En la entrada del 13 de abril proponía algunas actividades didácticas a partir de Crea tu propia novela de Dan Brown, ese sorprendente y divertidísimo invento consistente en una página web que genera aleatoriamente argumentos al estilo de los que ingenia (es un decir) el novelista americano.

La idea de este extraordinario parodista ha hecho fortuna. No hay más que ver la plétora de comentarios que han acogido su creación para darse cuenta del acierto en el invento, y de las ganas que tiene la gente de disfrutar de una pieza de humor ingenioso e inteligente.

Mi modesta propuesta de actividades didácticas en torno a esta página web solicitaba de alumnos y profesores que identificaran las secuencias narrativas que forman parte del mecanismo de generación aleatoria. Pues bien, me alegra poder señalar que esa ardua tarea ni siquiera es necesaria, porque el propio código de la página web proporciona los elementos constructivos. En efecto, si vamos al menú del navegador y pulsamos sobre las opciones Ver > Código fuente, comprobaremos que ahí está, en todo el esplendor de su genial simplicidad, el código en JavaScript, con todos los elementos textuales y paratextuales -argumentos, situaciones, personajes, imágenes, reseñas- necesarios para poner en práctica las actividades que yo sugería en mi entrada.

Con un editor de código HTML es fácil aislar los elementos constitutivos de las matrices (arrays) de datos, y de este modo disponer de los elementos primordiales que permitirían llevar a cabo las actividades didácticas propuestas. Esta tarea la puede realizar cualquier docente que tenga unos mínimos conocimientos de edición de páginas web. Una pista: hay que buscar en el código las secuencias donde aparece “new Array” (sin las comillas), que son las que contienen las matrices de datos.

Si las combinaciones aleatorias generadas por el navegador son tronchantes, qué decir de la lectura de los bloques de elementos narrativos: para morirse de risa (y de envidia hacia quienes saben programar). De todas formas, una vez superado el pasmo de admiración y bien sujeta la mandíbula a la quijada superior, al profesor no le queda otro remedio que ponerse el mono de trabajo, diseñar las actividades, organizarlas y ponerlas en práctica. A las que sugerí el 13 de abril, añado ahora alguna más:

  1. Investigar y clasificar las funciones que desempeñan los personajes o actantes en los textos narrativos: sujeto/objeto, remitente/destinatario, auxiliar/oponente, etc.
  2. Identificar las secuencias narrativas básicas y verificar su correspondencia con determinadas secuencias sintácticas.
  3. Identificar los campos semánticos predominantes en algunos elementos textuales: patronímicos, adjetivos valorativos, los nombres de las organizaciones “secretas” (los oponentes), etc.
  4. Estudiar el valor caracterizador y expresivo de las aposiciones
  5. Verificar el funcionamiento de los efectos humorísticos a partir del contraste entre lo serio y lo grotesco.
  6. etc., etc., etc.

Una mina, el código de este maravilloso generador de novelas de Dan Brown. Por cierto, ¿no tendrá algo que ver el “movimiento browniano” con esta azarosa máquina de risa?