El lunes por la mañana, ya a punto de cerrar el ordenador, un compañero me informó de la existencia de La Lupa Violeta, una herramienta informática diseñada para identificar usos potencialmente sexistas del lenguaje y proponer posibles alternativas. Ya saben los lectores y lectoras de este blog que este tipo de artefactos no me hacen demasiada gracia (véanse, por ejemplo, los artículos En esto se gastan los dineros públicos y TIC en Andalucía y el problema del lenguaje políticamente correcto), pero he considerado que no podía valorar la aplicación, ni mucho menos escribir sobre ella, sin examinarla a fondo.

La Lupa Violeta es en realidad un diccionario interactivo, es decir, una base de datos terminológica (de hecho, el fichero clave es un .MDB que no se puede abrir directamente), preparada para funcionar como un plugin o extensión del procesador de textos Word para Windows. Una vez instalada la aplicación, el procesador de textos muestra una barra de herramientas adicional, con una serie de iconos que activan diversas funciones. Dependiendo de la versión del programa que se utilice, los iconos presentan ligeras diferencias; en todo caso, en Word 2002, programa sobre el que he realizado las pruebas y experimentos a los que luego me referiré, son los siguientes:

  • Ejecutar La lupa Violeta: lanza el proceso de análisis de términos en el documento activo.
  • Mostrar resultado: muestra los términos que la herramienta considera como de carácter sexista.
  • Ocultar resultado: oculta todos los términos localizados por la herramienta. Si se desea mostrarlos de nuevo hay que pulsar el botón previo.
  • Enviar sugerencia: permite enviar correos electrónicos con sugerencias sobre la aplicación. Para poder hacerlo, es necesario introducir nuevos términos o modificar los existentes, mediante el botón Configuración.
  • Configuración: sirve para gestionar las entradas o términos que se detectarán mediante la aplicación. Mediante esta función se pueden modificar los términos del catálogo de la aplicación, sus alternativas y explicaciones, y también se pueden eliminar elementos o añadir otros nuevos.
  • Ayuda.

Para comprobar el funcionamiento del programa, he preparado un documento de cierta longitud y complejidad. El texto elegido para el análisis ha sido la versión offline de la reseña de The Wire, que publiqué el pasado jueves. Tras copiar su contenido, pegarlo en Word y editarlo ligeramente para mejorar su presentación, he activado la numeración de líneas y de páginas (a fin de contar con referencias precisas que permitan localizar los resultados), y he ejecutado la aplicación.

Los resultados del análisis pueden comprobarse en este PDF, en el que aparece el texto original junto con los comentarios añadidos por La Lupa Violeta. Las marcas de color son mías, y corresponden a las siguientes circunstancias:

  • En verde: términos en los que el análisis de La Lupa Violeta resulta, a mi modo de ver, pertinente o adecuado.
  • En amarillo: términos en los que el análisis de La Lupa Violeta resulta, a mi modo de ver, no pertinente o inadecuado.

De los resultados del análisis y de las pruebas que he realizado con la aplicación, cabe extraer las siguientes observaciones:

  • El índice de acierto es bastante bajo. Incluso sin tener en cuenta los términos a los que cabría adjudicar un posible uso sexista no advertido por la aplicación (creo que son bastantes, aunque no he realizado una comprobación exhaustiva), se constata que de las 133 marcas anotadas sólo 48 son pertinentes o adecuadas, lo cual representa un 36,1%. Téngase en cuenta que cualquier herramienta lingüística incorporada a Word o a otros procesadores de texto de uso habitual (correctores ortográficos, herramientas de separación silábica, tesauros) obtiene un índice de éxito mucho mayor.
  • La aplicación carece de cualquier herramienta de análisis contextual, y por eso comete muchos errores a la hora de identificar el sentido de una palabra en función de su situación en la oración o el discurso. Veamos algunos ejemplos:
    • algún artículo” (página 1, línea 1). La advertencia sobre el uso potencialmente sesgado del determinante masculino ignora el hecho de que en este caso no hay ningún tipo de relación entre el género gramatical y el sexo. Este error se produce en muchas otras ocasiones, con determinantes como “cualquier” (1, 17; 4, 146; 4, 170), “algunos” (4, 178; 10, 434), “todos” (6, 248; 7, 304), pronombres como “alguno” (6, 270), “algunos” (2, 82; 9, 407), o locuciones adverbiales en las que intervienen dichos elementos, como “en modo alguno” (3, 107).
    • “historias, personajes y escenarios” (1, 15). Aquí se utiliza el término “personaje” en un sentido técnico, propio del análisis narrativo, y no está asociado a ninguna determinación de sexo (de hecho, así ocurre con numerosas apariciones de dicha palabra a lo largo del texto, tanto en singular como en plural).
    • “ese tipo de respuesta” (3, 107). La aplicación simplemente no es capaz de advertir que el sustantivo “tipo” tiene muy diversas acepciones, y que no todas ellas están asociadas a posibles connotaciones sexistas.
    • “mal genio” (9, 402). Es un caso parecido al anterior, porque el programa sólo se fija en la acepción de este sustantivo asociada al sentido ’persona genial’; no hace falta subrayar que en este contexto la palabra “genio” nada tiene que ver con dicho significado.
  • Tampoco se lleva a cabo ninguna clase de análisis gramatical, por lo que los errores relacionados con la categoría gramatical de las palabras son abundantes:
    • “la impresión general” (2, 65). La aplicación confunde el adjetivo (que no admite moción genérica) con el sustantivo (que sí la admite), fallo que se repite varias veces en este texto, con diversas locuciones adverbiales en las que interviene dicha palabra, como “en general” (3, 135) y “por lo general” (6, 256).
    • todos los tonos y registros” (7, 304). El reproche a la forma “todos” evidencia que la aplicación no es capaz de distinguir el determinante, que aquí complementa a sustantivos absolutamente ajenos a cualquier uso sexista, del pronombre.
    • “Hubiera querido” (7, 322). Probablemente el error más craso del programa, pues se confunde el participio de un pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo con el adjetivo utilizado en fórmulas de cortesía.
    • español” (10, 435, 436 y 445). Se confunde el adjetivo “español”, que admite doble moción genérica, con el sustantivo “español”, que en su acepción como ‘nombre de la lengua hablada en España y otros muchos países hispanoparlantes’ no la admite. Curiosamente, en las explicaciones que proporciona el programa para dar cuenta de este uso se olvida de “lengua española”, una alternativa perfectamente válida para el sustantivo en ciertos contextos, aunque no en éste.
    • Pastor” (10, 448). Se trata de un caso llamativo, pues se identifica como sustantivo común (y por tanto capacitado para la moción genérica) lo que no es sino un antropónimo, en este caso un apellido.
  • En muchos casos, la identificación errónea de palabras de uso potencialmente sexista se produce a causa de la imposibilidad de identificar su referente. Este fallo no es exclusivo de la Lupa Violeta, pues también lo cometen muchas herramientas informáticas aplicadas al análisis textual. De hecho, creo que es uno de los problemas más arduos a los que se enfrenta la tecnología a la hora de analizar el lenguaje natural, puesto que la búsqueda e identificación de los referentes exige la puesta en práctica de algoritmos de inteligencia artificial muy complejos. Veamos algunos ejemplos:
    • héroe de la serie” (1, 31). “con su hijo” (1, 35): las alternativas propuestas por la aplicación no son necesarias, porque el referente de los términos “héroe” e “hijo” es en ambos casos un varón.
    • “los creadores de la serie” (2, 68), “los guionistas” (3, 116). Otro caso semejante, pues los referentes de creadores y guionistas son, en ambos casos, dos varones (David Simon y Ed Burns). En el caso de “creadores” podría admitirse que el ámbito semántico del concepto es más amplio que el de “guionistas” (yo he utilizado ambos términos como sinónimos referenciales), y por tanto estaría justificada la advertencia de la aplicación.
    • Términos como “líder” (3, 100), “hombre” (5, 189), “músico” (6, 248), “candidato” (6, 254), “individuo” (8, 371), “funcionario” (8, 374), “héroe” (9, 381), “detective” (9, 385), “suegro” (9, 404) o “profesor” (9, 406) corresponden a casos análogos a los anteriores. El referente de todos los términos indicados es un varón, por lo cual no son válidas las advertencias de la aplicación.
    • Un caso llamativo es el de la llamada de atención sobre el sustantivo epiceno “víctima” (9, 396), utilizado en el texto en aposición respecto al núcleo del sintagma nominal al que complementa. La Lupa Violeta identifica un uso potencialmente erróneo que a mi modo de ver no es tal, y proporciona unas explicaciones absolutamente farragosas (luego me referiré a este caso) que no aportan la más mínima clarificación lingüística.
    • Merece la pena considerar con atención la advertencia sobre el pronombre “ellos” (4, 140, y hay otros casos parecidos), pues revela la enorme dificultad para analizar aquellos usos en los que el pronombre tiene un referente complejo (o hay una concordancia en masculino plural con varios términos de distintos géneros gramaticales) que, además, puede hallarse a gran distancia en la oración.
  • El diccionario de términos que utiliza la aplicación resulta muy insuficiente, pues es incapaz de identificar muchas palabras con posibles connotaciones sexistas. No he realizado un análisis exhaustivo al respecto, pero a título de ejemplo puede mencionarse el término “espectadores”, que aparece varias veces en el texto (1, 23; 3, 96, 3, 103; 3, 109; 7, 320), a pesar de lo cual no ha sido marcado en ninguna ocasión. Este fallo resulta especialmente notorio no sólo porque la palabra admite la moción genérica, sino también porque existen alternativas válidas, como por ejemplo “audiencia”, que el propio texto utiliza (3, 105).
  • La Lupa Violeta no es siempre coherente con sus propios criterios de análisis, tal como puede advertirse en los siguientes casos:
    • “conflictos sociales, económicos, culturales, raciales y políticos” (3-137). Sólo se identifica el último adjetivo (incorrectamente, además) como portador de posibles connotaciones sexistas; sin embargo, no se hace lo mismo con otro adjetivo anterior, “económicos”, a pesar de que las circunstancias de aparición de ambos son idénticas.
    • “para algunos, dignidad y prosopopeya; para otros, finalmente, un macabro sentido del humor” (5, 209-210). Sólo se ha marcado uno de los elementos de este período distributivo.
  • En ciertos casos, la aplicación es incapaz de advertir que el texto ya incorpora mecanismos y alternativas para evitar las connotaciones sexistas. Esto ocurre en las siguientes ocasiones:
    • chicos y chicas” (4, 146) y “Los lectores y lectoras” (10, 429). En ambos casos la aplicación no se da cuenta de que el texto ya incorpora una doble mención genérica para evitar la utilización exclusiva del masculino plural.
    • “esos hombres y mujeres” (5, 228). Otro caso muy semejante al anterior, porque el programa no es capaz de darse cuenta de la doble moción genérica, en ese caso mediante sustantivos heterónimos.
  • En general, se constata que la aplicación ha sido diseñada a partir de un catálogo de términos muy mecanicista, y que las las alternativas que en él se proponen son escasamente creativas y automatizadas en exceso. Por otra parte, La Lupa Violeta opera de forma muy limitada, al nivel de la palabra, dado que las unidades lingüísticas superiores (sintagma, proposición, oración) no son consideradas, o lo son de forma muy poco satisfactoria. Veamos algunos ejemplos:
    • parientes cercanos a los capitostes de la organización” (4, 174-175). Este es un caso clarísimo que demuestra no sólo las limitaciones de La Lupa Violeta, sino la dificultad inherente al diseño de una aplicación informática capaz de ofrecer buenas alternativas al uso de un lenguaje sexista. Para empezar, las que ofrece la aplicación (es decir “parientes/as” o “parientes y parientas”) son poco convincentes, y no evitan el problema de concordancia en masculino plural con “cercanos”. Por otra parte, poco después aparece “los capitostes”, que no ha sido marcado, seguramente por lo poco común del término. Finalmente, hay que tener en cuenta que en este caso “parientes” está bien utilizado, porque su referente es una persona de sexo masculino, como la inmensa mayoría de los narcotraficantes y absolutamente todos los jefes del negocio de la droga que aparecen en la serie.
    • “no dañar a mujeres y niños” (5, 192). Otro caso interesante y dificilísimo de resolver desde los conceptos y alternativas que maneja La Lupa Violeta, porque la expresión hace referencia a un código de conducta caballeresca –discutible, si se quiere, pero histórico- en el que la condición femenina y la infancia merecían especial protección. En todo caso, la aplicación se equivoca claramente al advertir sobre el uso de “mujeres”, porque en este caso la selección de un sexo determinado está perfectamente justificada desde dicha perspectiva histórica.
  • En bastantes casos, la aplicación ofrece datos y explicaciones que sólo se justifican en virtud de la posición ideológica que sustenta el marco conceptual de la aplicación, pero cuya utilidad desde la perspectiva de un uso lingüístico eficaz y correcto es casi nula. Veamos dos ejemplos:
    • Con respecto al término “músico”: “Mujeres músicas ha habido desde el principio de los tiempos, a pesar de su invisibilidad. Si la socialización musical del ser humano se produce en un entorno femenino, durante los primeros años de crianza (el canto de nanas, canciones de labor…), también las mujeres han destacado en este campo desde antiguo. Entre las compositoras, destacan los ejemplos medievales de la princesa bizantina Cassia (s. IX), Hildegarda de Bingen (1098-1179), los modernos de Francesca Caccini (1587-después de 1614), Bárbara Strozzi (1619-después de 1664), Elisabeth Jacquet de la Guerre (ca. 1664-1729), Clara Wieck-Schumann (1819-1896), Fanny Mendelssohn-Mendel (1805-1847) etc… hasta llegar a la época contemporánea, con nombres tan importantes como Nadia Boulanger (1887-1979), Sofia Gubaidulina (1931), Kaija Saariaho (1952)… Igualmente, como intérpretes, es larguísima la lista que, desde hace varios siglos, avala la calidad de estas músicas”.
    • Con respecto al término “víctima”: “Ésta es una palabra que funciona realmente como genérico, incluyendo a las personas de uno y otro sexo, aunque su morfología sea en femenino. Así, por ejemplo, tenemos el masculino “personaje” que igualmente engloba a ambos sexos. De forma general se dice que la víctima es el sujeto pasivo de un delito, aquella persona que sufre el daño. La antigua Ley del Talión situaba a la víctima no sólo como quien sufría el daño sino también quien a su vez se vengaba de su agresor/a. Desde el siglo XIX, época en que se redactaron los códigos civiles y penales, la función del castigo corresponde al Estado que asume la responsabilidad de garantizar las condiciones esenciales para una convivencia social pacífica y justa. Las mujeres sin embargo se encuentran ante un serio problema cuando se trata de denunciar acoso sexual, violaciones y otros delitos de este tipo, puesto que sufren la tendencia social de culpabilizar a la víctima, cuestionándola y sometiéndola a nuevos sufrimientos. Ello a pesar de que el número de mujeres que son víctimas de la violencia de género que los varones ejercen sobre ellas es muy superior a otras causas de muerte. En el informe de la ONU sobre el estado de la población mundial en el 2005, titulado La promesa de igualdad se destaca que: “a comienzos del siglo XXI, la violencia mata y daña a tantas mujeres y niñas de entre 15 y 44 años de edad como el cáncer” [he sustituido la cita por un enlace, para mejorar la presentación de este texto]. En España contamos con una ley que protege especialmente a las mujeres que son víctimas de la violencia de género, se trata de la Ley Orgánica 1/2004 de 28 de diciembre de Medidas de Protección Integral, donde claramente se establecen derechos de las víctimas como derecho a la información, a la asistencia social integral y a la asistencia jurídica (Ana Isabel Benito de los Mozos, “La víctima en los “delitos de género” y el principio de presunción de inocencia”, en Circunstancia, Revista electrónica, núm. 12, 2007 [otra cita sustituida por un enlace, con los mismos propósitos que la anterior].

Del análisis precedente pueden extraerse las siguientes conclusiones:

1. Las capacidades de la aplicación son notoriamente insuficientes para enfrentarse con un problema de tanta complejidad como la identificación de los posibles usos sexistas del lenguaje. Con un mero catálogo o diccionario de términos, por muy complejo que sea, no basta para cumplir dicho objetivo, porque los posibles usos sexistas del lenguaje no dependen sólo –ni principalmente, me atrevería a decir– de los términos escogidos, sino de otros muchos factores: la situación extralingüística, el conocimiento de los referentes, el contexto lingüístico, las circunstancias gramaticales de los términos (categoría, concordancia, posición), la intención del hablante, etc.

2. La tarea de detección de los usos sexistas del lenguaje implica consideraciones lingüísticas y extralingüísticas cuya traslación a una aplicación informática es dudosamente viable. Para conseguir resultados mínimamente aceptables, harían falta herramientas de análisis contextual y algoritmos de inteligencia artificial muy avanzados, así como un extenso corpus textual de apoyo. Incluso con tales herramientas y recursos, ¿cómo resolver el problema de los referentes a la hora de considerar si un término X ofrece connotaciones sexistas o no?

3. Aunque la aplicación no es difícil de utilizar, resulta demasiado mecanicista en sus propuestas y alternativas. Por otra parte, las funcionalidades más avanzadas e interesantes (esto es, la manipulación y edición del catálogo de términos) no está al alcance de cualquiera. Sólo aquellas personas que ya tengan práctica en tareas de redacción y estén en condiciones de interpretar correctamente las alternativas y las explicaciones lingüísticas y no lingüísticas que se proponen pueden hacer un uso eficaz de dichas funcionalidades.

4. El mecanismo de funcionamiento de la aplicación, que sólo puede utilizarse en instalaciones locales, es muy ineficiente, pues no permite retroalimentar el diccionario de términos mediante las intervenciones de todas las personas que lo utilizan. Sería mucho más adecuada una aplicación que funcionara en modo cliente-servidor, capaz de aprovechar los términos, alternativas y explicaciones aportados por toda una comunidad de usuarios. Esta consideración es especialmente relevante desde el punto de vista de una administración pública (son varias las que la están recomendando e implantando, como puede comprobar en el Plan de Igualdad de la Junta de Andalucía) que desee promover su uso entre el personal encargado de publicar documentación.

5. A tenor de las advertencias que revela el texto analizado y de las explicaciones que aporta la aplicación, cabe suponer que La Lupa Violeta ha sido diseñada para un uso vinculado a las tareas propias de la administración pública y del lenguaje político-administrativo. Naturalmente, éste es el ámbito más susceptible de provocar conflictos derivados de los posibles usos sexistas del lenguaje, que cualquier administración debiera evitar en la medida de lo posible. No obstante, tal propósito proporciona a la aplicación un sesgo poco conveniente para otro tipo de usos educativos, especialmente en el ámbito educativo.

6. Por todas las razones expuestas, yo creo que La Lupa Violeta tiene un valor muy limitado (salvo, quizás, para quienes tienen mucha experiencia en tareas de escritura y cuentan, además, con formación lingüística), y honestamente me parece incomprensible que algunas administraciones estén impulsando su implantación. Se trata de una aplicación ineficaz, ceñida a fórmulas estereotipadas, con escasísima creatividad y poca capacidad para aprovechar los hallazgos de las personas que la usen. Por otra parte, su uso presenta los mismos riesgos de otras herramientas informáticas aplicadas al trabajo de redacción de textos: que las personas que la utilizan se olviden de hacer uso de la imaginación y de sus propios e inagotables recursos lingüísticos, confiadas en unas cómodas falsillas que sólo sirven para empobrecer el lenguaje.