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	<title>adaptaciones cinematográficas - La Bitácora del Tigre</title>
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	<description>Blog de Eduardo Larequi García: cine, libros, blogs y WordPress, temas educativos, lengua y literatura</description>
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	<title>adaptaciones cinematográficas - La Bitácora del Tigre</title>
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		<title>Libros de cine</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 29 Oct 2009 13:41:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
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		<category><![CDATA[adaptaciones cinematográficas]]></category>
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		<category><![CDATA[Libros de cine]]></category>
		<category><![CDATA[revista Qué Leer]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Sobre el número extra de la revista <em>Qué Leer</em>, dedicado a películas resultantes de la adaptación de textos literarios.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2009/10/29/libros-de-cine/">Libros de cine</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer por la mañana, al ir a comprar el periódico en la tienda que tengo por costumbre –Leoz, en la Plaza del Castillo, toda una institución del comercio pamplonés- me encontré sobre el abigarrado mostrador una imagen de <a title="Audrey Hepburn en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Audrey_Hepburn">Audrey Hepburn</a>, con aquel famosísimo vestido corto de Givenchy que lucía en <a title="Ficha de Desayuno con diamantes en la IMDB en español" href="http://www.imdb.es/title/tt0054698/"><em>Desayuno con diamantes</em></a>. La fotografía ilustraba la portada de un extra de la revista <em><a title="Qué Leer" href="http://www.que-leer.com/">Qué Leer</a></em>, cuyo título es el mismo que encabeza esta entrada. Me faltó tiempo para comprar un ejemplar e ir hojeándolo de camino al trabajo, un vicio sin duda peligroso, pues aumenta el riesgo de impacto contra farolas y bolardos (no será la primera vez que mis espinillas lo constatan), aunque afortunadamente ayer pude practicarlo sin sufrir ningún percance.</p>
<p>El extra de <em>Qué Leer</em> no es precisamente una obra para especialistas, porque cada una de las cincuenta películas de las que se ocupa recibe un tratamiento muy breve de apenas dos páginas, pero tiene su encanto, porque los artículos son jugosos y el aparato gráfico muy seductor. El medio centenar de filmes tratados corresponden a adaptaciones cinematográficas de textos literarios, y aunque algunas muestras de la selección sean objetables, hay también muchos títulos indiscutibles, y varias de mis películas favoritas, cuyos directores, o los autores de los libros en que están basadas, han ocupado en una u otra ocasión el interés de <em>Lengua en Secundaria</em> o <em>La Bitácora del Tigre</em>. Entre otras, la ya citada de Blake Edwards, <em>Matar a un ruiseñor</em>, de Robert Mulligan, <em>El Padrino</em> y <em>Apocalypse Now</em>, de Francis Ford Coppola, <em>El hombre que pudo reinar</em> y <em>Dublineses</em>, de John Huston, <em>El resplandor</em>, de Stanley Kubrick, <a title="Entradas de La Bitácora del Tigre con la etiqueta 'Blade Runner'" href="https://www.labitacoradeltigre.com/tag/blade-runner"><em>Blade Runner</em>, de Ridley Scott</a>, <em>Los santos inocentes</em>, de Mario Camus, <em>Memorias de África</em>, de <a title="Entradas de La Bitácora del Tigre con la etiqueta 'Sydney Pollack'" href="https://www.labitacoradeltigre.com/tag/sydney-pollack">Sydney Pollack</a>, <em>El nombre de la rosa</em>, de Jean-Jacques Annaud, <em>El silencio de los corderos</em>, de Jonathan Demme, <a title="Reseña de Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro [autor de Lo que queda del día] en Lengua en Secundaria" href="http://www.lenguaensecundaria.com/resenas/abandone.shtml"><em>Lo que queda del día</em>, de James Ivory</a> o <a title="Reseña de El señor de los anillos, en Lengua en Secundaria" href="http://www.lenguaensecundaria.com/resenas/anillos.shtml"><em>El señor de los anillos</em>, de Peter Jackson</a>.</p>
<p><span id="more-964"></span></p>
<figure id="attachment_2489" aria-describedby="caption-attachment-2489" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img decoding="async" class="wp-image-2489 size-full" title="Número de la revista Qué leer sobre Libros de cine" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2009/10/que_leer_libros_cine.jpg" alt="Número de la revista Qué leer sobre Libros de cine" width="150" height="198" /><figcaption id="caption-attachment-2489" class="wp-caption-text">Número extra de la revista <em>Qué leer</em>, sobre libros de cine</figcaption></figure>
<p>Estoy seguro de que los aficionados a escudriñar las relaciones entre literatura y cine agradecerán este especial y considerarán los cuatro euros que vale como un gasto asumible, incluso en estos tiempos de crisis. Qué mejor entretenimiento para las tardes en que uno acaba harto de tuitear, bloguear y ce-eme-esear (o, como ayer, de esperar a que mi proveedor de alojamiento reactivara el servidor de base de datos, fuera de combate a causa de un “too many connections” que se ha prolongado más de doce horas), que recorrer las páginas dedicadas de la revista, evocar a sus actores y actrices, recordar sus imágenes, su música, y, si la memoria no flaquea, rememorar lo que uno sentía al leer las páginas de las novelas y cuentos en que están basadas. Sólo pido que, cuando hagan una reedición de este número extra, dentro de cinco o diez años, se acuerden de <a title="Entradas de La Bitácora del Tigre con la etiqueta 'El secreto de sus ojos'" href="https://www.labitacoradeltigre.com/tag/el-secreto-de-sus-ojos/"><em>El secreto de sus ojos</em>, de Juan José Campanella</a>.</p>
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		<title>La pregunta de sus ojos vs. El secreto de sus ojos</title>
		<link>https://www.labitacoradeltigre.com/2009/10/27/la-pregunta-de-sus-ojos-vs-el-secreto-de-sus-ojos/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 20:18:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
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		<category><![CDATA[cine argentino]]></category>
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		<category><![CDATA[Juan José Campanella]]></category>
		<category><![CDATA[La pregunta de sus ojos]]></category>
		<category><![CDATA[novela argentina]]></category>
		<category><![CDATA[novela hispanoamericana]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Comparación de la novela <em>La pregunta de sus ojos</em>, del novelista argentino Eduardo Sacheri, con su adaptación cinematográfica, <em>El secreto de sus ojos</em>.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2009/10/27/la-pregunta-de-sus-ojos-vs-el-secreto-de-sus-ojos/">La pregunta de sus ojos vs. El secreto de sus ojos</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La proximidad entre <a title="Reseña de El secreto de sus ojos, en La Bitácora del Tigre" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2009/10/06/el-secreto-de-sus-ojos/">la reseña que publiqué hace apenas tres semanas sobre la película de Juan José Campanella</a>, y la lectura de la novela <em>El secreto de sus ojos</em> (este es el título del libro en la edición española de Alfaguara; la novela publicada en Argentina se titulaba, originalmente, <em>La pregunta de sus ojos</em>) constituye una buena oportunidad para una breve reflexión sobre una de las constantes o reglas no escritas de la relación entre cine y literatura, la que afirma que de una gran novela no suele obtenerse una gran película, pero sí, y a menudo, de libros no especialmente memorables.</p>
<p>Con todos los respetos que a buen seguro merece la obra del novelista argentino (debo advertir que de ella sólo conozco el libro que acabo de citar, por lo que mis opiniones tienen una validez muy discutible), creo que ése es justamente el caso de la novela de Eduardo Sacheri, cuyo valor literario me parece más bien escaso, pero cuya adaptación cinematográfica –y hay que recordar que el guión es obra conjunta del novelista y del director del largometraje, Juan José Campanella- tiene un mérito indiscutible. Reconozco que en esta valoración puede haber influido el hecho de que hubiera visto la película antes de leer la novela, pues la configuración imaginativa que todo receptor se construye para sí mismo a partir de un texto de ficción –y en ello poco importa que sea literario o cinematográfico- está especialmente determinada por la forma inicial en que dicho texto se presenta.</p>
<p><span id="more-963"></span></p>
<p>En cualquier caso, y sin ánimo de agotar el análisis comparativo del texto novelístico y el cinematográfico, me gustaría apuntar algunos de los aspectos que a mi modo de ver mejor explican la “superioridad” de la película sobre la obra literaria, si es que cabe expresar dicha relación en tales términos:</p>
<ul>
<li>La versión cinematográfica ha subrayado aquellos elementos que más pueden influir sobre su recepción emotiva por parte del espectador. El más significativo de estos cambios es el que tiene que ver con el destino final del personaje del asesino Isidoro Gómez, cuya representación fílmica es de gran impacto. Otro cambio argumental muy llamativo tiene que ver con la suerte que corre el personaje de Pablo Sandoval, compañero y amigo del protagonista; como no quiero dar pistas a los interesados que todavía no hayan visto la película ni leído el libro sólo diré que la versión fílmica resulta mucho más trágica que la de la novela. Esta intensificación de la emotividad puede observarse en otras secuencias exclusivas del largometraje (por ejemplo la humillante discusión del protagonista con Romano, cuando éste le amenaza para que no se entrometa en el asunto de la excarcelación de Gómez, o el acto de arrogancia y matonismo que protagoniza el sicario en el ascensor), mediante las cuales se crea un clima de expectación que en la novela apenas existe.</li>
<li>Dos de los personajes secundarios más interesantes del libro –el ya mencionado Pablo Sandoval y la jueza Irene Menéndez Hastings- lo son todavía más en la película, porque el guión ha sabido dotarlos de aspectos que no aparecen en el texto narrativo, y que sin embargo sirven para que el espectador los sienta más cercanos y accesibles. En el caso de Sandoval, el humor y la ironía; en el caso de Irene, una expresividad y cercanía que en la novela apenas quedan sugeridas, o que resultan casi siempre demasiado remotas e inalcanzables. No obstante, hay una secuencia, la del interrogatorio de Gómez por parte del tándem Benjamín-Irene (y que en la novela llevan a cabo el protagonista y Sandoval, en uno de los mejores y más ingeniosos episodios del libro) que en película me sigue pareciendo poco verosímil.</li>
<li>La relación alternante entre las dos líneas temporales de la historia es más nítida en la película que en la novela, donde llega a ser confusa, a causa de una posición del narrador que, al menos para mí, resulta por momentos algo desconcertante. Además, la puesta en escena cinematográfica ha sabido utilizar muy hábilmente ciertos elementos icónicos, como el de la despedida de Benjamín e Irene en la estación de ferrocarril –los viajes en tren son una constante en <em>La pregunta de sus ojos</em>, pero en la novela no se muestra la romántica y desgarrada despedida entre los dos personajes-, que en la gran pantalla adquieren unas resonancias sentimentales y patéticas mucho más perceptibles que en el texto literario.</li>
<li>La novela presenta una ambientación y un léxico muy argentinos, muy rioplatenses, que en varias ocasiones obligan a trabajar con un diccionario al alcance de la mano. La versión cinematográfica, en cambio, y seguramente por influencia de las circunstancias del caso, pues se trata de una coproducción hispano-argentina, ha limitado al mínimo imprescindible los argentinismos y opta por un español más neutro que, con toda evidencia, es más fácil de seguir por una audiencia muy amplia.</li>
<li>El título de la película es más poético, y también más ambiguo, que el de la novela, cuyo sentido resulta explícito en la frase con la que se cierra (por cierto, supongo que no es aventurado suponer que el cambio de título de la edición española de Alfaguara obedece al propósito de aprovechar el enorme éxito de público y crítica de la película de Juan José Campanella). Para muchos espectadores, e incluso para quienes hayan leído el libro, queda sin aclararse del todo cuál es el secreto, y quién constituye el referente del determinante “sus”. Aunque el significado más obvio del título apunte hacia la atracción oculta (pero evidente a través de la mirada, y más en el largometraje que en libro) que siente Irene hacia Benjamín, caben otras explicaciones, que dejo a la interpretación de mis lectores.</li>
<li>Un cambio curioso es el que afecta al apellido del protagonista. En efecto, el Benjamín Chaparro de la novela –denominación que no cuadra con su aspecto físico, como el propio texto subraya en algún momento, pues el protagonista es hombre de elevada estatura- se transforma en el Benjamín Espósito del film. No encuentro una explicación certera a este cambio, como no sea la de evitar las connotaciones más bien chistosas del apellido original. En todo caso, el nuevo apellido también ofrece connotaciones negativas, que el odioso personaje de Romano utiliza, en forma de argumento <em>ad hominem</em>, durante el ya mencionado diálogo con el protagonista, para hacer ver a éste la diferencia de clase entre él y la jueza Menéndez Hastings. Ella es intocable, subraya Romano, pero una persona apellidada Espósito resulta perfectamente prescindible. Esta conversación, muy transformada con respecto al correspondiente episodio de la novela, me parece uno de los momentos más logrados de una película que a lo largo de casi todo su metraje destaca por la eficacia y rotundidad de sus diálogos.</li>
</ul>
<figure id="attachment_4503" aria-describedby="caption-attachment-4503" style="width: 800px" class="wp-caption aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-4503 size-full" title="Portada de la novela El secreto de sus ojos, de Eduardo Sacheri" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2009/10/el-secreto-de-sus-ojos-novela.jpg" alt="Portada de la novela El secreto de sus ojos, de Eduardo Sacheri" width="800" height="1280" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2009/10/el-secreto-de-sus-ojos-novela.jpg 800w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2009/10/el-secreto-de-sus-ojos-novela-313x500.jpg 313w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2009/10/el-secreto-de-sus-ojos-novela-768x1229.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2009/10/el-secreto-de-sus-ojos-novela-500x800.jpg 500w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><figcaption id="caption-attachment-4503" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>El secreto de sus ojos</em>, de Eduardo Sacheri</figcaption></figure>
<p>Aprovecho esta última observación para matizar lo que escribí al inicio de este artículo, y subrayar un hecho al que hay que dar toda la importancia que merece: aunque el cine de Campanella siempre haya destacado por el cuidado, la elegancia y el donaire de las conversaciones, es evidente que algo habrá tenido que ver Eduardo Sacheri, no sólo como autor de la novela en que está basada <em>El secreto de sus ojos</em>, sino sobre todo como co-guionista de la adaptación cinematográfica, para que muchas de las líneas de diálogo de esta excelente película se fijen en la memoria del espectador. No sé si esta incursión en el mundo del cine es la primera o la única –ninguna de las consultas que he hecho en la Red me ha servido para salir de dudas-, y tampoco puedo adivinar si tendrá continuidad, pero estoy convencido de que el cine argentino ha ganado con Eduardo Sacheri a un magnífico guionista.</p>
<p class="notasbib">Eduardo Sacheri, <em>El secreto de sus ojos</em>, Madrid, Ediciones Alfaguara, 2009, 317 páginas.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2009/10/27/la-pregunta-de-sus-ojos-vs-el-secreto-de-sus-ojos/">La pregunta de sus ojos vs. El secreto de sus ojos</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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		<title>Dos películas, dos libros, dos adaptaciones</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 19 Jan 2008 23:36:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencia ficción]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Sobre las películas <em>Soy leyenda</em> y <em>Expiación</em>, adaptaciones cinematográficas de las respectivas novelas de Richard Matheson y Ian McEwan.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2008/01/20/dos-peliculas-dos-libros-dos-adaptaciones/">Dos películas, dos libros, dos adaptaciones</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En las últimas semanas he visto dos películas basadas en novelas que me gustaron mucho cuando las leí: <em>Soy leyenda</em>, de Francis Lawrence, nueva versión de la novela homónima del autor norteamericano <a title="Richard Matheson en la Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Richard_Matheson">Richard Matheson</a>, y <em>Expiación: más allá de la pasión</em>, de Joe Wright, adaptación de la obra del novelista inglés <a title="IanMcEwan.com" href="http://www.ianmcewan.com/">Ian McEwan</a>. El hecho de que ambas adaptaciones mantengan el título original de las novelas es una de las pocas cosas que los dos films tienen en común, pues los presupuestos de los que han partido sus respectivos guionistas no pueden ser más distintos. Por cierto, me gustaría utilizar esta tribuna para protestar por el postizo cursi y ridículo que la distribuidora española ha añadido al hermosísimo título de las obras de McEwan y Wright, y que sólo puede explicarse como una muestra de desconfianza en la capacidad del público hispanohablante para entender el sentido del término. Que la industria cinematográfica española nos trate como idiotas es ofensivo (en el ámbito anglosajón no se ha hecho lo mismo, como puede verse en el <a title="Cartel original de Atonement, en La Butaca" href="http://www.labutaca.net/films/51/atonement-cartel2.htm">cartel original</a>, a pesar de que el sustantivo inglés «atonement» es tanto o más desacostumbrado que «expiación»), por mucho que un servidor, a la luz de su experiencia como docente, esté tentado de considerar que la mencionada suposición tiene bastante de verosímil.</p>
<p>Otro de los escasísimos elementos comunes a <em>Soy leyenda</em> y <em>Expiación</em> es la fructífera relación de los autores de ambas novelas con el cine. De la pluma de Matheson han salido muchos guiones para películas y series de televisión, pero también varias novelas y relatos que inspiraron títulos muy famosos: además de la citada <em>Soy leyenda</em>, que con la de Lawrence ha conocido tres versiones en la gran pantalla, se pueden citar films como <em>El increíble hombre menguante</em>, <em>El diablo sobre ruedas</em> o <em>En algún lugar del tiempo</em>; los aficionados harán bien en consultar a este respecto la página que dedica la <a title="Richard Matheson en la IMDB (en inglés)" href="http://www.imdb.com/name/nm0558577/">IMDB</a> a la actividad cinematográfica del escritor. Tampoco Ian McEwan es un recién llegado al séptimo arte, pues al menos cuatro de sus novelas se han llevado al cine (<em>El placer del viajero</em>, <em>Amor perdurable</em>, <em>El jardín de cemento</em> y <em>El inocente</em>), amén de varios relatos breves; por supuesto, la <a title="Ian McEwan en la IMDB (en inglés)" href="http://www.imdb.com/name/nm0568605/">IMDB</a> también dedica su correspondiente página a los avatares fílmicos de las obras del novelista inglés. Aunque las películas basadas en los textos de McEwan hayan tenido hasta la fecha una recepción más bien minoritaria, parece que con <em>Atonement</em>&#8211;<em>Expiación</em> se ha roto la tendencia, pues la cinta de Joe Wright ha tenido una acogida entusiasta (y a McEwan no la falló el olfato en este caso, pues ha participado en el rodaje del film en calidad de productor ejecutivo).</p>
<p><span id="more-459"></span></p>
<figure id="attachment_4596" aria-describedby="caption-attachment-4596" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img decoding="async" class="wp-image-4596" title="Cartel de la película Soy leyenda" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2008/01/soy-leyenda-cartel.jpg" alt="Cartel de la película Soy leyenda" width="150" height="214" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2008/01/soy-leyenda-cartel.jpg 1200w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2008/01/soy-leyenda-cartel-350x500.jpg 350w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2008/01/soy-leyenda-cartel-768x1097.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2008/01/soy-leyenda-cartel-560x800.jpg 560w" sizes="(max-width: 150px) 100vw, 150px" /><figcaption id="caption-attachment-4596" class="wp-caption-text">Cartel de la película <em>Soy leyenda</em></figcaption></figure>
<p>Fuera de estas dos coincidencias, pocas semejanzas se pueden encontrar entre las películas de Francis Lawrence y Joe Wright, y todavía menos entre los procesos de adaptación cinematográfica que han permitido trasladar los originales a la gran pantalla. <em>Soy leyenda</em> apenas presta atención a la <a title="I Am Legend, de Richard Matheson, en la Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/I_Am_Legend">novela de Richard Matheson</a>, y en realidad debe considerarse como una reactualización o <em>remake</em> de la versión que Boris Sagal realizó en 1977, con el título de <a title="The Omega Man en la Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/The_Omega_Man">The Omega Man</a> y que en nuestro país fue conocida como <a title="El último hombre vivo en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_%C3%BAltimo_hombre_vivo">El último hombre vivo</a>. Esta fue una de las películas emblemáticas de mi juventud: la vi por primera vez en el cine de los Escolapios, colegio donde yo estudié desde los cuatro a los diecisiete años, y aunque no fuera un monumento del séptimo arte, se quedaron grabadas en mi memoria las pavorosas imágenes de la ciudad de Los Ángeles, deshabitada y llena de basura, con un Charlton Heston que recorría sus calles lleno de miedo y arrogancia, para morir finalmente en una fuente, atravesado por una lanza como un nuevo Cristo redentor.</p>
<p>El argumento de la película de Francis Lawrence se ha trasladado desde la metrópolis angelina que imaginaron Richard Matheson y Boris Segal a la mucho más fotogénica Nueva York. No tengo ninguna reserva en aplaudir la mudanza, porque el retrato de una isla de Manhattan privada de vida humana (salvo, claro está, la del protagonista y las criaturas semihumanas a las que tiene que enfrentarse, todos ellos sobrevivientes al virus Krippin que prácticamente ha extinguido la especie), y en vías de retorno a la naturaleza que vuelve a adueñarse de sus calles y plazas, es realmente magnífico, con varias secuencias (la caza de una manada de ciervos desde un deportivo, la recogida de maíz en un huerto sembrado en pleno Central Park, los drives golfistas desde uno de los planos de cola de un <a title="Lockheed SR-71 Blackbird en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:Sr71_1.jpg">SR-71 Blackbird</a>, sobre la cubierta del <a title="Intrepid Sea, Air &amp; Space Museum" href="http://www.intrepidmuseum.org">portaaviones Intrepid</a>, en el muelle 86 del puerto de Nueva York) que tienen una potencia visual indiscutible. Cualquier aficionado al cine disfrutará con el espectáculo de esos auténticos emblemas del séptimo arte (pues Nueva York es la ciudad cinematográfica por excelencia) que son el edificio Flatiron, Times Square, el puente de Brooklyn, Washington Square o la Grand Central Terminal, convertidos aquí en un escenario extraño y amenazador.</p>
<figure id="attachment_2551" aria-describedby="caption-attachment-2551" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2551 size-full" title="Portada de la novela Soy leyenda, de Richard Matheson" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2008/01/soy_leyenda_novela.jpg" alt="Portada de la novela Soy leyenda, de Richard Matheson" width="150" height="229" /><figcaption id="caption-attachment-2551" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>Soy leyenda</em>, de Richard Matheson</figcaption></figure>
<p>Los primeros cincuenta minutos de <em>Soy leyenda</em>, por muy alejados que estén de la novela de Richard Matheson, tanto en su letra como en su espíritu, se encuentran entre lo mejor de la ciencia ficción de los últimos años. Es cierto que la visión del doctor Robert Neville como héroe destinado a salvar a la humanidad no aparece por ninguna parte en la desesperanzada novela de Matheson, pero hay que admitir que con su configuración original ninguna productora se hubiera arriesgado a poner sobre la mesa el dinero que la reubicación neoyorkina exigía. Will Smith, que interpreta con indiscutible convicción, y apenas sin ninguno de los tics humorísticos de sus papeles más característicos, al doctor Neville, probablemente tampoco hubiera aceptado ser menos heroico que el Charlton Heston (uno de los mejores sufridores de la historia del cine) de <em>The Omega Man.</em> En todo caso, no es difícil aceptar que el Neville de esta película sea mucho más heroico que el de la novela de Matheson (bebedor, poco seguro de sí mismo y obsesionado con su forzada castidad), por la integridad de su conducta y la admiración que merecen sus denodados esfuerzos en hallar la cura a la enfermedad exterminadora. Incluso la relación con su perra Sam, que le acompaña constantemente en la primera parte del metraje (y compone un personaje enternecedor, mucho más logrado que el del perro que aparece episódicamente en la novela), alcanza un verismo e intensidad emotiva que no tiene nada que envidiar a los mejores pasajes del relato de Matheson.</p>
<p>Aun a pesar de su carácter de <em>remake</em>, no todas las licencias argumentales del film son tan obvias, ni tan deudoras de una voluntad comercial como pudiera parecer a simple vista; el planteamiento inicial de la trama, por ejemplo, que propone como origen del virus mortífero una terapia genética destinada a curar el cáncer, tiene mucha fuerza, lo mismo que los flashbacks destinados a narrar el pánico de la población en los primeros días de la plaga y la trágica evacuación de Manhattan al declararse la cuarentena en la isla. Ciertos motivos musicales, como el «Three Little Birds ( Don&#8217;t Worry About a Thing )» de <a title="Bob Marley - Wikipedia" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Bob_Marley" target="_blank" rel="noopener">Bob Marley</a>, que Neville utiliza como una especie de mantra para evitar rendirse a la desesperación y que la trama presenta en dramático contraste con los monstruos que rondan en torno a su casa, constituyen recursos muy logrados de actualización del argumento original de la novela y los gustos de su protagonista, limitados en ella a la música clásica.</p>
<p>Ahora bien, los guionistas no se conforman con un acierto ocasional, y de la misma manera que estiran el celebérrimo tema de Bob Marley hasta el punto de construir en torno a él una filosofía bastante ridícula, parece como si se hubieran juramentado para arrojar por la borda los indudables méritos del film (que, en su conjunto, no está del todo exento de audacia y hasta de cierta grandeza) y, a partir de la muerte de la perra a manos del propio Neville y de la consiguiente caída del médico en la locura y el ansia de autodestrucción, convertir la trama en un ejemplo más de cine de acción en su versión más pueril y gratuitamente espectacular. En alguna crítica he leído que la larga secuencia del asalto de los mutantes a la casa del protagonista parece más propia de un videojuego que de una puesta en escena cinematográfica, y desde luego que a tal juicio no le falta razón. El cine, y el cine de ciencia ficción en particular, no va a ninguna parte por el camino de esa estética oscura, fragmentaria, espasmódica e hiperviolenta. Luego se extrañan algunos de que los espectadores hayan decidido desertar masivamente de las salas de cine; ¿para qué van a moverse de casa si la gran pantalla, en vez de ser grande en todos los sentidos, sólo es un equivalente hipertrofiado de las televisiones conectadas a consolas o de los monitores de ordenador?</p>
<p>Por otra parte, de tanto empeñarse en desactivar las minas de acción retardada que con muy buen criterio fue sembrando Matheson en su novela (pues en ella triunfan los «malos», y Neville se transforma en una reliquia entrentada a la nueva raza de vampiros creada por la enfermedad y destinada a sustituir a la especie humana), propósito que podría haber tenido su razón de ser, pues al fin y al cabo se trata de una película-espectáculo en la que un final semejante no hubiera sido bien acogido, los responsables de <em>Soy leyenda</em> han convertido su segunda mitad en un cómic indigesto y francamente antipático. Ni siquiera queda el consuelo de un final digno, pues el desenlace, lejos de las resonancias simbólicas de la película de Boris Segal (ah, qué escena la de Heston «crucificado» sobre la fuente, su sangre mezclada con el agua) es del todo rutinario, cuando no abiertamente inverosímil. Por cierto, ya que menciono el tema de la verosimilitud, estoy seguro de que a los aficionados a la ciencia ficción que se sientan cómodos en inglés les resultará apasionante el artículo de <a title="Popular Mechanics, I Am Legend's Junk Science: Hollywood Sci-Fi vs. Reality" href="http://www.popularmechanics.com/science/worst_case_scenarios/4236920.html?page=1">Popular Mechanics</a> que explora las bases científicas de la historia, al que he llegado a través de la <a title="I Am Legend (Film) en la Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/I_Am_Legend_%28film%29">entrada de la Wikipedia dedicada a la película</a> .</p>
<figure id="attachment_2550" aria-describedby="caption-attachment-2550" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2550 size-full" title="Cartel de la película Expiación, más allá de la pasión" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2008/01/expiacion_pelicula.jpg" alt="Cartel de la película Expiación, más allá de la pasión" width="150" height="214" /><figcaption id="caption-attachment-2550" class="wp-caption-text">Cartel de la película <em>Expiación, más allá de la pasión</em></figcaption></figure>
<p>Si la adaptación cinematográfica de <em>Soy leyenda</em> se caracteriza por las concesiones a la comercialidad y al <em>star-system</em> y por los guiños a sus antecedentes cinematográficos (entre ellas, las películas de zombies, de las que ya me he ocupado <a title="Reseñas de 28 semanas después, de Juan Carlos Fresnadillo, en La Bitácora del Tigre" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2007/06/30/28-semanas-despues/">alguna vez</a> en este blog), el film de Joe Wright constituye la prueba más evidente de que se puede lograr un cine muy atractivo desde el punto de vista comercial sin perder por el camino la lealtad al original novelístico, del que esta interesantísima versión cinematográfica retiene todo lo fundamental: argumento, personajes, escenarios y, lo que es mucho más difícil y meritorio por la sutileza y el detalle de <a title="Atonement en la Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Atonement_(novel)">la novela de Ian McEwan</a>, tono y atmósfera. Especialmente en su primera parte, que transcurre en la mansión de la familia Tallis, durante los días más largos y calurosos del verano, las imágenes de la película adquieren una densidad y capacidad de sugerencia extraordinarias. Cualquier espectador que haya leído la novela podrá reconocer sin ninguna dificultad el ambiente apasionado y turbio en el que las hermanas Tallis (la seductora Cecilia, la fantasiosa, inmadura y celosa Briony) compiten oscuramente por la atención de Robbie Turner, el hijo del ama de llaves, en un escenario elegante y distinguido, pero también decadente y algo perverso, muy característicamente británico.</p>
<p>A pesar del marchamo de calidad que le proporciona la ambientación aristocrática y su prestigioso origen literario (la obra de Matheson también es literatura de notable interés, aunque difícilmente formará parte del canon contemporáneo en el que ya figura McEwan), no conviene caer en el papanatismo elitista con respecto a <em>Expiación</em>, pues su apuesta por el gran público y el éxito comercial no es esencialmente distinta de la de <em>Soy leyenda</em>. Tan estrella como Will Smith es Keira Knightley (quien, a pesar de todas las alabanzas que ha recibido por su papel, no me parece que demuestre en esta película un talento interpretativo mucho mayor que el de su colega norteamericano), y no hay duda de que tras la película de Joe Wright hay una estrategia comercial tan clara como la que ha orientado la cinta de Francis Lawrence. Claro está que el resultado global es muy distinto en ambos títulos (mucho más satisfactorio el primero que el segundo), pero no hay que olvidar que ambos son ejemplos de un cine nacido de la gran industria y con vocación de llegar a un público muy amplio.</p>
<p>La diferencia de calidad se debe a que el guionista de <em>Expiación</em>, Christopher Hampton, ha mostrado hacia el material literario una actitud de respeto y entendimiento que apenas se percibe en el trabajo de Mark Protosevich y Akiva Goldsman, guionistas de <em>Soy leyenda</em>, mucho más preocupados por atenerse a unos moldes genéricos cuyos tópicos acaban por asfixiar la historia. Mucho más literal que la de sus colegas (compárense los resúmenes de la <a title="Atonement (película) en la Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Atonement_(film)">película</a> y la <a title="Atonement (novela) en la Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Atonement_(novel)">novela</a> que aparecen en los correspondientes artículos de la edición inglesa de la Wikipedia), la lectura de Hampton es también paradójicamente más libre, y de ella ha resultado un guión muy sólido, que conserva las mejores virtudes de la novela: la profundidad del retrato de los personajes, la riqueza literaria de los diálogos, el lirismo de la puesta en escena (sobre todo en una primera mitad de imágenes bellísimas) y las sutilezas de la trama y la estructura narrativa. Si es cierto lo que leí en una entrevista con Ian McEwan, gran parte del resultado final se debe a la obstinación del novelista (en tareas de productor ejecutivo, como ya hemos señalado) por mantener lo esencial de su creación. A la vista de los resultados, hay que alabar la colaboración entre Hampton y McEwan, capaces de extraer nuevos frutos de ese fecundo venero de clásicos literarios contemporáneos (<em>Retorno a Brideshead</em>, <em>La mujer del teniente francés</em>, <em>Lo que queda del día</em>, <em>Una habitación con vistas</em>, <em>Regreso a Howards End</em>, <em>Tierra de penumbras</em>, <em>El paciente inglés</em>, <em>Trainspotting</em> y tantas otras), con que se viene nutriendo el cine inglés de las últimas décadas.</p>
<p>Con todo, es preciso insistir en que <em>Expiación</em> no está libre de faltas, y de hecho hay un bajón notorio en el interés de la trama, que se vuelve algo confusa y hasta aburrida tras la detención y encarcelamiento de Robbie Turner, falsamente acusado por Briony de una violación que el hijo del ama de llaves jamás cometió. Ni siquiera el larguísimo plano-secuencia con que se presenta a los espectadores el desconcierto y confusión reinantes en las playas del Canal antes de la <a title="Operación Dinamo en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Operaci%C3%B3n_Dinamo">evacuación del ejército británico atrapado en la bolsa de Dunkerque</a> (todo un brillante <em>tour de force</em> de la composición cinematográfica) consigue rescatar la narración de una cierta atonía que, por lo que yo recuerdo de mi lectura, no se percibe prácticamente en ningún momento de la novela. En cualquier caso, la película se recupera con bastante rapidez y alcanza momentos de indudable emoción e intensidad dramática; sirvan como ejemplos la secuencia en que Briony, ahora convertida en enfermera, consuela en su delirio a un soldado francés, mortalmente herido en la cabeza, o aquélla en que la joven acude a pedir perdón al apartamento de su hermana, donde se encuentra con un Robbie furioso, atormentado y exigente, en absoluto predispuesto a las efusiones sentimentales que había imaginado la muchacha.</p>
<figure id="attachment_2549" aria-describedby="caption-attachment-2549" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2549 size-full" title="Portada de la novela Expiación, de Ian McEwan" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2008/01/expiacion_novela.jpg" alt="Portada de la novela Expiación, de Ian McEwan" width="150" height="232" /><figcaption id="caption-attachment-2549" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>Expiación</em>, de Ian McEwan</figcaption></figure>
<p>En el ámbito de las interpretaciones, <em>Expiación</em> le gana claramente la partida a <em>Soy leyenda</em>. Y no porque Will Smith lo haga mal, antes al contrario (es un actor de indiscutible empaque ante las cámaras, y su talento y versatilidad no hacen sino ganar enteros con los años), sino porque la de Joe Wright, con su complejo universo moral y lo variado de las situaciones que presenta, es una película sumamente propicia al lucimiento de un elenco actoral. Aun así, no todas las interpretaciones tienen la misma calidad: Keira Knightley se limita a cumplir con un papel que podría haber dado mucho más juego (a mí no me parece ni la mitad de sensual y seductora de lo que pretende la publicidad; de hecho, considero que su físico escuálido y anguloso no le sienta nada bien al personaje de Cecilia) y Romola Garai, que interpreta a Briony en su etapa de enfermera en el hospital, resulta bastante insulsa. En cambio, la jovencita Saoirse Ronan, a quien le corresponde el papel de Briony de trece años, es todo un hallazgo de expresividad y matices, al igual que la brevísima intervención de Vanessa Redgrave, como una Briony ya anciana. Ahora bien, el miembro del reparto que merece todos los elogios es James McAvoy, un intérprete excelente a pesar de su juventud, con un rostro capaz de articular las emociones más variadas: la ironía, el distanciamiento, la devoción, el tono juguetón y la furia. Yo lo he visto en cuatro películas recientes (<em>Las crónicas de Narnia</em>, <em>El último rey de Escocia</em>, <em>La joven Jane Austen</em> y la que ahora comento) y en todas ellas me ha parecido magistral. El Robbie Turner que interpreta en <em>Expiación</em> es por el momento la última muestra de una carrera extraordinariamente prometedora.</p>
<p>Con la reseña pendiente de sus dos últimos párrafos, Pilar y yo hemos mantenido esta tarde un jugoso intercambio de impresiones con mi hermano José Ángel y su mujer, Ana, a propósito de <em>Expiación</em>. A los dos les ha parecido bastante menos satisfactoria que a Pilar y a mí; Ana sostenía que no acababa de entender la naturaleza de las acciones de los personajes, especialmente Briony, y tal vez no faltan razones que justifiquen esa aparente falta de comprensión. Sin el apoyo del recuerdo de la novela, es posible que la película abuse de los sobreentendidos y las insinuaciones, y que el esteticismo de su primera parte sea para muchos espectadores demasiado indigesto, demasiado obvio. De ser justo este reproche, no sería la única muestra de un cierto carácter artificioso, que resulta perceptible no sólo en la técnica narrativa (un par de secuencias se repiten desde distintos ángulos para reflejar las distintas perspectivas de los personajes) o en planos de enorme dificultad compositiva, como los que retratan a Cecilia mientras se maquilla para ir a cenar, sino hasta en la banda sonora, a la que se incorpora como motivo rítmico el ruido del teclado de la máquina de escribir de Briony. Hay quien lo ha considerado una aportación muy original; a mí me pareció un recurso dudosamente musical, y más bien molesto.</p>
<p>Prefiero quedarme con el recuerdo de unos cuantos momentos que tienen el perfume inconfundible de la gran literatura: el encuentro amoroso entre Robbie y Cecilia, en la penumbra de la biblioteca, ante una confusa y aterrorizada Briony (Keira Knightley lleva en esta escena <a title="El vestido verde de Keira ¿el mejor de la historia del cine?" href="http://blogs.20minutos.es/quemepongo/post/2008/01/17/el-vestido-verde-keira-aael-mejor-la-historia-del-cine-">un vestido verde que ha sido considerado el mejor de la historia del cine</a>; que conste que sin salir de esta gama de colores a mí me gusta mucho más el que lucía Vivien Leigh en <em>Lo que el viento se llevó</em>), rodado con la cámara casi pegada a los rostros de los protagonistas; el paseo veraniego que desde casa de su madre lleva a Robbie hasta la casa de los Tallis, escena llena de alegría y luz, en la que destaca la sonrisa contagiosa del joven Turner, del todo ignorante de la aviesa trampa que le prepara el destino pocas horas después; o el final ficticio que inventa Briony para compensar el tristísimo final de la historia de amor entre su hermana y Robbie, con su enorme carga de melancolía y belleza trágica.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2008/01/20/dos-peliculas-dos-libros-dos-adaptaciones/">Dos películas, dos libros, dos adaptaciones</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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