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	<title>novela española - La Bitácora del Tigre</title>
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	<description>Blog de Eduardo Larequi García: cine, libros, blogs y WordPress, temas educativos, lengua y literatura</description>
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		<title>De novelas policíacas y detectivescas, 1</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 30 Nov 2010 19:28:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[El interior del bosque]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de las novelas <em>El interior del bosque</em>, de Eugenio Fuentes, y <em>Violetas de marzo</em>, <em>Pálido criminal</em>, <em>Réquiem alemán</em> y <em>Unos por otros</em>, de Philip Kerr.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/11/30/de-novelas-policiacas-y-detectivescas-1/">De novelas policíacas y detectivescas, 1</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hace ya muchas semanas (exactamente desde el 30 de agosto, fecha de publicación de la <a title="Muerte de la luz" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/08/30/muerte-de-la-luz/">reseña de <em>Muerte de la luz</em>, de George R.R. Martin</a>) que no escribo prácticamente nada sobre <a title="Categoría de 'Libros' en La Bitácora del Tigre" href="https://www.labitacoradeltigre.com/categoria/libros/">libros y literatura</a>, y por tanto la presente entrada tiene algo de reivindicación de lo que fue el tono característico de este blog durante sus dos o tres primeros años de existencia. Al mismo tiempo, este artículo constituye una buena oportunidad para afilar la pluma con destino a empresas de más fuste: la primera en culminar probablemente sea la reseña de <a title="El sueño del celta en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_sue%C3%B1o_del_celta"><em>El sueño del celta</em></a>, de <a title="Mario Vargas Llosa en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mario_Vargas_Llosa">Mario Vargas Llosa</a>, labor a la que pienso entregarme en cuanto termine la novela del escritor peruano, siempre que no se me cruce por medio el <em><a title="Picnic en Hanging Rock en la Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Picnic_at_Hanging_Rock_(novel)">Picnic en Hanging Rock</a></em>, de <a title="Joan Lindsay en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Joan_Lindsay">Joan Lindsay</a>, que compré el domingo y comencé leer con fruición, hasta el punto de que está amenazando con dar al traste con mi siempre precaria programación de actividades reseñistas.</p>
<p>La segunda tarea que me he propuesto es la revivificación de las <a title="Reseñas de Lengua en Secundaria" href="http://www.lenguaensecundaria.com/resenas/index.shtml">antiguas reseñas de <em>Lengua en Secundaria</em></a>, casi la mitad de ellas ya recuperadas gracias a la técnica que expliqué en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/11/03/para-convertir-un-sitio-web-estatico-en-un-blog/">Para convertir un sitio web estático en un blog</a> y de cuya aplicación traté en <a title="Nueva vida para las reseñas de Lengua en Secundaria" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/11/29/nueva-vida-para-las-resenas-de-lengua-en-secundaria/">Nueva vida para las reseñas de Lengua en Secundaria</a>. La tercera, por último, es una revisión del proyecto de <a title="Entradas de La Bitácora del Tigre correspondientes a la etiqueta 'Antología digital'" href="https://www.labitacoradeltigre.com/etiqueta/antologia-digital/">antología literaria digital basada en taxonomías y tipos de contenido personalizados</a>, en torno al cual he estado haciendo diversos experimentos en los últimos meses (véanse los artículos titulados <a title="Más sobre taxonomías y tipos de contenido personalizados: artículos, tutoriales, presentaciones" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/10/28/mas-sobre-taxonomias-y-tipos-de-contenido-personalizados-articulos-tutoriales-presentaciones/">Más sobre taxonomías y tipos de contenido personalizados: artículos, tutoriales, presentaciones</a>, <a title="Más sobre taxonomías y tipos de contenido personalizados: plugins para taxonomías" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/11/02/mas-sobre-taxonomias-y-tipos-de-contenido-personalizados-plugins-para-taxonomias/">Más sobre taxonomías y tipos de contenido personalizados: plugins para taxonomías</a> y <a title="Más sobre taxonomías y tipos de contenido personalizados: plugins para los tipos de contenido" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/11/11/mas-sobre-taxonomias-y-tipos-de-contenido-personalizados-plugins-para-los-tipos-de-contenido/">Más sobre taxonomías y tipos de contenido personalizados: plugins para los tipos de contenido</a>), pero que a día de hoy se encuentra a la espera de ciertas decisiones que todavía no he tomado, entre otras razones porque dependen de lo que haga <a title="WordPress" href="http://wordpress.org">WordPress</a> con la publicación definitiva de la versión 3.1 de dicha aplicación, <a title="WordPress 3.1 Beta 1" href="http://wordpress.org/news/2010/11/wordpress-3-1-beta-1/">por el momento en fase beta</a>.</p>
<p><span id="more-1421"></span></p>
<figure id="attachment_4327" aria-describedby="caption-attachment-4327" style="width: 153px" class="wp-caption alignright"><img decoding="async" class="wp-image-4327" title="El interior del bosque, de Eugenio Fuentes" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/11/el-interior-del-bosque-150x150.jpg" alt="El interior del bosque, de Eugenio Fuentes" width="153" height="230" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/11/el-interior-del-bosque-332x500.jpg 332w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/11/el-interior-del-bosque-768x1155.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/11/el-interior-del-bosque-532x800.jpg 532w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/11/el-interior-del-bosque.jpg 1200w" sizes="(max-width: 153px) 100vw, 153px" /><figcaption id="caption-attachment-4327" class="wp-caption-text"><em>El interior del bosque</em>, de Eugenio Fuentes</figcaption></figure>
<p>Pero vamos a lo que importa, que son los libros y sus autores. Comienzo esta reseña múltiple –o esta miniserie de reseñas múltiples- con la última de las novelas policiales, policíacas o criminales (nunca estoy muy seguro de qué adjetivo le cuadra mejor al género) que he leído. Me refiero a <em>El interior del bosque</em>, del novelista cacereño <a title="Eugenio Fuentes en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Eugenio_Fuentes">Eugenio Fuentes</a>. Aunque el libro se publicó en 1999, no he sabido de su existencia hasta hace poco, con motivo de la reedición por parte de la colección “Andanzas”, de <a title="Tusquets Editores" href="http://www.tusquetseditores.com/">Tusquets Editores</a>. Es una lástima no haberlo leído antes y no haber prestado la debida atención a su autor, porque se trata de una novela muy atractiva, sobre todo por una combinación de trama detectivesca y fondo de drama rural (asesinatos que tienen como escenario un parque natural fecundo en caza y espesos bosques, una anciana propietaria embarcada en una lucha desesperada contra el Estado por la posesión de tierras ancestrales, un denso entretejido de odios y pasiones que tienen mucho de enfermizo y cainita) que no abunda en las <a title="Entradas de La Bitácora del Tigre correspondientes a la etiqueta 'novela policíaca'" href="https://www.labitacoradeltigre.com/etiqueta/novela-policiaca/">novelas policíacas que he tenido oportunidad de leer en los últimos años</a>.</p>
<p>Tampoco es habitual en las novelas policíacas el lirismo y la emoción poética que penetran algunos de los mejores pasajes del relato (a mi modo de ver, los más logrados tienen casi siempre algo que ver con la descripción de la naturaleza en los escenarios ficcionalizados de los montes extremeños, con una amorosa atención al detalle que ha traído a mi memoria <em><a href="http://www.juntadeandalucia.es/averroes/~11700421/expo/lobon.htm">El mundo de Juan Lobón</a></em>, una novela que leí hace más de veinte años y de la que guardo un gratísimo recuerdo), ni el hecho de que la primera víctima que motiva las pesquisas del investigador privado Ricardo Cupido, la pintora madrileña Gloria García Carvajal, de belleza y personalidad arrolladoras, se erija en figura dominante del relato, hasta el punto de obsesionar a todos los personajes que han mantenido algún tipo de relación personal con ella, incluido el detective que investiga su asesinato.</p>
<p>Quizás le falte a <em>El interior del bosque</em> algo del ritmo acelerado y de las argucias detectivescas que tanto gustan a los aficionados al género –Cupido, a pesar de algunos episodios poco edificantes de su juventud que dieron con sus huesos en prisión, se comporta siempre de forma irreprochable; desde luego, nada tiene que ver con el protagonista de las cuatro novelas que voy a comentar a continuación-, pero no hay duda de que la obra de Eugenio Fuentes compensa esa posible decepción con méritos literarios más que sobrados: un estilo depurado, por momentos finísimo (aunque alguna vez se le escape al autor algún exceso retórico), una espléndida galería de personajes –sobre todos ellos destaca el de doña Victoria, una mujer de otro tiempo, y me atrevería a decir que un personaje de novelas de otra época-, acertadísimos retratos sicológicos, en ocasiones muy brillantes por su precisión y brevedad, y un desenlace de la investigación a la que ningún aficionado a las novelas policiales, por muy purista que sea, podrá poner el más mínimo reparo.</p>
<figure id="attachment_2412" aria-describedby="caption-attachment-2412" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img decoding="async" class="wp-image-2412 size-full" title="Violetas de marzo, de Philip Kerr" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/11/violetas_marzo.jpg" alt="Violetas de marzo, de Philip Kerr" width="150" height="227" /><figcaption id="caption-attachment-2412" class="wp-caption-text"><em>Violetas de marzo</em>, de Philip Kerr</figcaption></figure>
<p>De argucias y trapacerías detectivescas, de episodios novelescos en todos los sentidos del término (con cierta frecuencia incluso demasiado novelescos, hasta el punto de rozar la inverosimilitud) y de personajes a cuya moral se podrían poner infinitos reparos están repletas, en cambio, las novelas <em><a title="Violetas de marzo en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Violetas_de_Marzo">Violetas de marzo</a></em> (1989), <em><a title="Pálido criminal en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/P%C3%A1lido_Criminal">Pálido criminal</a></em> (1990), <em><a title="Réquiem alemán en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/R%C3%A9quiem_Alem%C3%A1n">Réquiem alemán</a></em> (1991) y <em><a title="Unos por otros en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Unos_por_otros">Unos por otros</a></em> (2006), todas ellas escritas por el novelista escocés <a title="Philip Kerr en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Philip_Kerr">Philip Kerr</a>. Estos cuatro libros, junto a <em><a title="Una llama misteriosa en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Una_llama_misteriosa">Una llama misteriosa</a></em> (2008) y <em><a title="Si los muertos no resucitan en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Si_los_muertos_no_resucitan">Si los muertos no resucitan</a></em> (2009), forman una serie narrativa cuyo principal nexo común es su protagonista, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Bernhard_%22Bernie%22_Gunther">Bernard “Bernie” Gunther</a>, exagente (no me acostumbro a escribir esta palabra <a title="Limpia, fija... y jubila letras y acentos" href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/Limpia/fija/jubila/letras/acentos/elpepicul/20101106elpepicul_1/Tes">tal como recomienda la RAE en su última reforma ortográfica</a>) de la <a title="Kriminalpolizei en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Kripo">Kripo</a> y detective privado que ejerce su trabajo durante un largo período de tiempo que comprende desde los preparativos de los <a title="Juegos Olímpicos de Berlín 1936 en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Juegos_Ol%C3%ADmpicos_de_Berl%C3%ADn_1936">Juegos Olímpicos de Berlín del año 1936</a>, escenario de <em>Violetas de marzo</em>, hasta la Cuba de <a title="Fulgencio Batista en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fulgencio_Batista">Batista</a>, en 1954, donde transcurre <em>Si los muertos no resucitan</em>.</p>
<p>Mi primer contacto con “Berlin Noir” (este es el título que recibieron las tres primeras novelas de la serie, aunque editoriales, articulistas y los propios aficionados al género suelen aplicarlo a toda ella) se produjo en <em>Unos por otros</em>. Tal vez por haber empezado por la cuarta novela en orden cronológico de publicación (una decisión que, a tenor de mi propia experiencia, no recomiendo a los interesados en las obras de Kerr), me quedé un tanto desconcertado por la arrogancia, la lengua afilada y sarcástica, la flagrante misoginia y la brutalidad de un detective muy <em>sui generis</em>, que seguramente tiene pocos paralelos con otros héroes de la novela policíaca de los últimos años, quizás demasiado afectada por los aires dominantes de la corrección política. Claro que Gunther tiene sobrados motivos para mostrar semejante comportamiento, porque en esta novela, precedida de un llamativo episodio-prólogo que transcurre en territorio palestino, durante la época del <a title="Mandato Británico de Palestina en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mandato_Brit%C3%A1nico_de_Palestina">mandato británico</a>, el detective se ve obligado a desempeñar su oficio en el durísimo escenario del Múnich de la posguerra, cuatro años tras el final de la contienda mundial, todavía con las cicatrices frescas de los bombardeos y la ocupación de las potencias extranjeras.</p>
<figure id="attachment_2410" aria-describedby="caption-attachment-2410" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img decoding="async" class="wp-image-2410 size-full" title="Pálido criminal, de Philip Kerr" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/11/palido_criminal.jpg" alt="Pálido criminal, de Philip Kerr" width="150" height="225" /><figcaption id="caption-attachment-2410" class="wp-caption-text"><em>Pálido criminal</em>, de Philip Kerr</figcaption></figure>
<p>En un argumento que recuerda bastante al de la película <em><a title="Odessa (película) en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Odessa_(pel%C3%ADcula)">Odessa</a></em> (por cierto, la volví a ver, de forma un tanto casual, a la vez que leía la novela, y lo cierto es que la coincidencia causa efectos perturbadores sobre la recepción del libro), Gunther se ve enredado en las insidiosas maniobras de los antiguos jerarcas nacionalsocialistas y oficiales de las <a title="Schutzstaffel en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Schutzstaffel">SS</a> empeñados en burlar los procedimientos de <a title="Desnazificación en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Desnazificaci%C3%B3n">desnazificación</a> o emigrar al extranjero, gracias a la ayuda de <a title="ODESSA en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/ODESSA">la famosa red de ayuda mutua nazi</a> y a la la complicidad nada casual de agentes de la CIA y determinados sectores de la Iglesia católica. Para complicar el panorama y hacerle la vida todavía más imposible al bueno de Gunther, por entre las páginas del libro aparecen también los vengativos comandos judíos <a title="Nakam en la Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Nakam">Nakam</a>, empeñados en ejecutar a cuanto alemán, más o menos connotado como gerifalte nazi, se les pone a tiro.</p>
<p>Con el desarrollo de la serie (las otras tres novelas las leí en el orden correcto, en unas pocas semanas animadas por un auténtico frenesí de entusiasmo lector), la extrañeza inicial por la personalidad y los métodos del protagonista se atemperan. Se comienza a sentir por Gunther una mezcla de admiración, asombro y hasta inconfesable envidia al comprobar cómo es capaz de sobrevivir, no del todo incólume, a toda clase de asechanzas, conspiraciones, amenazas y peligros. Y conviene precisar que este listado de términos no es en absoluto una acumulación retórica, porque el protagonista de la serie “Berlin Noir” tiene que ejercer su profesión en medio de una fauna de auténticos monstruos como la que puebla las novelas, pues en ellas intervienen, como personajes secundarios pero de cierta importancia, tipos tan tristemente famosos como <a title="Adolf Eichmann en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Adolf_Eichmann">Adolf Eichmann</a>, <a title="Hermann Wilhelm Göring en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Hermann_Wilhelm_G%C3%B6ring">Hermann Göring</a>, <a title="Heinrich Himmler en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Heinrich_Himmler">Heinrich Himmler</a>, <a title="Reinhard Heydrich en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Reinhard_Heydrich">Reinhard Heydrich</a>, el misterioso <a title="Heinrich Müller en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Heinrich_M%C3%BCller">Heinrich Müller</a>, <a title="Arthur Nebe en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Arthur_Nebe">Arthur Nebe</a>, que fue jefe y hasta cierto punto amigo personal de Gunther, el místico nazi <a title="Otto Rahn en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Otto_Rahn">Otto Rahn</a>, el corrupto <a title="Gauleiter en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gauleiter">gauleiter</a> <a title="Julius Streicher en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Julius_Streicher">Julius Streicher</a>, etc.</p>
<figure id="attachment_2411" aria-describedby="caption-attachment-2411" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2411 size-full" title="Réquiem alemán, de Philip Kerr" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/11/requiem_aleman.jpg" alt="Réquiem alemán, de Philip Kerr" width="150" height="229" /><figcaption id="caption-attachment-2411" class="wp-caption-text"><em>Réquiem alemán</em>, de Philip Kerr</figcaption></figure>
<p>Para los lectores más estrictos en el respeto a los códigos del género policíaca tal vez no sea fácil acostumbrarse a los lapsos temporales que hay entre las novelas de la serie, separadas por períodos bastante amplios cuyos efectos en la biografía de Gunther debe rastrearse a partir de informaciones fragmentarias. Tal vez protesten también en su fuero interno ante ciertas inverosimilitudes, o cuando menos exageraciones, bastante notorias, como por ejemplo, el hecho de que Gunther siempre salga bien librado de los lances más extremos, o que los más importantes jerarcas nazis acudan a él (al fin y al cabo un mero detective privado, aunque con una distinguida ejecutoria en las fuerzas policiales y muy buenos contactos en los medios oficiales y en los variados submundos del hampa) para encargarle servicios particularmente delicados. Y quizás no puedan pasar por alto los excesos retóricos de Kerr, a quien le gusta poner en boca del detective (o en sus pensamientos) un encadenamiento de frases lapidarias y comparaciones hiperbólicas que en algún momento pueden llegar a resultar involuntariamente cómicas.</p>
<p>Es posible que a esos mismos lectores se les pueda atragantar el carácter atrabiliario del detective, su casi universal antipatía por todo el mundo -los rusos, los americanos, los ingleses, los alemanes, los judíos y sus escuadrones de la muerte, los franceses, las organizaciones secretas protectoras de los nazis, la Iglesia Católica, la República Federal Alemana, los capitalistas, los bolcheviques, los curas italianos, los homosexuales, los drogadictos, los borrachos, los agentes secretos y los espías- antipatía de la que sólo parecen librarse los antiguos camaradas de armas, incluso aunque no fueran de su propio ejército y, a veces, pero no siempre (dos de las novelas terminan con episodios de torturas y muertes de mujeres hermosas, tan brutales y crueles que uno se siente tentado a sospechar que hay una turbia inclinación sádica en Philip Kerr), las mujeres guapas a las que invariablemente conquista el detective con una desenvoltura que más parece cinematográfica que literaria.</p>
<figure id="attachment_2413" aria-describedby="caption-attachment-2413" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2413 size-full" title="Unos por otros, de Philip Kerr" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/11/unos_por_otros.jpg" alt="Unos por otros, de Philip Kerr" width="150" height="233" /><figcaption id="caption-attachment-2413" class="wp-caption-text"><em>Unos por otros</em>, de Philip Kerr</figcaption></figure>
<p>En todo caso, estoy seguro de que a la mayoría de los aficionados a la narrativa policial, y especialmente a quienes compartan esa afición con el interés por la historia de la <a title="Segunda Guerra Mundial en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Segunda_Guerra_Mundial">Segunda Guerra Mundial</a> y el período nazi, no les costará mucho obviar esas objeciones, porque en el alma del detective alienta un poderoso sentido de la justicia y la dignidad que resiste a todas las violencias, a todas las corrupciones (Gunther es cualquier cosa menos un ingenuo, y no ignora que la Alemania nazi es el estado corrupto y criminal por excelencia) y hasta a sus propias debilidades humanas. Tan poderoso es este aliento justiciero, o esa valoración de la necesidad de respetar el código ético del oficio, pues ambos valores se entremezclan hasta hacerse indistinguibles, que hasta individuos tan notoriamente perversos como Göring o Heydrich, que intentan utilizar al detective para sus propios y siniestros motivos, se ven obligados a reconocerlo y a darle a Gunther un insólito margen de autonomía. Y lo mismo debe hacer el lector, entre otras razones porque su honestidad tiene para el detective un precio altísimo: heridas, sufrimiento, la pérdida de los seres queridos y una soledad y amargura a las que sólo puede sobreponerse desde el compromiso con la estoica y paradójica ética de su profesión.</p>
<p>Mi intención al comenzar a redactar este artículo era la de incluir más autores y más libros, pero finalmente he decidido que la longitud del texto resultante podría ser excesiva para la paciencia de mis lectores. Así pues, en los próximos días (me gustaría que fuera antes del <a title="El puente foral" href="http://www.sanfermin.com/index.php/es/blogs/en-el-acto/el-puente-foral">puente foral</a>, pero creo que no voy a tener tiempo ni oportunidad) publicaré un nuevo artículo de esta serie, dedicado a cinco novelas policíacas y thrillers de varios escritores muy interesantes: <a title="Don Winslow en la Wikipedia" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Don_Winslow">Don Winslow</a>, <a title="Edward Bunker en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Edward_Bunker">Edward Bunker</a>, <a title="John Connolly en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/John_Connolly">John Connolly</a> (<a title="Entradas de La Bitácora del Tigre correspondientes a la etiqueta 'John Connolly'" href="https://www.labitacoradeltigre.com/etiqueta/john-connolly/">viejo conocido de este blog</a>) y <a title="Henning Mankell en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Henning_Mankell">Henning Mankell</a>.</p>
<p class="adicional">Eugenio Fuentes, <em>El interior del bosque</em>, Barcelona, Tusquets Editores (Col. “Andanzas”, 663), 2008, 331 páginas.<br />
Philip Kerr, <em>Violetas de marzo</em>, Barcelona, RBA Libros (Col. “Bolsillo”), 2007.<br />
Philip Kerr, <em>Pálido criminal</em>, Barcelona, RBA Libros (Col. “Bolsillo”), 2009.<br />
Philip Kerr, <em>Réquiem alemán</em>, Barcelona, RBA Libros (Col. “Bolsillo”), 2010.<br />
Philip Kerr, <em>Unos por otros</em>, Barcelona, RBA Libros (Col. “Bolsillo”), 2007.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/11/30/de-novelas-policiacas-y-detectivescas-1/">De novelas policíacas y detectivescas, 1</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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		<title>Momentos blam</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 30 Apr 2010 19:08:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Fernando Aramburu]]></category>
		<category><![CDATA[novela española]]></category>
		<category><![CDATA[novela española contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[Viaje con Clara por Alemania]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de la novela <em>Viaje con Clara por Alemania</em>, del escritor español Fernando Aramburu,</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Conviene afirmarlo con rotundidad desde el principio de la reseña: <em>Viaje con Clara por Alemania</em>, séptima novela del escritor donostiarra Fernando Aramburu, es una obra divertidísima, chispeante, ingeniosa, tronchante por momentos, que se disfruta en todas y cada una de sus páginas, y que contiene unos cuantos episodios antológicos, de esos que no deberían faltar en una recopilación de la mejor narrativa española contemporánea. Le corresponde además un mérito singular, pues se trata de una novela muy original, y ello a pesar de que ni por la perspectiva narrativa adoptada, ni por la estructura del relato, ni por las situaciones, los escenarios o los personajes pudiera parecerlo en un principio.</p>
<p>La originalidad de la novela brota de la actitud de un escritor que, con toda evidencia, ha sabido darse a sí mismo plena libertad para escribir como le ha venido en gana, sin encorsetamientos y sin rigideces, con una envidiable y sanísima falta de respeto a las convenciones literarias y sociales, desde una perspectiva risueña y desfachatada que constituye un síntoma elocuente del más auténtico humorismo. El viaje por Alemania que emprenden los dos protagonistas de la novela constituye un marco muy apropiado para disfrutar de tal libertad, porque, con su estructura episódica y su obligada adaptación a los sucesos acontecidos en su transcurso, permite prescindir de muchas de las ataduras que otras formas novelísticas imponen al escritor.</p>
<p><span id="more-1196"></span></p>
<p>El título ya dice mucho sobre lo fundamental de esta novela, pues el relato cuenta los pormenores de un viaje por Alemania que la pareja protagonista lleva a cabo durante el año sabático concedido a Clara para que ésta, profesora de instituto y escritora vocacional, pueda redactar un libro de viajes por encargo de una editorial. Su marido, de quien no conocemos nombre de pila ni nacionalidad ni profesión (su esposa le llama “ratón” o “ratoncito”, sabemos que procede de un país mediterráneo y que básicamente se ocupa de las tareas domésticas), es el narrador de la novela y el acompañante de Clara, a la que además brinda muy valiosas ayudas para el logro de su empresa literaria, pues hace para ella de chófer, fotógrafo, chico de los recados, recolector de variadas informaciones para la redacción del libro y frecuente paño de lágrimas.</p>
<p>Clara y Ratón son dos personajes absolutamente dispares por apariencia física, carácter, personalidad, origen social, gustos, aficiones, actitudes, hábitos gastronómicos, formas de pensar y casi cualquier otro criterio de clasificación de la infinita variedad de los seres humanos en la que podamos pensar. Tan distintos son que en algún momento el narrador se carcajea de los pronósticos sobre la efímera duración de su matrimonio que mucha gente avanzó al enterarse de que Clara y él se casaban. Sin embargo, en el momento de comenzar el viaje ya son dieciséis años los que la pareja lleva de vida en común, circunstancia que explica mejor que ninguna otra su complicidad, su mutua adaptación, su capacidad de comprender al otro y de sobrellevar los pequeños o grandes conflictos de la vida cotidiana.</p>
<p>Porque éste es uno de los más hondos y llamativos valores de la novela: el descubrimiento (casi una revelación para los tiempos que corren) de que la vida en pareja, y más concretamente la vida de un matrimonio, puede ser alegre, divertida, enriquecedora, llena de gozos y pequeñas sorpresas y de un raudal inagotable de buen humor. Claro está que, para conseguirlo, hace falta un cierto desdoblamiento en la vida del narrador-protagonista, una especie de disociación, que tiene algo de clandestina y desde luego mucho de irónica y burlona, entre el Ratón que ayuda a Clara en sus más nimias necesidades y le presta ayuda, apoyo y comprensión, y el otro Ratón con tendencias gamberras, juerguistas y provocadoras. Uno de los logros más admirables de la novela ha sido el lograr conciliar estas dos caras de una misma personalidad en un personaje originalísimo, concederle ciertos momentos de expansión y autenticidad al margen de la vida en pareja, y hacerlo de forma literariamente verosímil.</p>
<p>Para ello Fernando Aramburu se vale de varios expedientes: a veces extrae al protagonista de la compañía de su esposa y lo lanza a correr breves aventuras por los diversos escenarios del viaje, que pueden tomar la forma de una degustación solitaria de bombones en un cementerio de <a title="Worpswede en la Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Worpswede">Worpswede</a>, de una excursión por <a title="Reeperbahn en la Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Reeperbahn">los barrios y tugurios de mala nota</a> de Hamburgo, o de una micción entusiasta en los blanquísimos acantilados cretácicos del <a title="Parque Nacional de Jasmund en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Parque_Nacional_de_Jasmund">Parque Nacional de Jasmund</a>. En otras ocasiones, aunque Ratón y Clara estén juntos, el protagonista se refugia en su propio mundo interior, prácticamente al margen de las situaciones que están ocurriendo a su alrededor, o se dedica a interferir con ellas (incluso llega a sabotearlas) mediante observaciones jocosas e irónicas.</p>
<p>De hecho, todo el planteamiento de la novela y la configuración de su protagonista masculino son deliberadamente irónicos, porque de la actividad literaria de Clara, a quien su esposo llama, con toda la retranca del mundo, “la señora escritora”, sólo conocemos muestras indirectas y a menudo incompletas o hasta fracasadas. En cambio, conforme avanza el desarrollo del relato, el lector comprueba que <em>Viaje con Clara con Alemania</em> no es otra cosa que la novela escrita en sus ratos libres por Ratón, convertido en el escritor que jamás imaginó llegar a ser. Este proceso, a menudo ilustrado por las chanzas del personaje con respecto a su labor literaria, tan sobrevenida como paradójica, alcanza su culminación en el tercio final de la novela, en el que aparece la figura del Gordo, el hermano editor de Ratón, narratario principal de la novela y a quien van dirigidas las reflexiones del protagonista al hilo de la composición de su obra.</p>
<p>Por otro lado, en <em>Viaje con Clara por Alemania</em> la profesión de escritor, y sobre todo las expresiones culturales más elitistas son contempladas con un distanciamiento burlesco, tan divertido como refrescante. En efecto, Ratón no sólo se ríe cariñosamente de las neuras, manías y obsesiones artísticas de su mujer, sino sobre todo de la presunta superioridad de las clases educadas, de los figurones del mundo cultural (es estupendo el episodio en el que la pareja asiste a la grotesca representación de una ópera de Verdi versionada por el inevitable <a href="http://www.calixtobieito.com/">Calixto Bieito</a>) y de la solemnidad de los escritores consagrados (véase, por ejemplo, con qué burla tan sutil acaba la visita a la casa de <a title="Arno Schmidt en la Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Arno_Schmidt">Arno Schmidt</a> en Bargfeld, y repárese también en las pullas que dirige el protagonista a autores como Heinrich Mann, Hegel, Fichte, Brecht y Marcuse, en el curso de las imaginarias conversaciones que mantiene con ellos durante su paseo por entre las tumbas del <a title="Dorotheenstädtischer Friedhof en la Wikipedia (en italiano)" href="http://it.wikipedia.org/wiki/Dorotheenst%C3%A4dtischer_Friedhof">Dorotheenstädtischer Friedhof</a>).</p>
<p>Frente a la displicencia, la altanería y la adhesión de las élites culturales a las consignas y convenciones de lo políticamente correcto (es tronchante el episodio en que el matrimonio es invitado, en casa de una amiga de Clara, a una cena en la que sólo se sirven productos de cultivo biológico), Ratón despliega la panoplia epicúrea de un tipo insobornable que gusta de la buena vida y la mesa bien provista, la cerveza, las chicas guapas, las conversaciones ocasionales con gente de la calle, la siesta y la actividad sexual, mejor cuanto más frecuente. Y más que leer libros, visitar museos o acudir a la ópera (todo eso lo hace, no siempre de buen grado, por complacer a Clara), a Ratón le gusta ver partidos de fútbol en la tele, callejear y rondar bares y tabernas. Esta conducta no lo convierte en un patán, antes al contrario, porque el protagonista es un prodigio de paciencia, de atención y de cariñoso amor no solamente hacia su esposa, sino hacia otros muchos personajes, como la tía Hildegard, su desgraciada cuñada Gudrun, y especialmente su sobrino Kevin, aquejado del <a title="Síndrome de Asperger en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%ADndrome_de_Asperger">síndrome de Asperger</a>, con el que mantiene una relación insólita que da pie a algunos de los episodios más bellos y emotivos de la novela.</p>
<p>La irreverencia del relato hacia las convenciones de lo literario, hacia los temas solemnes y las actitudes altisonantes, no sólo deriva de la personalidad del protagonista, pues está en la raíz del planteamiento narrativo de <em>Viaje con Clara por Alemania</em>, obra que se caracteriza por un acercamiento muy sincero y desprejuiciado a la realidad cotidiana. Los más íntimos pormenores biológicos de la pareja protagonista (los trastornos físicos y enfermedades, los accidentes y heridas, las dificultades de la digestión o la evacuación), los diversos apetitos corporales y los rituales de su vida sexual, las tareas domésticas, las conversaciones ocasionales con el panadero o el dueño del quiosco de periódicos, los diálogos de besugos, las peleas y las broncas (matrimoniales o no), todos esos elementos propios del “estilo bajo” son convertidos por Fernando Aramburu en materia literaria de primer orden. Más allá del desconcierto que tal o cual episodio puedan producir al lector (porque incluso en esta época aparentemente desprejuiciada, pero en el fondo mojigata, este tipo de elementos es cada vez más infrecuente en la literatura “seria”), es inevitable sentir una enorme simpatía por Clara y Ratón y por la mayor parte de personajes de la novela, todos los cuales parecen haber sido sorprendidos por el autor recién levantados de la cama, en pantuflas y ropa de dormir, desgreñados y con legañas.</p>
<figure id="attachment_4333" aria-describedby="caption-attachment-4333" style="width: 1200px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-4333 size-full" title="Portada de la novela Viaje con Clara por Alemania, de Fernando Aramburu" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/04/viaje-con-clara-por-alemani.jpg" alt="Portada de la novela Viaje con Clara por Alemania, de Fernando Aramburu" width="1200" height="1792" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/04/viaje-con-clara-por-alemani.jpg 1200w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/04/viaje-con-clara-por-alemani-335x500.jpg 335w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/04/viaje-con-clara-por-alemani-768x1147.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/04/viaje-con-clara-por-alemani-536x800.jpg 536w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption id="caption-attachment-4333" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>Viaje con Clara por Alemania</em>, de Fernando Aramburu</figcaption></figure>
<p>Pero si lo bajo y vulgar desempeñan una función esencial en la novela, también hay espacio destacado para lo sublime. El título que he escogido para esta reseña –“momentos blam”- apunta precisamente a ese neologismo con el que el marido de Clara designa los contados momentos de gozo intenso, iluminación y felicidad que afanosamente persigue a lo largo de todo el viaje. Me parece muy significativo que, muy poco antes del final de la novela, se produzca el más perfecto de esos instantes extáticos, en el interior de los nuevos edificios de la iglesia berlinesa de la <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Kaiser_Wilhelm_Memorial_Church">Gedächtniskirche</a>. Fernando Aramburu lo cuenta en dos páginas y media bellísimas, de las que entresaco esta larga cita:</p>
<blockquote><p>El sosiego azul que flotaba en el aire de la iglesia alcanzó igualmente mi interior. Entre la luz y yo se había establecido una relación de completa identidad bajo el signo de la ternura, de la aceptación recíproca, de la alegría. Tuve conciencia plena de hallarme exento de dolores, de problemas, de necesidades urgentes; también de esos gustos y afanes inmoderados que las personas pagan a menudo con la discusión, el hartazgo, la fatiga. Ni aunque me lo hubieran propuesto habría conseguido levantarme del asiento. Me paralizaba apaciblemente la certidumbre del instante perfecto, que se prolongó por espacio de yo no sé cuántos segundos, tantos como raras veces me ha sido dado experimentar en la vida. Después de la juventud, no recuerdo haber vivido un momento blam tan prolongado, tan intenso en su apogeo ni tan gozoso y delicado en su desenlace. Salí a la plaza. Llovía a cántaros, pero llevaba tanta paz conmigo que no me importaba mojarme. Yendo por la calle, luego dentro del metro, algunos desconocidos me miraron con una mueca común de simpatía. Deduje de ello que se me debía haber parado en los labios una sonrisa contagiosa. Con el mejor de los ánimos acudí a mis castañas de media tarde. Aún me dio tiempo de coleccionar dos o tres pequeñas satisfacciones antes de retirarme al piso. Amé por la noche a mi mujer. Creo, en conclusión, que aquel día fui un hombre afortunado (p. 465).</p></blockquote>
<p>Yo creo que en esta combinación de lo bajo y lo elevado, en esta actitud del autor hacia los variadísimos y dispares materiales con los que se elabora la literatura, hay muy poco del siempre denostado costumbrismo ibérico y mucho, en cambio, de la mejor tradición de las letras en lengua española. Alguna reseña de la novela (por ejemplo la de <a title="Reseña de Viaje por Alemania, a cargo de Ricardo Senabre, en El Cultural" href="http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/26699/Viaje_con_Clara_por_Alemania">Ricardo Senabre</a>) ha mencionado con acierto la raigambre barojiana de los personajes de <em>Viaje con Clara por Alemania</em> (nunca se insistirá lo suficiente en el talento de Fernando Aramburu para la creación, con un par de vigorosos y originales brochazos, de una enorme galería de tipos humanos), pero habría que remontarse más lejos y citar el antecedente de la inmortal pareja cervantina para ubicar en su justo lugar el viaje de Clara y Ratón como estructura de composición narrativa y como motivo literario, para entender a los dos protagonistas de esta riquísima novela, sus discusiones interminables, sus chanzas, sus personalidades opuestas y complementarias, su apasionante convivencia, captada en infinitos detalles que revelan una mirada socarrona, pero al mismo tiempo llena de amor y comprensión, hacia la naturaleza humana. Y tal vez haya que mirar también hacia Cervantes, y hacia la literatura clásica española, para degustar en su justa medida el estilo literario de Fernando Aramburu, en el que conviven los centros comerciales y las cadenas de tiendas, Google y el <a title="Werder Bremen" href="http://www.werder.de/">Werder Bremen</a> con arcaísmos, giros desusados, retruécanos, períodos sintácticos de gusto barroquizante y hasta algún hallazgo léxico, como el “mochibolso” (p. 467) de Clara, protagonista involuntario de otro episodio desopilante, cuyo parentesco con el <a title="Baciyelmo en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Baciyelmo">baciyelmo</a> cervantino me parece fuera de toda duda.</p>
<p>No quiero acabar esta reseña (y eso que me dejo muchos detalles interesantísimos en el tintero) sin dedicar al menos unas líneas a mis colegas docentes, pues todos nosotros compartimos con Clara la profesión y un buen número de experiencias de la vida académica. Quienes hayan trabajado en un instituto de enseñanza secundaria comprenderán perfectamente a la señora escritora cuando, al comenzar el viaje y su año sabático, acude al patio del centro escolar para hacerle un corte de mangas no se sabe si al edificio, a sus ocupantes o a la institución en su conjunto, lo que no se contradice con el hecho de que Clara haga valer a menudo su condición profesoral y no pierda ocasión para anotar mentalmente los lugares y monumentos a los que en el futuro ha de viajar con sus alumnos.</p>
<p>Bien, y ya que he mencionado a los colegas de profesión, me permito hacerles una sugerencia: leed el <em>Viaje con Clara por Alemania</em> sin alejaros demasiado de un ordenador o equipo móvil conectado a Internet. Así podréis ilustraros –como hace el propio Ratón y como he hecho yo para reconstruir la trayectoria de sus andanzas- con la apasionante historia de ese gran país, con la vida y las obras de sus escritores y la geografía de los escenarios que visita la pareja protagonista. Aunque la obra de Fernando Aramburu tenga muy poco que ver con el clásico libro de viajes, y todavía menos con una guía turística, se aprenden muchas cosas llamativas y curiosas, como por ejemplo cuál es la estatua femenina más bella del mundo, la ubicación de un complejo turístico ciclópeo emprendido por los nazis y nunca terminado, o el hecho de que la aguja de creta retratada por el pintor Caspar David Friedrich en uno de sus más célebres paisajes ya no existe, arrastrada por las olas enfurecidas del Báltico. A diferencia de lo que es costumbre en este blog, no incluyo los enlaces, para excitar vuestra curiosidad.</p>
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		<title>Quinto aniversario del blog con Bevilacqua y Chamorro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Apr 2010 17:37:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Bevilacqua]]></category>
		<category><![CDATA[Bevilacqua y Chamorro]]></category>
		<category><![CDATA[historia del blog]]></category>
		<category><![CDATA[La estrategia del agua]]></category>
		<category><![CDATA[Lorenzo Silva]]></category>
		<category><![CDATA[novela española]]></category>
		<category><![CDATA[novela española contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[novela policíaca]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de la novela policíaca <em>La estrategia del agua</em>, del escritor español Lorenzo Silva.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">El pasado sábado, 10 de abril de 2010, se cumplieron <a title="Historia de un título curioso" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/04/10/historia_titulo/">cinco años desde que <em>La Bitácora del Tigre</em> abrió sus puertas virtuales en la Red</a>. Aunque ya hice un discreto anuncio al respecto en <a title="Cambio de alojamiento de La Bitácora del Tigre" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/04/08/cambio-de-alojamiento-de-la-bitacora-del-tigre/">la entrada del día 8</a>, me complace celebrar de nuevo la <a title="Efeméride en el Diccionario Panhispánico de Dudas" href="http://buscon.rae.es/dpdI/SrvltGUIBusDPD?lema=efem%E9rides">efeméride</a> con mis lectores y lectoras habituales, acompañados en esta ocasión por dos viejos amigos cuyas andanzas sigo desde hace bastantes años. Me refiero, claro está, al brigada <a title="Rubén Bevilacqua en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Rub%C3%A9n_Bevilacqua">Rubén Bevilacqua</a> y la sargento Virginia Chamorro, protagonistas de la serie policial creada por el novelista madrileño <a title="Lorenzo Silva" href="http://www.lorenzo-silva.com/">Lorenzo Silva</a>, y hasta el momento formada por las novelas <em>El lejano país de los estanques</em> (1998), <em><a href="http://www.lenguaensecundaria.com/resenas/alquimis.shtml">El alquimista impaciente</a></em> (2000, Premio Nadal), <em>La niebla y la doncella</em> (2002), <em><a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/11/25/bevilacqua-en-barcelona/">La reina sin espejo</a></em> (2005) y <em>La estrategia del agua</em> (2010), a las que hay que añadir el libro de relatos <em>Nadie vale más que otro</em> (2004).</p>



<p class="wp-block-paragraph">De <em>La estrategia del agua</em> (seguramente todavía sin título por aquel entonces) oí hablar por primera vez el 7 de marzo del año pasado, fecha en que Lorenzo Silva impartió en Pamplona una interesantísima conferencia con el título “Nuevos detectives: Quijotes del siglo XXI”. Su disertación no sólo me sirvió para descubrir a un orador ameno y muy bien documentado, sino que también me animó a leer las novelas policíacas de escritores tan interesantes como <a title="Fred Vargas en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fred_Vargas">Fred Vargas</a> y <a title="Petros Márkaris en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Petros_Markaris">Petros Márkaris</a>. Al abrirse el turno de preguntas, pregunté a Silva por la próxima edición de los trabajos detectivescos de sus criaturas de ficción, y el escritor me respondió que habría que esperar algo más de un año para leer la sexta entrega de la serie policíaca.</p>



<span id="more-1190"></span>



<p class="wp-block-paragraph">Todo esto lo conté <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2008/03/10/con-lorenzo-silva-en-pamplona/">pocos días después</a>, en un artículo en el que daba cuenta de la conferencia y mostraba mi impaciencia e ilusión por que se cumpliera el vaticinio. Pues bien, el escritor madrileño no sólo ha satisfecho las expectativas de sus lectores con precisión, sino que hasta se ha adelantado ligeramente al plazo previsto, dado que <em>La estrategia del agua</em> se presentó en sociedad en la primera semana de marzo, tal como el propio Lorenzo Silva <a title="Una semana" href="http://lorenzo-silva.blogspot.com/2010/02/una-semana.html">había anunciado pocos días antes</a> en su blog, <a title="Los trabajos y los días" href="http://lorenzo-silva.blogspot.com/"><em>Los trabajos y los días</em></a>. A mí me faltó tiempo para comprar la novela, pero como tenía otras muchas lecturas pendientes, la fui retrasando algo más de lo que hubiera deseado. Debía de tener hambre atrasada al comenzarla, porque la leí en apenas tres sesiones nocturnas, robando horas al sueño.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Naturalmente, la falta de descanso ha tenido sus consecuencias –unos cuantos bostezos mañaneros y desayunos más frugales que de costumbre–, pero creo que esas leves incomodidades y renuncias han merecido la pena, porque en la nueva novela el genio de Lorenzo Silva para urdir argumentos policíacos reaparece en plenitud de facultades, con un relato que destaca por la solidez y verosimilitud de la investigación, lo bien trazado de la mayoría de los personajes –en el haber del novelista no sólo hay que contar con la pareja protagonista, sino también con muchos de los secundarios– y un acercamiento a la realidad española contemporánea que no sólo resulta muy reconocible en situaciones, tipos e incidentes, sino también abiertamente polémico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La trama de <em>La estrategia del agua</em> arranca, como en todas las novelas anteriores, de un asesinato. Al brigada Bevilacqua y a sus compañeros de la <a title="Unidad Central Operativa en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Unidad_Central_Operativa">Unidad Central Operativa</a> de la <a title="Guardia Civil en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Guardia_Civil">Guardia Civil</a> –la sargento Chamorro, la cabo Inés Salgado y el guardia Juan Arnau, este último recién llegado al equipo– se les encomienda la investigación de la muerte de Óscar Santacruz, un informático que aparece muerto en el ascensor de su vivienda, a consecuencia de dos disparos en la nuca realizados a corta distancia. Desde el principio de las pesquisas se hace evidente que el crimen es obra de un sicario, circunstancia que no parece muy acorde con la vida de Santacruz, una persona que, a pesar de algunos antecedentes menores por delitos por tráfico de drogas y denuncias por violencia conyugal, no encaja con el perfil típico de la víctima de una ejecución por encargo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Intentaré no dar demasiados detalles sobre el desarrollo de la investigación, pero sí conviene apuntar que, a diferencia de lo que ocurre con muchas novelas policíacas contemporáneas, a menudo demasiado complacientes con las sorpresas, los giros bruscos de la trama y las pistas falsas, en <em>La estrategia del agua</em> la mayoría de las circunstancias relacionadas con el crimen, la vida de la víctima y la identidad de los principales sospechosos sí son lo que parecen. Dicho de forma paradójica, estamos ante una novela policíaca cuya mayor sorpresa es, justamente, la falta de sorpresas. Para quien conozca los rasgos peculiares de la narrativa policíaca de Lorenzo Silva y la personalidad del brigada Bevilacqua, este rasgo no resultará particularmente extraño, pero tal vez sí para quien llegue a la novela con el deseo de encontrar un vaivén de presuntos culpables, escenas atropelladas o violentas o algunos de los buceos desesperados en aguas subterráneas que se han convertido en seña de identidad de esa variante de lo policíaco que designa la etiqueta <a title="Novela negra en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Novela_negra">novela negra</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me atrevería a sostener, incluso, que la narrativa policial de Lorenzo Silva es, conforme avanza la serie de Bevilacqua y Chamorro, cada vez menos negra y, si se me permite la humorada, cada vez más verde; por si no queda claro lo que quiero decir, me refiero al color de los uniformes de los dos protagonistas y a ninguna otra cosa, aunque a juzgar por alguna escena entre ambos, no sería imposible que su relación evolucionara en las próximas novelas hacia algún encuentro amoroso. Cierto es que hay algunos rasgos de Bevilacqua –su escepticismo, la decepción ante las corruptelas que ve a su alrededor, el cuestionamiento de la autoridad y del poder, su función como descubridor de la bajeza que se oculta bajo las apariencias del éxito social y económico–, que lo relacionan con los antihéroes de la novela negra, pero también que existen grandes y muy significativas diferencias. Por ejemplo, que Bevilacqua no puede permitirse el individualismo, ni el recurso a la intuición o al trapicheo moral, ni mucho menos los métodos más que dudosos de los detectives <em><a title="Hard Boiled en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Hard_Boiled">hard boiled</a></em>. Y no puede porque el brigada es, ante todo, un servidor del orden público, un funcionario con conciencia, que no sólo cree en la importancia de rendir la debida justicia a las víctimas, sino también de hacer su trabajo en el seno de una organización jerarquizada, donde la obediencia y el respeto a sus superiores y a las autoridades judiciales no es sólo un tópico formulario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este sentido, el espléndido diálogo con la que se inicia la novela, durante el cual el teniente coronel Pereira debe emplearse a fondo –pulsando todos los resortes psicológicos de un subordinado al que conoce muy bien, y combinándolos con los que le ofrece la autoridad derivada de su rango- para convencer al brigada de que un revés sufrido a manos de las instancias judiciales no es el fin del mundo, y de que le conviene ocuparse de un caso que al protagonista no le apetece nada tomar en sus manos, me resulta difícilmente imaginable en otro ámbito que no sea el de una organización cuyo funcionamiento cotidiano está determinado por una nítida jerarquía y por la disciplina militar. Desde luego, no creo que una conversación semejante fuera posible en la comisaría del inspector <a title="Kurt Wallander – Henning Mankell" href="http://detectivesdelibro.blogspot.com/2009/05/kurt-wallander-henning-mankell.html">Kurt Wallander</a>, ni en la del comisario <a title="Jean-Baptiste Adamsberg en la Wikipedia" href="http://fr.wikipedia.org/wiki/Jean-Baptiste_Adamsberg">Jean-Baptiste Adamsberg</a>, ni en la del <a title="Kostas Jaritos - Petros Márkaris" href="http://detectivesdelibro.blogspot.com/2009/03/kostas-jaritos-petros-markaris.html">teniente Kostas Jaritos</a>, ni mucho menos en la del comisario <a title="Guido Brunetti - Donna Leon" href="http://detectivesdelibro.blogspot.com/2009/03/guido-brunetti-donna-leon.html">Guido Brunetti</a>, por citar sólo cuatro ejemplos de la moderna novela policial europea (bueno, <a title="Donna Leon en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Donna_Leon">Donna Leon</a>, la creadora de Brunetti, es norteamericana, pero reside desde hace casi treinta años en Venecia) cuyos héroes son también funcionarios públicos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alguno de mis lectores pensará “hombre, claro, es que se trata de la Guardia Civil, que no es comparable a los cuerpos policiales a los que pertenecen los personajes que se acaban de citar”, pero justamente aquí es donde yo quiero llegar. A lo mejor suena algo exagerado o rimbombante lo que voy a escribir, pero lo cierto es que con sus novelas sobre la pareja de agentes de la Benemérita, Lorenzo Silva se ha comprometido en un empeño que dignifica la novela policíaca española, pues presenta personajes que no son simple traslación de modelos extranjeros, los pone en relación con problemáticas genuinamente hispanas (la de esta novela lo es en grado superlativo, y sobre esto haré alguna reflexión más adelante) y además lo consigue mediante un tratamiento de la narración policíaca en el que la técnica de la investigación policial y el conocimiento de la naturaleza humana son mucho más importantes que las peripecias, la acción entendida en su sentido más convencional y los diversos efectismos en que tanto abunda el género. Se podrá discutir la trascendencia o el valor literario de la propuesta literaria de Lorenzo Silva, pero lo que no cabe duda es de con ella el novelista madrileño está consiguiendo ampliar el campo al que la literatura española contemporánea debe atender.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los prejuicios ideológicos tan frecuentes en nuestro país (y el mundo de las letras no es ajeno en modo alguno a ellos) no deberían distorsionar la valoración que acabo de hacer. Es cierto que la evidente simpatía que el autor siente por sus personajes y por la institución a la que pertenecen puede molestar a aquellos lectores que no compartan tal sentimiento. Ahora bien, esa objeción resulta ajena al ámbito de la literatura, y no quita ningún mérito a la empresa literaria que está desarrollando el novelista de Getafe. Por otra parte, se podría objetar que el novelista peca de ingenuo o de interesado al hacer de su protagonista uno de esos “Quijotes del siglo XXI” a los que me refería al principio de esta reseña, pero también es necesario admitir que tal elección cae plenamente en el ámbito de la soberanía del escritor, y que suponer por principio que un brigada de la Guardia Civil debiera ser una persona de menos calidad o valía que uno de sus equivalentes de las policías sueca, francesa, griega o italiana, o un personaje literariamente menos interesante que ellos, son dos formas evidentes de prejuicio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otra diferencia de las novelas de la serie Bevilacqua-Chamorro con respecto a los rasgos característicos de la novela negra tiene que ver con la personalidad del protagonista, pues todas las actuaciones de Bevilacqua responden a un imperativo moral –el deseo de recabar justicia para las víctimas– que le lleva a identificarse con ellas y ahondar en todos los detalles de sus vidas, que le salva de caer en el desánimo o la desesperanza y le refrena a la hora de ceder a la tentación de tomarse la justicia por su mano. Es cierto que tal componente moral constituye un rasgo típico de muchos héroes de la narrativa policial, pero no resulta tan frecuente que la técnica de la investigación y hasta la propia estructura del relato se vean influidos por él hasta el punto en que ello ocurre en todas las novelas de la serie policial de Lorenzo Silva. De hecho, <em>La estrategia del agua</em> es un ejemplo evidente de tal influencia: la circunstancia de que la historia personal del asesinado tenga algunos puntos de contacto con la de Bevilacqua mueve a éste a interesarse sobremanera por todos los aspectos de la vida y la personalidad de Óscar Santacruz (por citar un único detalle, el título del libro está tomado de un pasaje atribuido a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_arte_de_la_guerra"><em>El arte de la guerra</em></a> de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sun_Tzu">Sun Tzu</a>, que Bevilacqua encuentra en el piso del informático y que lee para entender mejor cómo era la víctima), y a centrar la investigación en una recopilación exhaustiva de cualquier indicio revelador de la identidad de los asesinos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como ya he dicho antes, la violencia y la mayoría de los efectismos tan caros al género negro brillan por su ausencia en <em>La estrategia del agua</em>, que destaca entre todas las de la serie por la importancia que adquieren dos métodos clásicos de la investigación policial: el interrogatorio de las personas relacionadas con la vida del asesinado y las interceptaciones de las comunicaciones de la víctima y los sospechosos del crimen. No es extraño que al brigada le guste la serie norteamericana <em><a title="The Wire" href="http://es.wikipedia.org/wiki/The_Wire">The Wire</a></em> (el título en español, <em>Bajo escucha</em>, es significativo, aunque lo cierto es que la ficción televisiva es bastante más áspera y violenta que la novela), porque en ese minuciosísimo trabajo de desentrañamiento de la vida de la víctima desempeñan una función esencial las escuchas telefónicas, que no sólo permiten trazar un panorama muy nítido de los conflictos personales de Óscar Santacruz y confirmar las motivaciones criminales de los victimarios, sino que además permiten a los agentes descubrir una serie de corruptelas que ofrecen paralelismos más que evidentes con la realidad española contemporánea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De hecho, mientras leía la novela tuve varias veces la sensación de que algunos episodios ya los había leído antes o que tenían relación con noticias de actualidad. Algunos personajes secundarios, como la jueza María Luisa Seoane (p. 215) y la actriz y presentadora Catalina Liébana (p. 298) se me hicieron muy conocidos, aunque no conseguí identificarlos del todo hasta que llegué al final del libro y leí las dos páginas de reconocimientos, donde se cita a “Miguel Ángel Salgado, asesinado a traición en Ciempozuelos (Madrid) el 14 de marzo de 2007” (p. 380). Gracias a los infinitos recursos de la Red, no me costó mucho averiguar los pormenores del caso, muy famoso y con espectaculares ramificaciones judiciales, políticas y mediáticas, algunas de ellas todavía pendientes de resolución judicial (véase, por ejemplo, este artículo del diario <em><a title="'Operación Garaje': el crimen que inspiró a Lorenzo Silva" href="http://www.elmundo.es/elmundo/2010/02/26/cultura/1267218354.html">El Mundo</a></em>). Por supuesto, la novela es una obra de ficción, con todo lo que ello significa en cuanto a modificación o reinterpretación de los hechos reales, pero las coincidencias son tantas que es imposible obviarlas, y mucho menos obviar la relación de la trama de la novela con asuntos muy polémicos de la actualidad española, como los abusos que en nombre de la defensa de las mujeres maltratadas y al amparo de la <a title="Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género." href="http://www.boe.es/aeboe/consultas/bases_datos/doc.php?coleccion=iberlex&amp;id=2004/21760">ley sobre violencia de género</a> se vienen produciendo en los procesos de separación y divorcio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No quiero adelantar detalles sobre cómo encaja este conflicto con el argumento de la novela, pero sí puedo decir que la relación que se establece entre ambos elementos está muy bien trabada, y que de ninguna manera puede considerarse postiza, artificiosa o ideológicamente sesgada. Por otra parte, debe destacarse que <em>La estrategia del agua</em> aborda un asunto enormemente delicado desde una perspectiva poco convencional y hasta arriesgada, en absoluto coincidente con lo que hoy en día se considera en la sociedad española como políticamente correcto. La inevitable vertiente polémica de su toma de posición no ha sido eludida por el autor en ningún momento, antes al contrario, pues la ha puesto de manifiesto en diversas declaraciones a los medios de comunicación (véase, a título de ejemplo, esta crónica de <a title="El escritor Lorenzo Silva apunta que la Administración de Justicia &quot;no es distinta de como son los ciudadanos&quot;" href="http://www.europapress.es/andalucia/noticia-escritor-lorenzo-silva-apunta-administracion-justicia-no-distinta-son-ciudadanos-20100311154701.html">Europa Press</a>). Yo no estoy en condiciones de discutir sus términos, porque no tengo conocimientos ni experiencia directa en estas cuestiones (en cambio Lorenzo Silva ha ejercido como abogado muchos años, y es preciso suponer que sabe bien por qué terrenos se mueve), pero sí puedo señalar que la forma en que la novela plantea y resuelve el conflicto resulta, desde el punto de vista literario, plenamente satisfactoria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El hecho de que los “malos” de esta historia sean malas, es decir, mujeres, poco tiene que ver con la calidad que alcanza la representación novelística de la condición femenina, hasta el punto de que cabría aventurar que Lorenzo Silva ha querido equilibrar con este expediente el posible reproche de un enfoque misógino. Varios de entre los mejores y más llamativos personajes de la novela son mujeres: la jueza que lleva el caso del asesinato de Santacruz, valiente y enérgica; la jueza de familia que intervino en el divorcio del informático, de una lucidez aplastante; la cabo Inés Salgado, infatigable en el trabajo y con picardías que revelan una inteligencia práctica muy notable. Hasta la ex esposa de Santacruz constituye un personaje muy atractivo si se mira desde una perspectiva puramente literaria (no así desde una perspectiva ética), con su altivez a toda prueba, su fortaleza de ánimo incluso en los momentos más desesperados, su capacidad de manipulación a la hora de obtener de todos los que la rodean la satisfacción de sus intereses y caprichos. Curiosamente, en esta ocasión me ha parecido que el personaje de Virginia Chamorro, siempre en funciones de contrapunto realista y pragmático de las tendencias quijotescas de Bevilacqua, quedaba algo más desvaído que en anteriores novelas de la serie.</p>



<div class="wp-block-image wp-image-4360 size-full"><figure class="aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" width="738" height="1122" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/04/estrategia-agua.jpg" alt="Portada de la novela La estrategia del agua, de Lorenzo Silva" class="wp-image-4360" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/04/estrategia-agua.jpg 738w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/04/estrategia-agua-329x500.jpg 329w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2010/04/estrategia-agua-526x800.jpg 526w" sizes="auto, (max-width: 738px) 100vw, 738px" /><figcaption>Portada de la novela <em>La estrategia del agua</em>, de Lorenzo Silva</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">Me atrevería a subrayar, además, que el autor se complace en desmontar desde el desarrollo de la trama los tópicos y estereotipos que los lectores o los propios personajes puedan albergar con respecto a los caracteres femeninos. Así ocurre en la primera secuencia en que aparece la jueza del caso, vestida impecablemente con un pañuelo y un bolso carísimos. La impresión inicial que este atuendo inspira a Bevilacqua –no lo dice con tales palabras, pero queda clarísimo que la imagina como la típica “pija”– queda desmentida por su posterior ejecutoria en la investigación, activa, comprometida y audaz. Un contraste semejante se produce con el personaje de la cabo Inés Salgado, a quienes sus propias compañeras, comenzando por la sargento Chamorro, ven en más de una ocasión como el prototipo de la “rubia tonta” (la apodan “Shakira”), pero que demuestra en la fase final de las pesquisas ser una mujer llena de recursos y con una capacidad de trabajo a toda prueba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya que hablamos de los personajes de <em>La estrategia del agua</em>, hay que saludar como un acierto la incorporación a la serie novelística de un nuevo agente, el guardia Juan Arnau, que en los primeros compases de la historia cumple el papel algo tópico del novato recién incorporado a una unidad policial (Lorenzo Silva alimenta el estereotipo, y lo hace hasta el cansancio, con una serie de cuchufletas, muy poco graciosas por reiterativas, a propósito del nombre de pila del agente), pero que poco a poco va adquiriendo soltura, seguridad en sí mismo, conocimiento de sus compañeros y una sólida integración en el equipo de investigación. A él le corresponden algunas de las indagaciones que permiten resolver el caso, y con tales antecedentes no me parece nada inverosímil que en posteriores entregas de la serie su personaje vaya creciendo en importancia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En alguna de las reseñas de la novela que he tenido oportunidad de leer se ha señalado el escaso interés de la trama, sobre todo porque la identificación de los responsables del asesinato se produce en los primeros compases del relato. También se ha reprochado al autor que las pesquisas de los agentes pecan de monotonía, pues consistan poco más que en un despliegue interminable de diálogos. Pues bien, creo que estas características –la falta de sorpresas y el predominio abrumador del diálogo, tanto como elemento de estilo como técnica de investigación– no son en modo alguno defectos, sino en todo caso méritos del planteamiento narrativo de la novela. Lo que le interesa a Lorenzo Silva, y a mi modo de ver tiene perfecto derecho a plantear su narración en tales términos, es ahondar en el conocimiento de la víctima, en las razones por las que fue asesinado y en las técnicas mediante las cuales los investigadores consiguen identificar a los inductores y ejecutores del crimen, aportando al mismo tiempo las pruebas de cargo que permitan llevarlos ante la justicia. Para este propósito, los enigmas y las sorpresas no son necesarios, y hasta podrían ser contraproducentes. Por otro lado, aun admitiendo que existan conversaciones quizás demasiado verbosas, o repetitivas, o poco inspiradas (ya he citado el caso de las burlas que Bevilacqua dirige al novato Arnau), en general el autor se muestra como un magnífico dialoguista, capaz de asignar a cada personaje una voz auténtica y reconocible, y de hacerlo mediante un estilo ágil y de indiscutible soltura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante, hay que admitir que los reproches que acabo de mencionar pueden tener cierta justificación, pues la novela tarda demasiado en encontrar la línea de desarrollo que más le conviene, quizás por la situación desde la que arranca, con un protagonista resabiado contra el sistema judicial y no del todo conforme con la tarea que le han encomendado. En todo caso, también estoy convencido de que el libro mejora mucho en su segunda mitad, una vez que Bevilacqua se ha liberado de las rémoras del escepticismo y el resentimiento que arrastraba de sucesos anteriores, y tras la entrada en liza de los dos agentes que resultan claves en el proceso de resolución del crimen, esto es, el guardia Arnau y la cabo Inés Salgado. El efecto de este tramo final de la novela sobre el lector es doble, pues la mejora en la eficacia de la narración coincide con la culminación de su propósito moral. Comprobar cómo funciona la máquina de la justicia –por una vez bien engrasada y con auténtico sentido de la dignidad de su misión– constituye una afirmación esperanzada, una muestra de confianza en la labor de unos funcionarios públicos que, contra viento y marea, con pocos medios, con sacrificios personales, con dedicación y gran esfuerzo, consiguen dar cumplimiento a su deber. ¿Quijotes del siglo XXI? Pues, a pesar de su mala fama, y de sus errores y defectos, tal vez lo sean.</p>



<p class="adicional wp-block-paragraph">La mayoría de las críticas y reseñas de <em>La estrategia del agua</em> han sido bastante positivas, pero no todas. No suele ser común que un escritor acoja unas y otras con tanta deportividad y sentido del <em>fair play</em> como demuestra Lorenzo Silva en <a title="El efecto Piquero" href="http://lorenzo-silva.blogspot.com/2010/04/el-efecto-piquero.html">El efecto Piquero</a>, una entrada de su blog donde recopila unas y otras. Además de las que el novelista madrileño cita en dicho artículo, tienen interés las de <a title="Lorenzo Silva: La estrategia del agua" href="http://novelanegraycinenegro.blogspot.com/2010/03/lorenzo-silva-la-estrategia-del-agua.html">Francisco Ortiz</a> y <a title="La estrategia del agua - Lorenzo Silva" href="http://www.elplacerdelalectura.com/2010/03/la-estrategia-del-agua-lorenzo-silva.html">Pepe Rodríguez</a>.</p>



<p class="notasbib wp-block-paragraph">Lorenzo Silva, <em>La estrategia del agua</em>, Barcelona, Destino (Col. “Áncora y Delfín”, 1174), 2010, 380 páginas.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2010/04/15/quinto-aniversario-del-blog-con-bevilacqua-y-chamorro/">Quinto aniversario del blog con Bevilacqua y Chamorro</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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		<title>601 entradas, y casi 100 de libros</title>
		<link>https://www.labitacoradeltigre.com/2009/08/27/601-entradas-y-casi-100-de-libros/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Aug 2009 18:36:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencia ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[antología del cuento fantástico español]]></category>
		<category><![CDATA[Bernard Beckett]]></category>
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		<category><![CDATA[Ignacio del Valle]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Jacinto Muñoz Rengel]]></category>
		<category><![CDATA[La realidad oculta. Cuentos fantásticos españoles del siglo XX]]></category>
		<category><![CDATA[Los demonios de Berlín]]></category>
		<category><![CDATA[novela de ciencia ficción]]></category>
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		<category><![CDATA[Perturbaciones. Antología del relato fantástico español actual]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de las novelas <em>Los demonios de Berlín</em>, de Ignacio del Valle, <em>Huye rápido, vete lejos</em>, de Fred Vargas, <em>Génesis</em>, de Bernard Beckett y de las antologías <em>La realidad oculta</em> y <em>Perturbaciones</em>.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2009/08/27/601-entradas-y-casi-100-de-libros/">601 entradas, y casi 100 de libros</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Tan popular como las novelas de zombis, pero seguramente unos cuantos peldaños por encima en su consideración cultural por parte del <em>establishment</em> literario (la comparación me permite enlazar con el final de <a title="600 entradas y casi 100 de libros" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2009/08/26/600-entradas-y-casi-100-de-libros/">la reseña múltiple que publiqué ayer</a>, en la que trataba, entre otros, del libro de Max Brooks, <em>Guerra Mundial Z. Una historia oral de la guerra zombi</em>), es el género policíaco, que he cultivado durante las vacaciones en dos entregas consecutivas y en algún momento simultáneas: <em>Los demonios de Berlín</em>, del novelista español <a title="Web oficial de Ignacio del Valle" href="http://www.ignaciodelvalle.es/">Ignacio del Valle</a>, y <em>Huye rápido, vete lejos</em>, de la escritora francesa Fred Vargas. De la obra de Del Valle tuve conocimiento, como tantas otras veces, a partir de <a title="Intriga en el Berlín nazi en llamas" href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/Intriga/Berlin/nazi/llamas/elpepicul/20090627elpepicul_15/Tes">una reseña de Jacinto Antón</a>, tan apasionada como la mayoría de las suyas y rotundamente elogiosa.</p>
<p>Mi valoración de la novela de Ignacio del Valle no es tan favorable como la del articulista de <em>El País</em>. Reconozco que el novelista ovetense escribe con fuerza, intensidad y convicción, y que su relato se lee sin desmayo, pero la trama se me antoja no sólo históricamente improbable –pues a su protagonista, un teniente español llamado Arturo Andrade Malvido, ex combatiente de la <a title="División Azul en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Divisi%C3%B3n_Azul">División Azul</a> y luego enrolado en las últimas unidades de las <a title="Waffen SS en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Waffen-SS">Waffen SS</a> empeñadas en la defensa de las ruinas de Berlín, se le asigna contra toda lógica la investigación del asesinato de un científico relacionado con el desarrollo del proyecto de la bomba atómica alemana– sino además con un incómodo regusto a cosa ya leída o vista en muchos libros y películas.</p>
<p><span id="more-949"></span></p>
<p><figure id="attachment_2493" aria-describedby="caption-attachment-2493" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2493 size-full" title="Los demonios de Berlín, de Ignacio del Valle" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2009/08/demonios_berlin.jpg" alt="Los demonios de Berlín, de Ignacio del Valle" width="150" height="240" /><figcaption id="caption-attachment-2493" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>Los demonios de Berlín</em>, de Ignacio del Valle</figcaption></figure></p>
<p>En su comentario, Jacinto Antón cita, como no podía ser de otra manera, <a title="El hundimiento, en La Butaca" href="http://www.labutaca.net/films/30/elhundimiento.htm"><em>El hundimiento</em></a> (y entre el libro de Del Valle y la película de Olivier Hirschbiegel hay escenas casi idénticas, como algunas de las que transcurren en el búnker de la cancillería del Reich, y especialmente las que tienen que ver con el fanatismo de <a title="Magda Goebbels en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Magda_Goebbels">Magda Goebbels</a>), pero a mí también se me venían a la memoria pasajes, tipos o entonaciones de <a title="Reseña de En busca de Klingsor, de Jorge Volpi, en El archivo de Nessus" href="http://www.archivodenessus.com/rese/0240/"><em>En busca de Klingsor</em>, de Jorge Volpi</a>, <a title="Patria, de Rober Harris, en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Patria_(novela)"><em>Patria</em>, de Robert Harris</a> (<a title="Barcelona, entre Harris y Harris" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2008/12/10/barcelona-entre-harris-y-harris/">otra novela que también reseñé brevemente en este blog</a>), o incluso la versión cinematográfica de <a title="El buen alemán, en La Butaca" href="http://www.labutaca.net/films/49/thegoodgerman.htm"><em>El buen alemán</em></a>.</p>
<p>Con todo, creo que no sería justo condenar a una novela por momentos apasionante como <em>Los demonios de Berlín</em>, basándose en consideraciones tan difusas y objetables como las que acabo de exponer. No me cabe duda de que la obra constituye una apuesta vigorosa, y hasta cierto punto arriesgada, por recuperar ambientes, escenarios y personajes que no son precisamente los preferidos entre el público lector (y mucho menos en los círculos políticamente más correctos), e Ignacio del Valle se muestra como un novelista de fuerte personalidad, al que habrá que seguir la pista con atención. Tengo anotados en mi PDA un par de títulos suyos –entre ellos, <em>El tiempo de los emperadores extraños</em>, que ha recibido <a title="Reseña de 'El tiempo de los emperadores extraños' en La librería negra" href="http://lalibrerianegra.wordpress.com/2009/03/31/el-tiempo-de-los-emperadores-extranos-de-ignacio-del-valle/">muy buenas críticas</a>–, sobre los que pienso detenerme en cuanto tenga ocasión.</p>
<p><figure id="attachment_2495" aria-describedby="caption-attachment-2495" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2495 size-full" title="Huye rápido, vete lejos, de Fred Vargas" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2009/08/huye_rapido.jpg" alt="Huye rápido, vete lejos, de Fred Vargas" width="150" height="227" /><figcaption id="caption-attachment-2495" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>Huye rápido, vete lejos</em>, de Fred Vargas</figcaption></figure></p>
<p>Tampoco <em>Huye rápido, vete lejos</em>, me ha gustado tanto como <em>La tercera virgen</em>, que fue <a title="Márkaris y Vargas: dos estilos policíacos" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2009/05/12/markaris-y-vargas-dos-estilos-policiacos/">la primera novela de Fred Vargas que leí y comenté en <em>La Bitácora del Tigre</em></a>, aunque lo más probable es que esta diferencia no se deba a una diferencia de calidad literaria, sino al hecho de que era virtualmente imposible repetir la enorme sorpresa y la fascinación que el estilo y el modo de contar de la novelista francesa me produjeron en ese primer acercamiento a su narrativa. Cinco años anterior por fecha de publicación a La <em>tercera virgen</em>, en <em>Huye rápido, vete lejos</em>, el comisario Adamsberg es un recién llegado a la comisaría parisina a la que ha sido destinado, lo que da pie a muchos momentos en los que el anticonvencionalismo rampante del policía tiene sobradas oportunidades para contrastar con las expectativas y los hábitos no sólo de los agentes a sus órdenes, sino también de sus superiores.</p>
<p>Lo mejor de <em>Huye rápido, vete lejos</em>, a mi modo de ver, no es la intrincada y a veces intensamente culturalista peripecia de la investigación policial –aquí las referencias librescas y eruditas tienen mucho que ver con la aparente relación de los crímenes que se suceden a lo largo de la trama con la plaga de la peste medieval–, o la sutileza preparatoria de los criminales, quizás demasiado forzada en algún momento, sino el modo en que Fred Vargas urde una especie de subtrama de investigación auxiliar de la que forman parte, más bien a su pesar, gentes de la vida parisina como el marino bretón Le Guern, o el viejo erudito Decambrais, con variados secretos a sus espaldas. La originalísima relación de Adamsberg con estos personajes, el modo en que sus vidas cotidianas se entremezclan con la trama de asesinatos, pruebas, culpables falsos y verdaderos, y la singularidad de las peripecias personales de unos y otros constituye un ingrediente fundamental de la novela, a la que concede un sabor profundo y sugestivo, que a buen seguro sabrán paladear todos los lectores, y no sólo los más aficionados a la narrativa policial</p>
<p>Por cierto, a estos últimos les vendrá bien saber, si es que no lo saben ya, que de <em>Huye rápido, vete lejos</em> existe una <a title="Pars vite et reviens tard (film) en la Wikipedia (en francés)" href="http://fr.wikipedia.org/wiki/Pars_vite_et_reviens_tard_(film)">versión cinematográfica dirigida por Régis Wargnier</a>, bastante fiel en su primera mitad a la novela, y no tanto en la resolución de la investigación y el desenlace. Titulada en español <em>Plaga final</em>, no es comparable en calidad ni en resultados artísticos al original literario, pero tampoco me pareció tan mala como he leído en más de una crítica. Curiosamente, yo vi la película mediada la lectura del libro, lo cual me produjo una sensación extraña de desajuste o discordancia que tal vez tenga algo que ver con lo que señalaba al principio de mi comentario.</p>
<p><figure id="attachment_2494" aria-describedby="caption-attachment-2494" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2494 size-full" title="Génesis, de Bernard Beckett" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2009/08/genesis.jpg" alt="Génesis, de Bernard Beckett" width="150" height="243" /><figcaption id="caption-attachment-2494" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>Génesis</em>, de Bernard Beckett</figcaption></figure></p>
<p>La última novela de la que voy a ocuparme en esta reseña es <em>Génesis</em>, del escritor neozelandés Bernard Beckett, una original obra <a title="Distopía en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Distop%C3%ADa">distópica</a> que presenta elementos muy característicos de la ciencia ficción más reflexiva. En ella se relata el examen de acceso al que se somete una joven llamada Anaximandro, aspirante a ingresar en la Academia, el órgano de gobierno de una sociedad situada en un futuro post apocalíptico bastante próximo del que sólo se han librado las islas de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Nueva_Zelanda">Aotearoa</a>, referencia que hace pensar en historias futuristas en las que la humanidad se ha visto obligada a refugiarse en espacios marginales y extremos, como <em><a href="http://www.archivodenessus.com/rese/0407/">El nacimiento de la República Popular de la Antártida</a></em>, de John Calvin Batchelor, y sobre todo <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/On_the_Beach_(novel)"><em>On The Beach</em>, de Nevil Shute</a>, cuya versión cinematográfica, titulada <em><a href="http://www.pasadizo.com/peliculas2.jhtml?cod=1266&amp;sec=3">La hora final</a></em>, tanto me impresionó la primera vez que la vi.</p>
<p>A lo largo de su interrogatorio por parte del tribunal que la examina, Anax repasa la historia de la civilización humana y lleva a cabo, con la ayuda de diversos hologramas, una interpretación de la figura de Adam Forde (supongo que la inevitable asociación con <a title="Fordism and society (Brave New Word en la Wikipedia, en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Brave_New_World#Fordism_and_society">las invocaciones fordianas de <em>Un mundo feliz</em>, de Aldous Huxley</a>, no será casual), personaje clave en la evolución de la sociedad a la que pertenece. En realidad, este resumen tan apresurado de la trama no hace justicia al verdadero sentido de la novela, cuyo tramo final permite interpretarla no tanto como una distopía clásica, sino más bien como una fábula inquietante, terrible y ferozmente darwinista, sobre la evolución de la inteligencia en nuestro planeta y de las formas de organización social asociadas a ella.</p>
<p>Tan breve como bien escrita, con un ritmo reposado y firme, pero al mismo tiempo algo anodina en su desarrollo, <em>Génesis</em> es una obra que fía casi todo su impacto sobre el lector a un desenlace inesperado, nada fácil de prever y ciertamente muy poderoso. Esta disposición tiene sus ventajas, pues la concentración de la narración, la desnudez de los escenarios y el minimalismo en el retrato de situaciones y personajes refuerzan la impresión del final, haciéndolo extraordinariamente perdurable, pero a cambio produce una cierta sensación de artificiosidad, como si los huecos u ocultamientos de la historia hubieran sido muy cuidadosamente diseñados para arrancar del lector un estremecimiento que poco tiene que ver con el tono en que transcurre la mayor parte de la novela.</p>
<p>Seguramente no es un libro para todos los públicos, ya que apenas hay acción, el debate de ideas es por momentos muy denso y las referencias a la antigüedad clásica no siempre son fáciles de seguir, pero lo cierto es que <em>Génesis</em> ofrece perspectivas originales y nada convencionales, y por esa misma razón –seguro que mis lectores sabrán disculpar, una vez más, <a title="600 entradas y casi 100 de libros" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2009/08/26/600-entradas-y-casi-100-de-libros/">la deformación profesional en la que ya incurrí con el comentario de <em>En las nubes</em></a>– muy interesantes para el análisis y la discusión en el ámbito educativo. Es más que probable que el espacio más adecuado para estas actividades no sea la clase de lengua y literatura, pero tal vez sí las de filosofía, o ética, o educación para la ciudadanía. A este respecto, los profesores de Filosofía que se defiendan bien con el inglés pueden echarle un vistazo al <a title="Longacre Press Teachers’ Resource Kit (Genesis, by Bernard Beckett)" href="http://www.longacre.co.nz/ResourceKits/RKGenesis.pdf">kit de recursos</a> didácticos que la editorial <a title="Longacre Press" href="http://www.longacre.co.nz/index.html">Longacre Press</a> ha publicado sobre la novela de Bernard Beckett.</p>
<p><figure id="attachment_2496" aria-describedby="caption-attachment-2496" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2496 size-full" title="Perturbaciones. Antología del relato fantástico español actual" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2009/08/perturbaciones.jpg" alt="Perturbaciones. Antología del relato fantástico español actual" width="150" height="227" /><figcaption id="caption-attachment-2496" class="wp-caption-text">Portada de <em>Perturbaciones. Antología del relato fantástico español actual</em></figcaption></figure></p>
<p>Quiero finalizar esta reseña con algunos apuntes sobre una colección de cuentos compilada por Juan Jacinto Muñoz Rengel, y titulada <em>Perturbaciones. Antología del relato fantástico español actual</em>. Mi interés por esta antología, que conocí a través de un email que me hizo llegar el propio antologista, exige una explicación previa, pues en los últimos días del mes de julio de 2008 estaba tumbado a la bartola en un hotel de la isla portuguesa de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Madeira">Madeira</a>, con otra antología de cuentos fantásticos españoles entre las manos. Entonces se trataba de <em>La realidad oculta. Cuentos fantásticos españoles del siglo XX</em>, publicada, en edición de David Rosas y Ana Casas, por <a href="http://www.menoscuarto.es/">Menoscuarto Ediciones</a>, que con su colección <a href="http://www.menoscuarto.es/?v=catalogo&amp;col=1">“Reloj de arena”</a>, de narrativa breve, tanto y tan bien está haciendo por otorgar a los géneros de la narrativa breve –no sólo el cuento, sino también el microrrelato- el puesto que merecen en el panorama literario en lengua española.</p>
<p>Lo de estar tirado a la bartola es sólo una expresión, ya que sobre la tumbona tenía un cuaderno <a title="Clairefontaine" href="http://www.clairefontaine.com/">Clairefontaine</a> de tapas azules (¡me encantan los productos de esta marca de papelería y material de escritorio!), en el que tomé algunas notas para la reseña. Recuerdo bien los detalles porque hace dos o tres semanas, haciendo limpia de papeles, han aparecido el cuaderno y las anotaciones. Aunque ya es tarde para retomar el trabajo de aquella recensión inacabada, no lo es para destacar el interés de ambos volúmenes, la coincidencia entre dos lecturas veraniegas separadas por un año casi exacto, y la evidente continuidad que con la antología de David Roas y Ana Casas mantiene la antología preparada por Juan Jacinto Muñoz. Entre ambos libros hay, incluso, alguna zona de solapamiento, como demuestra la coincidencia en ambos de un puñado de autores: Cristina Fernández Cubas, José María Merino, Carlos Castán y Luis García Jambrina.</p>
<p><figure id="attachment_2497" aria-describedby="caption-attachment-2497" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2497 size-full" title="La realidad oculta. Cuentos fantásticos españoles del siglo XX" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2009/08/realidad_oculta.jpg" alt="La realidad oculta. Cuentos fantásticos españoles del siglo XX" width="150" height="224" /><figcaption id="caption-attachment-2497" class="wp-caption-text">Portada de <em>La realidad oculta. Cuentos fantásticos españoles del siglo XX</em></figcaption></figure></p>
<p>Que existe una valiosa tradición de literatura fantástica en la literatura escrita en español y en España es una realidad poco reconocida en los manuales, y menos aún en los libros de texto escolares, pero cada vez más indiscutible, gracias, entre otros, al esfuerzo de especialistas como los que han compuesto ambas antologías, y alguna otra publicada en los años inmediatamente anteriores, como la de Juan Molina Porras (<em>Cuentos fantásticos en la España del Realismo</em>, Cátedra, 2006). Las tres colecciones demuestran que esa tradición no sólo es homologable a la de otras lenguas y literaturas que siempre se han considerado más propicias a lo fantástico, como la inglesa, la francesa o la alemana, sino que además el cultivo del relato fantástico se ha mantenido en la literatura española, sin solución de continuidad, desde sus orígenes a finales del siglo XVIII y principios del XIX, a menudo representado por escritores de primerísimo nivel.</p>
<p>Los nombres que más sonarán a la mayoría de los lectores (Blasco Ibáñez, Valera, Clarín, Galdós, Pardo Bazán, Baroja, Valle-Inclán, Unamuno, Rosa Chacel, Zamora Vicente, Aub, Sastre, García Pavón, Benet, etc.) se encuentran en las antologías de Molina Porras y Roas y Casas, pues ambas dan cabida a autores que ya han sido plenamente reconocidos por la historia de la literatura. La colección preparada por Muñoz Rengel, por su parte, ofrece un panorama mucho más ceñido a la actualidad, dado que el primer autor de la antología, organizada por orden cronológico de las fechas de nacimiento de los escritores, es José María Merino, nacido en 1941, y el último Miguel Ángel Zapata, de 1974, lo cual explica que muchos de los nombres recogidos en ella sólo resulten conocidos para los aficionados al cuento literario, y sobre todo por quienes hemos cultivado la pasión por el relato fantástico.</p>
<p>Con todo, he de reconocer que de la extensa nómina de escritores acogidos por esta antología -José María Merino, Juan Pedro Aparicio, Cristina Peri Rossi, Cristina Fernández Cubas, Norberto Luis Romero, Pilar Pedraza, Julia Otxoa, Elia Barceló, Laura Freixas, Carlos Castán, Luis García Jambrina, Ignacio Martínez de Pisón, Ángel Olgoso, Fernando Iwasaki, Pedro Ugarte, Manuel Moyano, David Roas, Félix J. Palma, Miguel Ángel Muñoz, Ignacio Ferrando, Jon Bilbao, Óscar Esquivias, Patricia Esteban Erlés, Luis Manuel Ruiz, Óscar Sipán y Miguel Ángel Zapata- apenas si he tenido contacto con la obra narrativa de la mitad de ellos, y casi todos pertenecientes al primer tramo de la lista. De los demás conozco cuentos sueltos, publicados en antologías de ámbito general, o libros ajenos a su producción en el terreno de la narrativa breve.</p>
<p>Por eso no me atrevería a confirmar que en la antología de Muñoz Rengel están todos los que son, aunque a la vista de los relatos en ella recogidos sí puedo corroborar que son todos los que están. Sobre la selección de cuentos tampoco me arriesgo a formular una opinión demasiado contundente, si bien hay algún relato –como el de <a title="Entradas de La Bitácora del Tigre correspondientes a la etiqueta &#96;José María Merino'" href="https://www.labitacoradeltigre.com/tag/jose-maria-merino/">José María Merino</a>, un escritor cuya obra conozco bastante a fondo– que no me parece demasiado representativo (hago constar que soy perfectamente consciente de que los antólogos, tanto por cuestiones de derechos editoriales como por otras circunstancias no menos complicadas, no siempre pueden contar con los textos que más convienen a sus propósitos). En cualquier caso, hay que destacar que <em>Perturbaciones</em> es una antología muy bien trabada, con una introducción que sabe encontrar el punto justo entre lo que gusta a los especialistas y aficionados al género –la teoría sobre lo fantástico es un tema riquísimo y apasionante, cuyas minucias e intrincados debates me encantan– y lo que puede ser más apropiado para los lectores no especializados.</p>
<p>Con lo que no acabo de estar tan de acuerdo es con la afirmación de Muñoz Rengel de que la literatura fantástica española actual se encuentra en un “envidiable estado de salud” (p. 18). Es cierto que la normalización de lo fantástico parece plenamente lograda en nuestras letras, y que la batería de temas y motivos clásicos, y no tan clásicos, del género se halla perfectamente representada en la colección. Ahora bien, la lectura de la antología no depara (o al menos no me ha deparado a mí) sorpresas y hallazgos que pueda calificar de memorables. El tono y la calidad de las aportaciones recogidas en el volumen es más que digno, pero no he encontrado las chispas de genio, las soluciones asombrosas o los elementos de estilo únicos que me hubiera gustado hallar. En este sentido, aunque por motivos algo distintos de los que guían a Julián Díez en su <a title="Reseña de Perturbaciones, a cargo de Julián Díez, en La tormenta en un vaso" href="http://latormentaenunvaso.blogspot.com/2009/07/perturbaciones-antologia-del-relato.html">reseña de la colección</a>, hago mías las palabras del periodista y crítico, que advertía en esta antología “cierto aroma monocorde”.</p>
<p>Dejando a un lado estas objeciones, hay que subrayar el hecho de que de este tipo de libros siempre cabe extraer experiencias y lecciones muy aprovechables (y mis colegas profesores de lengua también podrán encontrar motivos de inspiración para sus actividades didácticas). Entre ellas, la confirmación de la maestría del autor de “El andén de nieve”, el oscense Carlos Castán, un cuentista que me han recomendado varias veces con entusiasmo, y de quien ya tengo algún libro –<em>Frío de vivir</em>, que es el único que hasta la fecha he podido encontrar- sobre la mesilla, esperando su turno; la logradísima intersección de lo fantástico y el mundo libresco que practica Luis García Jambrina en “Una cita aplazada <em>sine die</em>”; la combinación entre lo legendario, lo mítico y lo siniestro propuesta por Pedro Ugarte en “Fecundación”; el estupendo juego de versiones, inversiones y reversiones que sobre un motivo conocidísimo de la literatura maravillosa practica David Roas en “Y por fin despertar”; las fracturas del mundo real, siempre amenazantes y acechadoras, entre los renglones de “Venco a la molinera”, de Félix J. Palma; o la divertida demostración de que entre la más absoluta normalidad provinciana puede asomar lo inesperado, planteada con destreza y humor socarrón por Óscar Esquivias en “Biológicas: una lectura providencial”.</p>
<p>Es una pena que muchos de los libros de cuentos que se citan en la antología sean prácticamente inencontrables en las librerías, e incluso en las búsquedas bibliográficas a través de Internet, porque de otro modo ya le hubiera echado el diente a más de uno. Me conformo, de momento, con tener anotados en mi libreta electrónica unos cuantos nombres, para cuando me los vuelva a encontrar por ahí, en el escenario, éste sí cada vez más fantástico e insólito, de las buenas librerías.</p>
<p class="notasbib">Ignacio del Valle, <em>Los demonios de Berlín</em>, Madrid, Alfaguara, 2009, 429 páginas.<br />
Fred Vargas, <em>Huye rápido, vete lejos</em>, Madrid, Punto de Lectura, 2008, 410 páginas.<br />
Bernard Beckett, <em>Génesis</em>, Barcelona, Ediciones Salamandra (Col. “Narrativa”), 2009, 158 páginas.<br />
David Rosas y Ana Casas (eds.), <em>La realidad oculta. Cuentos fantásticos españoles del siglo XX</em>, Palencia, Menoscuarto Ediciones (Col. “Reloj de Arena”, 32), 2008, 300 páginas.<br />
Juan Jacinto Muñoz Rengel (ed.), <em>Perturbaciones. Antología del relato fantástico español actual, </em>Madrid, Editorial Salto de Página (Col. “Púrpura”), 2009, 379 páginas.&lt;/ p&gt;</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2009/08/27/601-entradas-y-casi-100-de-libros/">601 entradas, y casi 100 de libros</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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		<title>La sima, de José María Merino</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Jun 2009 18:58:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[José María Merino]]></category>
		<category><![CDATA[La sima]]></category>
		<category><![CDATA[novela española]]></category>
		<category><![CDATA[novela española contemporánea]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de la novela <em>La sima</em>, del escritor español José María Merino.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2009/06/11/la-sima-de-jose-maria-merino/">La sima, de José María Merino</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Leyendo <em>La sima</em>, la última novela de <a title="José María Merino en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Mar%C3%ADa_Merino">José María Merino</a>, me he visto en varias ocasiones dominado por una sensación de incomodidad de la que sólo he conseguido librarme casi al final del libro, cuyo desenlace, tan emotivo como esperanzador, se cuenta entre los mejores de toda la obra del escritor leonés. No era una sensación de extrañeza, pues los perfiles del mundo narrativo de Merino -la búsqueda de la identidad a través de la memoria, el regreso a los escenarios y las experiencias de la infancia, el lirismo en la descripción de los paisajes asociados a la memoria personal, la tendencia del personaje protagonista a la disolución y el anonadamiento en un tiempo no humano, que en otras novelas era el tiempo del sueño y en ésta el tiempo geológico de las rocas, brañas y espesuras de la montaña leonesa- son en <em>La sima</em> perfectamente reconocibles para cualquier lector que haya seguido la trayectoria narrativa del escritor.</p>
<p>No puedo aducir que me haya visto sorprendido, ni mucho menos defraudado, por la particular estructura narrativa de esta novela, con un narrador-protagonista que dirige su testimonio a tres <a title="Narratario en la Wikipedia (en gallego)" href="http://gl.wikipedia.org/wiki/Narratario">narratarios</a> diferentes y un contraste evidente entre el breve tiempo interno en que se despliega el relato y el larguísimo lapso del tiempo evocado, que tiene su centro de interés en la Primera Guerra Carlista y la Guerra Civil, pero que de hecho considera también episodios mucho más antiguos, como la Reconquista, la expulsión de los judíos, <a title="Guerra civil entre los conquistadores del Perú en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_civil_entre_los_conquistadores_del_Per%C3%BA">las guerras civiles entre pizarristas y almagristas en el Perú colonial</a> y hasta los homínidos de Atapuerca. Finalmente, tampoco me he sentido decepcionado por la elaboración literaria del discurso narrativo, incluso a pesar de ciertos momentos en los que el discurrir de la historia se ve entorpecio por cierto prosaísmo o sequedad que no condice con el lirismo y la emoción tan característicos de gran parte de la narrativa meriniana.</p>
<p><span id="more-874"></span></p>
<p>Creo que mi incomodidad deriva de un hecho que certeramente señala J. Ernesto Ayala-Dip en <a title="Reseña de La sima, a cargo de J. Ernesto Ayala-Dip" href="http://www.elpais.com/articulo/narrativa/Pesquisas/Guerra/Civil/elpepuculbab/20090606elpbabnar_1/Tes">su reseña de <em>La sima</em></a>, cuando afirma que «el presente resulta por momentos demasiado cercano. Como si en su aspiración a novela se hubiera empantanado en una crónica». Si el reparo tiene sentido, no lo es por la escasa distancia temporal entre los acontecimientos mencionados en el relato -los constantes enfrentamientos que vienen presidiendo la reciente vida política española, los acontecimientos del 11-M, la elaboración del nuevo estatuto de Cataluña, la guerra de Irak y las reacciones que suscitó en la población de nuestro país la participación de tropas españolas en la contienda-, pues también sobre lo inmediato cabe construir valiosas ficciones literarias, sino sobre el hecho de que esos sucesos están puestos por el autor al servicio de una idea previa -la tendencia al cainismo y el enfrentamiento fratricida- que el protagonista del relato, tras cuya figura no parece arriesgado adivinar al propio autor, considera no sólo una amarga constante de la historia española, sino un rasgo constitutivo de su propia y dramática biografía.</p>
<p>Volveré sobre este aspecto más adelante, pero para entender lo que acabo de decir conviene precisar algunos detalles del argumento de la novela, protagonizada por un joven historiador de treinta y cuatro años, Fidel, que acude a un pueblo de la montaña leonesa en los últimos días del año 2005 (la novela comienza un 28 de diciembre y termina el día de Reyes) para redactar su tesis doctoral sobre la <a title="Primera Guerra Carlista en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Primera_Guerra_Carlista">Primera Guerra Carlista</a>. Conforme se desarrolla la trama, el lector comprende que la obstáculos que encuentra Fidel para avanzar en su estudio no se deben a las dificultades objetivas de su labor, sino a una condición melancólica que tiene mucho que ver con las tragedias que han presidido su vida: la temprana muerte de sus padres en un accidente, el convencimiento de que su abuelo materno tuvo una participación destacada en los crímenes protagonizados por los sublevados durante la Guerra Civil, y sobre todo la ruptura traumática con la mayor parte de su familia. La sima de Montiecho, que da título al libro, no sólo es un elemento objetivo del paisaje de la novela y el escenario de la exhumación de las víctimas republicanas arrojadas a su seno durante la contienda, sino también un símbolo de la violencia fratricida y de las heridas, todavía no cerradas, que se han abierto en la memoria y en el carácter del protagonista.</p>
<p>Aunque su elaboración literaria y lo extenso y complejo de las anotaciones pongan en cuestión la naturalidad del artificio narrativo, la novela adopta la forma y la tonalidad expresiva de un diario en el que Fidel transcribe los progresos y los bloqueos que experimenta en el desarrollo de su tesis doctoral. Ahora bien, esta intención es en realidad un recurso destinado a ordenar el flujo de los recuerdos, sensaciones y sentimientos del personaje y someterlo al auténtico propósito de su testimonio, que no es otro que el intento de explicarse ante sí mismo y ante los tres destinatarios de sus palabras, todos ellos personajes de la novela (serían, pues, tres casos de narratario <a title="Narrador en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Narrador">homodiegético</a>, por utilizar la terminología de Gérard Genette): la doctora Valverde, una psiquiatra que le atendió en la fase más aguda de un proceso depresivo; don Cándido, un profesor de instituto en el que el protagonista encuentra el cariño y amparo que tanto ha echado en falta a consecuencia de la temprana muerte de su padre; y el profesor Verástegui, director de la tesis, cuya intervención en la trama, aunque muy sumaria, es de gran importancia para la configuración de uno de los elementos claves de la novela, la relación entre historia y ficción.</p>
<p>Las apelaciones a estos tres narratarios se distribuyen a lo largo del discurso de Fidel en distintas proporciones que no necesariamente son indicativas de su importancia, pues aunque quizás predominen las menciones a la doctora Valverde, no hay duda de que es don Cándido el personaje a quien el protagonista recuerda con mayor devoción y cariño. En cualquier caso, y si bien en ámbitos distintos, los tres desempeñan una función semejante, pues son para Fidel argumentos vivos de autoridad y constituyen un referente para el constante intento del protagonista por ordenar su vida, bucear en su memoria, y encontrar en el pasado personal, pero también en la historia de su familia y en la de su país, la explicación a su carácter y personalidad, en los que predomina un sentimiento de orfandad, desamparo y, finalmente, una profunda tristeza que le ha marcado de forma indeleble. De este modo, la redacción de la tesis sobre la Primera Guerra Carlista (quizás sería mejor decir la reflexión sobre la redacción de la tesis, pues durante su estancia en el pueblo Fidel avanza más bien poco en la investigación académica) se configura como un expediente para la búsqueda en la identidad personal.</p>
<p>Como ocurre en otras novelas de Merino (<em><a title="Reseña de El heredero, de José María Merino, en Lengua en Secundaria" href="http://www.lenguaensecundaria.com/resenas/heredero.shtml">El heredero</a></em> y sobre todo <em>La orilla oscura</em> serían ejemplos representativos del virtuosismo alcanzado por el escritor a la hora de ordenar y presentar sus materiales narrativos), hay varios ámbitos que se entrelazan en esta indagación: las relaciones familiares y de amistad, la educación afectivo-sexual, la indagación histórica, las reflexiones de carácter político. A mi modo de ver, no en todos ellos alcanza la novela el mismo valor literario ni la misma capacidad de conmover, emocionar y hacer reflexionar al lector. De hecho, yo creo que <em>La sima</em> resulta mucho más convincente en la evocación de la vida familiar, en la narración de las relaciones con el abuelo (un personaje muy interesante, a quien el narrador siempre recuerda con cariño y respeto, a pesar de sus diferencias y desencuentros), con sus primos José Antonio y Fernando, con los amigos del colegio y la carrera, y, sobre todo, en el por momentos bellísimo relato de su aventura sentimental con su prima Puri, que cuando el narrador ahonda en las reflexiones históricas, a veces abrumadas por el peso de lo ensayístico y documental, o cuando transita por los ásperos territorios del debate político, donde maneja materiales ciertamente peliagudos, y hasta peligrosos para el equilibrio de la novela.</p>
<p><figure id="attachment_4513" aria-describedby="caption-attachment-4513" style="width: 800px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-4513 size-full" title="Portada de la novela La sima, de José María Merino" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2009/06/la-sima.jpg" alt="Portada de la novela La sima, de José María Merino" width="800" height="1362" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2009/06/la-sima.jpg 800w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2009/06/la-sima-294x500.jpg 294w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2009/06/la-sima-768x1308.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2009/06/la-sima-470x800.jpg 470w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /><figcaption id="caption-attachment-4513" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>La sima</em>, de José María Merino</figcaption></figure></p>
<p>En efecto, hay más de una ocasión en que el discurso del <a title="Autor implícito en los glosarios de Desocupado lector" href="http://www.desocupadolector.net/glosarios/index.php?a=term&amp;d=4&amp;t=14">autor implícito</a> se aproxima a lo que convencionalmente suele denominarse como «novela de tesis», cuyos rasgos más característicos pueden advertirse en determinados aspectos. Por ejemplo, en cierto maniqueísmo que subyace a la caracterización de José Antonio, primo de Fidel y principal antagonista de la novela, cuyo nombre y sobre todo sus actitudes, invariablemente extremistas, suscitan en el lector el recuerdo de la <a title="José Antonio Primo de Rivera en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Antonio_Primo_de_Rivera">«dialéctica falangista de los puños y las pistolas»</a>. O, por ejemplo, en el hecho de que los abundantes debates sobre temas políticos que contiene la novela se encarnan en figuras cuya adscripción a bloques ideológicos claramente definidos les otorga poca libertad, escaso margen de maniobra como criaturas novelísticas. Que las tomas de posición del narrador y del autor empírico (la coincidencia entre ambos no es una suposición o inferencia mía, a tenor de las <a title="LIBROS | En su nueva novela 'La sima' 'La sima', una reflexión sobre la 'manía fratricida' de España" href="http://www.elmundo.es/elmundo/2009/05/06/cultura/1241609758.html">manifestaciones públicas de Merino con motivo de la publicación de <em>La sima</em></a>) sobre la «tesis» de la novela, esto es, la idea del enfrentamiento fratricida como una constante en la historia de España y la afirmación de que la cada vez mayor polarización de la vida política española puede contemplarse a la luz de esa maldición cainita, constituyan un punto de vista plausible para quien firma estas líneas (por cierto, me parece significativa la coincidencia de las posiciones de Merino con las que recientemente ha defendido Javier Cercas en <em>Anatomía de un instante</em>, que <a title="El 23-F según Javier Cercas" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2009/05/20/el-23-f-segun-javier-cercas/">hace poco reseñé en este mismo blog</a>) no eliminan el reproche que acabo de formular y son probablemente la causa de la incomodidad como lector a la que me he referido al principio de esta reseña. Animo a quien quiera profundizar en estos aspectos a que lea la interesantísima <a title="Los riesgos de las tesis" href="http://www.diarioelfaro.es/noticia.asp?ref=126152">crítica de <em>La sima</em> a cargo de Fernando Larraz</a>; yo no estoy de acuerdo con algunas de sus valoraciones más negativas, pero en todo caso me parecen solventes y dignas de consideración.</p>
<p>Merino es perfectamente consciente de estos riesgos (la juguetona ironía con que se cierra la última frase de la novela es del todo transparente), y es posible que haya tratado de minimizarlos o reconducirlos mediante uno de sus habituales juegos de espejos enfrentados en los que la realidad y la ficción (en este caso, la historia y la novela) se entrelazan y se entremezclan. En <em>La sima</em> tenemos a un estudioso que, mientras redacta su tesis doctoral sobre la Primera Guerra Carlista, elabora también una novela de tesis (en el sentido objetivo de la expresión, es decir, una novela sobre la redacción de una tesis). Y es una novela sobre la redacción de una tesis porque, tal como advirtió a Fidel el profesor Verástegui, la hipótesis de la maldición cainita en la historia española, aunque muy atractiva desde el punto de vista de la ficción, era insostenible como punto de partida científico para una investigación académica. Es decir, que Fidel renuncia a hacer historia a partir de sus intuiciones y de sus obsesiones personales -muy marcadas, y hay que insistir en ello, por las tragedias que han determinado su historia personal-, y por ello hace literatura, que al fin y al cabo es otra forma de entender la realidad y apropiarse de ella. En el entretejido entre historia y novela encuentra las claves de su propia vida, y al ficcionalizarla no sólo consigue superar los traumas que lo han hecho padecer desde niño sino también encontrar una solida promesa de amor y felicidad.</p>
<p>No quiero dar pistas sobre el desenlace, pero me permito precisar que no sólo es esperanzador y de gran belleza, sino también muy interesante desde la perspectiva de su elaboración literaria, pues el autor ha construido un final en doble instancia (o un final «con truco», si se quiere), cuya primera entrega, de carácter ficcional, se caracteriza por un rasgo de conducta -el ejercicio de la violencia fratricida- significativamente ajeno a la trayectoria biográfica de Fidel. Es un episodio muy llamativo, y hasta un tanto desconcertante a primera vista, en el que los amantes de la literatura y del cine de aventuras y de acción (Merino se ha confesado más de una vez amante de estos géneros) reconocerán el valor salvífico y liberador de la épica del héroe, por su capacidad para poner en pie una enseñanza ética y una poderosa alternativa a la injusticia y fealdad del mundo real. Todo lo que desde el punto de vista de la verosimilitud psicológica, y hasta de la adecuación genérica, tiene de improbable este primer final, lo tiene también de catártico y facilitador de la resolución definitiva de la trama.</p>
<p>Ya sé que los finales felices tienen mala prensa en ciertos círculos -sobre ello he escrito en varias ocasiones, y creo que merece la pena recordar lo que en su día señalé en la revista <em><a title="Número 7 de la revista Hélice" href="http://www.revistahelice.com/revista/Helice_07.pdf">Hélice</a></em>, a propósito de <em>La carretera</em>, de Cormac McCarthy-, pero a mí no me duelen prendas en considerar que es uno de los mejores momentos de la novela, pleno de emoción y de sentido, y absolutamente justificado tanto desde la perspectiva de la evolución del personaje protagonista como de la lógica interna de la trama. En este segundo desenlace culmina el proceso de autodescubrimiento de Fidel y al mismo tiempo constituye la síntesis de un mensaje profundamente humanista -visible no sólo en la relación entre Fidel y Puri, sino también en la de sus amigos Garnacha y Covi-, mediante el cual la novela reivindica la entrega personal, el compromiso y el amor como la única solución posible para los conflictos personales, ideológicos y sociales que viven sus personajes. Habrá quien considere que el discurso político final de Garnacha es ingenuo y simplificador -algo de eso parece sugerir Fernando Larraz en su ya citada reseña- pero yo creo en cambio que, más allá de su explícita dimensión política, la idea de reconciliación y acuerdo entre adversarios, entre personas que piensan y sienten de diferente modo, es un hermosísimo colofón para la historia de un personaje que a lo largo de toda la novela se ha hecho acreedor a la esperanza y la felicidad.</p>
<p>No quiero acabar esta reseña sin formular una declaración muy personal, tal vez innecesaria, pero a la que me siento obligado por un deber de lealtad: hace más de veinticinco años que sigo con enorme interés la evolución de la obra de José María Merino, un escritor cuyas novelas, cuentos, poemas y ensayos me han permitido vivir algunos de los momentos más placenteros de mi experiencia como lector. En todas las ocasiones en que he mantenido alguna relación personal con Merino, siempre se ha mostrado cordial, atento, cercano y sumamente generoso, hasta el punto de dedicarme el cuento titulado «Solysombra», publicado en <em>Las puertas de lo posible</em>, su última colección de relatos. Ya sé que no es imposible conciliar la admiración con la crítica ecuánime y razonada, pero no consigo desprenderme de la insidiosa sensación de que con algunos de los reproches y críticas que he formulado en esta reseña estoy pagando su desprendimiento y cercanía con algo muy parecido a la mezquindad. Si así se lo parece, don José María, acepte por favor mis más sinceras disculpas.</p>
<p class="notasbib">José María Merino, La sima, Barcelona, Seix Barral (Col. «Biblioteca Breve»), 2009, 415 páginas.</p>
<p class="adicional">Los interesados en contrastar mis opiniones sobre <em>La sima</em> con los de otros críticos pueden leer las reseñas de <a title="La sima, de José María Merino" href="http://www.luisartigue.com/2009/04/la-sima-de-jose-maria-merino.html">Luis Artigue</a>, <a title="LECTURAS José María Merino o hablar de la guerra sin odio" href="http://info.elcorreodigital.com/territorios/articulo/lecturas/842533/jose-maria-merino-o-hablar-de-la-guerra-sin-odio.html">Iñaki Ezquerra</a>, <a title="Una tesis sobre la guerra carlista" href="http://www.diariodenavarra.es/20090601/culturaysociedad/una-tesis-guerra-carlista.html?not=2009060103145780&amp;idnot=2009060103145780&amp;dia=20090601&amp;seccion=culturaysociedad&amp;seccion2=culturaysociedad&amp;chnl=40">José Luis Martín Nogales</a> y las ya citadas de <a title="Pesquisas de la Guerra Civil" href="http://www.elpais.com/articulo/narrativa/Pesquisas/Guerra/Civil/elpepuculbab/20090606elpbabnar_1/Tes">J. Ernesto Ayala-Dip</a> y <a title="Los riesgos de las tesis" href="http://www.diarioelfaro.es/noticia.asp?ref=126152">Fernando Larraz</a>.</p>
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		<title>Seis hermosos libros, seis</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 02 May 2008 18:42:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
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		<category><![CDATA[Arturo Pérez Reverte]]></category>
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		<category><![CDATA[cuento español]]></category>
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		<category><![CDATA[Robin Lane Fox]]></category>
		<category><![CDATA[Sam Savage]]></category>
		<category><![CDATA[Un día de cólera]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Breves reseñas de las novelas <em>Firmin</em>, <em>Un día de cólera</em>, <em>El asombroso viaje de Pomponio Flato</em> y <em>Chesil Beach</em>, el libro de microrrelatos <em>La glorieta de los fugitivos</em> y la monografía histórica <em>Alejandro Magno. Conquistador del mundo</em>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hace ya bastante tiempo que no publico ninguna entrada sobre libros en este blog. En efecto, aunque no he dejado de escribir artículos más o menos relacionados con <a title="Categoría de Libros en La Bitácora del Tigre" href="https://www.labitacoradeltigre.com/category/libros/">dicha categoría</a>, la última reseña en sentido estricto fue la de <a title="Vida y destino, de Vasili Grossman" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2007/12/13/vida-y-destino/"><em>Vida y destino</em>, de Vasili Grossman</a>, del pasado 13 de diciembre. Semejante abandono de uno de mis temas favoritos me hace sentirme doblemente culpable: no sólo por defraudar a mis incondicionales, sino también porque bajo las excusas de la pereza, la dificultad del género y el exceso de ocupaciones acaso se oculten los signos de una traición a mi propia naturaleza, o los primeros indicios de una pérdida de facultades con la que a todos (blogueros incluidos) nos amenaza el inevitable paso del tiempo.</p>
<p>En fin, no quiero ponerme melodramático ni exagerar la nota. Más vale coger el toro por los cuernos (y véase que la metáfora condice con las resonancias taurinas del título de este artículo) y compensar a mis lectores y a mí mismo por las oportunidades y el tiempo perdidos. Como no he dejado de leer durante todo estos meses, y de tomar las correspondientes notas, puedo juntarlas todas en una especie de reseña-compendio; seguramente será menos enjundiosa y detallada que mis piezas habituales, pero por otro lado tal vez tenga un interés añadido por la variedad de las obras comentadas y de los géneros a que pertenecen.</p>
<p><span id="more-496"></span></p>
<p><figure id="attachment_2595" aria-describedby="caption-attachment-2595" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2595 size-full" title="Portada de la novela Firmin, de Sam Savage" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2008/05/firmin.jpg" alt="Portada de la novela Firmin, de Sam Savage" width="150" height="236" /><figcaption id="caption-attachment-2595" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>Firmin</em>, de Sam Savage</figcaption></figure></p>
<p>La primera de ellas es <em>Firmin. Aventuras de una alimaña urbana</em>, una novela-fábula del escritor norteamericano Sam Savage, de cuya existencia no había tenido la más mínima noticia hasta encontrármela de repente en el <a title="Cine y literatura, en Cuaderno amarillo" href="http://www.angusiglesias.com/cuaderno-amarillo/?p=186">blog de Angus Iglesias</a>. Tal como le prometí a Angus, compré la novela en seguida, y la leí prácticamente de un tirón, porque <em>Firmin</em> es una novela entrañable, con un personaje que en su apasionado amor por los libros y en sus esfuerzos por asemejar su naturaleza ratuna a la de sus amigos los hombres (con muchos episodios en los que la comicidad y el dolor se entremezclan de forma muy original) ofrece un encanto irresistible para los lectores. Cualquiera que alguna vez se haya sentido como un ratón de biblioteca, raro, inadaptado, un poco patético, orgulloso de su diferencia, voluntarioso y al mismo tiempo vulnerable, reconocerá en la rata protagonista de <em>Firmin</em> un alma gemela, y en sus andanzas por una ciudad de Boston en plena transformación urbana, con la ruina de los barrios céntricos y de los comercios tradicionales, hallará la oportunidad de conmoverse y meditar sobre las ilusiones perdidas y los pequeños fracasos cotidianos.</p>
<p>Me gustó la novela de Sam Savage (un <em>outsider</em> de la literatura, con largas barbas que le dan un aire de gurú profético y whitmaniano), y le agradezco mucho a Angus habérmela descubierto, pero también debo decir que en cierto modo me defraudó. De esa sensación probablemente no tienen la culpa ni el autor ni la novela, sino los inmoderados elogios a los que propende la industria editorial cuando se trata de anunciar sus productos, y que a menudo acaban por trastornar o desenfocar las expectativas de los lectores. Ocurre, a mi modo de ver, que por muy conmovedora y emotiva que sean la novela y su personaje, ni una ni otro constituyen la revelación que alguna publicidad ha pretendido. No puedo negar que he disfrutado con ella, que me he reído y que alguna vez se me han escapado unas lagrimitas, pero al final me he quedado con las ganas de leer una obra de más fuste, de mayor calado, más sólida.</p>
<p>En el caso de <em>Un día de cólera</em>, de Arturo Pérez-Reverte, estaba mucho más prevenido por lo que se refiere a los panegíricos, pues es bien sabido que el novelista de Cartagena es un intocable para el grupo editorial que publica sus obras, y cualquier cosa que salga de su pluma merece en determinados ámbitos los más descomedidos elogios (y, por la misma razón, algunas críticas especialmente atrabiliarias e injustas). En todo caso, y a pesar de que Pérez-Reverte no es santo de mi devoción, he de admitir que he leído <em>Un día de cólera</em> con gusto, en primer lugar porque el <a title="2 de mayo de 1808 en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/2_de_mayo_de_1808">episodio del 2 de mayo de 1808</a> siempre ha tenido para mí resonancias afectivas muy singulares (sí, ya sé que está muy pasado de moda reconocer los sentimientos patrióticos, sobre todo cuando se aplican al concepto de «España» o del «Estado», como dicen muchos papanatas), y porque conozco bien la geografía urbana de un Madrid que, a pesar del tiempo transcurrido desde aquella épica fecha, todavía permite reconocer gran parte de los escenarios donde tuvo lugar el motín popular contra los ocupantes franceses.</p>
<p><figure id="attachment_4571" aria-describedby="caption-attachment-4571" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-4571" title="Portada de la novela Un día de cólera, de Arturo Pérez-Reverte" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2008/05/un-dia-de-colera.jpg" alt="Portada de la novela Un día de cólera, de Arturo Pérez-Reverte" width="150" height="240" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2008/05/un-dia-de-colera.jpg 800w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2008/05/un-dia-de-colera-313x500.jpg 313w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2008/05/un-dia-de-colera-768x1227.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2008/05/un-dia-de-colera-501x800.jpg 501w" sizes="auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px" /><figcaption id="caption-attachment-4571" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>Un día de cólera</em>, de Arturo Pérez-Reverte</figcaption></figure></p>
<p><em>Un día de cólera</em> tiene todas las virtudes del estilo narrativo de Pérez-Reverte: prosa ágil y fluida, buen manejo de las situaciones y de los escenarios, una indiscutible capacidad para incluir en la trama a una enorme galería de personajes históricos, entre los que destacan los capitanes Daoiz y Velarde, los más conocidos héroes de la <a title="Defensa del Parque de Artillería de Monteleón en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:Defensa_del_Parque_de_Artiller%C3%ADa_de_Montele%C3%B3n.jpg">defensa del Parque de Artillería de Monteleón</a>, cuyo contraste de caracteres y actitudes es uno de los mejores elementos dramáticos de la novela, y una rara habilidad para traer ante los ojos del espectador moderno las sensaciones -imágenes, ruidos y hasta olores- de aquellos sucesos. La verosimilitud histórica resulta abrumadora gracias a la presencia de personajes tan conocidos como Goya, Moratín, Blanco White, Mesonero Romanos o José Mor de Fuentes, y a la reiterada mención de calles, plazas y topónimos de la capital (la novela se acompaña de un plano del Madrid de 1808, mérito añadido para un servidor, que desde niño ha sido un fetichista confeso de los libros con mapas, fueran éstos reales o ficticios).</p>
<p>Lo malo es que en más de una ocasión a Pérez-Reverte le sobrepasa el entusiasmo, pues en su afán de hacer justicia a la gente del pueblo llano, auténtico protagonista de la insurrección madrileña, hay unas cuantas ocasiones en que el relato parece más una crónica periodística o un reportaje novelado (en muchos momentos la lectura de <em>Un día de cólera</em> recuerda en su técnica y modos de presentación a obras como <em>¿Arde París?</em> y <em>¡Oh, Jerusalén!</em>, de Dominique Lapierre y Larry Collins), o incluso una lista de bajas, que un texto con el grado de elaboración y la distancia que se presuponen a una obra literaria. Tampoco me acaban de convencer algunas proyecciones que sobre la realidad contemporánea lleva a cabo la novela; ahora mismo no recuerdo si el término «intifada» aparece explícitamente en el texto para actualizar ante los lectores lo que sucedió en las calles madrileñas el 2 de mayo, pero desde luego que Pérez-Reverte lo ha utilizado profusamente en la promoción editorial del libro. No hay duda de que el término es muy sugestivo, pero yo no acabo de estar seguro de que haga justicia a la realidad histórica.</p>
<p><figure id="attachment_2597" aria-describedby="caption-attachment-2597" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2597 size-full" title="Portada de la novela El asombroso viaje de Pomponio Flato, de Eduardo Mendoza" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2008/05/pomponio_flato.jpg" alt="Portada de la novela El asombroso viaje de Pomponio Flato, de Eduardo Mendoza" width="150" height="259" /><figcaption id="caption-attachment-2597" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>El asombroso viaje de Pomponio Flato</em>, de Eduardo Mendoza</figcaption></figure></p>
<p>Con <em>El asombroso viaje de Pomponio Flato</em>, la última novela de Eduardo Mendoza, me ha pasado algo parecido a lo que ya he dicho sobre el <em>Firmin</em> de Sam Savage. Sí, es una novela divertidísima, a veces tronchante, espléndidamente escrita, con un manejo sumamente brillante de los referentes literarios e históricos (los historiadores romanos, los Evangelios, la novela detectivesca), todos ellos arrojados a una especie de batidora intertextual que convierte los pastiches, las citas encubiertas, los ecos, las abiertas parodias y los homenajes en ingredientes de una combinación deleitosa, mezclada (que no agitada) por mano maestra.</p>
<p>Sí, hay que admitir que <em>Pomponio Flato</em> es una celebración de la ficción, ingeniosa y a menudo descacharrante, pues se trata de una novela mentirosa en el mejor sentido de la palabra, en la que, a pesar de su título, y por mucho que en la trama apunten unos cuantos sucesos estupendos, hay poco o muy poco de viaje asombroso. Tampoco es una novela policíaca en sentido estricto, ni siquiera un policíaco paródico al modo mendociano consagrado por obras anteriores como <em>El laberinto de las aceitunas</em>, <em>El misterio de la cripta embrujada</em> o <em>La aventura del tocador de señoras</em> (Pomponio es un detective <em>avant la lettre</em>, un ciudadano romano del orden ecuestre a quien el niño Jesús encarga que demuestre la inocencia de su padre, el carpintero José, acusado de un asesinato), sino más bien un relato de intriga que utiliza las convenciones y trucos del policial para darles la vuelta como a un calcetín. Y en cuanto a la presunta irreverencia respecto al relato bíblico y a la representación literaria de la Sagrada Familia, que tanto se ha destacado en algunas reseñas, pues tampoco es para tanto, creo yo, porque las licencias que Mendoza se toma con respecto a José, María o Jesús siempre están presididas por un humor elegante, contenido y sutil.</p>
<p>Ahora bien, cuando el propio Eduardo Mendoza señala en una reciente entrevista que su novela no «debe considerarse moneda fraccionaria» («Eduardo Mendoza. Una de romanos y mesías», <em>Qué Leer</em>, 131, abril 2008, p. 75), es inevitable que todo admirador de la obra narrativa del novelista barcelonés se haga la siguiente reflexión: «vale, de acuerdo, ¿pero para cuándo el billete de 500 euros?». Y es que en <em>Pomponio Flato</em> (como en <em>Mauricio o las elecciones primarias</em>, pero ésta era una novela mucho más plana, bastante menos seductora) parece evidenciarse que al último Mendoza le falta pegada, le falta <em>punch</em>, o tal vez ambición literaria. No soy de los que tienen prevenciones contra el humor en la literatura, antes al contrario, ni creo que los escritores hayan de escribir necesariamente en un «gran estilo» o a la búsqueda de una trascendencia impostada y altanera, pero tampoco me parece una buena solución que reduzcan voluntariamente el alcance de sus objetivos. En la citada entrevista, Mendoza se manifiesta sorprendido de la buena fortuna que algunas de sus novelas (en la página 78 cita el caso de <em>Sin noticias de Gurb</em>) han tenido en el ámbito escolar. No quiero jugar a hacer profecías, pero no es imposible que en unos pocos años <em>Pomponio Flato</em> pueda seguir el mismo camino, sobre todo si los docentes son capaces de soslayar el barniz culturalista de la novela; hay para ello muchas y variadas razones (y no todas me parecen defendibles) que cualquier profesor de Secundaria que haya leído las aventuras del bueno de Pomponio podrá fácilmente imaginar.</p>
<p><figure id="attachment_2592" aria-describedby="caption-attachment-2592" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2592 size-full" title="Portada de Alejandro Magno. Conquistador del mundo, de Robin Lane Fox" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2008/05/alejandro_magno.jpg" alt="Portada de Alejandro Magno. Conquistador del mundo, de Robin Lane Fox" width="150" height="237" /><figcaption id="caption-attachment-2592" class="wp-caption-text">Portada de <em>Alejandro Magno. Conquistador del mundo</em>, de Robin Lane Fox</figcaption></figure></p>
<p>De <em>Alejandro Magno. Conquistador del mundo</em>, obra del historiador inglés Robin Lane Fox, cabe decir muchas cosas, pero nunca que sea una obra de ambición limitada. De hecho, es una biografía colosal (y no sólo por su longitud, de casi mil páginas), tanto desde el punto de vista de la perfección, fluidez, densidad y capacidad de convicción del relato histórico como desde la perspectiva de aquellos aspectos que tienen que ver con la técnica y el oficio del historiador: el manejo e interpretación de las fuentes, el dominio de la erudición, la capacidad para combinar el relato de hechos confirmados con la interpretación o discusión de los puntos oscuros, las suposiciones y las hipótesis.</p>
<p>Es, además, una obra ejemplar por el entusiasmo y convicción que se adivina tras la posición del historiador, plenamente persuadido de que el objeto de su biografía es un personaje admirable (cuán satisfactoria resulta su actitud, en contraste con la miríada de interpretaciones reticentes y desmitificadoras en que abunda la historiografía contemporánea, a menudo basadas en una transposición esencialmente anacrónica de nuestro moderno sistema de valores, cuando no teñidas por los perjuicios ideológicos de turno), con densas zonas de sombra como resulta inevitable en cualquier hombre de gobierno, pero al mismo tiempo poseedor de un proyecto vital de insuperable capacidad de convocatoria y liderazgo. En este sentido, la interpretación de la figura histórica de Alejandro de Macedonia que realiza Robin Lane Fox, perseguidor en vida del principio de la gloria consagrado por Homero en la figura heroica de Aquiles, es extraordinariamente sugestiva.</p>
<p>Aunque sea un tanto marginal para los propósitos de esta reseña, no me resisto a citar una llamativa curiosidad con respecto al autor de este libro: Robin Lane Fox, que fue asesor histórico de la película de Oliver Stone <a title="Alejandro Magno, de Oliver Stone, en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alejandro_Magno_%28pel%C3%ADcula%29"><em>Alejandro Magno</em></a> (y a ello se refiere en el prólogo a la nueva edición inglesa de 2004, que es la que ha servido para la traducción al español, tal como se menciona en la página 18), llevó su entusiasmo por el conquistador macedonio hasta el extremo de actuar como extra a caballo en el rodaje de la <a title="Batalla de Gaugamela en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Gaugamela">batalla de Gaugamela</a>. Las pruebas, fotos incluidas, están a la vista de cualquiera que dese comprobarlas en una interesantísima entrevista titulada <a title="Riding with Alexander" href="http://www.archaeology.org/online/interviews/fox.html">Riding with Alexander</a>.</p>
<p><figure id="attachment_2596" aria-describedby="caption-attachment-2596" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2596 size-full" title="Portada de La glorieta de los fugitivos, de José María Merino" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2008/05/glorieta_fugitivos.jpg" alt="Portada de La glorieta de los fugitivos, de José María Merino" width="150" height="242" /><figcaption id="caption-attachment-2596" class="wp-caption-text">Portada de <em>La glorieta de los fugitivos</em>, de José María Merino</figcaption></figure></p>
<p><em>La glorieta de los fugitivos</em>, de José María Merino, quinto libro de esta serie, confirma una vez más la validez del dicho taurino de que «no hay quinto malo». Se trata de un libro de microrrelatos (minificción o nanocuento son otros marbetes que han hecho fortuna para este peculiar género narrativo, tan de moda en los últimos años), que recoge las incursiones de Merino en la modalidad del cuento ultracorto: además de los 101 cuentos que formaban parte de dos obras anteriores, <em>Días imaginarios</em> y <em>Cuentos del libro de la noche</em>, en <em>La glorieta de los fugitivos</em> se recogen diversas obras inéditas o publicadas en revistas y antologías, así como una parte final, titulada «La glorieta miniatura», que viene a ser una especie de demostración práctica de la poética del relato breve, y que corresponde a la intervención del autor en el IV Congreso Internacional de Minificción, celebrado en la Universidad de Neu­châtel en noviembre de 2006.</p>
<p>No todas las piezas tienen el mismo valor (las de «La glorieta miniatura» me parecen excesivamente deudoras de eso que suele llamarse «literatura de circunstancias», pues en gran medida constituyen demostraciones de ingenio que quedan bien ante el atril de un congreso y no tanto en las páginas de un libro), pero no hay duda de que la mejor literatura de José María Merino está muy bien representada en este volumen. El Merino que comenzó su andadura literaria como poeta deja en muchas de estas breves piezas chispazos de asombro que revelan la irrupción de lo extraño en el ámbito de lo cotidiano (y esta es, en síntesis, la poética de lo fantástico que el escritor lleva muchas décadas practicando con singular acierto), y que al mismo tiempo adquieren la dimensión iluminadora, la capacidad de redescubrimiento de lo real, que es virtud propia de la poesía lírica.</p>
<p>A veces cercanas o plenamente insertas en el terreno del humor y la greguería, otras cercanas al relato terrorífico o a la ciencia ficción, practicantes gran parte de ellas de las estrategias de desdoblamiento entre la realidad y la ficción, la vigilia y el sueño, el mundo de la realidad y el de su reflejo especular, los microrrelatos de este libro constituyen una experiencia artística fascinante. Merece la pena leerlos a pequeños sorbos, preferentemente en la soledad y quietud de la noche, haciendo un esfuerzo por sentir la inminencia de alguno de los asombrosos sucesos y las presencias insidiosas que habitan en el interior del hogar, casi siempre inadvertidas salvo en los pavorosos dominios del insomnio y la duermevela.</p>
<p><figure id="attachment_2593" aria-describedby="caption-attachment-2593" style="width: 150px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2593 size-full" title="Portada de la novela Chesil Beach, de Ian McEwan" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2008/05/chesil_beach.jpg" alt="Portada de la novela Chesil Beach, de Ian McEwan" width="150" height="240" /><figcaption id="caption-attachment-2593" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>Chesil Beach</em>, de Ian McEwan</figcaption></figure></p>
<p>He dejado deliberadamente para el final el libro que más me ha gustado de entre todos los que he reseñado en este artículo (ha sido también el último que he leído, pero no creo que ello sea causa determinante de mi preferencia): <em>Chesil Beach</em>, la última novela de Ian McEwan publicada en castellano. Tenía algunas referencias de esta obra (recordaba, por ejemplo, una muy elogiosa crítica de Eduardo Mendoza en <em><a title="Ian McEwan en Chesil Beach" href="http://www.elpais.com/articulo/semana/Ian/McEwan/Chesil/Beach/elpepuculbab/20080301elpbabese_5/Tes/">El País</a></em>), pero no la hubiera comprado de no ser porque en los puestos de la Feria del Libro de Pamplona una dependienta que me oyó hablar con Pilar de la novela (yo le decía que la historia no me interesaba mucho) tuvo la audacia de interrumpirnos para deshacerse en elogios y animarnos a comprarla: «mucho mejor que <em>Expiación</em> o <em>Sábado</em> -nos dijo-; su único defecto es que es muy corta».</p>
<p>Nos convenció por la rotundidad del argumento (ahora que Pilar no me está mirando puedo añadir que además era una chica muy atractiva, con una hermosa cabellera rizada), así que compramos el libro. Cuatro o cinco días después, comencé a leerlo, y me complace destacar que ni su brevedad, ni lo minúsculo de su anécdota -el relato de la noche de bodas de una pareja de jóvenes ingleses, Edward y Florence, en un hotel situado junto a la larguísima <a title="Chesil Beach" href="http://www.chesilbeach.org/">playa de guijarros</a>, a principios de los años sesenta-, representan ningún obstáculo para un despliegue extraordinario del talento novelístico del escritor. Novela elegantísima y delicada, pero al mismo tiempo apasionada e intensa (se han subrayado los paralelismos con Chéjov, pero algunos pasajes me recuerdan más bien a Jane Austen), es un ejemplo de eficacia estilística y habilidad en el planteamiento de la estructura narrativa. La distribución del relato en cinco capítulos de extensión muy semejante, que van alternando entre el presente de la acción principal y el pasado de los protagonistas, es un prodigio de equilibrio, mesura y sentido del ritmo, dominado por un tempo moroso y sereno que en absoluto resulta aburrido. Sólo al final del capítulo quinto, una vez finalizadas las escenas que transcurren en el hotel de Chesil Beach, se acelera la narración, con un cambio de ritmo que trae a la memoria, tanto por la intención y punto de vista del narrador como por el hermoso tono elegíaco, el desenlace de <em><a title="Dos películas, dos libros, dos adaptaciones" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2008/01/20/dos-peliculas-dos-libros-dos-adaptaciones/">Expiación</a></em>.</p>
<p>Para quienes hablan y no callan acerca de la crisis de la novela, del agotamiento de sus temas y de la competencia ineluctable de los nuevos discursos narrativos y audiovisuales, <em>Chesil Beach</em> es una demostración palmaria de la potencia de la palabra escrita, de su capacidad evocadora, de la fuerza que tienen los sentimientos y las emociones en manos de un escritor de talento. ¿Cómo competir, en efecto, con el poder de la omnisciencia del narrador, con la belleza y elegancia del estilo indirecto libre, que tan bien utiliza McEwan, con la pujanza de las sugerencias (el decir a medias, la insinuación, la reticencia) sobre la personalidad y el carácter de estos dos jóvenes cuyo amor es, sin embargo, incapaz de sobreponerse a las circunstancias en que tiene lugar su primer y definitivo encuentro sexual?</p>
<p>A Ian McEwan le hubiera resultado muy fácil mostrarse superior a estos personajes, comportarse como un diosecillo admonitorio y pontificar sobre el fracaso de su relación, que tiene algo de tragedia cotidiana, pero también de suceso trivial y hasta ridículo. Otro escritor más pagado de sí mismo, o con más ínfulas, hubiera podido adoptar una pose cínica, distante o didáctica hacia sus criaturas, que sin duda se merecen una mirada severa (pues a Florence le pierde su rechazo, casi patológico, al contacto sexual, y a Edward la hipertrofia del orgullo herido), y más de un tirón de orejas. Sin embargo, el modo en que el autor trata la intimidad de ambos, con delicada cortesía (y sin caer en excesos ñoños o chabacanos, por cierto), con una ironía inteligentísima y discreta, es tan convincente como emotivo. No vale, desde luego, como terapia para parejas con problemas de comunicación o disfunciones sexuales, pero sí como ejemplo de la madurez artística de un escritor que de materiales narrativos mínimos, casi inexistentes, es capaz de extraer momentos literarios de una belleza arrebatadora.</p>
<p class="notasbib">Sam Savage, <em>Firmin. Aventuras de una alimaña urbana</em>, Barcelona, Editorial Seix Barral (Col. «Biblioteca Formentor»), 2007, 222 páginas.<br />
Arturo Pérez-Reverte, <em>Un día de cólera</em>, Madrid, Ediciones Alfaguara, 2007, 401 páginas.<br />
Eduardo Mendoza, <em>El asombroso viaje de Pomponio Flato</em>, Barcelona, Editorial Seix Barral (Col. «Biblioteca Breve»), 2008, 190 páginas.<br />
Robin Lane Ford, <em>Alejandro Magno. Conquistador del mundo</em>, Barcelona, Editorial Acantilado (Col. «El Acantilado», 155), 2007, 957 páginas.<br />
José María Merino, <em>La glorieta de los fugitivos. Minificción completa</em>, Madrid, Editorial Páginas de Espuma (Col. «Voces/Literatura», 83), 2006, 236 páginas.<br />
Ian McEwan, <em>Chesil Beach</em>, Barcelona, Anagrama (Col. «Panorama de Narrativas», 688), 2008, 187 páginas.</p>
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		<title>Con Lorenzo Silva, en Pamplona</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Mar 2008 06:30:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Lorenzo Silva]]></category>
		<category><![CDATA[novela española]]></category>
		<category><![CDATA[novela española contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[novela policíaca]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Sobre una conferencia del escritor madrileño Lorenzo Silva en Pamplona, el día 7 de marzo de 2008.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2008/03/10/con-lorenzo-silva-en-pamplona/">Con Lorenzo Silva, en Pamplona</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><a title="Sitio web de Lorenzo Silva" href="http://www.lorenzo-silva.com/">Lorenzo Silva</a> es uno de los escritores españoles contemporáneos a los que he dedicado una atención más constante, tanto desde <a title="Lengua en Secundaria" href="http://www.lenguaensecundaria.com">Lengua en Secundaria</a> como desde <em>La Bitácora del Tigre</em>. En mi portal publiqué las reseñas de <em><a title="Reseña de El alquimista impaciente en Lengua en Secundaria" href="http://www.lenguaensecundaria.com/resenas/alquimis.shtml">El alquimista impaciente</a></em> (en realidad, el trabajo sobre la novela ganadora del <a title="Premio Nadal en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Premio_Nadal">Premio Nadal</a> de 2000 fue un intento de mostrar a mis alumnos del <a title="IES Ega de San Adrián" href="http://www.pnte.cfnavarra.es/~iessanad/">IES Ega de San Adrián</a> un ejemplo de cómo se puede redactar el análisis de los personajes de una novela) y <em><a title="Reseña de El nombre de los nuestros en Lengua en Secundaria" href="http://www.lenguaensecundaria.com/resenas/elnombre.shtml">El nombre de los nuestros</a></em>, y en el blog me ocupé, hace algo más de dos años, de <em><a title="Reseña de La reina sin espejo, en La Bitácora del Tigre" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2005/11/25/bevilacqua-en-barcelona/">La reina sin espejo</a></em>.</p>
<p>De Silva he leído bastantes obras; además de las citadas, las novelas <em>Carta blanca</em> (que es la única que no he conseguido terminar), <em>El lejano país de los estanques</em>, <em>La flaqueza del bolchevique</em>, <em>La isla del fin de la suerte</em>, <em>La niebla y la doncella</em>, los libros de cuentos <em>El déspota adolescente</em> y <em>Nadie vale más que otro. Cuatro asuntos de Bevilacqua</em>, y el libro de viajes <em>Del Rif al Yebala. Viaje al sueño y la pesadilla de Marruecos</em>. Excepto <em>Carta blan</em>ca, que me pareció una novela demasiado truculenta, todos me han gustado, y en especial la serie dedicada a las andanzas detectivescas de la pareja formada por los guardias civiles Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro.</p>
<p><span id="more-485"></span></p>
<p>Pilar comparte mi afición por la narrativa de Silva y por las novelas policíacas (a ella le gustan incluso más que a mí, como tuvo cumplida ocasión de demostrar en su artículo sobre los libros de <a title="Placer victoriano, placer veneciano" href="https://www.labitacoradeltigre.com/2008/01/26/placer-victoriano-placer-veneciano/">Anne Perry y Donna Leon</a>), así que a los dos nos hizo mucha ilusión enterarnos de que el novelista de Getafe venía a Pamplona para impartir una conferencia en el Civican, el centro cultural y de ocio de <a title="Caja Navarra" href="http://www.cajanavarra.es">Caja Navarra</a>. Enseguida hice unos cuantos movimientos para conseguir un par de invitaciones (hay que tener amigos hasta en el infierno, y yo tengo algunos muy bien situados), y a contar los días que faltaban para el evento, que tuvo lugar el pasado viernes, día 7, en el salón de actos del Civican. Por cierto, yo no lo conocía y me quedé gratamente sorprendido de sus instalaciones, que entre otras cosas cuentan con una conexión WiFi abierta, a través de la cual pude leer en mi <a title="Artículos con la etiqueta PDA en La Bitácora del Tigre" href="https://www.labitacoradeltigre.com/tag/pda/">PDA</a> el correo pendiente y repasar los textos que en sucesivas ocasiones escribí con respecto al autor y sus novelas.</p>
<p>La conferencia, con el título «Nuevos detectives: Quijotes del siglo XXI», fue estupenda, no sólo por el contenido, sino también desde el punto de vista de su enunciación. Silva tiene una voz expresiva y dúctil, una prosodia muy elegante, nada afectada, y una articulación nítida. Dibujó con rasgos sólidos y muy bien fundamentados la trayectoria del género policial, especialmente en el ámbito europeo durante las últimas décadas, y se metió al público en el bolsillo desde las primeras frases. Tal vez no todas sus tesis fueran igualmente consistentes (por ejemplo, mientras que el idealismo de los protagonistas de muchas historias policiales es un rasgo verosímilmente quijotesco, no estoy tan seguro de que la tradición cervantina del relato itinerante constituya un rasgo esencial del género), pero en todo caso las sostuvo con un despliegue de razones muy elocuentes y argumentos y lecturas más que sobrados. Los lectores interesados en ampliar la noticia del caso pueden leer una crónica detallada en la edición de ayer de <em><a title="Una sociedad queda retratada por sus crímenes" href="http://www.diariodenavarra.es/20080309/culturaysociedad/una-sociedad-queda-retratada-sus-crimenes.html?not=2008030903265754&amp;idnot=2008030903265754&amp;dia=20080309&amp;seccion=culturaysociedad&amp;seccion2=navarra&amp;chnl=40">Diario de Navarra</a></em>.</p>
<p>Al finalizar la conferencia, abrí el turno de preguntas del público con un par de cuestiones, incluida la obligada indagación sobre la próxima entrega de Bevilacqua y Chamorro. Todavía habrá que esperar algún tiempo (más de un año, según manifestó el escritor), pero por lo demás Lorenzo Silva respondió a todas las preguntas del respetable con suma amabilidad, y eso que algunas sólo tocaron tangencialmente el tema de su conferencia o su propia obra narrativa. Cuando finalizaron las intervenciones del público, acudimos ante la mesa del escritor y nos hicimos los conocidos. Silva no sólo recordaba perfectamente mis reseñas, sino que nos atendió con una cordialidad verdaderamente encomiable y escribió una cariñosa dedicatoria para nuestro ejemplar de <em>La reina sin espejo</em>.</p>
<p>Sé que la confesión resulta un poco ingenua o pueril, pero no me importa señalar que salí del Civican con la ilusión de un niño con zapatos nuevos. No todos los días tiene uno la oportunidad de tratar con un escritor tan accesible, tan atento y tan bien dispuesto.</p>
<p>Autoría de la imagen: <a title="Fotografía de Joan Tomás (Own work) [GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html) or CC BY-SA 4.0-3.0-2.5-2.0-1.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0-3.0-2.5-2.0-1.0)], via Wikimedia Commons" href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File%3ALORENZOSILVA07.JPG#" target="_blank" rel="noopener">Joan Tomásd, vía Wikimedia Commons</a>.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2008/03/10/con-lorenzo-silva-en-pamplona/">Con Lorenzo Silva, en Pamplona</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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		<title>Un muchacho en la luna</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 01 Oct 2006 13:36:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category>
		<category><![CDATA[novela española]]></category>
		<category><![CDATA[novela española contemporánea]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de la novela <em>El viento de la Luna</em>, del escritor español Antonio Muñoz Molina.</p>
<p>Esta entrada <a href="https://www.labitacoradeltigre.com/2006/10/01/un-muchacho-en-la-luna/">Un muchacho en la luna</a> ha sido publicada en primer lugar en <a href="https://www.labitacoradeltigre.com">La Bitácora del Tigre</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>No he escogido el título de esta reseña sólo por el gusto de hacer un juego de palabras, porque el personaje que protagoniza <em>El viento de la Luna</em>, tan parecido al Antonio Muñoz Molina que vivió su infancia, adolescencia y primera juventud en su ciudad natal de Úbeda (Mágina, en el ámbito de la ficción), tiene esa condición soñadora, propensa al vagabundaje imaginativo y a las ensoñaciones, a que alude la expresión proverbial. Y es que además ese muchacho de familia humilde, hijo y nieto de campesinos, que se esfuerza afanosamente por merecer la beca con la que estudia en un colegio privado, está en la Luna en un sentido más literal, como si fuera (como si quisiera ser, en rigor) uno los astronautas -Armstrong, Aldrin y Collins- que protagonizaron la aventura espacial del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Apollo_11" target="_blank" rel="noopener">Apolo 11</a>, culminada, un 20 de julio de 1969, con el alunizaje del módulo lunar <em>Eagle</em> en el Mar de la Tranquilidad selenita.</p>
<p>Los minuciosos detalles de la misión del Apolo 11 constituyen el hilo conductor de la novela, en torno al cual se desarrollan dos niveles de realidad: la de la vida inmediata que rodea al protagonista (las angustias del paso de la niñez a la adolescencia, los estudios en el colegio de curas, las labores cotidianas de una familia de agricultores en el entorno provinciano de la ciudad de Mágina, el recuerdo de hechos trágicos de la Guerra Civil y la posguerra que influyeron decisivamente en su familia), y la de otra vida de imaginación, fantasías y ficciones que el muchacho vive, vicariamente, a través de sus lecturas, de la televisión, de las revistas ilustradas, y los periódicos que llegan a su ciudad, siempre con varios días de retraso.</p>
<p><span id="more-204"></span></p>
<p>Esos dos ámbitos se entremezclan y alternan constantemente a lo largo de este texto híbrido entre la novela autobiográfica y la autobiografía novelada (parece casi imposible deslindar lo que de real y de ficticio hay en ella), aunque, a mi modo de ver, <em>El viento de la luna</em>, con su argumento prácticamente inexistente, si se entiende por tal el desarrollo de una serie de acontecimientos ordenados a lo largo de un tiempo discernible, la abrumadora presencia del yo del narrador-autor y el denso tejido de recuerdos, experiencias y sensaciones personales, se halla más cerca del memorialismo que de la novela.</p>
<p>A pesar del predominio en el discurso de un presente que se pretende actual (un mecanismo de actualización, de “presentación” y ficcionalización del recuerdo), yo creo que el tiempo de <em>El viento de la luna</em> es más propio del memorialismo que de la narrativa. Es, en efecto, un tiempo de lo narrado muy breve, pues abarca la duración del viaje de ida del Apolo XI, desde el despegue en Cabo Cañaveral hasta el momento del alunizaje, que se corresponde con un tiempo de la narración largo, detallado y moroso, construido no sólo con los materiales procedentes de la breve experiencia vital del protagonista, sino también con episodios de la historia familiar de padres y abuelos, densa en detalles, en dramas y en recuerdos no siempre amables.</p>
<p>No hay duda de que ese acontecimiento clave de la historia moderna que fue la misión del Apolo XI ha dejado una huella imborrable en la memoria de Antonio Muñoz Molina. Comprendo muy bien la fascinación del novelista, porque, aunque soy cinco años más joven que él, tengo un recuerdo muy vigoroso del alunizaje: con ocho años recién cumplidos, mi padre me sacó de la cama (y eso que eran las 3 horas y 56 minutos, hora española, del 21 de julio de 1969 cuando Armstrong comenzó su paseo lunar) para que tuviera oportunidad de verlo en directo. También me recuerdo, unos años después, coleccionando cromos de la carrera espacial, y contemplando admirado las fotografías del cohete Saturno V en su rampa de lanzamiento, de los astronautas sobre la grisácea superficie selenita, o de la esfera azul de la Tierra, brillante y magnífica, sobre el negro cielo lunar.</p>
<p>Yo, que soy contemporáneo de la carrera espacial, y aficionado desde muy joven a las historias espaciales, no puedo negar la pertinencia de estos recuerdos “lunares”, ni discutir la habilidad con que estructuralmente los dispone el autor, ni mucho menos poner en cuestión su fuerza evocadora. Ahora bien, al leer <em>El viento de la luna</em>, he tenido en varios momentos la desagradable sensación de que el entretejido de la experiencia vital del protagonista con los detalles minuciosos de la misión espacial resultaba demasiado forzado, quizás por repetitivo o por excesivamente minucioso.</p>
<p>La minuciosidad o el detallismo como elementos de verosimilitud (y tiene toda la razón Muñoz Molina en pretenderla, aunque no sea más que como contrapeso de una tendencia a la pereza y a la falta de precisión en los aspectos tecnológicos y científicos que en la literatura española siempre ha sido muy notoria), y la repetición de motivos temáticos, convertida en un elemento clave del diseño estructural de la novela (un recurso clave en la narrativa del escritor y que ya analicé en mis reseñas de <a href="http://www.lenguaensecundaria.com/resenas/sefarad.shtml" target="_blank" rel="noopener"><em>Sefarad</em></a> y <a href="http://www.lenguaensecundaria.com/resenas/ventanas.shtml" target="_blank" rel="noopener"><em>Ventanas de Manhattan</em></a>) no son, en realidad, la razón de mis objeciones. Éstas tienen más que ver con la importancia que adquiere en la novela un acontecimiento como la llegada del hombre a la luna, que, a pesar de su rotundidad y de sus resonancias simbólicas y generacionales, no tiene la consistencia emotiva esperable en un texto autobiográfico que, a mi modo de ver, resulta en más de una ocasión innecesariamente obsesivo, y en otras demasiado frío y distante.</p>
<p><figure id="attachment_4792" aria-describedby="caption-attachment-4792" style="width: 800px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-4792 size-full" title="Portada de la novela El viento de la luna, del escritor español Antonio Muñoz Molina" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/10/el-viento-de-la-luna.jpg" alt="Portada de la novela El viento de la luna, del escritor español Antonio Muñoz Molina" width="800" height="1345" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/10/el-viento-de-la-luna.jpg 800w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/10/el-viento-de-la-luna-297x500.jpg 297w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/10/el-viento-de-la-luna-768x1291.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/10/el-viento-de-la-luna-476x800.jpg 476w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /><figcaption id="caption-attachment-4792" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>El viento de la luna</em>, del escritor español Antonio Muñoz Molina</figcaption></figure></p>
<p>Los mejores momentos de <em>El viento de la Luna</em> tienen que ver, en cambio, con la vida familiar del protagonista, con la experiencia directa de la relación con los padres, con los abuelos, con los acontecimientos cotidianos en esa Mágina elevada por la pluma de Muñoz Molina a ciudad-símbolo de la vida provinciana y monótona de una España todavía sumida en una inacabable posguerra, pero en la que ya asoman con fuerza los síntomas del desarrollo (la televisión recién comprada, el frigorífico a cuya adquisición se resiste el padre, porque los alimentos enfriados en el agua salobre del pozo saben mucho mejor) y de cierta y timidísima apertura política.</p>
<p>Lo mejor de esta novela son, para mi gusto, las secuencias más directas, esos momentos abiertamente autobiográficos (no sé hasta qué punto reales, reconstruidos o ficcionalizados, para mí es imposible advertir la diferencia), como el capítulo 10, que evoca con enorme intensidad la educación literaria y sentimental del protagonista, a través de los libros y del cine. O como esa maravillosa secuencia que es el capítulo 11, que se abre en una mañana en que padre e hijo acuden a la huerta, a realizar las labores agrícolas en que tan experto se muestra el padre y tan torpe el hijo (qué belleza la de los párrafos que dedica Muñoz Molina al trabajo manual, a la valoración de la precisión y el gusto por el trabajo bien hecho, a los nombres de las plantas y las herramientas; este capítulo debería figurar en lugar privilegiado de una antología de textos para la educación de las nuevas generaciones), y se cierra con una proyección nocturna del cine de verano, donde ambos comparten una alegría jovial y sin fisuras ante la proyección de <em>Los hermanos Marx en el Oeste</em>. El párrafo final de este capítulo, que es uno de los escasos momentos en que la relación entre padre e hijo salva la grieta de la distancia generacional, contiene la magia de un instante irrepetible, que pone en la garganta del lector el nudo de una emoción sincera y auténtica:</p>
<blockquote><p>Cuando volvíamos a casa, a la salida del cine, yo revivía con voz aguda y excitada la escena del tren, y mi padre imitaba el vozarrón engolado de Groucho Marx en la película, quizás recordando a través de mí el niño que había sido y que la había disfrutado tanto treinta años atrás, en un verano de la guerra, cuando su padre estaba en el frente y él había empezado a madrugar y a trabajar como un hombre. Durante mucho tiempo nos acordamos él y yo de aquella noche singular en la que habíamos estado solos en el cine, y cuando nos contábamos de nuevo el uno al otro los pormenores de la aventura del tren destrozado a hachazos, el grito de <em>más madera</em> tenía algo de contraseña secreta entre nosotros.</p></blockquote>
<p>Que la novela esté dedicada, <em>in memoriam</em>, al padre del novelista revela la importancia de este episodio, y de otros semejantes (por ejemplo, muchos de los que guardan relación con las repercusiones que la Guerra Civil tuvo para la familia), con los que no sólo se construye la memoria autobiográfica del autor, sino toda una ética civil de paciencia, cohesión familiar, estimación de la propia dignidad, valor del trabajo e íntimo sentido de la justicia, una ética admirable que es, probablemente, uno de los mejores valores de la novela. No quiero revelar el final de <em>El viento de la Luna</em>, para evitar así que los lectores que lean esta reseña sufran menoscabo de la intensidad emotiva lograda por el cambio de perspectiva con que se cierra la novela. Lo que puedo hacer, en cambio, es ponderar la belleza y la emoción de esas páginas finales, el reencuentro en la memoria con la figura de un padre tan distinto de ese muchacho soñador, enamoradizo y tímido que quisiera haber sido Neil Arsmtrong en su histórico paseo lunar.</p>
<p class="notasbib">Antonio Muñoz Molina, <em>El viento de la Luna</em>, Barcelona, Editorial Seix Barral (Col. «Biblioteca Breve»), 2006, 315 páginas.</p>
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		<title>Drama conyugal o alegoría política</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 06 Apr 2006 20:56:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[La segunda mujer]]></category>
		<category><![CDATA[Luisa Castro]]></category>
		<category><![CDATA[novela española]]></category>
		<category><![CDATA[novela española contemporánea]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de la novela <em>La segunda mujer</em>, de la escritora española Luisa Castro.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Si la distinción de sexo tiene alguna importancia a la hora de clasificar la obra de un escritor (yo no creo que sea más esencial que los detalles de su educación y su formación literaria, o la lengua en la que escribe), he de reconocer humildemente que no practico tanto como debiera la lectura de esa difusa categoría que, a falta de mejor nombre, se denomina «literatura femenina»?. Quizás por un poco de mala conciencia, quizás también por la curiosidad que en mí despertó la reseña de Fernando Castanedo en <em><a href="http://www.elpais.es/articulo/elpbabnar/20060225elpbabnar_8/Tes/narrativa/intrusa" target="_blank" rel="noopener">Babelia</a></em>, me pareció buena idea la de leer la novela de Luisa Castro, <em>La segunda mujer</em>, reciente ganadora del Premio Biblioteca Breve 2006, convocado por la editorial barcelonesa Seix Barral.</p>
<p>Quería comprobar, en efecto, cuál era la visión que una escritora joven tenía acerca de las relaciones amorosas (me temo que me voy quedando desfasando en este ámbito, tanto en la teoría como, sobre todo, en la práctica), de qué manera abordaba un tema clásico de la novela romántica, el de la mujer enamorada de un hombre mucho mayor que ella, y cómo trataba la evolución de esa relación en un contexto muy llamativo y de indudable actualidad (el marco social, afectivo e ideológico de la burguesía catalana contemporánea), cuyas implicaciones sociales y políticas no hace falta subrayar.</p>
<p><span id="more-116"></span></p>
<p>Todos esos aspectos se encuentran, desde luego, en <em>La segunda mujer</em>, aunque de forma muy diferente a la que yo había supuesto, y en proporción bastante inesperada. De hecho, la de Luisa Castro es una novela que no sé muy bien cómo analizar. Francamente, me resulta muy complicado separar la valoración literaria de la obra de la enorme antipatía que me han provocado (seguro que no soy el único en sentir lo mismo) dos de sus personajes principales. Además, no es fácil aislar la novela de consideraciones propias de géneros que nada tienen de artísticos –el cotilleo, la chismografía–, pues ella misma convierte en prácticamente inevitables las especulaciones sobre su carácter autobiográfico y sus posibles motivaciones extraliterarias.</p>
<p><em>La segunda mujer</em> cuenta la relación amorosa entre una novelista gallega de veinticinco años, Julia Varela, y Gaspar Farré, un intelectual barcelonés casi treinta años mayor que ella. Tras conocerlo en uno de esos saraos culturales en el extranjero a los que suelen acudir artistas y escritores, Julia queda fascinada por Gaspar, con quien se casa después de una separación de algunos meses, que ella pasa en Nueva York, y tras superar ciertas dudas y vacilaciones. A pesar de los comienzos prometedores de la vida en pareja, de las ilusiones de Julia y de la hija que ambos tienen, el matrimonio acaba naufragando, a causa de las humillaciones y negaciones sistemáticas a las que Gaspar y su hijo Frederic someten a Julia.</p>
<p>No es, a pesar de lo que pueda sugerir este apresurado resumen del argumento, una historia de culebrón, ni de novela rosa. Por el contrario, hay que agradecer a Luisa Castro el haber escrito <em>La segunda mujer</em> con un estilo contenido, incluso algo seco en ocasiones, que consigue limitar el sentimentalismo y los excesos románticos al mínimo imprescindible para expresar la pasión amorosa de los amantes y dar cuenta precisa y detallada de los vericuetos de su relación. El propio carácter de la protagonista –una mujer que se ha emancipado muy joven y que ha sabido abrirse camino en el mundo intelectual trabajando duro– ayuda a situar los aspectos emotivos de la narración en una perspectiva equilibrada: Julia no es una insensata romántica que se arroja en brazos de un galán arrebatador, sino una mujer independiente y racional, a quien Gaspar revela un aspecto esencial de la vida –el amor– al que ella apenas si se había asomado hasta conocer a su pareja.</p>
<p>A <em>La segunda mujer</em> no le falta calidad literaria (el comienzo es espléndido, y muy notable la capacidad de la autora para sugerir con leves detalles, apenas insinuados, aspectos muy relevantes de los personajes y del marco social), ni capacidad de penetración psicológica, ni tampoco valentía al afrontar un tema sobre el que muchos escritores, hombres y mujeres por igual, preferirían pasar de puntillas. Porque, efectivamente, la novela toca temas que suelen quedar ocultos en los rincones más oscuros de los desvanes familiares –las miserias de la intimidad, el lento minado de la autoestima de uno de los cónyuges a manos del otro, las diferencias identitarias, de clase y de mentalidad que lenta e inexorablemente afloran y destruyen las promesas de amor– y lo hace con seguridad, de forma muy verosímil.</p>
<p>Ahora bien, hay un serio problema en una novela que, conforme va adentrándose en las dificultades del matrimonio entre Julia y Gaspar, suscita en el lector la creciente sospecha de un trasfondo autobiográfico, que llega a alcanzar proporciones invasivas. Y lo que el lector adquiere al final del libro es la intensa convicción de que los aspectos estrictamente ficcionales de la novela han quedado subordinados a un propósito dudosamente literario: el de un despechado ajuste de cuentas con el que Luisa Castro arremete contra su anterior pareja en la vida real. Yo puedo asegurar que antes de leer <em>La segunda mujer</em> desconocía los detalles biográficos de la autora, que ignoraba quién había sido su esposo o cuáles las circunstancias de su vida conyugal, y que me prometí a mí mismo no hacer ninguna averiguación hasta haberla terminado. Sin embargo, tras acabar la novela y realizar unas cuantas búsquedas en Internet para confirmar mis sospechas, no me cabe la más mínima duda de que el reflejo autobiográfico existe, y de que es un aspecto nada desdeñable de la intención y del significado del libro.</p>
<p>Todo lo cual no tendría demasiada importancia si no fuera porque el ajuste de cuentas afecta a la perspectiva narrativa, a la posición del narrador, cuya omnisciencia (por cierto, una ominisciencia difusa o vacilante, que alterna entre las perspectivas de los dos protagonistas, y entre el estilo directo, el indirecto y el indirecto libre, sin definirse del todo) se mantiene en un nivel aceptable de ecuanimidad hasta el quinto y último capítulo, momento en que toda objetividad desaparece, absorbida por la perspectiva, los valores, las opiniones y los intereses de la protagonista. No hay, al final de la novela, una mínima distancia entre la voz narrativa y la de Julia Varela, lo cual compromete el testimonio de ésta y afecta (negativamente, creo yo), al valor del libro.</p>
<p>No quiero que se me interprete mal. No hace falta ser mujer, ni mucho menos haber sufrido episodios de maltrato y profundo desprecio, para que cualquier lector se sienta plenamente identificado con el personaje de Julia y aborrezca tanto a Gaspar Ferré (un ególatra de tomo y lomo, incapaz de respetar otra cosa que no sean sus propias conveniencias, y un minucioso destructor de la individualidad de Julia) como a su hijo, el gilipollas de Frederic, que es uno de los personajes más odiosos y despreciables con los que uno pueda encontrarse en una novela. Gaspar Ferré es un sinvergüenza, y su hijo un cabronazo de marca mayor, sin excusas ni paliativos. De hecho, Pilar (mi querida Pilar) puede certificar que, conforme yo leía la novela, no hacía más que echar pestes de padre e hijo, y no paraba de decirle: «pero cómo es posible que una chica educada y lista, que se ha abierto camino en la vida a base de esfuerzo y tesón, no se dé cuenta del par de imbéciles que tiene ante sus ojos y los mande a tomar por culo»?.</p>
<p>Con Pilar he discutido largo y tendido sobre un asunto que también quiero plantear aquí: si la indignidad de Gaspar y Frederic, y la incapacidad de Julia para hacerles frente durante la mayor parte de la novela, son aspectos constitutivos de las criaturas de ficción (y por tanto un valor positivo de la caracterización novelística), o bien un punto de partida previo, una especie de apriorismo que se impone a la historia y a los personajes (y, en consecuencia, un defecto de construcción). En el caso de Gaspar Ferré, me cabe alguna duda, pues no siempre se comporta como el hombre insensible y mezquino que demuestra ser al final (de todas formas, hay una escena muy reveladora en el primer capítulo que ya me puso la mosca detrás de la oreja: Julia sale desnuda de la ducha, tras una de las primeras noches que pasan juntos, y Gaspar le hace una foto, sin pedirle permiso, casi a traición; aunque Julia se siente ofendida y vejada por semejante actitud, no saca las debidas consecuencias de ella), y su carácter alberga fisuras y complejidades, nada simpáticas, ciertamente, pero muy explicables por su edad, su condición social, su formación y hasta por su anterior experiencia conyugal. En cambio, el personaje de Frederic se me antoja el arquetipo del perfecto majadero (ni siquiera tiene el fuste de los personajes perversos de las telenovelas o los dramones cinematográficos), una especie de actualización hipercaracterizada de los señoritingos catalanes que tan bien retrató Juan Marsé: un joven sin valores, vago, rencoroso, chulesco, corrupto, falso, arrogante y cobarde. No digo yo que en la vida real no existan jóvenes de semejante pelaje; lo que no tengo tan claro es que figuras tan monolíticas sean bienvenidas en la literatura, habida cuenta, además, que no hay ninguna explicación de por qué Frederic se porta así, aunque desde luego no es nada difícil intuir las razones. En la vida real, cualquier mujer, harta de sus cotidianos desplantes, les hubiera soltado a Gaspar y sobre todo a Frederic cuatro frescas (o mejor, un par de bofetones); en una novela publicada en 2006, protagonizada por una mujer de su tiempo, es dudosamente verosímil la capacidad de aguante que muestra Julia, ni siquiera en nombre de valores superiores como los de proteger a su hija o conservar el amor que tan cicateramente le entrega su marido.</p>
<p><figure id="attachment_4826" aria-describedby="caption-attachment-4826" style="width: 800px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-4826 size-full" title="Portada de la novela La segunda mujer, de Luisa Castro" src="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/04/la-segunda-mujer.jpg" alt="Portada de la novela La segunda mujer, de Luisa Castro" width="800" height="1397" srcset="https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/04/la-segunda-mujer.jpg 800w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/04/la-segunda-mujer-286x500.jpg 286w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/04/la-segunda-mujer-768x1341.jpg 768w, https://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/2006/04/la-segunda-mujer-458x800.jpg 458w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /><figcaption id="caption-attachment-4826" class="wp-caption-text">Portada de la novela <em>La segunda mujer</em>, de Luisa Castro</figcaption></figure></p>
<p>De todas formas, no todo es tan sencillo como lo he planteado en el párrafo precedente. Conforme avanza hacia su desenlace, la novela produce en el lector algunas sensaciones contrapuestas. Ya me he referido a la pérdida de objetividad de la voz narrativa. Sin embargo, ésta se ve compensada hasta cierto punto por el crecimiento del personaje de Julia, cuyo vigor aumenta al mismo ritmo que se desfonda ese personaje esencialmente patético y miserable que es su marido. Harta y más que harta de aguantar, Julia proclama su rabia y su rebelión contra los abusos que ha venido sufriendo, contra el silencio acusador de su marido y la desagradabilísima hostilidad de su hijastro, contra los incomprensibles ritos familiares de su parentela política, contra los manejos de una clase social que considera la administración y los intereses públicos como una simple extensión de sus fincas y propiedades, y lo hace en páginas muy expresivas, muy vigorosas, ante las cuales dan ganas de aplaudir. La recuperación del dominio de sí misma, la asunción de su propio destino por parte de Julia tiene mucho de melodramático, sí, pero también de genuina y auténticamente novelesco.</p>
<p>Me he referido en un par de ocasiones al trasfondo social y hasta político de la novela. No es, desde luego, su aspecto más evidente, pero tampoco hay que pasarlo por alto. De hecho, en la ya citada <a href="http://www.elpais.es/articulo/elpbabnar/20060225elpbabnar_8/Tes/narrativa/intrusa" target="_blank" rel="noopener">reseña de Fernando Castanedo</a> se apunta a este objetivo:</p>
<blockquote><p>Simbólicamente la novela puede interpretarse como una alegoría política. En ese caso la historia de una joven escritora gallega, de origen humilde, que permanece tres años junto a un maduro crítico de arte catalán, de prosapia, rico y de izquierdas, que se las compone extraordinariamente bien para que todos sus vicios pasen por virtudes -llama a su roñosería austeridad, a su pusilanimidad paciencia, a su procacidad galantería- vendría a ser una representación de las tensiones territoriales de España, según la cual el territorio menos favorecido debería sacrificarse para mejorar todavía más la posición del más opulento y además estar agradecido, en una nueva pantomima del amo y el esclavo.</p></blockquote>
<p>La alegoría propuesta por Castanedo no me parece en absoluto desencaminada. De todas formas, advierto a los lectores atraídos por la tentación del morbo que perderán el tiempo si se lanzan sobre la novela a la caza y captura de los elementos que permiten justificar tal lectura, porque lo cierto es que Luisa Castro los sitúa con mucha habilidad, a modo de leves pinceladas que nunca son demasiado obvias. Los detalles sobre la endogamia de las élites catalanas, su insidiosa penetración en el tejido administrativo y político de Cataluña, su clasismo y aires de superioridad (curiosamente apenas aparece la cuestión lingüística, a pesar de que abundan las oportunidades que la hubieran propiciado), su impermeabilidad a lo que viene de fuera, todo eso está en la novela, pero narrado <em>sotto voce</em>, con sordina. Tal vez por eso es más impactante el arranque de furia con el que Julia Varela se rebela contra ese estado de cosas, y las palabras con que la voz narrativa, ya plenamente identificada con la protagonista, lo pone en solfa:</p>
<blockquote><p>El señor fino de Barcelona, el referente cultural del país catalán, la emprendió a empujones con aquella escritorzuela, aquella jovenzuela desvergonzada que había ido a parir una hija a la Teknon, que había ido a meterse en la sauna del Iradier, aquella verdulera que se había atrevido a demandarlo, que desterraba a su hija de la Gran Cataluña y la ponía a vivir en un pisito alquilado de una comunidad autónoma subdesarrollada» (p. 310).</p></blockquote>
<p>No me cabe la menor duda de que frases como ésta han debido de levantar ronchas en determinados círculos de la «buena» sociedad barcelonesa. No deja de ser curioso que haya sido una editorial de Barcelona, y un jurado compuesto, entre otros, por intelectuales catalanes tan significados como Pere Gimferrer o Rosa Regás, el que ha otorgado a <em>La segunda mujer</em> el Premio Biblioteca Breve, que no es cualquier cosa. Y también tiene su gracia el que las <a href="http://axxon.com.ar/not/159/c-1590084.htm" target="_blank" rel="noopener">consideraciones del jurado</a> hayan pasado como sobre ascuas por la dimensión alegórica de la novela. No es nada extraño, si se piensa en las tensiones que han recorrido la vida española al hilo del tema que ha monopolizado el debate político durante los últimos meses.</p>
<p>Me refiero, claro está, a la tensísima discusión sobre el Estatut catalán, uno de cuyos padres intelectuales es, justamente, el más que probable referente real del personaje de Gaspar Ferré. Dejo a los lectores de <em>La Bitácora del Tigre</em> (que ya saben navegar solitos por los mares de Internet) que emprendan por su cuenta las pesquisas necesarias para averiguar de quién se trata.</p>
<p class="notasbib">Luisa Castro, <em>La segunda mujer</em>, Barcelona, Seix-Barral, 2006, 317 páginas.</p>
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		<title>Las legiones romanas en África</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Larequi]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 13 Dec 2005 13:40:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[cultura y civilización romana]]></category>
		<category><![CDATA[La boca del Nilo]]></category>
		<category><![CDATA[León Arsenal]]></category>
		<category><![CDATA[novela española]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reseña de la novela <em>La boca del Nilo</em>, del escritor español León Arsenal.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Los que nos hemos criado a los pechos de Astérix y Obélix recordamos con júbilo uno de los leitmotiv más esperados de sus aventuras: esas viñetas minuciosas (casi hacía falta una lupa para apreciar todos sus detalles), que representaban «el glorioso espectáculo de la legión romana maniobrando». Recuerdo también que alguna de las muchas lecturas que dediqué a los álbumes de Uderzo y Goscinny estuvo exclusivamente dedicada a buscar las imágenes de las formaciones de la legión –en cuadro, en círculo, en tortuga–, que inevitablemente acababan destrozadas por los embates de los héroes galos.</p>
<p>De esas formaciones y de las estrategias de combate adoptadas por las legiones romanas en los tiempos del Imperio hay un par de ejemplos espléndidos, narrados con gran brío y convicción, en <em>La boca del Nilo</em>, última novela de León Arsenal. Sólo por asistir al despliegue de las unidades que forman parte de la expedición o <em>vexillatio</em> enviada por el emperador Nerón, hacia el año 66 de nuestra era, en busca del nacimiento del gran río africano, merecería la pena leer esta entretenidísima novela. Novela histórica, hay que apresurarse a precisar, <em>ma non troppo</em>, ya que los hechos reales en que está basada apenas están documentados, lo cual permite a su autor grandes libertades en el planteamiento de la historia, en el dibujo de los personajes y en el desenlace.</p>
<p><span id="more-72"></span></p>
<p>Tanto por las libertades que se toma León Arsenal con el material histórico que maneja como por el exotismo que preside gran parte del desarrollo de la trama, la novela se halla más cercana en muchos momentos al planteamiento fantástico de su libro anterior (<em>Máscaras de matar</em>, novela ganadora del premio Minotauro 2004 y que, por cierto, a mí me gustó bastante) que al propiamente histórico. Todo esto lo digo como simple constatación de las características del relato, y en modo alguno como un reproche al enfoque adoptado por el autor. Ahora bien, la propensión de Arsenal a la fabulación tiene sus riesgos, y no es el menor la intervención en la novela de algunos personajes y episodios cuya funcionalidad literaria resulta, cuando menos, dudosa.</p>
<p>El caso más claro tal vez sea el de la sacerdotisa nubia Senseneb, una mujer de belleza y fascinación arrolladoras, que se suma a la expedición en calidad de embajadora del reino meridional de Meroe ante el legado imperial, y que a lo largo de la novela se convierte en amante alternativa de los dos jefes de la expedición (el tribuno Claudio Emiliano y el <em>praefectus castrorum</em> Tito Fabio Tito). A mi modo de ver, nunca está del todo clara la función de este personaje más allá de su explícita carga erótica. Senseneb aparece reiteradamente envuelta en velos y en misterios, pero los enigmas que la rodean parecen más un elemento de tramoya narrativa que una exigencia interna de la trama.</p>
<p>Tampoco la estructura de la novela acaba de cuajar. El autor ha escogido como narrador a uno de los participantes en la expedición, el mercader Agrícola, que lleva a cabo un relato retrospectivo a partir de un momento posterior a los hechos de la trama, los cuales se evocan desde cierta distancia temporal. Tal estrategia, que proporciona al relato un aura de lejanía y exotismo tan convincente como apropiada para justificar esas licencias de la invención autoral a las que me he referido antes, sin embargo se debilita por la intervención de otras voces narrativas (por ejemplo la del mercenario griego Demetrio, que sustituye a Agrícola en el tramo final de la novela), circunstancia que a mi modo de ver desfigura su unidad y la hace algo confusa para el lector.</p>
<p>Mi percepción tiene mucho que ver, además, con otro aspecto de la novela que, si no recuerdo mal, ya me pareció observar en <em>Máscaras de matar</em>. Me refiero a la variedad de personajes y a la ausencia de un protagonista claro (a pesar de su importancia relativa, no lo son ni el tribuno ni el prefecto, ni tampoco el narrador), que cohesione los escenarios, las subtramas y los sucesos que se narran en <em>La boca del Nilo</em>. Esta ausencia es tanto más evidente en la medida en que se produce sobre un relato de estructura episódica, muy circunscrito al motivo narrativo del viaje, muchos de cuyos momentos más felices parecen más bien episodios sueltos que sucesos bien integrados entre sí. Aunque hay algunos motivos que unifican la trama –los enigmas sobre la verdadera misión de la presencia de Senseneb en la expedición, las sospechas e intrigas respecto a los saboteadores que intentan arruinarla, los enfrentamientos y discrepancias entre sus dos líderes–, ninguno de ellos adquiere en mi opinión la suficiente entidad. Yo he tenido al leerla la reiterada sensación de que unos cuantos capítulos de la novela eran poco más que escenas teatrales, diálogos que no hacen avanzar claramente la acción, y que sólo sirven para que los diversos personajes intercambien puntos de vista y opiniones sobre diversos temas históricos, filosóficos, morales, o de puro y simple cotilleo.</p>
<p>Todo lo cual no quita (ya se sabe que los que hacemos crítica literaria a menudo tendemos a pasarnos de listos) para que uno disfrute mucho, muchísimo, de la lectura de una novela como la de León Arsenal, que destila el más puro perfume de las grandes empresas históricas y de ese exotismo romántico y sensual que tanto me fascinaba cuando era más joven e indocumentado. A quien le guste la novela histórica, con sus exageraciones, sus tópicos y sus inevitables licencias (por cierto, tal vez me patinen las neuronas, pero ¿puede ser ajustado a la verdad el hecho que una de las insignias de la <em>vexillatio</em> reproduzca la bola del mundo, en una época en que no estaba comúnmente admitida la forma esférica de la Tierra?), que lea <em>La boca del Nilo</em>, porque pasará un rato estupendo.</p>
<p>Sólo una recomendación final para los <em>fans</em> del Imperio romano y de sus legiones: esta noche comienza en la Cuatro la serie <a href="http://www.hbo.com/rome/" target="_blank" rel="noopener"><em>Roma</em></a>, coproducida entre la BBC y la HBO, que viene avalada por entusiastas recomendaciones. Qué mejor combinación que plantarse ante la tele (para una vez que nos ofrecen algo que merece la pena), con una cena ligera, y la novela de León Arsenal al alcance de la mano durante los inevitables intermedios.</p>
<p class="notasbib">León Arsenal, <em>La boca del Nilo</em>, Barcelona, Edhasa (Col. «Narrativas Históricas»), 2005, 576 páginas.</p>
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