Gracias a las intervenciones de José Luis Cabello y Celestino Arteta en Twitter (comienzo a despegarme de mi escepticismo inicial con respecto a este servicio, a través del cual descubro cada día cosas más interesantes, como la deliciosa discografía de Leonor Quintana en Blip.fm), me acabo de enterar del proyecto del Gobierno de España para dotar a todos los niños de Primaria de ordenadores portátiles.

Dejando a un lado la cuestión sobre la idoneidad de la medida –estoy convencido de que el sistema educativo, sus profesionales y sus usuarios tienen necesidades mucho más urgentes que ésta–, se me ocurren algunos aspectos que habría que considerar a fondo para que el proyecto fuera eficaz y no se convirtiera en un gigantesco dolor de cabeza para quienes van a tener que gestionarlo (un modesto servidor, entre ellos) o experimentarlo en carne propia.

No pretendo agotar el tema con los puntos que señalo a continuación, ni tampoco el orden en que figuran da cuenta de su importancia relativa, pero si no están todos los que son, al menos sí son todos los que están:

  1. ¿A qué intereses sirve esta iniciativa y qué organizaciones se hallan tras ella? Esperemos que su diseño, puesta en marcha y liderazgo sean protagonizados por instancias educativas y no por otras que sirven a propósitos más bien relacionados con el ámbito industrial o empresarial (en años pasados hemos tenido abundantes experiencias, y no siempre positivas, al respecto). Si la iniciativa tiene como prioridad la estimulación del mercado de informática de consumo mediante una especie de “plan renove” masivo, aviados estamos.
  2. ¿Qué modelo pedagógico subyace a la medida? ¿Se limitan sus perspectivas y planteamientos a la digitalización de los libros de texto para incluirlos en algún tipo de aplicación “curricular” o en portales cerrados, como ya existen por ahí (algo de esto se teme Celestino), o se apostará por un modelo abierto, que deberá ser precisado y puesto en práctica por los agentes implicados en su aplicación (básicamente, centros y profesores)? Se ha dicho muchas veces, y por voces mucho más solventes que la mía, pero hay que insistir en la idea de que añadir centenares de miles de portátiles al sistema educativo sin una modificación de los usos pedagógicos no sólo no tiene por qué mejorar la calidad del sistema educativo, sino que incluso puede empeorarla.
  3. ¿Se han previsto las implicaciones que semejante medida tiene sobre los docentes? El uso generalizado de portátiles por parte de los alumnos exige a las administraciones educativas una acción de formación monumental, que debiera contemplar varios ámbitos diferentes:
    • La modificación de los hábitos pedagógicos. Habrá que formar a los docentes para que sean conscientes de que el uso de portátiles por parte de los alumnos no sólo representa una evolución del cuaderno escolar a nuevos formatos, sino un salto de enormes proporciones que implica otros escenarios pedagógicos: currículo más abierto, impulso al trabajo cooperativo, acción educativa en red, formación y participación de alumnos y familias más allá del ámbito escolar, etc.
    • La intensificación de la competencia digital de los docentes. El dominio de las herramientas ofimáticas, las técnicas de búsqueda, recuperación e integración de información en Internet, los servicios y aplicaciones online más habituales, y el trabajo en red se convertirían en exigencias ineludibles para el profesorado.
    • El conocimiento del hardware de los equipos y de su conexión a red y a Internet por parte de los profesores. No quiero decir que todos los docentes debieran ser expertos en este ámbito, pero es evidente que si no hay profesores (o quizás no profesores) en los colegios que sepan resolver los problemas inmediatos que con toda seguridad plantearán los equipos y su conexión, la iniciativa fracasará.
  4. ¿Se han previsto las implicaciones que semejante medida tiene sobre los centros educativos? Cualquiera que sepa cómo funciona un colegio de Primaria (o un instituto de Secundaria, para el caso es lo mismo) podrá darse cuenta de que la mayoría no están preparados para la gestión, organización y puesta en práctica de esta iniciativa, y que se requieren muchas y muy profundas transformaciones:
    • Se precisan docentes con un claro perfil de experto en TIC, que puedan liderar la organización y puesta en práctica del proyecto, que tengan capacidad para atender las incidencias de primer nivel, que posean amplios conocimientos sobre las posibilidades didácticas y los cambios metodológicos que deben derivarse del uso de las TIC, etc. Esos docentes deben tener por parte de las administraciones educativas una consideración (horaria, económica, de reconocimiento profesional) acorde con la importancia de la iniciativa.
    • En centros grandes –pensemos que hay colegios donde podrían incorporarle a las aulas cientos de equipos– harían falta imperiosamente administradores de sistemas, no necesariamente docentes, con amplios conocimientos de administración y mantenimiento de redes y dominios, gestión de servidores, seguridad, mantenimiento de hardware, etc.
    • Sería necesario un esfuerzo gigantesco de aumento de la conectividad, pues es impensable que los equipos funcionen sin conexión a red e Internet. Cualquiera de las posibles soluciones para tender redes de área local que se contemplen –cobertura integral de los centros educativos por cable, WiFi o mediante soluciones mixtas– supone una inversión multimillonaria. Conviene tener en cuenta, a este respecto, que la instalación de WiFi en centros escolares está siendo objeto de una contestación pública cada vez mayor, por la posible repercusión negativa de este tipo de soluciones en la salud (que conste que yo soy plenamente partidario de la alternativa WiFi, incluso aunque presente cierto nivel de riesgo hipotético; al fin y al cabo, toda acción en la vida se adopta con una valoración implícita de la ecuación entre riesgos y ventajas). Ahora bien, si se rechaza la WiFi, ¿qué alternativas hay, y con qué coste? ¿Instalar quince o veinte tomas en cada aula y mecanizar todos los puestos de trabajo para que la toma esté integrada en la mesa del alumno?
    • Incluso aunque se garantice que todos los espacios de uso didáctico de un centro están en red, queda por resolver la conexión de los centros educativos a Internet. Ahora mismo, muchísimos colegios e institutos en España, especialmente en zonas rurales y en zonas urbanas deprimidas o de escaso desarrollo, no cuentan con el ancho de banda necesario para atender al aumento exponencial de la demanda que implicaría la iniciativa y, lo que es peor, tampoco los proveedores actuales de Internet pueden (o quieren) ofrecer ese incremento. La solución de futuro necesaria para resolver este problema, que no sólo es técnico, sino de justicia social –el tendido generalizado de redes de fibra óptica–, implica un cambio sustancial del modelo de negocio generalizado en nuestro país, porque obligaría al Estado y a las administraciones educativas a intervenir directamente en el mercado de las telecomunicaciones, dado que es necesario actuar en zonas donde tal intervención no resulta rentable para la iniciativa privada.
    • El reto que plantea la conexión eléctrica de tantos equipos no es fácil de resolver, pues hoy por hoy no existen soluciones tecnológicas que garanticen un funcionamiento ininterrumpido de las baterías de los portátiles a lo largo de toda la jornada escolar. La otra solución –el tendido eléctrico permanente en los puestos escolares– es carísima y a mi modo de ver poco recomendable, por sus repercusiones en el consumo eléctrico de los centros educativos.
    • Quizás sea necesario plantearse modificaciones sustanciales en la planta y organización de los centros. Aspectos como la distribución, forma y sistemas de ocupación y gestión de las aulas, el mobiliario, los equipamientos generales (¿por qué no las taquillas, para que cada chico o chica guarde su portátil cuando no lo usa?) deberán considerarse a fondo.
  5. ¿En qué tipo de ordenadores se está pensando? A mi modo de ver, la solución más conveniente a día de hoy (vaya usted a saber qué nos deparará el futuro próximo) es el ultraportátil o netbook, dispositivos rigurosamente portátiles y no simplemente trasladables, cuyos más recientes modelos ofrecen prestaciones más que suficientes para el trabajo escolar, a cambio de un precio muy competitivo. Optar por otro tipo de equipamiento más sofisticado –portátiles convencionales, TabletPCs, etc.– es, a mi modo de ver, una forma sofisticada de tirar el dinero.
  6. ¿Con qué sistema operativo funcionarán? De nuevo considero que optar por sistemas propietarios (que seguro interesan muchísimo a algunas de las empresas participantes en las conversaciones previas) constituye un dispendio, aunque soy consciente de que la opción por software libre (cualquiera de las distribuciones más amigables de Linux, como Ubuntu o Mandriva) supone un cambio copernicano para los hábitos de muchos usuarios y las tradiciones organizativas de la mayoría de administraciones educativas.
  7. ¿Qué clase de responsabilidad sobre el uso de este equipamiento corresponderá a sus usuarios finales? Si el portátil se convierte en una herramienta de uso cotidiano, algo así como en la versión moderna del cuaderno escolar, parece aconsejable que los alumnos se los lleven a sus casas para trabajar con ellos, lo cual presenta diversas implicaciones en el ámbito legal, de seguridad, de gestión de las configuraciones de los equipos, etc. Por otro lado, y dado que los niños a los que van destinadas estas máquinas son irresponsables legales, resulta inevitable la intervención activa de las familias en la gestión de los equipos, a través de fórmulas que habrán de estudiarse cuidadosamente.
  8. ¿Qué tipo de colosal pliego de condiciones ha de regular esta iniciativa? No me gustaría estar en el pellejo de quien tenga que redactarlo, asesorarlo o verificar su aplicación. En todo caso, tengo claro que para que el proyecto funcione ha de gastarse mucho menos dinero del previsto en máquinas y un porcentaje mucho más elevado en actuaciones que garanticen su correcto funcionamiento: además de la formación del profesorado y la mejora de las redes y la conectividad de los centros, habrá que dedicar recursos suficientes al mantenimiento preventivo, la atención de incidencias, las reparaciones, la reposición de equipos perdidos, dañados o sustraídos (este último, un cáncer cada vez más extendido y frecuente), etc. Por otro lado, habrán de realizarse previsiones sobre las consecuencias que la iniciativa tiene de cara al futuro, pues representa una enorme hipoteca para los presupuestos educativos, que habrán de prever la renovación o sustitución de los equipamientos cuando finalice su vida útil (por no hablar de que los alumnos de Secundaria y Formación Profesional también tienen derecho a participar de las ventajas del proyecto; por cierto, ¿alguien se ha planteado por qué la etapa educativa escogida es la que es?).
  9. ¿Se han tenido en cuenta cuestiones como la conveniencia de que la iniciativa asegure el retorno de inversiones, a través del desarrollo de la industria nacional, y el impulso a empresas y modelos de negocio que puedan beneficiarse de ella? No hay ninguna duda de que las inversiones que se vayan a acometer podrían tener un impacto muy positivo en el empleo y en la generación de conocimiento si no se limitan a la pura y simple adquisición de equipos y promueven, en cambio, la actividad de empresas de integración de sistemas operativos, de soporte y atención al cliente, de desarrollo de software educativo y soluciones de gestión, etc.
  10. Finalmente, ¿se ha previsto algún tipo de mecanismo de seguimiento, supervisión y evaluación de la iniciativa? Habida cuenta de los presupuestos astronómicos que implica, no estaría de más ir pensando en mecanismos de supervisión de su rentabilidad pedagógica, social y económica.

Addenda de las 22,50 horas

Escrito este artículo, he comprobado que hay otro anterior que analiza la noticia, también mediante el mecanismo retórico de una lista de preguntas que en parte coincide (y no podía ser de otro modo) con las que yo he planteado aquí. Se trata de Un ordenador para cada niño/a de primaria, de Javier García Calleja, del cual se hace eco Josu Garro en Un ordenador a cada niña y niño de primaria. Vaya desde aquí mi reconocimiento al compañero leonés, de quien tanto he aprendido (y lo próximo es probar sus instrucciones para instalar Ubuntu 9.04 en un ultraportátil por medio de un pincho USB). Te aseguro, Javier, que no había leído tu entrada, aunque no me cabe duda de que sus efluvios blogosféricos me han inspirado a la hora de redactar la mía.

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