que resulta difícil evitar las lágrimas de pura emoción y felicidad. Y eso, en los tiempos que corren, tiene un valor inmenso.</p>
<p class="notasbib">Gregory Curtis, <em>Los pintores de las cavernas. El misterio de los primeros artistas</em>, Madrid, Turner (Col. “Turner Noema”), 2009, 322 páginas.</p>
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		<title>Canción de hielo y fuego para las vacaciones</title>
		<link>https://www.labitacoradeltigre.com/2012/06/26/cancion-de-hielo-y-fuego-para-las-vacaciones/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 26 Jun 2012 12:41:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Canción de hielo y fuego]]></category>
		<category><![CDATA[Danza de dragones]]></category>
		<category><![CDATA[George R.R. Martin]]></category>
		<category><![CDATA[Juego de tronos]]></category>
		<category><![CDATA[novela fantástica]]></category>
		<category><![CDATA[novela norteamericana]]></category>
		<category><![CDATA[novela norteamericana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[series de televisión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Sobre la expectativa de la lectura de <em>Danza de dragones</em>, quinta entrega de <em>Canción de hielo y fuego</em>, de George R.R. Martin.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2012/06/26/cancion-de-hielo-y-fuego-para-las-vacaciones/">Canción de hielo y fuego para las vacaciones</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El pasado viernes 22 de junio, <a title="'Danza de Dragones' sale el 22 de junio en castellano" href="http://www.zonafandom.com/literatura-fantastica/danza-de-dragones-sale-el-22-de-junio-en-castellano">justo el día en que salió a la venta en España</a> (pero yo lo había comprado unos días antes, por Internet), recibí en casa un pesado paquete que contenía <em><a title="Danza de dragones - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Danza_de_dragones">Danza de dragones</a></em>, la quinta y hasta el momento última entrega de la monumental serie novelesca <em><a title="Canción de hielo y fuego - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Canci%C3%B3n_de_hielo_y_fuego">Canción de hielo y fuego</a></em>, del escritor norteamericano <a title="George R. R. Martin - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/George_R._R._Martin">George R. R. Martin</a>. Como ya conté en <a title="Eduardo Larequi en Twitter" href="https://twitter.com/elarequi">Twitter</a> (véanse, por ejemplo, las <a title="Entradas de Microblogueando con WordPress correspondientes a la secuencia 'A Dance With Dragons'" href="http://www.elarequi.com/p2/?s=A+Dance+With+Dragons">anotaciones</a> en <a title="Microblogueando con WordPress" href="http://www.elarequi.com/p2/">Microblogueando con WordPress</a>, un sitio que recoge mis tuiteos para salvarlos del olvido digital y de los fallos de mi memoria analógica), no es esta la primera edición del libro de Martin con la que me enfrento, pues ya el verano pasado compré el libro en su edición original en inglés.</p>
<p>A pesar de mis buenas intenciones, me atasqué tras haber leído las primeras doscientas cincuenta páginas. Por diversos motivos, entre ellos la longitud del libro, lo intrincado de la trama, los constantes cambios en el foco narrativo, la multiplicación de personajes y el léxico tan variado (Martin parece haber trabajado con varios diccionarios especializados sobre de la mesa, y a mí me revienta no saber el significado exacto de las palabras, aunque pueda intuirlo a partir del contexto), la lectura en la lengua original se me hizo muy cuesta arriba. Podría haber persistido, claro está, pero probablemente el esfuerzo me hubiera impedido disfrutar de la experiencia que yo deseaba: una lectura apasionada, absorbente y lo más rápida posible del novelón de Martin.</p>
<p><span id="more-2158"></span></p>
<p>La oportunidad para esa clase de lectura ha llegado con las vacaciones, que ya están a la vuelta de la esquina. Un poco hartos de <a title="Entradas de La Bitácora del Tigre correspondientes a la etiqueta 'Argentina'" href="https://www.labitacoradeltigre.com/etiqueta/argentina/">los viajes y aviones del año pasado</a>, en este hemos elegido un destino mucho más cercano y accesible, en un hotel que presiento comodísimo y con vistas al Cantábrico. Desde hace un par de semanas, no hago otra cosa que pensar en la perspectiva de muchas mañanas y tardes de lectura en la tumbona, con el libro entre las manos y tal vez la contribución de un combinado de los de pajita, montaña de hielo picado y sombrilla de papel. Por cierto, el peso de la obra ciclópea del novelista de New Jersey es tal (la edición española en tapas duras de <a title="Ediciones Gigamesh" href="http://www.gigamesh.com/">Ediciones Gigamesh</a> tiene más de 1140 páginas) que acaso no me sirva la tumbona y me vea obligado a solicitar del personal del hotel no ya un atril, sino hasta un polipasto. En cambio, Pilar no pasará por ese trago, pues, siempre más lista que yo, ha decidido llevarse de vacaciones unos cuantos libros digitales, que ya he transferido a su ligerísimo y potente <a title="Sony Reader PRS-T1" href="http://www.sony.es/product/rd-reader-ebook/prs-t1">Sony Reader</a>.</p>
<p>Acabo de citar mis intervenciones –últimamente escasas y espaciadas– en Twitter, así que aprovecho la oportunidad para expresar mi agradecimiento a <a title="Re(paso) de Lengua" href="http://www.repasodelengua.com/">Antonio Solano</a>, ya que cada vez que publica un tuit sobre <em>Canción de hielo y fuego</em> o sobre <a title="Juego de tronos (serie de televisión) - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Juego_de_tronos_(serie_de_televisi%C3%B3n)"><em>Juego de tronos</em></a>, la colosal adaptación cinematográfica que está realizando la cadena <a title="HBO" href="http://www.hbo.com/">HBO</a> a partir de la serie novelística de Martin, incluye una referencia a mi nombre. Véase, por ejemplo, el que publicó hace poco, dando cuenta de una divertida maldad de los productores de la serie:</p>
<div align="center">
<blockquote class="twitter-tweet" data-width="500" data-dnt="true">
<p lang="es" dir="ltr">La HBO pide perdón por exhibir la cabeza empalada de George Bush en &#39;Juego de Tronos&#39; <a href="http://t.co/tXqBmhzd">http://t.co/tXqBmhzd</a> cc <a href="https://twitter.com/elarequi?ref_src=twsrc%5Etfw">@elarequi</a> <a href="https://twitter.com/Omedes?ref_src=twsrc%5Etfw">@omedes</a> <a href="https://twitter.com/jmuruais?ref_src=twsrc%5Etfw">@jmuruais</a></p>
<p>&mdash; Toni Solano 🍏📚🍏 (@tonisolano) <a href="https://twitter.com/tonisolano/status/213284168086462464?ref_src=twsrc%5Etfw">June 14, 2012</a></p></blockquote>
<p><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script></p>
</div>
<p>Tal vez no venga mucho a cuento, pero conviene poner de relieve el hecho de que la posibilidad de insertar un tuit en el blog, cuya demostración figura sobre estas líneas, es una de las novedades más interesantes de <a title="WordPress Codex - WordPress 3.4" href="http://codex.wordpress.org/Version_3.4">WordPress 3.4</a> (véase mi <a title="Actualización a WordPress 3.4, con pie de foto mejorado" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2012/06/17/actualizacion-a-wordpress-3-4-con-pie-de-foto-mejorado/">reciente artículo</a> sobre esta actualización), capaz de reconocer e insertar automáticamente las intervenciones en Twitter gracias al protocolo <a title="oEmbed" href="http://oembed.com/">oEmbed</a>.</p>
<p>Ya que hemos hablado <em>Juego de tronos</em>, no me resisto a acabar este artículo sin recomendar la lectura de un libro al que también me he referido en algunos tuiteos recientes. Se trata de una recopilación de artículos publicados por la editorial <a title="Errata Naturae Editores" href="http://www.erratanaturae.com/">Errata Naturae</a>, en torno a diversos aspectos de la serie de la HBO. Quizás su título, <em>Juego de tronos. Un libro afilado como el acero valyrio</em>, resulte un tanto hiperbólico, pues no todos los textos poseen la mágica agudeza y el brillo singular de la <a title="Acero valyrio - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Acero_valyrio">legendaria aleación</a>, pero estoy seguro de que disfrutarán con el libro tanto los amantes de la serie novelística (son una legión de entusiastas, en su mayoría muy jóvenes, si he de creer a los libreros con los que tengo más trato) como aquellos que solo conocen la adaptación televisiva.</p>
<figure id="attachment_3949" aria-describedby="caption-attachment-3949" style="width: 908px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-3949 size-full" title="Portada de Juego de tronos. Un libro afilado como el acero valyrio" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2012/06/un-libro-afilado.jpg" alt="Portada de Juego de tronos. Un libro afilado como el acero valyrio" width="908" height="1362" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2012/06/un-libro-afilado.jpg 908w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2012/06/un-libro-afilado-333x500.jpg 333w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2012/06/un-libro-afilado-768x1152.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2012/06/un-libro-afilado-533x800.jpg 533w" sizes="auto, (max-width: 908px) 100vw, 908px" /><figcaption id="caption-attachment-3949" class="wp-caption-text">Portada de <em>Juego de tronos. Un libro afilado como el acero valyrio</em></figcaption></figure>
<p>Por ejemplo, el artículo con el que se abre el volumen –“¡Ponte a escribir, George R. R. Martin!”– es una delicia, ya que cuenta anécdotas impagables sobre ha intensidad y el fanatismo que ha alcanzado el fenómeno del <a title="Fandom - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fandom">fandom</a>, sobre todo en los países anglosajones. Otros artículos, como los dos que exploran las relaciones entre el relato literario-televisivo y las teorías políticas de <a title="Thomas Hobbes - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Thomas_Hobbes">Hobbes</a> y <a title="Nicolás Maquiavelo - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Nicol%C3%A1s_Maquiavelo">Maquiavelo</a>, o el que trata de las complejidades morales que se derivan de la personalidad y el comportamiento del enano <a title="Tyrion Lannister - Hielo y fuego wiki" href="http://hieloyfuego.wikia.com/wiki/Tyrion_Lannister">Tyrion Lannister</a> (¡qué personaje tan fascinante!), son también muy recomendables.</p>
<p>Cuento con ansiedad los días que faltan hasta el comienzo de las vacaciones y la reanudación de la lectura de <em>Danza de dragones</em>, que espera su turno con la gravedad que le imponen su peso, grosor y la fama y éxito de sus antecesores. Mientras tanto, y para aplacar el desasosiego (o acentuarlo, según se mire), confío en que la Selección española de fútbol salga vencedora de la semifinal de la <a title="Eurocopa.com" href="http://www.eurocopa.com/">Eurocopa</a>, contra nuestros vecinos portugueses, y se imponga también en la esperadísima final, en la que deberá enfrentarse al ganador del encuentro entre Alemania e Italia. No es la <a title="Guerra de los Cinco Reyes - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_los_Cinco_Reyes">Guerra de los Cinco Reyes</a>, pero se le parece.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2012/06/26/cancion-de-hielo-y-fuego-para-las-vacaciones/">Canción de hielo y fuego para las vacaciones</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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		<title>El bitacorazo del Tigre</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 26 Jan 2012 21:02:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bitácoras y WordPress]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[blog offline]]></category>
		<category><![CDATA[BlogBooker]]></category>
		<category><![CDATA[PDF]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Creación de una versión en PDF con el contenido de <em>La Bitácora del Tigre</em> mediante BlogBooker.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2012/01/26/el-bitacorazo-del-tigre/">El bitacorazo del Tigre</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>A lo largo de la historia de este blog me he ocupado en varias ocasiones de las distintas técnicas y aplicaciones existentes para generar documentos estáticos a partir del contenido online, y también sobre la operación inversa, es decir, la de generar sitios web dinámicos a partir de páginas web estáticas. </p>



<p>En artículos como <a title="Hélice 12 y otros documentos en PDF" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2009/11/22/helice-12-y-otros-documentos-en-pdf/">Hélice 12 y otros documentos en PDF</a>, <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/05/31/para-conseguir-una-version-offline-del-blog/">Para conseguir una versión offline del blog</a>, <a title="El blog offline, esta vez en formato ePub" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/06/02/el-blog-offline-esta-vez-en-formato-epub/">El blog offline, esta vez en formato ePub</a>, <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/07/30/mas-utilidades-para-exportar-un-blog-de-wordpress/">Más utilidades para exportar un blog de WordPress</a>, <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/11/03/para-convertir-un-sitio-web-estatico-en-un-blog/">Para convertir un sitio web estático en un blog</a> y <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/11/29/nueva-vida-para-las-resenas-de-lengua-en-secundaria/">Nueva vida para las reseñas de Lengua en Secundaria</a>, he investigado sobre generadores de archivos PDF y ePub, conversores de formatos, herramientas de exportación, ripeadores de sitios web, importadores de HTML, etc.</p>



<span id="more-2017"></span>



<p>Aunque en el segundo de los artículos que acabo de citar ya hice algunos experimentos de exportación de <em>La Bitácora del Tigre</em> a PDF, la verdad es que hasta hoy mismo no había dado el paso decisivo de arrojarme a la blogosfera con toda la impedimenta a cuestas, para dar un estentóreo bitacorazo sobre la mesa virtual del ciberespacio. El impulso decisivo para ello me lo ha proporcionado Celestino Arteta, compañero y jefe en el <a href="http://pnte.educacion.navarra.es/portal/" target="_blank" aria-label="undefined (se abre en una nueva pestaña)" rel="noreferrer noopener">PNTE</a>, con una entrada-regalo navideño publicada en su excelente blog <a href="http://villaves56.blogspot.com/" target="_blank" aria-label="undefined (se abre en una nueva pestaña)" rel="noreferrer noopener">Educación Tecnológica</a>, la titulada <a href="http://villaves56.blogspot.com/2011/12/blogbooker-crea-un-libro-con-tu-blog.html" target="_blank" aria-label="undefined (se abre en una nueva pestaña)" rel="noreferrer noopener">Blogbooker: crea un libro con tu blog</a>, de la que hemos estado hablando durante los dos últimos días.</p>



<p>Siguiendo la estela de Celestino, he utilizado el servicio online <a aria-label="undefined (se abre en una nueva pestaña)" href="http://www.blogbooker.com/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">BlogBooker</a> para crear un PDF con todo el contenido de <em>La Bitácora del Tigre</em> durante sus más de seis años y medio de existencia, lo cual supone más de 770 entradas y muchos centenares de miles de palabras. No sé cómo no han explotado los servidores de BlogBooker durante la generación del documento, porque el resultado de una larga, larguísima espera ha sido un tomazo de 2.363 páginas (solo el índice ya ocupa 26), que pesa sus buenos 28 MB. y pico. También siguiendo el ejemplo de Celes, aunque con una variante con respecto al servicio utilizado (pues él lo ha hecho con <a aria-label="undefined (se abre en una nueva pestaña)" href="http://www.box.com/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Box.com</a>) he colgado el PDF en mi directorio público de <a aria-label="undefined (se abre en una nueva pestaña)" href="https://www.dropbox.com/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Dropbox</a>, a disposición de quienes tengan el par de bemoles para enfrentarse con este monstruo bloguero.</p>



<p>También he transferido el PDF al flamante <a href="http://www.sony.es/product/rd-reader-ebook/prs-t1" target="_blank" aria-label="undefined (se abre en una nueva pestaña)" rel="noreferrer noopener">Sony Reader PRS-T1</a> que le regalé a Pilar por Reyes (por cierto, el lector lo maneja con agilidad). Dudo mucho que ella caiga en la tentación de volver a leerme en ese dipositivo, pues tiene el buen gusto de preferir <a href="http://www.planetadelibros.com/la-palabra-se-hizo-carne-libro-61237.html" target="_blank" aria-label="undefined (se abre en una nueva pestaña)" rel="noreferrer noopener">la versión digital de la última novela de Donna Leon</a>, pero por lo menos podremos deslumbrar a los amigos y parientes. Ah, y no descarto pasar a PDF otros sitios que tengo perdidos por ahí, con documentación diversa que va cogiendo polvo, pero que en algún caso aún puede ser aprovechable.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El bitacorazo del Tigre pasa a Google Drive</h2>



<p>Con fecha del 10 de julio de 2020, he trasladado el alojamiento de la versión en PDF de <em>La Bitácora del Tigre</em>, desde Dropbox a Google Drive, un servicio con el que me siento mucho más cómodo.</p>


<div class="su-button-center"><a href="https://drive.google.com/file/d/1Wq9wZg-GG-fwOhhdK9xs7fuQETJLqD0W/view?usp=sharing" class="su-button su-button-style-flat" style="color:#FFFFFF;background-color:#2D89EF;border-color:#246ec0;border-radius:7px" target="__blank"><span style="color:#FFFFFF;padding:7px 20px;font-size:16px;line-height:24px;border-color:#6cadf4;border-radius:7px;text-shadow:none"><i class="sui sui-download" style="font-size:16px;color:#FFFFFF"></i> <em>La Bitácora del Tigre</em> en PDF, con BlogBooker y Google Drive (28,4 MB.)</span></a></div>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p></p>
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		<title>Una deliciosa tragicomedia irlandesa: Disturbios, de J.G. Farrell</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 Sep 2011 20:01:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Disturbios]]></category>
		<category><![CDATA[J.G. Farrell]]></category>
		<category><![CDATA[novela inglesa]]></category>
		<category><![CDATA[novela inglesa contemporánea]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de la novela <em>Disturbios</em>, del escritor inglés James Gordon Farrell.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2011/09/20/una-deliciosa-tragicomedia-irlandesa-disturbios-de-j-g-farrell/">Una deliciosa tragicomedia irlandesa: Disturbios, de J.G. Farrell</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hace años que no disfrutaba de una experiencia de lectura tan placentera y tan gozosa como la que he vivido en las últimas semanas con <em>Disturbios</em>, novela del escritor inglés <a title="James Gordon Farrell - Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/James_Gordon_Farrell">James Gordon Farrell</a>. Antes de enterarme de su publicación por la <a title="Disturbios" href="http://www.elpais.com/articulo/portada/Disturbios/elpepuculbab/20110611elpbabpor_33/Tes">reseña de José Luis de Juan en Babelia</a>, Farrell era para mí un completo desconocido, a pesar de que tanto por su trayectoria literaria como por su temprana y trágica muerte (fue arrebatado por un golpe de mar, mientras pescaba en la costa de Irlanda, a los 44 años), el escritor es bastante famoso en su país natal y en Irlanda, sobre todo a causa del ciclo novelístico denominado «la trilogía del Imperio» del que forman parte <em>Disturbios</em> (<em>Troubles</em>, 1970), <i>The Siege of Krishnapur</i> (galardonada con el <a title="Premio Booker - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Premio_Booker">Man Booker Prize</a> de 1973); y <i>The Singapore Grip</i> (1978)<sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2011/09/20/una-deliciosa-tragicomedia-irlandesa-disturbios-de-j-g-farrell/#footnote_1_1883" id="identifier_1_1883" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="En 2008 la editorial Anagrama public&oacute; El sitio de Krishnapur, traducci&oacute;n espa&ntilde;ola del segundo volumen de la trilog&iacute;a. Por su parte, la editorial Acantilado ha anunciado para el a&ntilde;o 2012 la traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol de la tercera novela, con el t&iacute;tulo La defensa de Singapur.">1</a></sup>.</p>
<p><em>Disturbios</em> ha sido considerada, de forma prácticamente unánime, como la mejor de todas las obras de Farrell. Más adelante profundizaré en sus muchos méritos literarios, pero baste decir por ahora que a ellos debe añadirse una circunstancia muy singular, ya que en 2010 recibió el prestigioso premio <a title="The Lost Man Booker Prize" href="http://www.themanbookerprize.com/prize/lost-man-booker-prize">Man Booker Prize</a>, al que no pudo acceder en 1970 por las modificaciones de la normativa del galardón que tuvieron lugar en aquel año. Es muy probable que este tardío reconocimiento haya impulsado a la editorial Acantilado a publicarla en España, pero en cualquier caso será difícil encontrar una distinción y una recuperación editorial más merecidas, porque <em>Disturbios</em> es una novela extraordinaria desde cualquier aspecto –argumento, planteamiento narrativo, escenario, personajes, elaboración artística, resonancias emotivas, relación con la realidad histórica de la época que retrata– que se pueda invocar en una crítica literaria.</p>
<p><span id="more-1883"></span></p>
<p>El comienzo de la trama de la novela es fácil de resumir: tras reponerse de una <a title="Neurosis de guerra - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Neurosis_de_guerra">neurosis de guerra</a> derivada de sus dramáticas experiencias en las trincheras de la <a title="Primera Guerra Mundial - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Primera_Guerra_Mundial">Gran Guerra</a>, el comandante retirado Brendan Archer viaja a Irlanda, pa­ra continuar sus relaciones con Angela Spencer, con quien mantuvo un breve <em>affaire</em> amoroso durante un permiso del militar en <a title="Brighton - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Brighton">Brighton</a>. El padre de Angela, propietario rural férreamente <a title="Unionism in Ireland -Wikipedia" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Unionism_in_Ireland">unionista</a>, administra el enorme hotel Majestic en Kilnalough, localidad situada en la costa suroriental del país, frente a la costa de Gales. Cuando Archer llega al Majestic, se encuentra con una joven más bien esquiva y apática, y un hotel en completa decadencia: los clientes son pocos y de escasos recursos, las instalaciones se deterioran a ojos vistas, las plantas de interior crecen salvajes y los gatos proliferan sin control, hasta adueñarse de los salones y del bar. Con el discurrir de los acontecimientos, el comandante Archer se verá obligado a enfrentarse a los problemas del cada vez más arruinado Majestic, y a sus propias cuitas amorosas, primero con Angela y algún tiempo después con la joven irlandesa Sarah Devlin, al tiempo que alrededor del hotel y por todo el país crecen los «disturbios» (un eufemismo tradicionalmente aplicado al conflicto irlandés) originados por el enfrentamiento de los nacionalistas irlandeses con la policía y el ejército británicos.</p>
<p>Aunque el escenario, los personajes y la mayor parte de los hechos que se relatan en la novela sean ficticios (hasta donde yo sé, nunca han existido ni el hotel Majestic ni la localidad de Kilnalough, aunque sí localidades como <a title="Wicklow - Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Wicklow">Wicklow</a> o <a title="Wexford - Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Wexford">Wexford</a>, que se mencionan en el relato<sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2011/09/20/una-deliciosa-tragicomedia-irlandesa-disturbios-de-j-g-farrell/#footnote_2_1883" id="identifier_2_1883" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="El asunto de la localizaci&oacute;n del hotel Majestic no est&aacute; del todo claro, seguramente porque Farrell as&iacute; lo quiso. Recientemente se ha sugerido que el escenario puede ser el condado de Waterford. V&eacute;ase, a este respecto, Location of Majestic Hotel in JG Farrell&rsquo;s Troubles found.">2</a></sup>, resulta bastante evidente para cualquiera que tenga un mínimo conocimiento de la historia europea que la novela refleja muy de cerca la época de la <a title="Guerra de Independencia Irlandesa - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_Independencia_Irlandesa">guerra por la independencia de Irlanda</a>, período que coincide en gran medida con el lapso temporal que abarca la trama, entre comienzos del verano de 1919 y el final de la primavera de 1921. Uno de los aspectos más fascinantes y mejor logrados de <em>Disturbios</em> es precisamente la reelaboración literaria de los hechos históricos, pues estos se mantienen durante la mayor parte del relato fuera del foco principal de la narración, a modo de fondo o escenario sobre el cual transcurren las vidas de los protagonistas, cada vez más afectados por la creciente violencia que recorre las tierras de Irlanda.</p>
<p>Raras veces Farrell presenta los «disturbios» del título de forma directa, sino mediante diversos recursos que definen una cierta distancia (irónica, meditativa, humorística, asombrada y hasta nostálgica) entre esos acontecimientos y los personajes principales del relato. A veces (las menos, aunque se trate de episodios muy importantes por sus consecuencias), son los protagonistas quienes asisten al desarrollo de una acción violenta o se ven personalmente afectados por ella; en otras ocasiones, el autor intercala en el desarrollo del relato breves fragmentos de noticias periodísticas, la mayor parte de las cuales versan sobre el conflicto irlandés y se caracterizan por un tono deliciosamente anacrónico; también es frecuente que diversos personajes refieran sucesos y acontecimientos de los que han tenido conocimiento por vía indirecta, recurso que hace posible muchos episodios cómicos, derivados de malentendidos, de reacciones exageradas o injustificadas, y de las variadas extravagancias que caracterizan su comportamiento.</p>
<p>La lucha entre los nacionalistas irlandeses y sus adversarios está narrada a partir de la perspectiva del comandante Archer –cuya experiencia en la guerra le ha vacunado de forma duradera contra la palabrería patriotera y los excesos chovinistas–, para quien el conflicto adopta desde un principio una calidad peculiar, unas veces absurda o grotesca, otras veces cómica y en alguna ocasión hasta abiertamente incomprensible, que choca con la racionalidad y sensatez propias de su carácter. Este contraste se pone de relieve abruptamente en su primer encuentro con Sarah Devlin, la joven católica de la que acaba enamorado. Cuando Sarah reprocha al comandante su pertenencia a la clase dominante, Archer le responde: «Tengo la esperanza de no ser tan intolerante […]. Pienso que no hay ninguna necesidad de prescindir de la razón simplemente porque uno esté en Irlanda», a lo que la joven replica con una frase de demoledora sinceridad: «En Irlanda debe usted elegir su tribu. La razón no tiene nada que ver con eso» (p. 45). Esta perspectiva no elimina el dramatismo de los asaltos, asesinatos, represalias y venganzas que se suceden en la novela, pero sirve al menos para teñirlos de un tono difícil de definir (no me atrevo a utilizar el término «humorístico», pues aunque no sea del todo inexacto, puede dar lugar a engaño), pero en todo caso muy bien logrado desde el punto de vista literario. El primer episodio del conflicto irlandés en el que se ve involucrado el comandante Archer –la persecución de un grupo de <a title="Feniano - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Feniano">fenianos</a> que al parecer han sido vistos merodeando por los alrededores del hotel Majestic, en la que participan el dueño del hotel, Edward Spencer, su hijo Ripon, el propio Archer y varios huéspedes del establecimiento, algunos vestidos y armados de forma estrambótica (pp. 35-41)– es muy representativo de la actitud que adopta toda la novela en relación con ese marco histórico.</p>
<p>El peculiar distanciamiento entre la realidad de la rebelión irlandesa y los hechos relatados en la novela tiene mucho que ver con el espléndido retrato del escenario y los personajes que lo habitan. Es cierto que el gigantesco hotel Majestic (más de trescientas habitaciones, enormes instalaciones, un aspecto imponente), constituye un símbolo evidente de un mundo en decadencia y de una época que se desliza de forma ineluctable hacia su final, pero sobre todo es un logro literario de primer orden, por la importancia que adquiere desde el comienzo de la novela como punto focal de la narración (el relato arranca con una presentación del hotel, a modo de <a title="Gran plano general - Plano cinematográfico - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Plano_cinematogr%C3%A1fico#Plano_panor.C3.A1mico_o_gran_plano_general">gran plano general</a>, en un momento temporal que se sitúa tras el final del tiempo interno del relato, como una anticipación o <a title="Prolepsis - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Prolepsis">prolepsis</a> del desenlace) y la enorme convicción que Farrell consigue trasladar a todos y cada uno de los episodios que tienen lugar en su interior, muchos de ellos memorables: la primera descripción de la abrumadora exuberancia vegetal del Patio de las Palmas, momento en el que Archer se reencuentra con Angela tras su llegada al hotel (pp. 28-30); la evocación del acristalado salón de baile durante su época de mayor esplendor (pp. 86-87); las diversas escenas que narran cómo las prolíficas camadas de gatos se apoderan del bar Imperial (pp. 88-90, 135, 183-184); los sabrosos detalles con que el narrador ilustra la temporada de <em>whist</em>, juego en el que se refugian los huéspedes del Majestic para matar el tiempo de las largas tardes otoñales (pp. 277 y ss.); la descripción del cuarto de ropa blanca donde se acomoda el comandante para huir del frío y dar rienda suelta a sus castas fantasías con Sarah (pp. 312-314); la preparación de los adornos navideños (pp. 361-363); todo el extraordinario episodio del baile de primavera (pp. 391 y ss.); o los alarmantes síntomas de la ruina progresiva del edificio, que culmina en la extraordinaria escena de su destrucción (pp. 533-534).</p>
<p>Los propietarios y huéspedes del hotel Majestic forman parte de la minoría protestante y unionista de Irlanda, una comunidad cuya posición social, política y económica se destaca simbólicamente en la novela mediante la ubicación física del edificio, levantado sobre una península de la costa sur de la isla, de cara al mar y de espaldas a la tierra irlandesa. Sobre este orgulloso aislamiento medita en muchas ocasiones el comandante Archer, que acaba por sentirse totalmente distanciado de «la endogámica aristocracia protestante, cuyo rostro iba refinándose progresivamente hasta convertirse en una especie diferenciada y lujosa que había regido Irlanda durante casi quinientos años» (pp. 405-406). Además, hay que tener en cuenta que los Spencer, sus amigos y huéspedes comparten el rasgo de una singularidad o abierta extravagancia, por momentos vodevilesca, que adopta muy diversas formas: la afición de Edward Spencer por la cría de perros y lechones y los absurdos experimentos biológicos, por no hablar de su megalomanía, fanatismo ideológico y progresivo alejamiento de la realidad, el donjuanismo sinvergüenza de su hijo Ripon, la amoralidad y la inconsciencia destructiva de sus hijas gemelas Faith y Charity (como dice Sarah, «con aquellas dos chicas […]  las cosas tenían por costumbre empezar de una forma divertida y acabar dolorosamente», p. 165), las manías y rarezas de las ancianas que se hospedan en el hotel, cuya mejor representación es la abuela de las gemelas, la señora Rappaport, perdida en los ensueños de un brumoso pasado colonial que confunde con los disturbios irlandeses y le impulsa a pasearse por el hotel con un revólver al cinto<sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2011/09/20/una-deliciosa-tragicomedia-irlandesa-disturbios-de-j-g-farrell/#footnote_3_1883" id="identifier_3_1883" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="A pesar de lo que acabo de decir, conviene tener en cuenta que las clientas habituales del Majestic no son unos personajes tan pat&eacute;ticos y absurdos como pueda parecer a primera vista. Un resto de los anticuados valores imperiales que encarna un personaje como el la se&ntilde;ora Rappaport persiste en estas mujeres, cuyo coraje y determinaci&oacute;n sobreviven hasta el final de la novela, con una intervenci&oacute;n decisiva que salva, in extremis, la vida del comandante Archer.">3</a></sup>.</p>
<p>También los católicos irlandeses que trabajan en el hotel o viven en la cercana localidad de Kilnalough comparten de una manera u otra este desquiciamiento general. Así, por ejemplo, el viejo criado Murphy exhibe abiertamente una indiferencia que no es más que la máscara de un odio feroz hacia sus amos, y que culmina en un furioso acto de locura; la cocinera, por su parte, es tímida y esquiva hasta la exasperación y practica un lenguaje incomprensible que irrita sobremanera al comandante Archer. Otros personajes de más relieve también presentan rasgos de esa tendencia a la excentricidad que es signo distintivo de la novela; así ocurre con el viejo doctor Ryan, casi siempre semidormido y ausente, aunque muy lúcido, que repite a modo de cantinela una de las frases que podrían destacarse como emblema de <em>Disturbios</em>: «La gente es insustancial. No dura, no dura nada» (p. 533); o con el nieto del médico, Padraig, que solo piensa en conseguir un puñado de plumas de los pavos reales y acaba convirtiéndose en el blanco predilecto de las bromas y los juegos subidos de tono de las gemelas. Incluso un personaje tan importante como el de Sarah Devlin, mucho más complejo y matizado que los anteriores, que al principio de la novela aparece en silla de ruedas (luego se recupera sin que la novela proporcione una explicación clara de su dolencia, lo que deja en el aire la verdadera naturaleza de su invalidez), se comporta de forma inconstante, caprichosa y hasta cruel en sus relaciones amorosas con el comandante Archer, hasta el punto de que en ocasiones el protagonista queda sumamente desconcertado por el modo de actuar de la muchacha.</p>
<p>Sobre estos personajes destaca la figura literaria del comandante retirado Brendan Archer. Es un hombre decente, honrado y ecuánime, con un elevado sentido del deber y hasta del sacrificio personal, virtud que demuestra cuando decide quedarse en el hotel, tras la marcha de sus dueños, del personal de servicio y de gran parte de sus huéspedes, y a pesar de la amenaza de ruina y de los ataques de los fenianos, a causa de un impulso que tiene mucho de romántico y algo de meditado fatalismo. Con todo, Archer no es un héroe, sino más bien un hombre corriente que en parte está sobrepasada por las circunstancias y en parte se ve obligado a sobreponerse a ellas. Tampoco carece de defectos, como la timidez con las mujeres y la irresolución, hasta el punto de que en más de una ocasión el lector tiene ganas de cruzar la frontera imposible de la ficción y soltarle a la cara un exabrupto (algo, por cierto, que Sarah hace en más de una ocasión). J.G. Farrell ha construido un personaje literario inolvidable, que respira humanidad en todas y cada una de las páginas del libro, sin perder los rasgos característicos –la buena crianza, el arrojo, la reticencia y el pudor sentimental: «el sentimiento le inspiraba recelo y siempre le habían gustado más los hechos…» (p. 18)– que son tan habituales en los <em>gentlemen</em> de la literatura anglosajona. Sus relaciones amorosas, reiteradamente postergadas o frustradas no sólo por su propia indecisión, sino también por agentes externos (en el caso de Angela Spencer la enfermedad de la joven, y en el de Sarah Devlin unas veces un obstáculo material inoportuno, otras algún personaje que interrumpe los abrazos y besos de los enamorados), constituyen una constante del relato que en diversos episodios resulta cómica, pero conforme avanza la novela va tiñéndose de una dolorosa melancolía, hasta concluir con un párrafo final que es una autentica maravilla de emoción y elegantísima tristeza.</p>
<p>Aunque en ningún momento pierda el entrañable carácter prototípico al que ya me he referido, Archer no es un personaje estereotipado ni anclado en convicciones inalterables, ya que a pesar de su posición social y de su implicación personal en la defensa del <a title="Imperio Británico - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Imperio_brit%C3%A1nico">Imperio Británico</a>, poco a poco comienza a comprender la rebeldía del pueblo irlandés ante las injusticias –la pobreza y el hambre, los intolerables privilegios de la aristocracia unionista, las venganzas, tropelías y abusos cometidos por las acosadas fuerzas del orden británicas– que ha venido sufriendo desde tiempo atrás. Acompasados con esta evolución se desarrollan los conflictos personales del comandante, y por tanto no creo que sea exagerado afirmar que sus silencios, indecisiones y torpezas, sus amargas decepciones amorosas, y también la frustración que le causa la imposibilidad de mejorar la imparable decadencia del hotel Majestic, del cual se convierte en algo así como un administrador sobrevenido, enfrentado a una tarea hercúlea, constituyen un acertadísimo eco interior de los «disturbios» que acontecen en el exterior. De hecho, estoy convencido de que este paralelismo, es decir, la conjunción entre mundo interior y mundo exterior, el equilibrio entre sentimentalidad y dimensión histórica, social y política, la extraordinaria puesta en escena literaria de las no siempre evidentes relaciones que existen entre el micromundo aristocrático y tarambana del hotel Majestic y la vida irlandesa que bulle, sufre y se rebela más allá de sus trescientas habitaciones, de los muros, tejados y cornisas que se caen a pedazos, a veces literalmente, sobre los desayunos de sus clientes, es una entre las muchas razones por las cuales <em>Disturbios</em> resulta ser una obra literaria tan lograda y tan convincente.</p>
<p>J.G. Farrell ha sabido aprovechar en todo su potencial el indiscutible encanto inherente a las historias de decadencia y pérdida. En efecto, uno de los rasgos del libro que más influyen en su recepción por parte del lector es la creciente sensación de que no hay remedio para la ruina del hotel y para el amargo destino que espera a muchos de sus habitantes, con los cuales se acaba simpatizando a pesar de sus defectos y chaladuras, o acaso tal vez por ellas. Aunque la desgracia esté matizada por los frecuentes raptos de humor y comicidad, aunque el sufrimiento y el dolor de los personajes protagonistas estén exentos de los matices más negros y truculentos de la tragedia, lo cierto es que sigue siendo desgracia. En el universo narrativo de <em>Disturbios</em>, la felicidad existe (qué hermosas las contadas escenas amorosas entre Brendan Archer y Sarah Devlin, hasta el punto de que a uno se le humedecen los ojos al recordarlas) pero sólo asoma en ocasiones, fugazmente, para ser enseguida interrumpida o frustrada. Un ejemplo sublime de este planteamiento se puede observar en la extraordinaria secuencia del baile de primavera, que ocupa una porción sustancial de la segunda parte del libro. La fiesta y el anhelado encuentro amoroso entre Brendan y Sarah, tan prometedores en sus inicios como catastróficos en su resolución, quedan en el recuerdo del lector como expresión de una delicada y conmovedora melancolía, de altísima belleza artística. Así lo subraya <a title="John Banville - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/John_Banville">John Banville</a> en su excelente prólogo para la edición de Acantilado, con la cita de un pasaje que no me resisto a reproducir:</p>
<blockquote><p>Sarah bajó los ojos hacia su copa, estaba vacía; dio un golpecito ociosamente con la uña en el cristal y extrajo de él una nota fina y clara de una belleza dolorosa, sobre la que los melosos suspiros de los violines del estrado no tenían dominio alguno (p. 407).</p></blockquote>
<p>Ahora bien, que no se engañen los lectores de esta reseña, pues hay pocas novelas por las que merezca la pena pagar el elevado peaje de la tristeza y la melancolía como en el caso de <em>Disturbios</em>, un relato muy ameno y entretenido, a menudo divertido y hasta chispeante, con toques de alta comedia, en el que el humor brota a cada paso con una naturalidad y un encanto incomparables. A veces lo humorístico arranca de una simple palabra, de una asociación insólita o una comparación llamativa; por ejemplo, véase cómo el narrador hace referencia a la menguante clientela femenina del hotel Majestic: «poco a poco, con el paso de los años y el descenso de la presión sanguínea, una a una se fueron muriendo» (p. 17); o la forma de presentar los trabajosos movimientos del doctor Ryan: «el comandante le vio subir las escaleras, pegándose a la barandilla como se pega un caracol a la corteza de un árbol» (p. 98); o el modo en que rebaja la tensión erótica de un inesperado intercambio de besos con Sarah: «Cuando se detuvieron para tomar aliento, cruzaron la mente del comandante, como antílopes asustados, pensamientos eufóricos» (p. 299). En otras ocasiones, el humor brota de la insólita perspectiva que adopta el relato ante una situación convencional, como ocurre cuando da cuenta del encuentro amoroso entre Angela Spencer y el comandante Archer durante el permiso de éste en Brighton («Se habían besado detrás de una pantalla de follaje y, buscando dónde apoyarse, había posado la mano con fuerza sobre un cactus, lo que había convertido en falsas muchas de sus palabras de despedida», pp. 17-18), o de la aplicación a asuntos sentimentales de un enfoque deliberadamente prosaico, relacionado con la condición de militar retirado de su protagonista, a quien el narrador retrata como «un viajero por un país sin cartografiar» (p. 300), un hombre que vaga «sin mapas ni brújula, por los campos de minas del amor» (p. 301).</p>
<p><figure id="attachment_3615" aria-describedby="caption-attachment-3615" style="width: 800px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-3615 size-full" title="Portada de la novela Disturbios, de J.G. Farrell" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/09/disturbios.jpg" alt="Portada de la novela Disturbios, de J.G. Farrell" width="800" height="1270" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/09/disturbios.jpg 800w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/09/disturbios-315x500.jpg 315w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/09/disturbios-768x1219.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/09/disturbios-504x800.jpg 504w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /><figcaption id="caption-attachment-3615" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>Disturbios</em>, de J.G. Farrell</figcaption></figure></p>
<p>A menudo los episodios humorísticos destilan un sabor melancólico o incluso amargo, que proporciona a la novela una tonalidad muy singular, la de una «desesperación vaga y desvalida», como la caracteriza Banville en el prólogo (p. 11). Se podrían multiplicar los ejemplos, pero basten dos, ambos tomados de la larga secuencia del baile de primavera. El primero es la irrupción de una hembra de pavo real, en busca de «la majestuosidad verde azulada de larga cola que había sido su pareja» en el salón donde se está preparando el desayuno; la nerviosa gallinácea es el «el único cliente» de los camareros contratados para servir a unos clientes que hace ya horas que han abandonado el hotel (p. 455). El segundo es la escena en que el comandante Archer despierta en su cama, tras la agotadora velada, rodeado por las dos gemelas, a las que despide con sonoros azotes «en sus gordos traseros», ante la estupefacción de una de las criadas, que inevitablemente imagina lujuriosas escenas que en modo alguno han ocurrido (p. 456). Pero hay también episodios enteros tronchantes, de comicidad más abierta y hasta explosiva, como el ya mencionado de la persecución de los intrusos fenianos, la escena en que un enorme gato de color naranja y ojos «de un verde agrio», aposentado en el regazo de la señora Rappaport, se lanza con furia felina sobre el tocado con forma de faisán de la señorita Staveley, una de las clientas habituales del Majestic (pp 284-287), o la descripción de los horrores imaginarios a los que se enfrenta el envejecido, casi ciego y maloliente perro <em>Rover</em>, acosado por las hordas gatunas y aterrorizado por las sombras que a cada paso encuentra en su deambular por el hotel (pp. 340-341).</p>
<p>Como ha podido verse por algunas de las citas que he transcrito hasta el momento, el particular humor de <em>Disturbios</em>, ya desde el propio título de la novela, mantiene un vínculo muy estrecho con el recurso retórico tan típicamente inglés del <em><a title="Understatement - Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Understatement">understatement</a></em>, que a su vez se relaciona con diversos aspectos de la actitud que adopta J.G. Farrell a la hora de enfrentarse a su universo narrativo. Me refiero a su preferencia por el tono menor, la atenuación, la reticencia y el pudor, al uso frecuente de la insinuación y la sugerencia a la hora de caracterizar a los personajes y recoger sus palabras y gestos, a una forma de contar a menudo elíptica o indirecta, que hace uso de detalles fragmentarios que se van completando y precisando con el decurso de la trama (véanse, por ejemplo, la delicadeza con que se tratan episodios como la enfermedad de Ángela, el tristísimo encuentro entre el comandante Archer y Sarah, al final del baile de primavera, o algunas de las escenas, entre eróticas y humorísticas, que comparte el protagonista con las gemelas Faith y Charity). Todo esto da como resultado un relato que incluso en los momentos más amargos discurre sin estridencias, con un equilibrio, mesura, armonía y elegancia que enseguida se convierten en reconocibles y gustosas señas de identidad de la novela.</p>
<p>Desde el punto de vista de la construcción narrativa, también <em>Disturbios</em> es una obra admirable, con un narrador omnisciente que al principio no parece tener relación con ninguno de los personajes, si bien algunos detalles hacen pensar que se trata de una voz irlandesa, cercana a la comarca y a la historia del hotel Majestic. No obstante, esa condición cambia en cuanto aparece en escena el comandante Archer, momento a partir del cual la mayor parte del relato adopta una perspectiva muy cercana a la de este personaje. Por otra parte, la muy convincente sensación de compacidad y unidad constructiva que se experimenta en la lectura tiene mucho que ver con la presencia abrumadora del escenario principal (no es de extrañar que algunas traducciones, como la francesa, hayan preferido titular la novela <em><a title="Hôtel Majestic - Amazon (en francés)" href="http://www.amazon.fr/H%C3%B4tel-Majestic-James-Gordon-Farrell/dp/2213027277">Hôtel Majestic</a></em>), las tupidas relaciones entre la gran cantidad de personajes que pueblan sus páginas, y la estructura narrativa circular, cuyo espléndido arranque prefigura o anticipa un desenlace antológico, de extraordinaria potencia narrativa e imaginación visual, que a su vez se cierra con un párrafo final memorable. Solo por alcanzar la cumbre emotiva que se genera en ese párrafo –naturalmente solo se puede llegar a ella tras la lectura de las páginas anteriores– merece la pena leer esta espléndida, inolvidable novela.</p>
<p>Tras leer <em>Disturbios</em> (no he dicho hasta el momento que cuenta con una excelente traducción al español, a cargo de J.M. Álvarez Flórez), me ha faltado tiempo para ponerme a la tarea de completar mi conocimiento de la obra de J.G. Farrell. Cabe preguntarse cuál hubiera la fortuna literaria del escritor británico de haber vivido más tiempo<sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2011/09/20/una-deliciosa-tragicomedia-irlandesa-disturbios-de-j-g-farrell/#footnote_4_1883" id="identifier_4_1883" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Curiosamente, el tr&aacute;gico destino del escritor puede verse prefigurado en un par de episodios de la novela: el primero es la narraci&oacute;n de una tempestad oto&ntilde;al cuyas aguas embravecidas parecen, por un efecto de perspectiva, a punto de arrastrar al mar al orador de un mitin pol&iacute;tico-religioso (p. 328); el segundo es la tormenta de primavera que se lleva volando las tejas del hotel Majestic, cuyo relato ocupa varias p&aacute;gina a partir de la 467.">4</a></sup> (<a title="Salman Rushdie - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Salman_Rushdie">Salman Rushdie</a> declaró en cierta ocasión que «si no hubiera muerto tan joven no hay duda de que sería hoy día uno de los mayores escritores del mundo»), pero, más allá de ociosas especulaciones, los lectores siempre podremos reconocer su valía con el homenaje que queda a nuestro alcance, es decir, la lectura de sus libros. Por lo que a mí concierne, de momento ya he conseguido la edición de Anagrama de <em>El sitio de Krishnapur</em>, que espera ansiosamente su turno al lado de mi sillón de lectura favorito<sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2011/09/20/una-deliciosa-tragicomedia-irlandesa-disturbios-de-j-g-farrell/#footnote_5_1883" id="identifier_5_1883" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Algunos detalles de la historia personal de la se&ntilde;ora Rappaport en la India, como por ejemplo la alusi&oacute;n a la rebeli&oacute;n de los cipayos, cuando a las mujeres de las guarniciones inglesas asediadas se les ense&ntilde;&oacute; a disparar rev&oacute;lveres y a guardar la &uacute;ltima bala para s&iacute; (p. 400), seguramente prefiguran motivos de la trama de la segunda parte de la &laquo;trilog&iacute;a del Imperio&raquo;.">5</a></sup>. Mientras aguardo el momento de leer la segunda parte de la «trilogía del Imperio», cuento los días que faltan para que la editorial Acantilado publique <em>El sitio de Singapur</em>, que combina dos de mis pasiones: la recién adquirida sobre la obra de J.G. Farrell, y la Segunda Guerra Mundial, tema este último al que ya he dedicado <a title="Entradas de La Bitácora del Tigre correspondientes a la etiqueta 'Segunda Guerra Mundial'" href="https://www.labitacoradeltigre.com/etiqueta/segunda-guerra-mundial/">unos cuantos artículos de <em>La Bitácora del Tigre</em></a><sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2011/09/20/una-deliciosa-tragicomedia-irlandesa-disturbios-de-j-g-farrell/#footnote_6_1883" id="identifier_6_1883" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="La acogida cr&iacute;tica de la traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol de la novela de J.G. Farrell ha sido, en l&iacute;neas generales, muy positiva. Los interesados en contrastar mis opiniones sobre Disturbios pueden consultar las rese&ntilde;as de Jos&eacute; Luis de Juan, Javier Fern&aacute;ndez de Castro, Rodrigo Fres&aacute;n, Rafael Mart&iacute;n y Patricio Pron.">6</a></sup>.</p>
<p class="notasbib">J.G. Farrell, <em>Disturbios</em>, Barcelona, Editorial Acantilado (Col. «Narrativa», 189), 2011, 537 páginas. Traducción de J.M. Álvarez Flórez.</p>
<ol class="footnotes"><li id="footnote_1_1883" class="footnote">En 2008 la editorial <a title="Editorial Anagrama" href="http://www.anagrama-ed.es/">Anagrama</a> publicó <em>El sitio de Krishnapur</em>, traducción española del segundo volumen de la trilogía. Por su parte, la editorial <a href="http://www.acantilado.es/">Acantilado</a> ha anunciado para el año 2012 la traducción al español de la tercera novela, con el título <em>La defensa de Singapur</em>.</li><li id="footnote_2_1883" class="footnote">El asunto de la localización del hotel Majestic no está del todo claro, seguramente porque Farrell así lo quiso. Recientemente se ha sugerido que el escenario puede ser el <a title="County Waterford - Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/County_Waterford">condado de Waterford</a>. Véase, a este respecto, <a title="Location of Majestic Hotel in JG Farrell's Troubles found" href="http://corkuniversitypress.typepad.com/cork_university_press/2010/05/location-of-majestic-hotel-in-jg-farrells-troubles-found.html">Location of Majestic Hotel in JG Farrell&#8217;s Troubles found</a>.</li><li id="footnote_3_1883" class="footnote">A pesar de lo que acabo de decir, conviene tener en cuenta que las clientas habituales del Majestic no son unos personajes tan patéticos y absurdos como pueda parecer a primera vista. Un resto de los anticuados valores imperiales que encarna un personaje como el la señora Rappaport persiste en estas mujeres, cuyo coraje y determinación sobreviven hasta el final de la novela, con una intervención decisiva que salva, <em>in extremis</em>, la vida del comandante Archer.</li><li id="footnote_4_1883" class="footnote">Curiosamente, el trágico destino del escritor puede verse prefigurado en un par de episodios de la novela: el primero es la narración de una tempestad otoñal cuyas aguas embravecidas parecen, por un efecto de perspectiva, a punto de arrastrar al mar al orador de un mitin político-religioso (p. 328); el segundo es la tormenta de primavera que se lleva volando las tejas del hotel Majestic, cuyo relato ocupa varias página a partir de la 467.</li><li id="footnote_5_1883" class="footnote">Algunos detalles de la historia personal de la señora Rappaport en la India, como por ejemplo la alusión a la <a title="Rebelión de la India de 1857 - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Rebeli%C3%B3n_de_la_India_de_1857">rebelión de los cipayos</a>, cuando a las mujeres de las guarniciones inglesas asediadas se les enseñó a disparar revólveres y a guardar la última bala para sí (p. 400), seguramente prefiguran motivos de la trama de la segunda parte de la «trilogía del Imperio».</li><li id="footnote_6_1883" class="footnote">La acogida crítica de la traducción al español de la novela de J.G. Farrell ha sido, en líneas generales, muy positiva. Los interesados en contrastar mis opiniones sobre <em>Disturbios</em> pueden consultar las reseñas de <a title="Disturbios" href="http://www.elpais.com/articulo/portada/Disturbios/elpepuculbab/20110611elpbabpor_33/Tes">José Luis de Juan</a>, <a title="Disturbios" href="http://www.elboomeran.com/blog-post/189/10720/javier-fernandez-de-castro/disturbios/">Javier Fernández de Castro</a>, <a title="Todos disparan" href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/cultural/2011/07/23/013.html">Rodrigo Fresán</a>, <a title="Disturbios – J.G. Farrell" href="http://www.elplacerdelalectura.com/2011/07/disturbios-jg-farrell.html">Rafael Martín</a> y <a title="La inmensa y narcótica inercia del país" href="http://www.elboomeran.com/blog-post/539/11090/patricio-pron/la-inmensa-y-narcotica-inercia-del-pais/">Patricio Pron</a>.</li></ol><p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2011/09/20/una-deliciosa-tragicomedia-irlandesa-disturbios-de-j-g-farrell/">Una deliciosa tragicomedia irlandesa: Disturbios, de J.G. Farrell</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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		<title>Algunos libros y librerías (más o menos) argentinos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Aug 2011 09:48:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Bruce Chatwin]]></category>
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		<category><![CDATA[Eduardo Sacheri]]></category>
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		<category><![CDATA[Los mejores cuentos de fútbol de Eduardo Sacheri]]></category>
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		<category><![CDATA[Patagonia. Crónica de un viaje]]></category>
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		<category><![CDATA[Si los muertos no resucitan]]></category>
		<category><![CDATA[Una investigación filosófica]]></category>
		<category><![CDATA[Una llama misteriosa]]></category>
		<category><![CDATA[William Kenning]]></category>
		<category><![CDATA[Yo también tuve una novia bisexual]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Algunos libros y librerías (más o menos) argentinos. Reseña-crónica sobre lecturas relacionadas con el viaje a Argentina.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2011/08/25/algunos-libros-y-librerias-mas-o-menos-argentinos/">Algunos libros y librerías (más o menos) argentinos</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Cada vez que visito algún país que no conozco, me gusta leer libros relacionados con su literatura, su geografía y su historia, una costumbre de la que ya he dado cuenta alguna vez en este blog, en entradas como <a title="Lecturas ocasionales de vacaciones" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/07/31/lecturas-ocasionales-de-vacaciones/">Lecturas ocasionales de vacaciones</a> o <a title="Márkaris y Vargas: dos estilos policíacuteacos" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2009/05/12/markaris-y-vargas-dos-estilos-policiacos/">Márkaris y Vargas: dos estilos policíacos</a>. Para <a title="Entradas de La Bitácora del Tigre correspondientes a la etiqueta 'Argentina'" href="https://www.labitacoradeltigre.com/etiqueta/argentina/">nuestro reciente viaje a la Argentina</a>, seleccioné una lectura fácil y ligera que debía haberme ocupado las largas horas de insomnio en el vuelo nocturno Madrid-Buenos Aires. Claro está que el hombre propone y Dios (y las compañías aéreas) disponen, porque la salida de nuestro avión se demoró casi un día entero. Retenido en un enorme hotel situado en medio de la nada, aunque próximo al aeropuerto de Barajas, con las maletas y facturadas, y sin otra cosa que hacer que girar los pulgares, me dio tiempo a leer las tres cuartas partes del libro, que luego pude completar en un vuelo plácido y tranquilo en el que, a pesar de mis negras previsiones, dormí a pierna suelta.</p>
<p>Mi elección para esa primera lectura vacacional recayó en <em>Una llama misteriosa</em>, el quinto volumen de la serie protagonizada por el detective <a title="Bernhard &quot;Bernie&quot; Gunther - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Bernhard_%22Bernie%22_Gunther">Bernie Gunther</a>, del autor británico <a title="Philip Kerr - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Philip_Kerr">Philip Kerr</a>. Lo seleccioné no solo porque ya había leído <a title="De novelas policíaacas y detectivescas, 1" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/11/30/de-novelas-policiacas-y-detectivescas-1/">los cuatro libros anteriores de la serie <em>Berlin Noir</em></a>, sino también porque una parte sustancial de la historia se desarrolla en la Argentina de comienzos de los años 50, con el <a title="Juan Domingo Perón - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Domingo_Per%C3%B3n">general Perón</a> en el poder. En su primera mitad, la novela presenta dos escenarios alternativos: el Berlín de los años 30, unos meses antes de las elecciones que darían el poder a Hitler, y la Argentina peronista, a la que llega Gunther tras verse obligado a huir de Alemania por sus equívocas relaciones con los nazis. El vínculo entre ambos escenarios son unos asesinatos de chicas jóvenes cuyo <em>modus operandi</em> trae a la memoria del detective varios crímenes análogos ocurridos veinte años atrás en las calles de Berlín. Con la evolución de la historia, la capital alemana desaparece de escena, y el protagonista se verá envuelto, ya en territorio argentino, en una serie de investigaciones que le llevan a revivir lo peor de los crímenes de la época hitleriana.</p>
<p><span id="more-1868"></span></p>
<p>Me apresuro a señalar que el libro no decepcionará a ninguno de los aficionados a la serie <em>Berlin Noir,</em> pues <em>Una llama misteriosa</em> es una novela muy amena, entretenidísima y por momentos absorbente (la excursión de Gunther y su acompañante femenina por los terribles escenarios de la represión antisemita es uno de los mejores episodios no ya del libro, sino de toda la serie), en la que los lectores de encuentran con un protagonista que, aunque enfermo y avejentado, se halla en plenitud de los rasgos que lo han convertido en un personaje apasionante: el sarcasmo y el humor negro (que es una marca de fábrica capaz de generar adhesiones, pero también rechazos; por ejemplo, a Pilar no le acaba de gustar, y a mí también me fatiga en ocasiones), la facilidad para moverse entre los vericuetos de las maquinarias estatales, el éxito arrollador con las mujeres, una extraordinaria capacidad para la supervivencia, incluso en las circunstancias más desesperadas, y una habilidad fascinante para convivir con el lado más sórdido de la realidad sin contaminarse con su fetidez.</p>
<p>No obstante, hay algo que, al menos desde mi punto de vista chirría en la novela: aun reconociendo a su autor el derecho a rellenar con fabulaciones los huecos de la historia documentada y a utilizar ampliamente todas las licencias propias del ámbito de la ficción, no me parece creíble la facilidad con que Gunther accede a los más privados círculos del poder de un país que no es el suyo. Nada hay que objetar (más bien se trata de otra de las marcas de la casa Kerr) al hecho de que en la trama comparezcan agentes secretos, matones de variado pelaje, “chupaderos” y vuelos sobre el Río de la Plata en una especie de recreación <em>avant la lettre</em> de la siniestra variante argentina de las desapariciones. Tampoco puede sorprender, a tenor de los antecedentes de las novelas anteriores de la serie y de la realidad histórica, que entre las páginas de la novela se cuelen varios celebérrimos nazis refugiados en Argentina, como <a title="Adolf Eichmann - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Adolf_Eichmann">Eichmann</a> y algún otro cuya identidad conviene no desvelar para no destripar las sorpresas del argumento. Ahora bien, que Bernie Gunther comparta confidencias con Juan Domingo Perón y <a title="Eva Perón - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Eva_Per%C3%B3n">Eva Duarte</a> (con quien mantiene una escena de un equívoco erotismo) tal vez sea demasiado pedir de la credulidad del lector.</p>
<p>Poco antes de salir para Buenos Aires, terminé otro libro de Kerr que nada tiene que ver con la Argentina, pero mucho con <em>Berlin Noir</em> y el detective Bernie Gunther. Me refiero a <em>Una investigación filosófica</em>, novela que reiteradamente me habían recomendado <a title="Comentario de Antonio Solano en De novelas policíacas y detectivescas, 1" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/11/30/de-novelas-policiacas-y-detectivescas-1/comment-page-1/#comment-19715">algunos fieles comentaristas de este blog</a> y diversas intervenciones de mis <a title="Seguidores de elarequi en Twitter" href="http://twitter.com/#!/elarequi/followers">seguidores en Twitter</a>. Con su llamativa mezcla de elementos policiales, filosóficos y de ciencia ficción (como señala <a title="El asesino hobbesiano" href="http://www.bibliopolis.org/extramur/extr0002.htm">Julián Díez en su reseña de la novela</a>, lo más interesante del libro es justamente el enfoque distópico mediante el que se presenta una sociedad del cercano futuro caracterizada por la imposición tecnológica sobre las libertadas, la abrupta fractura entre las clases sociales y un sistema penal en el que la prisión para los delitos más graves ha sido sustituida por un estricto procedimiento de “coma punitivo”), es probable que tanto por su trasfondo ideológico como por sus planteamientos narrativos <em>Una investigación filosófica</em> sea una novela de más ambición literaria, y de mayor alcance, que las de la serie de <em>Berlin Noir</em>. Sin embargo, y reconociendo lo fascinante del caso policial que relata (la investigación de los crímenes de un asesino en serie, conocido por el nombre en código de “Ludwig Wittgenstein”, que va eliminando a otros potenciales criminales en serie), a mi modo de ver no provoca una respuesta lectora tan adhesiva y persistente como las novelas protagonizadas por Gunther.</p>
<p>Quizás esta impresión esté contaminada por el orden en que he leído los libros, y por ello aconsejo a quienes se acerquen por primera vez a la obra de Kerr que comiencen por esta novela (conviene tener a mano algún manual de filosofía, o al menos una conexión a Internet para leer sobre ese filósofo de vida y obra originalísima que fue <a title="Ludwig Wittgenstein - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ludwig_Wittgenstein">Ludwig Wittgenstein</a>) y luego sigan, en el orden debido, por las siete entregas de <em>Berlin Noir</em> que hasta la fecha han sido publicadas en castellano (por cierto, acabo de enterarme, al repasar la <a title="Philip Kerr - Wikipedia (inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Philip_Kerr">página en inglés de la Wikipedia dedicada al autor británico</a>, que para el otoño de este año está prevista la publicación de la octava). Seguro que encontrarán más de un punto de contacto entre la inteligentísima, atlética y <a title="Misandria - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Misandria">misándrica</a> protagonista, la inspectora jefe Jakowicz, y el más famoso de los detectives salidos de la pluma de Philip Kerr.</p>
<p>Una nota curiosa sobre la dimensión distópica de la novela: a pesar de que fue publicada en 1992, y de que la informática (sobre todo las bases de datos policiales) desempeña un papel clave en el argumento, Kerr apenas atisba en su escenario tecnológico del futuro (Londres, en el año 2013) nada que pueda considerarse remotamente próximo al desarrollo que han logrado las tecnologías de la información y la comunicación, especialmente en todo lo que tiene que ver con el fenómeno de Internet (frente a aquéllas, las redes de comunicaciones que presenta Kerr son de una ingenuidad y modestia encantadoras). Como han señalado varios especialistas en la ciencia ficción, parece como si la ceguera selectiva hacia esa realidad de la intercomunicación universal, apenas entrevista por los más célebres proyectistas del futuro, se hubiera convertido en un rasgo característico del género.</p>
<p>Ya en tierras argentinas, y concretamente en la localidad <a title="El Tigre patagónico" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2011/07/31/el-tigre-patagonico/">patagónica</a> de <a title="El Calafate - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_Calafate">El Calafate</a>, decidimos que había llegado la ocasión de nutrir nuestras repletas maletas (recorrer Argentina durante el invierno austral cuando se viaja desde el verano de España es una pesadilla logística) con el alimento espiritual que proporcionan las frecuentes y muy bien nutridas librerías del país. En la entrañable “Boutique del Libro” (véase la fotografía que aparece bajo estas líneas), Pilar compró una novelita de <a title="Silvina Ocampo - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Silvina_Ocampo">Silvina Ocampo</a> y <a title="Adolfo Bioy Casares - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Adolfo_Bioy_Casares">Adolfo Bioy Casares</a>, <em>Los que aman, odian</em> (por supuesto, en la edición argentina de <a title="Emecé Editores" href="http://www.planetadelibros.com/editorial-emece-editores-12.html">Emecé Editores</a>) y yo un par de libros. El primero, destinado a cumplir con los deberes que se le exigen al turista, es uno de esos lujosos volúmenes con escaso texto y muchas imágenes de gran formato, destinados a suscitar la admiración (y también la envidia, si de de ser sincero) del fotógrafo aficionado: una edición bilingüe español-inglés de <em>Patagonia desde el cielo</em>, del fotógrafo boliviano Willy Kenning. El segundo es uno de los libros de viajes más importantes de las últimas décadas, <em>Patagonia</em>, del escritor inglés <a title="Bruce Chatwin - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Bruce_Chatwin">Bruce Chatwin</a>, título que desde hace bastante tiempo –al menos desde que leí tres o cuatro libros de <a title="Paul Theroux - Wikipedia (inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Paul_Theroux">Paul Theroux</a>, otro gran viajero y amigo de Chatwin– tenía anotado en mi programa de lecturas.</p>
<p><figure id="attachment_4933" aria-describedby="caption-attachment-4933" style="width: 1024px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/08/libreria-el-calafate.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-4933 size-full" title="La pasión argentina por los libros y las librerías, en El Calafate" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/08/libreria-el-calafate.jpg" alt="La pasión argentina por los libros y las librerías, en El Calafate" width="1024" height="683" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/08/libreria-el-calafate.jpg 1024w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/08/libreria-el-calafate-500x333.jpg 500w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/08/libreria-el-calafate-768x512.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/08/libreria-el-calafate-800x534.jpg 800w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a><figcaption id="caption-attachment-4933" class="wp-caption-text">La pasión argentina por los libros y las librerías, en El Calafate</figcaption></figure></p>
<p><em>Patagonia</em> (ese es el título de la edición del <a title="Norma Grupo Editorial" href="http://www.normagrupoeditorial.es/">Grupo Editorial Norma</a> que yo compré, aunque también lo he visto traducido como <em>En la Patagonia</em>; debe de ser una edición hace tiempo descatalogada, porque me ha sido imposible encontrar una imagen de portada para ilustrar esta minireseña) es un libro fascinante, una mezcla sumamente personal y atractiva de autobiografía, libro de viajes, historia natural, cultural y política, etnografía, antropología, lingüística, paleontología y otros diversos ingredientes, todos ellos combinados por la mano maestra de un escritor que tiene un talento muy singular para narrar historias e hilvanarlas una tras otra, como los viejos contadores de cuentos que entretenían a sus tribus al amor de la lumbre. Dicen los que saben (véase, por ejemplo, <a title="Bruce Chatwin en tierras de Patoruzú" href="http://blogcronico.wordpress.com/2010/09/19/bruce-chatwin-en-las-tierras-de-patoruzu/">Bruce Chatwin en tierras de Patoruzú</a>) que la fidelidad del autor a la realidad de la inmensa región sudamericana es más que cuestionable, y que Chatwin inventó, o cuando menos recreó de forma libérrima episodios enteros de su libro. En todo caso, yo puedo certificar que lo leí (en su mayor parte, durante el vuelo de regreso desde El Calafate a Buenos Aires), con un deleite y embeleso muy poco habituales. El hecho de que la traducción, a cargo de Lucrecia Moreno de Sáenz, sea rigurosamente fiel a la variedad argentina del español, pudo ser un obstáculo al principio, pero también dio a la lectura el sabor exacto que yo andaba buscando para mis lecturas argentinas.</p>
<p>La etapa de las cataratas de Iguazú fue, con gran diferencia, la menos literaria de nuestro viaje argentino. Quería haber comprado algún buen libro sobre el parque, y de hecho vi varios muy atractivos en las tiendas de recuerdos, tanto en el lado brasileño como en el argentino. Lamentablemente, dejé pasar ambas oportunidades (una falta imperdonable contra el decálogo del perfecto turista), en la confianza de que podría encontrar algo parecido antes de la cena que habíamos planeado en <a title="Puerto Iguazú - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Puerto_Iguaz%C3%BA">Puerto Iguazú</a>, y no conté con las circunstancias adversas: era domingo y de noche, llovía a cántaros, y las tiendas de la pequeña localidad tenían puestos sus objetivos en otro tipo de clientes, poco proclives a los libros y en cambio dispuestos a gastarse los cuartos en prendas de cuero, bibelots diversos y toda clase de tucanes tallados en una infinidad de materiales. Después de una larga búsqueda y muchas decepciones, tuve que conformarme con un escuálido manual, de apenas sesenta páginas, pobremente redactado, peor maquetado y con fotografías de escasa calidad, que no voy a mencionar aquí para no granjearme enemigos irreconciliables. No obstante, me sirvió para la identificación de varios animales y plantas, cuyos nombres científicos figuran en los pies de fotos de la entrada que en este blog dediqué a <a title="Iguazú" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2011/08/11/iguazu/">nuestra visita a las cataratas</a>.</p>
<p>Otra cosa muy distinta fue Buenos Aires, auténtico paraíso para los amantes de los libros, con media docena de grandes superficies en la <a title="Calle Florida - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Calle_Florida">calle Florida</a> e infinidad de pequeños establecimientos y tiendas de saldos en las vías adyacentes. Además, tuvimos la suerte de que nuestro hotel estuviera muy próximo a la <a title="Librería de Ávila - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Librer%C3%ADa_de_%C3%81vila">Librería de Ávila</a>, la más antigua de la ciudad. Lástima que nuestro programa bonaerense fuera tan apretado, porque en mejores condiciones hubiéramos pasado varias tardes sentados en los sillones de <a title="El Ateneo Grand Splendid - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_Ateneo_Grand_Splendid">El Ateneo Grand Splendid</a> de la <a title="Avenida Santa Fe - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Avenida_Santa_Fe">Avenida Santa Fe</a> (más abajo puede verse una foto tomada con el móvil en la que está considerada la segunda librería más hermosa del mundo, levantada sobre la platea, los palcos y el escenario de un antiguo teatro), recorriendo con infinito cuidado los estantes de la Librería de Ávila, con sus añejos olores, o curioseando en los mostradores de novedades de alguno de los muchos locales de las cadenas <a title="Editorial El Ateneo - Tematika Sucursales" href="http://www.editorialelateneo.com.ar/sucursales/">El Ateneo</a>, <a title="Cúspide Libros" href="http://www.cuspide.com/">Cúspide</a> o <a title="Prometeo Libros" href="http://www.prometeolibros.com/">Prometeo</a>.</p>
<p><figure id="attachment_3617" aria-describedby="caption-attachment-3617" style="width: 1024px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/08/ateneo_gran_splendid_01.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-3617 size-full" title="Librería Ateneo Grand Splendid en Buenos Aires" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/08/ateneo_gran_splendid_01.jpg" alt="Librería Ateneo Grand Splendid en Buenos Aires" width="1024" height="613" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/08/ateneo_gran_splendid_01.jpg 1024w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/08/ateneo_gran_splendid_01-500x299.jpg 500w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/08/ateneo_gran_splendid_01-768x460.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/08/ateneo_gran_splendid_01-800x479.jpg 800w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a><figcaption id="caption-attachment-3617" class="wp-caption-text">Librería Ateneo Grand Splendid en Buenos Aires</figcaption></figure></p>
<p>En cualquiera de esas librerías me habría gastado el sueldo del mes en libros argentinos si nos hubieran cabido en las maletas. Con gran pesar, dejé de lado las obras completas de Borges o de Cortázar, o los infinitos títulos sobre la turbulenta historia argentina de los siglos XIX y XX, y me tuve que conformar con un objetivo más modesto que llevaba algún tiempo persiguiendo. A él me referiré más tarde, pero antes quiero hacer mención de la deliciosa mañana que pasamos en el barrio de <a title="Palermo (Buenos Aires) - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Palermo_(Buenos_Aires)">Palermo</a>, adonde llegamos desde la Avenida Santa Fe, recorriendo morosamente la <a title="Calle Jorge Luis Borges, Palermo, Buenos Aires - Google Maps" href="http://maps.google.es/maps?q=calle+jorge+luis+borges+palermo+buenos+aires+google+maps&amp;hl=es&amp;ll=-34.587123,-58.427267&amp;spn=0.007048,0.009645&amp;sll=-34.582848,-58.421034&amp;sspn=0.003524,0.004823&amp;vpsrc=6&amp;gl=es&amp;t=h&amp;z=17">calle Jorge Luis Borges</a> (antes llamada Serrano; el tramo entre la citada avenida y el número 1600 fue renombrado por el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires en homenaje al escritor, que <a title="Un siglo de Jorge Luis Borges - Lugares donde vivió" href="http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/borges/usb/lugares.htm">vivió gran parte de su infancia en dos casas de la calle Serrano</a>). Por aquellas manzanas de casas bajas pintadas en colores pastel anduvimos un buen rato, y acabamos haciendo una estación en la librería Prometeo que se levanta en el chaflán entre las calles Honduras y Gurruchaga, muy cerca de la cuadra en la que Borges situaba el escenario de <a title="Borges - Fundación mítica de Buenos Aires - YouTube" href="http://www.youtube.com/watch?v=gjtwcD8J5xU">la fundación mítica de Buenos Aires</a> (“La manzana pareja que persiste en mi barrio: / Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga”).</p>
<p><figure id="attachment_4934" aria-describedby="caption-attachment-4934" style="width: 1024px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/08/libreria-buenos-aires.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-4934 size-full" title="La librería Prometeo, en el barrio bonaerense de Palermo" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/08/libreria-buenos-aires.jpg" alt="La librería Prometeo, en el barrio bonaerense de Palermo" width="1024" height="683" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/08/libreria-buenos-aires.jpg 1024w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/08/libreria-buenos-aires-500x333.jpg 500w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/08/libreria-buenos-aires-768x512.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/08/libreria-buenos-aires-800x534.jpg 800w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a><figcaption id="caption-attachment-4934" class="wp-caption-text">La librería Prometeo, en el barrio bonaerense de Palermo</figcaption></figure></p>
<p>Sin saber muy bien qué comprar debido a las restricciones del equipaje y a las dudas interminables producidas por el exceso de oferta (algo parecido debió sentir el famoso <a title="Asno de Buridán - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Asno_de_Buridán">asno de Buridán</a>), terminé por adquirir <em><a title="Si los muertos no resucitan - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Si_los_muertos_no_resucitan">Si los muertos no resucitan</a></em>, de Philip Kerr, sexta entrega de la serie <em>Berlin Noir</em>, y una reciente novela del escritor argentino <a title="Guillermo Martínez - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Guillermo_Mart%C3%ADnez_(escritor)">Guillermo Martínez</a>, <em>Yo también tuve una novia bisexual</em>. Todavía no he leído la primera, aunque por las noticias que me ha dado Pilar –que, como ya he señalado, no es precisamente una seguidora incondicional del escritor británico– no cabe esperar sorpresas, pues sus planteamientos narrativos son semejantes a los de <em>Una llama misteriosa</em>, aunque en esta ocasión haya que trocar la Argentina de Perón por la Cuba de <a title="Fulgencio Batista - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fulgencio_Batista">Fulgencio Batista</a>. En cuanto al segundo título, tengo que confesar que es mi primera incursión en la obra de Guillermo Martínez (aunque en nuestra biblioteca figura un ejemplar de <a title="Crímenes imperceptibles (Los crímenes de Oxford) - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cr%C3%ADmenes_imperceptibles"><em>Los crímenes de Oxford</em></a>), y que lo compré por motivos más bien extraliterarios: su escasa longitud, que me permitía leerla durante el vuelo de regreso a España sin obligarme a pasar la noche desvelado, y –por qué no reconocerlo– ciertos detalles del argumento que son fáciles de adivinar a partir del título y la información ofrecida por la contracubierta.</p>
<p>La nota editorial no es engañosa, antes al contrario, pues <em>Yo también tuve una novia bisexual</em> contiene varias escenas bastante subidas de tono, francamente estimulantes y sin lugar a dudas muy bien escritas. Ahora bien, más allá de los pormenores amatorios y de la facilidad de lectura de un relato ágil y fluido, que se caracteriza por un humor bastante logrado, y una aguda mirada sobre los desencuentros culturales (no deja de ser un acierto el que la universidad donde se sitúa la mayor parte de la trama esté próxima a la gigantesca base militar de <a title="Fort Benning" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Fort_Benning">Fort Benning</a>, con los conflictos y paradojas que son fáciles de inferir de tal proximidad), no encontré en el libro de Guillermo Martínez mucho más de interés. La relación “inapropiada”, pero también inevitable entre un profesor universitario y una alumna, que ha dado piezas tan memorables en los últimos años como <em>Desgracia</em>, de <a title="J.M. Coetzee - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/J._M._Coetzee">J.M. Coetzee</a>, no sobrepasa desde mi punto de vista el nivel de lo que podría esperarse de una “novela de campus”, con personajes de escasa entidad (especialmente varios secundarios, víctimas de un enfoque maniqueo) y una trama que en casi todo momento resulta demasiado previsible. Tampoco ayuda la presencia en el centro del relato de una exposición sobre principios de teoría literaria que, por mucho que cite a <a title="Tzvetan Todorov - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tzvetan_Todorov">Todorov</a>, a <a title="Paul Bénichou - Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Paul_B%C3%A9nichou">Bénichou</a> y a otras insignes autoridades de la teoría y la crítica literaria, tiene tan escasa justificación que se aproxima a la categoría de “pegote”.</p>
<p>Del barrio de Palermo nos marchamos con dos bolsas de libros (¡ay qué sudores pasamos para cerrar las maletas!), y la perturbadora sensación de que nos habíamos dejado mucho por ver. Al día siguiente, esta vez en la tienda de Cúspide Libros que ocupa los bajos de las espectaculares y elegantísimas <a title="Galerías Pacífico - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Galer%C3%ADas_Pac%C3%ADfico">Galerías Pacífico</a>, compré un libro que llevaba buscando desde nuestro primer día en la Argentina. Se trata de <em>Los mejores cuentos de fútbol de Eduardo Sacheri</em>, libro que reúne una quincena de relatos cuyo núcleo común es la pasión por el fútbol (la única excepción a esta unidad temática es el cuento final, titulado “Un hombre”, en el que está basado el terrible episodio final de la película <em><a title="El secreto de sus ojos - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_secreto_de_sus_ojos">El secreto de sus ojos</a></em>, de <a title="Juan José Campanella - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Jos%C3%A9_Campanella">Juan José Campanella</a>). Sobre el talento de Sacheri para la narración breve ya me habían dado muy elogiosas referencias los comentaristas de las reseñas (<a title="El secreto de sus ojos" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2009/10/06/el-secreto-de-sus-ojos/">película</a> y <a title="La pregunta de sus ojos vs. El secreto de sus ojos" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2009/10/27/la-pregunta-de-sus-ojos-vs-el-secreto-de-sus-ojos/">novela</a>) de <em>El secreto de sus ojos</em> publicadas en este blog, y me complace decir que ninguno de ellos exageraba o se equivocaba lo más mínimo, porque en el terreno del relato breve Sacheri se desenvuelve como pez en el agua, con una variedad admirable de tonos, registros y planteamientos narrativos.</p>
<p>Los cuentos de Sacheri se relacionan con una categoría mucho más universal que la del fútbol, pues tienen que ver con experiencias que a buen seguro comparten todos los lectores, sean o no aficionados al balompié: la amistad, los recuerdos de infancia y juventud, las relaciones familiares (con los padres, con los abuelos), el paso a la edad adulta y sus dolorosas elecciones y compromisos, las ilusiones realizadas o frustradas, el orgullo que se resiste a la derrota y al desánimo, el amor. Un par de cuentos constituyen ecos muy reelaborados de acontecimientos futbolísticos inolvidables –el “<a title="Maracanazo - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Maracanazo">Maracanazo</a>” del <a title="Copa Mundial de Fútbol de 1950 - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Copa_Mundial_de_F%C3%BAtbol_de_1950">campeonato mundial de fútbol de 1950</a>, en “Una sonrisa exactamente así”, el llamado <a title="Gol del Siglo - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gol_del_Siglo">Gol del Siglo</a>, marcado por <a title="Diego Armando Maradona - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Diego_Armando_Maradona">Diego Armando Maradona</a> en el partido entre las selecciones de Argentina e Inglaterra, durante el <a title="Copa Mundial de Fútbol de 1986 - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Copa_Mundial_de_F%C3%BAtbol_de_1986">Mundial de 1986</a>, en “Me van a tener que disculpar”–, pero la mayoría, y desde luego los mejores de la colección (“La promesa”, “Mi abuelo sabía mucho de fútbol”, “Por Achával nadie daba dos mangos”, “En paz descansa”, “El retorno de Vargas”), se caracterizan por escenarios y participantes mucho más íntimos, cercanos a la experiencia cotidiana de aficionados modestos que viven el fútbol como pasión y no como interés.</p>
<p>Es posible que algunos relatos pequen de cierto exceso melodramático y sentimental, y de una tendencia al efectismo que se resuelve en desenlaces sorprendentes o inesperados, pero a cambio ofrecen una vibración emotiva de gran hondura. Por otra parte, la lectura puede ser a veces algo difícil para quien no conozca las peculiaridades del idiolecto futbolístico típico de la Argentina –yo he tenido que consultar diccionarios en papel y online varias veces–, pero el esfuerzo merece la pena, porque Sacheri maneja los registros coloquiales y el tono conversacional con un gracejo y humor indiscutibles.</p>
<p>Tras regresar a Pamplona, la imagen de los paisajes y gentes de la Argentina, y sobre todo los de la Patagonia, persistía en mi recuerdo con gran intensidad. Por decirlo en términos coloquiales, tenía “mono” de lo argentino, y de los libros que no pudimos (o mejor, no quisimos) comprar. Con todo, conseguí refrenar esa ansiedad mediante el drástico expediente de evitar las librerías. No obstante, está claro que era una precaución inútil, porque el pasado domingo encontré sobre el mostrador de novedades de la tienda donde suelo comprar el periódico un título muy reciente de Miquel Izard, <em>Patagonia. Crónica de un viaje</em>, cuya imagen de portada fue por si sola capaz de quebrar todos mis buenos propósitos. No puedo decir mucho del libro porque solo he leído las dos o tres primeras páginas, amén de rastrear en el índice algunos datos y referencias con respecto a los cuales tengo un especial interés. Pero en cuanto encuentre un hueco en mi apretada agenda de lecturas, prometo volver sobre él.</p>
<p>
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</p>
<p class="notasbib">• Philip Kerr, <em>Una llama misteriosa</em>, Barcelona, RBA Libros (Col. “Serie Negra”, 14), 2009, 429 páginas.<br />
• Philip Kerr, <em>Una investigación filosófica</em>, Barcelona, Anagrama (Col. “Compactos Anagrama”, 231), 2007, 383 páginas.<br />
• William Kenning, <em>Patagonia desde el cielo. Patagonia from the sky</em>, Buenos Aires, Kenning Producciones, 2010.<br />
• Bruce Chatwin, <em>Patagonia</em>, Buenos Aires, Grupo Editorial Norma (Col. “La Otra Orilla”), 2004, 278 páginas.<br />
• Philip Kerr, <em>Si los muertos no resucitan</em>, Barcelona, RBA Libros (Col. “Serie Negra”, 36), 2009, 512 páginas.<br />
• Guillermo Martínez, <em>Yo también tuve una novia bisexual</em>, Buenos Aires, Editorial Planeta (Col. “Autores Españoles e Iberoamericanos”), 2011, 221 páginas.<br />
• Eduardo Sacheri, <em>Los mejores cuentos de fútbol de Eduardo Sacheri</em>, Buenos Aires, Editorial Galerna, 2009, 187 páginas.<br />
• Miquel Izard, <em>Patagonia. Crónica de un viaje</em>, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2011, 208 páginas.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2011/08/25/algunos-libros-y-librerias-mas-o-menos-argentinos/">Algunos libros y librerías (más o menos) argentinos</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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		<title>Nueva edición de El heredero, de José María Merino</title>
		<link>https://www.labitacoradeltigre.com/2011/06/23/nueva-edicion-de-el-heredero-de-jose-maria-merino/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 23 Jun 2011 11:32:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[El heredero]]></category>
		<category><![CDATA[Fernando Valls]]></category>
		<category><![CDATA[José María Merino]]></category>
		<category><![CDATA[novela española contemporánea]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de la nueva edición de <em>El heredero</em>, de José María Merino, a cargo de Fernando Valls (Editorial Castalia).</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2011/06/23/nueva-edicion-de-el-heredero-de-jose-maria-merino/">Nueva edición de El heredero, de José María Merino</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En la reseña de <a title="Reseña de El vigilante del fiordo, de Fernando Aramburu" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2011/06/22/el-vigilante-del-fiordo-de-fernando-aramburu/"><em>El vigilante del fiordo</em></a>, que publiqué ayer en este blog, señalé que “La mujer que lloraba en Alonso Martínez”, uno de sus cuentos más próximos a lo fantástico, está dedicado, entre otros, a <a title="José María Merino - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Mar%C3%ADa_Merino">José María Merino</a>. La dedicatoria es significativa, pues el cuento de <a title="Fernando Aramburu - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fernando_Aramburu">Fernando Aramburu</a>, tanto por su temática como por su localización espacial, tiene evidentes puntos de contacto con las narraciones breves de Merino, y sobre todo con las que forman parte del libro <em>Cuentos del Barrio del Refugio</em>.</p>
<p>Vuelvo a mencionar este detalle porque al leer el cuento de Aramburu me acordé de que hace ya varios meses que en la carpeta de asuntos pendientes de <em>La Bitácora del Tigre</em> aguardaba su turno un libro con el que a comienzos de la primavera me obsequió la <a title="Editorial Castalia" href="http://www.castalia.es/">editorial Castalia</a>. Se trata de una nueva edición, anotada por Fernando Valls, de la novela <em>El heredero</em>, de la que me ocupo con mucho gusto no sólo en agradecimiento a la editorial, el editor y el autor, sino también porque es una novela a la que tengo especial cariño, y sobre la cual publiqué una larga reseña en <a title="Reseña de El heredero, de José María Merino, en Lengua en Secundaria" href="http://www.lenguaensecundaria.com/resenas/heredero.shtml">Lengua en Secundaria</a> (posteriormente republicada <a title="Reseña de El heredero, de José María Merino, en La Bitácora del Tigre" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/03/06/identidad-miniaturas-y-simetrias-el-heredero-de-jose-maria-merino/">en este mismo blog</a>).</p>
<p><span id="more-1652"></span></p>
<p>Tal como acertadamente destaca Fernando Valls en su introducción, <em>El heredero</em> es una de las mejores novelas del escritor leonés (si de algo vale mi opinión, añadiré por mi parte que es una de las que más me han gustado y con las que más he disfrutado), y además constituye un compendio muy elocuente de las obsesiones temáticas de Merino, de sus personajes y paisajes característicos, y de sus técnicas y procedimientos narrativas. Por tanto, para cualquier lector que quiera acercarse por primera vez a la obra de José María Merino, la edición del profesor Valls habrá de considerarse como una referencia inexcusable, y su introducción, notas y bibliografía un excelente recurso para conocer los rasgos generales de la obra literaria de uno de nuestros primeros novelistas y cuentistas.</p>
<p>Quizás pueda pensarse que no hay demasiada necesidad de ediciones anotadas para las obras de autores contemporáneos, especialmente cuando están escritas con una prosa tan limpia, tan poco afectada y tan alejada de exhibiciones culturalistas o eruditas como la que emplea Merino, pero lo cierto es que en <em>El heredero</em> concurren varias circunstancias que justifican plenamente un proyecto editorial como el que la editorial Castalia nos ha presentado. En primer lugar, los cambios que incorpora el texto de esta edición (son mínimos, pero tienen su enjundia, como puede apreciarse en la sustitución de “cercanía” por “acercanza”, a la que hace referencia la nota 149); en segundo lugar, el hecho de que ciertas zonas de la novela transcurren en espacios poco habituales para el lector español (Puerto Rico, los Estados Unidos), lo cual implica un léxico y una serie de referencias que conviene precisar y documentar; y, finalmente, el hecho ya comentado de que el carácter emblemático de la novela hace muy recomendable el señalamiento de aquellos temas, escenarios, personajes y motivos que establecen un diálogo fructífero con otros libros anteriores del escritor.</p>
<p><figure id="attachment_3620" aria-describedby="caption-attachment-3620" style="width: 948px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-3620 size-full" title="Portada de El heredero, de José María Merino" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/06/el-heredero.jpg" alt="Portada de El heredero, de José María Merino" width="948" height="1445" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/06/el-heredero.jpg 948w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/06/el-heredero-328x500.jpg 328w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/06/el-heredero-768x1171.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/06/el-heredero-525x800.jpg 525w" sizes="auto, (max-width: 948px) 100vw, 948px" /><figcaption id="caption-attachment-3620" class="wp-caption-text">Portada de <em>El heredero</em>, de José María Merino</figcaption></figure></p>
<p>Todos estos aspectos han sido muy bien tratados en la introducción y en las anotaciones de Fernando Valls, quien complementa la perspicacia del crítico literario y la erudición del profesor universitario con un conocimiento muy cercano y preciso de la obra y la vida de Merino. De esa posición tan ventajosa se ha valido el editor para solicitar del novelista un prólogo que con el título de “Secretos de <em>El heredero</em>” sirve para ubicar muy certeramente la novela en el proceso creativo de su autor, y para incluir diversas notas (por ejemplo, la 1, que precisa la ubicación espacial de Isclacerta; la 98, relacionada con el apócrifo Sabino Ordás; la 128, donde se dan ciertas pistas sobre el trasfondo biográfico del episodio al que se refiere; la 163, sobre las novelas populares de la posguerra que leía en su adolescencia Merino; o las aclaraciones sobre el referente exacto de la casa de “True Island”, en la nota 174) que iluminan aspectos muy interesantes de la relación del libro con la trayectoria biográfica y la personalidad literaria del escritor.</p>
<p>Quiero finalizar esta breve reseña con una coda levemente vanidosa que seguramente sabrán perdonar mis lectores y lectoras. Me refiero a la alegría que sentí cuando vi citados algunos de mis trabajos sobre José María Merino en las notas y en la relación bibliográfica que forman parte de la edición de Fernando Valls. En su día yo quise hacer carrera en el ámbito universitario, pero a la vista está que no he pasado de profesor de instituto y bloguero más o menos regular. Las menciones del profesor Valls me recuerdan, con una sensación agridulce, que la vida está hecha de renuncias, pero también de pequeñas (y no tan pequeñas) satisfacciones.</p>
<p class="notasbib">José María Merino, <em>El heredero</em>, Madrid, Editorial Castalia (Col. “Clásicos Castalia”, 308), 2011, 510 páginas. Edición, introducción y notas de Fernando Valls.</p>
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		<title>El vigilante del fiordo, de Fernando Aramburu</title>
		<link>https://www.labitacoradeltigre.com/2011/06/22/el-vigilante-del-fiordo-de-fernando-aramburu/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Jun 2011 16:20:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[cuento español]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[El vigilante del fiordo]]></category>
		<category><![CDATA[Fernando Aramburu]]></category>
		<category><![CDATA[narrativa española]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña del libro de cuentos <em>El vigilante del fiordo</em>, del escritor español Fernando Aramburu.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2011/06/22/el-vigilante-del-fiordo-de-fernando-aramburu/">El vigilante del fiordo, de Fernando Aramburu</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Después de haber sufrido con <em><a title="Reseña de Los peces de la amargura, de Fernando Aramburu, en La Bitácora del Tigre" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2007/02/10/los-peces-de-la-amargura/">Los peces de la amargura</a></em> (aunque estremecedora, es una experiencia que vale la pena, porque es uno de los mejores libros de cuentos de la literatura española de los últimos treinta años), y de haberme reído a mandíbula batiente con las divertidas peripecias de Ratón y su esposa en <em><a title="Reseña de Viaje con Clara por Alemania, de Fernando Aramburu, en La Bitácora del Tigre" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/04/30/momentos-blam/">Viaje con Clara por Alemania</a></em>, no podía resistirme a leer <em>El vigilante del fiordo</em>, el nuevo volumen de relatos de <a title="Fernando Aramburu - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fernando_Aramburu">Fernando Aramburu</a>. El hecho de recorrer un terreno conocido siempre ayuda al lector, y más en este caso, pues de los ocho cuentos que componen la colección -“Chavales con gorra”, “La mujer que lloraba en Alonso Martínez”, “Mártir de la jornada”, “Carne rota”, “El vigilante del fiordo”, “Lengua cansada”, “Nardos en la cadera” y “Mi entierro”-, al menos el primero, el tercero y el cuarto se mueven en la estela de <em>Los peces de la amargura</em>, ya que muestran el dolor, la angustia y las heridas incurables que sufren las víctimas de la violencia terrorista.</p>
<p>El delirio criminal de los homicidas y la intimidación que practican sus acólitos (sean los etarras en “Chavales con gorra” y “El vigilante del fiordo”, o la de los islamistas del <a title="Atentados del 11 de marzo de 2004 - Wikipedi" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Atentados_del_11_de_marzo_de_2004">11-M</a> en “Carne rota”), no sólo se expresa en muerte y destrucción, sino también en una suerte de descomposición de la realidad, que ilustra Fernando Aramburu con historias que abordan distintas manifestaciones de un mismo fenómeno: el miedo y la obsesión que padece el matrimonio protagonista de “Chavales con gorra” durante su exilio forzado en el sur de España, la destrucción de la vida cotidiana en “Carne rota” (probablemente el mejor cuento del libro, con una espléndida elaboración literaria y episodios tan abrumadores que atenazan el corazón de los lectores), y un enajenamiento dolorido e irrecuperable que no es más que expresión de una imposible fuga de la realidad en el relato que da nombre al libro.</p>
<p><span id="more-1651"></span></p>
<p>Pero al lado de estos temas que resultarán muy reconocibles para los lectores de <em>Los peces de la amargura</em>, también asoman otros que no lo son tanto, como las incursiones en los territorios de la extrañeza y la alucinación propios de “La mujer que lloraba en Alonso Martínez” (el hecho de que esté dedicado, entre otros, a <a title="José María Merino - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Mar%C3%ADa_Merino">José María Merino</a>, no puede ser casual) y de “El vigilante del fiordo”, o el humor sarcástico, y con matices surrealistas y cuasi absurdos, de cuentos como “Mártir de la jornada”, “Nardos en la cadera” y “Mi entierro”, cuento éste dominado por la insólita perspectiva narrativa de un muerto que cuenta, entre desazonado y estupefacto, su propio entierro. En una zona intermedia entre ambos bloques de relatos se encuentra la que a mi modo de ver es la tercera perla del libro, “Lengua cansada”, cuento en el que la violencia se hace presente, aunque de forma un tanto velada e imprecisa, a través de la narración de la experiencia de las vacaciones que comparten un muchacho adolescente y su padre, un tipejo despreciable.</p>
<p>Algunos críticos (véase, por ejemplo, la opinión de <a href="http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/29272/El_vigilante_del_fiordo">Ricardo Senabre</a>) han señalado que la variedad temática y la dificultad de ubicar un cuento tan extraño como “La mujer que lloraba en Alonso Martínez” y otro tan elíptico y de historia tan desarticulada y grotesca como “Mártir de la jornada” (si he de decir la verdad, no estoy muy seguro de haber entendido del todo ninguno de los dos) hacen que el <em>El vigilante del fiordo</em> sea una obra de menor calidad literaria que <em>Los peces de la amargura</em>. Básicamente estoy de acuerdo con esta valoración, pero también creo que hay que conceder a Aramburu el derecho de explorar nuevos territorios en su narrativa breve, y de franquear abiertamente los límites temáticos y estilísticos que él mismo se marcó en ese libro fundamental.</p>
<p>En este sentido, un cuento como “El vigilante del fiordo” resulta muy significativo de la actitud del autor, porque en él se combina una temática cercana a la de <em>Los peces de la amargura</em> –el efecto de la violencia terrorista sobre un funcionario de prisiones, víctima de una demencia que parece originada por un sentido obsesivo de culpa– con un enfoque narrativo interesantísimo, que da cuenta de una realidad escindida entre la experiencia del sanatorio mental donde el protagonista está recluido, y la fabulación de una vida alternativa, con características míticas y fantásticas (el recuerdo de mis lecturas benetianas es bastante difuso, pero he creído reconocer en el cuento de Aramburu algunos ecos de “Numa, una leyenda”, de <a title="Juan Benet - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Benet">Juan Benet</a>), que transcurre en un puesto de vigilancia de un fiordo nórdico, en un tiempo tan brumoso como la mente del personaje. La escisión de la realidad no sólo afecta a los ámbitos espaciales y a los personajes de la historia, sino también a la técnica narrativa, pues el cuento está formado por el entrelazado de dos patrones muy distintos: el primero, correspondiente a los acontecimientos que tienen lugar en el sanatorio, adopta la forma de un diálogo teatral, mientras que el segundo es un relato en tercera persona. No hay duda de que estamos ante un cuento magistral por su enfoque, su desarrollo narrativo y su estilo, que además revela el talento de Fernando Aramburu a la hora de dar expresión literaria a <a title="Fernando Aramburu recoge 8 cuentos en 'El vigilante del fiordo' en &quot;uno de los mejores momentos&quot; de este género" href="http://www.europapress.es/andalucia/cultura-00621/noticia-fernando-aramburu-recoge-cuentos-vigilante-fiordo-mejores-momentos-genero-20110607174747.html">un episodio real de la trágica historia del terrorismo etarra</a>.</p>
<p><figure id="attachment_3622" aria-describedby="caption-attachment-3622" style="width: 1334px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-3622 size-full" title="El vigilante del fiordo, de Fernando Aramburu" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/06/el-vigilante-del-fiordo.jpg" alt="El vigilante del fiordo, de Fernando Aramburu" width="1334" height="2000" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/06/el-vigilante-del-fiordo.jpg 1334w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/06/el-vigilante-del-fiordo-334x500.jpg 334w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/06/el-vigilante-del-fiordo-768x1151.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2011/06/el-vigilante-del-fiordo-534x800.jpg 534w" sizes="auto, (max-width: 1334px) 100vw, 1334px" /><figcaption id="caption-attachment-3622" class="wp-caption-text">Portada del libro de cuentos <em>El vigilante del fiordo</em>, de Fernando Aramburu</figcaption></figure></p>
<p>También “Carne rota” parte de la reciente historia española, en este caso los atentados islamistas del 11-M, para ofrecer una recreación devastadora de la experiencia de las víctimas de la violencia: los que quedan heridos en cuerpo y alma, los familiares más cercanos de los muertos, los hombres y mujeres súbitamente apartados de las acogedoras rutinas cotidianas y necesitados de afectos y solidaridad. Aquí el escritor es mucho menos elusivo y más directo que en “El vigilante del fiordo”, tan directo que en varios momentos el cuento no se puede leer sin que asomen las lágrimas y un estremecimiento oprima la garganta del lector, pero quizás el aspecto que más llama la atención es la soberbia elaboración estilística, con un encadenado de situaciones y personajes que utiliza el recurso de la <a title="Concatenación en literatura - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Concatenaci%C3%B3n#En_literatura">concatenación</a> o sucesión de <a title="Anadiplosis - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Anadiplosis">anadiplosis</a> –cada secuencia acaba con unas palabras que se repiten al principio de la siguiente– para enlazar los diferentes elementos de la trama.</p>
<p>Otro cuento que destaca por su muy lograda elaboración narrativa es “Lengua cansada”, que parte de la perspectiva confusa y desnortada de un adolescente, con la languidez y abandono característicos de esta etapa de la vida, para ofrecer el testimonio de la convivencia entre el muchacho y su padre durante unas vacaciones veraniegas. Es un buen ejemplo de lo que podríamos llamar un narrador no confiable  (<em><a title="Unreliable narrator - Wikipedia" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Unreliable_narrator">unreliable narrator</a></em>) al revés, porque en principio cabría desconfiar de lo que cuenta en primera persona un chaval inmaduro y más bien ensimismado, que además no parece destacar por su inteligencia ni por sus dotes de observación. Sin embargo, Aramburu consigue que a partir de informaciones parciales, testimonios esquinados, retazos de conversaciones e impresiones fragmentarias el lector pueda reconstruir la verdadera naturaleza del otro protagonista del cuento, el padre del muchacho, un tipo chulesco, machista, con arranques violentos, putañero y sinvergüenza, un auténtico canalla que convierte ese relato de vacaciones en una experiencia desoladora, muy ilustrativa de las zozobras de la adolescencia y de sus a veces trágicos descubrimientos.</p>
<p>Al leer “Lengua cansada” y otros cuentos del volumen, como por ejemplo “Nardos en la cadera”, entrañable historia protagonizada por dos ancianos cascarrabias, maniáticos y muy lúcidos, me han venido a la memoria algunas situaciones y actitudes –por ejemplo, el respeto y el cariño hacia la mayoría de sus personajes– muy características de los cuentos de <a title="Ignacio Aldecoa - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ignacio_Aldecoa">Ignacio Aldecoa</a>. Me confieso totalmente incapaz de demostrar esta vaga impresión con un muestrario de coincidencias más precisas entre el escritor vitoriano y su colega donostiarra (no obstante, el interés de Aramburu por la narrativa breve de Aldecoa se ha hecho explícito <a title="Ficciones de Aldecoa" href="http://info.elcorreo.com/territorios/articulo/literatura/1652039/ficciones-de-ignacio-aldecoa.html">en más de una ocasión</a>), pero estoy seguro de que la figura literaria del autor de <em>El vigilante del fiordo</em> no desentona en absoluto al lado de quien muy probablemente sea el principal cuentista español de la segunda mitad del siglo XX.</p>
<p class="notasbib">Fernando Aramburu, <em>El vigilante del fiordo</em>, Barcelona, Tusquets (Col. “Andanzas”, 759), 2011, 184 páginas.</p>
<p class="adicional"><em>El vigilante del fiordo</em> no parece haber suscitado la misma atención que en su momento recibieron <em>Los peces de la amargura</em> o <em>Viajes con Clara por Alemania</em>. No obstante, recomiendo a los interesados las críticas y reseñas de <a title="Vidas rotas por la violencia" href="http://www.diariodenavarra.es/noticias/mas_actualidad/cultura/vidas_rotas_por_violencia.html">José Luis Martín Nogales</a>, <a title="Vidas que resisten" href="http://www.elpais.com/articulo/portada/Vidas/resisten/elpepuculbab/20110604elpbabpor_27/Tes">Luis Satorras</a>, <a title="El vigilante del fiordo" href="http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/29272/El_vigilante_del_fiordo">Ricardo Senabre</a>, <a title="El vigilante del fiordo, de Aramburu" href="http://mayora.blogspot.com/2011/05/el-vigilante-del-fiordo-de-aramburu.html">Álvaro Valverde</a> y <a title="La herida del terrorismo" href="http://blogs.hoy.es/notas-al-margen/2011/5/15/la-herida-del-terrorismo">Simón Viola</a>.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2011/06/22/el-vigilante-del-fiordo-de-fernando-aramburu/">El vigilante del fiordo, de Fernando Aramburu</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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