No sé si fue por culpa de un enfriamiento, un virus de 24 horas o una ligera intoxicación alimentaria, pero ayer pasé una noche criminal: temblores, dolores musculares y de cabeza, sensación de náusea, sueño febril e inconstante y furiosas pesadillas. Acaso hayan influido en ellas la lectura reciente de El desierto de los Tártaros, de Dino Buzzatti, de la que ahora mismo estoy escribiendo la reseña, o la de la primera parte de Olympo, de Dan Simmons, apenas a cien páginas de su término. Aunque sean muy distintas, en ambas novelas hay algo de insomne y de delirio febril.

Sea como fuere, si menciono aquí este breve y desagradable episodio (del que me he curado trabajando, hay que fastidiarse), es por el contenido de las pesadillas: me encontraba yo tecleando como un poseso en Wikispaces, completando el wiki Escribir en los blogs, y constantemente surgían nuevas demandas de colaboración, las páginas se trastocaban una tras otra, se producían cambios inexplicables y anárquicos. Yo intentaba controlar la situación, pero nada más ordenar el material, éste volvía a desperdigarse y fragmentarse, como si estuviera dotado de voluntad propia.

Seguro que las pesadillas significan algo, aunque prefiero no hacer suposiciones y dejarlas para los aficionados al psicoanálisis y la interpretación de los sueños. Quizás sea un aviso del subconsciente, una advertencia de hasta dónde puede envolvernos esa hidra de cien cabezas y mil brazos que es la Web 2.0, con sus infinitas seducciones, sus lazos tentadores, sus cantos de sirena.

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