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	<title>Ricardo Moreno Castillo - La Bitácora del Tigre</title>
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	<description>Blog de Eduardo Larequi García: cine, libros, blogs y WordPress, temas educativos, lengua y literatura</description>
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	<title>Ricardo Moreno Castillo - La Bitácora del Tigre</title>
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		<title>De panfletos y otros temas conexos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 01 Jun 2006 18:47:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Temas educativos]]></category>
		<category><![CDATA[Panfleto antipedagógico]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Moreno Castillo]]></category>
		<category><![CDATA[sistema educativo español]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Comentarios, ideas, consideraciones y reflexiones sobre el <em>Panfleto antipedagógico</em>, del profesor Ricardo Moreno Castillo. </p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2006/06/01/de-panfletos-y-otros-temas-conexos/">De panfletos y otros temas conexos</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La publicación en libro del <em>Panfleto antipedagógico</em>, de Ricardo Moreno Castillo, no ha pasado desapercibida para la blogosfera educativa. Creo que <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2006/05/21/el-panfleto-antipedagogico-en-libro/">mi reseña</a> fue la segunda en aparecer públicamente en la Red (me refiero al comentario del libro, no al que escribí sobre el <a href="http://www.colectivobgracian.com/panfleto/Panfleto2.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">PDF</a> original), tras la de Francisco Muñoz de la Peña Castrillo, en <a href="http://www.aula21.net/aulablog21/index.php/archives/2006/05/21/el-panfleto-antipedadogico-en-libro" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Aulablog21</a>, quien, como en otros muchos asuntos, se lleva el gato al agua a la hora de cobrar la pieza y lograr las citas de terceros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como era de esperar por la índole polémica del libro, las reacciones de los docentes blogueros distan mucho de ser unánimes. Abundan los agradecimientos al autor por haber sabido levantar el velo de una realidad que demasiadas veces sólo se hace explícita en el ámbito profesional, pero también son frecuentes las críticas hacia una obra que se considera demagógica, tendenciosa o directamente beligerante con respecto a determinadas concepciones pedagógicas e incluso ideológicas.</p>



<span id="more-139"></span>



<p class="wp-block-paragraph">Lo más interesante de la polémica, sin embargo, no está en los ditirambos ni en las feroces críticas, sino en posiciones mucho más matizadas (y a mi modo de ver, muy dignas de consideración y análisis), de docentes en activo que, al mismo tiempo que reconocen sentirse interpelados por el diagnóstico que realiza Moreno Castillo, se resisten a admitir que sea admisible el catastrófico panorama que pinta nuestro compañero de Matemáticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de examinar esos interesantísimos testimonios a los que me acabo de referir, me gustaría discutir algunas reacciones a la publicación del <em>Panfleto</em>. En primer lugar, quisiera señalar la notoria injusticia que supone denigrar una obra ajena sin tomarse un mínimo esfuerzo en discutir sus argumentos. Se puede (y se debe) discrepar de las opiniones de Moreno Castillo, se puede legítimamente considerar que sus valoraciones sobre los orientadores y determinadas superestructuras pedagógicas son excesivas y hasta ofensivas, pero no es de recibo desdeñar un libro tan bien escrito y tan sólidamente fundamentado como el de Moreno Castillo (ya sé que el argumento de autoridad en nuestros tiempos posmodernos está de capa caída, pero algo habrán visto en el libro cabezas tan sólidamente armadas como las de Savater, Muñoz Molina o Eduardo Mendoza) con dicterios como «sarta de tonterías», «las sandeces de este libro», «argumentos sin ninguna base, con una sarta de afirmaciones mediocres», «terrorismo pedagógico» o argumentos <em>ad hominem</em> del estilo de «lo positivo de esa Ley [se refiere a la LOGSE] no se llevó a cabo por culpa de colectivos de profesores como los que él [el autor del <em>Panfleto</em>] representa», o «quien escribe es un profesor desengañado que no tiene armas para enfrentarse a los nuevos tiempos y que añora los viejos. Un profesor en definitiva que arremete contra el sistema, sin antes haber hecho nada por subsanar sus debilidades».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me cuesta mucho admitir que haya compañeros y compañeras que consideran la crítica (incluso panfletaria) a los males del sistema educativo como poco menos que una especie de crimen de lesa humanidad, o una traición a la profesión docente, la defensa de cuya dignidad, por cierto, es todo un emblema en el libro de Moreno Castillo desde su primera edición en PDF. La crítica (incluso panfletaria) es saludable, sobre todo cuando consigue llevar a primera línea de actualidad (la publicación del libro se ha mencionado en medios de gran difusión como <a href="http://www.elpais.es/articulo/cultura/Leqtor/editorial/vocacion/independiente/elpepicul/20060526elpepicul_6/Tes/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>El País</em></a> o en <a href="http:/www.xlsemanal.com/web/subseccion_home.php?id_edicion=1047&amp;id_seccion=1221&amp;id_subseccion=2565" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>XL Semanal</em></a>), una situación de malestar profesional que se ha convertido en un clamor <em>sotto voce</em> en el seno de los claustros de profesores. Por otro lado, que la crítica de Moreno Castillo se haga desde la rabia, desde la desilusión o desde la amargura, no quita un ápice de validez a sus argumentos. A este respecto, creo que es muy conveniente poner la ilusión y los buenos propósitos en la adecuada perspectiva: no me cabe duda de que el entusiasmo por la propia labor es una virtud en cualquier oficio, pero puede convertirse en un vicio si no está regulada por una vigilancia racional. Todos conocemos ejemplos de compañeros y compañeras cuya ilusión (en los dos sentidos de la palabra) se da de bruces desde el primer día con la cruda realidad de las aulas, y también sabemos cuál es el triste corolario de muchas de esas frustraciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un sentimiento curioso que se trasluce en bastantes de las críticas negativas que ha recibido el <em>Panfleto</em> tiene que ver con el ámbito en que éstas se han producido. Me refiero, claro está, a la comunidad de profesores blogueros, algunos de los cuales manifiestan sentirse personalmente criticados, o incluso descalificados, en su actividad cotidiana por las posiciones del autor y sus arremetidas contra determinadas corrientes pedagógicas. He leído el <em>Panfleto</em> dos veces, una en la versión que circuló a través de Internet en PDF y la otra en papel, y creo poder afirmar, con el necesario conocimiento de causa, que no hay tal en el libro de nuestro colega (yo, por lo menos, no he sido consciente de semejante implicación, que de existir también me resultaría muy antipática). De estrategias didácticas concretas y de herramientas para la docencia, el <em>Panfleto antipedagógico</em> trata más bien poco o nada. De lo que trata polémicamente es de determinadas concepciones del aprendizaje que pueden expresarse (o no) a través de ciertas técnicas o herramientas. El «circo» del que habla Moreno Castillo (ya sabemos cuánto les gusta a los medios de comunicación esta clase de palabras, que llenan titulares) no me parece que sea, en ningún caso, ni la blogosfera ni las iniciativas pedagógicas que se vehiculan a través de ella e intentan, con enorme esfuerzo y valor indudable, actualizar y mejorar la práctica habitual. Quienes se sienten descalificados por Moreno Castillo en sus esfuerzos de renovación pedagógica a través del uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación harían bien en recordar que el éxito del <em>Panfleto</em> se debe, en gran medida, a la habilidad del autor a la hora de darle cauce a través de Internet.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero es que además hay que relativizar determinadas modas o tendencias pedagógicas, comenzando por el uso de las TIC en el ámbito docente. Yo siempre comienzo los cursos que imparto sobre estos temas con una reflexión previa: «no se es necesariamente mejor profesor por utilizar las TIC, ni tampoco se es mal profesor por no hacerlo». Si los alumnos aprenden gracias a las TIC, bienvenidas sean; si lo hacen sin tocar un ordenador, que siga siendo así. Lo fundamental es que aprendan y adquieran conocimientos (conceptos, habilidades, valores), que les sean útiles en su vida cotidiana y en la formación de su personalidad. Qué metodología o qué herramientas se utilicen para lograr tal objetivo es un asunto importante de la educación, pero en cualquier caso secundario. Por otro lado, es bastante ingenuo suponer que la utilización de métodos didácticos o herramientas para la docencia está necesariamente vinculada a una concepción pedagógica previa, o incluso a una adscripción ideológica concreta (a este respecto, conviene aclarar que la edición del <em>Panfleto</em> en PDF se publicó en la web del <a href="http://www.colectivobgracian.com" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Colectivo Balsatar Gracián</a>, abiertamente de izquierdas, y que en ella se mantiene). De hecho, creo que la situación general es más bien la contraria: la mayoría de los docentes nos comportamos habitualmente con cierto eclecticismo, tomando de aquí y de allá lo que en cada caso nos conviene, y desde luego sin pararnos a pensar en las ramificaciones ideológicas o políticas de nuestras actuaciones profesionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En muchos debates sobre concepciones pedagógicas y opciones metodológicas se suele olvidar (y muchas veces de forma interesada), que una parte esencial del proceso educativo, sobre todo en un centro público, es la convivencia del alumno con distintas metodologías y docentes que tienen muy diferentes estilos profesionales y personales. Esa variedad no es más que un reflejo de la diversidad de escenarios a los que habrán de enfrentarse los alumnos en la vida real, y el sistema educativo tiene la obligación de defender la libertad de cátedra de todos los docentes (al menos mientras cumplan sus obligaciones laborales), aunque sus métodos o los estilos de aprendizaje que promuevan no estén <em>� la page</em>. Aprender a aceptar al profesor que utiliza métodos tradicionales, o al que no resulta precisamente simpático, o al que es exigente y estricto, debe ser para los alumnos una lección no menos importante que aprender a trabajar en equipo o a participar activamente en la vida democrática.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se critica a Moreno Castillo por convertir a la LOGSE en el chivo expiatorio de todos los males que afligen al sistema educativo español. No me cuesta ningún esfuerzo reconocer que el reproche es atinado, porque ninguna ley es responsable de fenómenos sociales, culturales y familiares muy complejos, que han acabado por detonar con estrépito en el marco de la institución escolar. Ahora bien, tampoco parece de recibo eximir de sus responsabilidades a quienes diseñaron una ley que cambió de arriba abajo toda la planta del sistema educativo español, con los manidos argumentos de que sus efectos viciosos son únicamente achacables a la falta de financiación o al boicoteo por parte de determinados colectivos docentes. El primero es un argumento tan irrebatible como indemostrable (siempre se podría dedicar más dinero y recursos a la educación), y el segundo, además de intelectualmente indigente, roza casi lo ofensivo. Se me permitirá que, a este respecto, aduzca mi propio ejemplo: desde el curso 1992-93 al 1998-99, yo ejercí como Jefe de Estudios y Director en el I.E.S. «Picos de Urbión», de Covaleda (Soria). Allí se implantó la Educación Secundaria Obligatoria, a partir de su tercer curso, desde el año 92. Pues bien, el hecho de que unos cuantos principios legislativos de la LOGSE no me gustaran (y así lo expresé en público ante los compañeros que asistían a un curso de «Programación y diseño curricular» y ante los inspectores de la Dirección Provincial de Soria que lo impartían, en fecha tan temprana como septiembre de 1992), no me impidió cumplir mis obligaciones, primero como Jefe de Estudios, y luego como Director. Nunca dudé de que mis objeciones a determinados presupuestos pedagógicos y organizativos eran un acto de lealtad a los compañeros, a mis jefes y a mi profesión, y ni se me ocurrió jamás que tal proceder fuera merecedor del término «boicoteo» o de cualquiera de sus sinónimos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se critica a Moreno Castillo por poner en primerísima línea la autoridad y el papel que desempeña el profesor en el proceso docente. La verdad es que no me imagino cómo podría ser de otra manera. Un docente es, entre otras cosas, un profesional, un experto, el que tiene la autoridad en el sentido etimológico del término (hace poco nos recordaba el profesor Santiago Segura, desde las páginas de la edición para el País Vasco de <a href="http://www.elpais.es/articulo/pais/vasco/Toda/vida/lengua/muerta/elpepiautpvs/20060529elpvas_16/Tes/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>El País</em></a>, que el término latino <em>auctoritas</em> viene del verbo <em>augeo</em>, ‘aumentar’). Su testimonio, sus actuaciones, su intervención profesional, no tienen ni pueden tener la misma consideración que las de sus alumnos, entre otras razones porque a él se le paga con un sueldo y se le exigen responsabilidades profesionales, y a los alumnos no. Si aceptáramos hasta sus últimas consecuencias el discurso pedagógico de quienes sitúan en primer término a la actividad de aprendizaje de los alumnos, tal vez nos veríamos obligados reclamar a éstos una actitud y unas responsabilidades que, hoy por hoy, ninguna ley se plantea, ni siquiera remotamente, exigirles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Insisto, la defensa de la autoridad del profesor en el sentido que le da Ricardo Moreno tiene poco que ver con el autoritarismo y apenas nada con los métodos pedagógicos o con la utilización de determinadas herramientas docentes. El concepto de autoridad docente que a mí me interesa defender, en cambio, está muy estrechamente relacionado con la cualificación profesional, con la capacidad de convicción y con la entrega a la propia labor. Para aumentar la formación de un alumno y para ganarse la autoridad que le exigimos que respete, hay que saber más que él y hay que ser capaz de transmitir ese saber. Nada es más elocuente hasta para el alumno más desmotivado que el docente que sabe y se apasiona con lo que sabe. A veces me da la impresión de que en los claustros de profesores esta concepción del oficio que, como dice Moreno Castillo, tiene una dimensión personal y hasta artística, está siendo sustituida por una visión un tanto formularia o mecanicista, y por la aceptación acrítica de un sistema de promoción profesional –antigüedad, cursillos de formación– sumamente burocratizado y para muchos completamente insatisfactorio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Decía al principio de esta entrada que había un par de testimonios acerca del <em>Panfleto antipedagógico</em> que me habían parecido de gran interés, por motivos que enseguida expondré. Me refiero a la primera entrada que Felipe Zayas le dedica en <a href="http://darlealalengua.blogspot.com/2006/05/ante-el-panfleto-antipedaggico-1.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Darle a la lengua</em></a> (esta misma tarde ha escrito <a href="http://darlealalengua.blogspot.com/2006/06/ante-el-panfleto-antipedaggico-2.html">una segunda sobre el mismo tema</a>, más orientada a aspectos de su especialidad) y al comentario de Alejandro Valero a una entrada sobre el mismo asunto de <a href="http://e-profes.net/blog/?p=116" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Cuaderno del Profesor</em></a>. Lejos de las posiciones de combate y de los maximalismos pedagógicos, los dos coinciden en una valoración, no sé si atreverme a definir como melancólica, que muchos docentes podrían compartir: la de que una cosa son las teorías pedagógicas que cada uno tenga (algunas avaladas por las leyes o por el <em>establishment</em> educativo, añado yo) y otra muy distinta la realidad de las aulas. Zayas y Valero ponen el dedo en la llaga: no nos gusta lo que sostiene Moreno Castillo, vienen a decir, hasta nos sentimos ofendidos por las consecuencias que parecen derivarse de sus tesis, pero gran parte de los hechos que denuncia están plenamente justificados por la experiencia real. Felipe Zayas llega algo más lejos que Alejandro Valero en su valoración del libro de Moreno Castillo:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>¿De dónde viene, pues, el malestar? [con el <em>Panfleto</em>] Pues creo que del hecho de que estas afirmaciones –cuyo significado ya digo que comparto– parece que se esgrimen contra todo lo que suponga tratar de dar sentido a lo que se hace en el aula. Dicho de otro modo: parece que esos asertos tengan como referente a todo profesor que trate de buscar otro modo de enseñar que el tradicional de subirse a la tarima a explicar, poner ejercicios de aplicación y exámenes en los que los alumnos deban repetir del modo más fielmente posible lo que el profesor haya explicado previamente (con la guía más o menos explícita del libro de texto).</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En los párrafos que anteceden creo haber dejado claro que ésta no es una consecuencia que se pueda extraer legítimamente de la lectura del libro en su conjunto (insisto, yo no he visto tales implicaciones por ninguna parte, pero puedo estar equivocado), a no ser que dicha lectura se halle influida por un juicio de intenciones contra el autor. En cualquier caso, el enfado de Felipe Zayas merece cuando menos una reflexión, porque cualquiera que haya seguido la trayectoria de este profesor sabrá que ni es un indocumentado, ni un fanático, ni una persona sin criterio, sino justamente todo lo contrario. Hace poco que compré su último libro (<em>Secuencias didácticas para aprender gramática</em>, Barcelona, Graó, 2006), y, aunque no he tenido tiempo de leerlo a fondo, me parece una obra llena de sensatez y de sugerentes puntos de vista para la necesaria renovación de la didáctica de la disciplina que a él y a mí tanto nos gusta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Salvar de la hoguera los esfuerzos y las ejemplares propuestas didácticas de Zayas, o de Valero, o de tantos y tantos docentes que, a través de las TICs y de la blogosfera (y también fuera de ellas, no nos miremos el ombligo), están haciendo bien las cosas, es un deber que hay que exigir a cualquiera que se proponga escribir sobre educación de forma seria y constructiva. Está claro que la ecuanimidad y los matices no son los rasgos fundamentales de lo que Ricardo Moreno ha titulado, con total pertinencia, un «panfleto», pero sigo sosteniendo la necesidad de planteamientos tan combativos y valerosos como el suyo: agitar las aguas, remover conciencias y permitir que el malestar docente salga del marco donde a algunos les interesa mantenerlo cautivo son propósitos esenciales para la buena salud democrática y la dignidad de la profesión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace poco se celebró en la Comunidad Foral de Navarra una jornada de huelga de profesores de Secundaria, promovida por una asociación profesional cuyos miembros no han tenido otro remedio que valerse de este tipo de organización <em>sui generis</em>, hartos de la indiferencia con que los sindicatos de clase y de funcionarios acogen sus reivindicaciones. El malestar docente existe, no es ningún invento ni exageración, y bastaba con charlar con los compañeros presentes en la asamblea que precedió a la jornada de huelga para comprobar que algunas de sus demandas y de sus motivos de queja tienen relación directa con la situación del sistema educativo que Ricardo Moreno Castillo denuncia en su libro. Tal vez su autor no tenga toda la razón, pero tiene valiosas razones. Sigue habiendo, pues, motivo para el <em>Panfleto</em>.</p>
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		<title>El Panfleto antipedagógico, en libro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 May 2006 23:45:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<category><![CDATA[Temas educativos]]></category>
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		<category><![CDATA[Fernando Savater]]></category>
		<category><![CDATA[Panfleto antipedagógico]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Moreno Castillo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña del libro <em>Panfleto antipedagógico</em>, del profesor Ricardo Moreno Castillo.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2006/05/21/el-panfleto-antipedagogico-en-libro/">El Panfleto antipedagógico, en libro</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Gracias a la gentileza de su autor, he recibido esta mañana la edición impresa del <em>Panfleto antipedagógico</em>, del profesor <a href="https://www.casadellibro.com/libros-ebooks/ricardo-moreno-castillo/82018" target="_blank" aria-label="undefined (se abre en una nueva pestaña)" rel="noreferrer noopener">Ricardo Moreno Castillo</a>, cuya <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2020/07/panfleto_antipedagogico.pdf">versión en PDF</a> ya reseñé en su día en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/11/23/un-panfleto-necesario/"><em>La Bitácora del Tigre</em></a>. Me ha faltado tiempo para releerlo (acabo de terminarlo hace poco menos de una hora), con la misma expectación e interés que en la ocasión anterior, sólo que de una manera mucho más cómoda: no hay comparación posible entre leer fatigosamente un arisco PDF de 55 páginas y devorar un libro en papel de una longitud tres veces mayor, compuesto con hermosos tipos de la familia Sabon.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En su nuevo formato, este vibrante discurso en favor de la recuperación de la dignidad y la trascendencia de la enseñanza pública, añade a los anteriores un sustancioso prólogo, firmado por Fernando Savater, tres nuevos capítulos (sobre el fracaso escolar, los «expertos» educativos y el papel que deben desempeñar las familias en la tarea de educar a sus hijos) y una selección de comentarios de los lectores de la versión en PDF, que van encabezados por el testimonio de Antonio Muñoz Molina. Además de añadir los tres capítulos citados, el autor ha variado el orden de los epígrafes y ha actualizado algunas referencias, para dar cabida a ciertas noticias de actualidad (por ejemplo, el horrendo caso de los muchachos que quemaron viva a una mendiga en un cajero, que tanto nos ha impresionado a los profesores) y al nuevo marco legislativo derivado de la entrada en vigor de la L.O.E. En cualquier caso, lo esencial de la obra original sigue intacto: por supuesto, el tono polémico y combativo que hace de la lectura una experiencia apasionante, pero sobre todo el derroche de sentido común, la adopción de una perspectiva pegada a la realidad de las aulas, la reivindicación elocuente y apasionada de la dignidad de la profesión docente.</p>



<span id="more-132"></span>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás la novedad más llamativa del libro sea el capítulo 10, titulado «Expertos, orientadores, asesores y pedagogos», que contiene auténticas cargas de profundidad contra la charlatanería pedagógica que tanto daño ha hecho (y sigue haciendo) en nuestro sistema educativo. Tal vez sea necesario aclarar, antes de seguir adelante, que yo no tengo nada contra la imprescindible fundamentación pedagógica que exige la profesión docente, siempre que ésta parta de la sensatez y no de apriorismos ideológicos. Tampoco tengo nada contra quienes representan, de forma más evidente, la pedagogía «oficial» en los institutos, esto es, los orientadores y orientadoras. De hecho, en más de una discusión con compañeros de trabajo yo he manifestado (para estupefacción de algunos, dicho sea de paso) que he tenido la suerte de trabajar como compañero y como cargo directivo con magníficos profesionales de la Orientación (aprovecho para mandar desde aquí un saludo muy afectuoso a María, Pilar, Luci y Jesús), gente toda ella entregada a su trabajo y muy respetuosa de la labor de los compañeros que impartíamos las asignaturas «convencionales».</p>



<div class="wp-block-image wp-image-4819 size-full"><figure class="aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="700" height="1076" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/05/panfleto-antipedagogico.jpg" alt="Portada del libro Panfleto antipedagógico, de Ricardo Moreno Castillo" class="wp-image-4819" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/05/panfleto-antipedagogico.jpg 700w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/05/panfleto-antipedagogico-325x500.jpg 325w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/05/panfleto-antipedagogico-520x800.jpg 520w" sizes="(max-width: 700px) 100vw, 700px" /><figcaption>Portada del libro <em>Panfleto antipedagógico</em>, de Ricardo Moreno Castillo</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">El capítulo que acabo de citar es, muy significativamente, el más largo del libro, y no es difícil adivinar por qué, dado que se trata de una pieza inolvidable de la literatura panfletaria, dicho esto en el mejor sentido de la expresión. Ricardo Moreno Castillo presenta unos cuantos textos de algunos santones pedagógicos (entre ellos, alguno de los «padres» del actual sistema educativo) y los enfrenta con sus más evidentes defectos: el gusto por la logomaquia, la inanidad y la trivialidad, el olvido del principio de realidad, la falta de respeto a los profesionales de la educación. Es difícil leer los textos y los argumentos con los que les responde el autor sin reprimir un espasmo de indignación y rabia por tanta tontería como se publica acerca de lo que los profesores de Secundaria y Bachillerato debemos hacer en nuestras aulas. Con todo, nos queda el consuelo de saber que al menos por una vez la indignación resulta útil, porque es inseparable de la higiénica labor que Ricardo Moreno Castillo ha realizado en el capítulo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No puedo sino alegrarme de la publicación de esta obra, que alcanza con su versión impresa la madurez. Ver las firmas de Fernando Savater y Antonio Muñoz Molina en un libro como éste, que antes de serlo circuló profusamente en Internet (una difusión a la que esta bitácora contribuyó modestamente), me llena de satisfacción, pues avala la importancia de una obra que ya en su primera redacción no sólo me pareció sumamente juiciosa y atinada, sino del todo imprescindible para un debate público sobre el sistema educativo que, no por aprobada la L.O.E., ha dejado de ser urgente. Mi enhorabuena al autor, y mis deseos de que la obra conozca el interés y el apoyo de los lectores. Por mí no ha de quedar, Ricardo.</p>



<p class="notasbib wp-block-paragraph">Ricardo Moreno Castillo, <em>Panfleto antipedagógico</em>, Barcelona, Leqtor (Col. «Discrepancias»), 2006, 157 páginas.</p>
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		<title>Un panfleto necesario</title>
		<link>https://www.labitacoradeltigre.com/2005/11/23/un-panfleto-necesario/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 23 Nov 2005 09:43:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Temas educativos]]></category>
		<category><![CDATA[Panfleto antipedagógico]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Moreno Castillo]]></category>
		<category><![CDATA[sistema educativo español]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña del <em>Panfleto antipedagógico</em>, del Profesor Ricardo Moreno Castillo, que también se puede descargar desde <em>La Bitácora del Tigre</em>. </p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/11/23/un-panfleto-necesario/">Un panfleto necesario</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Acabo de descubrir, por recomendación de Fernando Savater en su artículo <a rel="noopener noreferrer" href="http://www.elpais.es/articulo/elpporopi/20051123elpepiopi_7/Tes" target="_blank">«Turistas y piratas»</a>, la existencia del <em>Panfleto antipedagógico</em>, del profesor Ricardo Moreno Castillo. Me ha faltado tiempo para buscarlo, descargarlo de la web y ponerme a leerlo ávidamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La lectura del documento, de algo más de cincuenta páginas, constituye una experiencia iluminadora, que recomiendo a todos los docentes. El entusiasmo combativo del autor (contra las memeces habituales del discuro hiperpedagógico), su capacidad como polemista y, sobre todo, su demoledor sentido común, convierten la lectura de este panfleto en una de esas tareas que no cabe aplazar. </p>



<span id="more-65"></span>



<p class="wp-block-paragraph">Además, Ricardo Moreno escribe muy bien, con soltura y eficacia, con un estilo ameno, basado en la experiencia concreta, que incluso convierte en agradable una actividad tan poco estimulante como la de la lectura de un largo PDF en la pantalla del ordenador.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Licenciado en Matemáticas y Filosofía por la Universidad de Santiago, Ricardo Moreno es profesor de matemáticas en el I.E.S. «Gregorio Marañón» de Madrid y en la Facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense. Es especialista en la matemática árabe y ha publicado varios libros sobre historia de las matemáticas, como <em>Omar Jayyam. Poeta y matemático</em>, <em>Fibonacci, el primer matemático medieval</em> y <em> Plücker y Poncelet, dos modos de entender la geometría</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los interesados en la última edición del <em>Panfleto antipedagógico</em>, que corrige algunas erratas advertidas por el autor, podéis descargarlo desde <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2020/07/panfleto_antipedagogico.pdf">aquí</a>. Muchas gracias a Ricardo Moreno por confiar en mi bitácora para la distribución de su obra.</p>
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