Tras la segunda sesión, y en el ecuador del curso que estoy impartiendo en el C.P.R. de Logroño (comenzó el 1 de marzo y durará hasta el día 29) me ha parecido oportuno dejar caer aquí unas cuantas reflexiones, un tanto deshilvanadas, que quiero poner por escrito, entre otras cosas para guiarme a mí mismo en las procelosas aguas de la formación en TIC.

La primera se relaciona con Moodle, la plataforma sobre la que se desarrolla la formación. A pesar de que el curso es presencial, los asesores del CPR y yo convinimos en montar sobre Moodle el curso de Pizarra digital: creación de materiales para Lengua y Literatura (se puede acceder como invitado con una contraseña; si alguien está interesado, que me la pida) con el fin de acostumbrar a los alumnos a su uso y aprovechar las indudables ventajas que tiene este CMS: disponibilidad universal de los materiales y los recursos, posibilidad de completar las sesiones presenciales con actividades complementarias, capacidad de reutilizar los contenidos, etc. No obstante, no todo en Moodle es un lecho de rosas, pues exige de sus usuarios una cierta experiencia en el manejo del navegador y en los hábitos de navegación. Lo que yo daba por supuesto con respecto al movimiento de los alumnos por entre los elementos que forman el curso no siempre se ha cumplido.

La segunda me parece de más enjundia, y tiene que ver con el auténtico caballo de batalla de cualquier aprendizaje de las herramientas y recursos que se relacionan con la integración curricular de las TIC. A lo largo de la segunda sesión del curso, hemos utilizado la herramienta PHP Webquest, instalada en mi portátil, para crear webquests. Aunque un tanto limitada por sus plantillas y opciones, ésta es una aplicación muy útil, porque elimina de la creación de webquests su aspecto más penoso, que es la edición del código HTML. Ahora bien, lo que no suple es la cantidad de horas, de trabajo de organización y elaboración de contenidos, que una buena webquest o caza del tesoro exige. Y esto no tiene vuelta de hoja: ninguna herramienta TIC, por muy potente y fácil de utilizar que sea, suprime la necesidad de que el profesor o la profesora se peleen, a cara de perro, con las tareas habituales en el diseño y puesta en práctica de las actividades didácticas, cualesquiera que sean éstas y los medios con que se realizan. Como en el famoso capítulo de la serie Fama, todos los que realizamos formación en TIC siempre deberíamos iniciar nuestros cursos con la advertencia a nuestros alumnos y alumnas de que van a tener que sudar a base de bien.

La tercera tiene que ver con uno de mis temas favoritos en TIC, el uso de los blogs en entornos educativos, sobre el que van a tratar las dos próximas sesiones del curso, los días 15 y 22 de marzo. Todavía estoy redactando los materiales de apoyo a estas dos próximas sesiones, porque la documentación y los recursos sobre blogs comienzan a alcanzar proporciones oceánicos. En todo caso, ya he puesto en pie un blog multiusuario, Materiales para Lengua y Literatura, donde documentaré diversas actividades y los alumnos del curso harán pruebas y más pruebas. De forma deliberada, no he gastado demasiadas energías en darle al blog un toque original o visualmente atractivo, porque está destinado a convertirse en una auténtica pista americana del entrenamiento en la elaboración de blogs. Por cierto, si mis compañeros blogueros de Lengua tienen a bien recomendarme alguna bitácora personal o de aula que se me haya olvidado, se lo agradeceré infinitamente, con la correspondiente publicación en el blogroll de este curso.

En La Bitácora del Tigre analicé hace algunas semanas las posibilidades de una de las muchas funciones de WordPress: la de la publicación diferida de una o varias entradas. Pues bien, trasteando con el blog del curso de Logroño, he encontrado una nueva utilidad para esta práctica (supongo que el truco ya lo habrán descubierto antes otros colegas, pero lo cuento por si acaso): componer varias actividades, tenerlas listas para una sesión de formación, y publicarlas a medida que las anteriores se vayan completando (se podría automatizar totalmente el proceso, pero no parece necesario, ni siquiera conveniente, hacerlo). De esta forma, los alumnos que asisten al curso no se desconciertan con el sistema de publicación de un blog, que por defecto muestra en primer lugar los textos más recientes.

La cuarta de mis reflexiones seguro que no sonará desconocida a los sufridos protagonistas de la formación en TIC: cuando uno acude a un escenario de formación que no controla por sí mismo, los problemas que puede tener que afrontar son imprevisibles. Más aún si, como es el caso de este curso, había de utilizar aplicaciones variadas, que exigían la consulta del correo web de los usuarios, la utilización de determinadas funciones sólo posibles en ciertos navegadores, la conexión a sistemas de publicación de contenidos en la red de área local, etc. Únasele a todo ello el manejo de un Tablet PC en el que todavía un servidor no andaba del todo ducho (quién iba a decirme a mí que al conectarlo a un cañón de proyección cambiaría automáticamente la resolución de la pantalla del Tablet, haciendo inaccesibles algunas funciones del sistema operativo), y es fácil hacerse una idea de los sofocones que me he pegado…

En fin, gajes del oficio.