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	<title>cultura y civilización romana - La Bitácora del Tigre</title>
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	<description>Blog de Eduardo Larequi García: cine, libros, blogs y WordPress, temas educativos, lengua y literatura</description>
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		<title>Las legiones romanas en África</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 13 Dec 2005 13:40:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[cultura y civilización romana]]></category>
		<category><![CDATA[La boca del Nilo]]></category>
		<category><![CDATA[León Arsenal]]></category>
		<category><![CDATA[novela española]]></category>
		<category><![CDATA[novela española contemporánea]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de la novela <em>La boca del Nilo</em>, del escritor español León Arsenal.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/12/13/las-legiones-romanas-en-africa/">Las legiones romanas en África</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Los que nos hemos criado a los pechos de Astérix y Obélix recordamos con júbilo uno de los leitmotiv más esperados de sus aventuras: esas viñetas minuciosas (casi hacía falta una lupa para apreciar todos sus detalles), que representaban «el glorioso espectáculo de la legión romana maniobrando». Recuerdo también que alguna de las muchas lecturas que dediqué a los álbumes de Uderzo y Goscinny estuvo exclusivamente dedicada a buscar las imágenes de las formaciones de la legión –en cuadro, en círculo, en tortuga–, que inevitablemente acababan destrozadas por los embates de los héroes galos.</p>
<p>De esas formaciones y de las estrategias de combate adoptadas por las legiones romanas en los tiempos del Imperio hay un par de ejemplos espléndidos, narrados con gran brío y convicción, en <em>La boca del Nilo</em>, última novela de León Arsenal. Sólo por asistir al despliegue de las unidades que forman parte de la expedición o <em>vexillatio</em> enviada por el emperador Nerón, hacia el año 66 de nuestra era, en busca del nacimiento del gran río africano, merecería la pena leer esta entretenidísima novela. Novela histórica, hay que apresurarse a precisar, <em>ma non troppo</em>, ya que los hechos reales en que está basada apenas están documentados, lo cual permite a su autor grandes libertades en el planteamiento de la historia, en el dibujo de los personajes y en el desenlace.</p>
<p><span id="more-72"></span></p>
<p>Tanto por las libertades que se toma León Arsenal con el material histórico que maneja como por el exotismo que preside gran parte del desarrollo de la trama, la novela se halla más cercana en muchos momentos al planteamiento fantástico de su libro anterior (<em>Máscaras de matar</em>, novela ganadora del premio Minotauro 2004 y que, por cierto, a mí me gustó bastante) que al propiamente histórico. Todo esto lo digo como simple constatación de las características del relato, y en modo alguno como un reproche al enfoque adoptado por el autor. Ahora bien, la propensión de Arsenal a la fabulación tiene sus riesgos, y no es el menor la intervención en la novela de algunos personajes y episodios cuya funcionalidad literaria resulta, cuando menos, dudosa.</p>
<p>El caso más claro tal vez sea el de la sacerdotisa nubia Senseneb, una mujer de belleza y fascinación arrolladoras, que se suma a la expedición en calidad de embajadora del reino meridional de Meroe ante el legado imperial, y que a lo largo de la novela se convierte en amante alternativa de los dos jefes de la expedición (el tribuno Claudio Emiliano y el <em>praefectus castrorum</em> Tito Fabio Tito). A mi modo de ver, nunca está del todo clara la función de este personaje más allá de su explícita carga erótica. Senseneb aparece reiteradamente envuelta en velos y en misterios, pero los enigmas que la rodean parecen más un elemento de tramoya narrativa que una exigencia interna de la trama.</p>
<p>Tampoco la estructura de la novela acaba de cuajar. El autor ha escogido como narrador a uno de los participantes en la expedición, el mercader Agrícola, que lleva a cabo un relato retrospectivo a partir de un momento posterior a los hechos de la trama, los cuales se evocan desde cierta distancia temporal. Tal estrategia, que proporciona al relato un aura de lejanía y exotismo tan convincente como apropiada para justificar esas licencias de la invención autoral a las que me he referido antes, sin embargo se debilita por la intervención de otras voces narrativas (por ejemplo la del mercenario griego Demetrio, que sustituye a Agrícola en el tramo final de la novela), circunstancia que a mi modo de ver desfigura su unidad y la hace algo confusa para el lector.</p>
<p>Mi percepción tiene mucho que ver, además, con otro aspecto de la novela que, si no recuerdo mal, ya me pareció observar en <em>Máscaras de matar</em>. Me refiero a la variedad de personajes y a la ausencia de un protagonista claro (a pesar de su importancia relativa, no lo son ni el tribuno ni el prefecto, ni tampoco el narrador), que cohesione los escenarios, las subtramas y los sucesos que se narran en <em>La boca del Nilo</em>. Esta ausencia es tanto más evidente en la medida en que se produce sobre un relato de estructura episódica, muy circunscrito al motivo narrativo del viaje, muchos de cuyos momentos más felices parecen más bien episodios sueltos que sucesos bien integrados entre sí. Aunque hay algunos motivos que unifican la trama –los enigmas sobre la verdadera misión de la presencia de Senseneb en la expedición, las sospechas e intrigas respecto a los saboteadores que intentan arruinarla, los enfrentamientos y discrepancias entre sus dos líderes–, ninguno de ellos adquiere en mi opinión la suficiente entidad. Yo he tenido al leerla la reiterada sensación de que unos cuantos capítulos de la novela eran poco más que escenas teatrales, diálogos que no hacen avanzar claramente la acción, y que sólo sirven para que los diversos personajes intercambien puntos de vista y opiniones sobre diversos temas históricos, filosóficos, morales, o de puro y simple cotilleo.</p>
<p>Todo lo cual no quita (ya se sabe que los que hacemos crítica literaria a menudo tendemos a pasarnos de listos) para que uno disfrute mucho, muchísimo, de la lectura de una novela como la de León Arsenal, que destila el más puro perfume de las grandes empresas históricas y de ese exotismo romántico y sensual que tanto me fascinaba cuando era más joven e indocumentado. A quien le guste la novela histórica, con sus exageraciones, sus tópicos y sus inevitables licencias (por cierto, tal vez me patinen las neuronas, pero ¿puede ser ajustado a la verdad el hecho que una de las insignias de la <em>vexillatio</em> reproduzca la bola del mundo, en una época en que no estaba comúnmente admitida la forma esférica de la Tierra?), que lea <em>La boca del Nilo</em>, porque pasará un rato estupendo.</p>
<p>Sólo una recomendación final para los <em>fans</em> del Imperio romano y de sus legiones: esta noche comienza en la Cuatro la serie <a href="http://www.hbo.com/rome/" target="_blank" rel="noopener"><em>Roma</em></a>, coproducida entre la BBC y la HBO, que viene avalada por entusiastas recomendaciones. Qué mejor combinación que plantarse ante la tele (para una vez que nos ofrecen algo que merece la pena), con una cena ligera, y la novela de León Arsenal al alcance de la mano durante los inevitables intermedios.</p>
<p class="notasbib">León Arsenal, <em>La boca del Nilo</em>, Barcelona, Edhasa (Col. «Narrativas Históricas»), 2005, 576 páginas.</p>
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		<title>Lecturas ocasionales de vacaciones</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 31 Jul 2005 09:43:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[arquitectura]]></category>
		<category><![CDATA[cultura y civilización romana]]></category>
		<category><![CDATA[Francia]]></category>
		<category><![CDATA[prehistoria]]></category>
		<category><![CDATA[vacaciones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Lecturas ocasionales de vacaciones. Breves reseñas de algunos libros leídos durante las vacaciones en Francia e Italia, en julio de 2005.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En la entrada anterior, escrita (¡con faltas de ortografía!, por culpa del teclado italiano) desde un cibercafé de Florencia, prometía volver a la carga el veinticinco de julio, tras el parón vacacional por tierras del Sur de Francia y la Toscana italiana. Como puede comprobarse, habrá que sumar ésta a la larga lista de mis promesas incumplidas o aplazadas. Hombre, tengo algunas excusas: la fatiga del turista, lo inapropiado de una fecha como la festividad de Santiago Apóstol para retomar la bitácora, lo áspero de volver a la normalidad después de tanto día de «dolce far niente».</p>
<p>Y eso que de «far niente» es sólo un modo de hablar: apenas un par de horas de playa (en la abarrotadísima de Cannes, que me puso de muy mal humor) y otra de piscina para mí, mientras Pilar echaba la siesta, y para de contar. El resto del tiempo lo hemos invertido en las inevitables obligaciones del turista con pretensiones: recorrer parajes pintorescos, fotografiar monumentos, guardar no menos monumentales colas, leer guías como quien lee los sagrados evangelios, dar vueltas y más vueltas a los mapas en los traicioneros cruces de las carreteras comarcales y, a veces, disfrutar de una merecida recompensa gastronómica en un coqueto restorán.</p>
<p><span id="more-43"></span></p>
<figure id="attachment_4883" aria-describedby="caption-attachment-4883" style="width: 158px" class="wp-caption alignright"><img decoding="async" class="wp-image-4883 size-full" title="Portada del libro Our Prehistoric Past. Art and Civilization" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/07/our-prehistoric-past.jpg" alt="Portada del libro Our Prehistoric Past. Art and Civilization" width="158" height="240" /><figcaption id="caption-attachment-4883" class="wp-caption-text">Portada del libro <em>Our Prehistoric Past. Art and Civilization</em></figcaption></figure>
<p>Eso sí, nos hemos traído las retinas ahítas de impresiones imborrables: los suaves meandros del río Dordoña, contemplados al atardecer desde un mirador en el pueblecito de Domme; los hercúleos pilares del Pont du Gard, que han durado veinte siglos y permanecerán incólumes otros cien; la infernal Autostrada dei Fiori, entre Italia y Francia, con sus más de ciento diez túneles y otros tantos viaductos, que se dice pronto; las colinas toscanas, que parecen de película o de cuadro, pero que son increíblemente reales y maravillosas; un incendio en el horizonte, cerca de Narbona, sobre el que conversamos, desde una segura distancia, con dos agentes forestales franceses que nos invitaron a bebidas frías&#8230; Hay mucho que contar de ese viaje de diecinueve días por Quercy, Périgord, Camarga, Provenza, la Costa Azul, la Toscana y el Languedoc.</p>
<p>Como casi siempre que nos vamos por ahí, nos traemos en las maletas algún bibelot y unos cuantos libros. Este año no hemos sido tan burros como en el verano de 2003, cuando volvimos de Bretaña y Normandía con casi una docena de publicaciones sobre el Desembarco del 6 de junio de 1944 (uno de mis temas-fetiche desde que tengo uso de razón). Esta vez sólo he comprado tres libritos, de esos que se venden en los expositores de los sitios turísticos, destinados a convencer al turista convencional de que en realidad es persona selecta, cultivada y sabia, y no uno de tantos patanes en camiseta, bermudas y playeras.</p>
<p>Un propósito que, a tenor de nuestra experiencia, no tiene en cuenta a los turisas de lengua española, a quienes las editoriales francesas e italianas deben de seguir considerando como público analfabeto o de dudosa rentabilidad. En efecto, de los libros que a mí me interesaban en Lascaux II (la copia de la cueva, cuyo original está cerrado al público por la misma razón que la de Altamira, la «contaminación humana») y en el Pont du Gard, ninguno se había traducido al español. De modo y manera que he tenido que adquirir dos ediciones inglesas y otra francesa, lo cual es un manifiesto engorro, pues aunque me defiendo bastante bien con el inglés escrito (bastante peor con el francés), no resulta nada cómodo enfrentarse con los tecnicismos arquitectónicos y pictóricos en las lenguas de Shakespeare y de Molière. Vaya desde aquí mi más enérgica protesta, que voy a convertir en lema para pins, jarras de café y camisetas: «libros para turistas en español, ya».</p>
<figure id="attachment_4884" aria-describedby="caption-attachment-4884" style="width: 158px" class="wp-caption alignright"><img decoding="async" class="wp-image-4884 size-full" title="Portada del libro Connaître Lascaux" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/07/connaitre-lascaux.jpg" alt="Portada del libro Connaître Lascaux" width="158" height="218" /><figcaption id="caption-attachment-4884" class="wp-caption-text">Portada del libro <em>Connaître Lascaux</em></figcaption></figure>
<p>A pesar de todo, tengo que reconocer que he disfrutado con la lectura de dos libritos sobre arte prehistórico, el de Denis Vialou, <em>Our Prehistoric Past. Art and Civilization</em>, y el de Brigitte y Gilles Delluc, <em>Connaître Lascaux</em>, y otro sobre el archifamoso puente-acueducto romano sobre el río Gardon, <em>The Pont du Gard</em>. El primero es, a pesar de su brevedad y su pequeño formato, un libro fascinante, que recomiendo a cualquier persona interesada en el fenómeno artístico; tras leerlo, es imposible seguir manteniendo la idea del «primitivismo» de los hombres primitivos. Tanto por su pericia técnica, como por la estructura de las composiciones, como por su significado y trascendencia (en la medida en que podemos interpretar las obras de gentes tan distintas a nosotros), las pinturas, las tallas y demás realizaciones de nuestros remotos antepasados son tan deliberadamente artísticas y tan complejas (o tal vez más, visto lo que ofrece el panorama) como la de cualquier conspicuo artista contemporáneo.</p>
<p>El libro de Brigitte y Gilles Delluc es mucho más específico, pues se limita a la descripción e interpretación de las pinturas y grabados de esa «Capilla Sixtina» del arte prehistórico que es la cueva de Lascaux. La verdad es que, tanto por mis dificultades con el francés como por lo profuso de las ilustraciones, con esta monografía me he limitado a una lectura a salto de mata, a la caza y captura de los detalles que más me interesaban, en especial de las explicaciones sobre las impresionantes figuras de toros y caballos (de verdad que impresionan cuando se ven en la cueva, bueno, en la reproducción de la cueva). De todas formas, es un libro que voy a dejar a mano sobre mis estantes favoritos, para ir echándole un vistazo de vez en cuando.</p>
<figure id="attachment_4885" aria-describedby="caption-attachment-4885" style="width: 158px" class="wp-caption alignright"><img decoding="async" class="wp-image-4885 size-full" title="Portada del libro The Pont du Gard and The Roman Aqueduct From Uzès to Nîmes" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/07/le-pont-du-gard.jpg" alt="Portada del libro The Pont du Gard and The Roman Aqueduct From Uzès to Nîmes" width="158" height="219" /><figcaption id="caption-attachment-4885" class="wp-caption-text">Portada del libro <em>The Pont du Gard and The Roman Aqueduct From Uzès to Nîmes</em></figcaption></figure>
<p><em>The Pont du Gard</em> es otra monografía dedicada a analizar la historia, la técnica constructiva y demás aspectos relevantes del mayor acueducto erigido por los romanos en la inmensidad de su imperio. La compré no sólo por mi absoluta admiración por esta gente (Pilar suele reírse de mí invocando a intervalos regulares una de mis frases-emblema: «qué gran pueblo los romanos»), sino para proveer de documentación a un compañero de trabajo, Imanol Martín, magnífico diseñador en Flash que lleva meses haciendo coliseos, foros y acueductos para las aplicaciones didácticas que elabora el <a title="CNICE" href="http://www.cnice.mecd.es">CNICE</a> en colaboración con el <a title="Programa de Nuevas Tecnologías y Educación" href="http://ntic.pnte.cfnavarra.es/portal/">PNTE</a> y otras instituciones análogas de las admistraciones educativas autonómicas. Aunque el Pont du Gard sea una obra que todo el mundo ha visto centenares de veces en fotos y en documentales, gana muchísimos enteros en la realidad. Por una vez, las guías turísticas aciertan totalmente: visto de cerca, le deja a uno sin respiración. Y cuando se van leyendo los detalles sobre la arquitectura del acueducto, sobre las redes hidráulicas y los sistemas de canalización, el asombro es ya completo y perdurable. ¡Qué talento el de los ingenieros romanos de hace dos mil años, qué capacidad de planificación, qué confianza en sí mismos y en lo sólido de sus propósitos! Y algunos por aquí cerca, que persisten en afirmar el orgullo de no haber sido contaminados por su influencia colonizadora. Ya se les nota, ya.</p>
<p class="notasbib">Vialou, Denis, <em>Our Prehistoric Past. Art and Civilization</em>, London, Thames and Hudson, 1998, 160 páginas.<br />
Delluc, Brigitte y Gilles Delluc, <em>Connaître Lascaux</em>, Bordeaux, Éditions Sud Ouest, 1989, 64 páginas.<br />
A.A.V.V., <em>The Pont du Gard and The Roman Aqueduct From Uzès to Nîmes</em>, Firenze, Casa Editrice Bonechi, 2003, 64 páginas.</p>
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