El meme que convoqué el pasado día 22 ha tenido un seguimiento entusiasta. Robando horas a trabajos más importantes y productivos, a su bien ganado tiempo de ocio y a sus deberes familiares, mis colegas docentes nos han obsequiado con un verdadero huracán de inspiración poética. Poco puedo hacer para agradecerles su esfuerzo, salvo expresarlo por escrito, y ofrecerles a cambio un documento que recoge y ordena sus textos. Se puede descargar desde la página de Ripios, que he creado al efecto.

Aprovecho la oportunidad para advertir a los visitantes habituales de La Bitácora del Tigre que he desactivado provisionalmente (pero la desactivación puede que dure bastante tiempo) los plugins que muestran en la barra lateral mis colecciones de fotos de Flickr. En alguna de ellas hay fotos de niños pequeños cuya intimidad prefiero proteger hasta donde me sea posible (y eso que sus padres, con quienes he compartido un fin de semana maravilloso, me han dado permiso verbal para publicarlas). En todo caso, los conjuntos de fotografías que pueden verse sin restricciones siguen disponibles si se pulsa sobre el enlace Fotos, que aparece en la barra de enlaces a las páginas fijas, justo bajo los ojos del tigre.

Por último, he aquí una foto que tomé este fin de semana, en la casa rural Larraldea, de Gartzain (Valle de Baztán, Navarra): en ella se ve La Bitácora del Tigre en un PDA conectado a Internet por GPRS. El chisme, propiedad de un amigo a quien su empresa le provee de estas pequeñas maravillas tecnológicas, me dejó patidifuso. El resto de miembros masculinos y femeninos de la cuadrilla se quedaron igual de boquiabiertos, no sólo por haber comprobado la capacidad del PDA para conectarse a Internet en uno de esos rincones montaraces donde Carolo perdió el gorro, sino sobre todo después de verificar, con el ejemplo de los comentarios al famoso meme ripioso, cómo los blogs construyen sus características e intrincadas redes sociales.

PDA del Tigre

PDA del Tigre


Creo que más de uno ha vuelto a su casa con el gusanillo de las bitácoras metido en el cuerpo. Entre paseos por el campo, griterío de chiquilería, comilonas opíparas, buenos tragos de pacharán y tertulia de viejos amigos del colegio (algunos nos conocemos desde hace más de cuarenta años), que se prolongó alguna noche hasta las 5 de la mañana, unas gotas de evangelización tecnológico-bloguera no vienen nada mal. Todos estamos deseando repetir.