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	<title>Guerra Civil española - La Bitácora del Tigre</title>
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	<description>Blog de Eduardo Larequi García: cine, libros, blogs y WordPress, temas educativos, lengua y literatura</description>
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		<title>La mula</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 May 2013 19:29:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[cine bélico]]></category>
		<category><![CDATA[cine español]]></category>
		<category><![CDATA[comedia]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra Civil española]]></category>
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		<category><![CDATA[Michael Radford]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de la película <em>La mula</em>, del director británico Michael Radford.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2013/05/13/la-mula/">La mula</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>He de reconocer que tenía muchas prevenciones antes de ver <em><a title="La mula - La Butaca" href="http://peliculas.labutaca.net/la-mula">La mula</a></em>. Si no hubiera sido por uno de nuestros habituales acuerdos cinematográficos de fin de semana, en virtud del cual Pilar me acompañaría a <em><a title="Olympus Has Fallen - IMDB" href="http://www.imdb.com/title/tt2302755/">Objetivo: La Casa Blanca</a></em>, a cambio de que yo fuera con ella a ver la película española, es muy probable que me hubiera quedado en casa leyendo <em>Capital</em>, de <a title="John Lanchester - Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/John_Lanchester">John Lanchester</a> (una novela espléndida, que seguramente reseñaré en este blog), o escuchando en la radio la retransmisión del partido <a title="Resumen de Osasuna (1-0) Getafe CF - YouTube" href="http://www.youtube.com/watch?v=cx5k1O0oG1w">Osasuna-Getafe</a>. Mis reparos quizá fueran poco consistentes, pero no caprichosos: en primer lugar, no me gustaban los actores protagonistas de <em>La mula</em> –la pose chulesca y la defectuosa dicción de <a title="Mario Casas - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mario_Casas">Mario Casas</a> no constituyen precisamente una buena carta de presentación, y <a title="María Valverde - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Valverde">María Valverde</a> casi nunca me ha parecido convincente en sus papeles–; en segundo lugar, desconfiaba del resultado final de una película cuyo director, el británico <a title="Michael Radford - IMDB" href="http://www.imdb.com/name/nm0705535/">Michael Radford</a>, se retiró del proyecto pocos días antes de terminar el rodaje y cuyo estreno ha venido precedido por un rosario de <a title="'La mula' sigue sin caminar" href="http://elpais.com/diario/2011/04/17/cultura/1302991203_850215.html">peripecias administrativas y judiciales</a>; por último, no me apetecía mucho asistir a una más de las entregas del largo serial de películas españolas sobre la Guerra Civil lastradas por la peculiar e intragable mezcla de cutrez en la producción y abierto maniqueísmo ideológico.</p>
<p>Sin embargo, la película consiguió vencer mis prejuicios desde la primera secuencia, que muestra a los dos bandos participantes en la <a title="Batalla de Valsequillo - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Valsequillo">batalla de Valsequillo</a>, enzarzados en una peculiar variedad de guerra sicológica, cuyas armas son las alabanzas hacia sus respectivas exquisiteces gastronómicas, aderezadas con el incomparable talento hispánico para el insulto y la blasfemia. Los tiros, las explosiones, la sangre y la muerte llegan enseguida para demostrar que esta no es una guerra de opereta, ni tampoco una mera repetición de la visión esperpéntica y absurda de la contienda que de forma tan inolvidable fue plasmada en imágenes por <em><a title="La vaquilla - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/La_vaquilla">La vaquilla</a></em> (no obstante, el recuerdo de la película de <a title="Luis García Berlanga - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Luis_Garc%C3%ADa_Berlanga">Luis García Berlanga</a> es inevitable en muchos momentos del film). Conviene poner de relieve la importancia de estas primeras escenas de <em>La mula</em>, porque con ellas enseña sus cartas a los espectadores y les sitúa ante el territorio que han de recorrer: una historia que combina el drama personal y la tragedia colectiva con un tono humorístico muy logrado, que en modo alguno resulta postizo o irrespetuoso, sino muy al contrario, plenamente justificado por el devenir de los hechos y el carácter de los personajes.</p>
<p><span id="more-2653"></span></p>
<p>Esos soldados que luchan en las trincheras cordobesas, mal alimentados, mal vestidos (el aspecto ajado y desastrado de los uniformes es, sin lugar a dudas, de lo mejor que ha conseguido una producción española en los últimos años), rijosos y malhablados, hartos de tres años de guerra, siempre propensos al escaqueo y la indisciplina, nos recuerdan desde el inicio de la película una idea esencial que el cine español de los últimos años sobre la Guerra Civil parecía haber olvidado: que la contienda se libró entre seres humanos, con virtudes y flaquezas, y no entre monstruos de maldad, por una parte, e idealistas angélicos, por otra. Y así, mientras los soldados de primera línea luchan, son heridos y mueren, el acemilero Juan Castro busca setas para la comida del teniente coronel que manda su unidad, y en el fragor y confusión de la lucha encuentra a la hermosa mula blanca que da título y sentido a la historia.</p>
<p>Como casi todos los soldados de ambos bandos, lo único que desea el acemilero Castro es salir indemne de la guerra y, si es posible, llevarse la mula consigo tras el final de la contienda, para trabajar con ella la tierra, en el cortijo de Andújar del que procede. En el retrato de este personaje de escasa educación pero de gran inteligencia natural y noble corazón, prudente y sensato, pero también valeroso cuando la ocasión lo requiere, entrañable en su relación con sus compañeros y con la mula Valentina (hay escenas en las que los abrazos y las caricias con que el muchacho obsequia al animal hacen inevitable pensar en la bonhomía de Sancho Panza), se halla uno de los valores más indiscutibles y perdurables de la película. Es obvio que gran parte del atractivo de este personaje es consecuencia del medido guion de Michael Radford y <a title="Juan Eslava Galán - Página oficial" href="http://www.juaneslavagalan.com/">Juan Eslava Galán</a>, también autor de <a title="Juan Eslava Galán - La mula" href="http://www.juaneslavagalan.com/ficha.php?id=35">la novela</a> en que está basado, con sus vívidos detalles de la vida del frente y la retaguardia, su amor por el lenguaje (he tenido que mirar en el diccionario palabras que desconocía, como “quintería” o “majoletas”) y su cariño hacia los personajes, pero el mérito principal corresponde a la admirable interpretación con la que Mario Casas obsequia al respetable.</p>
<figure id="attachment_3275" aria-describedby="caption-attachment-3275" style="width: 1280px" class="wp-caption aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-3275 size-full" title="Cartel de la película &lt;em&gt;La mula&lt;/em&gt;, de Michael Radford" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2013/05/la_mula.jpg" alt="Cartel de la película &lt;em&gt;La mula&lt;/em&gt;, de Michael Radford" width="1280" height="1813" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2013/05/la_mula.jpg 1280w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2013/05/la_mula-353x500.jpg 353w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2013/05/la_mula-768x1088.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2013/05/la_mula-565x800.jpg 565w" sizes="(max-width: 1280px) 100vw, 1280px" /><figcaption id="caption-attachment-3275" class="wp-caption-text">Cartel de la película <em>La mula</em>, de Michael Radford</figcaption></figure>
<p>Y hay que decirlo bien claro, porque su trabajo se lo merece: Mario Casas está espléndido, mucho mejor que en cualquiera de sus películas anteriores. Por supuesto, su apostura y su físico tan rotundo le ayudan a componer las poses de galán (tímido y torpe, pero aun así galán) que debe exhibir ante el personaje de la coqueta y caprichosa Conchi, interpretada por María Valverde, pero además su actuación ofrece muchos y complejos matices que en otros papeles no había tenido oportunidad de mostrar: vulnerabilidad, decepción y amargura, ingenuidad, rabia, camaradería sincera, habilidades picarescas y un sentido de la dignidad personal capaz de mantenerse a salvo de las conveniencias y los halagos, de las banderías y los fanatismos.</p>
<p>Además, el joven protagonista está muy bien acompañado por la mayoría de sus compañeros de reparto: <a title="Secun de la Rosa - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Secun_de_la_Rosa">Secun de la Rosa</a> se sale de la pantalla, y borda el papel del acemilero El Chato, hasta el punto de que en varios momentos de la película su interpretación es el verdadero sostén de los planos y secuencias en que interviene; el siempre eficaz <a title="Luis Callejo - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Luis_Callejo">Luis Callejo</a> compone con mucho acierto la figura de un teniente coronel franquista, melómano y cachazudo, inteligente y escéptico, que constituye un contrapunto muy saludable a la arrogancia y la crueldad de otros mandos; <a title="Pepa Rus - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pepa_Rus">Pepa Rus</a>, en su papel de amiga de Conchi, más llana y sincera que esta, derrocha luz y salero en todos los planos en que interviene; <a title="Eduardo Velasco - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Eduardo_Velasco">Eduardo Velasco</a>, por su parte, encarna su papel del sargento Barrionuevo, un militar recio y firme al estilo del inolvidable brigada Castro que con tanta convicción encarnó <a title="Alfredo Landa" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alfredo_Landa">Alfredo Landa</a>, como si en toda su vida no hubiera hecho otra cosa que llevar el uniforme. En cambio, la interpretación de María Valverde me ha parecido, en líneas generales, poco acertada; es verdad que su papel de muchacha caprichosa e hipócrita impide que el espectador pueda sentir simpatía hacia ella, pero también que su actuación en muchas escenas es muy exagerada, con un acento andaluz tan desorbitado que en ocasiones resulta paródico. No obstante este reproche, hay que insistir en el hecho de que el tono general de las interpretaciones de <em>La mula</em> es más que satisfactorio; se nota que los actores han sido dirigidos con mimo, que ha habido un trabajo muy sólido con las actitudes, los gestos, los movimientos y las miradas de los actores y actrices que dan vida a los personajes de la historia, y que la producción ha hecho un esfuerzo muy meritorio por estar a la altura de las circunstancias.</p>
<p>Este aspecto de la labor cinematográfica, tan importante para afianzar la verosimilitud, y sin embargo tan a menudo convertido en asignatura pendiente de las películas españolas, especialmente de aquellas que deben realizar un esfuerzo creíble de ambientación y reconstrucción histórica, destaca en <em>La mula</em> muy por encima de otros muchos títulos del cine español reciente. A pesar de que el largometraje no está exento de fallos o insuficiencias en este ámbito –algunas escenas, que seguramente han sido creadas por ordenador, como las de las incursiones aéreas, son poco creíbles; por otro lado, los planos dedicados a movimientos de masas tienen poca profundidad, o son demasiado breves, o en ciertos casos están muy mal resueltos, como ocurre por ejemplo con los que forman parte de la muy fallida secuencia de la imposición de medallas–, en general puede decirse que la presentación del entorno en el que transcurre la acción de la película no supone en casi ningún momento un obstáculo significativo para disfrutar de la historia. Los campos, los edificios, los vehículos (¡hasta un <a title="T-26 - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/T-26">tanque T-26</a> republicano tiene un pequeño, pero sabroso papel!), los enseres domésticos, la ropa, las actitudes de los personajes y hasta su modo de hablar, sabroso y muy expresivo (de nuevo hay que subrayar en este aspecto el mérito del guion), tienen un sólido aire de verdad, de realidad histórica, y no de cosa impostada y falsa.</p>
<p>Otra cosa es la fotografía, capítulo en el que, seguramente debido a las vicisitudes de producción, <em>La mula</em> muestra una mezcolanza o discontinuidad de tonos, calidades y estilos bastante desconcertante. Algo parecido ocurre con la banda sonora, compuesta por <a title="Óscar Navarro" href="http://onavarro.com/">Óscar Navarro</a>, que aunque tenga piezas muy interesantes –por ejemplo, las escenas del combate en que el tableteo de las ametralladoras va acompañado por un alegre ritmo de castañuelas– en otros momentos ofrece la incómoda impresión de ser poco coherente con la historia que se nos cuenta, o con el tono y significado de las secuencias.</p>
<p>A cambio, <em>La mula</em> premia al espectador con abundantes muestras de un cine vigoroso y lúcido, capaz de reunir en un molde único ingredientes muy diversos que no desentonan entre sí: la comedia en todos sus tonos y variantes, la crónica costumbrista, el drama personal, la tragedia colectiva, el documento histórico. Hay en este largometraje muchas secuencias muy atractivas, que a pesar de sus ocasionales defectos quedan en la memoria de los espectadores: <a title="La mula, clip 2 - La Butaca" href="http://trailers-de-peliculas.labutaca.net/la-mula-clip-2">el baile</a> en el pueblo de la retaguardia franquista, con los acemileros repeinados e inseguros que apenas se atreven a requebrar a las chicas más guapas, <a title="La mula, clip 4 - La Butaca" href="http://trailers-de-peliculas.labutaca.net/la-mula-clip-4">la cabalgada del obispo</a> que visita el frente, jinete frenético a lomos de una mula desbocada, <a title="La mula, clip 3 - La Butaca" href="http://trailers-de-peliculas.labutaca.net/la-mula-clip-3">la merienda campestre</a> que termina con la mula devorando los filetes empanados y hasta el mantel, la insólita confesión nocturna en la que el alférez Zamora –un personaje de un patetismo muy emotivo–se sincera con el protagonista, o el terrible momento en que un suboficial franquista remata a un prisionero republicano herido, provocando la indignada reacción del soldado Castro.</p>
<p>Sí, es verdad que a <em>La mula</em> le falta mucho para ser considerada como una película redonda, pero también que marca un camino que el cine español debería recorrer con más frecuencia: el de un cine popular, que no populachero, con buenas historias y mejores personajes, protagonizado por actores capaces de llegar a los espectadores aunque sea por motivos extracinematográficos (es el caso de Mario Casas y María Valverde, pareja en la ficción y en la vida real, que tienen un tirón indiscutible entre el público más joven), bien realizado y adecuadamente producido, con guiones de calidad y alejado de los apriorismos ideológicos. Un cine que tenga referentes históricos potentes –la Guerra Civil, pero también otros muchos episodios de nuestra atribulada historia colectiva, pueden y deben seguir siendo un filón– y que sea capaz de sacar todo el partido posible de la tradición literaria española –la picaresca, el esperpento, la comedia de toques costumbristas–, enriquecida por el jugoso lenguaje popular y la valiosísima variedad dialectal de nuestro idioma.</p>
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		<title>Las 13 rosas</title>
		<link>https://www.labitacoradeltigre.com/2007/11/01/las-13-rosas/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 01 Nov 2007 20:42:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[cine español]]></category>
		<category><![CDATA[Emilio Martínez-Lázaro]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra Civil española]]></category>
		<category><![CDATA[Las 13 rosas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de la película <em>Las 13 rosas</em>, del director español Emilio Martínez-Lázaro.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2007/11/01/las-13-rosas/">Las 13 rosas</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Fui a ver <em>Las 13 rosas</em>, la reciente película de Emilio Martínez-Lázaro sobre las jóvenes fusiladas por la represión franquista poco después del término de la Guerra Civil, con el firme propósito de no dejarme conmover. Ya he señalado alguna vez en este blog que <a title="La construcción del yo en los blogs" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2007/01/07/la-construccion-del-yo-en-los-blogs/">tengo la lágrima fácil</a> y me emociono hasta con los anuncios de la radio, de modo que no lo hice por un prurito de impasibilidad o altanería. Más bien tuve presente una observación que más de una vez ha hecho <a title="De cine y de otras muchas cosas" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/12/19/de-cine-y-de-otras-muchas-cosas/">Javier Marías</a>, creo recordar que aplicada al cine español: al llevar este tipo de historias a la gran pantalla, sus productores juegan con ventaja, pues resulta imposible que el espectador no simpatice con los personajes y no apoye su causa.</p>
<p>Con todo, la película me conmovió. Es probable que su recuerdo no sea tan perdurable como lo pretende, pero durante algunos momentos me dejó transido de emoción y de angustia ante el trágico destino de sus protagonistas y lo injusto y cruel de su martirio. Y todo ello a pesar de un comienzo muy flojo, y de su innegable tendencia a abusar de los trucos (no sólo los sentimentales, inevitables hasta cierto punto) y a ceder a la tentación del recurso fácil. Mal comienza, en efecto, <em>Las 13 rosas</em>, pues arranca con unos títulos de crédito un tanto tramposos, que simulan fotos de época y que luego se revelan como planos extraídos de la película, sigue con un mitin del todo inverosímil (mal interpretado y rodado de forma muy desangelada), en el que llevan la voz cantante Virtudes y Carmen, dos de las protagonistas de la historia, y muestra a continuación unas escenas a campo abierto donde los figurantes que desfilan -la típica mezcolanza de falangistas, requetés y soldados regulares, todos ellos cantando el «Yo tenía un camarada»- parecen haber salido de la utilería diez minutos antes de marchar ante la cámara.</p>
<p><span id="more-431"></span></p>
<p>Le cuesta coger aire a <em>Las 13 rosas</em>, y asentar un discurso fílmico creíble, entre otras razones porque el diseño de producción es poco convincente. Se echan en falta más escenarios reconocibles para quienes no sean vecinos de Madrid (sólo hay una secuencia suficientemente explícita, en la que aparece la cabeza de la Cibeles protegida por sacos terreros, mientras al fondo se ve el arranque de Gran Vía y la calle de Alcalá, pero incluso ese plano tiene algo de artificial), se abusa de los planos cortos y de interiores, las escenas de masas tienen un tono forzado y algún detalle de ambientación militar parece difícilmente creíble, como por ejemplo el vuelo en formación de una escuadrilla de <a title="Junkers Ju 52 en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Junkers_Ju_52">Junkers Ju 52</a>, a una altura tan baja que podrían haber chocado con el edificio de la Telefónica. La estructura narrativa de la película también influye en la dificultad de hacerse con el hilo de la trama, y es que las historias de las principales protagonistas alternan entre sí, de modo que el espectador tiene que hacer un cierto esfuerzo para ir reuniendo las conexiones que entre ellas existen.</p>
<p>Pero lo cierto es que conforme el film avanza, va ganando en solidez y en interés: las interpretaciones son más sueltas, más apasionadas; los personajes se adensan, cobran fuerza y entidad ante los ojos de los espectadores y toda la historia va creciendo en verosimilitud e intensidad dramática. El hecho esencial de la trama -la llegada a prisión de todas las muchachas, unidas en un mismo y cruel destino- es el factor fundamental que explica esta mejoría. La reclusión en la cárcel permite al espectador apreciar la humanidad vibrante de unos personajes que encuentran en la solidaridad y el auxilio mutuo la única fuerza posible en un ambiente de hacinamiento terrible, de abusos constantes, de adoctrinamiento ideológico feroz. Las secuencias que muestran la alegría de vivir propia de las jóvenes, a través de bromas, risas y canciones, no resultan postizas (bueno, hay una hermosa escena de baile de claqué estropeada por la entrada de una música imposible que rechina como una clara manipulación de la emoción y la alegría del momento), sino al contrario, un elemento de vigoroso contraste con la sordidez y opresión del ambiente carcelario.</p>
<p>De hecho, creo que lo mejor de la película es que consigue hacer creíble (y admirable) la solidaridad interna del grupo de mujeres, la alegría momentánea de su agrupamiento en la prisión y, sobre todo, su creciente desesperación al comprobar la suerte que les aguarda. Hay varios momentos de muy intensa emotividad durante la etapa de encarcelamiento, como el encuentro entre el sargento de la Guardia Civil expulsado del cuerpo (un colosal José Manuel Cervino, cuyas breves apariciones en la gran pantalla dejan un excelente sabor de boca) y su hija Adelina, en una sala de visitas atestada, donde casi es imposible oírse y hacerse entender; el hombre, incapaz de verbalizar su afecto por su hija, acaba manifestándoselo por escrito en un papelito. O la estremecedora secuencia, por cuanto revela de la mezquina crueldad del régimen franquista, en que las presas se ven obligadas a aceptar el sacramento de la confesión si quieren escribir sus últimas cartas a familiares y allegados.</p>
<p>La conjunción del extenso reparto, y particularmente del elenco de actrices escogidas por Martínez-Lázaro, tiene mucho que ver en la credibilidad de la historia. La idea de escoger a actrices relativamente desconocidas, con sólo algunas figuras destacadas pero no de primerísima fila, ha dado excelentes resultados. Las más famosas (Marta Etura, como Virtudes, Verónica Sánchez, como Julia y Pilar López de Ayala, como una dignísima Blanca) están francamente bien. Y consiguen sorprendentes interpretaciones otras actrices no tan conocidas: Gabriella Pession, que interpreta a Adelina, Nadia de Santiago como Carmen, la benjamina del grupo (para mi gusto, el mejor de todos los papeles), o Bárbara Lennie, como Dionisia. Parece que la generación de actrices y actores (pues también se lucen Fran Perea, Asier Etxeandia o Félix Gómez, en sus breves papeles), nacida del vivero de las series adolescentes y juveniles que tanto éxito han tenido en la televisión española durante la última década, comienza a rendir sus frutos.</p>
<p>Emilio Martínez-Lázaro consigue un equilibrio muy aceptable (y estoy seguro de que la tripleta de guionistas habrá tenido que dar muchas vueltas a sus papeles para lograrlo) entre la significación ideológica del sacrificio de las protagonistas de su historia, de la cual ellas mismas aparecen plenamente conscientes, y la tragedia que representa, desde una perspectiva estrictamente humana, la muerte injusta de trece muchachas en la flor de la vida. No hay dogmatismo ideológico en su planteamiento, o sólo en momentos muy contados y sí, en cambio, una aproximación sincera y dignísima al dolor, la injusticia y el sufrimiento. La toma de partido es inevitable, pero no cabe reprochársela a una historia tan marcada por la injusticia como ésta (porque entonces también habría que cuestionar el que los nazis siempre figuren como culpables en las películas que narran la persecución de los judíos), ni tampoco a un director que, al lado de detalles muy significativos sobre el señoritismo brutal de los falangistas, el sadismo de la policía franquista y la implacable y burocrática maquinaria de los juicios militares sumarísimos, es también capaz de mostrar detalles de humanidad entre los vencedores de la guerra: por ejemplo en el rostro crispado de la directora de la cárcel, muy bien interpretada por Goya Toledo, cuando se llevan a sus presas de camino al paredón, o en la mirada al mismo tiempo cobarde y enamorada de Perico, el novio franquista de Julia, cuando la contempla, escondido entre las tumbas, durante el entierro de la hermana de la muchacha.</p>
<figure id="attachment_5867" aria-describedby="caption-attachment-5867" style="width: 800px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" class="wp-image-5867 size-full" title="Cartel de la película Las 13 rosas, de Emilio Martínez-Lázaro" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2007/11/las-13-rosas.jpg" alt="Cartel de la película Las 13 rosas, de Emilio Martínez-Lázaro" width="800" height="1200" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2007/11/las-13-rosas.jpg 800w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2007/11/las-13-rosas-333x500.jpg 333w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2007/11/las-13-rosas-768x1152.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2007/11/las-13-rosas-533x800.jpg 533w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><figcaption id="caption-attachment-5867" class="wp-caption-text">Cartel de la película <em>Las 13 rosas</em>, de Emilio Martínez-Lázaro</figcaption></figure>
<p>Más reprochable me parece, en cambio, la tendencia a los subrayados emotivos, que se percibe en detalles muy diversos: por ejemplo, en la música de Roque Baños, realmente hermosa en varias ocasiones, pero también innecesariamente enfática en momentos que ya de por sí son conmovedores; en algunos planos repetitivos (el canto del «Cara al sol» en la galería de la prisión), que además forman parte de una puesta en escena deliberadamente expresionista, con angulaciones poco habituales; o en la utilización de un recurso de elegancia tan cuestionable como el discurso final de Blanca a su hijo, mediante un plano fijo que se halla fuera de la acción y para cuyo efecto probablemente hubiera bastado con la voz en off. Algún otro aspecto del film, como por ejemplo el leitmotiv de la presencia de un par de chavales que aparecen jugando entre las ruinas, correteando luego por entre las tiendas que alojan las tropas participantes en el Desfile de la Victoria y al final imitando los fusilamientos junto a los muros de la cárcel, me ha parecido desconcertante. Si no me he fijado mal, son siempre los mismos chicos, un detalle que se me antoja inverosímil y cuya funcionalidad narrativa no acabo de entender.</p>
<p>Quizás quepa reprochar también a los responsables de <em>Las 13 rosas</em> cierto oportunismo en la formulación explícita de algunas ideas y principios (la necesidad de que los hechos no caigan en el olvido, la reivindicación de la inocencia de personas inicuamente juzgadas, condenadas y ejecutadas), que coinciden en el tiempo, y no parece una coincidencia casual, con proyectos legislativos de estricta actualidad. Ahora bien, no es menos cierto que esos hechos y esas reivindicaciones tienen todo el derecho a ser mostrados al público, y que ha de ser el público, en última instancia, el que desde la limitada pero legítima soberanía que le otorga el haber pagado su entrada, haya de emitir su propia valoración.</p>
<p>Si a mí se me pide opinión al respecto diré que, con todos sus fallos, con su propensión a la facilidad y a los trucos no siempre de recibo, <em>Las 13 rosas</em> es una película digna, que merece verse con atención y con respeto. Carece, desde luego, de los excesos panfletarios que yo me había temido por algún antecedente cinematográfico que prefiero no nombrar, y en cambio su relato de los hechos consigue tocar la fibra sensible del espectador. Es una lástima, sin embargo, que el film no alcance la redondez y el empaque que hubiera exigido una historia tan trágica y despiadada como la de las trece chicas ejecutadas a tiros, de madrugada, el 5 de agosto de 1939. Sigue faltándonos, pues, esa película redonda sobre la Guerra Civil en la que puedan reconocerse sucesivas generaciones de españoles, y bien que la echamos de menos.</p>
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