Siguiendo el surco de las ludoteces finisemanales que han abierto Antonio Solano y José María González-Serna (el primer neologismo es de Antonio, pero el segundo mío) me he dedicado a perder un rato en la página de Reconocimiento facial de My Heritage. Los resultados no podían ser mejores y más variados, pues aquí hay de todo: terroristas contumaces, un ex jefe de estado (que tiene bastante parecido con mi padre, dicho sea de paso), un ex actor metido a gobernador californiano (ya me gustaría a mí tener unos abdominales tan prietos como los suyos) y, lo que más me alegra, un guaperas oficial como Val Kilmer.

[El collage ha desaparecido de la Red, por lo que he decidido eliminarlo]

Que me parezca también a doña Hillary Rodham Clinton no sé si es una ventaja o un inconveniente. Pero tener un aire a Moorcock y a Lem, dos autores a los que he leído con mucho gusto (y con el primero, hace bastante tiempo, hasta me eché unas parrafaditas en inglés), es todo un honor.

Ya sé qué puedo hacer si me canso del trabajo: dejarme las barbas, que me salen ya canosas, como las sienes, ceñirme una toalla a la cabeza, y alquilarme por horas, en las fiestas golfas, haciendo de sosias de Bin Laden.

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