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	<title>La dalia negra - La Bitácora del Tigre</title>
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	<description>Blog de Eduardo Larequi García: cine, libros, blogs y WordPress, temas educativos, lengua y literatura</description>
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		<title>La dalia negra de James Ellroy</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 24 Nov 2006 21:17:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de la novela <em>La dalia negra</em>, del novelista norteamericano James Ellroy.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2006/11/24/la-dalia-negra-de-james-ellroy/">La dalia negra de James Ellroy</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hace casi un mes comenté en esta bitácora <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2006/10/25/una-dalia-marchita"><em>La dalia negra</em></a>, la última película de Brian de Palma, basada en la novela homónima de James Ellroy. En la entrada señalé cuánto me habían gustado las novelas del escritor norteamericano, y en particular <em>Los Ángeles confidencial</em> y <em>Jazz blanco</em>, dos de las que integran el llamado “cuarteto de Los Ángeles”, y lo poco convencido que había salido de la película.</p>
<p>Pues bien, acabo de terminar la novela y me confirmo en lo que dije en la mencionada reseña: aunque meritorio por la calidad de su adaptación y por la eficacia en la recreación del universo angelino de hacia 1947, el filme de Brian de Palma es un pálido reflejo de la intensidad y la fuerza de esta espléndida novela negra, pródiga en violencias, corrupciones y personajes obsesivos. Un reflejo descolorido y apagado, porque en la película no hay casi nada de la tensión, la turbiedad y hasta la desesperación que recorren el relato de Ellroy.</p>
<p><span id="more-237"></span></p>
<p>Aunque la primera de las cuatro partes de <em>La dalia negra</em> ellroyiana pueda considerarse como la crónica del ascenso y éxito social de su protagonista (el policía y ex boxeador Bucky Bleichert), pronto cambia de registro y toma la abrupta y arriesgada pendiente de un viaje a los infiernos. Ese camino lo emprende Bleichert a partir del asesinato de la <em>starlette</em> Elizabeth Short, un crimen especialmente cruel y sádico que desata una persecución policial sin precedentes, y en la que el protagonista se implica de un modo muy personal, hasta el punto de entrentarse a las apetencias de los políticos que aspiran a sacar tajada de la investigación, los intereses de compañeros y jefes y, sobre todo, sus propios demonios personales.</p>
<p>La búsqueda del asesino de Betty Short (a quien la prensa bautiza como «la dalia negra») por parte de Bleichert, de su amigo y ex rival en el ring Lee Blanchard y de otros policías es una historia de continuas pérdidas: de la amistad, del amor, de la inocencia, de la fe en las instituciones y en la condición humana y hasta de la propia cordura de alguno de los protagonistas. En el desenlace de la novela (tan edulcorado en su adaptación cinematográfica), apenas nada de lo perdido se reintegra a Bleichert: tal vez el amor de Kay, que el lector quiere creer recuperable en última instancia, pero desde luego no la fe en su trabajo, y mucho menos en una sociedad corrupta y cruel que es capaz de engendrar monstruos como los que acabaron con la vida e ilusiones de Elizabeth Short, inaccesibles para esa misma maquinaria policial y judicial a la que en su primera juventud se comprometió a servir el protagonista.</p>
<p>Sería una ingenuidad pretender que el cine comercial americano (me atrevería a decir más, cualquier cine comercial de cualquier cinematografía que pretenda hacer negocio) pudiera reflejar con justeza el sombrío panorama de injusticias, sevicias y corrupciones que dibuja James Ellroy en esta implacable novela. La violencia explícita y reiterada que recorre <em>La dalia negra</em>, el crudo retrato de desigualdades sociales que pueblan la megalópolis angelina, o los mil y un vericuetos de una investigación policial de enorme complejidad son, ciertamente, irreproducibles por parte de un filme que pretenda ganarse el favor del gran público. Sin embargo, me parece que hubiera sido posible conservar algo de la esencia fatalista y desesperanzada de esta novela en una producción comercial sin necesidad de hacerla pasar por los filtros del glamour y las concesiones a lo políticamente correcto.</p>
<p>Pues eso es lo que ha hecho el guión de <em>La dalia negra</em> cinematográfica: deslizar la configuración del protagonista de la novela hacia terrenos lindantes con la épica, dar un lustre de brillantez y glamourosa fascinación a una historia esencialmente sórdida, y pasar de puntillas sobre la enorme cantidad de detalles de la trama (la brutalidad policial, la marginación de grupos sociales enteros, como los mexicanos, los negros o los homosexuales y lesbianas) que ponen un contrapunto feroz al retrato habitualmente complaciente y positivo de una sociedad tan henchida de sentimientos de triunfo y autosatisfacción como la norteamericana de los años que siguieron al fin de la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>De todos esos pecados, el más grave me parece el primero, porque no hay héroes en <em>La dalia negra</em> novelística, ni nada que se les parezca. Bleichert es un hombre atormentado, sobrepasado por las circunstancias, cuya obsesión por el asesinato de Elizabeth Short nace de un irreprimible sentimiento de culpa (para ingresar en la policía, tras el ataque nipón a Pearl Harbour, tuvo que hacerse perdonar los antecedentes filonazis de su padre, a costa de enviar al campo de concentración a dos amigos de ascendencia japonesa). Tampoco hay un desenlace positivo, de esos que recompensan la virtud y castigan el vicio, sino el reconocimiento palmario y amargo de que hay zonas opacas a la acción de la justicia, de que la corrupción mina las entrañas del sistema político y judicial, y de que los hombres y mujeres se mueven por pasiones –la ambición, el odio, la adicción a la violencia– que tienen muy poco de edificante.</p>
<figure id="attachment_4784" aria-describedby="caption-attachment-4784" style="width: 638px" class="wp-caption aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-4784 size-full" title="Portada de la novela La dalia negra, del escritor norteamericano James Ellroy" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/11/la-dalia-negra.jpg" alt="Portada de la novela La dalia negra, del escritor norteamericano James Ellroy" width="638" height="972" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/11/la-dalia-negra.jpg 638w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/11/la-dalia-negra-328x500.jpg 328w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/11/la-dalia-negra-525x800.jpg 525w" sizes="(max-width: 638px) 100vw, 638px" /><figcaption id="caption-attachment-4784" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>La dalia negra</em>, del escritor norteamericano James Ellroy</figcaption></figure>
<p>Con todo, en el protagonista de la novela de James Ellroy hay una cierta grandeza, que brota de un compromiso primario, visceral, a prueba de decepciones y miserias, con una noción de la justicia entendida como el descubrimiento de la verdad, y no tanto como reparación (en realidad imposible) del mal causado. A esa tarea se entrega Bleichert con una devoción sin fisuras, que en cierta medida lo redime de sus culpas, de sus flaquezas y de los accesos de violencia y ofuscación que de vez en cuando lo persiguen. Por otra parte, aunque la novela es pródiga en personajes corrompidos, taimados y falaces (todos mienten y la verdad se oculta tras sucesivas capas de mentiras), también hay algún personaje noble, de enorme estatura moral, como el agente Russ Millard, tan comprometido como Bleichert en la búsqueda de la verdad y la justicia, pero mucho más equilibrado, sereno y entero que el protagonista.</p>
<p>Por fascinante que sea el recorrido que propone James Ellroy por la cara oculta de los oropeles de Hollywood, a través de los estercoleros morales de una sociedad obsesionada con el éxito, y sólo brillante en la superficie, lo más valioso de <em>La dalia negra</em> es, a mi modo de ver, su construcción novelística. El relato avanza con ritmo firme y con una indudable seguridad narrativa a lo largo de casi quinientas páginas llenas de personajes, escenarios e incidentes. Esa seguridad es imprescindible en un relato cuyo argumento, como suele ocurrir en las novelas del escritor norteamericano, es de una complejidad sólo comparable con la habilidad del autor para urdir un espeso tejido de pistas e indicios sin dejar ni un solo cabo suelto. Aunque en algún caso el efecto pueda resultar algo artificioso, es todo un espectáculo comprobar cómo el narrador toma detalles mínimos de la trama, que se han mencionado doscientas páginas atrás, y los vincula habilísimamente con datos recién descubiertos, para iluminar éstos con una luz reveladora.</p>
<p>Con estos alardes narrativos, tan característicos de su obra narrativa y tan fascinantes para el lector, James Ellroy consigue reconciliar los genios, casi contradictorios, de la novela negra y del relato policial clásico: a la verdad se llega desde el impulso áspero y febril del detective endurecido en la vida de las calles, en un esfuerzo que tiene algo de irracional y enloquecido, pero también a partir de un análisis minucioso y experto de un conjunto de pistas gigantesco (qué imagen la del motel El Nido, un auténtico museo de los horrores donde sucesivos agentes policiales acumulan las pruebas del asesinato de Betty Short), que sólo podría desentrañar la inteligencia lúcida y sobrehumana de un Sherlock Holmes.</p>
<p>Tal vez el detective Bleichert no sea tan inteligente o intuitivo como Holmes, pero no hay duda que es mucho más apasionado y tenaz. En esa mezcla de inteligencia y pasión con que Bucky Bleichert aborda su caso se encuentra, quizá, la única justicia a la que puede aspirar el triste destino de esa mujer desgraciada e ilusa que fue La Dalia Negra, y la verdadera belleza de esta espléndida y oscurísima novela.</p>
<p class="notasbib">James Ellroy, <em>La dalia negra</em>, Barcelona, Ediciones B (Col. «Zeta-Policíaca», 487-1), 2006, 462 páginas.</p>
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		<title>Una dalia marchita</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 Oct 2006 06:08:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de la película <em>La dalia negra</em>, del director norteamericano Brian de Palma.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2006/10/25/una-dalia-marchita/">Una dalia marchita</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Creo que en esta ocasión el título de la reseña era casi inevitable, porque <em>La dalia negra</em>, la película de <a href="http://www.briandepalma.net">Brian de Palma</a> que se estrenó el pasado viernes con gran despliegue de promoción en nuestras carteleras, no cumple, ni de lejos, las expectativas creadas entre los aficionados al cine negro, ni resiste tampoco la comparación con aquella magistral película del género que fue <a href="http://www.imdb.com/title/tt0038369" target="_blank" rel="noopener"><em>La dalia azul</em></a>.</p>
<p>Casi nada de lo esencial en una película funciona adecuadamente en esta lujosísima producción: el argumento puede competir en enrevesamiento con el de cualquiera de los originales novelísticos de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/James_Ellroy" target="_blank" rel="noopener">James Ellroy</a>, pero sin la singular intensidad de aquéllos; las interpretaciones son difusas, carentes de la fuerza y la capacidad de convicción que exige este tipo de historias, y la ambientación, a pesar de la riqueza de medios y la belleza de la fotografía, resulta a menudo algo artificiosa y manierista (no sé si en ello habrá tenido que ver el hecho de que el Hollywood de 1947, escenario de los sucesos que relata la película, haya sido recreado a partir de un rodaje que se llevó a cabo en Sofía, Bulgaria).</p>
<p><span id="more-219"></span></p>
<p>Para ser fiel a la verdad, tengo que reconocer que mi propia decepción ha tenido mucho que ver no sólo con el elevado nivel de las expectativas que me habían creado los cortos promocionales y las muy abundantes informaciones previas al extremo (qué peligro tienen los tráilers), sino también mi devoción por los <em>thrillers</em> clásicos y mi conocimiento previo de la obra narrativa de James Ellroy y de algunas de las <a href="http://www.imdb.com/name/nm0255278" target="_blank" rel="noopener">adaptaciones cinematográficas</a> de sus novelas. Conviene precisar que mi descubrimiento del novelista norteamericano fue bastante tardío, pues no tuve ninguna noticia suya hasta el estreno de <em>Los Ángeles Confidencial</em>, en 1997. Tras ver esta espléndida película me metí entre pecho y espalda, casi de un tirón, la que da título al filme de <a href="http://www.imdb.com/name/nm0000436" target="_blank" rel="noopener"> y otras tres: <em>Réquiem por Brown</em>, <em>Jazz blanco</em> y <em>Chantaje en Hollywood</em>. Fue una experiencia agotadora, que no sé si estaría dispuesto a repetir, pero tengo que reconocer que Ellroy me impresionó, pues se trata de un novelista apabullante, violento, durísimo, cuyos relatos, siempre al borde de la desmesura, son, además, técnicamente muy ambiciosos y a menudo difíciles de seguir.</a></p>
<p>No me cabe ninguna duda de que Ellroy es un novelista difícil de adaptar al cine, tanto por lo violento de sus imágenes y su lenguaje como por la complejidad de sus tramas y la carga crítica que transmiten. Ahora bien, tampoco se trata de un objetivo imposible, y la mejor muestra de ello la tenemos en el caso de una película tan reciente y de tanto éxito como <em>L.A. Confidential</em>. Curtis Hanson y el guionista Brian Helgeland consiguieron reducir la complejidad narrativa de la novela a un relato denso pero accesible, que mantenía la fuerza del texto original a cambio de algunas simplificaciones aceptables y de un final muy rotundo, aunque al mismo tiempo mucho más complaciente y notoriamente menos corrosivo que el del original.</p>
<p>No he leído <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/The_Black_Dahlia_(novel)" target="_blank" rel="noopener"><em>La dalia negra</em></a> (una obra clave en la producción novelística de Ellroy, que hasta cierto punto está inspirado por un hecho tan trascendental para la vida del novelista como el asesinato de su madre) y desconozco, por tanto, hasta qué punto es fiel el guión de <em>La dalia negra</em> a la novela. Lo que sí puedo decir, en mi modesta condición de espectador de cine, es que me costó Dios y ayuda mantener la atención con el desarrollo de la trama (Pilar, menos masoquista y mucho más pragmática que yo para este tipo de asuntos, se desentendió de los vericuetos del argumento a la media hora), y que bastante antes del final me perdí. No atribuyo nuestra pérdida a un fallo exclusivo de la película, que seguramente se merecerá verla por segunda o tercera vez, dentro de unos años, pero sí creo que no se puede culpar a los espectadores por que hayan decidido tirar la toalla y desconectar una parte considerable de sus sinapsis neuronales para dedicarlas a tareas más prácticas y menos fatigosas.</p>
<p>Tal vez sea por la frialdad del relato, por sus toques manieristas, por lo inapropiado del reparto o acaso por alguna otra razón que no acierto a definir, pero creo que resulta bastante obvio que <em>La dalia negra</em> se atraganta. La historia no cuaja y camina a trompicones; el retrato social, siempre tan importante en Ellroy, se desvanece en elementos anecdóticos, y los personajes se hacen esquivos, distantes y antipáticos (que como seres humanos lo sean no significa en modo alguno que el espectador no pueda vincularse a ellos emocionalmente). Tendría que ver la película otra vez (la verdad, no me apetece mucho hacerlo) para explicar con más precisión algunos de estos fallos, pero a falta de detalles me referiré al capítulo actoral, que a mi modo de ver resulta mucho más evidente que otros.</p>
<figure id="attachment_4791" aria-describedby="caption-attachment-4791" style="width: 1117px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" class="wp-image-4791 size-full" title="Cartel de la película La dalia negra" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/10/la-dalia-negra-pelicula.jpg" alt="Cartel de la película La dalia negra" width="1117" height="1600" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/10/la-dalia-negra-pelicula.jpg 1117w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/10/la-dalia-negra-pelicula-349x500.jpg 349w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/10/la-dalia-negra-pelicula-768x1100.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/10/la-dalia-negra-pelicula-559x800.jpg 559w" sizes="(max-width: 1117px) 100vw, 1117px" /><figcaption id="caption-attachment-4791" class="wp-caption-text">Cartel de la película <em>La dalia negra</em></figcaption></figure>
<p>En este sentido, hay que decir que ninguna de las interpretaciones de los protagonistas son mínimamente convincentes. Sí, todos sabemos que las comparaciones son odiosas e impertinentes, pero no hay modo de negar que la actuación de Josh Hartnett palidece ante el despliegue portentoso de energía y convicción que llevó a cabo Russell Crowe en <em>L.A. Confidential</em>, por no hablar de la actuación espasmódica de Aaron Eckhart, tan diferente y tan inferior a la que en su día realizara Guy Pearce, o la desvaída interpretación de Scarlett Johansson, que no tiene punto de comparación posible con la de la fascinante Kim Basinger en la película de 1997. Sólo Mia Kirshner, en su papel de la «dalia negra», y sobre todo una Hilary Swank tan atractiva como hiperbólicamente caracterizada (vampiresa de gestos teatrales y lenguaje continuamente provocador, cuya doblez se adivina desde el primer fotograma en que aparece) sostienen sus respectivos personajes, a pesar de que el que le ha tocado en suerte a la actriz norteamericana se resiente de rasgos demasiado exagerados, casi de tebeo en ciertas ocasiones. Tampoco ninguno de los secundarios de <em>La dalia negra</em> se hallan a la altura que exigiría una película con vocación de clásico: la de Brian de Palma no tiene, ni de lejos, nada comparable a ese festín de magníficas actuaciones que ofrecía a manos llenas <em>L.A. Confidential</em>, con actores en auténtico estado de gracia como Kevin Spacey, Danny DeVito o los inconmensurables David Strathairn y James Cromwell.</p>
<p>Algún lector podrá objetar sensatamente que estoy valorando la película de Brian de Palma con un objetivo desenfocado, y que no hay por qué compararla, en todos y cada uno de sus detalles, con la de Curtis Hanson. El reproche vale, pero sólo hasta cierto punto, y me explico. Para empezar, parece imposible desligar <em>La dalia negra</em> de <em>L.A. Confidential</em>, porque ambas novelas forman parte del llamado “cuarteto de Los Ángeles”, un ciclo narrativo, ambientado entre 1940 y 1950, que integran los dos libros citados, junto con <em>Jazz blanco</em> y <em>El gran desierto</em>.</p>
<p>Y es que, además, la película de Brian de Palma no permite eludir la comparación con la de Curtis Hanson. Antes al contrario, creo que la persigue en muchos momentos, no sólo como consecuencia prácticamente inevitable de la proximidad de los argumentos, de los tipos humanos (hay personajes comunes entre las dos películas; voy perdiendo memoria y no consigo retener todos los nombres, pero hay uno que no me ha pasado desapercibido: me refiero al fiscal Ellis Loew, aquel tipo estirado y corrupto al que los agentes White y Exley de <em>L.A. Confidential</em> están a punto de tirar por la ventana de su despacho; pues bien, vuelve a aparecer aquí, tan desagradable como siempre) y de los escenarios novelísticos, sino por otros muchos detalles propiamente cinematográficos, tales como la fotografía, la música, el vestuario y diversos detalles de la puesta en escena, que recuerdan mucho a los de la cinta de 1997. Es imposible que a un cinéfilo impenitente como a Brian de Palma le hayan pasado desapercibidas tantas coincidencias. Más bien creo que son voluntarias, y que obedecen a un legítimo propósito de búsqueda de una unidad de estilo, tono e intención que respetaría el espíritu original de la tetralogía angelina de James Ellroy. Es una pena que las buenas intenciones no hayan ido acompañadas, en esta ocasión, de resultados equivalentes.</p>
<p>Nos queda, en cualquier caso, un <em>thriller</em> de gran brillantez formal, que tal vez exija, con suficiente tiempo y perspectiva de por medio, una revisión a fondo. No será la primera vez que esto ocurre con las películas de Brian de Palma, tan baqueteadas por la crítica en primera instancia. Y nos queda también una hermosa partitura de Mark Isham, que, apoyada en leves ecos de la banda sonora de Jerry Goldsmith para <em>L.A. Confidential</em>, consigue secuencias casi poéticas, de inequívoca capacidad de sugerencia. Lástima no tener el CD a mano, para escucharla, una y otra vez, mientras paladeo un <em>bourbon</em> con hielo (metafóricamente, claro, porque a mí no me me gustan ni el whisky ni otros licores de su cuerda).</p>
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