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	<title>Lorenzo Silva - La Bitácora del Tigre</title>
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	<description>Blog de Eduardo Larequi García: cine, libros, blogs y WordPress, temas educativos, lengua y literatura</description>
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		<title>Quinto aniversario del blog con Bevilacqua y Chamorro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Apr 2010 17:37:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de la novela policíaca <em>La estrategia del agua</em>, del escritor español Lorenzo Silva.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/04/15/quinto-aniversario-del-blog-con-bevilacqua-y-chamorro/">Quinto aniversario del blog con Bevilacqua y Chamorro</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>El pasado sábado, 10 de abril de 2010, se cumplieron <a title="Historia de un título curioso" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/04/10/historia_titulo/">cinco años desde que <em>La Bitácora del Tigre</em> abrió sus puertas virtuales en la Red</a>. Aunque ya hice un discreto anuncio al respecto en <a title="Cambio de alojamiento de La Bitácora del Tigre" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/04/08/cambio-de-alojamiento-de-la-bitacora-del-tigre/">la entrada del día 8</a>, me complace celebrar de nuevo la <a title="Efeméride en el Diccionario Panhispánico de Dudas" href="http://buscon.rae.es/dpdI/SrvltGUIBusDPD?lema=efem%E9rides">efeméride</a> con mis lectores y lectoras habituales, acompañados en esta ocasión por dos viejos amigos cuyas andanzas sigo desde hace bastantes años. Me refiero, claro está, al brigada <a title="Rubén Bevilacqua en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Rub%C3%A9n_Bevilacqua">Rubén Bevilacqua</a> y la sargento Virginia Chamorro, protagonistas de la serie policial creada por el novelista madrileño <a title="Lorenzo Silva" href="http://www.lorenzo-silva.com/">Lorenzo Silva</a>, y hasta el momento formada por las novelas <em>El lejano país de los estanques</em> (1998), <em><a href="http://www.lenguaensecundaria.com/resenas/alquimis.shtml">El alquimista impaciente</a></em> (2000, Premio Nadal), <em>La niebla y la doncella</em> (2002), <em><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/11/25/bevilacqua-en-barcelona/">La reina sin espejo</a></em> (2005) y <em>La estrategia del agua</em> (2010), a las que hay que añadir el libro de relatos <em>Nadie vale más que otro</em> (2004).</p>



<p>De <em>La estrategia del agua</em> (seguramente todavía sin título por aquel entonces) oí hablar por primera vez el 7 de marzo del año pasado, fecha en que Lorenzo Silva impartió en Pamplona una interesantísima conferencia con el título “Nuevos detectives: Quijotes del siglo XXI”. Su disertación no sólo me sirvió para descubrir a un orador ameno y muy bien documentado, sino que también me animó a leer las novelas policíacas de escritores tan interesantes como <a title="Fred Vargas en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fred_Vargas">Fred Vargas</a> y <a title="Petros Márkaris en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Petros_Markaris">Petros Márkaris</a>. Al abrirse el turno de preguntas, pregunté a Silva por la próxima edición de los trabajos detectivescos de sus criaturas de ficción, y el escritor me respondió que habría que esperar algo más de un año para leer la sexta entrega de la serie policíaca.</p>



<span id="more-1190"></span>



<p>Todo esto lo conté <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2008/03/10/con-lorenzo-silva-en-pamplona/">pocos días después</a>, en un artículo en el que daba cuenta de la conferencia y mostraba mi impaciencia e ilusión por que se cumpliera el vaticinio. Pues bien, el escritor madrileño no sólo ha satisfecho las expectativas de sus lectores con precisión, sino que hasta se ha adelantado ligeramente al plazo previsto, dado que <em>La estrategia del agua</em> se presentó en sociedad en la primera semana de marzo, tal como el propio Lorenzo Silva <a title="Una semana" href="http://lorenzo-silva.blogspot.com/2010/02/una-semana.html">había anunciado pocos días antes</a> en su blog, <a title="Los trabajos y los días" href="http://lorenzo-silva.blogspot.com/"><em>Los trabajos y los días</em></a>. A mí me faltó tiempo para comprar la novela, pero como tenía otras muchas lecturas pendientes, la fui retrasando algo más de lo que hubiera deseado. Debía de tener hambre atrasada al comenzarla, porque la leí en apenas tres sesiones nocturnas, robando horas al sueño.</p>



<p>Naturalmente, la falta de descanso ha tenido sus consecuencias –unos cuantos bostezos mañaneros y desayunos más frugales que de costumbre–, pero creo que esas leves incomodidades y renuncias han merecido la pena, porque en la nueva novela el genio de Lorenzo Silva para urdir argumentos policíacos reaparece en plenitud de facultades, con un relato que destaca por la solidez y verosimilitud de la investigación, lo bien trazado de la mayoría de los personajes –en el haber del novelista no sólo hay que contar con la pareja protagonista, sino también con muchos de los secundarios– y un acercamiento a la realidad española contemporánea que no sólo resulta muy reconocible en situaciones, tipos e incidentes, sino también abiertamente polémico.</p>



<p>La trama de <em>La estrategia del agua</em> arranca, como en todas las novelas anteriores, de un asesinato. Al brigada Bevilacqua y a sus compañeros de la <a title="Unidad Central Operativa en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Unidad_Central_Operativa">Unidad Central Operativa</a> de la <a title="Guardia Civil en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Guardia_Civil">Guardia Civil</a> –la sargento Chamorro, la cabo Inés Salgado y el guardia Juan Arnau, este último recién llegado al equipo– se les encomienda la investigación de la muerte de Óscar Santacruz, un informático que aparece muerto en el ascensor de su vivienda, a consecuencia de dos disparos en la nuca realizados a corta distancia. Desde el principio de las pesquisas se hace evidente que el crimen es obra de un sicario, circunstancia que no parece muy acorde con la vida de Santacruz, una persona que, a pesar de algunos antecedentes menores por delitos por tráfico de drogas y denuncias por violencia conyugal, no encaja con el perfil típico de la víctima de una ejecución por encargo.</p>



<p>Intentaré no dar demasiados detalles sobre el desarrollo de la investigación, pero sí conviene apuntar que, a diferencia de lo que ocurre con muchas novelas policíacas contemporáneas, a menudo demasiado complacientes con las sorpresas, los giros bruscos de la trama y las pistas falsas, en <em>La estrategia del agua</em> la mayoría de las circunstancias relacionadas con el crimen, la vida de la víctima y la identidad de los principales sospechosos sí son lo que parecen. Dicho de forma paradójica, estamos ante una novela policíaca cuya mayor sorpresa es, justamente, la falta de sorpresas. Para quien conozca los rasgos peculiares de la narrativa policíaca de Lorenzo Silva y la personalidad del brigada Bevilacqua, este rasgo no resultará particularmente extraño, pero tal vez sí para quien llegue a la novela con el deseo de encontrar un vaivén de presuntos culpables, escenas atropelladas o violentas o algunos de los buceos desesperados en aguas subterráneas que se han convertido en seña de identidad de esa variante de lo policíaco que designa la etiqueta <a title="Novela negra en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Novela_negra">novela negra</a>.</p>



<p>Me atrevería a sostener, incluso, que la narrativa policial de Lorenzo Silva es, conforme avanza la serie de Bevilacqua y Chamorro, cada vez menos negra y, si se me permite la humorada, cada vez más verde; por si no queda claro lo que quiero decir, me refiero al color de los uniformes de los dos protagonistas y a ninguna otra cosa, aunque a juzgar por alguna escena entre ambos, no sería imposible que su relación evolucionara en las próximas novelas hacia algún encuentro amoroso. Cierto es que hay algunos rasgos de Bevilacqua –su escepticismo, la decepción ante las corruptelas que ve a su alrededor, el cuestionamiento de la autoridad y del poder, su función como descubridor de la bajeza que se oculta bajo las apariencias del éxito social y económico–, que lo relacionan con los antihéroes de la novela negra, pero también que existen grandes y muy significativas diferencias. Por ejemplo, que Bevilacqua no puede permitirse el individualismo, ni el recurso a la intuición o al trapicheo moral, ni mucho menos los métodos más que dudosos de los detectives <em><a title="Hard Boiled en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Hard_Boiled">hard boiled</a></em>. Y no puede porque el brigada es, ante todo, un servidor del orden público, un funcionario con conciencia, que no sólo cree en la importancia de rendir la debida justicia a las víctimas, sino también de hacer su trabajo en el seno de una organización jerarquizada, donde la obediencia y el respeto a sus superiores y a las autoridades judiciales no es sólo un tópico formulario.</p>



<p>En este sentido, el espléndido diálogo con la que se inicia la novela, durante el cual el teniente coronel Pereira debe emplearse a fondo –pulsando todos los resortes psicológicos de un subordinado al que conoce muy bien, y combinándolos con los que le ofrece la autoridad derivada de su rango- para convencer al brigada de que un revés sufrido a manos de las instancias judiciales no es el fin del mundo, y de que le conviene ocuparse de un caso que al protagonista no le apetece nada tomar en sus manos, me resulta difícilmente imaginable en otro ámbito que no sea el de una organización cuyo funcionamiento cotidiano está determinado por una nítida jerarquía y por la disciplina militar. Desde luego, no creo que una conversación semejante fuera posible en la comisaría del inspector <a title="Kurt Wallander – Henning Mankell" href="http://detectivesdelibro.blogspot.com/2009/05/kurt-wallander-henning-mankell.html">Kurt Wallander</a>, ni en la del comisario <a title="Jean-Baptiste Adamsberg en la Wikipedia" href="http://fr.wikipedia.org/wiki/Jean-Baptiste_Adamsberg">Jean-Baptiste Adamsberg</a>, ni en la del <a title="Kostas Jaritos - Petros Márkaris" href="http://detectivesdelibro.blogspot.com/2009/03/kostas-jaritos-petros-markaris.html">teniente Kostas Jaritos</a>, ni mucho menos en la del comisario <a title="Guido Brunetti - Donna Leon" href="http://detectivesdelibro.blogspot.com/2009/03/guido-brunetti-donna-leon.html">Guido Brunetti</a>, por citar sólo cuatro ejemplos de la moderna novela policial europea (bueno, <a title="Donna Leon en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Donna_Leon">Donna Leon</a>, la creadora de Brunetti, es norteamericana, pero reside desde hace casi treinta años en Venecia) cuyos héroes son también funcionarios públicos.</p>



<p>Alguno de mis lectores pensará “hombre, claro, es que se trata de la Guardia Civil, que no es comparable a los cuerpos policiales a los que pertenecen los personajes que se acaban de citar”, pero justamente aquí es donde yo quiero llegar. A lo mejor suena algo exagerado o rimbombante lo que voy a escribir, pero lo cierto es que con sus novelas sobre la pareja de agentes de la Benemérita, Lorenzo Silva se ha comprometido en un empeño que dignifica la novela policíaca española, pues presenta personajes que no son simple traslación de modelos extranjeros, los pone en relación con problemáticas genuinamente hispanas (la de esta novela lo es en grado superlativo, y sobre esto haré alguna reflexión más adelante) y además lo consigue mediante un tratamiento de la narración policíaca en el que la técnica de la investigación policial y el conocimiento de la naturaleza humana son mucho más importantes que las peripecias, la acción entendida en su sentido más convencional y los diversos efectismos en que tanto abunda el género. Se podrá discutir la trascendencia o el valor literario de la propuesta literaria de Lorenzo Silva, pero lo que no cabe duda es de con ella el novelista madrileño está consiguiendo ampliar el campo al que la literatura española contemporánea debe atender.</p>



<p>Los prejuicios ideológicos tan frecuentes en nuestro país (y el mundo de las letras no es ajeno en modo alguno a ellos) no deberían distorsionar la valoración que acabo de hacer. Es cierto que la evidente simpatía que el autor siente por sus personajes y por la institución a la que pertenecen puede molestar a aquellos lectores que no compartan tal sentimiento. Ahora bien, esa objeción resulta ajena al ámbito de la literatura, y no quita ningún mérito a la empresa literaria que está desarrollando el novelista de Getafe. Por otra parte, se podría objetar que el novelista peca de ingenuo o de interesado al hacer de su protagonista uno de esos “Quijotes del siglo XXI” a los que me refería al principio de esta reseña, pero también es necesario admitir que tal elección cae plenamente en el ámbito de la soberanía del escritor, y que suponer por principio que un brigada de la Guardia Civil debiera ser una persona de menos calidad o valía que uno de sus equivalentes de las policías sueca, francesa, griega o italiana, o un personaje literariamente menos interesante que ellos, son dos formas evidentes de prejuicio.</p>



<p>Otra diferencia de las novelas de la serie Bevilacqua-Chamorro con respecto a los rasgos característicos de la novela negra tiene que ver con la personalidad del protagonista, pues todas las actuaciones de Bevilacqua responden a un imperativo moral –el deseo de recabar justicia para las víctimas– que le lleva a identificarse con ellas y ahondar en todos los detalles de sus vidas, que le salva de caer en el desánimo o la desesperanza y le refrena a la hora de ceder a la tentación de tomarse la justicia por su mano. Es cierto que tal componente moral constituye un rasgo típico de muchos héroes de la narrativa policial, pero no resulta tan frecuente que la técnica de la investigación y hasta la propia estructura del relato se vean influidos por él hasta el punto en que ello ocurre en todas las novelas de la serie policial de Lorenzo Silva. De hecho, <em>La estrategia del agua</em> es un ejemplo evidente de tal influencia: la circunstancia de que la historia personal del asesinado tenga algunos puntos de contacto con la de Bevilacqua mueve a éste a interesarse sobremanera por todos los aspectos de la vida y la personalidad de Óscar Santacruz (por citar un único detalle, el título del libro está tomado de un pasaje atribuido a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_arte_de_la_guerra"><em>El arte de la guerra</em></a> de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sun_Tzu">Sun Tzu</a>, que Bevilacqua encuentra en el piso del informático y que lee para entender mejor cómo era la víctima), y a centrar la investigación en una recopilación exhaustiva de cualquier indicio revelador de la identidad de los asesinos.</p>



<p>Como ya he dicho antes, la violencia y la mayoría de los efectismos tan caros al género negro brillan por su ausencia en <em>La estrategia del agua</em>, que destaca entre todas las de la serie por la importancia que adquieren dos métodos clásicos de la investigación policial: el interrogatorio de las personas relacionadas con la vida del asesinado y las interceptaciones de las comunicaciones de la víctima y los sospechosos del crimen. No es extraño que al brigada le guste la serie norteamericana <em><a title="The Wire" href="http://es.wikipedia.org/wiki/The_Wire">The Wire</a></em> (el título en español, <em>Bajo escucha</em>, es significativo, aunque lo cierto es que la ficción televisiva es bastante más áspera y violenta que la novela), porque en ese minuciosísimo trabajo de desentrañamiento de la vida de la víctima desempeñan una función esencial las escuchas telefónicas, que no sólo permiten trazar un panorama muy nítido de los conflictos personales de Óscar Santacruz y confirmar las motivaciones criminales de los victimarios, sino que además permiten a los agentes descubrir una serie de corruptelas que ofrecen paralelismos más que evidentes con la realidad española contemporánea.</p>



<p>De hecho, mientras leía la novela tuve varias veces la sensación de que algunos episodios ya los había leído antes o que tenían relación con noticias de actualidad. Algunos personajes secundarios, como la jueza María Luisa Seoane (p. 215) y la actriz y presentadora Catalina Liébana (p. 298) se me hicieron muy conocidos, aunque no conseguí identificarlos del todo hasta que llegué al final del libro y leí las dos páginas de reconocimientos, donde se cita a “Miguel Ángel Salgado, asesinado a traición en Ciempozuelos (Madrid) el 14 de marzo de 2007” (p. 380). Gracias a los infinitos recursos de la Red, no me costó mucho averiguar los pormenores del caso, muy famoso y con espectaculares ramificaciones judiciales, políticas y mediáticas, algunas de ellas todavía pendientes de resolución judicial (véase, por ejemplo, este artículo del diario <em><a title="'Operación Garaje': el crimen que inspiró a Lorenzo Silva" href="http://www.elmundo.es/elmundo/2010/02/26/cultura/1267218354.html">El Mundo</a></em>). Por supuesto, la novela es una obra de ficción, con todo lo que ello significa en cuanto a modificación o reinterpretación de los hechos reales, pero las coincidencias son tantas que es imposible obviarlas, y mucho menos obviar la relación de la trama de la novela con asuntos muy polémicos de la actualidad española, como los abusos que en nombre de la defensa de las mujeres maltratadas y al amparo de la <a title="Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género." href="http://www.boe.es/aeboe/consultas/bases_datos/doc.php?coleccion=iberlex&amp;id=2004/21760">ley sobre violencia de género</a> se vienen produciendo en los procesos de separación y divorcio.</p>



<p>No quiero adelantar detalles sobre cómo encaja este conflicto con el argumento de la novela, pero sí puedo decir que la relación que se establece entre ambos elementos está muy bien trabada, y que de ninguna manera puede considerarse postiza, artificiosa o ideológicamente sesgada. Por otra parte, debe destacarse que <em>La estrategia del agua</em> aborda un asunto enormemente delicado desde una perspectiva poco convencional y hasta arriesgada, en absoluto coincidente con lo que hoy en día se considera en la sociedad española como políticamente correcto. La inevitable vertiente polémica de su toma de posición no ha sido eludida por el autor en ningún momento, antes al contrario, pues la ha puesto de manifiesto en diversas declaraciones a los medios de comunicación (véase, a título de ejemplo, esta crónica de <a title="El escritor Lorenzo Silva apunta que la Administración de Justicia &quot;no es distinta de como son los ciudadanos&quot;" href="http://www.europapress.es/andalucia/noticia-escritor-lorenzo-silva-apunta-administracion-justicia-no-distinta-son-ciudadanos-20100311154701.html">Europa Press</a>). Yo no estoy en condiciones de discutir sus términos, porque no tengo conocimientos ni experiencia directa en estas cuestiones (en cambio Lorenzo Silva ha ejercido como abogado muchos años, y es preciso suponer que sabe bien por qué terrenos se mueve), pero sí puedo señalar que la forma en que la novela plantea y resuelve el conflicto resulta, desde el punto de vista literario, plenamente satisfactoria.</p>



<p>El hecho de que los “malos” de esta historia sean malas, es decir, mujeres, poco tiene que ver con la calidad que alcanza la representación novelística de la condición femenina, hasta el punto de que cabría aventurar que Lorenzo Silva ha querido equilibrar con este expediente el posible reproche de un enfoque misógino. Varios de entre los mejores y más llamativos personajes de la novela son mujeres: la jueza que lleva el caso del asesinato de Santacruz, valiente y enérgica; la jueza de familia que intervino en el divorcio del informático, de una lucidez aplastante; la cabo Inés Salgado, infatigable en el trabajo y con picardías que revelan una inteligencia práctica muy notable. Hasta la ex esposa de Santacruz constituye un personaje muy atractivo si se mira desde una perspectiva puramente literaria (no así desde una perspectiva ética), con su altivez a toda prueba, su fortaleza de ánimo incluso en los momentos más desesperados, su capacidad de manipulación a la hora de obtener de todos los que la rodean la satisfacción de sus intereses y caprichos. Curiosamente, en esta ocasión me ha parecido que el personaje de Virginia Chamorro, siempre en funciones de contrapunto realista y pragmático de las tendencias quijotescas de Bevilacqua, quedaba algo más desvaído que en anteriores novelas de la serie.</p>



<div class="wp-block-image wp-image-4360 size-full"><figure class="aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="738" height="1122" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/04/estrategia-agua.jpg" alt="Portada de la novela La estrategia del agua, de Lorenzo Silva" class="wp-image-4360" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/04/estrategia-agua.jpg 738w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/04/estrategia-agua-329x500.jpg 329w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/04/estrategia-agua-526x800.jpg 526w" sizes="(max-width: 738px) 100vw, 738px" /><figcaption>Portada de la novela <em>La estrategia del agua</em>, de Lorenzo Silva</figcaption></figure></div>



<p>Me atrevería a subrayar, además, que el autor se complace en desmontar desde el desarrollo de la trama los tópicos y estereotipos que los lectores o los propios personajes puedan albergar con respecto a los caracteres femeninos. Así ocurre en la primera secuencia en que aparece la jueza del caso, vestida impecablemente con un pañuelo y un bolso carísimos. La impresión inicial que este atuendo inspira a Bevilacqua –no lo dice con tales palabras, pero queda clarísimo que la imagina como la típica “pija”– queda desmentida por su posterior ejecutoria en la investigación, activa, comprometida y audaz. Un contraste semejante se produce con el personaje de la cabo Inés Salgado, a quienes sus propias compañeras, comenzando por la sargento Chamorro, ven en más de una ocasión como el prototipo de la “rubia tonta” (la apodan “Shakira”), pero que demuestra en la fase final de las pesquisas ser una mujer llena de recursos y con una capacidad de trabajo a toda prueba.</p>



<p>Ya que hablamos de los personajes de <em>La estrategia del agua</em>, hay que saludar como un acierto la incorporación a la serie novelística de un nuevo agente, el guardia Juan Arnau, que en los primeros compases de la historia cumple el papel algo tópico del novato recién incorporado a una unidad policial (Lorenzo Silva alimenta el estereotipo, y lo hace hasta el cansancio, con una serie de cuchufletas, muy poco graciosas por reiterativas, a propósito del nombre de pila del agente), pero que poco a poco va adquiriendo soltura, seguridad en sí mismo, conocimiento de sus compañeros y una sólida integración en el equipo de investigación. A él le corresponden algunas de las indagaciones que permiten resolver el caso, y con tales antecedentes no me parece nada inverosímil que en posteriores entregas de la serie su personaje vaya creciendo en importancia.</p>



<p>En alguna de las reseñas de la novela que he tenido oportunidad de leer se ha señalado el escaso interés de la trama, sobre todo porque la identificación de los responsables del asesinato se produce en los primeros compases del relato. También se ha reprochado al autor que las pesquisas de los agentes pecan de monotonía, pues consistan poco más que en un despliegue interminable de diálogos. Pues bien, creo que estas características –la falta de sorpresas y el predominio abrumador del diálogo, tanto como elemento de estilo como técnica de investigación– no son en modo alguno defectos, sino en todo caso méritos del planteamiento narrativo de la novela. Lo que le interesa a Lorenzo Silva, y a mi modo de ver tiene perfecto derecho a plantear su narración en tales términos, es ahondar en el conocimiento de la víctima, en las razones por las que fue asesinado y en las técnicas mediante las cuales los investigadores consiguen identificar a los inductores y ejecutores del crimen, aportando al mismo tiempo las pruebas de cargo que permitan llevarlos ante la justicia. Para este propósito, los enigmas y las sorpresas no son necesarios, y hasta podrían ser contraproducentes. Por otro lado, aun admitiendo que existan conversaciones quizás demasiado verbosas, o repetitivas, o poco inspiradas (ya he citado el caso de las burlas que Bevilacqua dirige al novato Arnau), en general el autor se muestra como un magnífico dialoguista, capaz de asignar a cada personaje una voz auténtica y reconocible, y de hacerlo mediante un estilo ágil y de indiscutible soltura.</p>



<p>No obstante, hay que admitir que los reproches que acabo de mencionar pueden tener cierta justificación, pues la novela tarda demasiado en encontrar la línea de desarrollo que más le conviene, quizás por la situación desde la que arranca, con un protagonista resabiado contra el sistema judicial y no del todo conforme con la tarea que le han encomendado. En todo caso, también estoy convencido de que el libro mejora mucho en su segunda mitad, una vez que Bevilacqua se ha liberado de las rémoras del escepticismo y el resentimiento que arrastraba de sucesos anteriores, y tras la entrada en liza de los dos agentes que resultan claves en el proceso de resolución del crimen, esto es, el guardia Arnau y la cabo Inés Salgado. El efecto de este tramo final de la novela sobre el lector es doble, pues la mejora en la eficacia de la narración coincide con la culminación de su propósito moral. Comprobar cómo funciona la máquina de la justicia –por una vez bien engrasada y con auténtico sentido de la dignidad de su misión– constituye una afirmación esperanzada, una muestra de confianza en la labor de unos funcionarios públicos que, contra viento y marea, con pocos medios, con sacrificios personales, con dedicación y gran esfuerzo, consiguen dar cumplimiento a su deber. ¿Quijotes del siglo XXI? Pues, a pesar de su mala fama, y de sus errores y defectos, tal vez lo sean.</p>



<p class="adicional">La mayoría de las críticas y reseñas de <em>La estrategia del agua</em> han sido bastante positivas, pero no todas. No suele ser común que un escritor acoja unas y otras con tanta deportividad y sentido del <em>fair play</em> como demuestra Lorenzo Silva en <a title="El efecto Piquero" href="http://lorenzo-silva.blogspot.com/2010/04/el-efecto-piquero.html">El efecto Piquero</a>, una entrada de su blog donde recopila unas y otras. Además de las que el novelista madrileño cita en dicho artículo, tienen interés las de <a title="Lorenzo Silva: La estrategia del agua" href="http://novelanegraycinenegro.blogspot.com/2010/03/lorenzo-silva-la-estrategia-del-agua.html">Francisco Ortiz</a> y <a title="La estrategia del agua - Lorenzo Silva" href="http://www.elplacerdelalectura.com/2010/03/la-estrategia-del-agua-lorenzo-silva.html">Pepe Rodríguez</a>.</p>



<p class="notasbib">Lorenzo Silva, <em>La estrategia del agua</em>, Barcelona, Destino (Col. “Áncora y Delfín”, 1174), 2010, 380 páginas.</p>
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		<title>Con Lorenzo Silva, en Pamplona</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Mar 2008 06:30:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[novela española contemporánea]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Sobre una conferencia del escritor madrileño Lorenzo Silva en Pamplona, el día 7 de marzo de 2008.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2008/03/10/con-lorenzo-silva-en-pamplona/">Con Lorenzo Silva, en Pamplona</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a title="Sitio web de Lorenzo Silva" href="http://www.lorenzo-silva.com/">Lorenzo Silva</a> es uno de los escritores españoles contemporáneos a los que he dedicado una atención más constante, tanto desde <a title="Lengua en Secundaria" href="http://www.lenguaensecundaria.com">Lengua en Secundaria</a> como desde <em>La Bitácora del Tigre</em>. En mi portal publiqué las reseñas de <em><a title="Reseña de El alquimista impaciente en Lengua en Secundaria" href="http://www.lenguaensecundaria.com/resenas/alquimis.shtml">El alquimista impaciente</a></em> (en realidad, el trabajo sobre la novela ganadora del <a title="Premio Nadal en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Premio_Nadal">Premio Nadal</a> de 2000 fue un intento de mostrar a mis alumnos del <a title="IES Ega de San Adrián" href="http://www.pnte.cfnavarra.es/~iessanad/">IES Ega de San Adrián</a> un ejemplo de cómo se puede redactar el análisis de los personajes de una novela) y <em><a title="Reseña de El nombre de los nuestros en Lengua en Secundaria" href="http://www.lenguaensecundaria.com/resenas/elnombre.shtml">El nombre de los nuestros</a></em>, y en el blog me ocupé, hace algo más de dos años, de <em><a title="Reseña de La reina sin espejo, en La Bitácora del Tigre" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/11/25/bevilacqua-en-barcelona/">La reina sin espejo</a></em>.</p>
<p>De Silva he leído bastantes obras; además de las citadas, las novelas <em>Carta blanca</em> (que es la única que no he conseguido terminar), <em>El lejano país de los estanques</em>, <em>La flaqueza del bolchevique</em>, <em>La isla del fin de la suerte</em>, <em>La niebla y la doncella</em>, los libros de cuentos <em>El déspota adolescente</em> y <em>Nadie vale más que otro. Cuatro asuntos de Bevilacqua</em>, y el libro de viajes <em>Del Rif al Yebala. Viaje al sueño y la pesadilla de Marruecos</em>. Excepto <em>Carta blan</em>ca, que me pareció una novela demasiado truculenta, todos me han gustado, y en especial la serie dedicada a las andanzas detectivescas de la pareja formada por los guardias civiles Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro.</p>
<p><span id="more-485"></span></p>
<p>Pilar comparte mi afición por la narrativa de Silva y por las novelas policíacas (a ella le gustan incluso más que a mí, como tuvo cumplida ocasión de demostrar en su artículo sobre los libros de <a title="Placer victoriano, placer veneciano" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2008/01/26/placer-victoriano-placer-veneciano/">Anne Perry y Donna Leon</a>), así que a los dos nos hizo mucha ilusión enterarnos de que el novelista de Getafe venía a Pamplona para impartir una conferencia en el Civican, el centro cultural y de ocio de <a title="Caja Navarra" href="http://www.cajanavarra.es">Caja Navarra</a>. Enseguida hice unos cuantos movimientos para conseguir un par de invitaciones (hay que tener amigos hasta en el infierno, y yo tengo algunos muy bien situados), y a contar los días que faltaban para el evento, que tuvo lugar el pasado viernes, día 7, en el salón de actos del Civican. Por cierto, yo no lo conocía y me quedé gratamente sorprendido de sus instalaciones, que entre otras cosas cuentan con una conexión WiFi abierta, a través de la cual pude leer en mi <a title="Artículos con la etiqueta PDA en La Bitácora del Tigre" href="https://www.labitacoradeltigre.com/tag/pda/">PDA</a> el correo pendiente y repasar los textos que en sucesivas ocasiones escribí con respecto al autor y sus novelas.</p>
<p>La conferencia, con el título «Nuevos detectives: Quijotes del siglo XXI», fue estupenda, no sólo por el contenido, sino también desde el punto de vista de su enunciación. Silva tiene una voz expresiva y dúctil, una prosodia muy elegante, nada afectada, y una articulación nítida. Dibujó con rasgos sólidos y muy bien fundamentados la trayectoria del género policial, especialmente en el ámbito europeo durante las últimas décadas, y se metió al público en el bolsillo desde las primeras frases. Tal vez no todas sus tesis fueran igualmente consistentes (por ejemplo, mientras que el idealismo de los protagonistas de muchas historias policiales es un rasgo verosímilmente quijotesco, no estoy tan seguro de que la tradición cervantina del relato itinerante constituya un rasgo esencial del género), pero en todo caso las sostuvo con un despliegue de razones muy elocuentes y argumentos y lecturas más que sobrados. Los lectores interesados en ampliar la noticia del caso pueden leer una crónica detallada en la edición de ayer de <em><a title="Una sociedad queda retratada por sus crímenes" href="http://www.diariodenavarra.es/20080309/culturaysociedad/una-sociedad-queda-retratada-sus-crimenes.html?not=2008030903265754&amp;idnot=2008030903265754&amp;dia=20080309&amp;seccion=culturaysociedad&amp;seccion2=navarra&amp;chnl=40">Diario de Navarra</a></em>.</p>
<p>Al finalizar la conferencia, abrí el turno de preguntas del público con un par de cuestiones, incluida la obligada indagación sobre la próxima entrega de Bevilacqua y Chamorro. Todavía habrá que esperar algún tiempo (más de un año, según manifestó el escritor), pero por lo demás Lorenzo Silva respondió a todas las preguntas del respetable con suma amabilidad, y eso que algunas sólo tocaron tangencialmente el tema de su conferencia o su propia obra narrativa. Cuando finalizaron las intervenciones del público, acudimos ante la mesa del escritor y nos hicimos los conocidos. Silva no sólo recordaba perfectamente mis reseñas, sino que nos atendió con una cordialidad verdaderamente encomiable y escribió una cariñosa dedicatoria para nuestro ejemplar de <em>La reina sin espejo</em>.</p>
<p>Sé que la confesión resulta un poco ingenua o pueril, pero no me importa señalar que salí del Civican con la ilusión de un niño con zapatos nuevos. No todos los días tiene uno la oportunidad de tratar con un escritor tan accesible, tan atento y tan bien dispuesto.</p>
<p>Autoría de la imagen: <a title="Fotografía de Joan Tomás (Own work) [GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html) or CC BY-SA 4.0-3.0-2.5-2.0-1.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0-3.0-2.5-2.0-1.0)], via Wikimedia Commons" href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File%3ALORENZOSILVA07.JPG#" target="_blank" rel="noopener">Joan Tomásd, vía Wikimedia Commons</a>.</p>
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		<title>Bevilacqua en Barcelona</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 Nov 2005 20:22:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Bevilacqua]]></category>
		<category><![CDATA[Bevilacqua y Chamorro]]></category>
		<category><![CDATA[La reina sin espejo]]></category>
		<category><![CDATA[Lorenzo Silva]]></category>
		<category><![CDATA[novela española]]></category>
		<category><![CDATA[novela española contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[novela policíaca]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de la novela <em>La reina sin espejo</em>, del escritor español Lorenzo Silva.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/11/25/bevilacqua-en-barcelona/">Bevilacqua en Barcelona</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Con <em>La reina sin espejo</em>, quinta entrega de la serie dedicada a los investigadores de la Guardia Civil Bevilacqua y Chamorro, Lorenzo Silva lleva camino de convertirse –si es que no lo es ya– en el novelista de cabecera de los aficionados al género de la narrativa policial escrita en España. Puedo afirmar sin rebozo que yo espero cada una de sus novelas con impaciencia, y que las leo a paso de carga. Me consta, además, que no soy el único: Pilar y yo hemos creado a nuestro alrededor un pequeño club de fans –mis hermanos José Ángel y Amparo y mis cuñados Óscar y Ana, grupo al que pensamos añadir, en cuanto sus padres nos lo permitan, a mis cuatro sobrinos y al que viene en camino, aunque este último habrá de esperar un poquito–, cuyos miembros han disfrutado, uno detrás de otro y con insólita unanimidad, todos los libros de la serie: <em>El lejano país de los estanques</em> (1998), <em>El alquimista impaciente</em> (2000, Premio Nadal), <em>La niebla y la doncella</em> (2002) y el libro de relatos <em>Nadie vale más que otro</em> (2004).</p>
<p>En <em>La reina sin espejo</em> el lector reconocerá rápidamente todos los rasgos habituales de la serie: escenarios contemporáneos, referencias frecuentes a la actualidad social, política y cultural, personajes ya conocidos (no sólo los protagonistas, sino algunos de los secundarios, que pasan de una a otra novela con una soltura admirable) y una elaboración peculiar del relato policial, mucho menos interesada por los efectismos truculentos –no abundan en las novelas de Bevilacqua ni la violencia ni las palabras gruesas ni los desplantes– que por el retrato de los personajes, de sus motivaciones y de sus pensamientos.</p>
<p><span id="more-66"></span></p>
<p>En este caso, el escenario general de la novela es la Barcelona del gobierno tripartito, cuya presencia planea al fondo del relato en diversos aspectos, como la implacable catalanización (que afecta incluso a la propia Guardia Civil, alguno de cuyos oficiales es humorísticamente motejado de “nacionalista”) o el progresivo despliegue de los Mossos d’Esquadra, circunstancia que previsiblemente no hace demasiada gracia a los cuerpos de policía de titularidad estatal. A esta Barcelona de última hora, descrita con innegable simpatía por el autor, se trasladan Bevilacqua y Chamorro a la caza del asesino de Neus Barutell, una famosa periodista televisiva casada con un no menos famoso intelectual y novelista catalán, Gabriel Altavella. Lo que sigue es un amplio y detallado recorrido (la novela es la más extensa de la serie) por diversos ambientes de la capital catalana, donde casi nada es lo que parece a primera vista: ni la víctima, ni su esposo, ni los sospechosos iniciales, ni por supuesto los agentes de la autoridad que muy profesionalmente investigan el crimen.</p>
<p>Como ya ocurriera en algunas de las entregas anteriores de los casos de Bevilacqua, <em>La reina sin espejo</em> es algo más que una novela policíaca. Por supuesto que su centro de interés reside en el relato de una intrincada investigación criminal, pero también es muy importante el proceso de identificación del investigador con la víctima, en el que aquél modifica sus ideas de partida y adquiere una visión más amplia de la realidad. A lo largo de este proceso, se produce una progresiva dignificación de Neus Barutell –que al principio parece encajar en los estereotipos con que suele retratarse a las personas de éxito mediático, y que con el discurrir de la novela adquiere una cierta grandeza–, y asimismo una mutua comprensión entre el agente y el marido de la víctima, el novelista Altavella. No creo que sea del todo impertinente contemplar esta situación desde una perspectiva simbólica, o parabólica: el encuentro o reconciliación entre dos mentalidades y entre dos mundos muy diferentes: el catalán y el madrileño, el intelectual y el funcionario, el integrante de la élite social y cultural y el desclasado con estudios. Que este reencuentro se deslice en algún momento por la pendiente de lo dudosamente verosímil (eso de que el investigador de la Guardia Civil haya leído a Lewis Carroll en inglés podrá ser cierto en el ámbito de la realidad, pero rechina bastante el de la ficción literaria) no le quita un ápice de interés.</p>
<p>Aunque con el correr de los años la memoria gasta malas pasadas, no creo equivocarme mucho al afirmar que ésta es probablemente la mejor novela de la serie en cuanto a la amplitud, complejidad y trabazón interna de la investigación policial. En efecto, la incorporación de un numeroso grupo de agentes de la Guardia Civil al desarrollo de las pesquisas, así como la intervención en la trama de miembros de la Policía Nacional (siempre “la pasma” para los guardias civiles) y de los Mossos d’Esquadra (los “mozos de cuadra”, los llama un poli corrupto) proporcionan a la novela una solidez innegable y una intensa sensación de verosimilitud. Algunos aspectos de la investigación policial, como los que tienen que ver con las técnicas de rastreo de las comunicaciones por telefonía móvil e Internet, están muy logrados y otorgan al relato una dosis extra de actualidad palpitante que sobre todo los lectores jóvenes sabrán apreciar. Ya sé que hay mucha gente que arruga el entrecejo en cuanto advierte la más mínima presencia de la quincalla tecnológica. En cambio, este aspecto de la novela tiene para mí un atractivo singular, pues al fin y al cabo una parte de mi trabajo cotidiano consiste en investigaciones cuasi detectivescas que implican el análisis del tráfico de red “extraño” y el rastreo de IPs.</p>
<p>Da igual, además, que algún lector se pierda por entre la jungla de la terminología informática, porque <em>La reina sin espejo</em> es una novela de ritmo ágil, aunque en absoluto frenético, que arranca con brío, tiene un desarrollo firme y en su último tercio, cuando la investigación criminal se acerca a su desenlace, se hace francamente adictiva. Algunos episodios –por ejemplo, la sesión de chat en la que participan Chamorro y la “legionaria” Tena para atrapar al principal sospechoso de la trama, haciéndose pasar por adolescentes ávidas de experiencias fuertes, o el durísimo interrogatorio del presunto homicida por parte de Chamorro, a quien Bevilacqua cede el protagonismo de la investigación– están narrados con gran eficacia, con un pulso narrativo certero que proporciona a la trama esa tensión particular, esa emoción insustituible y característica que sólo consiguen suscitar las buenas novelas policiales.</p>
<p>Antes he señalado que el interés de <em>La reina sin espejo</em> no se reduce a la trama policial. Debería precisar ahora, sin embargo, que los elementos indudablemente policíacos son, en mi opinión, lo más logrado del libro. Y con ello no me refiero solamente al entretejido de la trama, siempre tan importante en este género narrativo, sino también al retrato de los entresijos del caso, a cómo se presentan las relaciones entre los agentes de la ley, a sus comentarios y conversaciones, siempre jugosísimos y mucho más naturales que los de otros ambientes más refinados que forman parte de la historia. En la novela vemos a los agentes reír y jurar en arameo, gastarse bromas no siempre de buen gusto, lanzar dardos envenenados contra los figurones de la política o contra sus jefes más encopetados, reunirse para planear estrategias, lamerse las heridas o celebrar sus triunfos. Una de estas escenas cotidianas, con la guardia civil y ex legionaria Tena cantando a voz en cuello <em>Soy el novio de la muerte </em>mientras a su alrededor los compañeros, achispados, se parten de risa, tiene un brillo e intensidad que valen su peso en oro. Y es también en este mismo ámbito de la actividad habitual de los guardias civiles donde el lector se encuentra algunos secundarios inolvidables, como el subteniente Robles, tan cargado de experiencia, de contactos y de razones, o la jueza Carolina Perea, a la que conocemos casi exclusivamente por teléfono, siempre resolutiva y eficaz, dotada de una energía y una determinación ante las que Bevilacqua, inevitablemente, acaba fascinado.</p>
<p>Tengo que decir, en cambio, que otros aspectos de la novela no me han gustado tanto. Creo, para empezar, que la voz que preside la perspectiva del relato –la del protagonista, el sargento Rubén Bevilacqua– se hace demasiado presente y obsesiva, entorpecida además por una historia sentimental que el autor oculta deliberadamente y que resulta algo impostada de tan brumosa y elíptica. En su empeño por dar coherencia y empaque a un personaje alejado del estereotipo del guardia civil rudo, vulgar e insensible, Lorenzo Silva abusa, a mi modo de ver, de la reflexión y del autoanálisis del protagonista, sobre todo en momentos en los que las circunstancias de la trama hubieran aconsejado un enfoque más seco, más objetivo, más behaviorista. Por otro lado, y sé que en lo que voy a decir corro el riesgo de pasarme de listo, al lector que no conozca en detalle la vida y milagros de los miembros de la Guardia Civil (es mi caso) se le hace bastante cuesta arriba admitir la existencia de un sargento del cuerpo licenciado en Psicología, que ha leído a Lewis Carroll en inglés, que puede mantener conversaciones nada triviales con un novelista muy cultivado, que conoce a los clásicos y a los modernos de la poesía catalana y que se emociona con las canciones de Raimon. No es un problema de prejuicios –claro que pueden existir agentes con semejante formación y sensibilidad; yo mismo conocí en la mili algún oficial muy preparado, y no sólo en los conocimientos propios de su oficio–, sino de verosimilitud y pertinencia literarias; como ya he dicho antes, lo que es posible y admisible en la realidad, muy a menudo no lo es en la ficción.</p>
<p><figure id="attachment_4794" aria-describedby="caption-attachment-4794" style="width: 800px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" class="wp-image-4794 size-full" title="Portada de la novela La reina sin espejo, del escritor español Lorenzo Silva" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/11/la-reina-sin-espejo.jpg" alt="Portada de la novela La reina sin espejo, del escritor español Lorenzo Silva" width="800" height="1236" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/11/la-reina-sin-espejo.jpg 800w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/11/la-reina-sin-espejo-324x500.jpg 324w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/11/la-reina-sin-espejo-768x1187.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/11/la-reina-sin-espejo-518x800.jpg 518w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><figcaption id="caption-attachment-4794" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>La reina sin espejo</em>, del escritor español Lorenzo Silva</figcaption></figure></p>
<p>Yo diría que este problema ha sido advertido por el propio autor, toda vez que aparece, aunque de manera oblicua, en una de las ocasiones en que el sargento Bevilacqua toma declaración al novelista Altavella. A lo largo de la conversación, ambos acaban reconociendo cuán escasamente fundadas eran las ideas previas que cada uno tenía del otro, lo que da pie a pensar que tras la escena se encuentra el autor, recordándonos que no sólo son Bevilacqua y Altavella quienes deben superar sus prejuicios de clase y condición social. Bien, admitamos la puntualización, aunque en tal caso habría que admitir también la que Chamorro formula al término del encuentro, acerca de la competición de vanidades que ha creído apreciar en el diálogo entre su superior y el esposo de Neus Barutell.</p>
<p>Creo que Virginia Chamorro no anda en absoluto desencaminada y que con sus palabras apunta a lo que a mi modo de ver constituye el principal defecto de la novela: el hecho de que su carga intelectual y reflexiva, lejos de aumentar su interés, lo entorpece y distorsiona. No ignoro que toda una autoridad del género y un escritor de gusto tan exquisito como Jorge Luis Borges subrayó muchas veces la naturaleza intrínsecamente intelectual del relato policial, y sin embargo&#8230; algo no me cuadra en los despliegues metaliterarios de la novela, en las referencias culturales, en los vericuetos de la personalidad de Bevilacqua, que en última instancia se nos impone por sus actos como un tipo mucho más directo y resolutivo que lo que cabría deducir del tono escéptico y desengañado de sus pensamientos. Por otra parte, creo que Silva no es del todo consecuente con sus propios planteamientos a la hora de resolver el caso, cuyo desenlace se aparta notoriamente de las pistas e indicios asociados a ese componente intelectual. Seguro que los lectores me perdonarán que no profundice en este argumento, que obligaría a destripar la trama hasta extremos absolutamente imperdonables.</p>
<p>Pero bueno, toda esta discusión se halla casi al borde de lo bizantino, y yo tampoco estoy libre de incongruencias, antes al contrario. La mejor prueba de ello es que la novela me ha gustado, y que la he devorado en apenas tres noches, robándole horas al sueño e incluso a tareas mucho más urgentes. Ya dije al principio que soy fan de Bevilacqua y Chamorro, y se me ha puesto la cara muy larga cuando por alguna parte he leído que Lorenzo Silva se ha dado un plazo de tres años para publicar su próximo caso. No sé si voy a poder aguantar tanto.</p>
<p>Antes de terminar la reseña, quisiera mencionar un par de coincidencias que unen esta novela con mi propia vida. La primera, un tanto cogida por los pelos: que justo dos años antes de que el escritor madrileño terminara de escribir el libro en la Isla de Ré (en agosto de 2005), yo también recorría aquellos bellísimos parajes de la costa atlántica de Francia, y creo recordar que con alguno de sus libros en el bolso. Y la segunda, bastante mejor y más justificada: que el verano pasado nos dimos una vuelta por la Toscana italiana y nos alojamos en un precioso hotelito rural de la comarca de Chianti. Seguro que adivináis cómo se llamaban los dueños: efectivamente, Guido y Martina Bevilacqua, a quienes dimos cumplida cuenta de la existencia de un remoto pariente de ficción con uniforme verde y de las ediciones italianas que novelan sus andanzas. Si Lorenzo Silva lee estas líneas, le aconsejo que piense en la posibilidad de terminar su próximo libro en el hotel <a href="http://www.lalocanda.it" target="_blank" rel="noopener">La Locanda</a>, en Radda in Chianti, entre vides, olivos y jabalíes: no hay mejor escenario para escribir en paz y tranquilidad.</p>
<p class="adicional">Lorenzo Silva es un escritor que desde fecha muy temprana supo aprovechar las enormes posibilidades que brinda Internet a la creación literaria y a su difusión. Los lectores interesados deberían visitar su completísima <a href="http://www.lorenzo-silva.com" target="_blank" rel="noopener">web</a>, una de las mejores entre las dedicadas a novelistas españoles contemporáneos, así como el <a href="http://lorenzosilva.mypunbb.com" target="_blank" rel="noopener">foro</a> que sobre sus libros mantiene un apasionado grupo de seguidores; por supuesto, uno de los «hilos» de este foro está dedicado a <a href="http://lorenzosilva.mypunbb.com/viewtopic.php?id=390" target="_blank" rel="noopener"><em>La reina sin espejo</em></a>.</p>
<p class="notasbib">Lorenzo Silva, <em>La reina sin espejo</em>, Barcelona, Destino (Col. “Áncora y Delfín”, 1043), 2005, 379 páginas.</p>
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		<title>La guerra de África, desde las trincheras: El nombre de los nuestros, de Lorenzo Silva</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 06 Mar 2005 18:23:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[artículo procedente de Lengua en Secundaria]]></category>
		<category><![CDATA[El nombre de los nuestros]]></category>
		<category><![CDATA[Lorenzo Silva]]></category>
		<category><![CDATA[novela de guerra]]></category>
		<category><![CDATA[novela española]]></category>
		<category><![CDATA[novela española contemporánea]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de la novela <em>El nombre de los nuestros</em>, del escritor español Lorenzo Silva.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Con la publicación de la que por el momento es su última novela, Lorenzo Silva parece consolidarse como uno de los escritores más prometedores de su generación. A pesar de su juventud (nació en 1966), el novelista madrileño es autor de una obra ya bastante nutrida, que comprende doce novelas (tres de ellas específicamente destinadas al público juvenil) y dos libros de viajes <sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/03/06/la-guerra-de-africa-desde-las-trincheras-el-nombre-de-los-nuestros-de-lorenzo-silva/#footnote_1_1407" id="identifier_1_1407" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Noviembre sin violetas, Madrid, Ediciones Libertarias, 1995, reeditado en Destino (Col. &laquo;Destino Libro&raquo;); La sustancia interior, Madrid, Huerga y Fierro, 1996, reeditado en Destino (Col. &laquo;&Aacute;ncora y Delf&iacute;n&raquo;), 1999; La flaqueza del bolchevique, Barcelona, Destino (Col. &laquo;&Aacute;ncora y Delf&iacute;n&raquo;, 779), 1997, reeditado en Booklet, 1998 y en &laquo;Destino Libro&raquo;, 2000; El lejano pa&iacute;s de los estanques, Barcelona, Destino (Col. &laquo;&Aacute;ncora y Delf&iacute;n&raquo;, 812), 1998 [premio &laquo;El Ojo Cr&iacute;tico&raquo; de narrativa]; El &aacute;ngel oculto, Barcelona, Destino (Col. &laquo;&Aacute;ncora y Delf&iacute;n&raquo;, 844), 1999; El urinario, Valencia, Pre-Textos (Col. &laquo;Narrativa&raquo;, 10), 1999; El alquimista impaciente, Barcelona, Destino (Col. &laquo;&Aacute;ncora y Delf&iacute;n&raquo;, 890), 2000, reeditado por Planeta y C&iacute;rculo de Lectores (2000); El nombre de los nuestros, Barcelona, Destino (Col. &laquo;&Aacute;ncora y Delf&iacute;n&raquo;, 919), 2001; La isla del fin de la suerte, Barcelona, C&iacute;rculo de Lectores, 2001; El cazador del desierto, Madrid, Anaya (Col. &laquo;Espacio Abierto&raquo;), 1998 [novela juvenil]; Alg&uacute;n d&iacute;a, cuando pueda llevarte a Varsovia, Madrid, Anaya (Col. &laquo;Espacio Abierto&raquo;), 1998 [novela juvenil]; La lluvia de Par&iacute;s, Madrid, Anaya (Col. &laquo;Espacio Abierto&raquo;), 2000 [novela juvenil]; Viajes escritos y escritos viajeros, Madrid, Anaya (Col. &laquo;Punto de referencia&raquo;), 2000) [libro de viajes]; Del Rif al Yebala. Viaje al sue&ntilde;o y la pesadilla de Marruecos, Barcelona, Ediciones Destino (Col. &laquo;&Aacute;ncora y Delf&iacute;n&raquo;, 927), 2001 [libro de viajes].">1</a></sup>.</p>
<p>El éxito de su narrativa (<em>El nombre de los nuestros</em> va por la cuarta edición, se reeditan sus primeras novelas y se preparan adaptaciones cinematográficas de <em>El lejano país de los estanques</em> y <a title="Lorenzo Silva: El alquimista impaciente" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/03/06/lorenzo-silva-el-alquimista-impaciente/"><em>El alquimista impaciente</em>)</a> se debe en primer lugar al hecho de que Lorenzo Silva es un escritor muy bien dotado para la narración, con un talento innegable a la hora de urdir historias y crear personajes que interesan al lector desde la primera línea. Ahora bien, también es cierto que al menos una parte significativa de su narrativa tiene una clara orientación comercial (perceptible, por ejemplo, en los dos últimos títulos citados, que en cualquier caso no dejan de ser novelas policíacas amenas y muy bien construidas), y que además Silva ha mostrado una gran habilidad para conectar con las inquietudes e intereses de las últimas promociones de lectores, tal como demuestra no sólo su dedicación al ámbito de la literatura juvenil, sino también su participación en el desarrollo de <em>La isla del fin de la suerte</em>, una novela interactiva en Internet<sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/03/06/la-guerra-de-africa-desde-las-trincheras-el-nombre-de-los-nuestros-de-lorenzo-silva/#footnote_2_1407" id="identifier_2_1407" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="La isla del fin de la suerte se aloja en la web del  C&iacute;rculo de Lectores. Esta no es la &uacute;nica relaci&oacute;n del novelista con Internet y las nuevas tecnolog&iacute;as, pues tambi&eacute;n ha elaborado una  web personal donde ofrece noticias biogr&aacute;ficas, extractos de las cr&iacute;ticas recibidas por sus novelas, una completa bibliograf&iacute;a, textos in&eacute;ditos muy representativos de sus inquietudes y aficiones, etc. A todo ello hay que a&ntilde;adir la aparici&oacute;n (octubre de 2001) de alguno de sus textos breves (el relato &laquo;Liberty City&raquo;) en formato de libro digital o e-book, publicado por la Editorial Badosa.">2</a></sup>.</p>
<p><span id="more-1407"></span></p>
<p>Que el éxito comercial no tiene por qué estar reñido con la calidad literaria y con propósitos tan respetables como la recuperación de la memoria histórica y la actualización de la tradición novelística española se demuestra con la novela que ahora nos ocupa. <em> El nombre de los nuestros</em> es, en efecto, un relato bélico «inspirado en los avatares reales vividos entre junio y julio de 1921 por los soldados españoles» (p. 7), durante las campañas militares de Marruecos, que tan graves repercusiones tuvieron en la vida española de los primeros treinta años del siglo XX. Con esta novela, Silva «resucita» una tradición literaria que tiene prestigiosos antecedentes en figuras como José Díaz Fernández (<em>El blocao</em>, 1928), Ramón J. Sender (<em>Imán</em>, 1930), o Arturo Barea (<em>La forja de un rebelde</em>, 1941-1944)<sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/03/06/la-guerra-de-africa-desde-las-trincheras-el-nombre-de-los-nuestros-de-lorenzo-silva/#footnote_3_1407" id="identifier_3_1407" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="La novela de Lorenzo Silva se ha publicado apenas un a&ntilde;o despu&eacute;s que Una guerra africana, Madrid, Ediciones SM (Col &laquo;Gran Angular&raquo;, 195), 2000, de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, novela juvenil cuya acci&oacute;n transcurre con posterioridad a los sucesos del desastre de Annual. Aunque inferior en calidad a  El nombre de los nuestros y muy diferente en su planteamiento argumental (pues, a pesar de lo que sugiere el t&iacute;tulo, su centro de gravedad no es tanto la campa&ntilde;a militar cuanto el relato de una poco cre&iacute;ble peripecia sentimental que se desarrolla sobre el fondo de la contienda africana), la novela de Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n comparte con la de Silva unos cuantos rasgos comunes: no s&oacute;lo las inevitables referencias al marco hist&oacute;rico, sino tambi&eacute;n la focalizaci&oacute;n del relato en torno a un suboficial de baja extracci&oacute;n social (el sargento Medrano, esc&eacute;ptico ante la guerra y al mismo tiempo entregado a su deber), que tiene numerosos puntos de contacto con el sargento Molina de  El nombre de los nuestros. La novela de Silva guarda tambi&eacute;n algunas conexiones con la famos&iacute;sima Morir&aacute;s en Chafarinas, de Fernando Lalana, no s&oacute;lo por su ambientaci&oacute;n norteafricana y por algunos detalles de los protagonistas (soldados de reemplazo), sino tambi&eacute;n por la insistencia en las notas de escepticismo y desarraigo que en ambas novelas aparecen.">3</a></sup>, y nos recuerda, en unos tiempos tan poco propicios a la defensa de las causas perdidas, el destino de unos hombres sacrificados en una empresa colonial tan absurda como inútil.</p>
<p>Debemos precisar que esta actualización de la tradición novelística sobre las campañas africanas ofrece perfiles singulares, ya que frente a los evidentes propósitos antimilitaristas y antiimperialistas que alientan en las tres obras citadas, la de Silva debe leerse más bien como un homenaje sincero y emotivo, pero a la vez nada proclive a las tentaciones demagógicas, hacia los soldados que participaron en la guerra de Marruecos. El propio autor hace explícita esta intención al final del capítulo 19, significativamente titulado «El nombre de los nuestros»: el sargento Molina, protagonista del relato, pide a uno de sus hombres, superviviente de la aniquilación de la posición avanzada de Sidi Dris, que haga el esfuerzo de recordar ante sus compatriotas a los caídos en la campaña de África; la invocación de Molina es, no hace falta insistir mucho en ello, la misma que el escritor dirige a su público. Debemos tener en cuenta, además (el autor lo menciona en el prólogo y lo ha destacado en varias entrevistas), que el sargento Molina, protagonista de la novela, es un personaje construido a partir de la figura real del abuelo del escritor, Lorenzo Silva Molina, quien luchó en la campaña africana como sargento de infantería.</p>
<p>Quizás no sea ocioso hacer algunas reflexiones en torno a la intención que ha presidido la escritura de esta novela, la cual no me parece, <em> mutatis mutandis</em>, muy diferente a la que subyace a un documental como <em> Extranjeros de sí mismos</em>, de José Luis López-Linares y Javier Rioyo. Novela y documental proponen un modelo de recuperación de nuestra memoria histórica reciente que, sin abandonar completamente el terreno de la interpretación ideológica, prefiere destacar el testimonio de unas peripecias vitales extraordinarias, palmariamente ignoradas por las nuevas generaciones de lectores y espectadores. No es un enfoque carente de riesgos —Manuel Vázquez Montalbán y otros significados portavoces de la izquierda clásica ya los han señalado en varias ocasiones—, pero en cualquier caso supone un meritorio esfuerzo de difusión de la historia reciente, sin complejos de culpabilidad añadidos, y un intento muy laudable de ganar para la novela y el cine español a un público más bien adormecido por los dudosos encantos de la modernidad.</p>
<p>La publicación de la novela de Lorenzo Silva no le viene nada mal a una sociedad como la española, cuyas jóvenes generaciones ya no tienen ante sí el horizonte del servicio militar para recordarles qué significaron, tanto desde la dimensión pública como desde la experiencia individual, aquellas campañas militares, nutridas por soldados de reemplazo con escaso o nulo fervor por la causa que habían sido obligados a defender. En estos tiempos en que el enfoque mediático parece restringir las señas características de lo militar al «espectáculo» de las intervenciones humanitarias (la participación de las fuerzas multinacionales, incluidas las españolas, en Bosnia y Kosovo es un ejemplo clarísimo) y en los que la principal consideración de las autoridades político-militares es la limitación a cualquier coste de las bajas propias (recordemos lo que ocurrió durante la Guerra del Golfo o en la campaña aérea sobre la Yugoslavia de Milosevic), Lorenzo Silva nos recuerda el incómodo papel que siempre le ha tocado desempeñar a la infantería y el valor que encierra el cumplimiento del deber y el sacrificio personal, incluso cuando éstos se llevan a cabo por causas equivocadas. Por otra parte, no deja de tener su aspecto irónico el hecho de que, en una sociedad obsesionada por la corrección política y el recurso al eufemismo, aparezca una novela que retrata sin ningún pudor las sevicias sufridas por los soldaditos españoles a manos de «los moros».</p>
<p>Claro que difícilmente podríamos esperar otro planteamiento en un texto como éste, es decir, una novela de guerra en sentido estricto, caracterizada por la crudeza de sus episodios bélicos y narrada desde la perspectiva exclusiva de uno de los dos bandos en conflicto. Ello no significa que estemos ante una narración maniquea ni menos aún xenófoba, ya que, aparte de poner en solfa continuamente la legitimidad de la presencia española en el norte de África, el autor contempla a los irregulares rifeños con la admiración que merecen su coraje, su capacidad combativa, su estoicismo e incluso sus ocasionales gestos de caballerosidad (así ocurre hacia el final de la novela, cuando los harqueños devuelven el cadáver del coronel Morán, a quien tanto respetaban). Por otra parte, Silva no ahorra calificativos elogiosos hacia las tropas indígenas alistadas en el bando español (entre ellas destaca el sargento Haddú, que sacrifica su vida en un acto de lealtad revestido de todos los atributos del heroísmo más admirable). Ahora bien, tampoco hay que pensar que Lorenzo Silva haya «cambiado de bando», en una de esas acciones típicas del pensamiento políticamente correcto —en realidad, mistificaciones de la realidad histórica— que tan frecuentes son en nuestros días. La crueldad de los harqueños, su ensañamiento con los prisioneros españoles, su rapacidad y cinismo aparecen nítidamente reflejados, sin regodeos morbosos, pero al mismo tiempo sin concesiones al relativismo cultural.</p>
<p>Los muchos méritos que reúne <em>El nombre de los nuestros</em> no sólo se reducen a la agilidad narrativa, que ya hemos señalado como un rasgo característico de las novelas de Lorenzo Silva. También en la reconstrucción histórica —con las oportunas licencias, sobre las que el autor llama la atención en la «Advertencia preliminar»— se muestra muy eficaz, tal como demuestra el capítulo 3, donde relata la conversación de los generales Dámaso Berenguer, Alto Comisario en Marruecos, y Manuel Fernández Silvestre, Comandante General de Melilla, en el cañonero <em>Laya</em>, a propósito de sus diferencias sobre la conducción de la campaña africana. El episodio, en gran parte imaginario, es en cualquier caso muy ilustrativo del desgobierno e impericia con que las autoridades militares trataron las operaciones bélicas, y constituye un buen ejemplo de la habilidad del autor para manejar los hechos reales y convertirlos en materia novelística. La documentación histórica y el conocimiento de los pormenores de la campaña africana se adivinan bajo el discurrir de la acción, perceptibles en el rigor y verosimilitud de los detalles (podemos ver un buen ejemplo de cómo emplea Silva los «efectos de realidad» en el capítulo 4, en la secuencia de la construcción de la posición fortificada de Talitit por las tropas de ingenieros), pero siempre subordinados a su virtualidad narrativa, a su función como soporte imprescindible de la construcción de la trama y la eficacia emotiva del relato.</p>
<p>También la estructura novelística está plenamente lograda. La narración, que comprende 19 capítulos y un epílogo, se mueve entre tres escenarios básicos —las posiciones avanzadas de Sidi Dris, Afrau y Talilit—, que alternan entre sí a lo largo de la novela, con alguna desviación hacia escenarios de importancia secundaria, como el cañonero <em> Laya</em> y la retaguardia melillense, en cualquier caso muy relacionados con los anteriores. En cada uno de los tres espacios principales se repite un esquema narrativo común, que comienza con la descripción de la posición, continúa con la creación de un tejido de relaciones entre los personajes que la ocupan y finaliza con el relato del asalto y los combates subsiguientes.</p>
<p>Para evitar la posible dispersión en la atención del lector y lograr su identificación con la suerte de los personajes, Silva recurre a un expediente narrativo que no resultará desconocido para los aficionados a los relatos bélicos (podemos recordar, a este respecto, películas que ofrecen una gran variedad de escenarios y personajes, como <em>El día más largo</em> o <em>Un puente demasiado lejano</em>); en efecto, en cada una de las posiciones hay emparejamientos de personajes que establecen intensas relaciones personales, en torno a las cuales giran la mayor parte de los conflictos y se concentra el dramatismo de las acciones: Andreu-cabo Rosales (Sidi Dris y Talilit), cabo Amador y sargento Molina (Afrau), alférez Veiga y contramaestre Duarte (cañonero <em>Laya</em>), sargento Molina-sargento indígena Haddú (Afrau), Andreu-cabo Amador (Talilit), sargento Molina-cabo González (Afrau), etc. Algunos capítulos —el 14, que narra la desbandada de Sidi Dris, y el 18, en el cual se cuenta cómo el cabo Amador entierra los cadáveres de sus compañeros muertos en combate— actúan como núcleos organizadores del relato, pues en él se reagrupan (vivos o muertos) varios de los protagonistas, dispersos hasta entonces por diferentes escenarios.</p>
<p><figure id="attachment_4918" aria-describedby="caption-attachment-4918" style="width: 860px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" class="wp-image-4918 size-full" title="Portada de la novela El nombre de los nuestros, de Lorenzo Silva" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/03/el-nombre-de-los-nuestros.jpg" alt="Portada de la novela El nombre de los nuestros, de Lorenzo Silva" width="860" height="1325" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/03/el-nombre-de-los-nuestros.jpg 860w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/03/el-nombre-de-los-nuestros-325x500.jpg 325w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/03/el-nombre-de-los-nuestros-768x1183.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/03/el-nombre-de-los-nuestros-519x800.jpg 519w" sizes="(max-width: 860px) 100vw, 860px" /><figcaption id="caption-attachment-4918" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>El nombre de los nuestros</em>, de Lorenzo Silva</figcaption></figure></p>
<p>La intensidad de la narración no sólo deriva del acertado diseño estructural, sino también del muy visible tono de tragedia que la recorre. Esta dimensión trágica se configura a partir de un abrupto inicio —la muerte del soldado Pulido, que él mismo anuncia como inevitable, al comienzo del capítulo 1, suceso con el que se inaugura además uno de los motivos temáticos recurrentes, el de la violencia seca y descarnada—, y se refuerza a lo largo de los primeros capítulos mediante episodios que de algún modo anuncian el desenlace: la despedida entre el alférez Veiga y el coronel Morán (p. 52) y la marcha desde Sidi Dris a Talilit, durante la cual el cabo Rosales le cuenta a Andreu lo terrible de las retiradas ante los moros (pp. 54-56). El tono trágico procede también de otros elementos fundamentales del relato, entre los cuales hay que señalar la concentración temporal (dieciocho de los veinte capítulos se desarrollan durante los meses de junio y julio de 1921, los cuales todavía parecen más breves gracias al inteligente uso de la elipsis) y el carácter cerrado (cercado, para ser más exactos) de los escenarios. En algunos de los momentos de mayor fuerza expresiva, como los capítulos 14 y 16, la tragedia crece hasta un verdadero paroxismo destructivo, con episodios de heroísmo casi demente que destacan sobre un fondo apocalíptico, y en los cuales predomina más la conciencia de lo inevitable, de un fatalismo resignado, que la asunción racional del sentido del deber.</p>
<p>Los personajes de <em>El nombre de los nuestros</em> están, en líneas generales, muy bien trazados. Aunque no sea ésta una novela «de personajes» en sentido estricto, ya que la intensidad y el dinamismo de la acción impiden una visión más profunda de la vida interior de los protagonistas, hay que reconocerle al autor una gran capacidad para concebir criaturas de ficción vívidas, potentes, dotadas de una poderosa fuerza de convicción y especial verosimilitud. En este sentido, es inevitable destacar la figura del protagonista principal, el sargento Molina, cuyo retrato —el de un hombre íntegro y decente, valeroso pero sensato, con autoridad indiscutible sobre sus hombres, pero también comprensivo hacia sus flaquezas y debilidades, leal a las órdenes recibidas y al mismo tiempo escéptico hacia la actuación militar en el norte de África, una región cuya sequedad y ascetismo son, en cierta medida, metáfora de su propio espíritu— resulta muy atractivo.</p>
<p>En la construcción de sus criaturas de ficción, Lorenzo Silva utiliza diversos procedimientos, que abarcan desde la omnisciencia narrativa hasta el diálogo en estilo directo, pasando por combinaciones de ambos y por otras perspectivas intermedias. De todos ellos me parece especialmente lograda la técnica consistente en hacer vivir a los personajes acciones que definen su verdadera personalidad sin innecesarios subrayados del narrador. Un ejemplo muy significativo es el capítulo 2, en que el sargento Molina consigue que un oficial, irritadísimo por las trapisondas del mono Luisito, no dispare al macaco; en esta intervención se revelan algunas cualidades del personaje: su sensatez, la autoridad que emana de su porte, de su modo de ser y de hablar, su interés por los hombres a su cargo, su comprensión del otro, su humanidad. Otro ejemplo de esta técnica lo hallamos en el capítulo 7, cuando Molina elimina de un plumazo la corruptela de los soldados que pagan a sus camaradas para evitar salir en misión de aguada, demostrando así otro rasgo clave de su carácter, como es su innato sentido de la justicia, su energía para enfrentarse a los abusos. Y aunque el personaje se defina más a partir de sus acciones que de sus palabras, pues es hombre cauto y reservado, sus escuetas declaraciones siempre se caracterizan por su buen sentido; a este respecto, hay dos frases que resumen perfectamente su talante, ambas en la página 71: «no se puede abusar de quien es más débil. Quien hace eso o lo consiente, ensucia el mundo»; «las perras corrompen, pero la miseria corrompe más. Ésa es la mala ley de la vida».</p>
<p>No hay duda de que el sargento Molina es un magnífico personaje. Acaso el único reproche que se puede hacer al autor con respecto a su protagonista es que resulta tal vez demasiado entero, demasiado «bueno», para un escenario tan desdichado y negativo como el que en la novela se describe. Su honradez e integridad, sus reticencias ante la oficialidad (en las que subyace un evidente conflicto de clase que también alienta en otros personajes de la novela, como el anarquista Andreu o el ugetista Amador)<sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/03/06/la-guerra-de-africa-desde-las-trincheras-el-nombre-de-los-nuestros-de-lorenzo-silva/#footnote_4_1407" id="identifier_4_1407" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="A este respecto resulta muy ilustrativo el cap&iacute;tulo 5, donde el cabo Amador y el sargento Molina charlan sobre el sentido de la guerra y su propia intervenci&oacute;n en ella. Molina revela en esta conversaci&oacute;n uno de los rasgos fundamentales de su personalidad: el sentido del deber, el compromiso nacido de un convencimiento personal que se impone por sobre las comodidades y los intereses mezquinos, hasta el punto de que Amador, el sindicalista de la UGT opuesto a la guerra y a sus enemigos de clase, acaba comprendiendo las intenciones y motivos de su superior, que en principio le parec&iacute;an inaceptables.">4</a></sup>, incluso su capacidad de ver más allá de las circunstancias estrictamente militares para cuestionar la política colonialista en el norte de África (por cierto, no es el único suboficial que comparte este planteamiento, como pone de relieve la conversación entre el contramaestre Duarte y el alférez Veiga en el capítulo 3), dibujan el perfil de un personaje que, sin abandonar del todo ciertas características del clásico héroe épico —véase, por ejemplo, su valerosa actuación, de un heroísmo inaudito, en los capítulos 13 y 15, que narran el asalto y la retirada de Afrau—, tiene además muchos puntos de contacto con el modelo del héroe «a su pesar», característico de muchas novelas bélicas<sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/03/06/la-guerra-de-africa-desde-las-trincheras-el-nombre-de-los-nuestros-de-lorenzo-silva/#footnote_5_1407" id="identifier_5_1407" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Estas caracter&iacute;sticas no son ins&oacute;litas en los personajes de Lorenzo Silva. De hecho, buena parte de ellas pueden advertirse en el sargento Rub&eacute;n Bevilacqua, protagonista de El lejano pa&iacute;s de los estanques y El alquimista impaciente. Aunque el sargento Molina haya sido forjado a partir del recuerdo de un hombre de carne y hueso, no es menos cierto que sus rasgos distintivos &mdash;el sentido del deber, la rectitud, la solidaridad con los hombres bajo su mando, el distanciamiento frente a la oficialidad&mdash; pueden detectarse en alguno de los antecedentes narrativos que ya citamos al principio de esta rese&ntilde;a; pienso, por ejemplo, en el personaje del sargento Carlos Arnedo, protagonista del episodio 4 (&laquo;Magdalena roja&raquo;) de El blocao, de Jos&eacute; D&iacute;az Fern&aacute;ndez. Adem&aacute;s, el tipo no es ajeno a la tradici&oacute;n de los relatos b&eacute;licos contempor&aacute;neos; pienso, por ejemplo, en personajes como el sargento primero Milton Warden, de la novela de James Jones De aqu&iacute; a la eternidad (1951), o el sargento Croft de Los desnudos y los muertos, de Norman Mailer.">5</a></sup>.</p>
<p><figure id="attachment_2452" aria-describedby="caption-attachment-2452" style="width: 520px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/03/mapanomb.gif"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-2452" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/03/mapanomb.gif" alt="Mapa de la zona norteafricana en la que transcurren los combates narrados en la novela" width="520" height="351" /></a><figcaption id="caption-attachment-2452" class="wp-caption-text">Mapa de la zona norteafricana en la que transcurren los combates narrados en la novela</figcaption></figure></p>
<p>Al comienzo de esta reseña hacíamos algunas consideraciones sobre el sentido de la novela y sobre su condición ideológica. Querría aclarar ahora que, en mi opinión, y a pesar de que el autor no oculta en ningún momento la crítica hacia el estamento castrense, no creo que debamos considerar <em> El nombre de los nuestros</em> como una novela antimilitarista. Es cierto que entre los mandos militares que aparecen en ella abundan las conductas de criminal incompetencia —la infravaloración de la capacidad combativa del enemigo, la asunción de riesgos tácticos y estratégicos innecesarios, la descoordinación, el desprecio por las vidas de los reclutas, que más bien semejan corderos destinados al sacrificio, tal como pone de relieve el ya mencionado episodio inicial del soldado Pulido— y también las muestras de un comportamiento despreciable: generales arrogantes como Fernández Silvestre, oficiales señoritos y chulescos, investidos de un prejuicio de superioridad no sólo respecto a «los moros», sino a sus propias tropas, cabos y suboficiales embrutecidos por el alcohol, el desarraigo y la corrupción.</p>
<p>Pero frente a ellos, también contemplamos a militares dignos, como el coronel Morán (que parece estar basado en un oficial real caído en el desastre, el coronel Morales), el alférez Veiga y, sobre todo, el sargento Molina, en el que se ejemplifican virtudes militares que indudablemente el autor admira: el sentido del deber, la lealtad, la camaradería, el estoicismo. Y aunque el heroísmo irracional, característico de los hechos de guerra, está contemplado a través de un prisma de escepticismo crítico, el escritor no llega a condenarlo del todo: incluso algunos oficiales que destacan por sus baladronadas y su altivez alcanzan en el momento del combate cierta dignidad inesperada, que procede de un coraje primitivo, enloquecido, y de una voluntad de sacrificio que no por absurda resulta menos impresionante; así ocurre por ejemplo en el capítulo 10, que narra el asalto a Talilit, cuando el teniente artillero, protegiendo el repliegue de sus soldados, se enfrenta con valentía suicida a la embestida de la harka. Silva llega incluso a proponer una interpretación del desastre bélico en términos de experiencia iniciática, de acontecimiento íntimo, capaz de transformar el carácter de los supervivientes —véanse las reflexiones que realiza el alférez Veiga a propósito de la aniquilación de los soldados españoles, en la página 157—, que aunque pueda ser discutible desde perspectivas ideológicas tiene sin embargo una indiscutible carga emotiva.</p>
<p>Una novela de guerra como la que ha escrito Silva no podía prescindir de la descripción realista de las condiciones de la vida en las posiciones de vanguardia. Es un realismo que no ahorra al lector detalle crudos y hasta brutales, imprescindibles en la tradición de los relatos bélicos, y en el que destaca singularmente la habilidad narrativa del autor. Las escenas de combate son rápidas, rotundas, contundentes, llenas de terribles sucesos de una fuerza e intensidad dignas de elogio. Se podrían multiplicar los ejemplos, pero yo seleccionaría los asaltos a las posiciones de Talitit, Afrau y Sidi Dris (capítulos 10, 14 y 16 respectivamente), absolutamente magníficos, con su combinación de episodios de escalofriante violencia —heridos rematados por sus propios compañeros, soldados torturados por la sed, hombres que, al borde de perder la razón, reservan su última bala para no caer prisioneros, hospitales de campaña donde se amontonan los heridos en condiciones infernales, prisioneros horriblemente atormentados por los harqueños— y diálogos descarnados, implacables, de una expresividad que no sólo procede de la tensión del momento, sino de su laconismo y absoluta falta de retórica.</p>
<p>Lorenzo Silva hace uso de un castellano rotundo, que no retrocede ante los tacos, las blasfemias o las rudas expresiones del argot cuartelero. Sin embargo, también demuestra su capacidad para el interludio lírico, generalmente asociado a la evocación del paisaje norteafricano. Así ocurre, por ejemplo, en las páginas 74-75, en las que el sargento Molina recuerda ante el cabo Amador la ciudad montañosa de Xauen, tan semejante a los pueblos blancos andaluces, con su insólita judería y su aire misterioso y embriagador. También el alférez Veiga, a bordo del cañonero <em>Laya</em>, percibe la inevitable seducción del paisaje africano:</p>
<p>«El contraste de luces y sombras, silencios y estruendos, tenía para Veiga una caprichosa armonía. Durante el día, la calima y el polvo lo difuminaban todo, pero al anochecer se producía una transformación súbita y cautivadora. La mar, el aire, la costa misma, todo tenía un fulgor extraño. Hasta los hombres que allí estaban intentando matar y no morir debían sentirse sobrecogidos por la inaudita belleza de que se revestía el paisaje africano mientras huía la luz y se les venía encima la noche llena de incertidumbres» (p. 161).</p>
<p>Esta novela de trincheras, dolor y sufrimientos apenas imaginables también reserva un espacio para otras emociones que las derivadas de las acciones militares. En unos casos es el humor, teñido de notas grotescas y hasta esperpénticas, como ocurre con las aventuras del mono Luisito en la posición de Afrau (capítulos 2 y 8). En otros es el deseo sexual, que alcanza un nivel de intensa tensión en el relato que hace el cabo Rosales a Andreu de su encuentro con una mujer rifeña en el recinto de un morabito (pp. 92-94, capítulo 6). Tampoco faltan los momentos más reposados, en los que se expresa la rutina de la vida en las trincheras y se da cauce a la revelación de la intimidad de los soldados (véase el capítulo 5, significativamente titulado «Añoranzas nocturnas»), o los retratos casi costumbristas, como el de los asfixiantes blocaos, con sus interminables partidas de naipes y sus penosas condiciones higiénicas (capítulo 6). Y me parece muy revelador que la novela, que como ya hemos dicho se caracteriza por una violencia creciente hasta el paroxismo, termine sin embargo con un reposado epílogo (situado seis años después del desastre, tras el desembarco de Alhucemas), que proyecta un hermoso tono melancólico sobre el ánimo del lector. En este capítulo final, la mirada del narrador pasa ágilmente desde el acorazado donde presta servicio el ya oficial de marina Veiga hasta la recién creada ciudad en la que el sargento Molina asiste en posición de firmes a la revista real de las tropas españolas, finalmente vencedoras. Las emociones de ambos, distantes, escépticas, proporcionan un adecuado contrapunto melancólico, un adagio tan emocionante como desengañado, al agotador frenesí de los combates. Los dos soldados comprenden cómo su heroísmo ha sido manipulado y ha sido transformado en un acto inútil, pero se dan cuenta también de que nunca podrán olvidar lo que han vivido. Y así su recuerdo pasa a formar parte de nosotros, los lectores, para quienes Veiga, Molina, Amador, Andreu o Haddú llevan ya, desde el mismo momento en que cerramos la cubierta de esta emocionante novela, «el nombre de los nuestros»<sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/03/06/la-guerra-de-africa-desde-las-trincheras-el-nombre-de-los-nuestros-de-lorenzo-silva/#footnote_6_1407" id="identifier_6_1407" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Quienes tengan inter&eacute;s en ampliar la informaci&oacute;n sobre la novela y su autor pueden consultar las siguientes fuentes:
&bull;&nbsp;Del Rif al Yebala. Viaje al sue&ntilde;o y la pesadilla de Marruecos, Barcelona, Ediciones Destino (Col. &laquo;&Aacute;ncora y Delf&iacute;n&raquo;, 927), 2001. En este libro de viajes, que relata su estancia en el norte de Marruecos, Lorenzo Silva proporciona significativos detalles de la biograf&iacute;a de su abuelo y abundantes noticias hist&oacute;ricas de las campa&ntilde;as africanas (v&eacute;anse, en relaci&oacute;n con los sucesos que relata la novela, las pp. 104-108). Al leer Del Rif alYebala no s&oacute;lo podemos verificar muchos aspectos del complejo proceso de creaci&oacute;n novel&iacute;stica que se halla tras El nombre de los nuestros, sino que adem&aacute;s confirmamos esa poderosa sensaci&oacute;n de realismo y autenticidad que se desprende de la novela.
&bull;&nbsp;Web personal de Lorenzo Silva: imprescindible para un contacto de primera mano con la trayectoria biogr&aacute;fica y los intereses del escritor.
&bull; En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la guerra de &Aacute;frica ha vuelto a suscitar el inter&eacute;s de los escritores espa&ntilde;oles, como demuestra el magn&iacute;fico reportaje de Manuel Leguineche, Annual, 1921: el desastre de Espa&ntilde;a en el Rif, Madrid, Alfaguara, 1996. Este libro incluye, a modo de ap&eacute;ndice, el llamado &laquo;Expediente Picasso&raquo;, encargado por el gobierno espa&ntilde;ol al general Juan Picasso para averiguar las causas de la derrota militar; en las p&aacute;ginas 143-144 y 147-150 de este ap&eacute;ndice se relatan pormenorizadamente los combates en las posiciones de Talilit, Sidi Dris y Afrau.
&bull;&nbsp;Tambi&eacute;n en el plano estrictamente literario hay significativas muestras de este renovado inter&eacute;s, pues se han reeditado dos de las grandes novelas sobre la guerra de &Aacute;frica: El blocao de Jos&eacute; D&iacute;az Fern&aacute;ndez (Madrid, Viamonte, 1998), con pr&oacute;logo de Jos&eacute; Esteban; e Im&aacute;n, de Ram&oacute;n J. Sender, (Barcelona, Ediciones Destino, Col. &laquo;Cl&aacute;sicos Contempor&aacute;neos Comentados&raquo;, 2001), con comentarios de Lorenzo Silva.
&bull;&nbsp;En su n&uacute;mero 69, de septiembre de 2002 (pp. 34.37), la revista Qu&eacute; Leer dedica un interesante y bien documentado reportaje, titulado &laquo;Moros en la costa&raquo;, a la relaci&oacute;n entre la literatura y los desastres b&eacute;licos sufridos por las tropas espa&ntilde;olas en el Norte de &Aacute;frica.
&bull;&nbsp;El propio Lorenzo Silva (suplemento dominical El Semanal, n&ordm; 800, del 23-II al 1-III de 2003, pp. 54-58), ha anunciado recientemente la preparaci&oacute;n de un documental sobre la desastrosa retirada de Annual. En este proyecto, basado en un gui&oacute;n del novelista, intervienen los cineastas Manu Horrillo y Benito Zambrano.
La versi&oacute;n original de esta rese&ntilde;a ha sido publicada en la web personal de Lorenzo Silva, a quien agradezco sinceramente los elogios que dedica a mi trabajo.">6</a></sup>.</p>
<p class="notasbib">Lorenzo Silva, <em>El nombre de los nuestros</em>, Barcelona, Destino (Col. «Áncora y Delfín», 919), 2001, 288 páginas.</p>
<ol class="footnotes"><li id="footnote_1_1407" class="footnote"><em>Noviembre sin violetas</em>, Madrid, Ediciones Libertarias, 1995, reeditado en Destino (Col. «Destino Libro»); <em>La sustancia interior</em>, Madrid, Huerga y Fierro, 1996, reeditado en Destino (Col. «Áncora y Delfín»), 1999; <em>La flaqueza del bolchevique</em>, Barcelona, Destino (Col. «Áncora y Delfín», 779), 1997, reeditado en Booklet, 1998 y en «Destino Libro», 2000; <em>El lejano país de los estanques</em>, Barcelona, Destino (Col. «Áncora y Delfín», 812), 1998 [premio «El Ojo Crítico» de narrativa]; <em>El ángel oculto</em>, Barcelona, Destino (Col. «Áncora y Delfín», 844), 1999; <em>El urinario</em>, Valencia, Pre-Textos (Col. «Narrativa», 10), 1999; <a title="Lorenzo Silva: El alquimista impaciente" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/03/06/lorenzo-silva-el-alquimista-impaciente/"><em>El alquimista impaciente</em></a>, Barcelona, Destino (Col. «Áncora y Delfín», 890), 2000, reeditado por Planeta y Círculo de Lectores (2000); <em>El nombre de los nuestros</em>, Barcelona, Destino (Col. «Áncora y Delfín», 919), 2001; <em>La isla del fin de la suerte</em>, Barcelona, Círculo de Lectores, 2001; <em>El cazador del desierto</em>, Madrid, Anaya (Col. «Espacio Abierto»), 1998 [novela juvenil]; <em>Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia</em>, Madrid, Anaya (Col. «Espacio Abierto»), 1998 [novela juvenil]; <em>La lluvia de París</em>, Madrid, Anaya (Col. «Espacio Abierto»), 2000 [novela juvenil]; <em>Viajes escritos y escritos viajeros</em>, Madrid, Anaya (Col. «Punto de referencia»), 2000) [libro de viajes]; <em>Del Rif al Yebala. Viaje al sueño y la pesadilla de Marruecos</em>, Barcelona, Ediciones Destino (Col. «Áncora y Delfín», 927), 2001 [libro de viajes].</li><li id="footnote_2_1407" class="footnote"><em>La isla del fin de la suerte</em> se aloja en la web del <a href="http://www.circulolectores.es"> Círculo de Lectores</a>. Esta no es la única relación del novelista con Internet y las nuevas tecnologías, pues también ha elaborado una <a href="http://www.lorenzo-silva.com"> web personal</a> donde ofrece noticias biográficas, extractos de las críticas recibidas por sus novelas, una completa bibliografía, textos inéditos muy representativos de sus inquietudes y aficiones, etc. A todo ello hay que añadir la aparición (octubre de 2001) de alguno de sus textos breves (el relato «Liberty City») en formato de libro digital o <em>e-book</em>, publicado por la <a href="http://www.badosa.com">Editorial Badosa</a>.</li><li id="footnote_3_1407" class="footnote">La novela de Lorenzo Silva se ha publicado apenas un año después que <em>Una guerra africana</em>, Madrid, Ediciones SM (Col «Gran Angular», 195), 2000, de Ignacio Martínez de Pisón, novela juvenil cuya acción transcurre con posterioridad a los sucesos del desastre de Annual. Aunque inferior en calidad a <em> El nombre de los nuestros</em> y muy diferente en su planteamiento argumental (pues, a pesar de lo que sugiere el título, su centro de gravedad no es tanto la campaña militar cuanto el relato de una poco creíble peripecia sentimental que se desarrolla sobre el fondo de la contienda africana), la novela de Martínez de Pisón comparte con la de Silva unos cuantos rasgos comunes: no sólo las inevitables referencias al marco histórico, sino también la focalización del relato en torno a un suboficial de baja extracción social (el sargento Medrano, escéptico ante la guerra y al mismo tiempo entregado a su deber), que tiene numerosos puntos de contacto con el sargento Molina de <em> El nombre de los nuestros</em>. La novela de Silva guarda también algunas conexiones con la famosísima <em>Morirás en Chafarinas</em>, de Fernando Lalana, no sólo por su ambientación norteafricana y por algunos detalles de los protagonistas (soldados de reemplazo), sino también por la insistencia en las notas de escepticismo y desarraigo que en ambas novelas aparecen.</li><li id="footnote_4_1407" class="footnote">A este respecto resulta muy ilustrativo el capítulo 5, donde el cabo Amador y el sargento Molina charlan sobre el sentido de la guerra y su propia intervención en ella. Molina revela en esta conversación uno de los rasgos fundamentales de su personalidad: el sentido del deber, el compromiso nacido de un convencimiento personal que se impone por sobre las comodidades y los intereses mezquinos, hasta el punto de que Amador, el sindicalista de la UGT opuesto a la guerra y a sus enemigos de clase, acaba comprendiendo las intenciones y motivos de su superior, que en principio le parecían inaceptables.</li><li id="footnote_5_1407" class="footnote">Estas características no son insólitas en los personajes de Lorenzo Silva. De hecho, buena parte de ellas pueden advertirse en el sargento Rubén Bevilacqua, protagonista de <em>El lejano país de los estanques</em> y <em>El alquimista impaciente</em>. Aunque el sargento Molina haya sido forjado a partir del recuerdo de un hombre de carne y hueso, no es menos cierto que sus rasgos distintivos —el sentido del deber, la rectitud, la solidaridad con los hombres bajo su mando, el distanciamiento frente a la oficialidad— pueden detectarse en alguno de los antecedentes narrativos que ya citamos al principio de esta reseña; pienso, por ejemplo, en el personaje del sargento Carlos Arnedo, protagonista del episodio 4 («Magdalena roja») de <em>El blocao</em>, de José Díaz Fernández. Además, el tipo no es ajeno a la tradición de los relatos bélicos contemporáneos; pienso, por ejemplo, en personajes como el sargento primero Milton Warden, de la novela de James Jones <em>De aquí a la eternidad</em> (1951), o el sargento Croft de <em>Los desnudos y los muertos</em>, de Norman Mailer.</li><li id="footnote_6_1407" class="footnote">Quienes tengan interés en ampliar la información sobre la novela y su autor pueden consultar las siguientes fuentes:</p>
<p>• <em>Del Rif al Yebala. Viaje al sueño y la pesadilla de Marruecos</em>, Barcelona, Ediciones Destino (Col. «Áncora y Delfín», 927), 2001. En este libro de viajes, que relata su estancia en el norte de Marruecos, Lorenzo Silva proporciona significativos detalles de la biografía de su abuelo y abundantes noticias históricas de las campañas africanas (véanse, en relación con los sucesos que relata la novela, las pp. 104-108). Al leer <em>Del Rif alYebala</em> no sólo podemos verificar muchos aspectos del complejo proceso de creación novelística que se halla tras <em>El nombre de los nuestros</em>, sino que además confirmamos esa poderosa sensación de realismo y autenticidad que se desprende de la novela.<br />
• <a title="Web personal de Lorenzo Silva" href="http://www.lorenzo-silva.com" target="_blank" rel="noopener">Web personal de Lorenzo Silva</a>: imprescindible para un contacto de primera mano con la trayectoria biográfica y los intereses del escritor.<br />
• En los últimos años, la guerra de África ha vuelto a suscitar el interés de los escritores españoles, como demuestra el magnífico reportaje de Manuel Leguineche, <em>Annual, 1921: el desastre de España en el Rif</em>, Madrid, Alfaguara, 1996. Este libro incluye, a modo de apéndice, el llamado «Expediente Picasso», encargado por el gobierno español al general Juan Picasso para averiguar las causas de la derrota militar; en las páginas 143-144 y 147-150 de este apéndice se relatan pormenorizadamente los combates en las posiciones de Talilit, Sidi Dris y Afrau.<br />
• También en el plano estrictamente literario hay significativas muestras de este renovado interés, pues se han reeditado dos de las grandes novelas sobre la guerra de África: <em>El blocao</em> de José Díaz Fernández (Madrid, Viamonte, 1998), con prólogo de José Esteban; e <em>Imán</em>, de Ramón J. Sender, (Barcelona, Ediciones Destino, Col. «Clásicos Contemporáneos Comentados», 2001), con comentarios de Lorenzo Silva.<br />
• En su número 69, de septiembre de 2002 (pp. 34.37), la revista <em><a href="http://www.que-leer.com">Qué Leer</a></em> dedica un interesante y bien documentado reportaje, titulado «Moros en la costa», a la relación entre la literatura y los desastres bélicos sufridos por las tropas españolas en el Norte de África.<br />
• El propio Lorenzo Silva (suplemento dominical <em>El Semanal</em>, nº 800, del 23-II al 1-III de 2003, pp. 54-58), ha anunciado recientemente la preparación de un documental sobre la desastrosa retirada de Annual. En este proyecto, basado en un guión del novelista, intervienen los cineastas Manu Horrillo y Benito Zambrano.</p>
<p>La versión original de esta reseña ha sido publicada en la <a href="http://www.lorenzo-silva.com/Libros/estudioenn.htm">web personal de Lorenzo Silva</a>, a quien agradezco sinceramente los elogios que dedica a mi trabajo.</li></ol><p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/03/06/la-guerra-de-africa-desde-las-trincheras-el-nombre-de-los-nuestros-de-lorenzo-silva/">La guerra de África, desde las trincheras: El nombre de los nuestros, de Lorenzo Silva</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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		<title>Lorenzo Silva: El alquimista impaciente</title>
		<link>https://www.labitacoradeltigre.com/2005/03/06/lorenzo-silva-el-alquimista-impaciente/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 06 Mar 2005 18:23:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[artículo procedente de Lengua en Secundaria]]></category>
		<category><![CDATA[El alquimista impaciente]]></category>
		<category><![CDATA[Lorenzo Silva]]></category>
		<category><![CDATA[novela española]]></category>
		<category><![CDATA[novela española contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[novela policíaca]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.elarequi.com/pruebas2/?p=461</guid>

					<description><![CDATA[<p>Análisis de los personajes de la novela policíaca <em>El alquimista impaciente</em>, del escritor español Lorenzo Silva.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/03/06/lorenzo-silva-el-alquimista-impaciente/">Lorenzo Silva: El alquimista impaciente</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a title="Lorenzo Silva - Wikipedia" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Lorenzo_Silva" target="_blank" rel="noopener">Lorenzo Silva</a> (Madrid, 1966) ganó con esta novela<sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/03/06/lorenzo-silva-el-alquimista-impaciente/#footnote_1_1416" id="identifier_1_1416" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="La presente rese&ntilde;a es algo diferente a sus compa&ntilde;eras de categor&iacute;a, pues se trata simplemente de un ejemplo de an&aacute;lisis de los personajes de una novela, elaborado con el fin de proporcionar un modelo que pudiera resultar &uacute;til para mis alumnos de 1&ordm; de Bachillerato del I.E.S. &ldquo;Ega&rdquo;, de San Adri&aacute;n (Navarra), durante el curso 1999-2000. Para conseguir que no desentonara demasiado al lado de otras rese&ntilde;as, he modificado la redacci&oacute;n original del trabajo y ampliado algunas referencias que all&iacute; tocaba muy de pasada.">1</a></sup> el Premio Nadal del año 2000, un galardón al que ya se había aproximado pocos años antes con <em>La flaqueza del bolchevique</em>, que resultó finalista en la edición de 1997. Los protagonistas de <em>El alquimista impaciente</em> son dos guardias civiles, el sargento Rubén Bevilacqua y su ayudante, la guardia Virginia Chamorro. No son dos personajes desconocidos para los lectores, pues hicieron su aparición en <em>El lejano país de los estanques</em>, novela en la que se narra la investigación de un asesinato en la isla de Mallorca. En esta ocasión, los dos agentes, destinados en Madrid, en los servicios centrales de la Guardia Civil, se ocupan de identificar al responsable de la muerte de un ingeniero de una central nuclear cercana a la capital de España (el autor no da más precisiones, pero a tenor de los escenarios en que transcurre la acción, podemos aventurar que se trata de la central de Trillo, en Guadalajara).</p>
<p>El hecho de que una novela policíaca esté protagonizada por una pareja de investigadores no es un rasgo especialmente original dentro del código de este género narrativo, tanto en su vertiente literaria como en la cinematográfica. De hecho, podríamos decir que constituye casi un tópico (recordemos el conocido ejemplo de Sherlock Holmes y el doctor Watson, de los relatos de Conan Doyle, o, por no salirnos del ámbito español, el caso del detective Carvalho y su ayudante Biscúter, de Vázquez Montalbán). Lo que ya no es tan común en la literatura es que la pareja de investigadores sean un hombre y una mujer, lo cual añade al interés derivado de la intriga una cierta tensión que contribuye a la eficacia del relato y a captar la atención de los lectores. Hay que destacar, en cualquier caso, que esta tensión sexual es muy leve, apenas sugerida, y siempre de forma muy elegante. No puedo asegurar si este planteamiento será o no deliberado, pero cabe considerarlo como una estrategia narrativa e incluso comercial; me arriesgaría a decir que Lorenzo Silva lo hace así para “ponernos los dientes largos”; estoy seguro de que veremos alguna escena más explícita de la convivencia entre Bevilacqua y Chamorro en novelas posteriores de la serie (el autor ha declarado en alguna entrevista, y lo repite en <a title="Lorenzo Silva.com" href="http://www.lorenzo-silva.com" target="_blank" rel="noopener">su web</a>, que ésta no será la última).</p>
<p><span id="more-1416"></span></p>
<p>La presentación del sargento y la guardia es escueta y funcional, y la narración apenas se demora en la descripción de las características físicas de los personajes. La ausencia de referentes “visuales” tal vez se deba al hecho de que la historia está contada en primera persona (el narrador-protagonista es el propio sargento), circunstancia que haría poco verosímil la presencia de autorretratos explícitos. La mayor parte de las escasas prosopografías de la novela corresponden a la guardia Chamorro, mujer reservada, sensata y de carácter firme, con un interesante toque feminista, virtudes que acompañan a un aspecto físico algo anguloso y hasta rudo, pero muy atractivo. Esta última cualidad se pone de manifiesto en un par de episodios (el primero tiene lugar en los ambientes de diversión de la Costa del Sol; el segundo, en un selecto restaurante madrileño), en los que la guardia se maquilla y se viste con ropas elegantes para acceder a ambientes que, de otro modo, estarían vedados a su investigación. La belleza de Chamorro supera así el valor puramente decorativo y se convierte en un elemento funcional de la trama, tal como ya ocurría en <em>El lejano país de los estanques</em> (en aquella ocasión, con playas nudistas incluidas). El <em>sex-appeal</em> del personaje no es ajeno a los tópicos del género (se me ocurren ahora los ejemplos de<em> Los ángeles de Charlie</em>, en mujeres, y del infatigable James Bond, en hombres) y es probable que el autor sea consciente de ello, porque no abusa de la capacidad seductora del personaje e incluso se permite alguna deliberada hipérbole al respecto (por ejemplo, en el episodio en el que la <em>madame</em> de un muy selecto servicio de señoritas de compañía sugiere a Chamorro que puede encontrar trabajo en su gremio si se decide a abandonar la Benemérita).</p>
<p>El personaje de Chamorro se define básicamente a partir de la mirada de su superior, quien a menudo realiza observaciones, reflexiones o juicios, casi siempre admirativos, sobre el comportamiento, las capacidades y las actitudes de su subordinada. Tal enfoque no carece de interés para el lector, porque amplía la perspectiva narrativa y da mayor profundidad al retrato psicológico del sargento. Ahora bien, en mi opinión este tratamiento no es del todo convincente, porque da como resultado un personaje limitado, pobre, menos “jugoso” de lo que prometía (y menos todavía para alguien que haya leído <em>El lejano país de los estanques</em>, novela en la que Chamorro destacaba con mayor fuerza y brío). En más de una ocasión, el personaje de Chamorro resulta demasiado desdibujado, y sufre un claro desequilibrio con respecto a su jefe, a cuyo lado parece más comparsa o figurante que verdadera co-protagonista.</p>
<p>Mucha mayor entidad y una imagen más certera y perdurable consigue el personaje protagonista, el sargento Rubén Bevilacqua, pues no en vano toda la trama se presenta a través de sus observaciones y de su testimonio<sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/03/06/lorenzo-silva-el-alquimista-impaciente/#footnote_2_1416" id="identifier_2_1416" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="En mi opini&oacute;n, hay una secuencia en la que la elecci&oacute;n del punto de vista narrativo resulta demasiado forzada. Me refiero al episodio en que Chamorro provoca que un rico empresario la invite a cenar, y de este modo trata de &ldquo;tirarle de la lengua&rdquo;. El protagonista podr&iacute;a haberse enterado f&aacute;cilmente de las averiguaciones de su compa&ntilde;era a partir del testimonio posterior de &eacute;sta; sin embargo, el autor hace que Bevilacqua los conozca &ldquo;en directo&rdquo;, vali&eacute;ndose del truco del micr&oacute;fono oculto, que si bien no es f&iacute;sicamente imposible, no parece muy veros&iacute;mil desde una perspectiva estrictamente literaria.">2</a></sup>. Digamos en primer lugar que estamos ante un investigador atípico, y que su singularidad comienza por su insólito apellido, el cual da lugar a innumerables confusiones, alguna de ellas de indudable comicidad. Desde luego, el lector que firma esta reseña no estaba acostumbrado a tratar con agentes de la autoridad como el que ahora nos ocupa: culto, licenciado en Psicología, poco o nada militarista, escéptico con la disciplina y la autoridad, y de talante civilizado, democrático y aun progresista. Sería injusto afirmar que es inverosímil acumular tantas cualidades en un sargento de la Guardia Civil, pero no que en algunas ocasiones pueda parecerle al lector un personaje excesivamente idealizado. Admito, no obstante, que este escrúpulo tiene que ver más con el posible referente del personaje (es decir, los guardias civiles reales), que con la recreación que de ellos lleva a cabo el autor<sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/03/06/lorenzo-silva-el-alquimista-impaciente/#footnote_3_1416" id="identifier_3_1416" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Lorenzo Silva ejerce la abogac&iacute;a, y seg&uacute;n sus propias declaraciones ha llegado a trabajar como penalista en alg&uacute;n caso. Por otro lado, es hijo y nieto de militares. Ambas circunstancias permiten suponer que su conocimiento interno del funcionamiento de la Benem&eacute;rita ser&aacute; bastante m&aacute;s amplio que el de la mayor&iacute;a de los lectores.">3</a></sup>, la cual, por otra parte, se halla en la mejor tradición del género. En efecto, Bevilacqua corresponde al modelo del investigador “cerebral” tantas veces inmortalizado en las novelas policíacas. Sus métodos se basan en la observación, la deducción, la tenacidad, el trabajo en equipo y el conocimiento de las turbias motivaciones del espíritu humano. De su labor queda casi totalmente excluida la violencia (excepto en una escena, hacia el final de la novela), aunque no las técnicas de intimidación que supongo forman parte inevitable de los interrogatorios policiales; incluso en la aplicación de éstas, el lector se identifica con el proceder del agente, pues sólo las utiliza sobre criminales indeseables o plutócratas corruptos.</p>
<p><figure id="attachment_4977" aria-describedby="caption-attachment-4977" style="width: 1200px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-4977 size-full" title="Portada de la novela El alquimista impaciente, de Lorenzo Silva" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/03/alquimista-impaciente.jpg" alt="Portada de la novela El alquimista impaciente, de Lorenzo Silva" width="1200" height="1712" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/03/alquimista-impaciente.jpg 1200w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/03/alquimista-impaciente-350x500.jpg 350w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/03/alquimista-impaciente-768x1096.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/03/alquimista-impaciente-561x800.jpg 561w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption id="caption-attachment-4977" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>El alquimista impaciente</em>, de Lorenzo Silva</figcaption></figure></p>
<p>Antes hemos invocado a Conan Doyle, pero habría que destacar que el protagonista de la novela de Lorenzo Silva está más cerca de los héroes de la novela “negra” contemporánea (de Hammett y Chandler para acá), que del modelo de los detectives del relato policial clásico (Sherlock Holmes, el padre Brown, Hércules Poirot). El hecho de que Bevilacqua sea un agente de una organización sometida a la disciplina militar no significa que también se trate de un policía complaciente y servil con la autoridad establecida, de un robot incapaz de la menor independencia de criterio; muy al contrario, su inteligencia, su experiencia y el consiguiente conocimiento de las formas más oscuras de ejercicio del poder económico y político (cuya eficacia y amplitud corruptora ya comprobamos en <em>El lejano país de los estanques</em>) le proporcionan esa capacidad de distanciamiento, ese talante escéptico y a veces sarcástico, típico de los héroes de la novela policíaca moderna.</p>
<p>A través de los ojos de Bevilacqua y de los vericuetos de la investigación criminal que protagoniza, el lector no sólo descubre la identidad de los criminales —condición <em>sine qua non</em> de toda novela del género—, sino que también tiene la oportunidad de entrar en los infiernos de la droga y la prostitución, asistir a sucios manejos empresariales y conocer las estrategias de los grupos de presión económicos y mediáticos. Con todo ello Lorenzo Silva dibuja un certero y ácido retrato de nuestra sociedad actual, dominada por el culto al dinero y al poder que éste proporciona. No es, en cualquier caso, un retrato tan amargo como pudiera parecer, ya que frente a la corrupción, la ambición desmedida, los vicios inconfesables o el señoritismo más repulsivo se alza la perspectiva del propio autor, quien no ha dudado en convertir a algunos personajes —no sólo Bevilacqua y Chamorro, sino otros inolvidables secundarios, como el joven y desbordado juez que instruye el caso, el eficaz comandante Pereira y los demás agentes de la Guardia Civil que aparecen a lo largo de la trama— en verdaderos adalides de la honestidad, la dignidad profesional y hasta el civismo. Quizás sea este el aspecto donde los militares de Lorenzo Silva resultan más prototípicos y tal vez increíbles o incluso incómodos para ciertos lectores. No obstante, no deja de ser refrescante la mirada que nos propone el autor madrileño, una mirada esperanzada y positiva, capaz de afirmar, entre tanta imagen de individualismo nihilista como pulula por la novela española contemporánea, la importancia de ciertas virtudes —el sentido del deber, el valor del trabajo bien hecho, la capacidad de afecto y compasión por las víctimas— encarnadas por hombres y mujeres entregados al servicio de sus conciudadanos<sup><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/03/06/lorenzo-silva-el-alquimista-impaciente/#footnote_4_1416" id="identifier_4_1416" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Lorenzo Silva ha editado una web en la que, adem&aacute;s de aspectos biogr&aacute;ficos, extractos de las cr&iacute;ticas recibidas por sus novelas y una completa bibliograf&iacute;a, tambi&eacute;n incluye textos in&eacute;ditos muy representativos de sus inquietudes e intereses. La direcci&oacute;n es f&aacute;cil de recordar: http://www.lorenzo-silva.com.">4</a></sup>.</p>
<p class="notasbib">Lorenzo Silva, <em>El alquimista impacente</em>, Barcelona, Ediciones Destino (Col. «Áncora y delfín», 890), 2000, 284 páginas.</p>
<ol class="footnotes"><li id="footnote_1_1416" class="footnote">La presente reseña es algo diferente a sus compañeras de categoría, pues se trata simplemente de un ejemplo de análisis de los personajes de una novela, elaborado con el fin de proporcionar un modelo que pudiera resultar útil para mis alumnos de 1º de Bachillerato del I.E.S. “Ega”, de San Adrián (Navarra), durante el curso 1999-2000. Para conseguir que no desentonara demasiado al lado de otras reseñas, he modificado la redacción original del trabajo y ampliado algunas referencias que allí tocaba muy de pasada.</li><li id="footnote_2_1416" class="footnote">En mi opinión, hay una secuencia en la que la elección del punto de vista narrativo resulta demasiado forzada. Me refiero al episodio en que Chamorro provoca que un rico empresario la invite a cenar, y de este modo trata de “tirarle de la lengua”. El protagonista podría haberse enterado fácilmente de las averiguaciones de su compañera a partir del testimonio posterior de ésta; sin embargo, el autor hace que Bevilacqua los conozca “en directo”, valiéndose del truco del micrófono oculto, que si bien no es físicamente imposible, no parece muy verosímil desde una perspectiva estrictamente literaria.</li><li id="footnote_3_1416" class="footnote">Lorenzo Silva ejerce la abogacía, y según sus propias declaraciones ha llegado a trabajar como penalista en algún caso. Por otro lado, es hijo y nieto de militares. Ambas circunstancias permiten suponer que su conocimiento interno del funcionamiento de la Benemérita será bastante más amplio que el de la mayoría de los lectores.</li><li id="footnote_4_1416" class="footnote">Lorenzo Silva ha editado una web en la que, además de aspectos biográficos, extractos de las críticas recibidas por sus novelas y una completa bibliografía, también incluye textos inéditos muy representativos de sus inquietudes e intereses. La dirección es fácil de recordar: <a title="Lorenzo Silva.com" href="http://www.lorenzo-silva.com" target="_blank" rel="noopener">http://www.lorenzo-silva.com</a>.</li></ol><p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/03/06/lorenzo-silva-el-alquimista-impaciente/">Lorenzo Silva: El alquimista impaciente</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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