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	<title>historia militar - La Bitácora del Tigre</title>
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	<description>Blog de Eduardo Larequi García: cine, libros, blogs y WordPress, temas educativos, lengua y literatura</description>
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		<title>Batallas decisivas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Jul 2007 20:45:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
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		<category><![CDATA[El día de los bárbaros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Batallas decisivas. Reseña de dos libros sobre las batallas de Kursk y Adrianópolis.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2007/07/17/batallas-decisivas/">Batallas decisivas</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Desde los tiempos en que mi hermano José Ángel y yo nos dedicábamos a montar maquetas (y de eso hace casi un cuarto de siglo, hay que ver cómo pasa el tiempo), me aficioné a leer libros de historia militar. Los manuales sobre construcción de modelos a escala siempre hacían hincapié en la importancia de una buena documentación a la hora de ambientar las maquetas en sus correspondientes dioramas, y nosotros, que siempre fuimos chicos disciplinados, nos esforzamos en hacer caso de la recomendación.</p>
<p>La costumbre de leer sobre grandes acontecimientos bélicos sobrevivió al abandono de la afición por las maquetas, de la que sólo me queda la inevitable nostalgia y una fascinación casi infantil por ver escaparates, exposiciones y catálogos. Aunque he cultivado el interés por la polemología de forma más bien irregular, y desde luego poco sistemática, mi presencia en la web me ha dado más de una oportunidad de expresarlo por escrito: en <em><a title="Lengua en Secundaria" href="http://www.lenguaensecundaria.com">Lengua en Secundaria</a></em> publiqué el comentario de uno de los libros de historia militar más famosos de los últimos años, el espléndido <a title="Reseña de Stalingrado, de Antony Beevor, en Lengua en Secundaria" href="http://www.lenguaensecundaria.com/resenas/stalingr.shtml"><em>Stalingrado</em> de Antony Beevor</a>, y en este blog reseñé también otro trabajo magnífico, el <a title="Reseña de Por qué ganaron los aliados, de Richard Overy, en La Bitácora del Tigre" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/08/05/la-guerra-no-estaba-ganada-de-antemano/"><em>Por qué ganaron los aliados</em>, de Richard Overy</a>.</p>
<p><span id="more-379"></span></p>
<figure id="attachment_4620" aria-describedby="caption-attachment-4620" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img decoding="async" class="wp-image-4620" title="Portada del libro Kursk, 1943. La batalla decisiva, de Álvaro Lozano" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2007/07/kursk-1943.jpg" alt="Portada del libro Kursk, 1943. La batalla decisiva, de Álvaro Lozano" width="150" height="239" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2007/07/kursk-1943.jpg 1073w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2007/07/kursk-1943-313x500.jpg 313w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2007/07/kursk-1943-768x1225.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2007/07/kursk-1943-501x800.jpg 501w" sizes="(max-width: 150px) 100vw, 150px" /><figcaption id="caption-attachment-4620" class="wp-caption-text">Portada del libro <em>Kursk, 1943. La batalla decisiva</em>, de Álvaro Lozano</figcaption></figure>
<p>Como no podía ser de otra forma, ambos trabajos son citados a menudo por Álvaro Lozano, diplomático y especialista en temas de historia militar, en su libro <em>Kursk, 1943. La batalla decisiva</em>, una obra que pone al alcance de los lectores en lengua española un balance exhaustivamente documentado de lo que significó esta batalla, la más grande disputada sobre la superficie terrestre en toda la Segunda Guerra Mundial y, aun así, un encuentro que ha pasado relativamente desapercibido al lado de otros hitos fundamentales del gran conflicto bélico, como Stalingrado, Normandía o El Alamein.</p>
<p>Álvaro Lozano otorga a la <a title="Batalla de Kursk en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Kursk">batalla de Kursk</a> la importancia histórica que a todas luces merece, pues este colosal enfrentamiento no sólo ha de ser recordado como la mayor batalla de tanques de la historia (en torno a la localidad de <a title="Batalla de Prokhorovka en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Kursk#Projorovka">Prokhorovka</a>, al sur del saliente de Kursk, se enfrentaron más de mil blindados rusos y alemanes en un espacio relativamente reducido), sino también como la última ocasión en que el ejército alemán pudo tomar la iniciativa en el Frente del Este. El desgaste en hombres y pertrechos sufrido por las tropas alemanas ante la posición defensiva magistralmente diseñada por el Ejército Rojo no sólo hizo perder a la <a title="Wehrmacht en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Wehrmacht">Wehrmacht</a> su capacidad para influir en el curso de la guerra, sino que quebró en gran parte una fibra moral que incluso el terrible desastre del VI Ejército de <a title="Friedrich Paulus en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Friedrich_Paulus">Friedrich Paulus</a> en <a title="Batalla de Stalingrado en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Stalingrado">Stalingrado</a> no había conseguido romper.</p>
<p><em>Kursk, 1943</em> no es una monografía de interés exclusivamente militar, pues el autor presta una atención exhaustiva a las implicaciones estratégicas y políticas de la concepción y desarrollo de la denominada «Operación Ciudadela». He de admitir que este aspecto me produjo al principio de la lectura una cierta impaciencia (pasaban las páginas y me daba la sensación de que la narración de la batalla tardaba demasiado en concretarse), pero a cambio de la demora en el relato el libro gana una indudable solidez y profundidad. De hecho, yo creo que lo mejor del volumen llega justo al final, en el el capítulo de conclusión («Balance. La batalla reconsiderada», pp. 428-471), en el que se plantea desde varias perspectivas una revisión general de la importancia y sentido del episodio, y se analizan críticamente las distintas interpretaciones historiográficas que en torno a él se han propuesto.</p>
<p>Desde el punto de vista de un simple aficionado a los temas de historia militar, me gustaría destacar que <em>Kursk, 1943</em> combina de forma muy satisfactoria todos los recursos de la divulgación histórica. La documentación y bibliografía son abundantísimas, los gráficos sumamente esclarecedores (qué sería de este tipo de libros sin los mapas que trazan el movimiento de las unidades y el curso de los frentes) y los anexos cronológico, biográfico, de fuerzas y materiales implicados en la batalla, de indiscutible utilidad. Por otra parte, Álvaro Lozano se mueve con indiscutible comodidad en escenarios muy diferentes y se muestra muy hábil tanto para combinar el gran cuadro histórico con el plano de detalle, como para trazar los retratos de personajes históricos, sean éstos muy conocidos (Hitler, Stalin, <a title="Heinz Guderian en la Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Heinz_Guderian">Guderian</a>, <a title="Georgi Zhukov en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Georgi_Zh%C3%BAkov">Zhukov</a>, <a title="Erich von Manstein en la Wikipedia (inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Erich_von_Manstein">Manstein</a>, <a title="Konstantin Rokosovsky en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Konstantin_Rokossovsky">Rokossovsky</a>, <a title="Albert Speer en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Albert_Speer">Speer</a>, <a title="Nikolai Fyodorovich Vatutin en la Wikipedia (inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Nikolai_Fyodorovich_Vatutin">Vatutin</a>) o simples combatientes de primera fila en uno y otro bando. Me ha parecido observar algún defectillo en el manejo de las fuentes (alguna errata, cierto mecanicismo en las inserciones biográficas, y por lo menos un episodio de combate que se narra en dos ocasiones próximas entre sí sin que la repetición tenga una clara justificación), pero la impresión general que produce la lectura es muy favorable y, en numerosas ocasiones, realmente apasionante.</p>
<figure id="attachment_4621" aria-describedby="caption-attachment-4621" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img decoding="async" class="wp-image-4621 size-full" title="Portada del libro El día de los bárbaros. La batalla de Adrianópolis, de Alessandro Barbero" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2007/07/dia_barbaros.jpg" alt="Portada del libro El día de los bárbaros. La batalla de Adrianópolis, de Alessandro Barbero" width="150" height="234" /><figcaption id="caption-attachment-4621" class="wp-caption-text">Portada del libro <em>El día de los bárbaros. La batalla de Adrianópolis</em>, de Alessandro Barbero</figcaption></figure>
<p>Aunque muy distante en el tiempo, y del todo diferente al encuentro de Kursk por el escenario, los contendientes, las tácticas y las armas empleadas, la <a title="Batalla de Adrianópolis en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Adrian%C3%B3polis">batalla de Adrianópolis</a>, que tuvo lugar en el verano del año 378 entre las legiones romanas del emperador <a title="Valente en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Valente">Valente</a> y los godos liderados por <a title="Fritigerno en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fritigerno">Fritigerno</a>, tiene un valor histórico al menos tan importante como la que libraron soviéticos y alemanes en las llanuras rusas. A ella le ha dedicado el profesor italiano Alessandro Barbero <em>El día de los bárbaros. La batalla de Adrianópolis, 9 de agosto de 378</em>, que entre otros muchos aspectos propone una interesantísima discusión sobre la interpretación tradicional en virtud de la cual esta batalla «determinó nada menos que el fin de la Antigüedad y el principio de la Edad Media, porque puso en marcha la cadena de acontecimientos que, más de un siglo después, llevaría a la caída del Imperio romano de Occidente» (p. 7).</p>
<p>A lo largo del libro, Alessandro Barbero, sin desmentir del todo dicha interpretación, la matiza de manera muy inteligente. Creo que es justo señalar que esta atención a los matices no siempre evidentes en la historia antigua, unida a la capacidad del autor para poner en relación el acontecimiento bélico con otros hechos de orden militar, pero también demográfico, económico, cultural y hasta lingüístico, constituyen méritos indudables de una obra no demasiado extensa (no llega a las doscientas cincuenta páginas, contando los «consejos de lectura» y los índices), que se lee con una fluidez y ligereza admirables.</p>
<p>Y es que conviene tener en cuenta que <em>El día de los bárbaros</em> es un libro mucho más narrativo que el de Álvaro Lozano. Aquí no hay notas, las referencias bibliográficas no son perceptibles (salvo para un especialista, que yo no soy y que, al menos en esta ocasión, me alegro de no ser), y las fuentes históricas están perfectamente integradas en el núcleo del relato. No sé si para un historiador o para un lector habitual de libros de historia esta diferencia implica una distinta valoración cualitativa; desde mi perspectiva de mero aficionado, me interesa destacar que tanto me ha gustado un libro como el otro, y que la naturaleza de los episodios que en ambos libros se relatan (relativamente próximo el de Kursk, con una bibliografía abrumadora; mucho más lejano, en cambio, el de Adrianópolis, cuyas fuentes históricas son limitadas y cronológicamente muy distantes) justifica que hayan sido abordados de formas tan diferentes.</p>
<p>En todo caso, no hace falta poner <em>El día de los bárbaros</em> en comparación con ninguna otra obra de historia militar antigua o contemporánea para apreciar sus indudables virtudes. Además de la fluidez narrativa, de la claridad de exposición y de la inteligencia con la que se valoran y discuten unas fuentes separadas del historiador por más de mil quinientos años, la de Alessandro Barbero es una obra que recomiendo a todo admirador de la cultura y civilización romanas (y ya he confesado en alguna ocasión que ambas son debilidades sólo comparables a mi fascinación por <a title="Las legiones romanas en África. Reseña de La boca del Nilo, de León Arsenal" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/12/13/las-legiones-romanas-en-africa/">el glorioso espectáculo de la legión romana maniobrando</a>), a causa de la precisión y justeza con que pone en cuestión algunas ideas preconcebidas que los no expertos solemos albergar con respecto a la fase final del Imperio Romano.</p>
<p>En efecto, tras leer <em>El día de los bárbaros</em>, resulta imposible seguir sosteniendo algunos lugares comunes a los que me había acostumbrado mi educación escolar: las nociones acerca de la homogeneidad cultural y lingüística del Imperio, la diferenciación entre ciudadano romano y bárbaro (tanto en la acepción lingüística como cultural de este término), el sentido real del concepto de «invasión», cuya complejidad económica, estratégica y demográfica es analizada de forma muy brillante, la importancia de la presencia de tribus bárbaras en todos los órdenes de la vida romana, el orden de combate y la estrategia de las legiones, etc. El final del Imperio Romano es, a la luz de los conceptos que desarrolla Alessandro Barbero, una época interesantísima, de violentos combates y frecuente inestabilidad, sí, pero también de integración y asimilaciones mutuas, de mezcla de culturas y religiones (al lado del Imperio Romano el <em>melting pot</em> del que tanto se enorgullecen algunas sociedades modernas queda reducido a un simple chascarrillo), cuyas fronteras y límites son siempre difíciles de precisar.</p>
<p>No son, por tanto, caprichos del autor los paralelismos deliberados que traza entre la situación del Imperio en la <a title="Dinastía valentiniana en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Dinast%C3%ADa_Valentiniana">dinastía valentiniana</a> y la de las sociedades occidentales de hoy en día, también afectadas por imparables flujos migratorios. Desde luego que parecen inaplicables a las nuevas migraciones algunas de las recetas que el Imperio Romano aplicó a sus propios inmigrantes (por ejemplo, la conversión religiosa o el acceso a la ciudadanía por vía del servicio militar, aunque esta última es una alternativa que los Estados Unidos llevan poniendo en práctica, de hecho, desde hace décadas), pero tal vez no sería mala idea observar las lecciones que esta época de tránsito nos brinda. No somos los primeros, ni tampoco seremos los últimos, en tener a nuestras puertas una multitud de gentes diferentes, que aspiran a lograr nuestro nivel de vida y nuestra estabilidad social.</p>
<p>Un apunte final, a propósito de la traducción. Se menciona en varias ocasiones a lo largo de los primeros capítulos del libro que el maíz formaba parte de los subsidios que concedían los emperadores romanos a las tribus bárbaras fronterizas con el Imperio. Sin embargo, yo siempre había creído que este cereal llegó a Europa tras el descubrimiento y colonización de América, certidumbre que, por lo que he podido leer en la Red (véase la <a title="Historia de la planta de maíz en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ma%C3%ADz#Breve_Historia">historia de la planta en la Wikipedia</a>), no tengo por qué revisar. Me cuesta creer que a un historiador profesional como Alessandro Barbero se le haya colado semejante error, así que supongo que se trata de un gazapo en la traducción. Si lee esta reseña algún historiador que se maneje bien con el italiano, le ruego que me confirme mis sospechas.</p>
<p class="notasbib">Álvaro Lozano, <em>Kursk, 1943. La batalla decisiva</em>, Barcelona, Editorial Malabar (Col. «Historia Malabar»), 2007, 594 páginas.<br />
Alessandro Barbero, <em>El día de los bárbaros. La batalla de Adrianópolis, 9 de agosto de 378</em>, Barcelona, Editorial Ariel (Col. «Grandes Batallas»), 2007, 240 páginas.</p>
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		<title>La guerra no estaba ganada de antemano</title>
		<link>https://www.labitacoradeltigre.com/2005/08/05/la-guerra-no-estaba-ganada-de-antemano/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Aug 2005 07:21:54 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[polemología]]></category>
		<category><![CDATA[Por qué ganaron los aliados]]></category>
		<category><![CDATA[Richard Overy]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña del libro <em>Por qué ganaron los aliados</em>, del historiador británico Richard Overy.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En algún lugar de esta bitácora ya he declarado mi fascinación por el tema de la Segunda Guerra Mundial y, en particular, por el Desembarco de Normandía, cuyo sexagésimo primer aniversario se celebró el pasado 6 de junio. Hace ahora poco más de dos años, Pilar y yo recorrimos los principales escenarios de aquel histórico suceso.</p>
<p>En una de esas playas, la de Omaha, la misma por la que paseamos el 25 de julio de 2003, está tomada la fotografía que ilustra la portada del libro de Richard Overy, <em>Por qué ganaron los aliados</em>. Los presidentes Jimmy Carter y Valèry Giscard D&#8217;Estaing aparecen de espaldas, observando los arenales, quizás sobrecogidos por la belleza del lugar y por el recuerdo de la terrible batalla que allí se libró un 6 de julio de 1944, cuando las tropas americanas consiguieron vencer, a costa de casi tres mil bajas, la encarnizada resistencia alemana. Qué extraño contraste el de las limpias arenas de la playa que se extiende a lo largo de más de tres kilómetros, entre Vierville-Sur-Mer, Saint-Laurent-Sur-Mer y Colleville-Sur-Mer, con la imagen imborrable de aquel día, la de unos arenales empapados en sangre y cubiertos de cadáveres y restos humeantes, que merecieron para aquel lugar el nombrenombre de «bloody Omaha», la sangrienta Omaha.</p>
<p><span id="more-45"></span></p>
<p>A pesar de su fuerza e intensidad épica, los detalles de aquella jornada histórica, o los de tantos combates y actos terribles y heroicos de la conflagración, no son, sin embargo, el principal motivo de interés de esta obra de conjunto, dedicada a un análisis muy inteligente y complejo de las circunstancias que permitieron a los Aliados ganar una guerra que, al menos hasta los comienzos de 1943, tras el aniquilamiento de un ejército alemán entero en la batalla de Stalingrado, no había resultado demasiado favorable a su causa. El enfoque que Overy proporciona a su obra es muy sugestivo, y lo digo no desde la perspectiva del historiador profesional (que, por supuesto, no soy), sino desde la de un simple lector interesado en estos temas. En efecto, casi todos los ciudadanos occidentales de mi generación hemos crecido con la idea de que la victoria aliada en la contienda fue poco menos que inevitable, resultado no sólo de factores tangibles -la superioridad industrial y técnica, la mejor dirección estratégica, la consistencia de fines y propósitos en la conducción de la guerra-, sino de una especie de providencia que ayudó a los aliados a vencer a las fuerzas de la tiranía, a los ejércitos del Mal.</p>
<p>Overy demuestra que la victoria aliada no fue resultado de ninguna intervención providencial, ni tampoco de un factor decisivo, sino más bien de la interrelación de una serie de elementos cada uno de los cuales, con ser importante, no hubiera bastado por sí mismo para la derrota del Eje. Su libro pasa revista minuciosamente a ocho factores que consiera esenciales: la victoria aliada en la lucha por el dominio de las rutas marítimas, especialmente en el Atlántico Norte, el desgaste del ejército alemán contra las tropas soviéticas en las dos gigantescas batallas de Stalingrado y Kursk, la eficacia de las acciones de bombardeo estratégico contra la industria y población alemanas, el éxito del desembarco de Normandía y la campaña de Francia, la superioridad de la capacidad industrial de los aliados, la ventaja lograda por éstos en el terreno de la tecnología militar, la solidez de la alianza contra el Eje y, por último, la superioridad del bando vencedor a la hora de implicar a su población en los esfuerzos y en la contienda moral que supuso la guerra. A cada uno de estos factores dedica un capítulo completo, más otro capítulo de síntesis que lleva a cabo la integración y valoración conjunta de todos ellos y un epílogo en el que Overy reflexiona sobre las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y la derrota del Eje sobre la historia contemporánea. El autor desarrolla su estudio con una amplitud de miras digna de elogio; además, demuestra una capacidad analítica y de manejo de datos y referencias que sólo cabe considerar como magistral, no sólo por lo amplio de sus dimensiones, sino por lo bien trabado de sus interrelaciones y por el talento y precisión con que desmenuza las mutuas implicaciones de todos los factores involucrados en su análisis.</p>
<p>A propósito de esa amplia perspectiva adoptada por Overy, me gustaría subrayar un hecho que me ha llamado la atención, y que tiene que ver con mi propia formación: los que nos hemos construido una imagen mental de la Segunda Guerra Mundial a partir de las fuentes occidentales (casi todos hemos crecido teniendo a la vista la perspectiva anglosajona sobre la guerra, plasmada en innumerables elementos de la cultura popular, sobre todo las películas) no dejamos de sorprendernos con algunas de las consideraciones de Overy, como su reconocimiento al papel desempeñado por la Unión Soviética en el debilitamiento del ejército alemán, o las alabanzas del historiador al talento estratégico desplegado por los militares soviéticos en la preparación de su contraofensiva sobre Stalingrado y en la persecución de la Wehrmacht a través de la Europa oriental. Overy hace extensivos estos elogios (como antes Antony Beevor, en <a href="http://www.lenguaensecundaria.com/resenas/stalingr.shtml" target="_blank" rel="noopener"><em>Stalingrado</em></a>), a la resistencia del pueblo ruso, que soportó unos sufrimientos prácticamente inimaginables con un estoicismo patriótico impensable en otras naciones.</p>
<figure id="attachment_4879" aria-describedby="caption-attachment-4879" style="width: 1200px" class="wp-caption aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-4879 size-full" title="Portada del libro Por qué ganaron los aliados, de Richard Overy" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/08/por-que-ganaron-los-aliados.jpg" alt="Portada del libro Por qué ganaron los aliados, de Richard Overy" width="1200" height="1790" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/08/por-que-ganaron-los-aliados.jpg 1200w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/08/por-que-ganaron-los-aliados-335x500.jpg 335w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/08/por-que-ganaron-los-aliados-768x1146.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/08/por-que-ganaron-los-aliados-536x800.jpg 536w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption id="caption-attachment-4879" class="wp-caption-text">Portada del libro <em>Por qué ganaron los aliados</em>, de Richard Overy</figcaption></figure>
<p>Por otra parte, me interesa destacar cómo analiza Overy las complejidades de la planificación militar y civil en sociedades como la británica y la estadounidense, cuyos estándares de vida anteriores al conflicto eran poco compatibles con las limitaciones impuestas por la guerra. Los datos que proporciona el historiador ponen el adecuado contrapunto a la perspectiva, casi siempre excesivamente optimista y glorificadora, que se suele tener sobre la intervención de los ciudadanos y soldados ingleses y americanos en la guerra. En todo caso, esos mismos datos demuestran la enorme superioridad de la planificación y la conducción del conflicto en el bando anglosajón; en particular, los relativos a cómo fue posible activar en muy tiempo la gigantesca capacidad industrial y de gestión de la sociedad norteamericana resultarían casi increíbles de no ser rigurosamente históricos y reales.</p>
<p>Al tratar las causas de la derrota del Eje he mencionado a la Providencia, cuya intervención favorable alguno de los propios líderes del bando aliado (por ejemplo, Churchill) llegó a considerar en determinados momentos críticos, como el Desembarco de Normandía. Por supuesto, Overy no la considera como un factor esencial para ninguno de ambos bandos, aunque no se olvida de tratar en profundidad los aspectos religiosos de la lucha en el capítulo dedicado a la moral de las naciones contendientes. Sin embargo, tras leer el libro, queda la curiosa sensación de que el autor observa la intervención en la lucha de una fuerza de carácter «espiritual». Me refiero a su convicción de que la victoria de la causa aliada estuvo beneficiada por su carácter progresista y racional, opuesto al fanatismo y la irracionalidad del fascismo. Los errores de Hitler y del nazismo alemán en los planteamientos estratégicos y en la conducción de la guerra son, para Overy, inseparables de esos vicios consustanciales a la doctrina política nacionalsocialista.</p>
<p>No sé si es legítimo concluir, tras la lectura de este magnífico libro, que, de algún modo, el germen de la derrota del Eje estaba en su propio ser malvado y antihumano. Quizás es un planteamiento demasiado simple, a la luz de la pervivencia del régimen soviético, no tan irracional ni tan monstruoso como el de Hitler, pero casi igual de destructivo, en la Europa oriental durante casi cincuenta años, o de la facilidad con que los Estados Unidos sustituyeron el combate maniqueo contra el Eje por una lucha no menos maniquea contra el comunismo planetario. Overy subraya en sus capítulos finales estas contradicciones derivadas del desenlace de la Segunda Guerra Mundial, pero no cabe duda de que su balance de la historia de la última mital del siglo XX, tras la derrota del fascismo, es rotundamente positivo.</p>
<p class="notasbib">Richard Overy, <em>Por qué ganaron los aliados</em>, Barcelona, Tusquets, 2005, 499 páginas. Traducción de Jordi Beltrán Ferrer.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/08/05/la-guerra-no-estaba-ganada-de-antemano/">La guerra no estaba ganada de antemano</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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