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	<title>prehistoria - La Bitácora del Tigre</title>
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	<description>Blog de Eduardo Larequi García: cine, libros, blogs y WordPress, temas educativos, lengua y literatura</description>
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		<title>El Tigre paleolítico</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 31 Jul 2012 11:53:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[arte paleolítico]]></category>
		<category><![CDATA[Gregory Curtis]]></category>
		<category><![CDATA[Los pintores de las cavernas]]></category>
		<category><![CDATA[prehistoria]]></category>
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		<category><![CDATA[viajes y excursiones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Breve crónica de las vacaciones en Asturias y reseña del libro <em>Los pintores de las cavernas</em>, de Gregory Curtis.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2012/07/31/el-tigre-paleolitico/">El Tigre paleolítico</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Desde que era muy niño, he sentido una gran fascinación hacia el <a title="Wikipedia - Arte Paleolítico" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Arte_paleol%C3%ADtico">arte paleolítico</a>. Siempre que tengo ocasión me gusta visitar las cuevas y abrigos prehistóricos, y sobre todo aquellos que albergan testimonios de las más tempranas manifestaciones del genio artístico de la humanidad. Sobre alguna de estas visitas, como por ejemplo la que hicimos Pilar y yo a la <a title="Lascaux" href="http://www.lascaux.culture.fr/">reproducción de la cueva de Lascaux</a> en julio del año 2005, <a title="Lecturas ocasionales de vacaciones" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/07/31/lecturas-ocasionales-de-vacaciones/">ya he dado cuenta en este blog</a>.</p>
<p>Este año también hemos emprendido alguna excursión paleolítica por tierras asturianas y cántabras, aprovechando unos días de vacaciones en la localidad de <a title="Ribadesella - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ribadesella">Ribadesella</a>, que nos ha obsequiado generosamente con sidra, <a title="Leticias de Ribadesella" href="http://www.letizias.es/">leticias</a>, pescado fresquísimo, bellos paisajes y otras delicias cantábricas, como la lluvia en todas sus variantes, desde el melancólico <a title="Orbayu - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Orbayu">orbayu</a> al chaparrón veraniego en toda regla. Somos chicarrones del norte y por tanto las inclemencias meteorológicas no nos han arredrado, pero es que además Asturias abunda en atractivos que el visitante no debe ignorar aunque caigan chuzos de punta.</p>
<p><span id="more-2186"></span></p>
<p>Por citar solo algunos, <a title="Puente romano de Cangas de Onís - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Puente_Romano_de_Cangas_de_On%C3%ADs">el puente “romano” sobre el Sella, en Cangas de Onís</a>, con una arcada central de una elegancia tan sublime que no hay foto que le haga justicia; la delicadeza de <a title="Santa María del Naranco - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Santa_Mar%C3%ADa_del_Naranco">Santa María del Naranco</a>, cuya contemplación resulta doble o triplemente gozosa si el turista tiene la suerte de contar con un guía como el que nos tocó, ilustrado y socarrón; la <a title="Playa de Santa Marina" href="http://www.ribadesella.com/playa-de-santa-marina/">playa de Santa Marina</a> en Ribadesella, propiciatoria de largos paseos bajo la serena vigilancia de las mansiones que construyeron los indianos al borde del mar; los restaurantes especializados en pescado y marisco de <a title="Tazones - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tazones">Tazones</a> (¡ah, cómo estaban los <a title="Mullus surmuletus - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mullus_surmuletus">salmonetes</a>!); las animadísimas calles de una localidad tan pintoresca como <a title="Cudillero - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cudillero">Cudillero</a>; el espléndido entorno del <a title="Cabo de Peñas - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cabo_de_Pe%C3%B1as">cabo de Peñas</a>, sobrevolado por <a title="Larus michahellis - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Larus_michahellis">gaviotas patiamarillas</a> que parecían disfrutar de sus acrobáticas exhibiciones ante los turistas; las vistas apabullantes de los <a title="Picos de Europa - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Picos_de_Europa">Picos de Europa</a> desde el <a title="Lago Ercina - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ercina">lago Ercina</a>, que fue uno de los pocos, poquísimos, momentos de nuestro viaje en que brilló el sol…</p>
<p>Incluso nos dio tiempo a acercarnos por el <a title="Colegio San Félix de Candás" href="http://web.educastur.princast.es/cp/sanfelix/">colegio San Félix de Candás</a>, donde trabaja el <a title="Prrofesor Potâchov de Moldavia" href="http://arrukero.com/potachov/blog/">Prrofesor Potâchov de Moldavia</a>, porque yo tenía curiosidad de echar un vistazo a los parajes frecuentados por uno de los principales agitadores del panorama TIC en España. Lamentablemente, ni siquiera llegamos a la puerta, ya que nos topamos con un grupo de agentes de la Guardia Civil que al parecer estaban enseñando a un pastor alemán las primeras nociones sobre la detección de drogas escondidas en automóviles; aclaro, para los posibles malpensados que lean estas líneas, que el vehículo objeto de las pesquisas del equipo antidroga no era el nuestro.</p>
<p>Otra visita frustrada fue la que habíamos previsto a la <a title="Cueva de Tito Bustillo - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cueva_de_Tito_Bustillo">cueva de Tito Bustillo</a>. Apabullados por las obligaciones turísticas y los múltiples atractivos asturianos, se nos fueron pasando los días, y cuando acudimos al <a title="Centro de Arte Rupestre Tito Bustillo" href="http://www.centrodearterupestredetitobustillo.com/">Centro de Arte Rupestre</a> para hacer la reserva y adquirir las entradas, ya era demasiado tarde, pues nos proponían una fecha que se salía de nuestros planes y presupuestos. Por tanto, y para compensar nuestra decepción, decidimos hacer una parada en el <a title="Museo de Altamira" href="http://museodealtamira.mcu.es/">Museo de Altamira</a>, durante nuestro viaje de regreso a Pamplona, y así disfrutar de las bellezas paleolíticas que se nos habían escapado en Ribadesella.</p>
<p>Antes de tratar sobre la visita al Museo de Altamira, voy a contar una breve batallita, pues la <a title="Cueva de Altamira - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cueva_de_Altamira">cueva de Altamira</a> y la cercana localidad de <a title="Santillana del Mar - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Santillana_del_Mar">Santillana del Mar</a> constituyen algo así como un hito grotesco en la intrahistoria familiar. Yo visité la primera (me refiero a la cueva real, no a la reproducción moderna o <a title="Museo de Altamira - Neocueva" href="http://museodealtamira.mcu.es/El_Museo/neocueva.html">neocueva</a> que se muestra desde hace año a los visitantes) en el año 1969 o 1970, en compañía de mis padres y mis hermanos. Guardo un recuerdo muy vago de aquella visita, pero mi madre siempre me pasa por los morros una de mis más conspicuas travesuras infantiles, la que protagonicé al mezclar explosivamente chicle con pipas de girasol, resultado de cuya masticación fue una pasta pegajosa que –por motivos que nadie se explica– acabé extendiendo por el niki que a mis tiernos ocho o nueve años vestía. La prenda quedó tan dañada que acabó en la basura, y yo con algún pescozón, indiscutiblemente más que merecido.</p>
<p>Volviendo al presente, conviene destacar el hecho de que la neocueva de Altamira está tan bien realizada, y proporciona una sensación tan poderosa de realidad, que estuve a punto de sufrir un leve ataque del <a title="Síndrome de Stendhal - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%ADndrome_de_Stendhal">síndrome de Stendhal</a> (supongo que la posición forzada del cuello, consecuencia de estar mirando al techo durante largo rato, también influyó en los ligeros vahídos que experimenté). Y qué decir del resto del espléndido museo, cuyas instalaciones, expositores, vitrinas y paneles son tan atractivos y están tan bien explicados que el visitante corre el riesgo de dejarse la mañana entera entre sus salas. Nosotros invertimos un par de horas, que se pasaron como en un suspiro. De la tienda del museo nos trajimos unos cuantos recuerdos: un par de libros, una libreta de notas, posavasos, marcadores de páginas, naipes, etc.</p>
<p>De los dos libros que compré, el primero, titulado <em>Museo de Altamira</em>, de apenas 32 páginas, no es más que una brevísima guía que destaca por sus cuidadas ilustraciones, pero el segundo tiene bastante más enjundia. Me refiero a de <em>Los pintores de las cavernas. El misterio de los primeros artistas</em>, del periodista norteamericano Gregory Curtis, un recorrido por la historia de los descubrimientos más importantes del <a title="Arte paleolítico - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Arte_paleol%C3%ADtico">arte paleolítico</a> y al mismo tiempo una recopilación de las principales interpretaciones sobre su función y sentido. Lo compré sin tener ninguna referencia previa, simplemente atraído por el resumen de su cubierta, pero lo he leído casi de un tirón, pues el libro destaca por la calidad de su escritura, la amenidad del tono narrativo y la cotidianidad y cercanía que imprime el autor a todos los datos, especulaciones y reflexiones, incluso a los más técnicos o especializados.</p>
<figure id="attachment_3943" aria-describedby="caption-attachment-3943" style="width: 1000px" class="wp-caption aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-3943 size-full" title="Portada de Los pintores de las cavernas, de Gregory Curtis" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2012/07/los-pintores-de-las-cavernas.jpg" alt="Portada de Los pintores de las cavernas, de Gregory Curtis" width="1000" height="1582" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2012/07/los-pintores-de-las-cavernas.jpg 1000w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2012/07/los-pintores-de-las-cavernas-316x500.jpg 316w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2012/07/los-pintores-de-las-cavernas-768x1215.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2012/07/los-pintores-de-las-cavernas-506x800.jpg 506w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><figcaption id="caption-attachment-3943" class="wp-caption-text">Portada de <em>Los pintores de las cavernas</em>, de Gregory Curtis</figcaption></figure>
<p>Por el libro desfilan personajes fascinantes, como <a title="Marcelino Sanz de Sautuola - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Marcelino_Sanz_de_Sautuola">Marcelino Sanz de Sautuola</a>, descubridor de las pinturas de Altamira, con su triste carga de precursor incomprendido a la espalda, la hercúlea figura del abate <a title="Henri Breuil - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Henri_Breuil">Henri Breuil</a> (el “papa” de la Prehistoria), o las de <a title="Annette Laming-Emperaire - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Annette_Laming-Emperaire">Annette Laming-Emperaire</a> y <a title="André Leroi-Gourhan - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9_Leroi-Gourhan">André Leroi-Gourhan</a>, brillantes renovadores de las interpretaciones sobre el arte paleolítico. La descripción de la personalidad y el trabajo de estos y otros investigadores, con sus luces y sus sombras, se caracteriza por la brillantez y capacidad evocadora que exhibe el autor del libro a la hora de narrar los hallazgos que jalonan la historia de la investigación del arte paleolítico, como ocurre, por ejemplo, en el capítulo IV, dedicado a la <a title="Cueva de Lascaux - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cueva_de_Lascaux">cueva de Lascaux</a>, o el IX, en el que narra el descubrimiento de la <a title="Cueva de Chauvet - Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cueva_de_Chauvet">cueva de Chauvet</a>. También destaca en toda la obra la plasticidad de las descripciones de Curtis, capaz de hacer brotar del papel imágenes sumamente sugestivas no solo de los animales pintados por los artistas prehistóricos, sino también de la vida cotidiana de las sociedades a las que pertenecían.</p>
<p>Tras haber expuesto y discutido por extenso las diversas interpretaciones sobre la función y sentido del arte paleolítico –la magia propiciatoria que defendió Breuil, la idea sobre la lucha contra la dominación de la naturaleza, enunciada por <a title="Max Raphael - Dictionary of Art Historians" href="http://www.dictionaryofarthistorians.org/raphaelm.htm">Max Raphael</a>, la oposición entre los principios masculino y femenino, defendida por Leroi-Gurhan y Laming-Emperaire, el chamanismo propuesto por <a title="Jean Clottes - Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Jean_Clottes">Jean Clottes</a> y <a title="David Lewis-Williams - Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/David_Lewis-Williams">David Lewis-Williams</a>– Curtis dedica el capítulo final del libro a exponer su propia interpretación, que culmina en un par de páginas finales espléndidas. La cita es larga, pero estoy seguro de que merece la pena:</p>
<blockquote><p>Las cualidades que definen el clasicismo –dignidad, fuerza, elegancia, soltura, confianza y claridad– son también los principales rasgos de las pinturas parietales. Por encima de todo, la esencia del arte clásico es que aspira a imitar la realidad creando imágenes de las formas ideales de la naturaleza. En la era paleolítica, las formas ideales no eran el Discóbolo o el David. Eran caballos, bisontes, mamuts y el resto de especies que obsesionaban a aquellos primeros artistas, todos creados como ideales. […] Las pinturas rupestres se apoderan de las ideas, la elegancia, la confianza y la dignidad clásicas, y a ello se debe que nos resulten familiares y que parezcan una parte directa de nuestro patrimonio. Conectamos de forma tan íntima con el arte rupestre porque los maestros griegos y renacentistas nos enseñaron, sin siquiera ser conscientes de ello, a apreciarlo.</p>
<p>Para los artistas griegos, perfeccionar las formas de la naturaleza expresaba los ideales filosóficos más elevados. Lo mismo ocurre con los pintores de las cavernas. su arte repetitivo y plácido, pero cargado de belleza, basado en el perfeccionamiento de los animales hallados en la realidad, no fue solo la primera gran corriente artístico, sino la primera gran corriente filosófica: el primer intento que conocemos de someter a un orden coherente el caos del mundo (pp. 286-287).</p></blockquote>
<p>Si he de juzgar por mi propia experiencia, Curtis tiene toda la razón del mundo. Uno ve las pinturas de Altamira –o las de Lascaux, da lo mismo– y siente una inmediata proximidad con los seres humanos que las pintaron, hace tantos miles de años. Esa súbita e inesperada cercanía provoca un efecto tan rotundo, tan hondo y tan intenso, que resulta difícil evitar las lágrimas de pura emoción y felicidad. Y eso, en los tiempos que corren, tiene un valor inmenso.</p>
<p class="notasbib">Gregory Curtis, <em>Los pintores de las cavernas. El misterio de los primeros artistas</em>, Madrid, Turner (Col. “Turner Noema”), 2009, 322 páginas.</p>
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		<title>Lecturas ocasionales de vacaciones</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 31 Jul 2005 09:43:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[arqueología]]></category>
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		<category><![CDATA[cultura y civilización romana]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Lecturas ocasionales de vacaciones. Breves reseñas de algunos libros leídos durante las vacaciones en Francia e Italia, en julio de 2005.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En la entrada anterior, escrita (¡con faltas de ortografía!, por culpa del teclado italiano) desde un cibercafé de Florencia, prometía volver a la carga el veinticinco de julio, tras el parón vacacional por tierras del Sur de Francia y la Toscana italiana. Como puede comprobarse, habrá que sumar ésta a la larga lista de mis promesas incumplidas o aplazadas. Hombre, tengo algunas excusas: la fatiga del turista, lo inapropiado de una fecha como la festividad de Santiago Apóstol para retomar la bitácora, lo áspero de volver a la normalidad después de tanto día de «dolce far niente».</p>
<p>Y eso que de «far niente» es sólo un modo de hablar: apenas un par de horas de playa (en la abarrotadísima de Cannes, que me puso de muy mal humor) y otra de piscina para mí, mientras Pilar echaba la siesta, y para de contar. El resto del tiempo lo hemos invertido en las inevitables obligaciones del turista con pretensiones: recorrer parajes pintorescos, fotografiar monumentos, guardar no menos monumentales colas, leer guías como quien lee los sagrados evangelios, dar vueltas y más vueltas a los mapas en los traicioneros cruces de las carreteras comarcales y, a veces, disfrutar de una merecida recompensa gastronómica en un coqueto restorán.</p>
<p><span id="more-43"></span></p>
<figure id="attachment_4883" aria-describedby="caption-attachment-4883" style="width: 158px" class="wp-caption alignright"><img decoding="async" class="wp-image-4883 size-full" title="Portada del libro Our Prehistoric Past. Art and Civilization" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/07/our-prehistoric-past.jpg" alt="Portada del libro Our Prehistoric Past. Art and Civilization" width="158" height="240" /><figcaption id="caption-attachment-4883" class="wp-caption-text">Portada del libro <em>Our Prehistoric Past. Art and Civilization</em></figcaption></figure>
<p>Eso sí, nos hemos traído las retinas ahítas de impresiones imborrables: los suaves meandros del río Dordoña, contemplados al atardecer desde un mirador en el pueblecito de Domme; los hercúleos pilares del Pont du Gard, que han durado veinte siglos y permanecerán incólumes otros cien; la infernal Autostrada dei Fiori, entre Italia y Francia, con sus más de ciento diez túneles y otros tantos viaductos, que se dice pronto; las colinas toscanas, que parecen de película o de cuadro, pero que son increíblemente reales y maravillosas; un incendio en el horizonte, cerca de Narbona, sobre el que conversamos, desde una segura distancia, con dos agentes forestales franceses que nos invitaron a bebidas frías&#8230; Hay mucho que contar de ese viaje de diecinueve días por Quercy, Périgord, Camarga, Provenza, la Costa Azul, la Toscana y el Languedoc.</p>
<p>Como casi siempre que nos vamos por ahí, nos traemos en las maletas algún bibelot y unos cuantos libros. Este año no hemos sido tan burros como en el verano de 2003, cuando volvimos de Bretaña y Normandía con casi una docena de publicaciones sobre el Desembarco del 6 de junio de 1944 (uno de mis temas-fetiche desde que tengo uso de razón). Esta vez sólo he comprado tres libritos, de esos que se venden en los expositores de los sitios turísticos, destinados a convencer al turista convencional de que en realidad es persona selecta, cultivada y sabia, y no uno de tantos patanes en camiseta, bermudas y playeras.</p>
<p>Un propósito que, a tenor de nuestra experiencia, no tiene en cuenta a los turisas de lengua española, a quienes las editoriales francesas e italianas deben de seguir considerando como público analfabeto o de dudosa rentabilidad. En efecto, de los libros que a mí me interesaban en Lascaux II (la copia de la cueva, cuyo original está cerrado al público por la misma razón que la de Altamira, la «contaminación humana») y en el Pont du Gard, ninguno se había traducido al español. De modo y manera que he tenido que adquirir dos ediciones inglesas y otra francesa, lo cual es un manifiesto engorro, pues aunque me defiendo bastante bien con el inglés escrito (bastante peor con el francés), no resulta nada cómodo enfrentarse con los tecnicismos arquitectónicos y pictóricos en las lenguas de Shakespeare y de Molière. Vaya desde aquí mi más enérgica protesta, que voy a convertir en lema para pins, jarras de café y camisetas: «libros para turistas en español, ya».</p>
<figure id="attachment_4884" aria-describedby="caption-attachment-4884" style="width: 158px" class="wp-caption alignright"><img decoding="async" class="wp-image-4884 size-full" title="Portada del libro Connaître Lascaux" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/07/connaitre-lascaux.jpg" alt="Portada del libro Connaître Lascaux" width="158" height="218" /><figcaption id="caption-attachment-4884" class="wp-caption-text">Portada del libro <em>Connaître Lascaux</em></figcaption></figure>
<p>A pesar de todo, tengo que reconocer que he disfrutado con la lectura de dos libritos sobre arte prehistórico, el de Denis Vialou, <em>Our Prehistoric Past. Art and Civilization</em>, y el de Brigitte y Gilles Delluc, <em>Connaître Lascaux</em>, y otro sobre el archifamoso puente-acueducto romano sobre el río Gardon, <em>The Pont du Gard</em>. El primero es, a pesar de su brevedad y su pequeño formato, un libro fascinante, que recomiendo a cualquier persona interesada en el fenómeno artístico; tras leerlo, es imposible seguir manteniendo la idea del «primitivismo» de los hombres primitivos. Tanto por su pericia técnica, como por la estructura de las composiciones, como por su significado y trascendencia (en la medida en que podemos interpretar las obras de gentes tan distintas a nosotros), las pinturas, las tallas y demás realizaciones de nuestros remotos antepasados son tan deliberadamente artísticas y tan complejas (o tal vez más, visto lo que ofrece el panorama) como la de cualquier conspicuo artista contemporáneo.</p>
<p>El libro de Brigitte y Gilles Delluc es mucho más específico, pues se limita a la descripción e interpretación de las pinturas y grabados de esa «Capilla Sixtina» del arte prehistórico que es la cueva de Lascaux. La verdad es que, tanto por mis dificultades con el francés como por lo profuso de las ilustraciones, con esta monografía me he limitado a una lectura a salto de mata, a la caza y captura de los detalles que más me interesaban, en especial de las explicaciones sobre las impresionantes figuras de toros y caballos (de verdad que impresionan cuando se ven en la cueva, bueno, en la reproducción de la cueva). De todas formas, es un libro que voy a dejar a mano sobre mis estantes favoritos, para ir echándole un vistazo de vez en cuando.</p>
<figure id="attachment_4885" aria-describedby="caption-attachment-4885" style="width: 158px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-4885 size-full" title="Portada del libro The Pont du Gard and The Roman Aqueduct From Uzès to Nîmes" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2005/07/le-pont-du-gard.jpg" alt="Portada del libro The Pont du Gard and The Roman Aqueduct From Uzès to Nîmes" width="158" height="219" /><figcaption id="caption-attachment-4885" class="wp-caption-text">Portada del libro <em>The Pont du Gard and The Roman Aqueduct From Uzès to Nîmes</em></figcaption></figure>
<p><em>The Pont du Gard</em> es otra monografía dedicada a analizar la historia, la técnica constructiva y demás aspectos relevantes del mayor acueducto erigido por los romanos en la inmensidad de su imperio. La compré no sólo por mi absoluta admiración por esta gente (Pilar suele reírse de mí invocando a intervalos regulares una de mis frases-emblema: «qué gran pueblo los romanos»), sino para proveer de documentación a un compañero de trabajo, Imanol Martín, magnífico diseñador en Flash que lleva meses haciendo coliseos, foros y acueductos para las aplicaciones didácticas que elabora el <a title="CNICE" href="http://www.cnice.mecd.es">CNICE</a> en colaboración con el <a title="Programa de Nuevas Tecnologías y Educación" href="http://ntic.pnte.cfnavarra.es/portal/">PNTE</a> y otras instituciones análogas de las admistraciones educativas autonómicas. Aunque el Pont du Gard sea una obra que todo el mundo ha visto centenares de veces en fotos y en documentales, gana muchísimos enteros en la realidad. Por una vez, las guías turísticas aciertan totalmente: visto de cerca, le deja a uno sin respiración. Y cuando se van leyendo los detalles sobre la arquitectura del acueducto, sobre las redes hidráulicas y los sistemas de canalización, el asombro es ya completo y perdurable. ¡Qué talento el de los ingenieros romanos de hace dos mil años, qué capacidad de planificación, qué confianza en sí mismos y en lo sólido de sus propósitos! Y algunos por aquí cerca, que persisten en afirmar el orgullo de no haber sido contaminados por su influencia colonizadora. Ya se les nota, ya.</p>
<p class="notasbib">Vialou, Denis, <em>Our Prehistoric Past. Art and Civilization</em>, London, Thames and Hudson, 1998, 160 páginas.<br />
Delluc, Brigitte y Gilles Delluc, <em>Connaître Lascaux</em>, Bordeaux, Éditions Sud Ouest, 1989, 64 páginas.<br />
A.A.V.V., <em>The Pont du Gard and The Roman Aqueduct From Uzès to Nîmes</em>, Firenze, Casa Editrice Bonechi, 2003, 64 páginas.</p>
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