Acabo de leer en el blog de Javier García Calleja una noticia sobre la duplicación del ancho de banda de su conexión ADSL. Enseguida me he dirigido a velocidad.info, para averiguar cuál era la situación de mi propia línea, que ha resultado estar un poco por debajo de mis expectativas: 4189 kbps, equivalentes a 523,6 KB de bajada, y 268 kbps de subida, lo cual supone 33,5 KB. No me quejo, desde luego, porque a nadie le amarga un dulce, pero sí quisiera señalar desde aquí la incomprensible e hiriente contradicción derivada del hecho de que mi línea ofrezca cuatro veces más ancho de banda que la que el mismo proveedor proporciona a bastantes colegios e institutos públicos de Pamplona y Navarra.

A esa compañía se le llena la boca con sus ofertas de dúos y tríos, y sin embargo no es capaz de llegar con líneas en buenas condiciones hasta los routers de muchos centros escolares. Da igual lo que la administración esté dispuesta a pagar por ellas (y aseguro a quienes quieran creerme que es mucho lo que paga). Sencillamente, el proveedor no realiza las inversiones necesarias para mejorar centrales, conducciones y líneas, y el resultado es el que acabo de señalar en el párrafo precedente: centros de quinientos alumnos a los que toca por cabeza (o por ordenador) un ancho de banda sencillamente ridículo, y en última instancia impracticable. Los profesores de esos centros se quejan y protestan, las más de las veces con mesura, y a veces también airadamente. En la inmensa mayoría de las ocasiones (no faltan usos negligentes), tienen toda la razón.

Sé que la prudencia aconseja que mantenga la boca cerrada, pero la verdad es que estoy harto de esta situación, y de aquí esta entrada-denuncia, que debería haber escrito hace mucho tiempo. La tan cacareada liberalización del mercado de las telecomunicaciones es una filfa, una burla, un sarcasmo. Lejos de haber mejorado su situación, el mercado sigue cautivo, y las inversiones necesarias para universalizar la conexión a Internet brillan por su ausencia. Es probable que la mayoría de los abonados al ADSL comercial tengamos buen servicio (el mío, a día de doy, es impecable), pero esto no justifica que lo reciban pésimo justamente aquellas entidades a las que la sociedad debería atender con más cuidado y mayor entrega.

Ya sé que muchos centros escolares están en la periferia de las ciudades, en barrios de reciente urbanización, en zonas con escasa potencia económica, pero justamente por esta razón (y también por razones materiales, es decir, para crear mercado, y oportunidades de negocio, y un tejido empresarial que algún día acabará siendo cliente de las propias empresas de telecomunicaciones, ésas tan cicateras), es necesario asegurar la equidad en el acceso de todos ellos a la conexión a Internet. A tenor de los hechos que yo compruebo un día tras otro desde mi puesto de trabajo, se ve que llevar hasta ellas infraestructuras de comunicaciones de calidad debe de ser una ambición tan exótica como poco rentable en el corto plazo.