Hoy me han contado una anécdota estupenda: un profesor universitario, conocido por su rigor y severidad (un “hueso”, vamos), se entrevista con un alumno, que reclama la calificación de un examen (suponemos que negativa, o al menos inferior a la que éste consideraba justa). El alumno no se da por satisfecho con las explicaciones del profesor y en determinado momento señala: “pero es que usted no sabe quién soy yo”.
El profesor, herido en lo más hondo, comienza a subirse por las paredes ante lo que considera un intolerable intento de intimidación y una falta de respeto. Otro colega universitario escucha el escándalo que comienza a montarse e interviene. Al final, después de mucho templar gaitas y pedir serenidad a unos y otros, se consigue averiguar la verdad: el profesor había confundido el ejercicio del reclamante con el de otra persona; el alumno, al darse cuenta del error, se lo había advertido con la mejor de las intenciones, pero el docente malinterpretó la observación, con los resultados ya sabidos.
La anécdota (no sé si es real o apócrifa, pero como dirían los italianos, se non è vera, è ben trovata) sirve para ilustrar la importancia de los elementos extralingüísticos –en este caso, la identidad del reclamante y la del autor del ejercicio que estaba revisando el profesor- en el proceso de comunicación, y también para suscitar una reflexión sobre cómo determinados mensajes –en el suceso que nos ocupa, una observación inocente que coincide palabra por palabra con una frase hecha que habitualmente se interpreta como signo de arrogancia y prepotencia- pueden adquirir significados singulares en función de circunstancias no fáciles de objetivar: no sólo el tono, la intención y la actitud de los hablantes (gestos, posturas, entonación, prosodia), sino también otros factores todavía más sutiles, como las presuposiciones, inferencias y grado de conocimiento del mundo que emisores y receptores tienen en mente en el momento de emitir sus mensajes.
Me parece un buen ejemplo para usarlo en clase, así que quien lo necesite lo tiene a su entera disposición, sin necesidad de citar la fuente. Y si algún colega desea complementarlo con una anécdota parecida que sea publicable –algunas no lo son- ya sabe que será bienvenido el correspondiente comentario.
Etiquetas: anecdotario docente, comunicación, proceso de comunicación
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Existe un vídeo con contenido similiar: Usted no sabe quién soy. La competencia pragmática ha sido la cenicienta en muchos institutos, pues los profes entendían que lo importante era la corrección gramatical y la competencia lingüística. En mi centro, la pragmática (aplicada a textos de uso común) es una de las prioridades; sin embargo, eso implica renunciar a exámenes tipo test o a ejercicios de rellenar huecos, algo bastante cómodo cuando uno está acostumbrado a ello.
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Muy buena anécdota, y muy interesante explicación. Estaría bien contar con un “banco de microtextos” para ejemplificar cuestiones lingüísticas y/o literarias. Gracias por esta anécdota. ¡Y por toda tu labor compartida en internet!
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Pues estaría bien comenzar un “wiki-proyecto” bajo tu dirección. Para ver los elementos de la comunicación y los malentendidos que provoca una incorretca interpretación de la comunicación no verbal, a veces he utilizado la disputa entre el griego y el romano, del Librio del Buen Amor.
Pero, claro, habría que elaborar un breve comentario.
Seguiremos en contacto. -
*Librio no, Libro.
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La anécdota es muy buena, e ilustra muy bien el hecho de que la dichosa frase ya sea muy difícil entenderla con otro significado diferente al que nos han acostumbrado tantos prepotentes.
De todos modos, para no meterme en líos, yo no la usaría si alguien me confunde con otro…Saludos





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