9 comentarios a “Las banderas de Clint Eastwood”

  1. La Bitácora del Tigre · BlogDesk, tal vez mejor que Qumana

    [...] Hace un par de días me encontré, por casualidad, con una referencia a otro cliente de blogs que no conocía. Se trata de BlogDesk, también gratuito y también disponible en castellano, tanto en su interfaz como en la herramienta de corrección ortográfica. Lo he instalado y he redactado con él varias entradas (la de Banderas de Clint Eastwood y ésta), además de corregir otra (Una prueba de publicación diferida). [...]

  2. Nacho

    Coincido con la valoración que haces. Sólo añadiría algo que compartí a la salida del cine con mi novia: a los dos nos faltó un poco de equilibrio entre los flashbacks y el viaje por EE.UU. Las secuencias no tienen que durar lo mismo, ni estar repartidas con la misma manera, pero hay una cierta desproporción en la cadencia con que se van intercalando que, creo, se debía haber corregido.

    Lo que comentas sobre el burócrata y la manera de caracterizarlo, opino igual, aunque en “Million Dollar Baby” ya había varios personajes retratados de la misma manera: el cura y la familia de la chica. Creo que es cosa de Haggis, y supongo que también de Eastwood que le deja hacer.

    Y yambién estoy ansioso por ver la segunda parte del díptico, aunque se me va a hacer duro sabiendo el final que va a tener y la crudeza con la que estará rodada.

  3. Eduardo Larequi

    Pues la verdad, Nacho, es que no me había fijado en que Haggis es el guionista de Banderas de nuestros padres. De todas formas, no es la primera vez que Clint Eastwood mantiene una actitud semejante hacia los círculos gubernamentales y del poder. Se ve que su experiencia como alcalde de Carmel le hizo salir más que escaldado de la política.

  4. Víctor Gutiérrez

    Hola de nuevo, Eduado

    Perdona mi ignorancia, que significa “escólico” , palabra que aparece en las primeras líneas de esta entrada.
    Ya me he leido unos cuantos libros de John Connoly, tengo que reconocer que me gusta la forma en que escribe.

    Recomiendame algún libro, si tienes un momento.

    Un saludo, Víctor

  5. Eduardo Larequi

    No estoy del todo seguro, pero escólico (scholic en inglés) parece ser un neologismo inventado por Dan Simmons, el autor de Olympo. Por cierto, te la recomiendo, Víctor, pero todavía te recomiendo más la anterior, Ilión (la una y la otra se han publicado en Ediciones B, Colección Nova; lo malo es que cada una de ellas se ha publicado en dos volúmenes y, claro, cuestan un pastón; no sé si hay edición de bolsillo.

    En realidad, el término más apropiado para designar al personaje de Hockenberry sería el de escoliasta, que significa ‘persona que interpreta y comenta los textos antiguos’. Se le llama así porque Hockenberry se dedica a dar testimonio de una nueva Ilíada, de lo que acontece en una nueva guerra de Troya. En ella combaten los griegos y los troyanos, pero no los de Homero, sino los de una Tierra situada en un universo alternativo. Y junto a ellos luchan también dioses que no son sino posthumanos (humanos muy evolucionados, con una tecnología asombrosa), que han resucitado a Hockenberry y le exigen que anote su testimonio de la guerra.

    ¿Qué, te pica la curiosidad?

  6. oscar a. matias

    No he visto la película, pero habéis conseguido que me pique la curiosidad…la veré ;)

  7. Beatriz Ooms

    Me ha parecido muy interesante su comentario acerca de la película de Eastwood y observo que está bastante extendida la opinión de que tiene el “fallo” de unos personajes no suficientemente dibujados, lo que lleva a cierta dificultad en el seguimiento de la historia, ya complicada de por sí por la variedad de planos temporales y espaciales.
    Sin embargo me parece que esa “vaguedad” o distancia es intencionada y contribuye al objetivo final de la película: deconstruir el concepto general de heróísmo a través de sucesivas antítesis para de las cenizas entresacar un héroe real y más puro.Si la película tuviera personajes más redondos, sólidos o nítidos, por muchas cualidades antiheróicas, y por lo tanto humanizantes y críticas, que tuvieran, nos sería imposible ver en ellos algo que no fuera su heriocidad. Después de todo uno siempre se pone de lado de los protagonistas, como ya demostró Eastwood en Un Mundo Perfecto. Es más difícil tomar partido o sentir admiración por algo que se mantiene en la distancia.
    Las sucesivas antítesis nos van mostrando lo que un héroe no es: impersonal, inconcreto, mezclado indisolublemente con el grupo, carente de carisma…gris. Nos cuesta identificar a los protagonistas de la película así como a sus familiares y por lo tanto también identificarnos con ellos, requisito necesario para percibir emocionalmente su heroísmo. Durante mucho tiempo se nos ofrecen sólo visiones generales, de conjunto, y cuando el ojo de la cámara se fija en instantes de heroísmo lo hace con tanta discreción y humildad que cuesta reconocerlos.
    La identificación, el reconocimiento del personaje eje, del verdadero héroe, es muy lento, el elemento impactante de su grandiosidad queda minimizado y disuelto, así como el hijo va conociendo a su padre sólo gradualmente – y no del todo – y cuando ya casi se ha “ido”. Heroísmo y realismo se funden ahora y se hacen creíbles como no me han resultado creibles los héroes bélicos quizás desde que William Wyler nos los describiera en “Los mejores años de nuestra vida”, película de 1946 con la que “Banderas de nuestros padres” tiene muchos puntos en común, y no sólo la crítica a la instrumentalización del concepto de heroísmo por parte de un país.

  8. Eduardo Larequi

    Estoy bastante de acuerdo con tus puntos de vista, Beatriz. Cuesta hacerse a los personajes de Banderas de nuestros padres, y por eso la película gana muchos enteros al final, cuando se completa el proceso de descubrimiento de los personajes, y conocemos todos los detalles de sus vidas: el heroísmo cotidiano de Bradley (que, según su propio hijo, ha sido el mejor padre posible), los tristísimos y desoladores años finales de Hayes, las decepciones y renuncias que sufre Gagnon. Esas vidas son rescatadas por la búsqueda y la reivindicación que ha protagonizado el hijo de Bradley, y con ello adquieren una dignidad muy superior a la de su tragicómico peregrinaje por las ciudades americanas, como héroes de guerra más bien falsos.

  9. La Bitácora del Tigre · Iwo Jima desde el lado japonés

    [...] ya señalé al final de mi reseña de Banderas de nuestros padres, aguardaba con gran expectación el estreno de la segunda parte de ese interesantísimo díptico [...]

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