Por A pie de aula, de Lourdes Doménech, que a su vez toma la noticia de Palabrotas, me enteré hace unos días de la existencia de Eres lo que escribes, eres como escribes, una bitácora empeñada en llevar a cabo una “Campaña a favor de escribir con una correcta ortografía en los blogs”. No soy muy partidario de adherirme con el correspondiente logotipo a iniciativas variadas (en su momento estuve a punto de sumarme a la del Comité contra las faltas voluntarias y el lenguaje SMS, aunque finalmente lo dejé correr), pero desde luego que estoy de acuerdo con los fines y objetivos de cuantas campañas se lleven a cabo para difundir en la blogosfera la exigencia de una correcta expresión escrita (no sólo ortográfica, por cierto), como muestra de respeto al prójimo, de compromiso con un instrumento de comunicación social tan esencial como el lenguaje escrito, y como indicio de pulcritud intelectual y valoración del trabajo bien hecho.

Si estos valores son importantes para cualquier persona que mantenga un sitio web o un blog, resultan del todo imprescindibles en la blogosfera educativa, y todavía más en ese sector de bitácoras protagonizado por los docentes de lengua y literatura. Que un profesor o profesora haga públicos textos mal escritos tiene poca defensa: queda mal ante el público general, queda horriblemente mal ante sus compañeros y, sobre todo, difunde entre los miembros de la comunidad educativa (alumnos, familias) un ejemplo de lo más pernicioso.

Sin embargo, es perfectamente posible que, a pesar de las mejores intenciones y de todos los medios que haya puesto para controlar sus producciones escritas, el autor o autora de un blog cometan un error de ortografía, puntuación o sintaxis. Al fin y al cabo, ya dice el refrán que el mejor escribano echa un borrón. Yo debo reconocer que soy bastante obseso con este tipo de fallos, y que me doy a todos los diablos cuando encuentro en mis propios textos una errata, una coma mal puesta o una malhadada falta de ortografía. Hago todo lo que puedo para evitarlas pero, de vez en cuando, se me cuela alguna.

En todo caso, también hay que reconocer que la labor bloguera es un terreno abonado para los errores y las faltas: la exigencia de producción regular acaba por relajar la guardia más atenta, los gestores de contenidos son bastante esquivos, cuando no decididamente antipáticos, con respecto a las herramientas de corrección ortográfica en castellano, y la proliferación de herramientas de publicación a través de la web dificulta (aunque en modo alguno impide), la utilización de los correctores ortográficos que todos los procesadores de texto incluyen. La situación se complica sobremanera a causa de un rasgo peculiar de las bitácoras (en realidad, uno de sus signos de identidad), como es la posibilidad de que sus visitantes anoten comentarios en ellas. El autor de un blog puede tenerlo limpio como una patena, hasta que llega un comentarista zafio y lo deja hecho unos zorros.

En fin, no sirve de nada quejarse de todo esto, pues la realidad es la que es. Lo que toca es poner los medios para reducir en lo posible los riesgos inevitables a la tarea de edición en los blogs. Desde este articulo de La Bitácora del Tigre pretendo realizar una modesta contribución a tal propósito, que se concreta en la descripción de las técnicas que yo utilizo para minimizar mis propios errores, la relación de una serie de recursos orientados a la corrección de la expresión escrita, y una propuesta final a la comunidad bloguera (especialmente los docentes de Lengua Castellana y Literatura), para que contribuyan, con sus propios recursos y experiencias, a la consecución de los objetivos que me he propuesto.

1. Técnicas de redacción para conseguir una expresión escrita correcta.

1.1. Mi primera recomendación es elemental: corregir, corregir y corregir. Hay quien afirma combativamente la conveniencia de la espontaneidad en los blogs. Yo creo, en cambio, que tal opción sólo resulta conveniente para aquellas bitácoras en las que la creatividad y la inmediatez constituyen un valor deliberado y esencial; para el resto de blogs (que son la inmensa mayoría), la falta de vigilancia consciente sobre lo escrito es una fuente de potenciales problemas.

Yo siempre leo lo que escribo antes de publicarlo, dos o tres veces si creo que no he conseguido darle el punto justo de cocción, y lo vuelvo a leer después de haber hecho clic en el botón de publicar. Es curioso, pero uno descubre a menudo errores y faltas que habían pasado desapercibidas hasta el mismo momento de la publicación. Aunque con ello me arriesgo a que no exista correspondencia entre el texto original y las fuentes RSS, o entre aquél y las utilísimas referencias de Planeta Educativo, si encuentro fallos tras la publicación del texto, cambio lo que tenga que cambiar.

Mi obsesión llega al punto de utilizar, con cierta frecuencia, un sparring de corrección (como diría mi hermano, “¡pobre Pilar!”), a quien le pido que lea mis textos antes de hacerlos públicos, sobre todo si algo de lo escrito puede ser objeto de polémica o discusión. Contar con la colaboración de una perspectiva alternativa es inapreciable: además de confirmar respecto a erratas y faltas de ortografía lo que afirma el viejo refrán (“cuatro ojos ven más que dos”), los puntos de vista diferentes siempre son muy útiles.

1.2. Mi segundo consejo respecto a la redacción de textos escritos es más fácil de poner en práctica que el anterior, y resulta más conveniente para personas inseguras de su propia escritura: siempre que sea posible, conviene elaborar la entrada o artículo en un procesador de textos donde estén activadas las herramientas ortográficas (diccionario de corrección ortográfica, diccionario de sinónimos y corrector gramatical; aunque este último falle más que una escopeta de feria, también aporta útiles advertencias). Una vez corregido, se puede copiar y pegar el texto en el interfaz de la herramienta de publicación de blogs. La recomendación es tanto más pertinente cuanto más largo y complejo sea el texto.

No obstante lo dicho, hay que tener cuidado con el copia y pega. No conozco todos los interfaces de edición de los gestores de contenidos utilizados para la elaboración de bitácoras, pero he comprobado en varias ocasiones que el pegado no siempre proporciona los resultados esperados: a veces aparecen caracteres extraños, otras se incrusta código HTML inapropiado o molesto, etc. Mi recomendación a este respecto, y para el caso de WordPress es clarísima y radical: desactivar las mejoras visuales del editor, y trabajar con el estándar: Opciones > Escritura > desmarcar la casilla “Utilizar el editor visual para escribir”.

1.3. La tercera recomendación es que hay que ayudar a quienes participan en los blogs con sus comentarios siempre que sea posible, lo cual redunda en una toma positiva de conciencia por parte de los visitantes respecto a la importancia de la corrección de su propia escritura. Varios sistemas especializados en bitácoras permiten que los comentaristas verifiquen el resultado de su participación antes de publicarlo; es el caso de Blogger, pero también de gestores de contenido especializados, como WordPress, que disponen de plugins a tal efecto; uno de ellos es Live Comment Preview, que yo utilizo en La Bitácora del Tigre, y sirve para que el comentarista vea lo escrito antes de pulsar el botón de Enviar comentarios.

1.4. La cuarta recomendación tiene que ver más con aspectos de diseño y de presentación del blog que con la corrección de la expresión escrita. Una bitácora tiene que estar bien estructurada, su información debe ser fácilmente accesible, y su contenido ha de ser legible en la mayor parte de las circunstancias. Los blogs que cumplen estos requisitos constituyen buenos ejemplos, y animan a emularlos (la buena redacción es parte de ese deseo de emulación positiva). En cambio, los vicios de presentación y disposición del contenido crean malos hábitos y difunden modelos perversos.

2. Herramientas y recursos online.

Existen muchos recursos que los blogueros podemos utilizar para conseguir unos textos impecables. Aquí sólo me voy a referir a los que se pueden utilizar online y, más concretamente, a los que yo mismo empleo de forma habitual.

2.1. Correctores ortográficos integrados en los navegadores.

En una reciente entrada de esta bitácora ya me referí a la posibilidad de añadir al navegador Firefox 2 un utilísimo diccionario de corrección ortográfica en español, recurso inapreciable cuando la redacción del texto se lleva a cabo en el propio navegador (es decir, desoyendo la recomendación que acabo de dar en el epígrafe 1.1.). El mismo objetivo se puede conseguir con el corrector ortográfico que forma parte de la Barra Google, disponible tanto para Firefox como para Internet Explorer.

2.2. Procesadores de texto online.

Una alternativa a los procesadores de texto que se ejecutan como programas convencionales son las aplicaciones de escritura online, la mayoría orientadas al trabajo colaborativo. Aunque existen varias (como AjaxWrite, GOffice, WriteBoard, YourDraft o ZohoWriter), la más conocida de entre todas ellas es Google Docs & Spreadsheets, cuyo procesador de texto es el antiguo Writely. Que yo sepa, de momento no tiene un corrector ortográfico integrado en español, aunque por lo que he leído por ahí está previsto implementar esta función, que los usuarios agradeceríamos mucho.

La verdad es que no lo he utilizado mucho (en su día José Cuerva y yo redactamos en colaboración mutua un tutorial para instalar y configurar WordPress en un alojamiento web gratuito, y desde entonces apenas lo he vuelto a tocar, aunque es parte de mi cuenta de Google), pero me produjo una impresión muy favorable. En realidad, no creo que los procesadores de texto online puedan sustituir en todas las situaciones a los procesadores de texto convencionales, pues tienen algunas limitaciones (la ausencia de correctores ortográficos es tal vez la más importante, aunque no la única), pero desde luego son mucho más amistosos y agradables de usar que los interfaces de edición de texto de los CMS habitualmente empleados por los blogueros.

De funcionamiento semejante al de un procesador de textos online son algunas extensiones para Firefox, que permiten publicar directamente en un blog sin tener que entrar en su interfaz de edición. Un excelente ejemplo de esta tecnología es la extensión Performancing For Firefox, que he comentado hace poco en La Bitácora del Tigre, cuya potencia y facilidad de uso la convierten en un complemento muy interesante. De cara al objetivo que aquí nos ocupa, Performancing ofrece una ventaja añadida, como es la de aprovechar la capacidad de Firefox para utilizar los diccionarios de corrección ortográfica.

2.3. Plugins de corrección ortográfica para gestores de contenidos.

Una tercera solución para corregir los textos que se elaboran a través de los interfaces de edición de los blogs son los complementos o plugins de corrección ortográfica. Mi experiencia a este respecto es más bien limitada y bastante frustrante, y se reduce por el momento a WordPress (bueno, he hecho alguna incursión también en los correctores para Joomla), gestor para el que instalé en su día el plugin Corrector, que sin embargo nunca logré hacer funcionar en mi bitácora. Por lo que he leído en los comentarios de la entrada que Daniel C., creador de Corrector, dedica a este plugin, determinadas configuraciones de servidor impiden que su script funcione. Corrector no es el único plugin de corrección ortográfica para WordPress. Otras alternativas son el Ajax Spell Checker, el Live Spell Checker y el Spelling Checker, que no he probado, pero que seguramente merecerán la pena.

En todo caso, creo que los complementos o plugins de corrección son una solución innecesaria ante un navegador con corrector ortográfico incorporado: no sólo son redundantes, sino que además sobrecargan el sistema y en algunos casos resultan difíciles de instalar.

2.4. Recursos online para la corrección textual.

La corrección ortográfica no es el único parámetro (ni siquiera el más importante) para medir la calidad de un texto escrito. Hay otros aspectos, como la puntuación, la claridad, una correcta estructura y disposición de las ideas, o la propiedad y adecuación del léxico utilizado, que tienen tanta o más importancia que el aspecto ortográfico. Aunque no resuelva todos los problemas (porque eso equivaldría a una inteligencia propiamente humana, que todavía las máquinas están muy lejos de lograr), la tecnología cada vez ofrece más recursos online al practicante habitual de la escritura en los blogs. A continuación, anoto algunos sitios web que yo utilizo habitualmente para corregir y depurar mis textos:

  • El Diccionario de la Lengua Española. El buscador del DRAE se puede invocar no sólo desde el sitio web de la Real Academica Española, sino también desde Firefox 2 y, con una mínima configuración, desde el nuevo y reluciente Internet Explorer 7 (que, por cierto, tiene bastante buena pinta). No creo que haya que insistir en la utilidad de este diccionario, que también permite verificar la conjugación de cualquier infinitivo verbal (y abundan en castellano las conjugaciones problemáticas).
  • El Diccionario Panhispánico de Dudas. Otro recurso inapreciable, que resuelve infinidad de dudas sobre términos de reciente incorporación a la lengua española. Precisamente por este motivo, es un diccionario que no puede faltar en la lista de recursos online a disposición de los que escribimos habitualmente sobre nuevas tecnologías aplicadas a la educación.
  • La edición de 1999 de la Ortografía de la Lengua Española no es, en sentido estricto, un recurso para utilizar online, pero se puede descargar desde aquí. Tengo que reconocer que no la utilizo tan a menudo como debiera, y es un vicio que debiera corregir, pues las novedades de la ortografía de 1999 son importantes y deben ser muy tenidas en cuenta.

La redacción de textos de cualquier tipo y condición no puede obviar la necesidad de que la información suministrada sea precisa y fiable. Nada mejor que contar con referencias precisas sobre los temas que interesan a cada bloguero, muchas de las cuales se pueden invocar desde el magnífico administrador de motores de búsqueda del navegador Firefox 2:

3. Petición de colaboración.

El último epígrafe de este artículo va dirigido a los colegas blogueros del mundo educativo. Me gustaría que complementarais las orientaciones que he ofrecido aquí con trucos, pistas, recursos y cuantas reflexiones os parezcan de interés. No se trata de un meme (¡lagarto, lagarto!) sino de un proyecto de más alcance para cuya coordinación y eventual publicación en la blogosfera me brindo desde aquí. El objetivo de esta propuesta sería algo así como elaborar un prontuario de buenas prácticas de redacción y composición textual en los blogs, complementado por una lista de recursos online comentados, y con hincapié en las posibilidades que ofrece la Web 2.0, el trabajo colaborativo y la comunicación entre aplicaciones.

Todavía no he decidido la dimensión y el formato de este proyecto, pues dependerá de la respuesta que merezca, pero estoy convencido de que puede ser una iniciativa de gran utilidad tanto para las tareas educativas como para otros muchos ámbitos. A ver si es verdad.