Una de las funciones más útiles de WordPress (y también bastante menos conocida de lo que debiera) es la de exportar el contenido del blog, acción que se lleva a cabo desde el menú Herramientas > Exportar. Como ya he explicado en otras ocasiones, el resultado de esta función es un fichero de texto plano, en formato XML, que a su vez puede importarse desde otro blog (no necesariamente otro WordPress), para diversos objetivos: copiar o trasladar un blog, total o parcialmente, “dividirlo” en secciones, mezclarlo con otro ya existente, llevar a cabo una copia de seguridad del contenido (que no es lo mismo que realizar una copia de seguridad de la base de datos o un backup completo del blog, tareas para las cuales hay que poner en práctica otros procedimientos), etc.

Desde la versión 3.0 de WordPress, la exportación de un blog se puede llevar a cabo, además, de forma selectiva, pues al núcleo de la aplicación se le han añadido los filtros originalmente desarrollados por el plugin Advanced Export for WP & WPMU (véase lo que escribí sobre él en ¡Ah, si yo hubiera tenido este plugin antes!). Mediante la actual herramienta de exportación (figura 1) se puede filtrar el contenido de un blog por fecha, autor, categorías, etiquetas, tipo de contenido y estado de publicación, lo cual resulta de suma utilidad para realizar exportaciones selectivas o superar las limitaciones de los servidores, que por regla general suelen presentar problemas cuando se trata de importar un fichero de gran tamaño (véase, a este respecto, la pregunta How do I Import a WordPress WXR file when it says it is too large to import?, donde se explican diversas técnicas para solventar dichas limitaciones).

Figura 1 - Opciones de exportación de WordPress

Figura 1 - Opciones de exportación de WordPress


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Prolegómenos del partido contra Chile: José Ángel, Óscar y Eduardo

Quizás esperen ustedes ver confirmada en esta entrada tan tardía, pues el Mundial acabó hace ya casi tres semanas, la afirmación de que lo mejor de la Copa Mundial de Sudáfrica fue la victoria de la selección española en una disputadísima, incómoda y áspera final (tengo que reconocer que, a pesar de los deseos que expresé poco antes del comienzo del campeonato, no tenía demasiadas esperanzas de que el fútbol español se llevara el gato al agua). O tal vez esperen que me refiera a la apoteósica celebración del título, y a la alegría contagiosa de tantos millones de aficionados desparramados por toda la geografía nacional, una experiencia tan inolvidable como difícil de imaginar al comenzar la competición.

Aunque no puedo negar la huella que ambos acontecimientos han dejado en mi memoria, para mí este campeonato ha tenido una dimensión más personal, y por tanto más valiosa y digna de recuerdo. Un recuerdo que comienza por los dos primeros partidos de la fase de clasificación, que Pilar y yo vimos en casa por televisor, presos de enorme nerviosismo, con la decepción del primer partido contra Suiza, la alegría moderada del triunfo ante Honduras y las improvisadas tertulias presenciales y virtuales en las que participé con motivo de ambos encuentros. Sigue con la explosión de entusiasmo con que toda la familia –reunida en el bar del hotel Juan de la Cosa, en la playa de Berria, cerca de Santoña, para celebrar las bodas de oro de mis padres- acogimos la peleadísima victoria contra la muy bien organizada selección de Chile.

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Figura 1 - Pantalla de edición de MacJournal

Después de casi diez días de inactividad bloguera, interrupción en la que han confluido causas diversas -la galbana por el calor, la irrupción bulliciosa de los Sanfermines y las agotadoras emociones del Mundial de Fútbol (por cierto, qué gran regalo de cumpleaños la espléndida victoria sobre Alemania, en la tórrida tarde pamplonica del 7 de julio)-, me he decidido hoy a escribir un artículo sobre uno de los temas favoritos de esta bitácora, que no es otro que el de los clientes para blogs.

Aunque hace tiempo que no dedico ninguna entrada a este asunto, lo cierto es que no he dejado de prestarle atención, aunque no sea más que por las novedades que se han venido produciendo en los últimos meses. Entre ellas cabe destacar la publicación de Qumana para Linux, a mediados del mes de abril (por cierto, tengo pendiente de probarlo en la última versión de Ubuntu, que conseguí instalar hace muy poco, después de numerosos sobresaltos y cuelgues), o la más reciente de Windows Live Writer 2010, sobre la que Mario Núñez ha escrito un puñado de excelentes artículos en su blog.

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El lunes por la mañana, ya a punto de cerrar el ordenador, un compañero me informó de la existencia de La Lupa Violeta, una herramienta informática diseñada para identificar usos potencialmente sexistas del lenguaje y proponer posibles alternativas. Ya saben los lectores y lectoras de este blog que este tipo de artefactos no me hacen demasiada gracia (véanse, por ejemplo, los artículos En esto se gastan los dineros públicos y TIC en Andalucía y el problema del lenguaje políticamente correcto), pero he considerado que no podía valorar la aplicación, ni mucho menos escribir sobre ella, sin examinarla a fondo.

La Lupa Violeta es en realidad un diccionario interactivo, es decir, una base de datos terminológica (de hecho, el fichero clave es un .MDB que no se puede abrir directamente), preparada para funcionar como un plugin o extensión del procesador de textos Word para Windows. Una vez instalada la aplicación, el procesador de textos muestra una barra de herramientas adicional, con una serie de iconos que activan diversas funciones. Dependiendo de la versión del programa que se utilice, los iconos presentan ligeras diferencias; en todo caso, en Word 2002, programa sobre el que he realizado las pruebas y experimentos a los que luego me referiré, son los siguientes:

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Carátula del DVD de la primera temporada de la serie The WireHace ya bastante tiempo que leí en algún artículo de prensa (quizás fuera en El País, o tal vez en Qué Leer, o acaso en alguna de las revistas de cine que suelo frecuentar), acerca de la evolución de los géneros narrativos cinematográficos y de cómo algunas recientes series de televisión, y en especial las que ha producido la cadena HBO, estaban convirtiéndose en los relatos más representativos y logrados de nuestro tiempo. Cuando leí esas opiniones, y a pesar de haber disfrutado con las sucesivas entregas de series como Hermanos de sangre, Mad Men, Roma, Sexo en Nueva York, True Blood, Perdidos, A dos metros bajo tierra, Los Soprano o Héroes (sobre todo de las cinco primeras, porque los jeribeques argumentales de Lost se nos atragantaron a partir de su tercera temporada, y las otras tres no nos llegaron a enganchar), semejantes reflexiones se me antojaron notoriamente exageradas, síntoma elocuente de una época en la que los productos de la cultura del entretenimiento generan de forma casi inmediata un culto poco menos que idólatra.

Sin embargo, los dos últimos meses de sesiones vespertinas de televisión, en cotidiano contacto con las historias, personajes y escenarios de la serie The Wire, me han hecho cambiar de parecer. La HBO no sólo ha elaborado un excelente producto televisivo, sino un asombroso relato que, juzgado desde cualquier criterio o enfoque posible –el complejo entramado de su estructura narrativa, el potentísimo lenguaje audiovisual, la variedad y riqueza de personajes, la hondura del retrato del entorno urbano en que transcurre (la ciudad atlántica de Baltimore, y en especial su zona oeste, con muy altas tasas de criminalidad y un floreciente negocio de tráfico de drogas), el ingenio y sutileza de los diálogos–, alcanza un altísimo nivel, perfectamente comparable a un relato literario por su calidad, ambición, alcance y capacidad de influencia sobre los espectadores.

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Aunque en un principio tenía la intención de esperar cierto tiempo, me he animado a seguir las exhortaciones de xarxatic y olmillos, y he actualizado La Bitácora del Tigre a la versión 3.0 de WordPress, que se publicó ayer, precedida por una enorme expectación. Como el mío es un blog grande y con muchos plugins instalados (treinta, para ser más exacto), he decidido ser prudente y seguir al pie de la letra el procedimiento de actualización estándar. Es decir, hacer copia de seguridad de los ficheros de la aplicación y de la base de datos, así como de otros ficheros clave (como el wp-config.php, el .htaccess y el sitemap.xml), desactivar todos los plugins, actualizar desde el backend de WordPress y comprobar, una a una, que todas las extensiones funcionaban correctamente.

Además, he tomado una precaución adicional: hacer una copia de seguridad de todos los widgets, pues muchos de entre los que yo he definido contienen código y no son recuperables mediante las funciones estándar de WordPress. La verdad es que se trata de un trabajo bastante laborioso, no sólo porque en las cuatro zonas widgetizables que permite el tema Tarski tengo activados 23 widgets, sino sobre todo porque no existe ningún procedimiento automático (o por lo menos yo no lo conozco, y eso que ayer lo estuve buscando afanosamente) que evite el minucioso y lento proceso de copiar y pegar.

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No todo iban a ser abstrusas, densas y a menudo aburridísimas cogitaciones sobre la capacidad de WordPress para gestionar tipos de contenido personalizados, o sobre la mejor manera de integrar en el blog los comentarios y referencias procedentes de Twitter y otros servicios y aplicaciones de la Web 2.0. Este bloguero recalcitrante también tiene su corazoncito futbolero, y de vez en cuando suele ceder a sus impulsos, populistas, populacheros y patrioteros (y a otros “eros” que es mejor no mencionar), y a las tentaciones que imponen sus correspondientes apetitos.

Ninguna oportunidad mejor para satisfacer unos y otros que el Campeonato Mundial de Fútbol de Sudáfrica, a punto de comenzar. Naturalmente, la comunidad de desarrollo de WordPress se ha sumado a la celebración del evento con diversas iniciativas, entre ellas la publicación de varios plugins. Uno de ellos, del que tuve conocimiento ayer a través de WPMU.org, es el FlagTag WordPress Plugin, una sencilla extensión que sirve para hacer lo que su propio nombre indica: añadir al blog una banderita flotante (como la que figura a la derecha de estas líneas), mediante la cual el aficionado o aficionada muestra su apoyo a la selección nacional de fútbol de sus amores.

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El pasado 20 de abril publiqué un artículo titulado Comentarios, citas, tuiteos y retuiteos para el blog, en el que daba cuenta de mis iniciativas para conseguir que el flujo de referencias que se se genera en Twitter a partir de la publicación de un artículo en un blog pudiera integrarse en la lista de comentarios. Entonces utilicé para tal propósito el plugin Twitter Comments, una extensión que utiliza el API de Twitoaster para establecer conexiones entre las conversaciones tuiteras y el sistema de comentarios de un blog de WordPress.

A lo largo de las últimas semanas he comprobado, sin embargo, que el mecanismo con el que opera Twitoaster, y por tanto el plugin Twitter Comments, resulta poco convincente desde la perspectiva de la coherencia semántica de los artículos. En efecto, la naturaleza de las conversaciones de Twitter –fragmentarias, a menudo divergentes y en consecuencia muy dispersas- hace que los comentarios añadidos al blog presenten, con más frecuencia que la deseable, rasgos que los emparentan con el fenómeno del off-topic. Dicho en cristiano, que la integración de las conversaciones de Twitter en la lista de comentarios de un blog presenta un excesivo riesgo de falta de relación con los asuntos que se tratan en los artículos.

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Es curioso cómo los artículos que uno va publicando en la bitácora parecen sintonizar misteriosamente con las fuerzas latentes en la blogosfera. Sí, ya sé que suena un poco campanudo y pretencioso, pero no del todo carente de justificación, si atendemos a la coincidencia del artículo que publiqué hace un par de días, a propósito de las diferentes opciones para disponer de un blog offline, con la noticia que ayer leí en Ayuda WordPress, acerca de la posibilidad de exportar un blog elaborado con WordPress al formato ePub, propio de los libros electrónicos o e-books.

El proceso necesario para obtener dicho resultado exige –cómo no- la instalación de un plugin, en este caso denominado wp2epub. Una vez activada, el funcionamiento de la extensión es muy simple. Basta con determinar el nombre del archivo, el título y el autor del libro digital, para exportar a continuación la totalidad del blog, o filtrar su contenido, tal como muestra la figura 1, por categorías, por etiquetas o por fecha de los artículos. También es posible determinar el orden de publicación de las entradas, así como utilizar una imagen de portada, aunque yo no he conseguido hacer funcionar esta última opción en ninguna de las tres instalaciones diferentes en las que he probado el plugin.

Figura 1 - Configuración del plugin wp2epub

Figura 1 - Configuración del plugin wp2epub


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Esta mañana, a solicitud de un compañero que quería mostrar una versión de su blog en una ubicación en la que no dispone de conexión a Internet (no me ha dado más detalles del caso, ni tampoco yo se los he pedido), he estado investigando sobre las diferentes soluciones que permiten obtener dicho objetivo. Las expondré a continuación, de forma más bien sumaria, porque existen muchísimas variaciones, permutaciones y combinaciones a partir de los tres grandes grupos de opciones posibles.

1. Generar una versión documental del blog.

La operación consiste en volcar el contenido de un blog a un formato documental –normalmente PDF- que pueda leerse sin conexión a Internet. Es obvio que tal solución sólo es aconsejable si no importa perder la interactividad del blog, su estructura de navegación y la disposición original de sus entradas, páginas, categorías, etiquetas, etc. En un artículo del pasado 22 de noviembre, titulado Hélice 12 y otros documentos en PDF, ya consideré algunas aplicaciones que podrían ser adecuadas para este propósito, pero esta mañana he descubierto, a partir de una consulta a los foros de WordPress, un servicio muy interesante. Se trata de BlogBooker, un servicio online cuyo rasgo característico es que opera a partir de los ficheros de exportación generados por Blogger, LiveJournal y WordPress.

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