Hace poco que ha llegado hasta mis manos un equipo ultraportátil con un procesador Intel Atom N270 a 1.60GHz, disco duro de 160 Gb., 1 Gb. de RAM y un flamante Ubuntu 8.10 Intrepid Ibex, sistema operativo que hasta la fecha no había tenido ocasión de probar. Aunque distribuido bajo la marca Xtrem, en realidad se trata de un clon del MSI Wind, uno de los modelos de ultraportátil que ha tenido más éxito y que ha sido mejor valorado en las comparativas.

A pesar de algunos problemillas de hardware (no he conseguido los drivers para la conexión WiFi y la webcam integradas, aunque estoy seguro de que la comunidad de Ubuntu acudirá rápidamente al rescate), la verdad es que el equipo es sencillísimo de manejar. Una vez conectado a las inalámbricas de casa y de la oficina con un pincho USB, he comenzado a realizar las tareas para las que se supone que estos equipos están diseñados: navegar por Internet con Firefox, leer el correo electrónico con Thunderbird, escribir textos con el Writer de OpenOffice, editar alguna imagen con GIMP y, por supuesto, publicar en el blog gracias a esa estupenda extensión que es ScribeFire, vieja conocida de esta bitácora.

Con un chisme como éste en la maleta, ya tengo resuelta para siempre la logística bloguera durante mis viajes por todo lo largo y ancho de este mundo. Y no sólo eso: a tenor de las pruebas que he podido realizar, queda claro que la de los ultraportátiles es una solución muy prometedora en el ámbito educativo: baratos, razonablemente potentes, fáciles de utilizar, con el software necesario para las tareas habituales (y más que habituales; hay que ver cómo se porta el gestor de paquetes de Ubuntu, Synaptic, a la hora de descargar e instalar todo lo habido y por haber) y con la conectividad asegurada por Wifi, una docena de ultraportátiles con Linux salen por una fracción de lo que costaría el mismo número de PCs con Windows. Es cierto que no todo es jauja -por ejemplo, la batería aguanta menos de lo que debiera y no siempre es fácil trabajar con un área de visualización tan limitada- pero tampoco hay que pedir peras al olmo.

Por cierto, las fotografías que ilustran esta entrada son obra de la cámara digital que acabo de regalarme a mí mismo por Navidad, una Canon EOS 50D con objetivo EF-S 18-200, que sustituye a mi antigua cámara, ya muy baqueteada por el uso y por un par de accidentes. Todavía no he acabado de cogerle el tranquillo, pero todo se andará. La edición de las imágenes para adecuarlas a un tamaño manejable la he realizado, con GIMP, en el ultraportátil, al igual que la redacción y publicación del artículo, mediante la ya citada extensión ScribeFire y la función de subida de imágenes de WordPress.