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	<title>Bevilacqua - La Bitácora del Tigre</title>
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	<description>Blog de Eduardo Larequi García: cine, libros, blogs y WordPress, temas educativos, lengua y literatura</description>
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		<title>Quinto aniversario del blog con Bevilacqua y Chamorro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Apr 2010 17:37:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de la novela policíaca <em>La estrategia del agua</em>, del escritor español Lorenzo Silva.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/04/15/quinto-aniversario-del-blog-con-bevilacqua-y-chamorro/">Quinto aniversario del blog con Bevilacqua y Chamorro</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>El pasado sábado, 10 de abril de 2010, se cumplieron <a title="Historia de un título curioso" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/04/10/historia_titulo/">cinco años desde que <em>La Bitácora del Tigre</em> abrió sus puertas virtuales en la Red</a>. Aunque ya hice un discreto anuncio al respecto en <a title="Cambio de alojamiento de La Bitácora del Tigre" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/04/08/cambio-de-alojamiento-de-la-bitacora-del-tigre/">la entrada del día 8</a>, me complace celebrar de nuevo la <a title="Efeméride en el Diccionario Panhispánico de Dudas" href="http://buscon.rae.es/dpdI/SrvltGUIBusDPD?lema=efem%E9rides">efeméride</a> con mis lectores y lectoras habituales, acompañados en esta ocasión por dos viejos amigos cuyas andanzas sigo desde hace bastantes años. Me refiero, claro está, al brigada <a title="Rubén Bevilacqua en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Rub%C3%A9n_Bevilacqua">Rubén Bevilacqua</a> y la sargento Virginia Chamorro, protagonistas de la serie policial creada por el novelista madrileño <a title="Lorenzo Silva" href="http://www.lorenzo-silva.com/">Lorenzo Silva</a>, y hasta el momento formada por las novelas <em>El lejano país de los estanques</em> (1998), <em><a href="http://www.lenguaensecundaria.com/resenas/alquimis.shtml">El alquimista impaciente</a></em> (2000, Premio Nadal), <em>La niebla y la doncella</em> (2002), <em><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/11/25/bevilacqua-en-barcelona/">La reina sin espejo</a></em> (2005) y <em>La estrategia del agua</em> (2010), a las que hay que añadir el libro de relatos <em>Nadie vale más que otro</em> (2004).</p>



<p>De <em>La estrategia del agua</em> (seguramente todavía sin título por aquel entonces) oí hablar por primera vez el 7 de marzo del año pasado, fecha en que Lorenzo Silva impartió en Pamplona una interesantísima conferencia con el título “Nuevos detectives: Quijotes del siglo XXI”. Su disertación no sólo me sirvió para descubrir a un orador ameno y muy bien documentado, sino que también me animó a leer las novelas policíacas de escritores tan interesantes como <a title="Fred Vargas en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fred_Vargas">Fred Vargas</a> y <a title="Petros Márkaris en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Petros_Markaris">Petros Márkaris</a>. Al abrirse el turno de preguntas, pregunté a Silva por la próxima edición de los trabajos detectivescos de sus criaturas de ficción, y el escritor me respondió que habría que esperar algo más de un año para leer la sexta entrega de la serie policíaca.</p>



<span id="more-1190"></span>



<p>Todo esto lo conté <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2008/03/10/con-lorenzo-silva-en-pamplona/">pocos días después</a>, en un artículo en el que daba cuenta de la conferencia y mostraba mi impaciencia e ilusión por que se cumpliera el vaticinio. Pues bien, el escritor madrileño no sólo ha satisfecho las expectativas de sus lectores con precisión, sino que hasta se ha adelantado ligeramente al plazo previsto, dado que <em>La estrategia del agua</em> se presentó en sociedad en la primera semana de marzo, tal como el propio Lorenzo Silva <a title="Una semana" href="http://lorenzo-silva.blogspot.com/2010/02/una-semana.html">había anunciado pocos días antes</a> en su blog, <a title="Los trabajos y los días" href="http://lorenzo-silva.blogspot.com/"><em>Los trabajos y los días</em></a>. A mí me faltó tiempo para comprar la novela, pero como tenía otras muchas lecturas pendientes, la fui retrasando algo más de lo que hubiera deseado. Debía de tener hambre atrasada al comenzarla, porque la leí en apenas tres sesiones nocturnas, robando horas al sueño.</p>



<p>Naturalmente, la falta de descanso ha tenido sus consecuencias –unos cuantos bostezos mañaneros y desayunos más frugales que de costumbre–, pero creo que esas leves incomodidades y renuncias han merecido la pena, porque en la nueva novela el genio de Lorenzo Silva para urdir argumentos policíacos reaparece en plenitud de facultades, con un relato que destaca por la solidez y verosimilitud de la investigación, lo bien trazado de la mayoría de los personajes –en el haber del novelista no sólo hay que contar con la pareja protagonista, sino también con muchos de los secundarios– y un acercamiento a la realidad española contemporánea que no sólo resulta muy reconocible en situaciones, tipos e incidentes, sino también abiertamente polémico.</p>



<p>La trama de <em>La estrategia del agua</em> arranca, como en todas las novelas anteriores, de un asesinato. Al brigada Bevilacqua y a sus compañeros de la <a title="Unidad Central Operativa en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Unidad_Central_Operativa">Unidad Central Operativa</a> de la <a title="Guardia Civil en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Guardia_Civil">Guardia Civil</a> –la sargento Chamorro, la cabo Inés Salgado y el guardia Juan Arnau, este último recién llegado al equipo– se les encomienda la investigación de la muerte de Óscar Santacruz, un informático que aparece muerto en el ascensor de su vivienda, a consecuencia de dos disparos en la nuca realizados a corta distancia. Desde el principio de las pesquisas se hace evidente que el crimen es obra de un sicario, circunstancia que no parece muy acorde con la vida de Santacruz, una persona que, a pesar de algunos antecedentes menores por delitos por tráfico de drogas y denuncias por violencia conyugal, no encaja con el perfil típico de la víctima de una ejecución por encargo.</p>



<p>Intentaré no dar demasiados detalles sobre el desarrollo de la investigación, pero sí conviene apuntar que, a diferencia de lo que ocurre con muchas novelas policíacas contemporáneas, a menudo demasiado complacientes con las sorpresas, los giros bruscos de la trama y las pistas falsas, en <em>La estrategia del agua</em> la mayoría de las circunstancias relacionadas con el crimen, la vida de la víctima y la identidad de los principales sospechosos sí son lo que parecen. Dicho de forma paradójica, estamos ante una novela policíaca cuya mayor sorpresa es, justamente, la falta de sorpresas. Para quien conozca los rasgos peculiares de la narrativa policíaca de Lorenzo Silva y la personalidad del brigada Bevilacqua, este rasgo no resultará particularmente extraño, pero tal vez sí para quien llegue a la novela con el deseo de encontrar un vaivén de presuntos culpables, escenas atropelladas o violentas o algunos de los buceos desesperados en aguas subterráneas que se han convertido en seña de identidad de esa variante de lo policíaco que designa la etiqueta <a title="Novela negra en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Novela_negra">novela negra</a>.</p>



<p>Me atrevería a sostener, incluso, que la narrativa policial de Lorenzo Silva es, conforme avanza la serie de Bevilacqua y Chamorro, cada vez menos negra y, si se me permite la humorada, cada vez más verde; por si no queda claro lo que quiero decir, me refiero al color de los uniformes de los dos protagonistas y a ninguna otra cosa, aunque a juzgar por alguna escena entre ambos, no sería imposible que su relación evolucionara en las próximas novelas hacia algún encuentro amoroso. Cierto es que hay algunos rasgos de Bevilacqua –su escepticismo, la decepción ante las corruptelas que ve a su alrededor, el cuestionamiento de la autoridad y del poder, su función como descubridor de la bajeza que se oculta bajo las apariencias del éxito social y económico–, que lo relacionan con los antihéroes de la novela negra, pero también que existen grandes y muy significativas diferencias. Por ejemplo, que Bevilacqua no puede permitirse el individualismo, ni el recurso a la intuición o al trapicheo moral, ni mucho menos los métodos más que dudosos de los detectives <em><a title="Hard Boiled en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Hard_Boiled">hard boiled</a></em>. Y no puede porque el brigada es, ante todo, un servidor del orden público, un funcionario con conciencia, que no sólo cree en la importancia de rendir la debida justicia a las víctimas, sino también de hacer su trabajo en el seno de una organización jerarquizada, donde la obediencia y el respeto a sus superiores y a las autoridades judiciales no es sólo un tópico formulario.</p>



<p>En este sentido, el espléndido diálogo con la que se inicia la novela, durante el cual el teniente coronel Pereira debe emplearse a fondo –pulsando todos los resortes psicológicos de un subordinado al que conoce muy bien, y combinándolos con los que le ofrece la autoridad derivada de su rango- para convencer al brigada de que un revés sufrido a manos de las instancias judiciales no es el fin del mundo, y de que le conviene ocuparse de un caso que al protagonista no le apetece nada tomar en sus manos, me resulta difícilmente imaginable en otro ámbito que no sea el de una organización cuyo funcionamiento cotidiano está determinado por una nítida jerarquía y por la disciplina militar. Desde luego, no creo que una conversación semejante fuera posible en la comisaría del inspector <a title="Kurt Wallander – Henning Mankell" href="http://detectivesdelibro.blogspot.com/2009/05/kurt-wallander-henning-mankell.html">Kurt Wallander</a>, ni en la del comisario <a title="Jean-Baptiste Adamsberg en la Wikipedia" href="http://fr.wikipedia.org/wiki/Jean-Baptiste_Adamsberg">Jean-Baptiste Adamsberg</a>, ni en la del <a title="Kostas Jaritos - Petros Márkaris" href="http://detectivesdelibro.blogspot.com/2009/03/kostas-jaritos-petros-markaris.html">teniente Kostas Jaritos</a>, ni mucho menos en la del comisario <a title="Guido Brunetti - Donna Leon" href="http://detectivesdelibro.blogspot.com/2009/03/guido-brunetti-donna-leon.html">Guido Brunetti</a>, por citar sólo cuatro ejemplos de la moderna novela policial europea (bueno, <a title="Donna Leon en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Donna_Leon">Donna Leon</a>, la creadora de Brunetti, es norteamericana, pero reside desde hace casi treinta años en Venecia) cuyos héroes son también funcionarios públicos.</p>



<p>Alguno de mis lectores pensará “hombre, claro, es que se trata de la Guardia Civil, que no es comparable a los cuerpos policiales a los que pertenecen los personajes que se acaban de citar”, pero justamente aquí es donde yo quiero llegar. A lo mejor suena algo exagerado o rimbombante lo que voy a escribir, pero lo cierto es que con sus novelas sobre la pareja de agentes de la Benemérita, Lorenzo Silva se ha comprometido en un empeño que dignifica la novela policíaca española, pues presenta personajes que no son simple traslación de modelos extranjeros, los pone en relación con problemáticas genuinamente hispanas (la de esta novela lo es en grado superlativo, y sobre esto haré alguna reflexión más adelante) y además lo consigue mediante un tratamiento de la narración policíaca en el que la técnica de la investigación policial y el conocimiento de la naturaleza humana son mucho más importantes que las peripecias, la acción entendida en su sentido más convencional y los diversos efectismos en que tanto abunda el género. Se podrá discutir la trascendencia o el valor literario de la propuesta literaria de Lorenzo Silva, pero lo que no cabe duda es de con ella el novelista madrileño está consiguiendo ampliar el campo al que la literatura española contemporánea debe atender.</p>



<p>Los prejuicios ideológicos tan frecuentes en nuestro país (y el mundo de las letras no es ajeno en modo alguno a ellos) no deberían distorsionar la valoración que acabo de hacer. Es cierto que la evidente simpatía que el autor siente por sus personajes y por la institución a la que pertenecen puede molestar a aquellos lectores que no compartan tal sentimiento. Ahora bien, esa objeción resulta ajena al ámbito de la literatura, y no quita ningún mérito a la empresa literaria que está desarrollando el novelista de Getafe. Por otra parte, se podría objetar que el novelista peca de ingenuo o de interesado al hacer de su protagonista uno de esos “Quijotes del siglo XXI” a los que me refería al principio de esta reseña, pero también es necesario admitir que tal elección cae plenamente en el ámbito de la soberanía del escritor, y que suponer por principio que un brigada de la Guardia Civil debiera ser una persona de menos calidad o valía que uno de sus equivalentes de las policías sueca, francesa, griega o italiana, o un personaje literariamente menos interesante que ellos, son dos formas evidentes de prejuicio.</p>



<p>Otra diferencia de las novelas de la serie Bevilacqua-Chamorro con respecto a los rasgos característicos de la novela negra tiene que ver con la personalidad del protagonista, pues todas las actuaciones de Bevilacqua responden a un imperativo moral –el deseo de recabar justicia para las víctimas– que le lleva a identificarse con ellas y ahondar en todos los detalles de sus vidas, que le salva de caer en el desánimo o la desesperanza y le refrena a la hora de ceder a la tentación de tomarse la justicia por su mano. Es cierto que tal componente moral constituye un rasgo típico de muchos héroes de la narrativa policial, pero no resulta tan frecuente que la técnica de la investigación y hasta la propia estructura del relato se vean influidos por él hasta el punto en que ello ocurre en todas las novelas de la serie policial de Lorenzo Silva. De hecho, <em>La estrategia del agua</em> es un ejemplo evidente de tal influencia: la circunstancia de que la historia personal del asesinado tenga algunos puntos de contacto con la de Bevilacqua mueve a éste a interesarse sobremanera por todos los aspectos de la vida y la personalidad de Óscar Santacruz (por citar un único detalle, el título del libro está tomado de un pasaje atribuido a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_arte_de_la_guerra"><em>El arte de la guerra</em></a> de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sun_Tzu">Sun Tzu</a>, que Bevilacqua encuentra en el piso del informático y que lee para entender mejor cómo era la víctima), y a centrar la investigación en una recopilación exhaustiva de cualquier indicio revelador de la identidad de los asesinos.</p>



<p>Como ya he dicho antes, la violencia y la mayoría de los efectismos tan caros al género negro brillan por su ausencia en <em>La estrategia del agua</em>, que destaca entre todas las de la serie por la importancia que adquieren dos métodos clásicos de la investigación policial: el interrogatorio de las personas relacionadas con la vida del asesinado y las interceptaciones de las comunicaciones de la víctima y los sospechosos del crimen. No es extraño que al brigada le guste la serie norteamericana <em><a title="The Wire" href="http://es.wikipedia.org/wiki/The_Wire">The Wire</a></em> (el título en español, <em>Bajo escucha</em>, es significativo, aunque lo cierto es que la ficción televisiva es bastante más áspera y violenta que la novela), porque en ese minuciosísimo trabajo de desentrañamiento de la vida de la víctima desempeñan una función esencial las escuchas telefónicas, que no sólo permiten trazar un panorama muy nítido de los conflictos personales de Óscar Santacruz y confirmar las motivaciones criminales de los victimarios, sino que además permiten a los agentes descubrir una serie de corruptelas que ofrecen paralelismos más que evidentes con la realidad española contemporánea.</p>



<p>De hecho, mientras leía la novela tuve varias veces la sensación de que algunos episodios ya los había leído antes o que tenían relación con noticias de actualidad. Algunos personajes secundarios, como la jueza María Luisa Seoane (p. 215) y la actriz y presentadora Catalina Liébana (p. 298) se me hicieron muy conocidos, aunque no conseguí identificarlos del todo hasta que llegué al final del libro y leí las dos páginas de reconocimientos, donde se cita a “Miguel Ángel Salgado, asesinado a traición en Ciempozuelos (Madrid) el 14 de marzo de 2007” (p. 380). Gracias a los infinitos recursos de la Red, no me costó mucho averiguar los pormenores del caso, muy famoso y con espectaculares ramificaciones judiciales, políticas y mediáticas, algunas de ellas todavía pendientes de resolución judicial (véase, por ejemplo, este artículo del diario <em><a title="'Operación Garaje': el crimen que inspiró a Lorenzo Silva" href="http://www.elmundo.es/elmundo/2010/02/26/cultura/1267218354.html">El Mundo</a></em>). Por supuesto, la novela es una obra de ficción, con todo lo que ello significa en cuanto a modificación o reinterpretación de los hechos reales, pero las coincidencias son tantas que es imposible obviarlas, y mucho menos obviar la relación de la trama de la novela con asuntos muy polémicos de la actualidad española, como los abusos que en nombre de la defensa de las mujeres maltratadas y al amparo de la <a title="Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género." href="http://www.boe.es/aeboe/consultas/bases_datos/doc.php?coleccion=iberlex&amp;id=2004/21760">ley sobre violencia de género</a> se vienen produciendo en los procesos de separación y divorcio.</p>



<p>No quiero adelantar detalles sobre cómo encaja este conflicto con el argumento de la novela, pero sí puedo decir que la relación que se establece entre ambos elementos está muy bien trabada, y que de ninguna manera puede considerarse postiza, artificiosa o ideológicamente sesgada. Por otra parte, debe destacarse que <em>La estrategia del agua</em> aborda un asunto enormemente delicado desde una perspectiva poco convencional y hasta arriesgada, en absoluto coincidente con lo que hoy en día se considera en la sociedad española como políticamente correcto. La inevitable vertiente polémica de su toma de posición no ha sido eludida por el autor en ningún momento, antes al contrario, pues la ha puesto de manifiesto en diversas declaraciones a los medios de comunicación (véase, a título de ejemplo, esta crónica de <a title="El escritor Lorenzo Silva apunta que la Administración de Justicia &quot;no es distinta de como son los ciudadanos&quot;" href="http://www.europapress.es/andalucia/noticia-escritor-lorenzo-silva-apunta-administracion-justicia-no-distinta-son-ciudadanos-20100311154701.html">Europa Press</a>). Yo no estoy en condiciones de discutir sus términos, porque no tengo conocimientos ni experiencia directa en estas cuestiones (en cambio Lorenzo Silva ha ejercido como abogado muchos años, y es preciso suponer que sabe bien por qué terrenos se mueve), pero sí puedo señalar que la forma en que la novela plantea y resuelve el conflicto resulta, desde el punto de vista literario, plenamente satisfactoria.</p>



<p>El hecho de que los “malos” de esta historia sean malas, es decir, mujeres, poco tiene que ver con la calidad que alcanza la representación novelística de la condición femenina, hasta el punto de que cabría aventurar que Lorenzo Silva ha querido equilibrar con este expediente el posible reproche de un enfoque misógino. Varios de entre los mejores y más llamativos personajes de la novela son mujeres: la jueza que lleva el caso del asesinato de Santacruz, valiente y enérgica; la jueza de familia que intervino en el divorcio del informático, de una lucidez aplastante; la cabo Inés Salgado, infatigable en el trabajo y con picardías que revelan una inteligencia práctica muy notable. Hasta la ex esposa de Santacruz constituye un personaje muy atractivo si se mira desde una perspectiva puramente literaria (no así desde una perspectiva ética), con su altivez a toda prueba, su fortaleza de ánimo incluso en los momentos más desesperados, su capacidad de manipulación a la hora de obtener de todos los que la rodean la satisfacción de sus intereses y caprichos. Curiosamente, en esta ocasión me ha parecido que el personaje de Virginia Chamorro, siempre en funciones de contrapunto realista y pragmático de las tendencias quijotescas de Bevilacqua, quedaba algo más desvaído que en anteriores novelas de la serie.</p>



<div class="wp-block-image wp-image-4360 size-full"><figure class="aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="738" height="1122" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/04/estrategia-agua.jpg" alt="Portada de la novela La estrategia del agua, de Lorenzo Silva" class="wp-image-4360" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/04/estrategia-agua.jpg 738w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/04/estrategia-agua-329x500.jpg 329w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/04/estrategia-agua-526x800.jpg 526w" sizes="(max-width: 738px) 100vw, 738px" /><figcaption>Portada de la novela <em>La estrategia del agua</em>, de Lorenzo Silva</figcaption></figure></div>



<p>Me atrevería a subrayar, además, que el autor se complace en desmontar desde el desarrollo de la trama los tópicos y estereotipos que los lectores o los propios personajes puedan albergar con respecto a los caracteres femeninos. Así ocurre en la primera secuencia en que aparece la jueza del caso, vestida impecablemente con un pañuelo y un bolso carísimos. La impresión inicial que este atuendo inspira a Bevilacqua –no lo dice con tales palabras, pero queda clarísimo que la imagina como la típica “pija”– queda desmentida por su posterior ejecutoria en la investigación, activa, comprometida y audaz. Un contraste semejante se produce con el personaje de la cabo Inés Salgado, a quienes sus propias compañeras, comenzando por la sargento Chamorro, ven en más de una ocasión como el prototipo de la “rubia tonta” (la apodan “Shakira”), pero que demuestra en la fase final de las pesquisas ser una mujer llena de recursos y con una capacidad de trabajo a toda prueba.</p>



<p>Ya que hablamos de los personajes de <em>La estrategia del agua</em>, hay que saludar como un acierto la incorporación a la serie novelística de un nuevo agente, el guardia Juan Arnau, que en los primeros compases de la historia cumple el papel algo tópico del novato recién incorporado a una unidad policial (Lorenzo Silva alimenta el estereotipo, y lo hace hasta el cansancio, con una serie de cuchufletas, muy poco graciosas por reiterativas, a propósito del nombre de pila del agente), pero que poco a poco va adquiriendo soltura, seguridad en sí mismo, conocimiento de sus compañeros y una sólida integración en el equipo de investigación. A él le corresponden algunas de las indagaciones que permiten resolver el caso, y con tales antecedentes no me parece nada inverosímil que en posteriores entregas de la serie su personaje vaya creciendo en importancia.</p>



<p>En alguna de las reseñas de la novela que he tenido oportunidad de leer se ha señalado el escaso interés de la trama, sobre todo porque la identificación de los responsables del asesinato se produce en los primeros compases del relato. También se ha reprochado al autor que las pesquisas de los agentes pecan de monotonía, pues consistan poco más que en un despliegue interminable de diálogos. Pues bien, creo que estas características –la falta de sorpresas y el predominio abrumador del diálogo, tanto como elemento de estilo como técnica de investigación– no son en modo alguno defectos, sino en todo caso méritos del planteamiento narrativo de la novela. Lo que le interesa a Lorenzo Silva, y a mi modo de ver tiene perfecto derecho a plantear su narración en tales términos, es ahondar en el conocimiento de la víctima, en las razones por las que fue asesinado y en las técnicas mediante las cuales los investigadores consiguen identificar a los inductores y ejecutores del crimen, aportando al mismo tiempo las pruebas de cargo que permitan llevarlos ante la justicia. Para este propósito, los enigmas y las sorpresas no son necesarios, y hasta podrían ser contraproducentes. Por otro lado, aun admitiendo que existan conversaciones quizás demasiado verbosas, o repetitivas, o poco inspiradas (ya he citado el caso de las burlas que Bevilacqua dirige al novato Arnau), en general el autor se muestra como un magnífico dialoguista, capaz de asignar a cada personaje una voz auténtica y reconocible, y de hacerlo mediante un estilo ágil y de indiscutible soltura.</p>



<p>No obstante, hay que admitir que los reproches que acabo de mencionar pueden tener cierta justificación, pues la novela tarda demasiado en encontrar la línea de desarrollo que más le conviene, quizás por la situación desde la que arranca, con un protagonista resabiado contra el sistema judicial y no del todo conforme con la tarea que le han encomendado. En todo caso, también estoy convencido de que el libro mejora mucho en su segunda mitad, una vez que Bevilacqua se ha liberado de las rémoras del escepticismo y el resentimiento que arrastraba de sucesos anteriores, y tras la entrada en liza de los dos agentes que resultan claves en el proceso de resolución del crimen, esto es, el guardia Arnau y la cabo Inés Salgado. El efecto de este tramo final de la novela sobre el lector es doble, pues la mejora en la eficacia de la narración coincide con la culminación de su propósito moral. Comprobar cómo funciona la máquina de la justicia –por una vez bien engrasada y con auténtico sentido de la dignidad de su misión– constituye una afirmación esperanzada, una muestra de confianza en la labor de unos funcionarios públicos que, contra viento y marea, con pocos medios, con sacrificios personales, con dedicación y gran esfuerzo, consiguen dar cumplimiento a su deber. ¿Quijotes del siglo XXI? Pues, a pesar de su mala fama, y de sus errores y defectos, tal vez lo sean.</p>



<p class="adicional">La mayoría de las críticas y reseñas de <em>La estrategia del agua</em> han sido bastante positivas, pero no todas. No suele ser común que un escritor acoja unas y otras con tanta deportividad y sentido del <em>fair play</em> como demuestra Lorenzo Silva en <a title="El efecto Piquero" href="http://lorenzo-silva.blogspot.com/2010/04/el-efecto-piquero.html">El efecto Piquero</a>, una entrada de su blog donde recopila unas y otras. Además de las que el novelista madrileño cita en dicho artículo, tienen interés las de <a title="Lorenzo Silva: La estrategia del agua" href="http://novelanegraycinenegro.blogspot.com/2010/03/lorenzo-silva-la-estrategia-del-agua.html">Francisco Ortiz</a> y <a title="La estrategia del agua - Lorenzo Silva" href="http://www.elplacerdelalectura.com/2010/03/la-estrategia-del-agua-lorenzo-silva.html">Pepe Rodríguez</a>.</p>



<p class="notasbib">Lorenzo Silva, <em>La estrategia del agua</em>, Barcelona, Destino (Col. “Áncora y Delfín”, 1174), 2010, 380 páginas.</p>
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		<title>Bevilacqua en Barcelona</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 Nov 2005 20:22:47 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[novela española contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[novela policíaca]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de la novela <em>La reina sin espejo</em>, del escritor español Lorenzo Silva.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Con <em>La reina sin espejo</em>, quinta entrega de la serie dedicada a los investigadores de la Guardia Civil Bevilacqua y Chamorro, Lorenzo Silva lleva camino de convertirse –si es que no lo es ya– en el novelista de cabecera de los aficionados al género de la narrativa policial escrita en España. Puedo afirmar sin rebozo que yo espero cada una de sus novelas con impaciencia, y que las leo a paso de carga. Me consta, además, que no soy el único: Pilar y yo hemos creado a nuestro alrededor un pequeño club de fans –mis hermanos José Ángel y Amparo y mis cuñados Óscar y Ana, grupo al que pensamos añadir, en cuanto sus padres nos lo permitan, a mis cuatro sobrinos y al que viene en camino, aunque este último habrá de esperar un poquito–, cuyos miembros han disfrutado, uno detrás de otro y con insólita unanimidad, todos los libros de la serie: <em>El lejano país de los estanques</em> (1998), <em>El alquimista impaciente</em> (2000, Premio Nadal), <em>La niebla y la doncella</em> (2002) y el libro de relatos <em>Nadie vale más que otro</em> (2004).</p>
<p>En <em>La reina sin espejo</em> el lector reconocerá rápidamente todos los rasgos habituales de la serie: escenarios contemporáneos, referencias frecuentes a la actualidad social, política y cultural, personajes ya conocidos (no sólo los protagonistas, sino algunos de los secundarios, que pasan de una a otra novela con una soltura admirable) y una elaboración peculiar del relato policial, mucho menos interesada por los efectismos truculentos –no abundan en las novelas de Bevilacqua ni la violencia ni las palabras gruesas ni los desplantes– que por el retrato de los personajes, de sus motivaciones y de sus pensamientos.</p>
<p><span id="more-66"></span></p>
<p>En este caso, el escenario general de la novela es la Barcelona del gobierno tripartito, cuya presencia planea al fondo del relato en diversos aspectos, como la implacable catalanización (que afecta incluso a la propia Guardia Civil, alguno de cuyos oficiales es humorísticamente motejado de “nacionalista”) o el progresivo despliegue de los Mossos d’Esquadra, circunstancia que previsiblemente no hace demasiada gracia a los cuerpos de policía de titularidad estatal. A esta Barcelona de última hora, descrita con innegable simpatía por el autor, se trasladan Bevilacqua y Chamorro a la caza del asesino de Neus Barutell, una famosa periodista televisiva casada con un no menos famoso intelectual y novelista catalán, Gabriel Altavella. Lo que sigue es un amplio y detallado recorrido (la novela es la más extensa de la serie) por diversos ambientes de la capital catalana, donde casi nada es lo que parece a primera vista: ni la víctima, ni su esposo, ni los sospechosos iniciales, ni por supuesto los agentes de la autoridad que muy profesionalmente investigan el crimen.</p>
<p>Como ya ocurriera en algunas de las entregas anteriores de los casos de Bevilacqua, <em>La reina sin espejo</em> es algo más que una novela policíaca. Por supuesto que su centro de interés reside en el relato de una intrincada investigación criminal, pero también es muy importante el proceso de identificación del investigador con la víctima, en el que aquél modifica sus ideas de partida y adquiere una visión más amplia de la realidad. A lo largo de este proceso, se produce una progresiva dignificación de Neus Barutell –que al principio parece encajar en los estereotipos con que suele retratarse a las personas de éxito mediático, y que con el discurrir de la novela adquiere una cierta grandeza–, y asimismo una mutua comprensión entre el agente y el marido de la víctima, el novelista Altavella. No creo que sea del todo impertinente contemplar esta situación desde una perspectiva simbólica, o parabólica: el encuentro o reconciliación entre dos mentalidades y entre dos mundos muy diferentes: el catalán y el madrileño, el intelectual y el funcionario, el integrante de la élite social y cultural y el desclasado con estudios. Que este reencuentro se deslice en algún momento por la pendiente de lo dudosamente verosímil (eso de que el investigador de la Guardia Civil haya leído a Lewis Carroll en inglés podrá ser cierto en el ámbito de la realidad, pero rechina bastante el de la ficción literaria) no le quita un ápice de interés.</p>
<p>Aunque con el correr de los años la memoria gasta malas pasadas, no creo equivocarme mucho al afirmar que ésta es probablemente la mejor novela de la serie en cuanto a la amplitud, complejidad y trabazón interna de la investigación policial. En efecto, la incorporación de un numeroso grupo de agentes de la Guardia Civil al desarrollo de las pesquisas, así como la intervención en la trama de miembros de la Policía Nacional (siempre “la pasma” para los guardias civiles) y de los Mossos d’Esquadra (los “mozos de cuadra”, los llama un poli corrupto) proporcionan a la novela una solidez innegable y una intensa sensación de verosimilitud. Algunos aspectos de la investigación policial, como los que tienen que ver con las técnicas de rastreo de las comunicaciones por telefonía móvil e Internet, están muy logrados y otorgan al relato una dosis extra de actualidad palpitante que sobre todo los lectores jóvenes sabrán apreciar. Ya sé que hay mucha gente que arruga el entrecejo en cuanto advierte la más mínima presencia de la quincalla tecnológica. En cambio, este aspecto de la novela tiene para mí un atractivo singular, pues al fin y al cabo una parte de mi trabajo cotidiano consiste en investigaciones cuasi detectivescas que implican el análisis del tráfico de red “extraño” y el rastreo de IPs.</p>
<p>Da igual, además, que algún lector se pierda por entre la jungla de la terminología informática, porque <em>La reina sin espejo</em> es una novela de ritmo ágil, aunque en absoluto frenético, que arranca con brío, tiene un desarrollo firme y en su último tercio, cuando la investigación criminal se acerca a su desenlace, se hace francamente adictiva. Algunos episodios –por ejemplo, la sesión de chat en la que participan Chamorro y la “legionaria” Tena para atrapar al principal sospechoso de la trama, haciéndose pasar por adolescentes ávidas de experiencias fuertes, o el durísimo interrogatorio del presunto homicida por parte de Chamorro, a quien Bevilacqua cede el protagonismo de la investigación– están narrados con gran eficacia, con un pulso narrativo certero que proporciona a la trama esa tensión particular, esa emoción insustituible y característica que sólo consiguen suscitar las buenas novelas policiales.</p>
<p>Antes he señalado que el interés de <em>La reina sin espejo</em> no se reduce a la trama policial. Debería precisar ahora, sin embargo, que los elementos indudablemente policíacos son, en mi opinión, lo más logrado del libro. Y con ello no me refiero solamente al entretejido de la trama, siempre tan importante en este género narrativo, sino también al retrato de los entresijos del caso, a cómo se presentan las relaciones entre los agentes de la ley, a sus comentarios y conversaciones, siempre jugosísimos y mucho más naturales que los de otros ambientes más refinados que forman parte de la historia. En la novela vemos a los agentes reír y jurar en arameo, gastarse bromas no siempre de buen gusto, lanzar dardos envenenados contra los figurones de la política o contra sus jefes más encopetados, reunirse para planear estrategias, lamerse las heridas o celebrar sus triunfos. Una de estas escenas cotidianas, con la guardia civil y ex legionaria Tena cantando a voz en cuello <em>Soy el novio de la muerte </em>mientras a su alrededor los compañeros, achispados, se parten de risa, tiene un brillo e intensidad que valen su peso en oro. Y es también en este mismo ámbito de la actividad habitual de los guardias civiles donde el lector se encuentra algunos secundarios inolvidables, como el subteniente Robles, tan cargado de experiencia, de contactos y de razones, o la jueza Carolina Perea, a la que conocemos casi exclusivamente por teléfono, siempre resolutiva y eficaz, dotada de una energía y una determinación ante las que Bevilacqua, inevitablemente, acaba fascinado.</p>
<p>Tengo que decir, en cambio, que otros aspectos de la novela no me han gustado tanto. Creo, para empezar, que la voz que preside la perspectiva del relato –la del protagonista, el sargento Rubén Bevilacqua– se hace demasiado presente y obsesiva, entorpecida además por una historia sentimental que el autor oculta deliberadamente y que resulta algo impostada de tan brumosa y elíptica. En su empeño por dar coherencia y empaque a un personaje alejado del estereotipo del guardia civil rudo, vulgar e insensible, Lorenzo Silva abusa, a mi modo de ver, de la reflexión y del autoanálisis del protagonista, sobre todo en momentos en los que las circunstancias de la trama hubieran aconsejado un enfoque más seco, más objetivo, más behaviorista. Por otro lado, y sé que en lo que voy a decir corro el riesgo de pasarme de listo, al lector que no conozca en detalle la vida y milagros de los miembros de la Guardia Civil (es mi caso) se le hace bastante cuesta arriba admitir la existencia de un sargento del cuerpo licenciado en Psicología, que ha leído a Lewis Carroll en inglés, que puede mantener conversaciones nada triviales con un novelista muy cultivado, que conoce a los clásicos y a los modernos de la poesía catalana y que se emociona con las canciones de Raimon. No es un problema de prejuicios –claro que pueden existir agentes con semejante formación y sensibilidad; yo mismo conocí en la mili algún oficial muy preparado, y no sólo en los conocimientos propios de su oficio–, sino de verosimilitud y pertinencia literarias; como ya he dicho antes, lo que es posible y admisible en la realidad, muy a menudo no lo es en la ficción.</p>
<p><figure id="attachment_4794" aria-describedby="caption-attachment-4794" style="width: 800px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" class="wp-image-4794 size-full" title="Portada de la novela La reina sin espejo, del escritor español Lorenzo Silva" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/11/la-reina-sin-espejo.jpg" alt="Portada de la novela La reina sin espejo, del escritor español Lorenzo Silva" width="800" height="1236" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/11/la-reina-sin-espejo.jpg 800w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/11/la-reina-sin-espejo-324x500.jpg 324w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/11/la-reina-sin-espejo-768x1187.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/11/la-reina-sin-espejo-518x800.jpg 518w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><figcaption id="caption-attachment-4794" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>La reina sin espejo</em>, del escritor español Lorenzo Silva</figcaption></figure></p>
<p>Yo diría que este problema ha sido advertido por el propio autor, toda vez que aparece, aunque de manera oblicua, en una de las ocasiones en que el sargento Bevilacqua toma declaración al novelista Altavella. A lo largo de la conversación, ambos acaban reconociendo cuán escasamente fundadas eran las ideas previas que cada uno tenía del otro, lo que da pie a pensar que tras la escena se encuentra el autor, recordándonos que no sólo son Bevilacqua y Altavella quienes deben superar sus prejuicios de clase y condición social. Bien, admitamos la puntualización, aunque en tal caso habría que admitir también la que Chamorro formula al término del encuentro, acerca de la competición de vanidades que ha creído apreciar en el diálogo entre su superior y el esposo de Neus Barutell.</p>
<p>Creo que Virginia Chamorro no anda en absoluto desencaminada y que con sus palabras apunta a lo que a mi modo de ver constituye el principal defecto de la novela: el hecho de que su carga intelectual y reflexiva, lejos de aumentar su interés, lo entorpece y distorsiona. No ignoro que toda una autoridad del género y un escritor de gusto tan exquisito como Jorge Luis Borges subrayó muchas veces la naturaleza intrínsecamente intelectual del relato policial, y sin embargo&#8230; algo no me cuadra en los despliegues metaliterarios de la novela, en las referencias culturales, en los vericuetos de la personalidad de Bevilacqua, que en última instancia se nos impone por sus actos como un tipo mucho más directo y resolutivo que lo que cabría deducir del tono escéptico y desengañado de sus pensamientos. Por otra parte, creo que Silva no es del todo consecuente con sus propios planteamientos a la hora de resolver el caso, cuyo desenlace se aparta notoriamente de las pistas e indicios asociados a ese componente intelectual. Seguro que los lectores me perdonarán que no profundice en este argumento, que obligaría a destripar la trama hasta extremos absolutamente imperdonables.</p>
<p>Pero bueno, toda esta discusión se halla casi al borde de lo bizantino, y yo tampoco estoy libre de incongruencias, antes al contrario. La mejor prueba de ello es que la novela me ha gustado, y que la he devorado en apenas tres noches, robándole horas al sueño e incluso a tareas mucho más urgentes. Ya dije al principio que soy fan de Bevilacqua y Chamorro, y se me ha puesto la cara muy larga cuando por alguna parte he leído que Lorenzo Silva se ha dado un plazo de tres años para publicar su próximo caso. No sé si voy a poder aguantar tanto.</p>
<p>Antes de terminar la reseña, quisiera mencionar un par de coincidencias que unen esta novela con mi propia vida. La primera, un tanto cogida por los pelos: que justo dos años antes de que el escritor madrileño terminara de escribir el libro en la Isla de Ré (en agosto de 2005), yo también recorría aquellos bellísimos parajes de la costa atlántica de Francia, y creo recordar que con alguno de sus libros en el bolso. Y la segunda, bastante mejor y más justificada: que el verano pasado nos dimos una vuelta por la Toscana italiana y nos alojamos en un precioso hotelito rural de la comarca de Chianti. Seguro que adivináis cómo se llamaban los dueños: efectivamente, Guido y Martina Bevilacqua, a quienes dimos cumplida cuenta de la existencia de un remoto pariente de ficción con uniforme verde y de las ediciones italianas que novelan sus andanzas. Si Lorenzo Silva lee estas líneas, le aconsejo que piense en la posibilidad de terminar su próximo libro en el hotel <a href="http://www.lalocanda.it" target="_blank" rel="noopener">La Locanda</a>, en Radda in Chianti, entre vides, olivos y jabalíes: no hay mejor escenario para escribir en paz y tranquilidad.</p>
<p class="adicional">Lorenzo Silva es un escritor que desde fecha muy temprana supo aprovechar las enormes posibilidades que brinda Internet a la creación literaria y a su difusión. Los lectores interesados deberían visitar su completísima <a href="http://www.lorenzo-silva.com" target="_blank" rel="noopener">web</a>, una de las mejores entre las dedicadas a novelistas españoles contemporáneos, así como el <a href="http://lorenzosilva.mypunbb.com" target="_blank" rel="noopener">foro</a> que sobre sus libros mantiene un apasionado grupo de seguidores; por supuesto, uno de los «hilos» de este foro está dedicado a <a href="http://lorenzosilva.mypunbb.com/viewtopic.php?id=390" target="_blank" rel="noopener"><em>La reina sin espejo</em></a>.</p>
<p class="notasbib">Lorenzo Silva, <em>La reina sin espejo</em>, Barcelona, Destino (Col. “Áncora y Delfín”, 1043), 2005, 379 páginas.</p>
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